La Mediocridad

Leemos en la Biblia, Apocalipsis 3:14-17, dice así: «Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios, dice esto: 15 Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! 16 Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. 17 Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo.»

Quiero hablarles, acerca del peor problema que tenemos los mexicanos, el más grave, el mayor.

Yo sé que hay infinidad de problemas en nuestro país; hay problemas como la prostitución, el otro día estaba escuchando en un noticiero, que nada más en el Distrito Federal, hay más de 86 mil prostitutas, nada más en el Distrito Federal, imagínense, y eso, yo me imagino, son las que han detectado, han descubierto, por supuesto que hay muchísimas más que no están detectadas, es un problema bastante grave.

Hay otros problemas, el alcoholismo: cuántos problemas, cuántas desgracias ha causado el alcoholismo en nuestro país, cuántas muertes, cuánto dolor, cuántas lágrimas, cuánta tristeza; pero yo considero que ese no es el problema más grave.

Ahora, un problema que nos amenaza y si no hacemos algo nos va a alcanzar: el homosexualismo, el lesbianismo, es un problema tremendo en nuestro país, tremendo, hacia cualquier lado que volteemos encontramos homosexuales, encontramos lesbianas, y lo peor es que se está promoviendo en una forma tan indiscriminada que está creciendo alarmantemente. Anteriormente se detectaba fácilmente a cualquier homosexual, a cualquier lesbiana… ya no. Personas que parecen muy hombres, resulta que le van al América y tiran de uñita; bigotones, muy fornidos, muy varoniles, pero cuando nos damos cuenta, resulta que les hace agua la canoa.

Cuántos problemas hay en nuestro país: la tranza ¿a usted nunca lo han tranzado? ¿Nunca le han dado gato por liebre? Es un problema que tenemos en nuestro país. La corrupción, la famosa mordida ¿a usted nunca le han pedido una mordida? ¿Usted nunca ha dado una mordida?

¡Cuántos problemas hay en nuestro país! en verdad creo que no terminaría nunca de mencionar todos los problemas que tenemos como mexicanos, como país; y a nivel local, en nuestras ciudades… cuántos problemas, la lista sería enorme.

Pero yo creo que todos esos problemas derivan de uno solo. Todos esos problemas derivan del peor, del más grave, del mayor.

Si usted me pidiera mi opinión en cuanto a cuál es el primer problema, el problema que deberíamos de atacar en cada uno de nosotros como individuos y como miembros de este país, yo pondría: la mediocridad.

Por naturaleza somos mediocres, por naturaleza todo lo hacemos a medias. En mi opinión ese es el problema más grande que tenemos como nación, como país. Parece que es parte de la idiosincrasia, alguien dijo por ahí «indiosincrasia» y me parece más correcto.

Parece que ese es el problema, y hasta nos justificamos, defendemos, apapachamos nuestra mediocridad. «Es que así soy, es que mi papá así era, es que mi abuelito así fue, es que mi tatarabuelito así era… ¿pues qué quiere? por eso somos así… somos mediocres.» Y noten la palabra que estoy usando, no quiero convertirme en juez de nadie, ni decir que usted es peor que yo, o que yo soy superior a usted: estoy hablando en plural, estoy incluyéndome.

¡Qué problema tan serio es la mediocridad! Miren qué tan serio es la mediocridad que todos los problemas que he mencionado como alcoholismo, como drogadicción, como prostitución, como homosexualismo, como robo, como crimen, tranza, como abuso de autoridad, como corrupción, como mordida, todos eso que he mencionado y podría mencionar muchos más, en mi opinión se derivan de ese problema. La mediocridad.

Y desgraciadamente como cristianos, no estamos ajenos a ese problema que gobierna, que reina en nuestro país, desde quien sabe hace cuántos años, pero es un problema bastante serio.

Es un problema bastante serio precisamente porque somos mediocres, somos negligentes, somos apáticos, somos desinteresados, nos vale todo, por eso mantenemos descuidada la Iglesia, tiramos basura donde sea, entramos con niños pequeños al lugar al que se nos ha dicho que no debemos de entrar con niños pequeños, por eso nos importa poco quién esté predicando y salimos y entramos como se nos pega la gana, esté quien esté hablando: ¡qué importa! ¡Eso no es importante! ¿Verdad? ¡Qué importa que se haya gastado tanto dinero!, ¡qué importa que se haya invertido tanto tiempo!, ¡qué importa que se haya sacrificado tanto tiempo, tanto trabajo, tanto esfuerzo! yo quiero hacer mi voluntad, a mí me importa poco lo que está a mi alrededor, yo voy a hacer lo que se me pega la gana, ¿verdad?

«¡Ay, Pastor, no me regañe!» No lo estoy regañando, créame, estoy predicando esto por su propio bien, por el bien de la obra de Dios. Si vamos a lograr esa visión celestial; si vamos a salir de ese letargo, de esa mediocridad en la cual vivimos; si algo va a suceder en nuestro país que influencie a otros países, tenemos que dejar de una vez por todas ese terrible pecado, porque si no, yo lo veo como una terrible tapadera que está impidiendo que Dios bendiga más su obra, que haga algo grande en nuestro país, que algo grande suceda.

Sí. Tenemos que esperar en el poder de Dios. Sí. Tenemos que hacer la obra de Dios con el poder de Él. Sí. Él tiene que movernos. Pero cuántas veces Dios nos ha hablado claramente, Dios ha puesto el dedo en la llaga y Dios nos ha señalado perfectamente nuestro pecado, pero por nuestra mediocridad nos quedamos ahí sentados y no pasamos más que de contentarnos un poquito: «¡Ay, qué bonito predicó el Pastor!, ¡ay, qué bonito habló!, ¡ay, Dios, háblame!, ¡ay, Señor, muéveme!,» y usted quiere que Dios venga y haga lo que Dios claramente le ha dicho a usted y a mí que debemos hacer.

Y estamos cayendo en el mismo error de los pentecostales, ese es el problema de los pentecostales, todos le echan la culpa al Diablo: «¡Ay, es que yo no quería pecar! pero el demonio del alcohol me indujo a tomar, y por eso soy borracho… ¡ay, no es mi culpa!» ¡Qué fácil resulta eso! Echarle la culpa al demonio del adulterio, echarle la culpa al demonio del alcohol, echarle la culpa al demonio de la droga y entonces usted no es responsable, ni yo tampoco. «Ah, entonces estamos así porque Dios quiere, entonces estamos bien.» No, no es así. ¿Qué es? La mediocridad.

Déjenme decirles porque somos mediocres: No somos la clase de padres que deberíamos de ser; precisamente porque somos mediocres. No somos la clase de esposo o esposa que deberíamos de ser, precisamente porque somos mediocres. No somos la clase de hijo que deberíamos de ser, precisamente porque somos mediocres. No somos la clase de maestros de Escuela Dominical que deberíamos de ser; un maestro de Escuela Dominical mediocre no prepara su lección, llega con el manual frente al alumno, o con la lección y nada más se limita a leerla: eso es mediocridad, y usted debería estar sobre sus rodillas, pidiéndole perdón a Dios, porque usted hizo un compromiso con Dios, no con el Pastor, no con quien lo contrató para ser maestro de Escuela Dominical, usted hizo un compromiso con Dios y usted está siendo mediocre al nada más pararse frente a sus alumnos y leerle la lección de Escuela Dominical, la lección que se le ha dado; nada más limitarse a hacer lo esencialmente indispensable para que no lo corran como maestro de Escuela Dominical. Y lo mismo digo a los capitanes de ruta, y lo mismo digo a los ujieres, y lo mismo digo a los Diáconos, y lo mismo digo a cualquier persona que desempeña cualquier trabajo en la Iglesia. Pero de verdad, que nos hemos conformado y nos hemos metido en la cabeza que así somos, «pues es que así semos, Pastor, ni modo, ¿qué quiere que haga?»

¿Qué es la mediocridad?, ¿sabe qué es la mediocridad? Es un pecado. No es algo que no ofende a Dios.

Precisamente, porque somos mediocres, hacemos una promesa a la obra misionera y luego nunca la cumplimos. Precisamente, porque somos mediocres, no diezmamos: un domingo sí, tres no, otro domingo sí, cuatro no. Es un pecado.

Eso es lo que el Señor estaba atacando aquí en la Iglesia de Laodicea. Miren otra vez lo que dice el Apocalipsis 3:14, Cristo mismo está hablando, Cristo mismo está señalando, denunciando el terrible pecado de esta Iglesia, la Iglesia de Laodicea. Dice aquí: «Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios, dice esto: 15 Yo conozco tus obras,» y créamelo que Dios conoce sus obras, por eso lo señala, dice: «que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! 16 Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.» El gran pecado de la Iglesia de Laodicea es que ellos habían llegado a un nivel de conformidad, de mediocridad, se habían adaptado a los estándares de este mundo, a las normas de este mundo, ellos habían llegado a decir: «bueno, ya tenemos lo que queremos materialmente hablando, ya alcanzamos el nivel que queríamos, entonces ya no hay que seguir luchando.» Y eso no es correcto.

Siempre en el cristiano debe existir un espíritu de superación, un deseo de hacer bien las cosas, un deseo de agradar a Dios, porque lo estamos haciendo para Él, jamás deberíamos conformarnos con lo que estamos haciendo para Dios. Pero ¡cuántos cristianos se han conformado! cuántos Pastores han llegado al límite de decir: «Bueno, ya tengo mi Iglesita, ya saco para el chivo, bueno, pues ya qué. Ya me da más o menos un buen sueldo, ya qué me importa lo demás.» «¿que las almas se van al infierno? pues que se vayan al infierno, ya no me preocupa.» ¡Qué tragedia! Y eso por decir algo, porque la verdad es que la mayoría de las Iglesias ni siquiera han llegado a ese nivel. ¿Y sabe por qué? Porque tenemos un montón de cristianos mediocres, un montón de cristianos tibios.

La mediocridad es el estado mental de una persona satisfecha con poco o con nada, esa es la mediocridad.

Y por eso es que vemos esto inclusive reflejado en muchos hogares. ¿Cuántos hermanitos en las Iglesias se justifican de que tienen un mugrero en su casa porque son pobres? «Ay, Pastorcito, cierre los ojos.» «¡No! hay que abrirlos más, si no me tropiezo con toda la basura que tiene usted ahí.» El alterón de trastes ahí amontonados, el montón de ropa ahí guardada, alguna ya hasta pudriéndose, la basura por todos lados: eso es síntoma de mediocridad, eso es pecado delante de Dios. Vemos a personas todas mugrosas, apestosas, piojosas: «Ay. Es que soy pobre.» No. Eso no es sinónimo de pobreza, eso es sinónimo de mediocridad: pecado.  ¡Es pecado! ¿Quién le ha enseñado que: «Ay, pues porque soy pobre, voy a andar todo despeinado, todo greñudo, todo pulgoso, roñoso»?, ¿Quién le enseñó eso? eso no es correcto. Pero ¿verdad que nos hemos conformado? «Ay, Pastor, es que yo soy muy pobre, no tengo para comprar un poquito de agua y bañarme.»

Dice la palabra de Dios aquí, que el Señor reprendió duramente a esta Iglesia: «Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo.» Exactamente esa es la condición de muchas personas en nuestro país, pero la tragedia más grande y lo que me preocupa a mí, es verlo reflejado en un montón de cristianos conformados a las normas de este mundo, conformados a lo que se hace en este mundo y tratando de justificarse diciendo: «yo estoy bien.» La mediocridad es un pecado terrible, y eso desagrada a Dios tanto, como que usted robe; tanto, como que usted mate; tanto, como que usted sea un mentiroso o un adúltero: desagrada a Dios.

Dios es un dios de orden. El diccionario dice que la mediocridad quiere decir: «de calidad media o mala, regular y torpe,» esa es la mediocridad.

Déjenme hablarles acerca de algunos de los resultados de la mediocridad. Precisamente porque somos mediocres, somos negligentes; la palabra negligencia quiere decir «descuido, omisión, falta de aplicación.» La Biblia nos pone un montón de ejemplos de personas que fueron negligentes. Por ejemplo, en Josué 18:3, nos dice: «Y Josué dijo a los hijos de Israel: ¿Hasta cuándo seréis negligentes para venir a poseer la tierra que os ha dado Jehová el Dios de vuestros padres?» ¿Hasta cuándo seréis negligentes? Dice la Palabra de Dios, que ahí estaba el pueblo de Israel congregado, y dice Josué: «¿Hasta cuándo seréis mediocres?, ¿Por qué no hacen lo que Dios les ha encomendado hacer?»

Desgraciadamente, ustedes saben las consecuencias de la negligencia, de la mediocridad, dice en Jueces 1:21, «Mas al jebuseo que habitaba en Jerusalén no lo arrojaron los hijos de Benjamín,  y el jebuseo habitó con los hijos de Benjamín en Jerusalén hasta hoy.» Lo que aquí ocurrió fue precisamente, que el pueblo de Israel fue negligente en obedecer, en cumplir con la orden que Dios les había dejado, y yo sé, que la tarea que nosotros tenemos es tan grande, es tan portentosa, que cuando nosotros volteamos alrededor del mundo y vemos los millones y miles de millones que hay, decimos «es una tarea increíble, es una tarea que no podemos desarrollar.» Pero mientras cada quién no esté haciendo su parte responsablemente, jamás vamos a lograr ni siquiera hacerle cosquillas a ese mundo. Usted, no se debe de justificar, en eso. Usted y yo deberíamos de decir: «Yo tengo que hacer mi tarea, yo tengo que hacer mi trabajo.» Y a lo mejor, efectivamente no vamos a alcanzar a todo el mundo, pero por lo menos esa debería ser nuestra meta. Pero qué vergüenza que estemos encerrados en nuestro ruedita: «Yo ya soy salvo, yo ya conozco de la Palabra de Dios, y por lo demás, que el mundo ruede, a mí no me importa, no es mi problema.» Mediocre. Ese es un pensamiento mediocre.

«¡Ah! Pues es que nosotros no tenemos dólares.» Qué bueno que cuando se escribió la Biblia no había dólares, qué bueno que cuando Cristo le dio la gran comisión a los discípulos no había dólares. La tarea es de nosotros.

«Ay, Pastor, soy muy pobre,» y va a seguir siendo pobre, por su mediocridad. ¿No me lo cree? mire, ese es otro resultado. Vayamos al libro de Proverbios 6, si no encuentra los libros con facilidad es también por su mediocridad… ya tiene seis meses de ser cristiano y aún no conoce los libros de la Biblia, ya tiene más de un año y jamás ha leído toda la Biblia completa; y me conformaría con que tuviera más de 10 años y hubiera leído la Biblia completa, pero no la ha leído, ¿sabe por qué? por su mediocridad.

En Proverbios 6:6-11 dice: «Ve a la hormiga, oh perezoso, Mira sus caminos, y sé sabio; 7 La cual no teniendo capitán, Ni gobernador, ni señor, 8 Prepara en el verano su comida, Y recoge en el tiempo de la siega su mantenimiento. 9 Perezoso [mediocre] ¿hasta cuándo has de dormir? ¿Cuándo te levantarás de tu sueño? 10 Un poco de sueño, un poco de dormitar, Y cruzar por un poco las manos para reposo; 11 Así vendrá tu necesidad como caminante, Y tu pobreza como hombre armado.» Otro resultado de la mediocridad es la pereza, y precisamente por eso es que hay un montón de cristianos que no tienen ni para comer.

«Ay, Pastor, es que me corrieron de mi chamba» ¿por qué? no creo que haya sido porque eras muy trabajador, no creo que haya sido porque usted es muy responsable, porque llegaba a tiempo a su trabajo ¿verdad? No. Usted acostumbraba pasársela campechanamente, ahí, meciéndose en su hamaquita, tomando su coquito con agua bien fría.

Por eso estamos como estamos, por eso no podemos ver la bendición de Dios sobre nuestras vidas, y Pastor, esto aplica también a la obra de Dios. Usted no le echa ganas al trabajo en la obra de Dios, no espere que salga para el chivo, no va a salir. «Ay, Pastor, es que la gente aquí en mi Iglesia es muy dura,» a lo mejor están nada más reflejando lo que ven en el púlpito cada semana, nada más.

Mire, por la negligencia del pueblo de Israel lo que ocurrió, Jueces 1:21 dice: «Mas al jebuseo que habitaba en Jerusalén no lo arrojaron los hijos de Benjamín, y el jebuseo habitó con los hijos de Benjamín en Jerusalén hasta hoy.» Luego en el versículo 27: «Tampoco Manasés arrojó a los de Bet-seán, ni a los de sus aldeas, ni a los de Taanac y sus aldeas, ni a los de Dor y sus aldeas, ni a los habitantes de Ibleam y sus aldeas, ni a los que habitan en Meguido y en sus aldeas; y el cananeo persistía en habitar en aquella tierra.» Versículo 29 y 30: «Tampoco Efraín arrojó al cananeo que habitaba en Gezer, sino que habitó el cananeo en medio de ellos en Gezer. Extensión de las conquistas de las demás tribus  30 Tampoco Zabulón arrojó a los que habitaban en Quitrón, ni a los que habitaban en Naalal, sino que el cananeo habitó en medio de él, y le fue tributario.»

Y ahí sigue diciéndonos todo lo que el pueblo de Israel no hizo ¿por qué no lo hizo? por causa de su negligencia. Y dice la Biblia que al ratito, esas naciones comenzaron a crecer y a hacerse más fuertes, y en vez de que el pueblo de Israel los sojuzgara, ahora ellos estaban siendo sojuzgados. ¿Saben por qué? por su mediocridad.

Es cierto que Dios nos está bendiciendo, sí es cierto que Dios está haciendo algo en nuestro país, yo. Lo puedo ver. Dios me ha dado la bendición de viajar por todo el país y predicar en tantos lugares, y ver que Dios se está manifestando, pero yo no quisiera ver que esa bendición de Dios acabara por causa de nuestra mediocridad.

Y qué tremendo que si no aprobamos esta bendición de Dios, este impulso que Dios nos está dando, al ratito tengamos que ver que las puertas se cierran; o al ratito tengamos que ver que el pecado está creciendo tanto en nuestro país, que está apagando lo que Dios está haciendo. Y eso va a ocurrir, si nosotros no dejamos a un lado la mediocridad, la negligencia, la pereza, y empezamos a hacer la obra de Dios como Dios quiere que sea, y dejamos de justificar todos nuestros pecados y dejamos a un lado toda esa mediocridad y empezamos a hacer la obra de Dios como Él quiere que sea hecha.

Qué vergüenza que haya Pastores que son tan mediocres, que jamás leen la Biblia, ¡Pastores! Pastores que no pasan un tiempo en oración, se creen Superman. Ya no necesitan la ayuda de Dios, ya no necesitan la enseñanza de Dios, ya solitos pueden. Esa es la razón por la cuál algunos Pastores no quieren asistir a conferencias como esta: «Ay, para qué, siempre es lo mismo.» No. No es lo mismo, yo estoy seguro de que no había escuchado un mensaje como este.

Otro resultado de la mediocridad, es la indolencia. La palabra indolencia quiere decir: «que no se afecta o conmueve, descuido.» Otro resultado de la mediocridad es la apatía. Apatía quiere decir: «impasibilidad del ánimo, indiferencia, falta de decisión, dejadez, indolencia.» Como producto de la mediocridad viene la desobediencia, como producto de la mediocridad viene la carnalidad, como producto de la mediocridad viene la rebeldía, como producto de la mediocridad viene la mundanalidad, viene el robo, viene la mentira, viene el conformismo, vienen los vicios; la lista es larga. ¿Cuántas cosas trae la mediocridad? ¡Muchísimas!

¿Cómo acabar con la mediocridad? ¿qué tenemos que hacer para acabar con este terrible pecado, con este terrible problema que tenemos? Primeramente veamos en Proverbios 28:13. Algunos por su mediocridad, ni Biblia llevan a la Iglesia. «No, Pastor, es que yo vengo del trabajo.» ¿Y por qué no se la lleva al trabajo? «Es que no quiero que sepan que soy cristiano.» Ah, ese es el problema, esa es la razón. Proverbios 28:13 es un versículo muy conocido: «El que encubre sus pecados no prosperará; Mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.»

Esa es la razón por la cuál usted y yo tenemos que ser honestos en esta noche, y decirle al Señor: «Sí es cierto, yo te prometí que iba a leer la Biblia, en enero, la iba a leer diariamente y me cansé muy pronto, la leí nada más dos o tres días y ya la abandoné, perdóname, Señor.» «Señor, yo te prometí que iba a ganar almas, por lo menos una vez cada semana iba a ir a ganar almas y muy pronto me desanimé.» «Perdón, Señor porque yo te prometí que iba a dar tal cantidad para la obra misionera, para la construcción y nada más lo di dos domingos y luego se me olvidó. Perdóname, Señor.» Usted debería de hacer eso, el primer paso para acabar con la mediocridad es reconocer que tiene usted ese problema. Mientras usted no reconozca que tiene ese problema, todo le va a pasar por arriba, todo le va a importar poco. Pero no. Es necesario comenzar reconociendo, diciéndole: «Señor, sí es cierto, yo tengo ese problema, por eso no soy la clase de padre que debo de ser; por eso no soy la clase de esposo que debo ser; me molesta cada vez que mi hijo me pide tiempo, me molesta cada vez que mi esposa quiere hablar conmigo, me enojo cada vez que algo sale mal en la casa… porque he sido mediocre.»

Ese es el primer paso. Para resolver cualquier problema el primer paso es reconocer que tenemos el problema; si no lo reconocemos ¿cómo lo vamos a resolver? ¿Cómo vamos a buscar la ayuda que necesitamos para resolver el problema? Reconózcalo, «El que encubre sus pecados no prosperará.»

¿Cuántos cristianos meten su cabeza en la arena? En un hoyo como los avestruces y creen que ya está resuelto el problema. Dicen: «No, no existe el problema, no, no existe.» Cuando llega y le da el golpe, entonces está llorando, entonces sí ve las consecuencias y entonces quiere que el Pastor le resuelva sus problemas con una varita mágica. No, no encubra su pecado. En este día, honestamente, humildemente, venga delante de Dios y dígale: «Señor, sí es cierto, yo tengo ese problema, yo he sido un mediocre.»

Hay algunos que cantan muy bien.  ¿Usted cree que nada más de repente se pusieron en la mente la idea de cantar y ya cantaron? Yo sé que algunos tienen talento, algunos traen la habilidad, la capacidad innata de la música, tienen buena voz, tienen buen oído, saben entonarse… pero muchos no, han tenido que estar trabajando y trabajando, practicando y practicando, hasta que al fin, logran superar ese problema.

Pero por causa de no reconocer nuestro problema, ahí lo seguimos apapachando. «No, yo no tengo ese problema. Es cierto que el Pastor me pidió que yo fuera maestro de Escuela Dominical. Pero, es que yo tengo miedo de hablar al público, es que a mí me da mucho miedo, es que yo soy muy nervioso y yo nada más me paro ahí frente a la gente y tiemblo como una gelatina.» ¿Usted cree que todos los que estamos aquí al frente predicando, no tuvimos ese problema? Está comprobado que uno de los temores que tiene el ser humano es a pararse en público y hablar delante de toda la gente, no importa que el grupito sea de cinco personas, diez personas. Tenemos que superar ese problema, y si Dios ha puesto en nuestro corazón, en nuestra mente ese deseo, hágale caso a Dios. Él sabe que usted sí puede, sí puede. Nada más tiene que dejar su mediocridad.

«Ay, no, es que yo no sé ganar almas, y me da mucha vergüenza hablar.» Y de cuántas cosas habla, y habla de muchas cosas que no debería hablar; no me diga que le da miedo hablar, ¡claro que sabe hablar! Pero ¿sabe por qué no se atreve a hablarle a otra gente de Cristo? Por su mediocridad.

Reconozca su problema, ¡reconózcalo, admítalo! Porque si no lo reconoce, dice la Biblia: «tu pecado te alcanzará.» Un día, van a venir las consecuencias de nuestro pecado. ¡Créanlo! van a venir y nosotros como país estamos sufriendo las consecuencias de la mediocridad de todo mundo: nadie es responsable, nadie hace su trabajo, nadie cumple con responsabilidad; por eso vamos a una dependencia de gobierno y ahí nos entretienen quién sabe cuánto tiempo, por eso vamos a buscar tal o cual ayuda en un trabajo, y aunque estamos pagando, el maestro es irresponsable; el mecánico es irresponsable; el carpintero es irresponsable y muchos de esos son cristianos.

Primero: Reconozca. En segundo lugar: Confiéselo. Arrepiéntase de su pecado. Dice aquí: «El que encubre sus pecados no prosperará, mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.»  Reconozca que es un pecado, luego confiéselo. Diga al Señor: «Señor, perdóname. Yo quiero salir de este letargo, yo quiero salir de este hoyo, yo quiero salir de este problema que tengo.»

El tercer paso, necesita crucificar su carne. Porque la Biblia nos dice, ahí en el libro de Gálatas 5:19, «Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia,» y en el versículo 21: «envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas;» fíjense bien: «cosas semejantes a estas.» Añádale lo que quiera, pero veamos ahora el versículo 24: «Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.» ¡Crucifique su carne! porque la carne es perezosa, la carne es negligente, la carne es descuidada, la carne es apática, la carne es indolente; no le gusta trabajar, no le gusta sacrificarse, no le gusta sufrir, le gusta quedarse en la cama ahí acostado hasta las 10, 11 de la mañana, 12 del día ¿a poco no? ¿A poco cuando usted tiene que levantarse temprano, a las 5 de la mañana, 6 de la mañana a trabajar, usted se levanta pero si bien contento y gozoso: «¡qué bueno que me puedo levantar!»? No. Usted quiere quedarse ahí hasta las 10 de la mañana, 11 de la mañana, especialmente cuando está en conferencias y se queda toda la noche platicando de cosas que no debería platicar. Y esa es la razón por la que algunos hermanitos cuando van a conferencias, están durmiéndose, perdiendo el tiempo en realidad, malgastando el dinero porque luego ¿para qué venimos? Vamos a una conferencia y luego no escuchamos nada, no oímos nada, no sacamos nada de provecho… o lo que es peor, vamos a una conferencia y nos enojamos con mensajes como este. Crucifique su carne, ¡crucifíquela! Dígale al Señor: «Señor, mata esta carne, esta carne tan perezosa, esta carne tan sentida, esta carne tan negligente… ¡mátala, Señor!» Dice aquí la Biblia claramente que «los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.»

Cuarto paso para acabar con la mediocridad: debemos vigilarnos para no caer nuevamente en ese pecado. Porque qué fácil, nada más cerramos los ojos y ya, otra vez estamos en el mismo hoyo.

Quinto paso, ataque un problema a la vez. No trate de resolver todos los problemas de un solo jalón porque no va a poder, y se va a desanimar, y se va a hacer más mediocre. Por ejemplo, ¿no ha leído la Biblia diariamente?, ¿no ha orado?, ¿no ha ganado almas?, ¿no ha asistido fielmente a la Iglesia?, ¿no ha diezmado?, ¿no ha tratado a sus hijos como debe tratarlos? Yo le recomendaría que se tratara la meta, por lo menos durante 15 días, de atacar un problema. Propóngase como meta, durante 15 días como mínimo, leer la Biblia diariamente; no ataque los demás problemas: uno por uno. Haga una lista de todos sus problemas y empiece a atacar uno, hasta que se convierta en un hábito positivo en usted. Ya logró durante un mes, leer la Biblia diariamente, siga con ese buen hábito… pero ahora ataque otro problema, el no orar; ¡uno por uno! Repito, no intente resolver todos los problemas de un jalón porque no va a poder, y se va a desanimar y va a decir «¡no se puede!, ¡no se puede!, ¡no se puede!» Trate de evitar que salgan de su boca malas palabras, ataque ese problema: uno por uno a la vez.

¿Qué es lo que sustituye a la mediocridad? La Biblia nos dice que Dios nos creó, y Dios nos creó con un espíritu de superación, es parte de nuestra naturaleza; Dios nos creó con el espíritu de salir adelante, de superarnos, de alcanzar nuevas metas. Cada cuatro años se celebran los Juegos Olímpicos, y eso nos prueba que efectivamente, el ser humano tiene la capacidad de superarse: siempre se están rompiendo nuevos récords, siempre se están alcanzando nuevas metas, siempre se está logrando algo más.

Que esas mismas habilidades, que esos mismos talentos que tiene toda la gente, los utilizáramos para hacer la obra de Dios ¿dónde estaríamos ya?, ¿dónde estaría la obra de Dios? Pero desgraciadamente, dejamos que este mundo utilice todas esas habilidades, todo ese espíritu de superación para cosas perversas, diabólicas muchas de ellas, porque cada vez inventan más y más formas de pecar. Y tratan de rociar, regar su pecado en toda la raza humana. ¿Y nosotros los cristianos? De hecho, ¿cuántas veces ganando almas, personas me han dicho: «No, yo no voy a esas Iglesias, porque los cristianos son unos mediocres»? les lavan el coco ahí, y ya los tienen como robots. ¡Qué lástima que en muchos casos sí tienen razón!, ¿verdad?

No estoy diciendo que debemos de buscar un materialismo, no. Hay una línea tan delgada entre lo que es mediocridad y lo que es materialismo, que a veces nosotros nos justificamos diciendo: «no, es que yo no soy materialista,» y por eso caemos en la mediocridad.

Yo no estoy diciendo que debemos de trabajar para amontonar riquezas, sí es que Dios no nos las da; porque yo creo que Dios puede bendecir, dice la Biblia que la bendición de Jehová eso trae, precisamente, como consecuencia, pero dice que «no añade tristeza con ella,» y Dios puede bendecir, y yo conozco algunos hermanos en nuestra Iglesia que han prosperado materialmente en una forma increíble, y es la bendición de Dios, de eso a mí no me cabe la más mínima duda. Yo no creo que nosotros debemos de correr detrás de las cosas materiales, pero que eso no sea pretexto para decir: «Bueno, aquí me conformo con mi chambita, la voy a hacer mediocremente, y ahí a ver qué sale.» No. Sí usted es carpintero, debería ser el mejor carpintero del mundo; si usted es mecánico, debería ser el mejor mecánico del mundo; si usted es doctor, debería ser el mejor doctor del mundo.

Dios necesita ese tipo de personas también y Dios quiere que usted sea esa clase de cristiano.

Lo que sustituye la mediocridad, es la disciplina, las metas, la diligencia.

Mire nada más un ejemplo de esto, en 2 Crónicas 32:5, dice la Palabra de Dios: «Después con ánimo resuelto edificó Ezequías todos los muros caídos, e hizo alzar las torres, y otro muro por fuera; fortificó además a Milo en la ciudad de David, y también hizo muchas espadas y escudos.» Ezequías fue uno de los mejores reyes que tuvo la nación de Judá. Dice la Palabra de Dios aquí que «con ánimo resuelto,» con determinación, con decisión dijo: «vamos a reconstruir estos muros, vamos a levantar esta ciudad, vamos a hacer lo que tenemos que hacer,» no solamente eso, en el libro de Isaías 38:1-5, tenemos que la Palabra de Dios nos habla de este mismo rey: «En aquellos días Ezequías enfermó de muerte. Y vino a él el profeta Isaías hijo de Amoz, y le dijo: Jehová dice así: Ordena tu casa, porque morirás, y no vivirás. 2 Entonces volvió Ezequías su rostro a la pared, e hizo oración a Jehová, 3 y dijo: Oh Jehová, te ruego que te acuerdes ahora que he andado delante de ti en verdad y con íntegro corazón, y que he hecho lo que ha sido agradable delante de tus ojos. Y lloró Ezequías con gran lloro. 4 Entonces vino palabra de Jehová a Isaías, diciendo: 5 Ve y di a Ezequías: Jehová Dios de David tu padre dice así: He oído tu oración, y visto tus lágrimas; he aquí que yo añado a tus días quince años.»

¿Qué hizo Ezequías en esos 15 años? Una de las grandes cosas que hizo Ezequías en esos quince años se nos narra que Ezequías se esforzó, fue con ánimo resuelto, decisión, determinación. En Proverbios 25:1, nos dice la Palabra de Dios: «También estos son proverbios de Salomón, los cuales copiaron los varones de Ezequías, rey de Judá.» ¿Sabe yo qué creo que hizo Ezequías en esos quince años más que Dios le regaló de vida? Él no fue mediocre, él dijo: «Señor, tú me has regalado este tiempo, quiero aprovecharlo bien.» Él recopiló todo el Antiguo Testamento hasta donde existía. Él trajo varones sostenidos por él y dijo: «recopílenme todo el Antiguo Testamento.» Y en mi opinión, tenemos gran parte del Antiguo Testamento, como lo tenemos hoy en día, gracias al rey Ezequías.

¿Sabe usted qué me dice eso? Que si usted se traza metas, que si usted se disciplina, que si usted deja a un lado la negligencia, la apatía, la indiferencia, la mediocridad, usted puede lograr algo para Dios; y a lo mejor nadie lo sabe, ¡pero qué importa! Usted no lo está haciendo para los hombres, usted lo está haciendo para Dios.

Mire, un estímulo para dejar la mediocridad. En Mateo 13:10-12 nos dice: «Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas? 11 El respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado. 12 Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.» Al que tiene, dice la Biblia, y es diligente, y es responsable, y es cumplido, se le  va a dar más; pero al que no tiene,       o que recibió, pero ha sido descuidado, (como ese siervo malo y negligente, que a pesar de que recibió un talento fue y lo enterró y no lo puso a trabajar,) aún lo que tiene le será quitado.

Y veamos ahora Mateo 13:13-17, «Por eso les hablo por parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden.» Noten, oyen y ven, pero no quieren entender; no quieren entender, no quieren ver lo que es real delante de sus ojos: «14De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dijo: De oído oiréis, y no entenderéis; Y viendo veréis, y no percibiréis. 15 Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, Y con los oídos oyen pesadamente, Y han cerrado sus ojos; Para que no vean con los ojos, Y oigan con los oídos, Y con el corazón entiendan, Y se conviertan, Y yo los sane» ¿Sabe por qué estos no quieren oír?, ¿sabe por qué no quieren ver?, ¿sabe por qué no quieren cambiar? Porque son mediocres. Ven, oyen, entienden… pero están contentos con sus pecados. Por eso es que Cristo dice que les hablaba con parábolas, «porque viendo, no ven, porque oyendo, no entienden.»

Pero luego nos dice: «16Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen. 17 Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.» Lo que aquí Cristo está diciendo es: «Ustedes son más bendecidos que los antiguos.»

Nosotros somos más bendecidos, porque los antiguos, las personas del Antiguo Testamento, oían que iba a venir un Redentor, oían que iba a venir un Mesías, oían que iba a venir un Dios hecho hombre.

Nosotros oímos y conocemos lo que ya ocurrió, aquí tenemos el testimonio fehaciente de eso. Usted y yo somos más bendecidos que los del Antiguo Testamento. Son palabras de Cristo. Es pues, la mediocridad, el problema más grande que muchos de nosotros tenemos.

El Andar Del Cristiano

Pastor Alejandro Córdova K.

EL  ANDAR DEL CRISTIANO

Efesios 4:17-18 dice «Esto, pues, digo y requiero en el Señor; que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente, teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón.»

Yo considero de suma importancia, el hecho de ANDAR correctamente. Cuando nosotros utilizamos la palabra ANDAR, no nos estamos refiriendo necesariamente a como camina una persona, estamos hablando de cómo vive. No nos referimos  a cómo camina una persona, los pasos que da físicamente, sino en realidad nos referimos a cómo vive esa persona: Cuál es la condición de su vida moral, espiritual, social, familiar.

Es interesante notar que en la Palabra de Dios, la palabra ANDAR se utiliza en esa misma forma. En la carta del apóstol Pablo a los Efesios, por lo menos Pablo utiliza 7 veces la palabra ANDAR. Y es muy importante notar cómo es que él conjuga el verbo ANDAR. Cada uno de nosotros, como cristianos, deberíamos de aprender  lo que la Palabra de Dios dice en relación a este tema, a este asunto. ¿Cómo anda usted? ¿Cuál debería de ser el andar del cristiano?

Efesios 2:1-3 dice: «Y Él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados,  2 en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire; el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia,  3 entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra  carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.» Ahí está la primera vez que el apóstol  Pablo menciona el verbo ANDAR, y note  que él lo está conjugando en tiempo pasado, hablando de la condición de los efesios, de que  ellos en otro tiempo, de acuerdo a la corriente de este mundo, vivían en desobediencia, vivían en rebeldía a Dios, vivían en oposición a la Palabra de Dios; no les interesaba vivir correctamente, no les importaba andar correctamente, porque ni siquiera tenían vida en sí mismos. Estaban muertos en sus delitos y pecados.

Pero que interesante que cuando el apóstol Pablo vuelve a utilizar la palabra ANDAR, el verbo ANDAR, ahora ya no lo conjuga en tiempo pasado, sino ahora habla de tiempo futuro. Porque dice en Efesios 2:10 lo siguiente: «Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.» Ahora el apóstol Pablo está diciendo que Dios preparó buenas obras para que nosotros como cristianos andemos en esas  buenas obras, hablando en tiempo futuro. Pablo estaba hablando de que cuando una persona tiene a Cristo en su corazón, tiene que haber un cambio, tiene que haber una evidencia de que esa persona ha nacido de nuevo.

Mire lo que sigue diciendo en Efesios 4:1. Otra vez encontramos ahí la palabra ANDA. El verbo ANDAR conjugado en una forma diferente, dice: «Yo pues, preso en el Señor, os que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados.» Pablo está diciéndonos aquí que antes de haber conocido a Cristo, vivíamos en desobediencia, en rebeldía, en oposición a la Palabra de Dios. No nos importaba en lo más mínimo agradar  a Dios. Pero Pablo dice que desde el momento en que ustedes recibieron a Cristo, Dios les implantó una nueva vocación, un nuevo deseo, un nuevo propósito; y por eso dice: Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados.

Que tremendo sería, que cada uno de nosotros pudiéramos entender esto. Note que Pablo está diciendo esto a esa tremenda  iglesia que estaba en la ciudad de Éfeso. Pablo quería que esta iglesia impactara verdaderamente no sólo a esa región, sino a todo el mundo. Esta es la razón del porque Pablo dedicó tanto tiempo a esta iglesia, la Iglesia en Éfeso. Y esa es la razón de porque insistentemente acerca de que ANDEN en una forma diferente. Qué ya no anden en aquellas prácticas pecaminosas, sucias, viles, que antes vivían sino que ahora ANDEN en una vida nueva y sean diferentes. Yo creo que ese debe de ser el andar del cristiano. Hermano, usted no debe andar exactamente cómo usted andaba antes de convertirse, porque ahora no es la misma persona; si es que ha nacido de nuevo. Usted es otra persona y debe andar de acuerdo a esa nueva naturaleza que Dios ha implantado en su vida.

Pablo vuelve a usar este verbo en Efesios 4:17-18 «Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente, 18 teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón;» Miren la cantidad de razones que el apóstol Pablo da para justificar, para entender la conducta inmoral y depravada de la sociedad en la cual vivían antes los efesios. Yo me resisto a creer que si una persona ha recibido a Cristo, pueda seguir andando en esa conducta pecaminosa sucia, vil, en cual vivía antes de convertirse. Algo tiene que ocurrir. Algo tiene que suceder. Eso es lo que la Palabra de Dios enseña por todas partes.

2 Corintios 5:17 es un versículo muy conocido por la mayoría  de nosotros, desgraciadamente tan poco  practicado, dice: «De modo que si alguno esta en Cristo, nueva criatura es.»  Yo entiendo que cuando una persona es una nueva criatura, entonces tiene que ser diferente, su andar ya no puede ser el mismo; si antes era un borracho, si antes era un mujeriego, si antes era un adultero, si antes era un fornicario, ya no puede vivir de la misma manera; ahora su andar debe de ser diferente. Yo me pregunto: ¿Cuántos verdaderamente su andar corresponde al andar de un cristiano? Qué tremendo impacto sería a este país si cada uno de nosotros  decidiéramos ANDAR  de acuerdo a esa nueva naturaleza, vivir de acuerdo a esa vocación que Dios nos ha implantado; ya no andar en los pleitos, ya no andar en los chismes en los cuales andábamos antes. Ahora hay que ANDAR en esa nueva naturaleza, en esa nueva vida.

Un libro que hizo un impacto en mi corazón se titula: EN SUS PASOS. El autor del libro que es un pastor, narra su historia en ese libro. El cuenta cómo, en una semana, por diferentes razones se ocupó en tantas actividades que no pudo preparar sus mensajes para el día domingo. El dijo: «El día sábado yo estaba tan atareado, tan cargado y tan preocupado, que ya no tenía tiempo y ya se acercaba el domingo. No tenía el mensaje que iba a predicar. Le pedí a mi familia que me dejaran solo en la casa. Le pedí a mi esposa que se llevara a mis hijos pequeños para que no me distrajeran. Desconecte el teléfono. Subí a mi oficina y empecé a estudiar. Empecé a orar, tratando de tener el mensaje del siguiente domingo.» Él sigue relatando ahí en ese libro que el texto que escogió para predicar ese domingo era 1 Pedro 2:21 y dice: «Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas.»

Continua él diciendo: «Yo estaba estudiando. Leyendo. Orando. Preparando ese mensaje y de repente alguien tocó a la puerta. Yo traté de ignorar los toquidos. Necesitaba terminar el mensaje, ya era tarde. Había estado batallando para encontrar el mensaje y decidir qué era lo que iba predicar ese día. No puse atención. Pero los toquidos en la puerta siguieron, yo trate de concentrarme en el estudio de mi mensaje. Pero no pude, porque una tercera vez se escucharon los toquidos ahí en la puerta y cada vez más fuertes. Me enojé, porque me estaban quitando tiempo. Yo no quería que me distrajeran. Bajé, llegué a la puerta. La abrí bastante enojado. Era un pordiosero solicitando ayuda. Cuando abrí la puerta, le dije a ese hombre, molesto: «¿Qué quieres?» Aquel hombre me dijo: «Mire señor, disculpe que lo moleste. Tengo tres días que no pruebo alimento. ¿Pudiera regalarme algo? Tengo hambre.» El pastor le dijo: «No tengo tiempo. No tengo nada que regalarte. ¡Vete! No estés molestando.»  Aquel mendigo siguió insistiendo. «Por favor. Mire. Hace que tres días que no como.  ¿Pudiera regalarme algo?» El pastor le volvió a contestar: «No tengo nada.  Ya te dije. ¡Lárgate!» Cerró la puerta y se fue a su oficina.

Siguió tratando de preparar su mensaje, y otra vez volvió a tocar a la puerta. «Por más que trate de concentrarme,» decía el pastor, «no pude. Aquel hombre siguió tocando a la puerta. Bajé sabiendo que ahí estaba ese hombre. Abrí la puerta y le dije: «si no te vas, voy a llamar a la policía. ¡vete! ¡No tengo nada!» Aquel hombre agacho el rostro y se fue. Yo subí a mi oficina y seguí preparando mi mensaje, pero cuando lo estaba preparando, el Señor me llamó a mi corazón. El Espíritu Santo me empezó a redargüir diciéndome: «Vas a predicar de andar en Mis pasos y, ¿Tú crees que Yo hubiera hecho eso? ¿Tú crees que Yo hubiera tratado así a ese hombre?» Y dice que él empezó a discutir con el Señor: «Pero Señor, él me estaba quitando el tiempo. Tú sabes que ya es tarde y mañana tengo tantas ocupaciones. No voy a tener el mensaje.» Dice que el Espíritu Santo siguió redarguyéndole: «Eso no es lo que yo haría. Yo mandé a ese hombre, no sólo por el alimento físico, sino para que tú le hablaras de Mí. Ese hombre tiene un alma eterna y tú lo corriste. Eso no es lo que yo hubiera hecho. Tú eres un hipócrita. Te vas a parar delante de la gente diciéndole lo que debe hacer la gente y tú no lo estás haciendo.» Y dice que el Espíritu Santo le redargüía profundamente en su corazón, que ahí mismo en su oficina empezó a llorar y a decirle al Señor: «Señor perdóname. Perdóname Señor. Yo sé que Tú no harías esto.» Dice que estaba tan conmovido y tan cargado por las palabras que el Señor le estaba diciendo, que bajó corriendo a ver si encontraba al mendigo, pero aquel hombre ya se había ido. Regresó a su oficina, se puso de rodillas y dijo: «Señor,  perdóname. Te prometo que de aquí en adelante cualquier persona que cruce en mi camino lo voy a tratar como Tú lo tratarías.» Terminó de preparar su mensaje y al siguiente día se paró detrás del púlpito, y anunció el titulo de su mensaje. Él le contó a su iglesia exactamente lo que le había pasado. Y después les dijo que había tomado una decisión. «Yo decidí que cualquier persona que se cruce en mi camino, yo la voy a tratar exactamente como Jesús la trataría. Yo he hecho esa promesa. Yo he hecho ese voto. Y cualquiera de ustedes que quiera seguir esta misma decisión pasen al frente.» Y él relata ahí en su libro que prácticamente toda la iglesia pasó al frente, haciendo ese compromiso; y él continúa relatando el cambio que experimentó en ese tiempo no sólo la iglesia, sino la ciudad donde vivía. Miembros de esa iglesia, que trabajaban en un periódico que anunciaba la venta de bebidas alcohólicas, renunciaron a ese trabajo, para hacer exactamente lo que Jesús haría. Y cómo necesitamos cristianos de esa naturaleza. Eso es exactamente lo que está diciendo Pablo aquí en esta carta: «ya no vamos a ANDAR como antes andábamos. Ahora debemos de andar de una forma diferente. Ahora debemos de vivir de una manera diferente. ¿Por qué? Porque somos hijos de Dios. Porque tenemos que andar en Sus pasos. Porque se supone que debemos seguir sus pisadas.

Pero mire que vergüenza. Yo puedo ver actitudes en los cristianos que no corresponden a Jesús. Eso no es lo que haría el Señor Jesús. Así no hablaría Cristo. Así no se comportaría. Así no trataría Jesús a otras personas.  ¿No le preocupa a usted? A mí si me preocupa. Porque yo creo que Dios no va a hacer todo lo que Él quiere hacer en nuestro país y en los demás países del mundo, sino nos proponemos andar como verdaderos cristianos. Pero existen actitudes, palabras, acciones tan negativas, tan pecaminosas, tan sucias, tan viles, que nos dignas de nuestro Señor.

Deberíamos decirle al Señor: «Señor, perdóname. Perdóname. La verdad es que sí es cierto. Yo no estoy siguiendo Tus pisadas. Yo no estoy andando en Tus pasos.» Mire lo que dice Efesios 5:1: «Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. 2 Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante.»Dice el apóstol Pablo que ahora como cristianos debemos de andar en amor. Ahí no termina las veces que el apóstol utilizo la palabra ANDAR, dice en Efesios 5:8: «Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz.» La gente inconversa debe de saber que nosotros somos hijos de Dios, y por eso el apóstol Pablo dice que nosotros debemos de andar como hijos de luz, ¿Cómo anda usted?

Efesios 5:14-15 dice: Por lo cual dice: Despiértate, tú que duermes, Y levántate de los muertos, Y te alumbrará Cristo. 15 Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios,» Note que cada vez que Pablo utiliza la palabra ANDAR, conjugándola en los diferentes tiempos, siempre está hablando de un cambio, de que el cristiano no puede vivir como vivía antes, no se debe de comportar como se comportaba antes, eso es del pasado, ya eso debe haber quedado sepultado. Ahora somos nuevas criaturas. Si cada cristiano viviera de esa manera, cuantos y cuantos problemas se evitarían, cuantos conflictos en los matrimonios se acabarían, cuantos problemas en las iglesias terminarían. Qué lejos estamos de ANDAR como Él anduvo. ¿Cómo anda usted?

Déjeme darle rápidamente cuatro ingredientes que yo creo que son indispensables en la vida de un cristiano si quiere andar como Él anduvo.

1. El primer ingrediente para andar en las pisadas de Jesús es andar en el Espíritu

Romanos 8:4 dice: «para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu

Romanos 7:25 dice: «para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.» Debemos vivir en esta vida nueva. Lo que hace falta es que usted se rinda sinceramente al Señor todos los días, que usted le diga al Señor: «Señor aquí estoy. Me rindo a Ti» ¿Sabe cuál es el problema? es que NO ESTAMOS ANDANDO EN LAS PISADAS DE JESÚS, no estamos andando como un verdadero cristiano, un hijo de Dios y eso nos debería de dar vergüenza, eso nos debería hacer caer sobre nuestras rodillas y decirle al Señor: «Señor perdóname, perdónanos.» ¿Donde están esos cristianos dispuestos a pagar con su propia vida el hecho de ser cristiano? No importando las amenazas, de los gobernantes, de los líderes religiosos, ellos estaban dispuestos a pagar con su vida; habían escuchado de primera mano el testimonio del Señor Jesucristo, de cómo Él había muerto en la cruz del calvario, a pesar de todos los problemas; y nosotros queremos un cristianismo tan cómodo, tan fácil. Queremos un cristianismo que no nos cueste absolutamente nada; y hay un montón de cristianos que están dispuestos a ser cristianos siempre y cuando no se les moleste. Hay que ir a los cultos. «Ay, esta re-lejos.» «Ay, hace mucho calor, hace mucho frio, está lloviendo.» «Para que voy a los cultos si ese pastor siempre está pidiendo dinero, siempre está pidiendo que salgamos a ganar almas, siempre está pidiendo que trabajemos. Ya no aguanto. Prefiero buscarme otra iglesia donde sea más cómodo.» Esa es la mentalidad de muchos cristianos. Ese no es el cristianismo bíblico. Ese no es el cristianismo que nuestro Señor nos enseñó.

Para andar en el Espíritu, usted tiene que rendirse todos los días al Señor. Eclesiastés 9:8 dice: «En todo tiempo sean blancos tus vestidos.» En Apocalipsis uno se puede dar cuenta de que Dios ha emblanquecido nuestros vestidos atreves de la sangre preciosa de Cristo, y Dios quiere que los vestidos del cristiano, la ropa del cristiano, siempre sea blanca, siempre sea limpia. Porque eso habla de santidad y de pureza.  Luego dice: «…y nunca falte ungüento sobre tu cabeza.» Claro que cuando una persona se viste con ropa limpia, es porque se ha bañado. Ahora debe vestir con ropa limpia, ropa blanca, se pone perfume. Solamente los sinvergüenzas sin bañarse se bañan con un perfume. Los albañiles normalmente hacen eso, para no oler tan feo, pero al ratito esa combinación de sudor y perfume no solamente hace oler mal, apesta, y huele a kilómetros de distancia.

Estudia en la Biblia lo que representa el ungüento, ¿sabe de que está hablando ahí? Del Espíritu Santo. Y no vamos a poder ser llenos del Espíritu Santo si andamos en pecado. El ungüento de Dios no puede venir a nuestras vidas y hacer que nuestra personalidad de ese perfume agradable llegue a todos los que nos rodean a causa del pecado. Esa es la razón del porque algunos se nos acercan y luego se nos alejan inmediatamente. Este no sólo huele mal, este hiede. Este apesta. Tiene un olor tan malo. Y ese es el testimonio que muchos cristianos están dando.

Gente inconversa muchas veces me reprocha la mala conducta de los cristianos. Qué vergüenza para nosotros los cristianos que gente inconversa nos reproche su proceder. Una conducta tan pecaminosa, tan sucia. Si usted va a andar en las pisadas de Jesús, si usted va a seguir el ejemplo de Él, tiene que andar en el Espíritu.

Romanos 8:5-6 dice: «Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. 6 Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz.» ¿Cuándo fue la última vez que usted en verdad le dijo al Espíritu Santo: «Lo que Tú quieres que yo haga es exactamente lo que yo voy a hacer.»? ¿Cuándo fue la última vez? Fue hace meses  si no es que años, y hay algunos que jamás en su vida han hecho esa oración: «Señor aquí estoy, por favor lléname, por favor úsame, por favor Señor manifiéstate en mi vida.» Esa es  la razón por la cual no podemos ANDAR como Jesús anduvo. Ya es tiempo de que empecemos a andar como Él anduvo.

Eso es lo que este mundo necesita, cristianos que anden como Él. Cada vez hay más y más corrupción, perversidad, degradación. Cada vez más crimen, cada vez más delito. ¿está usted conforme al andar de nuestro país? Se oye de secuestros y asesinatos. Encontramos noticias todos los días de muertos abandonados a la orilla de un camino Arrojados ahí frente a la presidencia municipal. Si no empezamos a vivir como verdaderos cristianos, este mundo no tiene esperanza, este mundo seguirá en esta decadencia, en esta caída libre hacia su propia destrucción, y usted y yo seremos responsables de esta situación.

2. El segundo ingrediente para andar en las pisadas de Jesús, es andar en amor.

Efesios 5:1 dice: «Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. 2 Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante.»

¿Sabe cuál es el problema?  ¿Sabe por qué no podemos ANDAR EN LAS PISADAS DE JESÚS? No estamos enamorados de Él. No estamos enamorados de Su Palabra. No hemos decidido entregarle todo nuestro ser a Él. Hay otras cosas que nos emocionan más que Él. Hay cosas que nos han robado el amor que le debemos a Él. Por eso es que el apóstol Pablo está diciendo aquí, andad en amor. No hay otra manera de que usted siga verdaderamente las pisadas de Jesús, si no es a través de enamorarse del Señor. Cuando uno ama, no hay carga; no hay límite; no hay molestia; no hay sacrificio, todo es un gozo; es un placer; todo es un privilegio. Pero cuando uno no ama, todo es una carga, una molestia, todo le desagrada. Esa es la razón del porque el Señor Jesucristo mismo le dijo a esta iglesia, la iglesia de Éfeso: «Tengo una cosa contra ti, has dejado tu primer amor.» «Ya no me amas como me amaste inicialmente, en ese tiempo cuando estabas dispuesto a pagar el precio, en ese tiempo cuando no te importaba el sacrificio, no te importaba renunciar a lo que fuera, tú estabas dispuesto a demostrar tu amor.» Mas nos vale hacerle caso a esta exhortación que el apóstol Pablo nos está dando.

Dios me dio el privilegio, hace unos años de visitar la ciudad de Éfeso. Sabe que es lo que queda de esta ciudad: puras ruinas. Sí, todavía se ven ahí los edificios viejos, antiquísimos; de hecho nos dijo el guía de turistas que fue invadida por el Imperio Romano. Se ve aún la calle principal, una avenida ancha,  toda con piedra de mármol. Las fachadas de los edificios todavía se conservan en pie, de mármol. Éfeso era una ciudad próspera, una ciudad rica, una ciudad importante, y la iglesia también, pero ¿ahora?  Todo está en ruinas. ¿Y sabe que es lo peor? Que ese país donde estaba situada la ciudad de Éfeso y las demás iglesias que se mencionan en el libro de Apocalipsis, que son Esmirna, Pergamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia, Laodicea; las que todavía están en pie, son musulmanas. No hay cristianismo ahí. No hay cristianos, puros musulmanes. Pura gente que cree en Mahoma, en Ala, en el Corán. ¿No le da tristeza a usted eso? Ahí donde estuvo esta iglesia, que en verdad era un faro que estaba alumbrando a toda Asia Menor, ahora no solamente no hay una iglesia, no solamente no hay cristianos, puras ruinas; pero, los que están en sus alrededores son musulmanes. ¿Sabe por qué? Porque estos cristianos se olvidaron de ANDAR EN LAS PISADAS DE JESÚS. Se olvidaron de andar como un verdadero cristiano. Yo no le estoy pidiendo que ande como algo que usted no es. La Palabra de Dios le dice: Ande como lo que usted dice que usted es; si es cristiano, ande como un cristiano. Un soldado camina como un soldado. El cristiano, ¿por qué no puede andar como un cristiano? Por la rebeldía de su corazón, porque no anda en el Espíritu, porque no anda en amor.

3. El tercer ingrediente para andar en las pisadas de Jesús, es andar como es digno del Señor.

En Colosenses 1:9-10 dice: «Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual, para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios.» Dice el apóstol Pablo que andemos como es digno de nuestro Señor. Él merece que usted viva como Él pidió aquí. Él merece que usted lo honre y lo glorifique en cada momento. No tengo tiempo para explicarle todo lo que esto significa, pero usted lea ese pasaje con detenimiento y va a darse cuenta de cómo el apóstol Pablo le estaba diciendo a estos cristianos que ANDARAN. No estamos andando en el Espírit. No estamos andando en amor. No estamos andando como es digno de Él. Y Él es DIGNO. Aunque usted no lo quiera reconocer, Él es DIGNO.

4. El cuarto ingrediente para andar en las pisadas de Jesús, es andar como Él anduvo.

1ª Pedro 2:21-24 dice: «Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; Él cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba; sino encomendaba la causa al que juzga justamente; quien llevo Él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.» Dice el apóstol Pedro que usted y yo debemos de andar como Él anduvo, porque para eso nos dejó ejemplo. ¿Está usted andando como Jesús? ¿Está usted andando en Sus pisadas? Cristo amó, ¿ama usted como Cristo? Cristo perdonó ¿perdona usted como Cristo? Cristo vivió en santidad ¿está usted viviendo en santidad? La Biblia dice que ÉL fue perfecto, y yo sé que nosotros no somos perfectos, pero esa debería de ser nuestra meta, cada día ser mas y mas semejante a Jesús. ¿Cómo anda usted? ¿Cómo vive usted? ¿Qué es lo que va a ver la gente cuando le vea nuevamente a usted? ¿Va a ser el mismo enojón, el mismo gruñón, el mismo mentiroso, el mismo ladrón, el mismo pendenciero, el mismo grosero, el mismo amargado? ¿Qué es lo que van a ver en usted? ¿Van a ver a Jesús? ¡Ande como Él anduvo!

La Impuntualidad

La impuntualidad

Voy a hablar de un tema, que yo creo que todos necesitamos mejorar. Todos necesitamos corregir en nuestras vidas. Si hay un problema. Si hay un vicio. Si hay un mal hábito que tenemos los hispanos, aún pastores, aún predicadores, es este del cual les voy a hablar.

Yo sé que existen una y mil justificaciones. Y ahora déjenme aclarar algo. Yo no soy el perfecto ejemplo de hacer lo que voy a enseñar, pero tenemos que corregir este problema. Porque repito, es un vicio que yo veo que está cundiendo. Y que nos está corroyendo, así como la polilla al entrar a la madera la cava, o a la tela la consume. Así este pecado (porque es un pecado). ¿Cuál es el asunto del cual quiero hablar?: la impuntualidad.

¡Cuántas veces hemos sido impuntuales! Y nos justificamos. Y decimos: «No, pero es que no se puede«.

Si algo tiene que cuidar el pastor es esto. Desgraciadamente yo lo he visto entre tantos pastores. Son impuntuales, no solamente en el sentido de no cumplir a tiempo con las actividades de la iglesia, pero son impuntuales con sus compromisos. Son impuntuales con todo lo que tiene que ver con la palabra impuntualidad.

Vamos a hablar de eso. ¿Qué es la impuntualidad? O, ¿por qué somos impuntuales?

Moisés decía en el Salmos 90 – «Enséñanos de tal modo a contar nuestros días que traigamos al corazón sabiduría». Y yo creo que Moisés entendía y tenía las mismas luchas que nosotros tenemos,  las mismas fallas, las mismas debilidades. Y por eso que en esta oración que está haciendo, Moisés le dice al Señor: enséñame a contar mis días; enséñame a pensar bien en los compromisos que tengo; enséñame a aprovechar cada minuto, cada segundo que tengo de vida para que traiga a mi corazón sabiduría.

Creo que esta debería de ser nuestra oración diariamente. Si se requiere de un cristiano que tenga palabra, que sea honesto, que sea recto. ¿Cuánto más de un siervo de Dios? Y a veces los ciervos de Dios somos los más conocidos por ser los más mentirosos, los más falsos. «¡Ah, lo dijo el pastor! No te preocupes, no va a suceder».

¡Qué vergüenza! Qué vergüenza que nuestra palabra sea tomada como algo insignificante. Como algo sin importancia. Cuando debería de ser todo lo contrario.

¿Qué es lo que muestra la impuntualidad en una persona? En primer lugar muestra nuestra indisciplina. Es una falta de disciplina. La persona impuntual, la persona incumplida es una persona indisciplinada. Y tengan cuidado, porque normalmente cuando una persona es indisciplinada en una área de su vida, lo más seguro es que se empiece a transmitir a otras áreas de su vida. Y esa es la razón por la cual algunos siervos de Dios empiezan sin darse cuenta a resbalar en su vida espiritual, en su vida cristiana. Empiezan a permitir el pecado en un área de vida y después van a terminar contaminando todas las demás áreas de su vida.

El rey Salomón dijo en Eclesiastés 3:1 -» Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora».  Cada persona que vive en este planeta tiene las mismas 24 horas. Cada persona tiene exactamente 7 días a la semana, 365 días al año.

¿Por qué es que algunas personas hacen más que otras?: disciplina. Disciplina, nada más. Están disciplinados de tal manera que aprovechan cada minuto de su tiempo. El problema con nosotros es que somos indisciplinados. Nos consentimos, nos apapachamos. «Ya trabajaste mucho» » Ya tienes derecho a tomarte unos cuantos días de descanso»

Qué vergüenza que a veces el pastor sea tenido o conocido como el más perezoso, como el más flojo. «Ah, pues que vida tan campechana se llevan los pastores. ¡Pues yo me voy a meter de pastor!», algunos hermanitos dicen. «Que vida tan cachetona llevan. No pues, ¡yo me voy a meter de pastor!»

La verdad es que no es ese el problema. El problema es el carácter indisciplinado de esa persona. Y a propósito, cuando una persona es perezosa para trabajar en lo secular, es perezosa para trabajar en el ministerio. Pero esto es cuestión de disciplina. Cuestión de carácter.

La Biblia nos dice en Timoteo 1:7 (un versículo que todos conocemos, y sino lo conocemos deberíamos conocerlo) -«Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio». Y precisamente somos indisciplinados porque no tenemos domino propio. Esto está evidenciado en que nuestro corazón no le pertenece completamente a Dios. Por eso somos impuntuales.

Lo segundo que muestra la impuntualidad en una persona es la necedad. En Efesios 5:15 el apóstol Pablo le está hablando a la iglesia de los Efesios y dice: «Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios,…» Y luego dice: «…aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos». Qué interesante es el contraste que pone aquí el apóstol Pablo entre necios y sabios.

Y luego dice el versículo 16, haciendo el mismo contraste, «aprovechando bien el tiempo«. Quiere decir que la misma persona que no aprovecha bien el tiempo no es una persona sabia, es una persona necia.

Lo segundo que muestra la impuntualidad es necedad. Y la palabra necio en la Biblia es sinónimo de una persona retardada mental. Si, así es. Un retardado mental. ¿Y no actuamos así muchas veces?, como retardados mentales. Porque hacemos un compromiso y tan fácilmente que lo rompemos, como que fuera la cosa más sencilla del mundo. Qué bueno que nuestro Dios no es así.

Él es fiel. Él es puntual. Él es cumplido. Por eso nosotros podemos confiar en los ciclos de la naturaleza. La naturaleza respeta la fidelidad de Dios. Y precisamente la naturaleza nos muestra que Dios es fiel.

¿Por qué nosotros no podemos ser puntuales? Porque somos indisciplinados, porque somos necios. Dice la Biblia: «aprovechando bien el tiempo».

Por eso, qué importante es para cada uno de nosotros como siervos de Dios anotar nuestros compromisos. Anotar. Y estoy seguro que en más de una ocasión hemos escuchado esta recomendación, esta insistencia.

Porque se nos olvida. Llegamos a la edad donde todo se nos empieza a olvidar. Se nos olvida como nos llamamos, de dónde somos, de dónde venimos, dónde nacimos. Todo se nos olvida. Hasta si estamos casados, si tenemos hijos, no tenemos hijos. ¿O no?

La esposa nos tiene que estar recordando constantemente. Cuando extiende la mano, cayitos. «¡Ay caray! Pues yo no sabía que estaba casado» Pues sí, estás casado. Así que cumple con tu obligación.

Pero si necesitamos tomar nota. Para poder cumplir con nuestros compromisos. La puntualidad no es algo que va a ocurrir accidentalmente. No, no va a ocurrir nada más porque las circunstancias son favorables. Tenemos que planearlo. Tenemos que hacerlo a propósito. Tenemos que enseñarnos a ser cumplidos con nuestros compromisos.

Yo me acuerdo cuando empecé a predicar en la Conferencias de La Espada con el hermano Garlick, la cantidad de compromisos que hacían los pastores con el hermano. «Pastor mándeme tantas revistas, tantos libritos y yo se los pago» El hermano se cansó de mandar recibos de cobro. Por eso es que a lo último terminó regalando los periódicos.

¡Y qué vergüenza! Pastores hacían compromisos con él. «Tal fecha le mando». Pobre hermano. Yo creo que por eso se enfermó más el hermano Garlick. Y es una vergüenza, que nosotros como pastores hagamos un compromiso y luego no cumplamos con él.

Dice la Biblia que mejor que no prometamos y no que prometamos y no cumplamos. No tenemos que hacer ningún compromiso. Si no podemos, pues no podemos. Nada más decir «no puedo, no puedo». Pero si hacemos el compromiso decimos sí y luego no cumplimos. Estamos actuando como un necio. Como una persona que ha perdido sus facultades mentales. Y debo decirles que si una persona ha perdido sus facultades mentales no está capacitada para dirigir una iglesia. ¡Pobrecita iglesia! ¡Pobrecito de los hermanos!

Lo primero que muestra la impuntualidad es indisciplina. Lo segundo que muestra la impunidad es necedad. Lo tercero que muestra la impunidad es el orgullo, la soberbia. ¿Por qué? Porque estamos diciendo: yo estoy bien; yo no necesito cambiar en esa área de mi vida; yo no necesito que nadie me enseñe; yo no necesito que nadie me diga. Pues necesitamos que alguien nos diga.

El orgullo es tan nocivo que precisamente dice la Biblia en Abdias 1:3 – «La soberbia de tu corazón te ha engañado, tú que moras en las hendiduras de las peñas, en tu altísima morada; que dices en tu corazón: ¿Quién me derribará a tierra?». Dios le está hablando muy fuertemente a Edom a través del profeta Abdias, y le dice a Edom que la soberbia de su corazón lo había engañado. Le había nublado totalmente la vista. Le había cerrado totalmente el entendimiento. No podía ver bien. No podía pensar. Y por lo que leemos en ese pequeño libro nos damos cuenta de que así fue.

Edom se alío contra las naciones que venían a atacar a Israel. ¿Por qué? Porque la soberbia de su corazón lo había engañado. Creía que porque vivían en una ciudad hecha entre las rocas ya estaban seguros, nada ni nadie les podían hacer daño. Pero Dios le dijo a través del profeta Abdias «yo me voy a encargar de que tú seas destruido, de que aunque vivas en esa fortaleza te destruya» Y dios cumplió.

Edom era pariente de Israel. Esaú, hermano de Jacob. Quitó cualquier buen sentimiento, cualquier buen pensamiento, cualquier idea correcta, el orgullo.

¿Y verdad que no nos gusta que nos digan que somos impuntuales? ¿Verdad que buscamos justificarnos? «¡Y a poco usted no pastor!» «¡Y a poco usted no falla!» Yo dije desde el principio que no soy el mejor ejemplo de esto.

Pero si algo tenemos que corregir es este problema. Porque yo lo veo como el freno que Satanás quiere poner para que Dios no bendiga nuestro ministerio. Para que Dios no prospere en su obra. Ahí está, esa tapa, ese freno, impidiendo que hagamos más, que avancemos más, que sirvamos mejor, que seamos más amplios en nuestro ministerio. Precisamente por la impuntualidad. ¿Cuánta vitalidad? ¿Cuánta energía? ¿Cuánto avance nos está quitando la impuntualidad en nuestros ministerios?

Piense nada más, cuanto más pudiera usted hacer si solamente se organizara. Si solamente planeara. Si solamente se esforzara en cumplir cada uno de sus compromisos. A lo mejor se levantara más temprano. A lo mejor se acostara un poquito más tarde. A lo mejor dejara esos ratos de ocio que tiene a un lado. Y pudiéramos cumplir con nuestros compromisos.

Pero siempre el pretexto, la excusa es «no tengo tiempo». «No puedo». O lo que es peor (si así fuera menos mal), hacemos el  compromiso y luego no llegamos.

¿Qué es lo que muestra la impuntualidad? ¿Por qué somos impuntuales? ¿Por qué somos indisciplinados? ¿Por qué somos necios? ¿Por qué hemos dejado que el orgullo nos engañe, la soberbia de nuestro corazón nos engañe, nos embote los sentidos, nos haga pensar cosas que no son?

Piense en cada aspecto de su vida, de su ministerio que está siendo afectado por este terrible pecado. Yo lo veo como un terrible pecado. Como una gran amenaza. Que a lo mejor nos hemos justificado diciendo «pues es que así somos». «Es que así somos, así hemos crecido».

La Biblia dice que sí. Probablemente así éramos antes de convertirnos. En Efesios capitulo 4, el apóstol Pablo dice que debemos cambiar nuestra forma de pensar, nuestra forma de ser. Si antes así éramos, vamos a despojarnos de ese viejo hombre y vamos a vestirnos con el nuevo hombre para cumplir fielmente con nuestras responsabilidades.

Porque repito, si es terrible que una persona, un cristiano normal, común y corriente, sea impuntual, ¿cuánto más un siervo de Dios? ¿Cuánto más? Y desgraciadamente, así somos.

En Efesios 4:28 tenemos la cuarta evidencia de la impuntualidad, la cuarta razón de porque somos impuntuales: «El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad.» ¿Sabe qué es lo que muestra la impuntualidad? Deshonestidad. ¿Sabe qué es la impuntualidad? Robo.

Vamos a suponer que usted aceptó un compromiso de estar a las 4 de la tarde en X lugar con una persona. Y usted llega a las 4:10, 4:20. Aún 4:05, ya le roba cinco minutos a la otra persona. ¿Y qué son cinco minutos? Pues,  cinco minutos de su vida. ¡Está robándole!

Y ahora piense hermano pastor. Usted dice vamos a empezar el culto a las 7, y empieza a las 7:10. No le robó diez minutos a una persona, si había veinte, si había treinta, si había cincuenta. ¡Qué sinvergüenza es usted! Merece ir a la cárcel.

«Ay pastor, es que así somos». Pues no deberíamos ser. A parte de que es una mentira.

Yo no sé si a usted le molesta que alguien le diga a una hora y llegue diez, veinte, treinta minutos más tarde. A usted le molesta, me imagino. A mi sí me molesta. Y entonces, ¿por qué lo hacemos?

Pero repito, es un vicio. Porque es un vicio. Y hay algunos pastores que dicen: «Bueno citamos a las 7 pero ya sabemos que vamos a empezar a las 7:30». ¿Por qué? ¿Por qué tiene que ser así? «A pues que no hay nadie» Pues empiece con los que haya. Nosotros tenemos el mismo problema que usted. Puede que a la hora de la predicación haya unas  mil doscientas personas en el auditorio de nuestra iglesia, pero empezamos con las que haya. Si hay diez, con diez empezamos. No vamos a esperar que llegue todo el mundo porque sino nunca vamos a empezar.

Hay algunos de nosotros que terminamos a las 1:30 nuestras actividades del domingo a la mañana. Algunos vienen llegando a las 1:00, 1:10. Son unos sinvergüenzas. Y les predico. Y les insisto en que lleguen a tiempo. Pero eso no va a impedir que nosotros empecemos a la hora que debemos empezar.

Pero que terrible que en algunos lugares, algunos pastores se justifiquen. Eso es deshonestidad. Eso es robo. Eso es mentira. Eso es cinismo. Eso es ser sinvergüenza.

Si usted se justificara diciendo estamos bien, así soy yo. Pues entonces cualquier persona que vive en algún pecado esta bien. Si esa es la justificación, pues los homosexuales, los que le van al América y tiran piedritas, pues esos están bien. Los borrachos están bien. Todo mundo está bien. Pero no es así.

Nuestra regla, nuestra norma de fe, nuestra norma de conducta es este libro. Y repito, yo creo que cuando Moisés se veía con todas esas debilidades y todos esos problemas era que decía «Señor enséñanos a contar mis días. Enséñame a aprovechar bien el tiempo. Que traiga yo a mi corazón sabiduría. Señor quiero ser un siervo útil. »

¡Pero como nos está quitando una vitalidad tremenda este vicio! Es terrible este vicio.

No solamente muestra necedad. No solamente muestra orgullo. No solamente nuestra indisciplina.

¿Sabe que otra cosa muestra la impuntualidad? Desconsideración. La palabra desconsideración quiere decir sin consideración. No nos ponemos a pensar en las otras personas. Hacemos un compromiso, pensamos en nosotros nada más, nos concentramos en nosotros. Eso es egoísmo. Qué me importa que el otro tenga que sacrificar, tenga que batallar, tenga que luchar para estar a tiempo. A mi no me importa. Eso es desconsideración.

Dice la Biblia que usted debe ponerse en el lugar de las otras personas. La Biblia nos enseña que debemos ser considerados. Dice en  Filipense 2:1-«Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo»

Dice en Romanos 14:13 – «Así que, ya no nos juzguemos más los unos a los otros, sino más bien decidid no poner tropiezo u ocasión de caer al hermano» ¿Cuántas veces usted habrá servido de tropiezo a otra persona por su impuntualidad? ¿Cuántas veces? Hasta que llegamos a la presencia de Dios no nos vamos a dar cuenta. Pero en más de una ocasión va a venir una persona que nos diga: «hermano, usted me prometió». Y qué terrible va a ser eso.

Sí, insisto. Lo que usted tiene es su palabra. Y si un pastor pierde su palabra, ha perdido todo. Y si los miembros de su iglesia ya no le creen porque usted hace compromisos…, y compromisos…, y compromisos. Y siempre los está rompiendo, siempre está fallando. ¿Qué autoridad tiene su palabra? ¿Le van a creer?

No, no le van a creer. Yo he aprendido a conocer a algunos siervos de Dios. Y yo sé que cuando algunos siervo de Dios (siervos de Dios porque están sirviendo al Señor) me dice algo, yo ya sé como tomarlo. «Ah, pues fulano de tal dijo…. Ah, bueno» Entonces ya sé que nunca se va a hacer. Así es. Nunca se va a hacer. ¡Qué vergüenza!

Y cuando alguno dice voy a hacer esto. Ah, ya se que sí se va a hacer.

Y yo me imagino que usted también ha conocido a algunos siervos de Dios así. Le prometen…, y le prometen…, y le prometen…, y le prometen. Y nunca se hace. Pero usted ya sabe: «fulano de tal dijo». Ah, entonces sí es un hecho. ¡Que vergüenza!

Ahora si usted no ha percibido eso, pregunte a algunos pastores. ¿Yo le hecho una promesa y no se la ha he cumplido? Averigüe. Investigue. A lo mejor eso le ayudaría a corregir su conducta.

Es desconsiderado aquel que es impuntual, no se pone en el lugar de la otra persona. Piense en las otras personas. Así como usted quiere que alguien cuando le promete algo le cumpla, pues así haga usted.

Es interesante, dice en la Primera de Corintios 14:40 – «pero hágase todo decentemente y con orden». Dónde le apóstol Pablo está hablando acerca del orden del culto. Ustedes saben que ahí en la iglesia de Corintios era un caos. Un verdadero relajo, era una verdadera pachanga la que hacían en los días de culto. El apóstol Pablo está diciendo  aquí: «pero hágase todo decentemente y con orden». Pablo dice que una de las reglas que debe existir en el culto público es el orden. Cuando no empiezan a tiempo, ¿estarán sujetándose a esta regla?

Todo decentemente y con orden. No empezamos a tiempo, ya estamos metiendo el desorden. Y una regla de la pedagogía dice que el desorden engendra desorden. Ahí está el problema. Piense. Hay que corregir nuestra disciplina. Nuestra deshonestidad. Nuestro orgullo. La necedad en la cual estamos viviendo.

No solamente muestra esto la impuntualidad. Hay otras cosas que muestra aparte de indisciplina, necedad, orgullo, deshonestidad, desconsideración. La impuntualidad muestra precisamente infidelidad. La palabra fiel es una palabra sinónima de puntual.

Dios es fiel. Dios es puntual, cumplido. Cumple lo que promete. Cuando una persona es impuntual es infiel. Y si es infiel en este terreno del tiempo, ¿será infiel en otros terrenos? Lo más seguro es que sí.

Mire lo que dice en el libro de Mateos, capítulo 25. Aquí tenemos la parábola de las diez vírgenes. El Señor reprochó tres cosas en estas vírgenes, insensatas como son llamadas. Dice en el versículo número 3, las insensatas fueron llamadas insensatas porque no se prepararon. Tomando sus lámparas no tomaron consigo el aceite.

¿Sabe por qué somos impuntuales, incumplidos? Porque no nos preparamos. Yo dije que la puntualidad no es algo que ocurre accidentalmente. Es algo que tiene que planearse para poder cumplir fielmente con nuestras responsabilidades.

Estas mujeres no se prepararon. No planearon. Llegaron allí y creyeron que iban a conseguir el aceite de última hora. No lo consiguieron.

No solamente fueron infieles, precisamente porque no se prepararon. No solamente fueron infieles, porque fueron llamadas insensatas. No tenían sabiduría, eran necias.

Pero mire lo más importante. Dice en Mateos 25:10-12 «Pero mientras ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta. Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, Señor, ábrenos! Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco.» A lo que fueron, no pudieron llegar. Iban para estar en las bodas, y cuando llegó el  momento de las bodas le cerraron las puertas. Tocaron. «Ábrenos Señor. Ábrenos, queremos entrar» El Señor les dijo «ya están cerradas las puertas».

¿Sabe lo que significa esto? Que nosotros estamos perdiendo grandes bendiciones de Dios, precisamente por nuestra impuntualidad. Dios quiere bendecirnos. Dios quiere darnos más abundantemente de lo que entendemos o de lo que tenemos. Pero, ¿por qué lo hace? Porque actuamos como estas cinco vírgenes, insensatas, imprudentes. No nos preparamos, no estamos listos.

¿Está usted siendo impuntual? Yo creo que todos en algún momento hemos fallado. Yo no creo que haya uno solo aquí que pueda decir yo nunca he fallado. Pero una cosa es que usted falle accidentalmente, y otra es cosa es que usted viva en ese pecado. No hay justificación. Y si no hay justificación para un cristiano normal, menos para un cristiano anormal. Menos para un pastor.

No hay justificación. ¿Está usted cumpliendo con sus compromisos?

Y esto no nada más abarca llegar a tiempo. Esto barca pagar. Porque cuántos «si yo te prometo que te voy a ayudar». Y ahí está esperando la ayuda. Nunca llega. «¡Ay!, es que no tuve» ¿Para qué habla hermano? No hable.

Pudiera yo mencionar las veces que han hecho compromisos los hermanitos para ayudar a los Fuegos de Evangelismo. Ahí tengo yo el alterón de promesas.

Otro paquete me mando el hermano Aschcraft. Me lo tuvo que mandar como diez veces porque dice que ya se le olvidan las cosas también. Lo entiendo.

¿Pero cuántos de esos han cumplido? Ni siquiera un veinte por ciento. De cada cien, ni siquiera veinte. ¡Qué vergüenza! ¡Que vergüenza!

¿Está usted siendo impuntual? ¡Corríjase!

La Mediocridad

La Mediocridad

Pastor Alejandro Córdova

Leemos en la Biblia, Apocalipsis 3:14-17, dice así: «14 Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios, dice esto: 15 Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! 16 Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. 17 Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo.»

Quiero hablarles en esta noche, acerca del peor problema que tenemos los mexicanos, el más grave, el mayor.

Yo sé que hay infinidad de problemas en nuestro país; hay problemas como la prostitución, el otro día estaba escuchando en un noticiero, que nada más en el Distrito Federal, hay más de 86 mil prostitutas, nada más en el Distrito Federal, imagínense, y eso, yo me imagino, son las que han detectado, han descubierto, por supuesto que hay muchísimas más que no están detectadas, es un problema bastante grave.

Hay otros problemas, el alcoholismo: cuántos problemas, cuántas desgracias ha causado el alcoholismo en nuestro país, cuántas muertes, cuánto dolor, cuántas lágrimas, cuánta tristeza; pero yo considero que ese no es el problema más grave.

Ahora, un problema que nos amenaza y si no hacemos algo nos va a alcanzar: el homosexualismo, el lesbianismo, es un problema tremendo en nuestro país, tremendo, hacia cualquier lado que volteemos encontramos homosexuales, encontramos lesbianas, y lo peor es que se está promoviendo en una forma tan indiscriminada que está creciendo alarmantemente. Anteriormente se detectaba fácilmente a cualquier homosexual, a cualquier lesbiana… ya no, personas que parecen muy hombres, resulta que le van al América y tiran de uñita; bigotones, muy fornidos, muy varoniles, pero cuando nos damos cuenta, resulta que les hace agua la canoa.

Cuántos problemas hay en nuestro país: la tranza ¿a usted nunca lo han tranzado? ¿nunca le han dado gato por liebre? Es un problema que tenemos en nuestro país. La corrupción, la famosa mordida ¿a usted nunca le han pedido una mordida?, ¿usted nunca ha dado una mordida?

¡Cuántos problemas hay en nuestro país! en verdad creo que no terminaría nunca de mencionar todos los problemas que tenemos como mexicanos, como país; y a nivel local, en nuestras ciudades… cuántos problemas, la lista sería enorme.

Pero yo creo que todos esos problemas derivan de uno solo. Todos esos problemas derivan del peor, del más grave, del mayor.

Si usted me pidiera mi opinión en cuanto a cuál es el primer problema, el problema que deberíamos de atacar en cada uno de nosotros como individuos y como miembros de este país, yo pondría: la mediocridad.

Por naturaleza somos mediocres, por naturaleza todo lo hacemos a medias. En mi opinión ese es el problema más grande que tenemos como nación, como país. Parece que es parte de la idiosincrasia, alguien dijo por ahí «indiosincrasia» y me parece más correcto.

Parece que ese es el problema, y hasta nos justificamos, defendemos, apapachamos nuestra mediocridad. «Es que así soy, es que mi papá así era, es que mi abuelito así fue, es que mi tatarabuelito así era… ¿pues qué quiere? por eso somos así… somos mediocres». Y noten la palabra que estoy usando, no quiero convertirme en juez de nadie, ni decir que usted es peor que yo, o que yo soy superior a usted: estoy hablando en plural, estoy incluyéndome.

¡Qué problema tan serio es la mediocridad! Miren qué tan serio es la mediocridad que todos los problemas que he mencionado como alcoholismo, como drogadicción, como prostitución, como homosexualismo, como robo, como crimen, tranza, como abuso de autoridad, como corrupción, como mordida, todos eso que he mencionado y podría mencionar muchos más, en mi opinión se derivan de ese problema.

Y desgraciadamente como cristianos, no estamos ajenos a ese problema que gobierna, que reina en nuestro país de sabrá Dios desde hace cuántos años, pero es un problema bastante serio.

Es un problema bastante serio porque precisamente porque somos mediocres somos negligentes, somos apáticos, somos desinteresados, nos vale todo, por eso mantenemos descuidada la Iglesia, tiramos basura donde sea, entramos con niños pequeños al lugar al que se nos ha dicho que no debemos de entrar con niños pequeños, por eso nos importa poco quién esté predicando y salimos y entramos como se nos pega la gana, esté quien esté hablando: ¡qué importa! ¡eso no es importante! ¿verdad? ¡Qué importa que se haya gastado tanto dinero!, ¡qué importa que se haya invertido tanto tiempo!, ¡qué importa que se haya sacrificado tanto tiempo, tanto trabajo, tanto esfuerzo! yo quiero hacer mi voluntad, a mí me importa poco lo que está a mi alrededor, yo voy a hacer lo que se me pega la gana ¿verdad?

«¡Ay, Pastor, no me regañe!» No lo estoy regañando, hermano, créame, estoy predicando esto por su propio bien, por el bien de la obra de Dios. Si vamos a lograr esa visión celestial; si vamos a salir de ese letargo, de esa mediocridad en la cual vivimos; si algo va a suceder en nuestro país que influencie a otros países, tenemos que dejar de una vez por todas ese terrible pecado, porque si no, yo lo veo como una terrible tapadera que está impidiendo que Dios bendiga más su obra, que haga algo grande en nuestro país, que algo grande suceda…

Y déjeme decirle algo, yo estoy totalmente de acuerdo con todo lo que se ha predicado, estoy completamente de acuerdo con lo que predicó el hermano Ezequiel Salazar anoche, no estoy contradiciendo su mensaje, no me malentiendan, por favor. Pero yo creo que este problema es el otro lado de la moneda.

Sí, tenemos que esperar en el poder de Dios; sí, tenemos que hacer la obra de Dios con el poder de Él; sí, Él tiene que movernos, pero cuántas veces como leímos en el mensaje de hace un momento, nos ha hablado claramente, Dios ha puesto el dedo en la llaga y Dios nos ha señalado perfectamente nuestro pecado, pero por nuestra mediocridad nos quedamos ahí sentados y no pasamos más que de contentarnos un poquito «¡ay, qué bonito predicó el Pastor!, ¡ay, qué bonito habló!, ¡ay, Dios, háblame!, ¡ay, Señor, muéveme!», y usted quiere que Dios venga y haga lo que Dios claramente le ha dicho a usted y a mí que debemos hacer.

Y estamos cayendo en el mismo error de los pentecostales, ese es el problema de los pentecostales, todo le echan la culpa al Diablo: «¡ay, es que yo no quería pecar! pero el demonio del alcohol me indujo a tomar, y por eso soy borracho… ¡ay, no es mi culpa!». ¡Qué fácil resulta eso! Echarle la culpa al demonio del adulterio, echarle la culpa al demonio del alcohol, echarle la culpa al demonio de la droga y entonces usted no es responsable, ni yo tampoco. «Ah, entonces estamos así porque Dios quiere, entonces estamos bien». No, no es así. ¿Qué es? La mediocridad.

Antes, déjenme decirles, precisamente porque somos mediocres, no somos la clase de padres que deberíamos de ser; precisamente porque somos mediocres, no somos la clase de esposo o esposa que deberíamos de ser; precisamente porque somos mediocres, no somos la clase de hijo que deberíamos de ser; precisamente porque somos mediocres, no somos la clase de maestros de Escuela Dominical que deberíamos de ser; un maestro de Escuela Dominical mediocre no prepara su lección, llega con el manual frente al alumno, o con la lección y nada más se limita a leerla: eso es mediocridad, y usted debería estar sobre sus rodillas, hermano, pidiéndole perdón a Dios, porque usted hizo un compromiso con Dios, no con el Pastor, no con quien lo contrató para ser maestro de Escuela Dominical, usted hizo un compromiso con Dios y usted está siendo mediocre al nada más pararse frente a sus alumnos y leerle la lección de Escuela Dominical, la lección que se le ha dado; nada más limitarse a hacer lo esencialmente indispensable para que no lo corran como maestro de Escuela Dominical. Y lo mismo digo a los capitanes de ruta, y lo mismo digo a los ujieres, y lo mismo digo a los Diáconos, y lo mismo digo a cualquier persona que desempeña cualquier trabajo en la Iglesia. Pero de verdad, que nos hemos conformado y nos hemos metido en la cabeza que así somos, «pues es que así semos, Pastor, ni modo, ¿qué quiere que haga?».

¿Qué es la mediocridad?, ¿sabe qué es la mediocridad? Es un pecado. No es algo que no ofende a Dios.

Precisamente porque somos mediocres, hacemos una promesa a la obra misionera y luego nunca la cumplimos, precisamente porque somos mediocres como señalaba el hermano, no diezmamos: un domingo sí, tres no, otro domingo sí, cuatro no. Es un pecado.

Precisamente eso es lo que el Señor estaba atacando aquí en la Iglesia de Laodicea, miren otra vez lo que dice el Apocalipsis capítulo 3, versículo 14: Cristo mismo está hablando, Cristo mismo está señalando, denunciando el terrible pecado de esta Iglesia, la Iglesia de Laodicea, dice aquí: «14 Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios, dice esto: 15 Yo conozco tus obras,», y hermano, créamelo que Dios conoce sus obras, por eso lo señala, dice: «que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! 16 Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca». El gran pecado de la Iglesia de Laodicea es que ellos habían llegado a un nivel de conformidad, de mediocridad, se habían adaptado a los estándares de este mundo, a las normas de este mundo, ellos habían llegado a decir: «bueno, ya tenemos lo que queremos materialmente hablando, ya alcanzamos el nivel que queríamos, entonces ya no hay que seguir luchando». Y eso no es correcto.

Siempre en el cristiano debe existir un espíritu de superación, un deseo de hacer bien las cosas, un deseo de agradar a Dios, porque lo estamos haciendo para Él, jamás deberíamos conformarnos con lo que estamos haciendo para Dios. Pero ¡cuántos cristianos se han conformado! cuántos Pastores han llegado al límite de decir: «bueno, ya tengo mi Iglesita, ya saco para el chivo, bueno, pues ya qué…», ya me da más o menos un buen sueldo, ya qué me importa lo demás, ¿que las almas se van al infierno? pues que se vayan al infierno, ya no me preocupa. ¡Qué tragedia! Y eso por decir algo, porque la verdad es que la mayoría de las Iglesias ni siquiera han llegado a ese nivel. ¿y sabe por qué? Porque tenemos un montón de cristianos mediocres, un montón de cristianos tibios.

La mediocridad es el estado mental de una persona satisfecha con poco o con nada, esa es la mediocridad.

Y por eso es que vemos esto inclusive reflejado en los hogares de muchos hogares, cuántos hermanitos en las Iglesias se justifican de que tienen un mugrero en su casa porque son pobres… «Ay, Pastorcito, cierre los ojos», ¡no! hay que abrirlos más, si no me tropiezo con toda la basura que tiene usted ahí. El alterón de trastes ahí amontonados, el montón de ropa ahí guardada, alguna ya hasta pudriéndose, la basura por todos lados: eso es síntoma de mediocridad, eso es pecado delante de Dios. Vemos a personas todas mugrosas, apestosas, piojosas: «ay, es que soy pobre», no, eso no es sinónimo de pobreza, ese es sinónimo de mediocridad: pecado ¡es pecado, hermano! ¿Quién le ha enseñado que: «ay, porque soy pobre voy a andar todo despeinado, todo greñudo, todo pulgoso, roñoso»?, ¿quién le enseñó eso? eso no es correcto, pero ¿verdad que nos hemos conformado? «Ay, Pastor, es que yo soy muy pobre, no tengo para… comprar un poquito de agua y bañarme».

Dice la palabra de Dios aquí, que el Señor reprendió duramente a esta Iglesia: «17 Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo.» Exactamente esa es la condición de muchas personas en nuestro país, pero la tragedia más grande y lo que me preocupa a mí, es verlo reflejado en un montón de cristianos conformados a las normas de este mundo, conformados a lo que se hace en este mundo y tratando de justificarse diciendo: «yo estoy bien». Entiende, hermano, es un pecado terrible, y eso desagrada a Dios tanto como que usted robe, tanto como que usted mate, tanto como que usted sea un mentiroso o un adúltero: desagrada a Dios.

Dios es un dios de orden. El diccionario dice que la mediocridad quiere decir: «de calidad media o mala, regular y torpe», esa es la mediocridad.

Déjenme hablarles acerca de algunos de los resultados de la mediocridad. Precisamente porque somos mediocres, somos negligentes; la palabra negligencia quiere decir «descuido, omisión, falta de aplicación», la Biblia nos pone un montón de ejemplos de personas que fueron negligentes. Por ejemplo, en Josué 18:3, nos dice: «3 Y Josué dijo a los hijos de Israel: ¿Hasta cuándo seréis negligentes para venir a poseer la tierra que os ha dado Jehová el Dios de vuestros padres?». ¿Hasta cuándo seréis negligentes? dice la Palabra de Dios, ahí estaba el pueblo de Israel congregado, y dice Josué: «¿hasta cuándo seréis mediocres?, ¿por qué no hacen lo que Dios les ha encomendado hacer?»

Desgraciadamente, ustedes saben las consecuencias de la negligencia, de la mediocridad, dice en Jueces 1:21, lo que ocurrió precisamente porque el pueblo de Israel fue negligente en obedecer, en cumplir con la orden que Dios les había dejado, y yo sé, que la tarea que nosotros tenemos es tan grande, es tan portentosa, que cuando nosotros volteamos alrededor del mundo y vemos los millones y miles de millones que hay, decimos «es una tarea increíble, es una tarea que no podemos desarrollar», pero hermanos, mientras cada quién no esté haciendo su parte responsablemente, jamás vamos a lograr ni siquiera hacerle cosquillas a ese mundo; pero usted, no se debe de justificar, en eso, usted y yo deberíamos decir «yo tengo que hacer mi tarea, yo tengo que hacer mi trabajo» y a lo mejor, efectivamente no vamos a alcanzar a todo el mundo, pero por lo menos esa debería ser nuestra meta; pero qué vergüenza que estemos encerrados en nuestro circulito: «yo ya soy salvo, yo ya conozco de la Palabra de Dios, y por lo demás, que el mundo ruede, a mí no me importa, no es mi problema», mediocre, ese es un pensamiento mediocre.

«¡Ah! Pues es que nosotros no tenemos dólares». Qué bueno que cuando se escribió la Biblia no había dólares, qué bueno que cuando Cristo le dio la gran comisión a los discípulos no había dólares. La tarea es de nosotros.

«Ay, Pastor, soy muy pobre» y va a seguir siendo pobre, por su mediocridad. ¿No me lo cree? mire, ese es otro resultado, vayamos al libro de Proverbios 6, si no encuentra los libros con facilidad es también por su mediocridad… ya tiene seis meses de ser cristiano y aún no conoce los libros de la Biblia, ya tiene más de un año y jamás ha leído toda la Biblia completa; y me conformaría con que tuviera más de 10 años y hubiera leído la Biblia completa, pero no la ha leído, ¿sabe por qué? por su mediocridad.

En Proverbios 6:6-11 dice: «6 Ve a la hormiga, oh perezoso, Mira sus caminos, y sé sabio; 7 La cual no teniendo capitán, Ni gobernador, ni señor, 8 Prepara en el verano su comida, Y recoge en el tiempo de la siega su mantenimiento. 9 Perezoso», mediocre, «¿hasta cuándo has de dormir? ¿Cuándo te levantarás de tu sueño? 10 Un poco de sueño, un poco de dormitar, Y cruzar por un poco las manos para reposo; 11 Así vendrá tu necesidad como caminante, Y tu pobreza como hombre armado.» Otro resultado de la mediocridad es la pereza, y precisamente por eso es que hay un montón de cristianos que no tienen ni para comer.

«Ay, Pastor, es que me corrieron de mi chamba» ¿por qué? no creo que haya sido porque eras muy trabajador, no creo que haya sido porque usted es muy responsable, porque llegaba a tiempo a su trabajo ¿verdad? No, usted acostumbraba pasársela campechanamente, ahí, meciéndose en su hamaquita, tomando su coquito con agua bien fría.

Por eso estamos como estamos, por eso no podemos ver la bendición de Dios sobre nuestras vidas, y hermano Pastor, esto aplica también a la obra de Dios. Usted no le echa ganas al trabajo en la obra de Dios, no espere que salga para el chivo, no va a salir. «Ay, Pastor, es que la gente aquí en mi Iglesia es muy dura», a lo mejor están nada más reflejando lo que ven en el púlpito cada semana, nada más.

Mire, por la negligencia del pueblo de Israel lo que ocurrió, Jueces 1:21 «21 Mas al jebuseo que habitaba en Jerusalén no lo arrojaron los hijos de Benjamín, y el jebuseo habitó con los hijos de Benjamín en Jerusalén hasta hoy». Luego en el versículo 27: «27 Tampoco Manasés arrojó a los de Bet-seán, ni a los de sus aldeas, ni a los de Taanac y sus aldeas, ni a los de Dor y sus aldeas, ni a los habitantes de Ibleam y sus aldeas, ni a los que habitan en Meguido y en sus aldeas; y el cananeo persistía en habitar en aquella tierra». Versículo 29 y 30: «29 Tampoco Efraín arrojó al cananeo que habitaba en Gezer, sino que habitó el cananeo en medio de ellos en Gezer. Extensión de las conquistas de las demás tribus  30 Tampoco Zabulón arrojó a los que habitaban en Quitrón, ni a los que habitaban en Naalal, sino que el cananeo habitó en medio de él, y le fue tributario.»

Y ahí sigue diciéndonos todo lo que el pueblo de Israel no hizo ¿por qué no lo hizo? por causa de su negligencia. Y dice la Biblia que al ratito, esas naciones comenzaron a crecer y a hacerse más fuertes, y en vez de que el pueblo de Israel los sojuzgara, ahora ellos estaban siendo sojuzgados. ¿Saben por qué? por su mediocridad.

Es cierto que Dios nos está bendiciendo, sí es cierto que Dios está haciendo algo en nuestro país, yo. lo puedo ver. Dios me ha dado la bendición de viajar por todo el país y predicar en tantos lugares, y ver que Dios se está manifestando, pero yo no quisiera ver que esa bendición de Dios acabara por causa de nuestra mediocridad.

Y qué tremendo que si no aprobamos esta bendición de Dios, este impulso que Dios nos está dando, al ratito tengamos que ver que las puertas se cierran; o al ratito tengamos que ver que el pecado está creciendo tanto en nuestro país, que está apagando lo que Dios está haciendo, y hermano, eso no va a ocurrir si nosotros de verdad dejamos a un lado la mediocridad, la negligencia, la pereza, y empezamos a hacer la obra de Dios como Dios quiere que sea, y dejamos de justificar todos nuestros pecados y dejamos a un lado toda esa mediocridad y empezamos a hacer la obra de Dios como Él quiere que sea hecha.

Qué vergüenza que haya Pastores que son tan mediocres, que jamás leen la Biblia, Pastores. Pastores que no pasan un tiempo en oración, se creen Superman, ya no necesitan la ayuda de Dios, ya no necesitan la enseñanza de Dios, ya solitos pueden. Esa es la razón por la cuál algunos Pastores no quieren asistir a conferencias como esta: «Ay, para qué, siempre es lo mismo», no, no es lo mismo, yo estoy seguro de que no había escuchado un mensaje como este.

Otro resultado de la mediocridad, es la indolencia, la palabra indolencia quiere decir: «que no se afecta o conmueve, descuido»; otro resultado de la mediocridad es la apatía, apatía quiere decir: «impasibilidad del ánimo, indiferencia, falta de decisión, dejadez, indolencia»; como producto de la mediocridad viene la desobediencia, como producto de la mediocridad viene la carnalidad, como producto de la mediocridad viene la rebeldía, como producto de la mediocridad viene la mundanalidad, viene el robo, viene la mentira, viene el conformismo, vienen los vicios; la lista es larga. ¿Cuántas cosas trae la mediocridad? muchísimas.

¿Cómo acabar con la mediocridad?, ¿qué tenemos que hacer para acabar con este terrible pecado, con este terrible problema que tenemos? Primeramente veamos en Proverbios 28:13. Algunos por su mediocridad, ni Biblia llevan a la Iglesia. «No, Pastor, es que yo vengo del trabajo» ¿y por qué no se la lleva al trabajo? «es que no quiero que sepan que soy cristiano» ah, ese es el problema, esa es la razón. Proverbios 28:13 es un versículo muy conocido, algo que predicaba nuestro hermano Luís hace un momento: «13 El que encubre sus pecados no prosperará; Mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.» Esa es la razón por la cuál usted y yo tenemos que ser honestos en esta noche, y decirle al Señor: «sí es cierto, yo te prometí que iba a leer la Biblia, en enero, la iba a leer diariamente y me cansé muy pronto, la leí nada más dos o tres días y ya la abandoné, perdóname, Señor en esta noche. Señor, yo te prometí que iba a ganar almas, por lo menos una vez cada semana iba a ir a ganar almas y muy pronto me desanimé. Perdón, Señor porque yo te prometí que iba a dar tal cantidad para la hora misionera, para la construcción y nada más lo di dos domingos y luego se me olvidó. Perdóname, Señor.» Usted debería de hacer eso, el primer problema para acabar con la mediocridad es reconocer que tiene usted ese problema. Mientras usted no reconozca que tiene ese problema, todo le va a pasar por arriba, todo le va a importar poco, pero no, es necesario comenzar reconociendo, diciéndole «Señor, sí es cierto, yo tengo ese problema, por eso no soy la clase de padre que debo de ser; por eso soy la clase de esposo que no debo ser; me molesta cada vez que mi hijo me pide tiempo, me molesta cada vez que mi esposa quiere hablar conmigo, me enojo cada vez que algo sale mal en la casa… porque he sido mediocre».

Ese es el primer paso. Para resolver cualquier problema el primer paso es reconocer que tenemos el problema; si no lo reconocemos ¿cómo lo vamos a resolver?, ¿cómo vamos a buscar la ayuda que necesitamos para resolver el problema? Reconózcalo, «El que encubre sus pecados no prosperará».

¿Cuántos cristianos meten su cabeza en la arena?, en un hoyo como los avestruces y creen que ya está resuelto el problema, «No, no existe el problema, no, no existe». Cuando llega y le da el golpe, entonces está llorando, entonces sí ve las consecuencias y entonces quiere que el Pastor le resuelva sus problemas con una varita mágica. No, no encubra su pecado, hermano. En esta noche, honestamente, humildemente, venga delante de Dios y dígale: «Señor, sí es cierto, yo tengo ese problema, yo he sido un mediocre».

Hemos escuchado cantar aquí, ¿usted cree que nada más de repente se pusieron en la mente la idea de cantar y ya cantaron? Yo sé que algunos tienen talento, algunos traen la habilidad, la capacidad innata de la música, tienen buena voz, tienen buen oído, saben entonarse… pero muchos no, han tenido que estar trabajando y trabajando, practicando y practicando, hasta que al fin, logran superar ese problema.

Pero por causa de no reconocer nuestro problema, ahí lo seguimos apapachando. «No, yo no tengo ese problema, no es cierto que el Pastor me pidió que yo fuera maestro de Escuela Dominical, pero no, es que yo tengo miedo de hablar al público, es que a mí me da mucho miedo, es que yo soy muy nervioso y yo nada más me paro ahí frente a la gente y tiemblo como una gelatina». ¿Usted cree que todos los que estamos aquí al frente predicando, no tuvimos ese problema? Está comprobado que uno de los temores que tiene el ser humano es a pararse en público y hablar delante de toda la gente, no importa que el grupito sea de cinco personas, diez personas. Tenemos que superar ese problema, y si Dios ha puesto en nuestro corazón, en nuestra mente ese deseo, hágale caso a Dios. Él sabe que usted sí puede, sí puede, nada más tiene que dejar su mediocridad.

«Ay, no, es que yo no sé ganar almas, y me da mucha vergüenza hablar» y de cuántas cosas habla, y habla de muchas cosas que no debería hablar; no me diga que le da miedo hablar, ¡claro que sabe hablar! Pero ¿sabe por qué no se atreve a hablarle a otra gente de Cristo? Por su mediocridad.

Reconozca su problema, hermano ¡reconózcalo, admítalo! Porque si no lo reconoce, dice la Biblia: «tu pecado te alcanzará». Un día, ya escuchamos el mensaje anterior, van a venir las consecuencias de nuestro pecado; ¡créanlo! van a venir y nosotros como país estamos sufriendo las consecuencias de la mediocridad de todo mundo: nadie es responsable, nadie hace su trabajo, nadie cumple con responsabilidad; por eso vamos a una dependencia de gobierno y ahí nos entretienen quién sabe cuánto tiempo, por eso vamos a buscar tal o cual ayuda en un trabajo, y aunque estamos pagando el maestro es irresponsable, el mecánico es irresponsable, el carpintero es irresponsable… y muchos de esos son cristianos.

Reconozca, en segundo lugar, confiéselo, arrepiéntase de su pecado. Dice aquí: «El que encubre sus pecados no prosperará, mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia», hermano, reconozca que es un pecado, luego confiéselo diga al Señor: «Señor, perdóname, yo quiero salir de este letargo, yo quiero salir de este hoyo, yo quiero salir de este problema que tengo».

El tercer paso, necesita crucificar su carne. Porque la Biblia nos dice, ahí en el libro de Gálatas 5:19 nos dice: «19 Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia,» y en el versículo 21: «21 envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas;» fíjense bien: «cosas semejantes a estas». Añádale lo que quiera, pero veamos ahora el versículo 24: «24 Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.» ¡Crucifique su carne, hermano! porque la carne es perezosa, la carne es negligente, la carne es descuidada, la carne es apática, la carne es indolente; no le gusta trabajar, no le gusta sacrificarse, no le gusta sufrir, le gusta quedarse en la cama ahí acostado hasta las 10, 11 de la mañana, 12 del día ¿a poco no? ¿a poco cuando usted tiene que levantarse temprano, a las 5 de la mañana, 6 de la mañana a trabajar, usted se levanta pero si bien contento y gozoso: «¡qué bueno que me puedo levantar!» No, usted quiere quedarse ahí hasta las 10 de la mañana, 11 de la mañana, especialmente cuando está en conferencias y se queda toda la noche platicando de cosas que no debería platicar. Y esa es la razón por la que algunos hermanitos llegan aquí a la conferencia y están durmiéndose, perdiendo el tiempo en realidad, malgastando el dinero porque luego ¿para qué venimos? Venimos a una conferencia y luego no escuchamos nada, no oímos nada, no sacamos nada de provecho… o lo que es peor, venimos a la conferencia y nos enojamos con mensajes como este. Crucifique su carne, ¡crucifíquela! Tráigasela esta noche al Señor y dígale: «Señor, mata esta carne, esta carne tan perezosa, esta carne tan sentida, esta carne tan negligente… ¡mátala, Señor!». Dice aquí la Biblia claramente que «los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos».

Cuarto paso para acabar con la mediocridad: debemos vigilarnos para no caer nuevamente en ese pecado. Porque qué fácil, nada más cerramos los ojos y ya, otra vez estamos en el mismo hoyo.

Quinto paso, ataque un problema a la vez. No trate de resolver todos los problemas de un solo jalón porque no va a poder, y se va a desanimar, y se va a hacer más mediocre. Por ejemplo, ¿no ha leído la Biblia diariamente?, ¿no ha orado?, ¿no ha ganado almas?, ¿no ha asistido fielmente a la Iglesia?, ¿no ha diezmado?, ¿no ha tratado a sus hijos como debe tratarlos? Yo le recomendaría que se tratara la meta, por lo menos durante 15 días, de atacar un problema. Propóngase como meta, durante 15 días como mínimo, leer la Biblia diariamente; no ataque los demás problemas: uno por uno. Haga una lista de todos sus problemas y empiece a atacar uno, hasta que se convierta en un hábito positivo en usted. Ya logró durante un mes, leer la Biblia diariamente, siga con ese buen hábito… pero ahora ataque otro problema, el no orar; ¡uno por uno! Repito, no intente resolver todos los problemas de un jalón porque no va a poder, y se va a desanimar y va a decir «¡no se puede!, ¡no se puede!, ¡no se puede!». Trate de evitar que salgan de su boca malas palabras, ataque ese problema: uno por uno a la vez.

¿Qué es lo que sustituye a la mediocridad? La Biblia nos dice que Dios nos creó, y Dios nos creó con un espíritu de superación, es parte de nuestra naturaleza; Dios nos creó con el espíritu de salir adelante, de superarnos, de alcanzar nuevas metas. Cada cuatro años se celebran los Juegos Olímpicos, y eso nos prueba que efectivamente, el ser humano tiene la capacidad de superarse: siempre se están rompiendo nuevos récords, siempre se están alcanzando nuevas metas, siempre se está logrando algo más.

Que esas mismas habilidades, que esos mismos talentos que tiene toda la gente los utilizáramos para hacer la obra de Dios ¿dónde estaríamos ya?, ¿dónde estaría la obra de Dios? Pero desgraciadamente, dejamos que este mundo utilice todas esas habilidades, todo ese espíritu de superación para cosas perversas, diabólicas muchas de ellas, porque cada vez inventan más y más formas de pecar. Y tratan de rociar, regar su pecado en toda la raza humana. ¿Y nosotros los cristianos? De hecho, ¿cuántas veces ganando almas, personas me han dicho: «no, yo no voy a esas Iglesias, porque los cristianos son unos mediocres»? les lavan el coco ahí, y ya los tienen como robots. ¡Qué lástima que en muchos casos sí tienen razón!, ¿verdad?

Hermano, no estoy diciendo que debemos de buscar un materialismo, no. Hay una línea tan delgada entre lo que es mediocridad y lo que es materialismo, que a veces nosotros nos justificamos diciendo: «no, es que yo no soy materialista», y por eso caemos en la mediocridad.

Yo no estoy diciendo que debemos de trabajar para amontonar riquezas si es que Dios no nos las da; porque yo creo que Dios puede bendecir, dice la Biblia que la bendición de Jehová eso trae, precisamente, como consecuencia, pero dice que «no añade tristeza con ella», y Dios puede bendecir, y yo conozco algunos hermanos en nuestra Iglesia que han prosperado materialmente en una forma increíble, y es la bendición de Dios, de eso a mí no me cabe la más mínima duda. Yo no creo que nosotros debemos de correr detrás de las cosas materiales, pero que eso no sea pretexto para decir: «Bueno, aquí me conformo con mi chambita, la voy a hacer mediocremente, y ahí a ver qué sale». No, si usted es carpintero, debería ser el mejor carpintero del mundo; si usted es mecánico, debería ser el mejor mecánico del mundo; si usted es doctor, debería ser el mejor doctor del mundo.

Dios necesita ese tipo de personas también y Dios quiere que usted sea esa clase de cristiano.

Lo que sustituye la mediocridad, es la disciplina, las metas, la diligencia.

Mire nada más un ejemplo de esto, en 2 Crónicas 32:5, dice la palabra de Dios: «5 Después con ánimo resuelto edificó Ezequías todos los muros caídos, e hizo alzar las torres, y otro muro por fuera; fortificó además a Milo en la ciudad de David, y también hizo muchas espadas y escudos». Ezequías fue uno de los mejores reyes que tuvo la nación de Judá. Dice la Palabra de Dios aquí que «con ánimo resuelto», con determinación, con decisión dijo: «vamos a reconstruir estos muros, vamos a levantar esta ciudad, vamos a hacer lo que tenemos que hacer», no solamente eso, en el libro de Isaías, capítulo 38:1-5, tenemos que la Palabra de Dios nos habla de este mismo rey: «1 En aquellos días Ezequías enfermó de muerte. Y vino a él el profeta Isaías hijo de Amoz, y le dijo: Jehová dice así: Ordena tu casa, porque morirás, y no vivirás. 2 Entonces volvió Ezequías su rostro a la pared, e hizo oración a Jehová, 3 y dijo: Oh Jehová, te ruego que te acuerdes ahora que he andado delante de ti en verdad y con íntegro corazón, y que he hecho lo que ha sido agradable delante de tus ojos. Y lloró Ezequías con gran lloro. 4 Entonces vino palabra de Jehová a Isaías, diciendo: 5 Ve y di a Ezequías: Jehová Dios de David tu padre dice así: He oído tu oración, y visto tus lágrimas; he aquí que yo añado a tus días quince años.»

¿Qué hizo Ezequías en esos 15 años? Una de las grandes cosas que hizo Ezequías en esos quince años se nos narra que Ezequías se esforzó, fue con ánimo resuelto, decisión, determinación, en Proverbios 25:1, nos dice la Palabra de Dios: «1 También estos son proverbios de Salomón, los cuales copiaron los varones de Ezequías, rey de Judá:». ¿Sabe yo qué creo que hizo Ezequías en esos quince años más que Dios le regalo de vida? él no fue mediocre, él dijo «Señor, tú me has regalado este tiempo, quiero aprovecharlo bien». Él recopiló todo el Antiguo Testamento hasta donde existía. Él trajo varones sostenidos por él y dijo: «recopílenme todo el Antiguo Testamento». Y en mi opinión, tenemos gran parte del Antiguo Testamento, como lo tenemos hoy en día, gracias al rey Ezequías.

¿Sabe usted qué me dice eso? Que si usted se traza metas, que si usted se disciplina, que si usted deja a un lado la negligencia, la apatía, la indiferencia, la mediocridad, usted puede lograr algo para Dios; y a lo mejor nadie lo sabe, ¡pero qué importa! Usted no lo está haciendo para los hombres, usted lo está haciendo para Dios.

Mire, un estímulo para dejar la mediocridad. En Mateo 13:10-12 nos dice: «10 Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas? 11 El respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado. 12 Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.» Al que tiene, dice la Biblia, y es diligente, y es responsable, y es cumplido, se le va a dar más; pero al que no tiene, o que recibió pero ha sido descuidado, como ese siervo malo y negligente, que a pesar de que recibió un talento fue y lo enterró y no lo puso a trabajar, aún lo que tiene le será quitado.

Y veamos ahora el versículo 13: «13 Por eso les hablo por parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden.» Noten, oyen y ven, pero no quieren entender; no quieren entender, no quieren ver lo que es real delante de sus ojos: «14 De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dijo: De oído oiréis, y no entenderéis; Y viendo veréis, y no percibiréis. 15 Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, Y con los oídos oyen pesadamente, Y han cerrado sus ojos; Para que no vean con los ojos, Y oigan con los oídos, Y con el corazón entiendan, Y se conviertan, Y yo los sane» ¿Sabe por qué estos no quieren oír?, ¿sabe por qué no quieren ver?, ¿sabe por qué no quieren cambiar? Porque son mediocres. Ven, oyen, entienden… pero están contentos con sus pecados. Por eso es que Cristo dice que les hablaba con parábolas, «porque viendo, no ven, porque oyendo, no entienden».

Pero luego nos dice: «16 Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen. 17 Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.» Lo que aquí Cristo está diciendo es: «Ustedes son más bendecidos que los antiguos».

Nosotros somos más bendecidos, porque los antiguos, las personas del Antiguo Testamento, oían que iba a venir un Redentor, oían que iba a venir un Mesías, oían que iba a venir un Dios hecho hombre.

Nosotros oímos y conocemos lo que ya ocurrió, aquí tenemos el testimonio fehaciente de eso. Usted y yo somos más bendecidos que los del Antiguo Testamento. Son palabras de Cristo.

La Mediocridad

La Mediocridad

Pastor Alejandro Córdova

Leemos en la Biblia, Apocalipsis 3:14-17, dice así: «14 Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios, dice esto: 15 Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! 16 Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. 17 Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo.»

Quiero hablarles en esta noche, acerca del peor problema que tenemos los mexicanos, el más grave, el mayor.

Yo sé que hay infinidad de problemas en nuestro país; hay problemas como la prostitución, el otro día estaba escuchando en un noticiero, que nada más en el Distrito Federal, hay más de 86 mil prostitutas, nada más en el Distrito Federal, imagínense, y eso, yo me imagino, son las que han detectado, han descubierto, por supuesto que hay muchísimas más que no están detectadas, es un problema bastante grave.

Hay otros problemas, el alcoholismo: cuántos problemas, cuántas desgracias ha causado el alcoholismo en nuestro país, cuántas muertes, cuánto dolor, cuántas lágrimas, cuánta tristeza; pero yo considero que ese no es el problema más grave.

Ahora, un problema que nos amenaza y si no hacemos algo nos va a alcanzar: el homosexualismo, el lesbianismo, es un problema tremendo en nuestro país, tremendo, hacia cualquier lado que volteemos encontramos homosexuales, encontramos lesbianas, y lo peor es que se está promoviendo en una forma tan indiscriminada que está creciendo alarmantemente. Anteriormente se detectaba fácilmente a cualquier homosexual, a cualquier lesbiana… ya no, personas que parecen muy hombres, resulta que le van al América y tiran de uñita; bigotones, muy fornidos, muy varoniles, pero cuando nos damos cuenta, resulta que les hace agua la canoa.

Cuántos problemas hay en nuestro país: la tranza ¿a usted nunca lo han tranzado? ¿nunca le han dado gato por liebre? Es un problema que tenemos en nuestro país. La corrupción, la famosa mordida ¿a usted nunca le han pedido una mordida?, ¿usted nunca ha dado una mordida?

¡Cuántos problemas hay en nuestro país! en verdad creo que no terminaría nunca de mencionar todos los problemas que tenemos como mexicanos, como país; y a nivel local, en nuestras ciudades… cuántos problemas, la lista sería enorme.

Pero yo creo que todos esos problemas derivan de uno solo. Todos esos problemas derivan del peor, del más grave, del mayor.

Si usted me pidiera mi opinión en cuanto a cuál es el primer problema, el problema que deberíamos de atacar en cada uno de nosotros como individuos y como miembros de este país, yo pondría: la mediocridad.

Por naturaleza somos mediocres, por naturaleza todo lo hacemos a medias. En mi opinión ese es el problema más grande que tenemos como nación, como país. Parece que es parte de la idiosincrasia, alguien dijo por ahí «indiosincrasia» y me parece más correcto.

Parece que ese es el problema, y hasta nos justificamos, defendemos, apapachamos nuestra mediocridad. «Es que así soy, es que mi papá así era, es que mi abuelito así fue, es que mi tatarabuelito así era… ¿pues qué quiere? por eso somos así… somos mediocres». Y noten la palabra que estoy usando, no quiero convertirme en juez de nadie, ni decir que usted es peor que yo, o que yo soy superior a usted: estoy hablando en plural, estoy incluyéndome.

¡Qué problema tan serio es la mediocridad! Miren qué tan serio es la mediocridad que todos los problemas que he mencionado como alcoholismo, como drogadicción, como prostitución, como homosexualismo, como robo, como crimen, tranza, como abuso de autoridad, como corrupción, como mordida, todos eso que he mencionado y podría mencionar muchos más, en mi opinión se derivan de ese problema.

Y desgraciadamente como cristianos, no estamos ajenos a ese problema que gobierna, que reina en nuestro país de sabrá Dios desde hace cuántos años, pero es un problema bastante serio.

Es un problema bastante serio porque precisamente porque somos mediocres somos negligentes, somos apáticos, somos desinteresados, nos vale todo, por eso mantenemos descuidada la Iglesia, tiramos basura donde sea, entramos con niños pequeños al lugar al que se nos ha dicho que no debemos de entrar con niños pequeños, por eso nos importa poco quién esté predicando y salimos y entramos como se nos pega la gana, esté quien esté hablando: ¡qué importa! ¡eso no es importante! ¿verdad? ¡Qué importa que se haya gastado tanto dinero!, ¡qué importa que se haya invertido tanto tiempo!, ¡qué importa que se haya sacrificado tanto tiempo, tanto trabajo, tanto esfuerzo! yo quiero hacer mi voluntad, a mí me importa poco lo que está a mi alrededor, yo voy a hacer lo que se me pega la gana ¿verdad?

«¡Ay, Pastor, no me regañe!» No lo estoy regañando, hermano, créame, estoy predicando esto por su propio bien, por el bien de la obra de Dios. Si vamos a lograr esa visión celestial; si vamos a salir de ese letargo, de esa mediocridad en la cual vivimos; si algo va a suceder en nuestro país que influencie a otros países, tenemos que dejar de una vez por todas ese terrible pecado, porque si no, yo lo veo como una terrible tapadera que está impidiendo que Dios bendiga más su obra, que haga algo grande en nuestro país, que algo grande suceda…

Y déjeme decirle algo, yo estoy totalmente de acuerdo con todo lo que se ha predicado, estoy completamente de acuerdo con lo que predicó el hermano Ezequiel Salazar anoche, no estoy contradiciendo su mensaje, no me malentiendan, por favor. Pero yo creo que este problema es el otro lado de la moneda.

Sí, tenemos que esperar en el poder de Dios; sí, tenemos que hacer la obra de Dios con el poder de Él; sí, Él tiene que movernos, pero cuántas veces como leímos en el mensaje de hace un momento, nos ha hablado claramente, Dios ha puesto el dedo en la llaga y Dios nos ha señalado perfectamente nuestro pecado, pero por nuestra mediocridad nos quedamos ahí sentados y no pasamos más que de contentarnos un poquito «¡ay, qué bonito predicó el Pastor!, ¡ay, qué bonito habló!, ¡ay, Dios, háblame!, ¡ay, Señor, muéveme!», y usted quiere que Dios venga y haga lo que Dios claramente le ha dicho a usted y a mí que debemos hacer.

Y estamos cayendo en el mismo error de los pentecostales, ese es el problema de los pentecostales, todo le echan la culpa al Diablo: «¡ay, es que yo no quería pecar! pero el demonio del alcohol me indujo a tomar, y por eso soy borracho… ¡ay, no es mi culpa!». ¡Qué fácil resulta eso! Echarle la culpa al demonio del adulterio, echarle la culpa al demonio del alcohol, echarle la culpa al demonio de la droga y entonces usted no es responsable, ni yo tampoco. «Ah, entonces estamos así porque Dios quiere, entonces estamos bien». No, no es así. ¿Qué es? La mediocridad.

Antes, déjenme decirles, precisamente porque somos mediocres, no somos la clase de padres que deberíamos de ser; precisamente porque somos mediocres, no somos la clase de esposo o esposa que deberíamos de ser; precisamente porque somos mediocres, no somos la clase de hijo que deberíamos de ser; precisamente porque somos mediocres, no somos la clase de maestros de Escuela Dominical que deberíamos de ser; un maestro de Escuela Dominical mediocre no prepara su lección, llega con el manual frente al alumno, o con la lección y nada más se limita a leerla: eso es mediocridad, y usted debería estar sobre sus rodillas, hermano, pidiéndole perdón a Dios, porque usted hizo un compromiso con Dios, no con el Pastor, no con quien lo contrató para ser maestro de Escuela Dominical, usted hizo un compromiso con Dios y usted está siendo mediocre al nada más pararse frente a sus alumnos y leerle la lección de Escuela Dominical, la lección que se le ha dado; nada más limitarse a hacer lo esencialmente indispensable para que no lo corran como maestro de Escuela Dominical. Y lo mismo digo a los capitanes de ruta, y lo mismo digo a los ujieres, y lo mismo digo a los Diáconos, y lo mismo digo a cualquier persona que desempeña cualquier trabajo en la Iglesia. Pero de verdad, que nos hemos conformado y nos hemos metido en la cabeza que así somos, «pues es que así semos, Pastor, ni modo, ¿qué quiere que haga?».

¿Qué es la mediocridad?, ¿sabe qué es la mediocridad? Es un pecado. No es algo que no ofende a Dios.

Precisamente porque somos mediocres, hacemos una promesa a la obra misionera y luego nunca la cumplimos, precisamente porque somos mediocres como señalaba el hermano, no diezmamos: un domingo sí, tres no, otro domingo sí, cuatro no. Es un pecado.

Precisamente eso es lo que el Señor estaba atacando aquí en la Iglesia de Laodicea, miren otra vez lo que dice el Apocalipsis capítulo 3, versículo 14: Cristo mismo está hablando, Cristo mismo está señalando, denunciando el terrible pecado de esta Iglesia, la Iglesia de Laodicea, dice aquí: «14 Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios, dice esto: 15 Yo conozco tus obras,», y hermano, créamelo que Dios conoce sus obras, por eso lo señala, dice: «que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! 16 Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca». El gran pecado de la Iglesia de Laodicea es que ellos habían llegado a un nivel de conformidad, de mediocridad, se habían adaptado a los estándares de este mundo, a las normas de este mundo, ellos habían llegado a decir: «bueno, ya tenemos lo que queremos materialmente hablando, ya alcanzamos el nivel que queríamos, entonces ya no hay que seguir luchando». Y eso no es correcto.

Siempre en el cristiano debe existir un espíritu de superación, un deseo de hacer bien las cosas, un deseo de agradar a Dios, porque lo estamos haciendo para Él, jamás deberíamos conformarnos con lo que estamos haciendo para Dios. Pero ¡cuántos cristianos se han conformado! cuántos Pastores han llegado al límite de decir: «bueno, ya tengo mi Iglesita, ya saco para el chivo, bueno, pues ya qué…», ya me da más o menos un buen sueldo, ya qué me importa lo demás, ¿que las almas se van al infierno? pues que se vayan al infierno, ya no me preocupa. ¡Qué tragedia! Y eso por decir algo, porque la verdad es que la mayoría de las Iglesias ni siquiera han llegado a ese nivel. ¿y sabe por qué? Porque tenemos un montón de cristianos mediocres, un montón de cristianos tibios.

La mediocridad es el estado mental de una persona satisfecha con poco o con nada, esa es la mediocridad.

Y por eso es que vemos esto inclusive reflejado en los hogares de muchos hogares, cuántos hermanitos en las Iglesias se justifican de que tienen un mugrero en su casa porque son pobres… «Ay, Pastorcito, cierre los ojos», ¡no! hay que abrirlos más, si no me tropiezo con toda la basura que tiene usted ahí. El alterón de trastes ahí amontonados, el montón de ropa ahí guardada, alguna ya hasta pudriéndose, la basura por todos lados: eso es síntoma de mediocridad, eso es pecado delante de Dios. Vemos a personas todas mugrosas, apestosas, piojosas: «ay, es que soy pobre», no, eso no es sinónimo de pobreza, ese es sinónimo de mediocridad: pecado ¡es pecado, hermano! ¿Quién le ha enseñado que: «ay, porque soy pobre voy a andar todo despeinado, todo greñudo, todo pulgoso, roñoso»?, ¿quién le enseñó eso? eso no es correcto, pero ¿verdad que nos hemos conformado? «Ay, Pastor, es que yo soy muy pobre, no tengo para… comprar un poquito de agua y bañarme».

Dice la palabra de Dios aquí, que el Señor reprendió duramente a esta Iglesia: «17 Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo.» Exactamente esa es la condición de muchas personas en nuestro país, pero la tragedia más grande y lo que me preocupa a mí, es verlo reflejado en un montón de cristianos conformados a las normas de este mundo, conformados a lo que se hace en este mundo y tratando de justificarse diciendo: «yo estoy bien». Entiende, hermano, es un pecado terrible, y eso desagrada a Dios tanto como que usted robe, tanto como que usted mate, tanto como que usted sea un mentiroso o un adúltero: desagrada a Dios.

Dios es un dios de orden. El diccionario dice que la mediocridad quiere decir: «de calidad media o mala, regular y torpe», esa es la mediocridad.

Déjenme hablarles acerca de algunos de los resultados de la mediocridad. Precisamente porque somos mediocres, somos negligentes; la palabra negligencia quiere decir «descuido, omisión, falta de aplicación», la Biblia nos pone un montón de ejemplos de personas que fueron negligentes. Por ejemplo, en Josué 18:3, nos dice: «3 Y Josué dijo a los hijos de Israel: ¿Hasta cuándo seréis negligentes para venir a poseer la tierra que os ha dado Jehová el Dios de vuestros padres?». ¿Hasta cuándo seréis negligentes? dice la Palabra de Dios, ahí estaba el pueblo de Israel congregado, y dice Josué: «¿hasta cuándo seréis mediocres?, ¿por qué no hacen lo que Dios les ha encomendado hacer?»

Desgraciadamente, ustedes saben las consecuencias de la negligencia, de la mediocridad, dice en Jueces 1:21, lo que ocurrió precisamente porque el pueblo de Israel fue negligente en obedecer, en cumplir con la orden que Dios les había dejado, y yo sé, que la tarea que nosotros tenemos es tan grande, es tan portentosa, que cuando nosotros volteamos alrededor del mundo y vemos los millones y miles de millones que hay, decimos «es una tarea increíble, es una tarea que no podemos desarrollar», pero hermanos, mientras cada quién no esté haciendo su parte responsablemente, jamás vamos a lograr ni siquiera hacerle cosquillas a ese mundo; pero usted, no se debe de justificar, en eso, usted y yo deberíamos decir «yo tengo que hacer mi tarea, yo tengo que hacer mi trabajo» y a lo mejor, efectivamente no vamos a alcanzar a todo el mundo, pero por lo menos esa debería ser nuestra meta; pero qué vergüenza que estemos encerrados en nuestro circulito: «yo ya soy salvo, yo ya conozco de la Palabra de Dios, y por lo demás, que el mundo ruede, a mí no me importa, no es mi problema», mediocre, ese es un pensamiento mediocre.

«¡Ah! Pues es que nosotros no tenemos dólares». Qué bueno que cuando se escribió la Biblia no había dólares, qué bueno que cuando Cristo le dio la gran comisión a los discípulos no había dólares. La tarea es de nosotros.

«Ay, Pastor, soy muy pobre» y va a seguir siendo pobre, por su mediocridad. ¿No me lo cree? mire, ese es otro resultado, vayamos al libro de Proverbios 6, si no encuentra los libros con facilidad es también por su mediocridad… ya tiene seis meses de ser cristiano y aún no conoce los libros de la Biblia, ya tiene más de un año y jamás ha leído toda la Biblia completa; y me conformaría con que tuviera más de 10 años y hubiera leído la Biblia completa, pero no la ha leído, ¿sabe por qué? por su mediocridad.

En Proverbios 6:6-11 dice: «6 Ve a la hormiga, oh perezoso, Mira sus caminos, y sé sabio; 7 La cual no teniendo capitán, Ni gobernador, ni señor, 8 Prepara en el verano su comida, Y recoge en el tiempo de la siega su mantenimiento. 9 Perezoso», mediocre, «¿hasta cuándo has de dormir? ¿Cuándo te levantarás de tu sueño? 10 Un poco de sueño, un poco de dormitar, Y cruzar por un poco las manos para reposo; 11 Así vendrá tu necesidad como caminante, Y tu pobreza como hombre armado.» Otro resultado de la mediocridad es la pereza, y precisamente por eso es que hay un montón de cristianos que no tienen ni para comer.

«Ay, Pastor, es que me corrieron de mi chamba» ¿por qué? no creo que haya sido porque eras muy trabajador, no creo que haya sido porque usted es muy responsable, porque llegaba a tiempo a su trabajo ¿verdad? No, usted acostumbraba pasársela campechanamente, ahí, meciéndose en su hamaquita, tomando su coquito con agua bien fría.

Por eso estamos como estamos, por eso no podemos ver la bendición de Dios sobre nuestras vidas, y hermano Pastor, esto aplica también a la obra de Dios. Usted no le echa ganas al trabajo en la obra de Dios, no espere que salga para el chivo, no va a salir. «Ay, Pastor, es que la gente aquí en mi Iglesia es muy dura», a lo mejor están nada más reflejando lo que ven en el púlpito cada semana, nada más.

Mire, por la negligencia del pueblo de Israel lo que ocurrió, Jueces 1:21 «21 Mas al jebuseo que habitaba en Jerusalén no lo arrojaron los hijos de Benjamín, y el jebuseo habitó con los hijos de Benjamín en Jerusalén hasta hoy». Luego en el versículo 27: «27 Tampoco Manasés arrojó a los de Bet-seán, ni a los de sus aldeas, ni a los de Taanac y sus aldeas, ni a los de Dor y sus aldeas, ni a los habitantes de Ibleam y sus aldeas, ni a los que habitan en Meguido y en sus aldeas; y el cananeo persistía en habitar en aquella tierra». Versículo 29 y 30: «29 Tampoco Efraín arrojó al cananeo que habitaba en Gezer, sino que habitó el cananeo en medio de ellos en Gezer. Extensión de las conquistas de las demás tribus  30 Tampoco Zabulón arrojó a los que habitaban en Quitrón, ni a los que habitaban en Naalal, sino que el cananeo habitó en medio de él, y le fue tributario.»

Y ahí sigue diciéndonos todo lo que el pueblo de Israel no hizo ¿por qué no lo hizo? por causa de su negligencia. Y dice la Biblia que al ratito, esas naciones comenzaron a crecer y a hacerse más fuertes, y en vez de que el pueblo de Israel los sojuzgara, ahora ellos estaban siendo sojuzgados. ¿Saben por qué? por su mediocridad.

Es cierto que Dios nos está bendiciendo, sí es cierto que Dios está haciendo algo en nuestro país, yo. lo puedo ver. Dios me ha dado la bendición de viajar por todo el país y predicar en tantos lugares, y ver que Dios se está manifestando, pero yo no quisiera ver que esa bendición de Dios acabara por causa de nuestra mediocridad.

Y qué tremendo que si no aprobamos esta bendición de Dios, este impulso que Dios nos está dando, al ratito tengamos que ver que las puertas se cierran; o al ratito tengamos que ver que el pecado está creciendo tanto en nuestro país, que está apagando lo que Dios está haciendo, y hermano, eso no va a ocurrir si nosotros de verdad dejamos a un lado la mediocridad, la negligencia, la pereza, y empezamos a hacer la obra de Dios como Dios quiere que sea, y dejamos de justificar todos nuestros pecados y dejamos a un lado toda esa mediocridad y empezamos a hacer la obra de Dios como Él quiere que sea hecha.

Qué vergüenza que haya Pastores que son tan mediocres, que jamás leen la Biblia, Pastores. Pastores que no pasan un tiempo en oración, se creen Superman, ya no necesitan la ayuda de Dios, ya no necesitan la enseñanza de Dios, ya solitos pueden. Esa es la razón por la cuál algunos Pastores no quieren asistir a conferencias como esta: «Ay, para qué, siempre es lo mismo», no, no es lo mismo, yo estoy seguro de que no había escuchado un mensaje como este.

Otro resultado de la mediocridad, es la indolencia, la palabra indolencia quiere decir: «que no se afecta o conmueve, descuido»; otro resultado de la mediocridad es la apatía, apatía quiere decir: «impasibilidad del ánimo, indiferencia, falta de decisión, dejadez, indolencia»; como producto de la mediocridad viene la desobediencia, como producto de la mediocridad viene la carnalidad, como producto de la mediocridad viene la rebeldía, como producto de la mediocridad viene la mundanalidad, viene el robo, viene la mentira, viene el conformismo, vienen los vicios; la lista es larga. ¿Cuántas cosas trae la mediocridad? muchísimas.

¿Cómo acabar con la mediocridad?, ¿qué tenemos que hacer para acabar con este terrible pecado, con este terrible problema que tenemos? Primeramente veamos en Proverbios 28:13. Algunos por su mediocridad, ni Biblia llevan a la Iglesia. «No, Pastor, es que yo vengo del trabajo» ¿y por qué no se la lleva al trabajo? «es que no quiero que sepan que soy cristiano» ah, ese es el problema, esa es la razón. Proverbios 28:13 es un versículo muy conocido, algo que predicaba nuestro hermano Luís hace un momento: «13 El que encubre sus pecados no prosperará; Mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.» Esa es la razón por la cuál usted y yo tenemos que ser honestos en esta noche, y decirle al Señor: «sí es cierto, yo te prometí que iba a leer la Biblia, en enero, la iba a leer diariamente y me cansé muy pronto, la leí nada más dos o tres días y ya la abandoné, perdóname, Señor en esta noche. Señor, yo te prometí que iba a ganar almas, por lo menos una vez cada semana iba a ir a ganar almas y muy pronto me desanimé. Perdón, Señor porque yo te prometí que iba a dar tal cantidad para la hora misionera, para la construcción y nada más lo di dos domingos y luego se me olvidó. Perdóname, Señor.» Usted debería de hacer eso, el primer problema para acabar con la mediocridad es reconocer que tiene usted ese problema. Mientras usted no reconozca que tiene ese problema, todo le va a pasar por arriba, todo le va a importar poco, pero no, es necesario comenzar reconociendo, diciéndole «Señor, sí es cierto, yo tengo ese problema, por eso no soy la clase de padre que debo de ser; por eso soy la clase de esposo que no debo ser; me molesta cada vez que mi hijo me pide tiempo, me molesta cada vez que mi esposa quiere hablar conmigo, me enojo cada vez que algo sale mal en la casa… porque he sido mediocre».

Ese es el primer paso. Para resolver cualquier problema el primer paso es reconocer que tenemos el problema; si no lo reconocemos ¿cómo lo vamos a resolver?, ¿cómo vamos a buscar la ayuda que necesitamos para resolver el problema? Reconózcalo, «El que encubre sus pecados no prosperará».

¿Cuántos cristianos meten su cabeza en la arena?, en un hoyo como los avestruces y creen que ya está resuelto el problema, «No, no existe el problema, no, no existe». Cuando llega y le da el golpe, entonces está llorando, entonces sí ve las consecuencias y entonces quiere que el Pastor le resuelva sus problemas con una varita mágica. No, no encubra su pecado, hermano. En esta noche, honestamente, humildemente, venga delante de Dios y dígale: «Señor, sí es cierto, yo tengo ese problema, yo he sido un mediocre».

Hemos escuchado cantar aquí, ¿usted cree que nada más de repente se pusieron en la mente la idea de cantar y ya cantaron? Yo sé que algunos tienen talento, algunos traen la habilidad, la capacidad innata de la música, tienen buena voz, tienen buen oído, saben entonarse… pero muchos no, han tenido que estar trabajando y trabajando, practicando y practicando, hasta que al fin, logran superar ese problema.

Pero por causa de no reconocer nuestro problema, ahí lo seguimos apapachando. «No, yo no tengo ese problema, no es cierto que el Pastor me pidió que yo fuera maestro de Escuela Dominical, pero no, es que yo tengo miedo de hablar al público, es que a mí me da mucho miedo, es que yo soy muy nervioso y yo nada más me paro ahí frente a la gente y tiemblo como una gelatina». ¿Usted cree que todos los que estamos aquí al frente predicando, no tuvimos ese problema? Está comprobado que uno de los temores que tiene el ser humano es a pararse en público y hablar delante de toda la gente, no importa que el grupito sea de cinco personas, diez personas. Tenemos que superar ese problema, y si Dios ha puesto en nuestro corazón, en nuestra mente ese deseo, hágale caso a Dios. Él sabe que usted sí puede, sí puede, nada más tiene que dejar su mediocridad.

«Ay, no, es que yo no sé ganar almas, y me da mucha vergüenza hablar» y de cuántas cosas habla, y habla de muchas cosas que no debería hablar; no me diga que le da miedo hablar, ¡claro que sabe hablar! Pero ¿sabe por qué no se atreve a hablarle a otra gente de Cristo? Por su mediocridad.

Reconozca su problema, hermano ¡reconózcalo, admítalo! Porque si no lo reconoce, dice la Biblia: «tu pecado te alcanzará». Un día, ya escuchamos el mensaje anterior, van a venir las consecuencias de nuestro pecado; ¡créanlo! van a venir y nosotros como país estamos sufriendo las consecuencias de la mediocridad de todo mundo: nadie es responsable, nadie hace su trabajo, nadie cumple con responsabilidad; por eso vamos a una dependencia de gobierno y ahí nos entretienen quién sabe cuánto tiempo, por eso vamos a buscar tal o cual ayuda en un trabajo, y aunque estamos pagando el maestro es irresponsable, el mecánico es irresponsable, el carpintero es irresponsable… y muchos de esos son cristianos.

Reconozca, en segundo lugar, confiéselo, arrepiéntase de su pecado. Dice aquí: «El que encubre sus pecados no prosperará, mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia», hermano, reconozca que es un pecado, luego confiéselo diga al Señor: «Señor, perdóname, yo quiero salir de este letargo, yo quiero salir de este hoyo, yo quiero salir de este problema que tengo».

El tercer paso, necesita crucificar su carne. Porque la Biblia nos dice, ahí en el libro de Gálatas 5:19 nos dice: «19 Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia,» y en el versículo 21: «21 envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas;» fíjense bien: «cosas semejantes a estas». Añádale lo que quiera, pero veamos ahora el versículo 24: «24 Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.» ¡Crucifique su carne, hermano! porque la carne es perezosa, la carne es negligente, la carne es descuidada, la carne es apática, la carne es indolente; no le gusta trabajar, no le gusta sacrificarse, no le gusta sufrir, le gusta quedarse en la cama ahí acostado hasta las 10, 11 de la mañana, 12 del día ¿a poco no? ¿a poco cuando usted tiene que levantarse temprano, a las 5 de la mañana, 6 de la mañana a trabajar, usted se levanta pero si bien contento y gozoso: «¡qué bueno que me puedo levantar!» No, usted quiere quedarse ahí hasta las 10 de la mañana, 11 de la mañana, especialmente cuando está en conferencias y se queda toda la noche platicando de cosas que no debería platicar. Y esa es la razón por la que algunos hermanitos llegan aquí a la conferencia y están durmiéndose, perdiendo el tiempo en realidad, malgastando el dinero porque luego ¿para qué venimos? Venimos a una conferencia y luego no escuchamos nada, no oímos nada, no sacamos nada de provecho… o lo que es peor, venimos a la conferencia y nos enojamos con mensajes como este. Crucifique su carne, ¡crucifíquela! Tráigasela esta noche al Señor y dígale: «Señor, mata esta carne, esta carne tan perezosa, esta carne tan sentida, esta carne tan negligente… ¡mátala, Señor!». Dice aquí la Biblia claramente que «los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos».

Cuarto paso para acabar con la mediocridad: debemos vigilarnos para no caer nuevamente en ese pecado. Porque qué fácil, nada más cerramos los ojos y ya, otra vez estamos en el mismo hoyo.

Quinto paso, ataque un problema a la vez. No trate de resolver todos los problemas de un solo jalón porque no va a poder, y se va a desanimar, y se va a hacer más mediocre. Por ejemplo, ¿no ha leído la Biblia diariamente?, ¿no ha orado?, ¿no ha ganado almas?, ¿no ha asistido fielmente a la Iglesia?, ¿no ha diezmado?, ¿no ha tratado a sus hijos como debe tratarlos? Yo le recomendaría que se tratara la meta, por lo menos durante 15 días, de atacar un problema. Propóngase como meta, durante 15 días como mínimo, leer la Biblia diariamente; no ataque los demás problemas: uno por uno. Haga una lista de todos sus problemas y empiece a atacar uno, hasta que se convierta en un hábito positivo en usted. Ya logró durante un mes, leer la Biblia diariamente, siga con ese buen hábito… pero ahora ataque otro problema, el no orar; ¡uno por uno! Repito, no intente resolver todos los problemas de un jalón porque no va a poder, y se va a desanimar y va a decir «¡no se puede!, ¡no se puede!, ¡no se puede!». Trate de evitar que salgan de su boca malas palabras, ataque ese problema: uno por uno a la vez.

¿Qué es lo que sustituye a la mediocridad? La Biblia nos dice que Dios nos creó, y Dios nos creó con un espíritu de superación, es parte de nuestra naturaleza; Dios nos creó con el espíritu de salir adelante, de superarnos, de alcanzar nuevas metas. Cada cuatro años se celebran los Juegos Olímpicos, y eso nos prueba que efectivamente, el ser humano tiene la capacidad de superarse: siempre se están rompiendo nuevos récords, siempre se están alcanzando nuevas metas, siempre se está logrando algo más.

Que esas mismas habilidades, que esos mismos talentos que tiene toda la gente los utilizáramos para hacer la obra de Dios ¿dónde estaríamos ya?, ¿dónde estaría la obra de Dios? Pero desgraciadamente, dejamos que este mundo utilice todas esas habilidades, todo ese espíritu de superación para cosas perversas, diabólicas muchas de ellas, porque cada vez inventan más y más formas de pecar. Y tratan de rociar, regar su pecado en toda la raza humana. ¿Y nosotros los cristianos? De hecho, ¿cuántas veces ganando almas, personas me han dicho: «no, yo no voy a esas Iglesias, porque los cristianos son unos mediocres»? les lavan el coco ahí, y ya los tienen como robots. ¡Qué lástima que en muchos casos sí tienen razón!, ¿verdad?

Hermano, no estoy diciendo que debemos de buscar un materialismo, no. Hay una línea tan delgada entre lo que es mediocridad y lo que es materialismo, que a veces nosotros nos justificamos diciendo: «no, es que yo no soy materialista», y por eso caemos en la mediocridad.

Yo no estoy diciendo que debemos de trabajar para amontonar riquezas si es que Dios no nos las da; porque yo creo que Dios puede bendecir, dice la Biblia que la bendición de Jehová eso trae, precisamente, como consecuencia, pero dice que «no añade tristeza con ella», y Dios puede bendecir, y yo conozco algunos hermanos en nuestra Iglesia que han prosperado materialmente en una forma increíble, y es la bendición de Dios, de eso a mí no me cabe la más mínima duda. Yo no creo que nosotros debemos de correr detrás de las cosas materiales, pero que eso no sea pretexto para decir: «Bueno, aquí me conformo con mi chambita, la voy a hacer mediocremente, y ahí a ver qué sale». No, si usted es carpintero, debería ser el mejor carpintero del mundo; si usted es mecánico, debería ser el mejor mecánico del mundo; si usted es doctor, debería ser el mejor doctor del mundo.

Dios necesita ese tipo de personas también y Dios quiere que usted sea esa clase de cristiano.

Lo que sustituye la mediocridad, es la disciplina, las metas, la diligencia.

Mire nada más un ejemplo de esto, en 2 Crónicas 32:5, dice la palabra de Dios: «5 Después con ánimo resuelto edificó Ezequías todos los muros caídos, e hizo alzar las torres, y otro muro por fuera; fortificó además a Milo en la ciudad de David, y también hizo muchas espadas y escudos». Ezequías fue uno de los mejores reyes que tuvo la nación de Judá. Dice la Palabra de Dios aquí que «con ánimo resuelto», con determinación, con decisión dijo: «vamos a reconstruir estos muros, vamos a levantar esta ciudad, vamos a hacer lo que tenemos que hacer», no solamente eso, en el libro de Isaías, capítulo 38:1-5, tenemos que la Palabra de Dios nos habla de este mismo rey: «1 En aquellos días Ezequías enfermó de muerte. Y vino a él el profeta Isaías hijo de Amoz, y le dijo: Jehová dice así: Ordena tu casa, porque morirás, y no vivirás. 2 Entonces volvió Ezequías su rostro a la pared, e hizo oración a Jehová, 3 y dijo: Oh Jehová, te ruego que te acuerdes ahora que he andado delante de ti en verdad y con íntegro corazón, y que he hecho lo que ha sido agradable delante de tus ojos. Y lloró Ezequías con gran lloro. 4 Entonces vino palabra de Jehová a Isaías, diciendo: 5 Ve y di a Ezequías: Jehová Dios de David tu padre dice así: He oído tu oración, y visto tus lágrimas; he aquí que yo añado a tus días quince años.»

¿Qué hizo Ezequías en esos 15 años? Una de las grandes cosas que hizo Ezequías en esos quince años se nos narra que Ezequías se esforzó, fue con ánimo resuelto, decisión, determinación, en Proverbios 25:1, nos dice la Palabra de Dios: «1 También estos son proverbios de Salomón, los cuales copiaron los varones de Ezequías, rey de Judá:». ¿Sabe yo qué creo que hizo Ezequías en esos quince años más que Dios le regalo de vida? él no fue mediocre, él dijo «Señor, tú me has regalado este tiempo, quiero aprovecharlo bien». Él recopiló todo el Antiguo Testamento hasta donde existía. Él trajo varones sostenidos por él y dijo: «recopílenme todo el Antiguo Testamento». Y en mi opinión, tenemos gran parte del Antiguo Testamento, como lo tenemos hoy en día, gracias al rey Ezequías.

¿Sabe usted qué me dice eso? Que si usted se traza metas, que si usted se disciplina, que si usted deja a un lado la negligencia, la apatía, la indiferencia, la mediocridad, usted puede lograr algo para Dios; y a lo mejor nadie lo sabe, ¡pero qué importa! Usted no lo está haciendo para los hombres, usted lo está haciendo para Dios.

Mire, un estímulo para dejar la mediocridad. En Mateo 13:10-12 nos dice: «10 Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas? 11 El respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado. 12 Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.» Al que tiene, dice la Biblia, y es diligente, y es responsable, y es cumplido, se le va a dar más; pero al que no tiene, o que recibió pero ha sido descuidado, como ese siervo malo y negligente, que a pesar de que recibió un talento fue y lo enterró y no lo puso a trabajar, aún lo que tiene le será quitado.

Y veamos ahora el versículo 13: «13 Por eso les hablo por parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden.» Noten, oyen y ven, pero no quieren entender; no quieren entender, no quieren ver lo que es real delante de sus ojos: «14 De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dijo: De oído oiréis, y no entenderéis; Y viendo veréis, y no percibiréis. 15 Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, Y con los oídos oyen pesadamente, Y han cerrado sus ojos; Para que no vean con los ojos, Y oigan con los oídos, Y con el corazón entiendan, Y se conviertan, Y yo los sane» ¿Sabe por qué estos no quieren oír?, ¿sabe por qué no quieren ver?, ¿sabe por qué no quieren cambiar? Porque son mediocres. Ven, oyen, entienden… pero están contentos con sus pecados. Por eso es que Cristo dice que les hablaba con parábolas, «porque viendo, no ven, porque oyendo, no entienden».

Pero luego nos dice: «16 Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen. 17 Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.» Lo que aquí Cristo está diciendo es: «Ustedes son más bendecidos que los antiguos».

Nosotros somos más bendecidos, porque los antiguos, las personas del Antiguo Testamento, oían que iba a venir un Redentor, oían que iba a venir un Mesías, oían que iba a venir un Dios hecho hombre.

Nosotros oímos y conocemos lo que ya ocurrió, aquí tenemos el testimonio fehaciente de eso. Usted y yo somos más bendecidos que los del Antiguo Testamento. Son palabras de Cristo.