Entre Los Vivos Y Los Muertos

Entre Los Vivos Y Los Muertos

Números 16:41-50: «El día siguiente, toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón, diciendo: Vosotros habéis dado muerte al pueblo de Jehová. Y aconteció que cuando se juntó la congregación contra Moisés y Aarón, miraron hacia el tabernáculo de reunión, y he aquí la nube lo había cubierto, y apareció la gloria de Jehová. Y vinieron Moisés y Aarón delante del tabernáculo de reunión. Y Jehová habló a Moisés, diciendo: Apartaos de en medio de esta congregación, y los consumiré en un momento. Y ellos se postraron sobre sus rostros.  Y dijo Moisés a Aarón: Toma el incensario, y pon en él fuego del altar, y sobre él pon incienso, y ve pronto a la congregación, y haz expiación por ellos, porque el furor ha salido de la presencia de Jehová; la mortandad ha comenzado.  Entonces tomó Aarón el incensario, como Moisés dijo, y corrió en medio de la congregación; y he aquí que la mortandad había comenzado en el pueblo; y él puso incienso, e hizo expiación por el pueblo,  y se puso entre los muertos y los vivos; y cesó la mortandad. Y los que murieron en aquella mortandad fueron catorce mil setecientos, sin los muertos por la rebelión de Coré. Después volvió Aarón a Moisés a la puerta del tabernáculo de reunión, cuando la mortandad había cesado»

El incidente que acabo de leerles ocurrió un día después de haber ocurrido uno de los eventos históricos más horrorosos en la historia de Israel, que fue la rebelión de Coré en contra de Aarón y Moisés. Coré con tres compañeros se levantaron en contra de Moisés para usurpar la autoridad que Moisés y Aarón tenían para tomar el control de la vida de Israel.

Hay ciertas cosas que se deben señalar en esta historia, cosas bien importantes. La primera es que Coré era un levita, miembro de la tribu a la cual Jehová había entregado y designado el sacerdocio. Dios había seleccionado de todas las doce tribus una para que estuviera bien cerca de él. Para que ellos protegieran el tabernáculo. Para que ellos administraran el tabernáculo. Y de esos levitas Dios escogió una familia para que fuese la familia sacerdotal. La cual ejecutaría los deberes sacerdotales, que eran necesarios ejecutar para una propia y buena relación con Dios.

Pero, Coré como que no estaba agradecido de ello, quería más. Quería subir más para arriba de lo que Dios le había puesto. Y siempre alguien va a seguir a alguien cuando ocurre una cosa así. A él se le unieron tres individuos: Datán, Abiram y On. Y los tres eran de la tribu de Rubén.

La tribu de Rubén era la tribu número uno en el pueblo de Israel. Rubén fue el primogénito. Pero usted sabe la historia de que él cometió un horroroso pecado y entonces el deber de Rubén se le pasó a la tribu de Judá. Pero Rubén tenía un lugar especial.

Y estos tres individuos, al oír a Coré  exaltarse para usurparle el poder a Moisés y Aaarón, dijeron «Ajá, nos vamos a unir a él. Para entonces nosotros también llegar a ser algo grande y poner nuestra tribu donde debiera estar«.

Estos cuatro individuos influenciaron a doscientas cincuenta hombres, los cuales con ellos se revelaron en contra de Moisés y Aarón.

La rebelión es contaminante. Cuando alguien se rebela, alguien se va a unir a esa rebelión. Si hay una familia que tiene cuatro, cinco hijos, y uno de esos hijos se rebela, otro en esa familia le va a seguir a ese.

Así que estos individuos no únicamente desearon usurpar la autoridad, sino que fueron la influencia para que doscientos cincuenta otros hombres se uniesen a ellos y se rebelasen en contra de Moisés.

Ahora tiene que recordar esto. Israel tenía posiblemente dos millones de personas. Pero usted dirá, alguna gente dice seis millones. Pero vamos a ser conservadores. Vamos a poner dos millones de personas. ¿De dónde saca eso? Mire, la Biblia dice ahí, en la palabra del Señor, que hicieron el censo que Moisés mando a hacer. Contaron seiscientos treinta mil quinientos varones de veinte años para arriba. Estos eran los que podían ir a la guerra. Seiscientos treinta mil quinientos, varones únicamente, que podían ir a la guerra. Así que tomando eso en consideración, posiblemente había a lo menos dos millones de personas.

Coré, Datán, Abiram y On se levantaron contra la autoridad establecida por Dios. En realidad comparado con los dos millones era un grupito insignificante, muy pequeñito. Doscientos cincuenta y cuatro en contra de casi dos millones de personas. ¡Pero qué problema causaron! ¡Qué problema causaron!

Se levantaron en contra de la autoridad establecida por Dios. Pero mire esto, siempre que hay rebeldía a lo establecido por Dios, hay problemas con Dios.

Déjenme repetirles otra vez.

Siempre que hay rebeldía a lo establecido por Dios, hay problemas serios con Dios. Recuerda Saulo de Tarlso persiguiendo a la iglesia. Y el Señor Jesucristo se le apareció en camino de Damasco. Y le dijo: «Saulo, Saulo. ¿Por qué me persigues?» Saulo estaba persiguiendo a la iglesia. Pero perseguir a la iglesia era perseguir a Jesucristo. Hacerle daño a una congregación local es hacerle daño a Dios. Cualquiera que quiera tratar de entorpecer, dañar, el progreso de esta iglesia local, se las tendrá que ver con Dios.

Ya vemos lo que ocurrió ahí. Siempre que hay rebeldía a lo establecido por Dios hay problemas serios con Dios. Mire, Dios ha establecido que la esposa esté sometida al esposo. Y cuando eso no va de acuerdo a los principios de Dios, la esposa se mete en problemas con Dios. Si tú, esposa, no te gusta estar sometida a tu esposo, tú te metes en problemas con Dios. Dios lo ha establecido.

Cuando los hijos se rebelan en contra de los padres, los hijos tienen problemas con Dios. La Biblia tiene un principio bien claro, que lo que los hijos le hacen a los padres eventualmente los hijos de ellos le harán a ellos. El libro de Galatas dice que lo que se siembra se cosecha.

Una señora viene en donde mí un día y dice: «¡Ay pastor! Yo no sé por qué mi hija es así. ¡Ay pastor! Esa muchacha me causa tantos dolores. Yo no sé qué hacer con ella pastor. ¡Ayúdeme!«. Y yo me quedé mirándola y le dije: «Señora, hermana. Mire para atrás en su vida. Mire para atrás en su vida cuando usted era una teenager. ¡Qué no se recuerda! No se recuerda de las muchas lágrimas que su madre derramó por usted. No se recuerda de los muchos sufrimientos que usted le causo a su mamá y a su papá. Las muchas veces que se ha rebelado en contra de ellos. Mire hermana esa es la regla de la vida que Dios puso en la Biblia»

Hijo, si tú eres rebelde y contra de tu padres, prepárate. Tú vas a tener hijos rebeldes.

Hija, si tú eres rebelde y contra de tu madre, prepárate. Tu hija se va a rebelar contra ti.

Y lo mismo ocurre con los miembros de la iglesia, en cuanto al pastor se refiere. Cuando los miembros de la iglesia no quieren obedecer la enseñanza de la palabra de Dios que dice obedecer a vuestros pastores en todo, los miembros de la iglesia se meten en problemas con Dios.

Mi papá fue misionero pastor en Puerto Rico, por cuarenta años. Si alguien tiene una excusa para no estar en el ministerio, es este que está aquí. Con los muchos abusos, sufrimientos, que yo vi a mi padre experimentar por causa de miembros en las congregaciones. Yo recuerdo un señor que siempre estaba amargando la vida a mi papá. Mi papá era un hombre que medía seis pies y tres pulgadas. Mi papá tenía un cuerpo que podía ser un quarterback en cualquier equipo de football de los Estados Unidos de América. Pero mi papá era un hombre humilde. Y ese hombre le causaba molestias. Era uno de los diáconos en la iglesia. Y un día ese hombre insultó a mi papá, y yo le digo «mira papá, por qué tú no agarras al hombre por el cuello y le metes una pescota» Mi papá me miró y dijo: «Hijo, yo se lo entregué al Señor. Déjaselo al Señor. Y tú verás lo que el Señor va a hacer» Y tal como mi papá dijo, así fue.

Un día el hombre se fue para el pueblo a trabajar, porque vivía en un campito allá fuera de Ponce. El hombre tenía una hermosa casa con todas las comodidades modernas. En el pueblo de Ponce tenía un laundry. Se pasaba todo el día trabajando. Y un día se levantó y se llevó toda la familia para el pueblo a trabajar allá en el laundry. Y durante el día la casa le cogió fuego y lo perdió todo. Mi papá me dijo: «Hijo, yo te lo dije, que Dios se encargaría de él»

Ah miembro, tenga cuidado. No te rebeles en contra de tu pastor. No te pongas a hablar de tu pastor. Algunos de ustedes por la mañana comen pastor frito después que salen de la iglesia. «¡No, que si el pastor esto!» «¡No, que si el pastor lo otro!» «¡No, que si la esposa del pastor!» Ten cuenta, porque Dios  está escuchando.

Siempre que hay rebeldía a lo establecido por Dios, hay problemas serios con Dios.

Dios nunca se queda callado, sin hacer nada, cuando hay rebeldía a lo que él ha establecido. Y ahí vemos el castigo. Lo que le ocurrió a Coré. La tierra se abrió y todo lo que el tenía, sus hijos, sus hijas, todas sus propiedades y la de los otros tres hombres, se fueron vivos al Seol. ¿Y los otros doscientos cincuenta? La Biblia dice que Dios envió fuego del cielo y los consumió (como decían allá en el barrio) en un santiamén, carbonizados, acabados.

Esta historia, al igual que muchas otras en la Biblia, está ahí para amonestarnos a nosotros, que no seamos rebeldes como lo fue Israel. Mírelo, ahí está en Primera de Corintios 10:6-12 – «Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron. Ni seáis idólatras, como algunos de ellos, según está escrito: Se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a jugar.  Ni forniquemos, como algunos de ellos fornicaron, y cayeron en un día veintitrés mil.  Ni tentemos al Señor, como también algunos de ellos le tentaron, y perecieron por las serpientes. Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el destructor»

En el colegio nuestro tenemos una regla, que está prohibido quejarse. El que se queje que se vaya para su casa. Y les decimos, lo que tenemos aquí es lo que Dios proveyó. La comida que está aquí es la que Dios proveyó. Y cuando tú te quejas, te estás quejando en contra de lo que Dios ha provisto. ¡Cero quejas aquí! Ni murmuréis,  como algunos de ellos murmuraron y perecieron por el destructor. Y note esto, estas cosas les acontecieron como ejemplo y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos. Están ahí para ti y para mí. Para amonestarnos.

¿Pero sabe lo que pasó? Parece que los israelitas no aprendieron absolutamente nada de lo que le ocurrió a Coré y a los doscientos cincuenta. Al día siguiente, el próximo día,  temprano a la mañana, los (ahora no son doscientos cincuenta, ahora no es un grupito limitado)  dos millones murmuraron contra Moisés y contra Aarón, y se levantaron en contra de estos dos siervos de Dios.

Números 16:41- «El día siguiente, toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón, diciendo: Vosotros habéis dado muerte al pueblo de Jehová.»

Moisés y Aarón habían sido debidamente seleccionados y llamados por  Dios para el ministerio que ellos ejercían. Ellos no seleccionaron sus posiciones. Sus posiciones les fueron seleccionadas para ellos. Los verdaderos siervos de Dios son los que han sido llamados al ministerio de Dios. Los que se meten al ministerio, en la vida hay unos cuantos, sin el debido llamamiento de Dios son los que más problemas causan en el ministerio.

Yo no me metí al ministerio. A mí me metieron en el ministerio. ¿Y sabe algo más? El ministerio se me metió por dentro. Yo nunca he tenido ninguna ambición de ser ninguna otra cosa que predicador de la palabra de Dios.

Y cuántos llamados predicadores, que yo he hablado con ellos: «Y bueno, yo soy predicador. Pero por el lado voy a vender seguros» «Yo soy predicador, pero por el lado estoy haciendo esto otro» «Yo soy predicador pero…» Mire, ¡Dios me llamo a predicar! Y el resto de mis días lo voy a hacer.

Éramos cuatro varones y tres hembras en la casa. Mi mamá pensó que a lo menos uno de nosotros iba a ser predicador. Y decidió cogerme a mí. Me miró y me dijo: «tú vas a ser predicador» «¿Yo predicador?» «Si, tú» Y cada vez que hacía algo malo, mi mamá me cogía por la oreja. Y me agarraba y me la torcía. Y me decía: «Mira, ¡los predicadores no actúan así!» Yo no sé cuántas veces oí esas palabras.

Cuando tenía como once años de edad, no recuerdo lo que hice, estoy seguro que fue bien malo, mi mamá me cogió, me haló por la oreja, me llevó al cuarto de ella, me la torció bien duro y me gritó: «¡Hijo los predicadores no se comportan así!» Ah, yo tenía un gran respeto por mi mamá. Era una gran sierva de Dios. Una mujer de oración, por las oraciones de ella es que estoy aquí.

Yo la miré y por primera vez en mi vida le grité a mi mamá. Y le dije: «¡Mamá, si algún día yo llego a ser predicador será porque Dios quiera y no tú! Déjame quieto» Esa fue la última vez que mi mamá me dijo que iba a ser predicador. Jamás me lo dijo, pero mi mamá oraba por mí. Oraba por mí.

Y cuando tenía diecisiete años de edad, yo estaba locamente enamorado de una chica. Estaba enamorado de esa muchacha, que eso era una cosa tremenda.  Soñaba con ella. Deseaba estar con ella todo el tiempo. Y fui a hacer un retiro de jóvenes, y oí una voz dentro de mi corazón que me decía: «Oye, esta no es tu mamá. Este soy yo. Yo te necesito para que tú prediques la palabra. Yo te necesito para que tu vayas a anunciar las buenas nuevas de salvación» Y ahí tuve una guerra dentro de mí. Si me voy con Dios, la muchacha me deja. ¡Ay que dolor! Ahí estuve luchando como cinco o diez minutos. Y por fin le dije: «Ok Señor, lo que tú quieras. Aquí voy» Y con los ojos cerrados, yo no sé como caminé al frente, pero cuando yo abrí los ojos yo estaba dándole la mano al pastor y diciéndole: «Pastor, Dios me ha llamado a predicar. Y aquí estoy para dar mi vida al Señor» Y desde ese momento jamás he sentido deseo de otra cosa que no sea predicar el evangelio.

Moisés tenía suficientes razones para pedirle a Dios que acabara con Israel de una vez y para siempre. Digo, si yo hubiese sido Moisés yo creo que le hubiese dicho a Dios: «¡Mira Dios acaba con esos sabandijas que están ahí!¡Elimínalos a todos!¡Estoy cansado!» Pero sabe una cosa, Moisés no lo hizo. ¿Sabe por qué no lo hizo? Porque moisés estaba más preocupado por la reputación de Dios que por su conveniencia personal y sus sentimientos.

Cuando tú vayas a hacer algo piensa en Dios y su reputación. Cuando te venga una tentación a hacer algo indebido piensa en Dios y su reputación. Cuando Satanás te ponga una trampa al frente para tratar de sonsacarte y echarte afuera, piensa en el Dios todopoderoso que es digno de toda honra y de toda gloria.

Eso fue lo que Moisés hizo. Ya Dios había decidido acabar con esa generación. Pero Moisés intervino en favor de ellos. Y es aquí donde llegamos al mensaje de esta noche.

En el versículo 41 note en primer lugar la reacción de Dios a la murmuración de la gente. Esa reacción no tardó. En Números 16:44 – «Y Jehová habló a Moisés, diciendo: Apartaos de en medio de esta congregación, y los consumiré en un momento. Y ellos se postraron sobre sus rostros.» Ya Dios había determinado, los iba a acabar, los iba a eliminar. Estaba cansado de ellos, de sus quejas, de su idolatría, de sus murmuraciones. Ya Dios estaba listo para acabarlos. La mortandad ya había comenzado. Esa mortandad fue exactamente igual que la misma mortandad que ocurrió en Egipto cuando los primogénitos murieron. Exactamente la misma.

En Éxodo 12:29 – «Y aconteció que a la medianoche Jehová hirió a todo primogénito en la tierra de Egipto, desde el primogénito de Faraón que se sentaba sobre su trono hasta el primogénito del cautivo que estaba en la cárcel, y todo primogénito de los animales.» Note como comienza el versículo: «Jehová hirió». Y ahí en Números Capítulo 16 encontramos que volvió a ocurrir lo mismo. Dios hirió y la mortandad comenzó.

Mira la orden de Moisés en segundo lugar. Moisés y Aarón cayeron sobre sus rostros. Y Moisés le dio la orden a Aarón que hiciera algo. Porque el único que podía hacer algo era Aarón. Porque fue a él que Dios seleccionó de sumo sacerdote. Era Aarón el que podía hacer la expiación. Ya no podía Moisés hacerla. Una vez que Aarón fue establecido como sumo sacerdote Moisés no podía hacer ninguna expiación. Era el deber de Aarón y de sus hijos sacerdotes hacer la expiación. Y en el suelo Moisés le grita a Aarón: «¡Mira, párate y haz algo enseguida antes que el Señor destruya todo el pueblo!«.

Aarón obedeció a Moisés e hizo lo que sabía que se debía de hacer. Números 16:47 – «Entonces tomó Aarón el incensario, como Moisés dijo, y corrió en medio de la congregación; y he aquí que la mortandad había comenzado en el pueblo; y él puso incienso, e hizo expiación por el pueblo,  y se puso entre los muertos y los vivos; y cesó la mortandad.» Tomo el incensario, le puso fuego del altar. Tiene que recordar que el fuego del altar era el fuego que venía del cielo. No se podía poner fuego extraño. Los dos hijos de Aarón pusieron fuego extraño y Dios los mató. El fuego que estaba allí era el fuego de Dios. Y ese era el fuego que había que ponerle al incensario. Lo echó en el incensario,  le echó incienso y salió corriendo.

Ahora,  Aarón no era un jovencito. Para esta época Aarón tenía como 110 años, su cara estaba arrugada, las manos estaban manchadas, no tenía muchos músculos, sus piernas estaban débiles por la vejez. Pero la Biblia dice que salió corriendo. Yo me puedo imaginar a Aarón con el incensario en la mano corriendo, corriendo. «Tengo que llegar allá antes que la muerte llegue a estos. Tengo que llegar. Tengo que llegar» Y la Biblia dice que llegó y se puso entre los muertos y los vivos, y levantó el incensario, y paró la muerte. Paró.

Aarón es un tipo de Cristo. Cristo dejó el cielo de gloria por ti y por mí. Cristo se hizo hombre para poder redimir al hombre. Con el incensario de su sangre vino a redimir a la humanidad que estaba muerta, perdida. No hemos sido redimidos con cosas corruptibles como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Jesucristo como de un cordero sin manchas y contaminación. Yo puedo ver al Señor Jesucristo bajar del cielo con el incensario de su sangre corriendo para ir a rescatar a los pecadores. «Aquí estoy. Esta es mi sangre. Todo aquel que crea en mí es perdonado, es salvo, tiene vida eterna. Quien quiere venir venga«. Lo hizo Jesucristo por ti y por mí. Ahora nos toca a nosotros.

Ahora nos toca a nosotros seguir el ejemplo de Aarón. Y seguir el ejemplo de Jesucristo. Tú y yo tenemos un incensario. Está aquí. Este es nuestro incensario. Tenemos que correr con el mensaje de la Biblia y ponernos entre los vivos y los muertos. Y declararles: «Cristo salva. Cree en Jesucristo. Acéptalo como tu Señor y salvador. Si crees en él, él te perdona. Hay salvación» Tenemos que ir con el incensario de la palabra de Dios a buscar los perdidos que está muriendo sin esperanza en salvación.

Ese es el mensaje de esta enseñanza

Para vergüenza suya, aquí hay alguno de ustedes que, nunca, nunca, nunca han ganado un alma para Cristo. Tú nunca le has dado el Evangelio a nadie. Tú nunca le has testificado a una persona. Tú nunca le haz llevado el incensario de la palabra de Dios.

¡Tenemos que correr con el mensaje de la Biblia! Y ponernos entre los muertos y los vivos. Declarar que ya se hizo la expiación, Jesucristo la logró, que hay salvación, que hay redención.  Y todo aquel que invocare el nombre del Señor será salvo. El tiempo está avanzando, Jesucristo viene pronto.

Cuando estaba en la Universidad de Bob Jones los sábados tenían capillas misioneras. Y venían misioneros a hablarnos. Venían misioneros de diferentes países a retarnos. En una ocasión vino una pareja que eran misioneros en Haití, y en vez del hombre predicar lo que hizo fue ilustrar junto con su esposa una experiencia que ellos tuvieron en Haití. El esposo se sentó en medio de la plataforma (yo nunca me he olvidado de eso) simbolizando el grupo de personas en la villa a la cual el misionero fue a hablar. Entonces el misionero llegó a la villa y predicó la palabra del Señor. Dio una invitación y cuatro o cinco de las damas que estaban allí aceptaron al Señor Jesucristo como su Señor y salvador. Y entonces el misionero dijo: «Bueno, voy a venir la semana que viene para dar clases». Y ya se iba a ir cuando una señora le dijo: «Misionero, por favor espere un momentito» La esposa de él estaba haciendo el papel de esa señora. Y le dijo «Misionero yo quiero hacerle una pregunta. Dígame, ¿cuánto tiempo hace que usted conoce este mensaje de Jesucristo como el salvador?» «Ah sí,  yo hace treinta y cinco, cuarenta años». «¿Treinta y cinco, cuarenta años?» «Sí» «Misionero, dígame. ¿Cuánto tiempo hace que su gente allá en América conocen este mensaje?». Para ese entonces eran como ciento veinticinco de la historia de la nación. Él dijo: «Posiblemente ciento veinticinco años, desde que la nación comenzó. Porque los peregrinos trajeron el mensaje cuando vinieron a América» Y la señora abrió los ojos y le dijo: «Misionero, ¡ciento veinticinco años de que su gente conoce este mensaje y ahora es que usted llega aquí!» Con lágrimas en los ojos le dice «Misionero, ¿ese mensaje que usted nos dijo es cierto? Mi esposo se perdió. Tres años atrás tuvimos una tragedia y mi esposo murió en un accidente.» Con lágrimas corriéndole sobre las mejillas le dice:»Diez años atrás mi mamá murió. Y mi mamá no sabía de esto que usted nos esta diciendo. Misionero, yo quiero preguntarle. ¿Por qué su nación y usted le echaron tanto tiempo en venir aquí a hablarnos de Cristo? Si alguien hubiese venido más temprano mi esposo hubiese sido salvo. Si alguien hubiese venido más temprano mi mamá hubiese sido salva. ¿Por qué se echaron tanto tiempo?»

¿Quién sabe cuántas personas estarán en el infierno diciendo «por que alguien no me habló»? Ah, quizás es tu vecino. «¿Por qué no me ha hablado?». Quizás es tu barbero. «¿Por qué no me ha hablado?» Ve con el incensario de la sangre de Cristo y la palabra de Dios y dile: «Cristo te ama, murió por ti».

Que el Señor nos ayude a llevar el mensaje entre los muertos y los vivos.