El Gemir De Las Almas Perdidas

Quiero llamar su atención a Ezequiel 9:4. La Palabra de Dios nos habla de una visión, de una matanza que Dios ordenó allí en Jerusalén. Pero aquí en el versículo 4 Dios les está mandando algo: «y le dijo Jehová: Pasa por en medio de la ciudad, por en medio de Jerusalén, y ponles una señal en la frente a los hombres que gimen y que claman a causa de todas las abominaciones que se hacen en medio de ella.»

Quiero contarles un poco de mi testimonio de salvación. Somos 13 hermanos, y yo soy el número 13, el más pequeño de todos. Mi padre fue un hombre alcohólico. Y cuando yo tenía uso de razón, mi padre ya era grande de edad. Él nos disciplinaba, nos golpeaba, nos latigaba, a veces nos sangraba las piernas y nos ponía allí en medio de la casa con medio ladrillo en la mano o con una piedra en cada mano. (Él quería tener un régimen allí en el hogar). El típico hogar mexicano. En ese tiempo no se oía de derechos humanos. Un militar amigo de mi papá que sabía como él nos trataba me dijo: – Mira, entiende un poco a tu papá, mira a nosotros cuando nos castigan nos ponen hincados allí con la metralleta y pobres de nosotros si bajamos las manos…- (Porque no había derechos humanos en ese entonces, hace ya como 25 años). No había un día que mi padre no se emborrachara, y yo recuerdo a mi padre agarrar a mi madre del cabello, y jalándola como a un trapeador por toda la casa, arrastrándola y cacheteándola. Mi madre tenía hasta una herida de un machetazo de una vez que mi padre alcoholizado le dio con un machete a mi mamá. Pero mi madre cuando nació fue huérfana. A los meses de vida se le murió su mamá, y les inculcaban que el matrimonio es hasta que la muerte los separe.

Y yo recuerdo que por la falta de amor en mi hogar, y por todo lo que estaba allí sucediendo en mi entorno familiar, a la edad de 9 años comencé a usar drogas. Me empecé a ir por la puerta fácil, me empecé a ir por la puerta falsa. Y a la edad de 11 años, yo ya conocía todo tipo de fármaco. Yo ya inhalaba resistol 5000, tinher, gasolina, y todo tipo de pastillas, etc… Yo recuerdo que a la edad de 14 años, drogado, yo agarré a mi padre y le puse una navaja en su cuello, estuve a punto de matar a mi padre. Gracias a Dios que llegaron los judiciales, me llevaron a la correccional para menores y estuve allí por un año y medio. Y no me querían dejar salir, y me escapé de allí. Y para no hacer la historia muy larga, a la edad de 18 años de edad, yo estaba pisando una prisión de máxima seguridad en el país de los Estados Unidos. Desafortunadamente, comencé a tatuarme, y a mí me avergüenza esto, pero hay un propósito por lo que lo estoy contando. Yo quiero glorificar y honrar el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Desafortunadamente, traigo tatuado desde las muñecas de las manos hasta la cintura, casi todo lo que abarca la camisa. Porque ese fue el ambiente donde yo crecí, en las pandillas en el país de los Estados Unidos, en la ciudad de Los Ángeles, California. Por muchas maneras, he tratado de quitarme los tatuajes, pero no he podido, me avergüenzan. No hallo como cubrirme para que no me vean, y siempre hay la sensación de que por allí se ve algo y siempre estoy con esa carga.

Una vez me querían dar 25 años de cárcel por haber balaceado a otros 5 pandilleros. Y entiendo la Escritura cuando dice: «Con amor eterno te he amado, por tanto te prolongué mi misericordia.» Y por la Gracia de Dios lo tomaron como «gang related» (relacionado a las pandillas), porque no fueron los jóvenes estos a la corte. Y solamente estuve 5 años en la prisión. Yo salí bien rebelde. Me inyectaba la heroína, me inyectaba cocaína, metanfetaminas. Me inyectaba 10-15 veces al día, 10-15 veces en la noche. Duraba 3 días y 3 noches sin dormir.

Mi madre se la pasaba noches en vela, llorando, quebrantada, rogando a un Dios que nos salva. Porque como quiera que sea, los padres siempre nos van a amar, a veces aunque no lo manifiestan para no echarnos a perder más… pero por dentro se están desbaratando. Y yo recuerdo que por la gracia de Dios, el 18 de noviembre, me predicaron el Evangelio, y por su gracia, soy lo que soy.

La Biblia nos dice que nuestro Dios miró el gemir de las almas, Él mira el mundo, a su creación. Él es el Creador de los cielos y la tierra. Él es el Dios soberano, Él es el omnipotente, Él es sobre todas las cosas. Y este Dios Creador, este Dios poderoso, es el Dios que nos amó de una manera increíble, de una manera que no podemos nosotros tan siquiera contemplar. El grandioso amor de nuestro Dios que por amor de nosotros se hizo pobre para que nosotros fuésemos ricos. Él vino a este mundo a dar su vida por los pecadores.

Y quiero decirles en primer lugar que el pecado nos hace gemir.

Dios mira a la gente gimiendo, Él mira a la gente quebrantada, Él mira como la gente es destruida por causa del pecado. La Biblia nos dice en Romanos 6:23 «Porque la paga del pecado es muerte…» Dios lo ha establecido, es un decreto de nuestro Dios, que el pecado trae consecuencias, que el pecado destruye, que el pecado alcanza. La paga de nuestros pecados, dice la Biblia, es la muerte. Y es triste que a veces muchos de nosotros, como cristianos, no lo creemos. La Biblia dice en Gálatas 6:7 «No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.» Nadie puede engañar a nuestro Dios. Aun los predicadores pudiéramos ser hipócritas, pero de Dios nadie se burla. Hay un Dios en los cielos, hay un Dios soberano, y Dios dice que lo que tú y yo sembremos, ¡eso vamos a cosechar! Dice la Biblia que el pecado trae consecuencias, el pecado quebranta. El ser humano es soberbio por naturaleza. El ser humano menosprecia a nuestro Dios. El ser humano menosprecia la Palabra de Dios. Y allí está el alcohólico emborrachándose, mofándose de Dios y después los ves en los hospitales muriendo de cirrosis, quebrantados, derramando lágrimas… ¡porque su pecado los ha alcanzado!

Qué triste es la condición del hombre desde la caída por causa del pecado. La Palabra de Dios nos dice en Números 32:23 «Mas si así no lo hacéis, he aquí habréis pecado ante Jehová; y sabed que vuestro pecado os alcanzará.» Ciertamente el pecado tarde o temprano nos va a alcanzar, si no nos arrepentimos.

Recuerdo que cuando yo fui salvo, fue algo precioso para mi vida. El ver una vida diferente, no más drogadicción, no más cárcel, no más quebranto… Y aunque ciertamente sí hay pruebas, y la vida cristiana no es un lecho de rosas, pero no hay mejor vida que la vida cristiana.

Nuestro Dios es misericordioso en gran manera, nuestro Dios es bueno, un Dios consolador, un Dios de paz, un Dios de amor, un Dios que provee, un Dios que no nos da lo que merecemos. Antes bien, dice la Biblia que aun cuando nosotros somos infieles, Él permanece fiel.

Todo fue hermoso cuando yo fui salvo. Fui a la casa de mi pastor y le dije: -Pastor, yo sé que he sido salvo, pero ha sido una vida de drogadicción…12 años de mi vida drogándome todos los días… ¡No puedo dejarlo! Y el pastor me dijo: -Mira, si verdaderamente has sido salvo, dice la Biblia que: «Si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.»

¡Oh, gloria a Dios por lo que Cristo vino a hacer por la humanidad, no solamente nos da vida eterna, nos da libertad de tanto quebranto, nos da libertad del pecado!

Y el pastor me dijo: -Si estás dispuesto a cambiar, de este día en adelante vas a vivir en mi casa. Y estuve viviendo un año en la casa de mi pastor, con luchas, con pruebas, pero por la gracia de Dios de un día para otro deje las drogas, así nada más.

A los tres meses de ser salvo, ya no me drogaba, nada de drogas, pero un sábado en la mañana me levanté a desayunar y sentía que la camiseta me brincaba. Mi mamá como que se preocupó y me dijo: -Hijo, ¿te sientes bien? Le dije: -Sí mamá, no pasa nada, no se preocupe. Y yo recuerdo que me metí al baño de la casa y empecé a tocarme el corazón, y para no asustarla me salí, tomé un taxi y me fui rápido a hospital. Y recuerdo que allí en la Cruz Roja, me pusieron algo en los oídos para detectar mis signos vitales, y nada más se hacían señas entre ellos, y luego me dijeron: -Sabes que, te vamos a pasar aquí en frente, a la clínica allá, porque te van a hacer un electrocardiograma. Y empezó a invadirme la tristeza porque dije: «Dios mío, algo no anda bien.» Sentía que el corazón se me iba a salir. El cardiólogo me dijo: -Mira joven, el corazón te debe de latir de 60-70 veces por minuto, y cuando el corazón te empieza a latir más de 100 veces por minuto se considera una taquicardia, pero cuando el corazón late de 150- 180 veces por minuto es una taquicardia muy peligrosa y la persona puede caer muerta en cualquier momento. Mi corazón estaba latiendo a casi 200 veces por minuto. Y además de la taquicardia que yo traía, traía 5 arritmias sinusales, quiere decir que mi corazón estaba fuera de ritmo. Sentía el corazón desenfrenado, de repente latía muy rápido, y de repente se detenía, y latía más lento. Y yo recuerdo que empecé a pensar: «Pues gloria a Dios, yo sé que voy a ir al cielo.» Pero me empecé a entristecer y dije: «Dios mío, ¿por qué? ¿Por qué desperdicie mi vida en el pecado?»

Pero Dios fue bueno conmigo. Durante un año tomé medicina, conocí a mi esposa, nos casamos y queríamos tener hijos. Pero perdimos a nuestros dos primeros bebés. Fue algo bien triste cuando mi esposa se embarazó y a los tres meses perdió al bebé. Y después se vuelve a embarazar y vuelve a perder al bebé. Yo pensé que no íbamos a poder tener hijos. Dije: «A lo mejor hay un problema en mí por tanta droga que usé.» Y en el tercer embarazo de mi esposa, tuvo amenazas de aborto, mis suegros estaban en Guadalajara y mi pastor me dijo: -Mira si quieres vete para Guadalajara por un tiempo para que no dejes sola a tu esposa. Y nos fuimos a Guadalajara porque ella siguió con amenazas de aborto.

Recuerdo que un día yo venía del trabajo, le ayudaba al Hno. Roberto Murillo trabajando en albañilería y yo ya venía llegando a la casa cuando de repente sentí otra vez que el corazón se me empezaba a salir, después de casi cuatro años de haber dejado las drogas. Y recuerdo que le dije a mi suegro: -Sabes que suegro, por favor no le digas nada a Adriana, no le digas nada a mi esposa, no vaya a ser que se ponga triste y vayamos a perder el otro bebé. Y recuerdo que llegué a la clínica y el doctor me empezó a decir: «Joven, está usted joven ¿Por qué desperdicia su vida? ¡Vienes muy mal, vienes muy grave! ¡Estás muriendo joven! ¿Qué es lo que consumiste? ¿Qué droga te metiste? ¡Necesito que me digas! ¿Qué fue lo que hiciste? Dime para poder contrarrestar esa droga. ¡Vienes bien grave!» Y recuerdo que empecé a quebrantarme, y le dije: -No doctor, yo soy cristiano doctor, por la gracia de Dios soy nueva criatura, tengo años, años, doctor, que no me drogo. Lo que pasa doctor, es que ¡el pecado trae consecuencias! ¡El pecado nos alcanza, doctor, y va a donde más nos duele y cuando menos lo esperamos! ¡Porque de Dios, nadie se burla! Lo que el hombre sembraré, eso también segará. Y yo recuerdo qué triste la situación allí. El doctor no lo podía creer. Después me llevaron con otro cardiólogo. Y si es cierto que el pecado nos hace gemir, pero gloria a Dios que Él escucha el gemir del alma. ¡Gloria a Dios que Él escucha el gemir de los quebrantados! ¡Gloria a Dios que es un Dios de misericordia! Fui a ver a uno de los cardiólogos más famosos de allí de Guadalajara, en la colonia Arboledas y el cardiólogo me dijo: «Joven, vienes muy mal. Necesito revisar tu corazón, pero para empezar necesitamos unos $3500 pesos.» Y yo no tenía ni siquiera un peso en la bolsa. Y yo pensé: «Pues estoy ayudándole al Pastor Murillo, y apenas me dan $500 pesos porque hay más gastos, y a veces ni me los acompletan. Y mi suegro, pues ni de dónde darme dinero.»

Qué importante es cuidar nuestro testimonio. Cuánto tiempo nos lleva hacer un testimonio y con qué facilidad lo podemos perder. Yo recuerdo que después de cuatro años lejos de mi familia, mis hermanos le decían a mi mamá: «Mamá, no le creas. Mamá, él es un hipócrita. Esta agarrando fuerzas, pero al rato va recaer, al rato va a regresar a las drogas. No te confíes, nos va a hacer lo mismo mamá, no le creas.» Y eso fue después de cuatro años que yo ya había sido salvo, y no los culpo porque lejos de pedirles prestado y no pagar (como algunos «cristianos» solemos hacer) yo les robaba a ellos, me metía a sus casas y les robaba. Y mis hermanos no querían saber nada de mí. No había quien me ayudara, y yo andaba bien quebrantado, y la situación bien difícil. Necesitaba $3500 pesos. Pero gloria a Dios por nuestro Dios, gloria a Dios por un Dios misericordioso.

Nosotros vemos a alguien fallar, vemos a alguien caer y nos vamos encima, encima para destruirlo, encima para pisotearlo cuando se supone que tenemos un Dios de oportunidades, un Dios restaurador. Un Dios de misericordia, un Dios amoroso. ¡No hay nadie como Dios, bendito nuestro Dios, bendito nuestro Cristo, y Su Palabra que nos conforta!

Salmos 102:19-20 dice: «Porque miró desde lo alto de su santuario; Jehová miró desde los cielos a la tierra, para oír el gemido de los presos, para soltar a los sentenciados a muerte.» ¡Gloria a Dios que Él ve nuestro quebranto, Él ve nuestro gemir! ¡Dios ve el gemir y el sufrir de la gente! Hay niños siendo abusados, hay matrimonios separándose, hay familias sufriendo y todo por causa del pecado. ¡Pero Dios ve nuestro dolor, Dios ve nuestro gemir! ¡Gloria a Dios que Él nos extiende sus brazos para ayudarnos, para consolarnos y para sacarnos adelante!

Yo recuerdo que con todo mi corazón busqué a Dios; no había nada en el mundo que podía ayudarme. Recuerdo que empecé a rogarle a Dios, a quebrantar mi corazón, y Dios me es testigo de que yo le dije: «Señor, por favor dame una oportunidad, dame una oportunidad de seguir adelante, dame una oportunidad de servirte, una oportunidad de hacer algo por Tu causa. ¡Por favor Señor, ten misericordia de mí!»

Dice la Biblia que Ana derramó su corazón ante Dios y Dios contestó su oración. El varón de Dios no sabía que era orar de esa manera, él pensó: «Esta mujer viene borracha.» Porque él mismo no sabía orar con tal quebranto. Y cuánta falta nos hace de orar con ese quebranto. Yo creo que esa es la razón por la cual muchos de nosotros no tenemos oraciones contestadas. La Palabra de Dios nos dice de un corazón contrito, de un corazón humillado, y nuestro Dios no lo menosprecia, nuestro Dios nos levanta. El que se humilla bajo la mano de Dios ¡Él lo levanta, Él lo honra, Él lo bendice! El problema es que a veces no estamos dispuestos a humillarnos con tal corazón delante de nuestro Dios.

Yo recuerdo que el cardiólogo me dijo: «Joven ven mañana, aunque no tengas ni un solo centavo. Yo veo que estás en serio. Yo no sé, pero agárrate de tu fe en Dios.» Y le testifiqué al cardiólogo. Y mientras él me revisaba el corazón y anotaba y anotaba, al final de todo me dijo: «Joven, tengo casi 40 años de profesionista como cardiólogo, y nunca había visto un caso como el tuyo. Joven, dale gracias a tu Dios porque quiero decirte que orgánicamente hablando no tienes nada.» (Cuando unos días atrás me estaba muriendo). Yo le dije: «Doctor, ¿necesito dejar el café o algo? ¿Necesito tener una dieta?» Y el doctor me dijo: «No tienes nada. Tu corazón solamente estaba pidiendo esa droga y se salía del ritmo porque estaba acostumbrado a muchos años de drogadicción, pero te voy a dar una medicina que no va a dejar que tu corazón lata rápido ni tampoco lento, sino que va a guiarlo a un nuevo paso, y después de un tiempo vas a dejar la medicina. No tienes ningún problema, dale gracias a tu Dios.»

Y luego de estar un tiempo en Guadalajara nos fuimos a estudiar el Colegio Bíblico en San Luis Potosí. Allí pasaron los meses de embarazo de mi esposa y Dios empezó a bendecir…cuatro meses, cinco meses, y la pancita de mi esposa le empezó a crecer y le pegaba yo el oído para oír al bebé, le sobaba la pancita…yo anhelaba ser padre. Yo recuerdo que a los siete meses de embarazo de mi esposa, yo decía: «¡Por fin voy a ser papá!»Gracias a Dios ahora tenemos cuatro hijos, y ninguno nos salió enfermo después de haber usado yo tanta droga.

¡Gloria sea a Dios, que dice que tenemos acceso al trono de su gracia! Dice la Biblia que abogado tenemos para con el Padre. No hay mas influencias, la única influencia es nuestro Señor Jesucristo. No es nuestra elocuencia, no es nuestra capacidad, no es nuestra carisma, ¡es Dios, es Su misericordia! Nuestro Dios es más que bueno, no lo merecemos.

Dios escucha el gemir de sus hijos, Dios escucha el clamor de los quebrantados. Él ve la necesidad a nivel mundial. Es increíble ver a la gente hundida en la idolatría. En Venezuela, en una tribu que se llama «los yanomamis,» si llegas a ir con un perrito o un gatito, te cambian eso por una niña de cuatro años en adelante. Y estas niñas pasan a ser mujeres de hombres en todo el sentido de la palabra. ¡Niñas de cuatro años en adelante! Y todo esto por falta de conocer nuestro bendito libro: La Biblia. En la India, adoran las ratas, las serpientes, los changos… y puedes ver cómo los de la India cuidan a miles de ratas, las crían, las adoran, las veneran. Hay unos tremendos monasterios donde hay sacerdotes que las alimentan y las cuidan. Y el sacerdote tiene en el altar una bandeja de plata y le pone leche para que las ratas sean alimentadas. Y con una campana llama a las ratas y estas vienen para saciar sus apetitos. Un animal contagiador de virus, portador de infecciones… y la gente allí después de que las ratas sacian su apetito, de las sobras de la leche el sacerdote bebe de esa leche y les da de beber a sus feligreses porque piensan que sus pecados así serán lavados. Un mundo en tinieblas, un mundo en esclavitud, un mundo hundido en el pecado, pero gloria a Dios que Él escucha el gemir de las almas quebrantadas.

Gloria a Dios que nosotros un día estaremos en las bodas del Cordero. Gloria a Dios que nuestro nombre está inscrito en el Libro de la Vida, pero que triste es para montones de gentes que están gimiendo, clamando, sin alguien que los consuele, sin alguien que los conforte, sin alguien que los anime.

Mire lo que dice la Biblia en 1 Corintios 8:6-7 «para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él. Pero no en todos hay este conocimiento; porque algunos, habituados hasta aquí a los ídolos, comen como sacrificado a ídolos, y su conciencia, siendo débil, se contamina.»

Dice la Biblia que para nosotros sí hay un solo Dios, para nosotros sí hay un Mediador, nuestros nombres están inscritos en el Libro de la Vida, para nosotros no hay condenación, pero no así con la demás gente. Hay gente gimiendo, hay gente quebrantada, hay gente necesitada, hay gente al bordo del suicidio que está esperando que tú y yo les llevemos el bendito mensaje de salvación. Pero no en todos hay este conocimiento, es nuestra responsabilidad que le conozcan. Marcos 16:15 dice: «Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.» Dios quiere que todo mundo escuche. Él ve las almas en necesidad, Él ve las almas gimiendo. Él de tal manera nos amó que vino a este mundo y nos manda a su Iglesia, nos manda a nosotros: anunciar el Evangelio, hasta lo último de la tierra. Ganar almas es un mandato. No es si queremos o no queremos, es un mandato de nuestro Dios.

1 Corintios 15:34 dice: «Velad debidamente, y no pequéis; porque algunos no conocen a Dios; para vergüenza vuestra lo digo.» Dios nos está diciendo: «Mira cristiano, hay gente allá afuera que no me conoce, por lo tanto debería de darte vergüenza. Debería de darte vergüenza decir que eres cristiano y que haya gente allá afuera que nunca ha escuchado de mí.» Dios no nos manda salvar a nadie, Dios no nos manda convencer a nadie porque no tenemos la capacidad, no tenemos el poder. Lo que Él nos manda es que demos testimonio de lo que Él vino a hacer por el mundo. Él nos manda proclamarle, nos manda predicarle, nos manda honrarle, nos manda glorificarle, nos manda a pararnos por Cristo en la escuela, a pararnos por el Señor en el trabajo. Oh querido cristiano, no te avergüences de Cristo, ¡predica el Evangelio! ¡Párate por tu Cristo! Qué tremendo es que se levante el socialismo, se levante el humanismo, se levante el comunismo, se levante el materialismo, se levanten los homosexuales, ¡y los cristianos no se levanten! Los cristianos calladitos, oh muy brabucones cuando andábamos en el mundo, pero ahora nos da vergüenza levantarnos como cristianos. Hace un tiempo los homosexuales todos desnudos en la Ciudad de México, que basura eso, con sus pancartas desfilando: «Tenemos nuestros derechos, tenemos nuestros derechos.» Cuando el único derecho que tenemos como pecadores es morir e ir al infierno. Pero ellos no se avergüenzan de su maldad. Pero tú cristiano te avergüenzas de tu Señor Jesucristo. Cuando lo que Cristo ha hecho por nosotros es amarnos, cuando lo que Cristo ha hecho por nosotros es dar su vida por nosotros. Este mundo es pasajero, Él me está viendo predicar desde el cielo y yo predico con tal convicción y vivo con tal convicción que yo quiero agradarle. Un día estaremos en Su presencia y el que se avergüence de Él en esta tierra, Él se va a avergonzar también de él delante de Su Padre y delante de sus ángeles.

Nuestro Cristo es el Rey soberano, es digno de que lo alabemos, es digno que lo honremos. Él nos salvó, nos sacó del lodo cenagoso, nos dio vida eterna, nos dio razón de existir. El mundo no vale la pena, el materialismo no vale la pena. Cristo vale la pena. No hay mejor vida que vivir la vida cristiana. La gente está hundida en su idolatría, en su soledad, en su pecado porque nosotros no anunciamos el Evangelio. La gente gime y clama a dioses falsos porque no lo conocen a Él. Isaías 45:20 dice: «Reuníos, y venid; juntaos todos los sobrevivientes de entre las naciones. No tienen conocimiento aquellos que erigen el madero de su ídolo, y los que ruegan a un dios que no salva.» Hay gente rogando al «monito» que tiene ojos pero que no ve, que tiene oídos pero que no oye, y todo esto es porque no tienen conocimiento. El pecado nos hace gemir, pero gloria a Dios que Él escucha el gemir del alma, pero tristemente la gente gime y clama a dioses falsos porque no lo conocen a Él.

No hay cosa más cerca al corazón de Dios que nosotros constantemente estemos anunciando el Evangelio, que nosotros anunciemos el sentir de Cristo, que amemos las almas, que amemos los pecadores. Dios quiere que sus hijos oigamos el gemir de ellos. El pecado quebranta, pero Dios escucha el gemir de nuestra alma. Nosotros tenemos acceso directo al trono de Su gracia, pero tristemente hay mucha gente que está gimiendo. Hay gente en la drogadicción, hay alcohólicos gastándose el alimento de sus familias, hay gente viviendo en fornicación, viviendo en adulterio, viviendo en inmoralidad, quebrantando familias, quebrantando a sus hijos. El pecado es algo feo, el pecado paga mal, el pecado trae consecuencias. ¡Dios quiere que sus hijos oigamos el gemir de otros! Mire lo que dice la Biblia acerca de nuestro Cristo. En Hebreos 5:7 dice: «Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente.» Cristo escuchó nuestro gemir. El Señor Jesucristo sabía lo que le habría de venir, pero Él con lágrimas, con quebranto, dijo: «Yo pongo mi vida, nadie me la quita. Y así como la pongo, la vuelvo a tomar.» Él es la vida, Él no es la doctrina de la vida, Él mismo es la resurrección y la vida. Él dio su vida voluntariamente por amor a nosotros. Pero dice la Biblia que antes de que Él fuese llevado a la cruz del Calvario, Él estaba llorando con gran dolor, con gran quebranto, derramaba lágrimas como de sangre. Quebrantado en su corazón porque sabía lo que le habría de venir y manifestando su corazón a nosotros, en esa oración dijo: «Padre, si es posible, que pase de mí esta copa.» Y a propósito, Cristo no estaba quebrantado porque iba a morir en la cruz del Calvario, entendiendo el contexto y el corazón de nuestro Dios; lo que a Cristo le iba a doler era que su Padre y el Espíritu Santo le iban a tener que dar la espalda, porque Jehová cargaría el pecado de todos nosotros sobre Él. ¿Tú te puedes imaginar esta escena? ¿Tú te puedes imaginar a un Dios trino, a un Dios tres veces santo, a un Dios que siempre ha existido, a un Dios que no tiene necesidad de nada, a un Dios que por amor nos hizo y por amor nos vino a redimir, a un Dios que se ha manifestado en tres personas que han estado juntos por todo la eternidad? Tengo 8 años de casado, mi hijo más grande tiene 6 años de edad, y si supieras cuánto los amo. Batallamos mucho cuando viajamos, porque los niños son bien tremendos, pero no me gusta separarme, no me gusta dejarlos. No sé, pero yo creo que la gracia de Dios es lo único que me sostendría si nos tuviera que separar, pero ya es una vida con mi esposa, es una vida con mis hijos, ellos tienen mi corazón, yo los amo. ¿Te puedes imaginar a la persona que más amas dándote la espalda? ¿Te puedes imaginar? Nuestro Dios trino juntos por toda la eternidad. Nuestro Dios cargando el pecado de todos nosotros, y cuando Él estaba allí en la cruz del Calvario dijo: «Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has desamparado?» Como diciendo: «Dios Padre, Dios Espíritu Santo, ¿Por qué me dan la espalda?» Juntos por la eternidad, pero por amor a nosotros Cristo miró nuestro quebranto, Cristo miró nuestra condición. Él sabía que si no moría, iríamos al infierno.

Pero Cristo dijo: «Oh, Padre, yo sé que me vas a dar la espalda, yo sé que no me vas a escuchar, pero vale la pena Padre. Por amor a los pecadores, por amor a los perdidos, por escucharles y ayudar en su quebranto, por ayudar su gemir, por ayudar su situación…vale la pena Padre, morir por ellos.» Por amor a nosotros Cristo murió por nuestros pecados. Aunque estuvo allí derramando lágrimas como de sangre, aunque estuvo quebrantado, y aunque sabía lo que le habría de venir, Cristo dijo: «Vale la pena morir por ellos.» ¿Y tú no estás dispuesto a dar un solo folleto, cuando vale la pena lo que Cristo hace con la predicación del Evangelio?

Yo recuerdo a mi madre rogándome, esa viejita se me hincó delante de mis amigos, me agarró los pantalones y sacudiéndome las piernas, comenzó a llorar y me dijo: «Hijo mío cambia. Hijo mío, te estás destruyendo. Oh, hijo mío, ¿por qué naciste…?» Nadie podía cambiarme, pero el 18 de noviembre me anunciaron el Evangelio. La Biblia es verdad, este Libro es vivo. ¡El Evangelio trae esperanza! ¡El Evangelio cambia las vidas! No seas indiferente a la causa del Evangelio. De gracia recibiste, da de gracia. Yo no quiero hacer nada más en la vida que vivir para mi Dios predicando el Evangelio y ver vidas cambiadas que glorifiquen el nombre de Dios. La gente se burla de la santidad, se burla de la Iglesia, no les interesa. Yo decía: «Eso de los hermanos es para los homosexuales, para los afeminados, eso es para las viejitas que no tienen nada que hacer. Esta es la vida, la onda, las drogas…yo soy el mero bueno. La pistola y la escopeta para acá, y quien me ve feo para agarrarlo a balazos.» Pero el Evangelio tiene un poder tremendo y penetra hasta lo más profundo del corazón, aún cuando seamos incrédulos como lo éramos. Y cuando el vil pecador se arrepiente, Dios lo transforma, Dios le cambia la mentalidad y Dios le cambia el corazón duro y le da un corazón de carne. Dice la Biblia: «De modo que si alguno está en Cristo nueva criatura es, las cosas viejas pasaron, he aquí todas son hechas nuevas.» Y entonces la gente ve y dice: «Gloria a Dios por lo que Él hizo en la vida de este hombre.» Y tú puedes preguntarle a mi madre y a mis vecinos de mí, yo les he predicado, y todavía están asombrados por lo que Cristo hizo en mi vida. ¿Por qué? Porque la Palabra de Dios tiene poder. Y Dios quiere que sus hijos oigamos el gemir de otros. ¿Oyes tú el gemir de la gente? Porque parece que muchos de nosotros no. Fin.