Y Serás Bendicion

«Y SERÁS BENDICION»

Dr. Elmer Fernández

Génesis 12:1-4

«Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra. Y se fue Abram, como Jehová le dijo; y Lot fue con él. Y era Abram de edad de setenta y cinco años cuando salió de Harán. Tomó, pues, Abram a Sarai su mujer, y a Lot hijo de su hermano, y todos sus bienes que habían ganado y las personas que habían adquirido en Harán, y salieron para ir a tierra de Canaán; y a tierra de Canaán llegaron. Y pasó Abram por aquella tierra hasta el lugar de Siquem, hasta el encino de More; y el cananeo estaba entonces en la tierra. Y apareció Jehová a Abram, y le dijo: A tu descendencia daré esta tierra. Y edificó allí un altar a Jehová, quien le había aparecido. Luego se pasó de allí a un monte al oriente de Bet-el, y plantó su tienda, teniendo a Bet-el al occidente y Hai al oriente; y edificó allí altar a Jehová, e invocó el nombre de Jehová.»

El primer misionero que menciona la Biblia fue Abraham, Dios lo envió a otro lugar. Dios le dijo: ­»Quiero que vayas a otro lugar y allí yo voy a hacer de ti una nación grande y te bendeciré y serás bendición.» Si algo grande va a pasar en mi vida, en mi hogar, en mi familia, no sólo es que Dios me bendiga, sino que yo pueda ser de bendición. Que nosotros como familia podamos ser de bendición. ¿Qué ingredientes tenía Abraham que Dios hizo de él un gran héroe de la fe? Al punto que no sólo él fue bendecido sino que sus hijos y los hijos de sus hijos fueron bendecidos y fueron de gran bendición. Tan grande bendición que nosotros hoy en día somos bendecidos por Abraham, porque de él vino el Mesías, de él vino el Cristo. Y Abraham es llamado el Padre de la Fe.

Vamos a ver que ingrediente había que Dios le dijo: «Serás bendición.» Para que tú puedas ser bendición ¿qué tenemos que tener?

La primera cosa que yo quiero que notes de Abraham, del llamado amigo de Dios es la gran obediencia de Abraham. ¡Oh! Qué Dios no diera que hoy hubiera cristianos que obedecieran como Abraham. Dios le dijo a Abraham en Génesis 12:1,4 «Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré.»En el versículo 4 dice: «Y se fue Abram, como Jehová le dijo; y Lot fue con él. Y era Abram de edad de setenta y cinco años cuando salió de Harán.» Usted debe de entender que cuando uno esta joven uno es más atrevido, uno brinca de un lugar a otro. Pero cuando uno ya esta mayorcito ya no quiere uno estarse mudando. Cuando yo veo uno de esos camiones de mudanza, es para mí como si viera un vampiro, odio los camiones de mudanza, yo no quiero estar pensando en los camiones de mudanza, porque uno se empieza a poner maduro, que ya no se arriesga tanto. Para mi es más duro mudarme y con solo 52 años, ahora imagínese 75 años, tú ya no quieres irte de donde tú estas. Y aquí Dios le dice: «Vete y vete a tierra que te mostrare.» No le dice aun a donde va a ir y dice la Biblia: «Y se fue Abram como Dios le dijo.» Inmediatamente obedeció a Dios, inmediatamente hizo lo que Dios le mandó. Génesis 22:1-3 Vemos aquí la obediencia de Abraham. Padres, vuelvo a decirles aquí, que la cosa más importante que puedes enseñarle a tus hijos es enseñarle a obedecer. Lo más grande que tú puedes hacer con ese niñito de dos, tres, cuatro, cinco años, es enseñarle a obedecer. Lo que más nos falta en un joven es enseñarle a obedecer. Lo que más le falta a un cristiano es obedecer. Yo a veces creo que sería bueno meter a unos cuantos al ejercito, aunque no me gusta el ejercito y no me gusta el ambiente del ejercito, pero simplemente para enseñarle a unos cuantos a obedecer sin preguntar. Disciplina. Hacer lo que se les manda sin una mano de preguntas o, «déjame pensarlo o meditarlo.» Sí meditas, no obedeces. Obedecer es hacer lo que se te manda. Génesis 22:1-3 dice: «Aconteció después de estas cosas, que probó Dios a Abraham, y le dijo: Abraham. Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré. Y Abraham se levantó muy de mañana, y enalbardó su asno, y tomó consigo dos siervos suyos, y a Isaac su hijo; y cortó leña para el holocausto, y se levantó, y fue al lugar que Dios le dijo.« Esto era duro para Abraham, fíjese que Dios le dice: «dame al hijo que tú amas.» Ya habían pasado años, Abraham ancianito, Dios le da un hijo. Aquí ya tiene más de cien años y tiene un hijo adolescente. Y ahora Dios le dije: «Ofréceme a tu hijo, a quien amas, ofréceme a tu hijo, mátalo en sacrificio.» Eso es duro, que te diga Dios, ofréceme a uno de tus hijos o hijas. Tu vas a decir: «Señor, el diezmo esta bien, la ofrenda esta bien, pero mi hija…» Tú no vas a decir: «¡Con gozo!» Que duro sería eso, tenemos que pensarlo, medita en ese. Sin embargo, mira lo que la Biblia dice sobre Abraham en el versículo tres. Abraham ni lo pensó. Génesis 22:3 «Y Abraham se levantó muy de mañana, y enalbardó su asno, y tomó consigo dos siervos suyos, y a Isaac su hijo; y cortó leña para el holocausto, y se levantó, y fue al lugar que Dios le dijo.» Abraham ni lo pensó, ni un día pasó. Dios le habla y a la próxima mañana dice: «¡Eh! a levantarnos temprano porque tenemos algo que hacer!» ¿Por qué? Porque si se pone a pensarlo o a meditarlo, no lo hace. Dios le mandó y él lo hizo así. ¡Qué obediencia de Abraham! ¡Oh, si tuviéramos hoy en día esa clase de cristianismo!

Dios nos dice que demos el diezmo y no obedecemos. Dios nos dice que vayamos a ganar almas, no obedecemos. Dios nos dice que nos separemos del mundo, no obedecemos. Dios nos dice no hagas esto y lo hacemos. Nos dice, haz esto y no lo hacemos. ¿Por qué es que hay tanta desobediencia hoy en día? Abraham era obediente, por que él tenía mucha fe. La fe fue la que le ayudo a obedecer y su gran fe fue la que le ayudo a él a hacer lo que Dios le pidió a él que hiciera.

Por eso sí Dios nos llama al campo misionero tenemos que ir, si Dios nos manda a predicar debemos de obedecer, cuando Dios nos llama a servirle de tiempo completo, hay que obedecer, no considerarlo. OBEDECER. Por eso cuando Dios nos llamó a que dejáramos la Primera Iglesia Bautista de Hammond, Indiana, con un buen salario, con un carro nuevo cada dos años y todo eso, lo dejamos para ir a un lugarcito sin salario, ¿Por qué? Porque hay que obedecer, hay que hacer lo que Dios nos manda y para esto se necesita fe. Mire Hebreos 11:8 «Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba.» ¿Cómo obedeció? Por la fe. Hebreos 11:9-11 «Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.» Hebreos 11:17-18 «Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito, habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia;» ¿Cómo obedeció Abraham a Dios? Por la fe. Él creyó lo que Jehová le había dicho.

Dios prefiere obediencia que sacrificio. Dios quiere que le obedezcan y la forma de obedecer a Dios es por la fe. Dios aquí prueba a Abraham y le dice en Génesis 22:2-3 «Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré. Y Abraham se levantó muy de mañana, y enalbardó su asno, y tomó consigo dos siervos suyos, y a Isaac su hijo; y cortó leña para el holocausto, y se levantó, y fue al lugar que Dios le dijo.» ¡Que gran obediencia de Abraham! Siguiente versículo dice: «Al tercer día alzó Abraham sus ojos, y vio el lugar de lejos. Entonces dijo Abraham a sus siervos: Esperad aquí con el asno, y yo y el muchacho iremos hasta allí y adoraremos, y volveremos a vosotros.» ¿Por qué Abraham obedeció en ofrecer a su hijo? Porque Abraham tenía fe de que Dios iba a resucitar a su hijo. Y Abraham se dijo a si mismo: «Dios me dijo ofréceme a tu hijo, pero Dios también me dijo: Haré de él una gran nación y en él te será llamada descendencia. De él va a venir el Mesías; entonces Dios puede resucitar a mi hijo de los muertos. Si, yo se lo ofrezco.» Por eso es que Abraham es llamado el Padre de la Fe. Porque él creía lo que Dios decía y él confiaba en Dios. Mire Génesis 22:6-8 «Y tomó Abraham la leña del holocausto, y la puso sobre Isaac su hijo, y él tomó en su mano el fuego y el cuchillo; y fueron ambos juntos. Entonces habló Isaac a Abraham su padre, y dijo: Padre mío. Y él respondió: Heme aquí, mi hijo. Y él dijo: He aquí el fuego y la leña; mas ¿dónde está el cordero para el holocausto? Y respondió Abraham: Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío. E iban juntos. Y cuando llegaron al lugar que Dios le había dicho, edificó allí Abraham un altar, y compuso la leña, y ató a Isaac su hijo, y lo puso en el altar sobre la leña. Y extendió Abraham su mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo. Entonces el ángel de Jehová le dio voces desde el cielo, y dijo: Abraham, Abraham. Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único. Entonces alzó Abraham sus ojos y miró, y he aquí a sus espaldas un carnero trabado en un zarzal por sus cuernos; y fue Abraham y tomó el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo. Y llamó Abraham el nombre de aquel lugar, Jehová proveerá. Por tanto se dice hoy: En el monte de Jehová será provisto.» La razón por la cual Abraham obedeció fue porque él tenía fe.

Aquí te va la receta: Abraham fue de bendición a otros porque él había sido bendecido y porque él había sido bendecido él fue de bendición a otros. Pero la razón por la que él había sido bendecido es porque primero, él obedeció a Dios por fe y porque él obedeció por fe, los milagros vinieron a su vida y al haber milagros en su vida, él fue bendecido y él fue de bendición a otros, porque ellos vieron que el Dios de Abraham es un Dios real y verdadero. Y lo que nos pasa a nosotros es que no obedecemos y no obedecemos porque no creemos y no hay milagros en nuestras vidas para ser de bendición a otros. Algunos aquí se están privando de milagros en sus vidas por no querer obedecer, porque Dios nos manda a obedecer por fe que le obedezcas y Él va a hacer milagros en tu vida. Sí Abraham no hubiera ido a ofrecer a su hijo, él no hubiera visto el milagro de Dios al no matar a su hijo y de darle otra alternativa. Los milagros vienen a nuestra vida por obedecer y el obedecer viene por la fe. Entonces no obedecemos por falta de fe, porque no creemos lo que Dios dice.

¿Sabes porque tú no das el diezmo? No porque no puedes, sino porque no crees. Y porque no crees no ves milagros en tu vida y por eso Dios no hace milagros, porque si tu creyeras, obedecieras y sí obedecieras Dios haría milagros en tu vida. Entonces no sólo tú te estas privando de milagros, sino estas privando a otros de ver esos milagros.

En Números 14 tenemos una historia triste del pueblo de Israel. El pueblo de Israel ahora había sido mandado a conquistar esa tierra. Ya han pasado varios años, ya José había pasado 400 años en Egipto. Pero ahora Dios les dice: «Esta tierra que yo le prometí a Abraham, se las quiero dar a ustedes.» Dios los saca de Egipto con mano poderosa, y los saca con mano poderosa porque Moisés obedeció y obedeció porque él creyó lo que Dios le dijo. Cuando Dios le dijo a Moisés: «Toma un cordero, macho, sin defecto alguno, y el día 14 de Abril mátalo y pon la sangre en el dintel.» La gente hizo tal como Dios había dicho y lo hicieron así, porque Moisés le dijo a la gente tal como Dios lo había dicho. Y Dios libró a todos los primogénitos e hizo milagros porque ellos habían obedecido por fe lo que Dios había dicho a través de su profeta. Ellos obedecieron cuando salieron de la tierra de Egipto y fueron hacia el Mar Rojo, no fueron por un camino fácil, sino difícil. Y el pueblo diciendo «¿Por qué vas por allí?, ¿porque vamos por este rumbo?» -«Es por que Dios manda.» Quizá ellos dijeron: «A mí no me es lógico, yo creo que es mejor por aquí.» El razonamiento es el peor enemigo de la fe. Y dijeron: «Es más razonable ir por aquí, que por el Mar Rojo, no tenemos barco.» Entonces toman el camino para ir por el mar y ahora se encuentran frente al Mar Rojo y le dicen a Moisés; «¿Ahora que haremos? Allí viene el enemigo, allí está el Mar Rojo, ¿Nos trajiste aquí para matarnos?» Y Moisés dice: «No. Miren la salvación de Jehová.» Y se parte el Mar Rojo y ven este gran milagro, porque Moisés obedeció y cuando Moisés obedeció, Dios hizo milagros.

Ahora llegan a la tierra prometida, en Cades Barnea y los diez espías dicen: «No podemos.» Así como muchos dicen: «Yo no puedo. No puedo ser misionero. No puedo ganar almas. No puedo dar el diezmo. No puedo dar para misiones. No puedo. Ellos dijeron: «No podemos entrar a la tierra, porque en ella hay gigantes.» Dios no los mandó a considerar si entraban o no entraban. Dios los mandó a observar la tierra, para ver por donde iban a entrar y como iban a entrar. Pero ellos regresaron y dijeron: «¡No! No podemos entrar a la tierra, por que hay gigantes en la tierra, y la tierra se traga a sus moradores.» Regresan ellos, y en lugar de ser bendecidos y ser bendición, son maldecidos y son maldición a otros. Porque ahora desaniman al pueblo entero, el pueblo entero se echa a llorar, a lamentar. Josué y Caleb dicen: ­»Si podemos, vamos a conquistar esa tierra.» Pero la mayor parte del pueblo les hizo caso a estos diez hombres. Ellos no obedecieron porque no creyeron y como no creyeron no hubo milagros. Al contrario, miren Números 14:10-11 «Entonces toda la multitud habló de apedrearlos. Pero la gloria de Jehová se mostró en el tabernáculo de reunión a todos los hijos de Israel, y Jehová dijo a Moisés: ¿Hasta cuándo me ha de irritar este pueblo? ¿Hasta cuándo no me creerán, con todas las señales que he hecho en medio de ellos?» Dios se irritó con el pueblo. ¿Pero por qué se irrita con el pueblo? Porque el pueblo no le obedeció. ¿Por que no lo obedecieron? Porque no le creyeron.

Hebreos 3:18 «¿Y a quiénes juró que no entrarían en su reposo, sino a aquellos que desobedecieron?» La incredulidad trae desobediencia, la fe trae obediencia. Entonces la desobediencia tuya es la demostración de tu incredulidad. La obediencia es la demostración de tu fe. Y aquí ellos no entraron por causa de la incredulidad de ellos. Números 14:11 «y Jehová dijo a Moisés: ¿Hasta cuándo me ha de irritar este pueblo? ¿Hasta cuándo no me creerán, con todas las señales que he hecho en medio de ellos?» Por causa de la incredulidad de ellos, no obedecieron; y por no obedecer, no vieron los muros de Jericó derrumbados. No vieron milagros en sus vidas, porque no obedecieron y no obedecieron porque no creyeron. ¿Y que les paso? En lugar de ser bendecidos y ser de bendición fueron de maldición. Mire lo que dice Números 14:23: «no verán la tierra de la cual juré a sus padres; no, ninguno de los que me han irritado la verá.» Versículo 32 dice: «En cuanto a vosotros, vuestros cuerpos caerán en este desierto.» No verán la tierra, no verán lo que yo pude haber hecho, caerán muertos en este desierto. En el versículo 42: «No subáis, porque Jehová no está en medio de vosotros, no seáis heridos delante de vuestros enemigos.» Dios dije: «No me obedeciste porque no me creíste, no vas a ver los que yo iba hacer. Van a morir en este desierto y mi dulce presencia no va a estar contigo.» -«Usted me esta diciendo que si yo soy salvo y no soy bautizado, ¿estoy en problemas con Dios?» Exactamente, porque no estas obedeciendo. El sólo hecho de no ser bautizado, puede parar y detener las bendiciones de Dios, porque no estas obedeciendo. -«Pero es que yo no comprendo.» Tú no tienes que comprender, tú tienes que obedecer. -«Pero es que yo no entiendo, yo tengo que ver…» Tú no tienes que ver nada, tú solo tienes que obedecer. Como el cieguito que fue mandado al estanque de Siloé, él obedeció, ¿Por qué obedeció? Porque él creyó. Dios le puso lodo en los ojos y luego le dijo: «Ve al estanque de Siloé y lávate. -«Señor yo te pedí que me dieras la vista, ¿para que me pones lodo en los ojos? ¿Para que me mandas a ese estanque sucio, a lavarme? Yo no veo porque ir a un estanque sucio. ¿Por qué tú no me puedes dar la vista ahora mismo?» Él no respondió así. ¡NO! Sino que él fue. ¿Por qué obedeció? Porque él creyó. Cuando él obedeció y fue, el milagro vino y los ojos le fueron abiertos. El milagro vino por obedecer y el obedecer vino por la fe. Porque él creyó lo que Cristo le dijo.

Naaman no creía y dijo: «¿Para que me voy a lavar en un río sucio allí, habiendo mejores? Ese río no me va a quitar a mí la lepra.» Su siervo le dijo: «Mi señor, ¿porque no obedeces, porque no lo haces?» Al fin tuvo suficiente fe para obedecer y al obedecer vio el milagro. Y la piel se le volvió como la piel de un niño. Milagro vino por obedecer y el obedecer vino porque creyó.

Entonces no hay milagros porque no obedezco y no obedezco porque no hay fe. Es una falta de fe, es una incredulidad. Aquí ellos por su falta de fe no vieron la tierra prometida, murieron en el desierto y la dulce presencia de Dios no estaba con ellos.

Aquí hay algunos que para ti Dios está muerto. ¿Dónde esta la dulce presencia de Dios? Por que la dulce presencia de Dios se fue el día de los desobedientes. Dios muestra su presencia a aquél que le obedece. Ellos no obedecieron y la dulce presencia se fue.

La cosa más dañina son cristianos que van a la iglesia, que pretenden, pero no obedecen. Son cristianos-católicos, bautistas-católicos, así como los católicos van a la iglesia, se persignan y siguen viviendo como les da la gana. Nosotros somos bautistas-católicos. Vamos a la iglesia, un mensajito, esto y el otro, vamos a la iglesia a cumplir y ya vivimos como sea. El cristianismo tuyo no debe de ser de sólo ir a la iglesia, el cristianismo tuyo debe de ser el obedecer, hacer lo que Dios manda.

Juan 14:21 «El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él.» Versículo 23 «Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.» ¡Que lejos está Dios de ti! La desobedecía trae eso. El Espíritu de Dios te pide que hagas algo y no lo haces, la dulce presencia de Dios se aparta. Al que obedece por fe, la dulce presencia de Dios viene. Aquí hay algunos que lo están haciendo nada más por rito. Ya no esta la dulce presencia de Dios, por eso cuando escuchas cantar «Alcance Salvación» solo dices: «¡Ay, que lindo cantan, cantan bonito!» No es si cantan bonito, sino que cantaron: «Alcance Salvación.» ¡Gloria a Dios! Pero hay algo que la dulce presencia de Dios, ya no está allí. ¿Por qué no está allí? Porque no obedecí. ¿En qué? Tú sabes, que es ese algo. Y no obedecí, porque no creí, y no creí y ahora no tengo Su dulce presencia, y no tengo bendición y no soy bendición, porque no obedecí. Lo que nos hace obedecer es el creer.

Mateo 13:58 «Y no hizo allí muchos milagros, a causa de la incredulidad de ellos.» No creían por eso no obedecían, no obedecían, por eso no había milagros, no había milagros, no eran bendecidos. No son bendecidos, entonces no pueden ser bendición.

Para yo ser de bendición, tengo que ser bendecido. Para que halla milagros en mi vida tengo que obedecer y para haber obediencia tiene que haber fe. Entonces lo esencial es tener fe. Por eso Abraham obedeció a Dios, porque él creía en Dios. Dios le dijo: «Dame a tu hijo.»  -«Está bien, Señor. Te lo doy.» Algunos le dijeron: «Pero Abraham, ¿Cómo le vas a dar a tu hijo?» -«Dios dijo que de mi hijo iba a hacer una nación, que de mi hijo iba a venir el Mesías, sí Dios me dice eso, aunque yo lo mate, Él lo puede resucitar. Pero mi Dios no me pide que haga algo que vaya en contra de lo que Él me ha prometido.» Abraham tenía fe en Dios, esa fe en Dios, lo hizo a él ser obediente, esa obediencia le trajo milagros, esos milagros trajeron bendiciones, esas bendiciones trajeron bendición a otros. Entonces la clave es fe. Por eso sin fe es imposible agradar a Dios. Hebreos 3:12 «Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo;» Hebreos 4:2 «Porque también a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva como a ellos; pero no les aprovechó el oír la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron.» Hebreos 4:6, 11 «Por lo tanto, puesto que falta que algunos entren en él, y aquellos a quienes primero se les anunció la buena nueva no entraron por causa de desobediencia, Procuremos, pues, entrar en aquel reposo, para que ninguno caiga en semejante ejemplo de desobediencia

Nos habla de una desobediencia por no ir acompañada de fe. No tienes fe, no obedeces, no obedeces, no hay milagros, no hay milagros, no hay bendición, no hay bendición, no soy de bendición. Mira todas las historias de la Biblia, todas son así. Dios le mandó a un montón de gente que obedecieran y por fe lo hicieron. A Noé le dijo: «Hazte un arca de este tamaño, de esta manera, en medio del desierto, de madera, inmenso de grande.» Y Noe obedeció y Noe lo hizo porque Noe creyó que Dios lo había dicho.

¿Sabes porque no te apartas del pecado? Tú no crees lo que Dios está diciendo. «¡Qué me va a ir mal, a mi no me va a ir mal!,» dicen algunos.  La falta de fe, me hace desobedecer. Sí creo, yo digo al pecado: ­»Mejor que no, porque Dios dijo que no y me va a ir mal.» Hay algunos de ustedes aquí que batallan con las convicciones de separación. Y dices: «Yo no le veo nada malo a esa música. ¿Y porque mi hija no puede salir sola? ¿Y porque mi hijo no puede hacer eso? Yo no le veo nada malo con eso. Yo no estoy de acuerdo.» Mi falta de fe me hace desobedecer. Ese es el problema que tenemos con los jovencitos. No le creen ni a los padres, ni al pastor y menos le creen a Dios. Hasta que lo experimenten, pero una vez que lo experimentas es muy tarde ya. Es muy tarde para decir: «Tenían razón.» Ya es muy tarde, es mejor creer, pero no obedecemos porque no creemos, como no creemos, no tenemos milagros, como no tenemos milagros, no somos bendecidos y no somos bendición.

Esto también aplica a ustedes hombres. Te hemos dicho muchas veces, ten cuidado con lo que miras, pero tú sigues haciéndolo. «No, pero aquellos cayeron porque no saben jugarlo, yo sé jugarlo. Yo sí se hasta donde ir, yo sé que cerca caminar del precipicio sin caerme.» Y hay otro montón de mensos que dijeron lo mismo. ¡Ten cuidado!

Regresemos a Génesis 12:1-4 «Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra. Y se fue Abram, como Jehová le dijo; y Lot fue con él. Y era Abram de edad de setenta y cinco años cuando salió de Harán.» Hoy en día el nombre Abraham es conocido por el mundo entero. Hasta los musulmanes toman a Abraham como su padre. Los judíos lo toman como su padre y nosotros los cristianos como el Padre de la Fe. ¡Que hombre! ¡Que impacto! Dios engrandeció su nombre y lo hizo a él ser de gran bendición. ¿Por qué? Porque obedecía. ¿Por qué obedecía? Porque creía a Dios. Por eso muchas veces nuestros hijos no siguen a Dios. Dios dice: «Dame tus diezmos y ofrendas, y pruébame, sino abriré las ventanas de los cielos.»

«El pastor está con esto de que diezma, ofrenda, da a misiones, pero es que él no sabe que nosotros no podemos.» Suena como a los diez espías. Con está actitud dejas de ver el milagro en tu vida, no serás bendecido y no serás bendición. Aquel que obedece, llega a ser bendecido y a ser de bendición a otros. ¿Cómo están tus promesas de fe? ¿Hum? ¿Cómo están tus promesas a misiones? -«Es que pastor, no puedo.» A mi me suena como a los diez espías de la Biblia. ¿Cómo esta tu diezmo? ¿Tú sabes lo que Dios pudiera hacer para la obra de Él, en el ministerio, en el mundo hispano; sí tan solo cada uno aquí diezmara?

Los diezmos aquí son buenos, pero de lo que tú ganas realmente, ¿cuánto es que das? Hay aproximadamente 80,000 dólares al año, ¿quien le está robando a Dios aquí? El diezmo Dios lo manda, pero no lo obedeces; y algunos son estudiantes del Instituto. Dios no quiere ladrones pastoreando. Sí tú no tienes fe para obedecer, ¿qué haces atrás de un pulpito? ¿Gritar? No. Cállate el pico. Tienes que tener fe para obedecer, para ver un milagro, para entonces ser bendecido y ser de bendición.

Muchos podemos contarte milagros en nuestras vidas, por obedecer por fe. ¿Te das cuenta de lo que Dios puede hacer, no sólo en la obra de Él? Cuantos pudiéramos ser de bendición. ¿Pero te das cuenta de cuántos pudieran ser bendecidos? ¿Sabes lo que Dios pudiera hacer en la vida de muchos?

El hermano Carlos nos contó de cómo empezó a dar para la misión y como Dios de repente hizo que le aumentaran el sueldo por mucho más de lo que él había prometido para la misión. Fue un milagro en su vida. ¡Gloria a Dios, tenemos un Dios que hace milagros! No hubiera visto ese milagro, si no hubiera obedecido y no hubiera obedecido, sino hubiera creído que Dios iba a suplir. Entonces tengo que creer para obedecer, para entonces tener milagros, para ser bendecido, para entonces poder ser de bendición a otros. Checa tus formas de impuesto, ¿Cuánto recibiste al año? Revisa las hojas de diezmo y entonces ve cuanto le robaste a Dios. Entonces no obedeciste y no obedeciste porque no creíste. Entonces no viste milagros, no fuiste bendecido y no fuiste de bendición. Entonces no sólo yo no soy bendecido, sino que no puedo ser de bendición a otros. Todo por falta de fe.

Vamos a ver ¿Por qué viene la falta de fe? Romanos 10:17 dice: «Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.» La Palabra de Dios es la que produce la fe. Es la que necesito para obedecer, es la que necesitó para tener el milagro, es la que necesito para ser bendecido, es la que necesito para ser de bendición. Dios le dijo a Abraham: «Y serás bendición,»  porque sabía que él iba a obedecer. Amén.

Ama A Tus Enemigos

Pastor Elmer Fernández

Lo que te voy a dar no te lo pueden dar los psiquiatras, ellos te van cobrar miles de dólares y te van a dar una pastillita para que te vayas a dormir. Está es la mejor psiquiatría que puedas recibir. Yo te quiero ayudar porque hay tantos amargados que han perdido el gozo. No tienes el gozo en tu vida, tienes amarguras. Piensas que la vida es miserable y te quiero ayudar. Pero debemos entender que a todos, alguien nos va a hacer una injusticia. Alguien te va a acusar falsamente en el trabajo, y vas a perder el trabajo. Alguien va a decir muchas cosas contra ti que no es cierto. Alguien te va a herir, alguien te va a estafar, alguien te va a robar. Hay un esposo que su esposa va a herir, a lo mejor le va a ser infiel. Hay una esposa que el marido la va a herir. A todos de una manera o de otra nos van a hacer una injusticia. Si mi gozo depende de que nadie me haga injusticia, estoy a la merced del mundo. Si mi gozo depende de que yo pueda perdonar esas injusticias, ahora yo puedo tener el gozo cuando yo quiera.

Mateo 5:38-48 dice: «Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. 39 Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; 40 y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; 41 y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos. 42 Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses. 43 Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. 44 Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; 45 para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. 46 Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? 47 Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles? 48 Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.»

Pecado es desobedecer un mandato de Dios. Cuando yo desobedezco un mandato del Señor eso es pecado. Aquí el Señor les da un mandato, que muchos están viviendo en pecado al no obedecerlo. El mandato se da en el versículo 43 y 44: «Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. 44 Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen;.» El Señor Jesús dijo: «Alguien les dijo eso, pero yo te voy a decir, Amad a vuestros enemigos

¿Qué es un enemigo? Aquél que quiere matarme. No aquél marido cabezón que me hizo algo, o aquella mujer lengua-larga que dijo algo. No, yo digo alguien que quiere mi mal. Dios dice: ¡Ámalo! Alguien que quiere destruirme, matarme. Dios dice: ¡Ámalo! Te lo mando. Dice: «Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen..» Está duro ¿verdad? Yo sé, yo he estado allí. Yo he estado ahí cuando grandes injusticias han sido hechas. Empecé con Fidel Castro en Cuba, las injusticias que nos hizo a nosotros fueron inmensas, no tengo tiempo en ir en detalle pero fueron inmensas. Yo desde niño he visto muchas injusticias. Cuando salí de Cuba no pude sacar todas las cosas que mi mamá había hecho para mí. Yo tuve que dejarlo todo, tuve que dejar todo tirado, y el gobierno me lo quitó todo. A mi tía y a mi tío con el que me crié le quitaron el negocio, y le quitaron hasta la casa. Yo sé de injusticias. Falsamente he sido acusado, y se han escrito cosas malas de mí. Han sido escritas mentiras inmensas por todo el mundo hispano, no para dañarme con unos cuantos, pero ante miles y miles de personas. Puras mentiras. Yo sé lo que es tener injusticias contra uno. Si yo no me cuido, yo pudiera ser uno de los hombres más amargados del mundo, pero Dios dice: Ámalos a ellos. No que los perdones solamente, pero ámalos.

¿Por qué es que Dios me está pidiendo a mí que los ame? ¿Por qué es que Dios me pide a mí que ame a aquel que me ha hecho mal? Dice: «Para que así seas maduro.» Hay muchos que andan en el cochinero del rencor, hay muchos que andan en la letrina de la amargura, y te estás afectando a ti mismo, y si tú no aprendes esta lección, la amargura, el rencor, el resentimiento es un ácido que ninguna vasija puede contenerlo, porque se come esa vasija. Es un cáncer que acaba contigo, por eso queremos sacar ese cáncer y sacar esa amargura. El problema es que hay muchos que me dicen: -«Pastor, créame yo quisiera sacarlo, pero no puedo.» A veces hasta oras y le pides: «Señor quítame esto, ya no quiero… pero cada vez que veo esa persona me desfalco por dentro…» Yo quiero ayudarte cómo sacar ese cáncer. Yo quiero ayudarte cómo sacar ese resentimiento, ese rencor.

Primero, yo quiero que tú veas que para cambiar tu sentir debes cambiar tu pensar. Por ejemplo, yo amo a una familia de la Iglesia, yo pienso que es una linda familia, y que es un privilegio el ser su pastor. Pero llega gente y me dice: «¿Sabe lo que él dijo de Usted? ¿Usted sabe que lo critica?» Y a lo mejor y ni es cierto, pero al ellos decirme eso, hace que mi pensar cambie y al cambiar mi pensar, cambia mi sentir. Ahora yo me empiezo a sentir diferente hacia ellos, por lo que pensé diferente, empecé a sentir diferente. Tú tienes que cambiar tu pensar para cambiar tu sentir. Si tú no cambias tu pensar, no vas a cambiar tu sentir.

Entonces, tú tienes que pensar diferente de tus enemigos para que tu sentir sea diferente. Yo no estoy diciendo de aquél que te hizo una bobería. Yo a veces estoy consultando problemas matrimoniales, de cositas pequeñitas: Una mujer estaba embarazada y el marido le pone la mano arribita de su panza y ella le quita la mano y ya comenzó un gran problema matrimonial. ¿Qué tanto lío? A lo mejor estaba cansada, a lo mejor estaba adolorida, no se sentía bien, y ya por eso se formó un pleito inmenso. Yo no estoy hablando de esas tonterías. Yo estoy hablando de problemas serios, de problemas que de verás son dañinos. Dios dice: «Ama a esa persona.» -¿Cómo lo voy a amar? -Cambia tu forma de pensar. -¿Cómo lo miro? Lo tengo que ver como un instrumento de Dios que es a lo mejor para castigarme. Porque lo que se siembra se cosecha. Dios dice: «Yo no soy burlado, lo que el hombre sembraré eso cosechará.» Quiere decir que a lo mejor una persona le roba a este, y le roba a este, y le roba a otro. Y luego alguien le roba a él y él dice: «¡Ay, me robó!» Dios está cobrándote lo que tú hiciste aquí atrás. Dios dejó que todo eso te pasara para arreglar cuentas con todo lo que tú has hecho.

A veces Dios manda gente a nuestras vidas para arreglar cuentas con nosotros. Y Dios quiere que arreglemos cuentas. Entonces, si lo miras de esa manera, puedes mirar a alguien y decir: «Señor, yo bien lo merezco.» Yo me he dado cuenta que la gente que tiene menos misericordia es la gente que vive en más pecado. Los que más pecado tienen son los menos misericordiosos con otros. A veces la gente que más pecado tienen son la gente que más duros son con otros. Tú ten cuidado. A veces los que son más duros en perdonar, son los que más han ofendido. Yo he consultado con un cónyuge que me dice: «Pastor, él o ella me ha sido infiel, yo no puedo perdonar.» Y después me entero que él o ella fue infiel 2 o 3 veces antes. Entonces yo dije: «¡Hipócrita! Tú has sido infiel 2 o 3 veces y te perdonó y ahora él o ella te ha sido infiel una vez y ¿no puedes perdonar?» Y no estoy diciendo que un hombre o una mujer debe de ser infiel porque él o ella fue infiel. ¿Dónde está la misericordia? ¿Dónde está el perdón?

En 2 Samuel 16, David ha cometido pecado con Betsabé. El gran rey David, el rey que tuvo el corazón de Dios, un gran rey, cometió un horrible error, cometió inmoralidad con Betsabé, mató al esposo de ella; y él aunque Saúl lo persiguió, nunca levantó su mano contra el rey Saúl. David era un hombre de guerra, desde niño peleó contra Goliat y después estuvo en muchas batallas. David era un hombre fuerte. David con su espada había matado a muchos. No le tenía miedo a nadie. Y David en esta situación va caminando con sus soldados elegidos, los mejores de los mejores. Hombres de guerra. Hombres que con la espada han matado quizá a cientos cada uno. David está rodeado con ellos. Su hijo Absalón se está rebelando contra él, y David está huyendo porque él no quiere pelear contra su propio hijo. ¡Cosa dura! Su propio hijo le quiere quitar el reino. Y David va caminando con estos hombres escogidos y hay un hombre que le empieza a gritar, este hombre era de la familia de Saúl, Simei. Y entonces aquí empieza la historia en 2 Samuel 16:5: «Y vino el rey David hasta Bahurim; y he aquí salía uno de la familia de la casa de Saúl, el cual se llamaba Simei hijo de Gera; y salía maldiciendo,.» No dice que le dio una mala mirada, no dice la Biblia que lo trató mal. Lo estaba maldiciendo y tirándole piedras. ¿A quién? Al rey David. Hombre de guerra con la espada a su lado, rodeado con los mejores hombres de guerra de él. Y Simei está arrojando piedras contra el rey David y contra todos los siervos de él. Y todo el pueblo y todos los hombres valientes estaban a su derecha y a su izquierda. Y decía Simei maldiciendo: «Fuera, fuera, hombre sanguinario y perverso, Jehová te ha dado el pago de toda la sangre de la casa de Saúl, en lugar del cual tú has reinado. Y Jehová ha entregado el reino en mano de tu hijo Absalón. Y hete aquí sorprendido en tu maldad, porque eres hombre sanguinario.» Ahora Simei está aquí maldiciéndole. Pero David nunca trató mal al rey Saúl. Acuérdense que cuando Saúl estuvo en la cueva durmiendo, David le cortó un pedacito de su vestuario, y después cuando salió le enseñó y le dijo: «Mi rey, ¿de quién es esto? Tuve la oportunidad de matarte pero no te maté mi rey.» David nunca levantó su mano contra Saúl. David nunca lo hizo. Ahora está aquí rodeado de sus hombres de guerra, de lo mejor de los mejores. Él mismo era hombre de guerra. Y este muchacho, este Simei está maldiciéndole y tirando piedras a sus soldados. ¿Qué pasa? Mira el versículo 9, «Entonces Abisai hijo de Sarvia dijo al rey: ¿Por qué maldice este perro muerto a mi señor el rey? Te ruego que me dejes pasar, y le quitaré la cabeza.» ¡Wow! Me encanta estar rodeados de hombres así, nada más decirles sí y le cortan la cabeza. De estos hombres estaba rodeado David. Todo lo que David tenía decir era que sí a uno de sus soldados que le estaba preguntando: «¿Me dejas? ¿Me dejas y le corto la cabeza?» David nada más tenía que decir sí y el hombre estaba muerto. Pero David no hizo eso. David era muy grande para eso.

Mi tío Sánchez me enseñó: «Hombre es aquél que le puede dar una paliza a otro pero se refrena y no le da la paliza y se echa para atrás.» Ése es hombre. El que sabe que puede darle una paliza y vencerle pero no lo hace. Hombre es aquél que sabe que puede darle un golpe a su esposa y tirarla en el piso, pero se controla y se echa para atrás. Ése es hombre. David tenía el poder más que suficiente para matar pero dijo que no. Hasta regaña a sus soldados que querían matar a este hombre. ¡No dijo nada contra Simei, pero regaña a este soldado! ¿Y que le dice? Mírenlo en el versículo 10, «Y el rey respondió: ¿Qué tengo yo con vosotros, hijos de Sarvia? Si él así maldice, es porque Jehová le ha dicho que maldiga a David. ¿Quién, pues, le dirá: ¿Por qué lo haces así?» ¿Saben que estaba diciendo David? Estaba diciendo: «Déjalo. Si maldice es porque yo lo necesito. Yo no soy tan santo.» Y a ti… nada más con que te miren mal y ya. En el trabajo te peleas con cualquiera.  En la casa, marido y mujer andan como perros y gatos. Por boberías, sí, por boberías. Aquí está el rey, la gente estaba supuesta a doblarse delante del rey, a tener reverencia delante del rey, y éste lo está maldiciendo y tirándole piedras. El rey tenía toda la autoridad para decir: «Mátenlo.» Pero él dijo: «Déjenlo, déjenlo.» ¿Por qué? Porque lo miró como un instrumento de Dios para hablarle a él. Para arreglar su vida. ¿Será que Dios está arreglando cuentas contigo, y envía a alguien para arreglar cuentas contigo? ¿Será eso? Por eso yo creo que aquellos que son misericordiosos son aquellos que caminan con Dios. Porque el que camina con Dios y ve cuánto Cristo le ha perdonado, entonces perdona. Si yo digo: «Éste me las va a pagar.» Entonces Dios dice: «Está bien, pero tú la vas a pagar conmigo.» Y tú dices: «Pero Pastor, me robó $500 dólares y me las va a pagar.» Y Dios dice: «Me robaste $50,000 en diezmos y me las vas a pagar.»

¿Tú quieres que Dios arregle asuntos contigo? Veamos en Deuteronomio 8:1-2 «Cuidaréis de poner por obra todo mandamiento que yo os ordeno hoy, para que viváis, y seáis multiplicados, y entréis y poseáis la tierra que Jehová prometió con juramento a vuestros padres. Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tú Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos.» La prueba es lo que demuestra lo que hay en el corazón. «¡Señor, aunque todos te nieguen, yo no te negaré!» y dijo Cristo: -«Sí me vas a negar»-. La prueba no es para que Dios sepa que hay en tu corazón, la prueba es para que tú sepas que hay en tu corazón. «¡No Señor, yo nunca negaré!» -«Deja que llegue la prueba.»- Y vino la prueba y Pedro negó al Señor. Porque Cristo vio lo que había en su corazón, y dijo: «Pedro, tú no ves lo que hay en tu corazón pero yo lo veo.» El hombre no es ladrón porque roba, el hombre roba porque es ladrón en su corazón. Una persona no es mentirosa porque dijo mentiras, una persona dice mentiras porque es mentirosa en su corazón. Una persona no pelea porque alguien le hizo algo y perdió el genio, no, esa persona perdió el genio porque tiene problemas en su corazón. Es porque está irritado en su corazón y eso nada más demuestra lo que hay allí adentro. -«¿Entonces, cuándo alguien me ofenda y me haga algo mal y yo tenga amarguras, y tenga rencor y odio…?»- Dios te está diciendo: «Quiero enseñarte lo que hay en tu corazón, estoy sacando lo que hay en tu corazón para que tú lo veas.» Y Dios está sacando lo que hay en tu corazón para que lo veas. Tú crees que tu corazón anda bien limpiecito y Dios dice: «Déjame enseñarte lo que tienes en tu corazón. Yo lo veo y yo quiero que tú lo veas.» Entonces la prueba demuestra lo que hay en mi corazón. El Señor quiere probarme para eso, Él quiere desarrollar mi vida interior más que mi vida exterior. Lo más lindo del mundo es una persona que puede perdonar, una persona que puede amar aún a aquél o a aquella que le ha hecho daño a él o a ella. Eso es cristianismo. ¿No fue lo que dijo Cristo en la cruz cuando dijo: «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.» ¿Cómo pudo Cristo perdonarlos? Porque él se dio cuenta que ellos no sabían lo que estaban haciendo. Él dijo: «Ellos no saben que soy el Hijo de Dios, ellos no saben, no se dan cuenta que soy el Creador del Universo. Si ellos se dieran cuenta, no lo hicieran. No se dan cuenta que esto está en el plan de Dios para la salvación de los hombres. Ellos no se dan cuenta de eso, por eso Padre, por favor perdónalos, porque no saben lo que están haciendo.»

Dios quiere desarrollar más la persona interior más que la exterior. Las mujeres se preocupan tanto del exterior, que si el maquillaje, que si esto, que si el pelo. Algunas se pasan hasta dos o tres horas en espejo. Yo le doy gracias a Dios que mi esposa no es así, ella se pasa su tiempo arreglándose, pero no tres horas. Un hombre vino a mí y me dijo: «Mi esposa se pasa tres horas en el espejo.» (Cuando la vi, dije: «Mejor que se pase las seis horas porque no le fueron suficientes las tres»). Yo no estoy en contra de que se arreglen, que luzcan bien, que se pongan el maquillaje con moderación, y se arreglen bonitas, eso está bien… Pero Dios está más interesado en el interior que en el exterior. Hombres, Dios está más interesado en el interior que en el exterior. Y algo que nos hace más como Cristo que ninguna otra cosa es perdonar.

¿Qué hace Cristo más que nada? -Perdonar-. ¿Qué hace Cristo más que nada? -Amar-. Estando nosotros en nuestros pecados y deleites, y siendo enemigos de él, peleando contra Él, Dios nos amó y dio su vida por nosotros. No porque tú digas que amas tanto a Dios, él va a decir: «¡Oh cuánto me ama!, déjalo venir al cielo.» ¡Mentira! Nosotros amamos cuando Dios murió por nosotros para rescatarnos del pecado y salvarnos y darnos vida eterna. Él nos amó aún siendo enemigos. Entonces, para ser como Cristo, necesito amar. Yo tengo que cambiar si tengo que ser como Cristo. A lo mejor hay un plan que Él tiene en mi vida. -«Pero, Pastor, él me acusó falsamente y ahora perdí el trabajo.»- Quién sabe si Dios tiene un mejor trabajo para ti, y sabía que no te ibas a cambiar de trabajo a menos que pasara esto y dejó que pasara porque tiene algo para ti mejor todavía. Decir: «Yo no sé porque él lo hizo pero a lo mejor Dios tendrá algo mejor para mi vida y que Dios se arregle con él.» Y tu corazón está bien, tu corazón está tranquilo porque has aprendido a perdonar. Si Dios me está pidiendo que perdone a alguien que me quiere matar, ¿Por qué esposo y esposa no se pueden perdonar? ¿Por qué hijo y padre no se pueden perdonar? ¿Por qué hermanos no se pueden perdonar por cositas? Mira a José, sus hermanos lo venden como esclavo, se lo llevan a tierra lejana, y lo meten en cárcel después de acusarlo falsamente. José podía estar amargado en la cárcel y si hubiera estado amargado, Dios nunca le hubiera revelado los sueños que le reveló. Pero José no se amargó. Y porque no se amargó llegó a ser el segundo en mando. Y al llegar a ser el segundo en mando, vienen sus hermanos y él les da de comer a ellos. Y perdona y ama a aquellos que lo entregaron cuando era un muchachito, y se fue a una tierra lejana sin conocer el idioma, sin conocer las costumbres, y dónde terminó hasta en cárcel, José pudo haber dicho: «Ustedes me hicieron esto a mí y me la van a pagar ahora.» Pero los perdonó y los amó. A lo mejor tú puedes hacer lo mismo, tú puedes decir: «¿Sabes qué? Dios quiere hacer algo en mí, Dios quiere que me de cuenta que las personas valen más que el dinero, y que cositas.» -«Pero Pastor, me pidieron prestado y no me pagaron.» ¿Vale más ese dinero que esa persona? Y déjame decirte algo, no es bueno estar pidiendo prestado. Si alguien viene a pedirte prestado dile, ¿me ves cara de banco? Para eso están los bancos. En serio, yo no creo que sea bueno entre hermanos estarse prestando. Muchos problemas en la Iglesia son porque se han estado prestando dinero y después no pagan. Para eso están los bancos. Tú ve al banco y pide un préstamo si quieres. -«Pero es que el banco no me lo da»- Por alguna razón el banco no te lo da. Si el banco no te lo da porque no confía en ti, porque voy a ser tan tonto en prestarte yo. Y si das prestado, dalo como regalado, ni cuentes que te lo van a pagar, porque después te amargas tú. Así me pasó, hace años y años atrás le presté a un hombre $500 dólares y me dijo: «Pastor, el viernes se los doy.» Pero no le pregunté que viernes, porque todavía estoy esperando que llegué. Y ya hace como 25 años de eso. Pero, ¿Vale más ese miembro que los $500 dólares? Perdono a ese miembro que se llevó $500 dólares. Yo estaba ganando $7,000 dólares al año, sin casa, sin carro, sin nada. Había dejado un trabajo de $18,000 dólares al año para tener un trabajo de $7,000 pastoreando y ahora me quitan $500 de $7,000 era una buena porción. Pero mi pregunta es: ¿Vale más ese miembro que los $500 dólares? En la madurez tú dices: Vale más esa persona.

Dios quiere que seamos como él. -«Pastor, usted está defendiendo a mi enemigo.»- No, yo no estoy defendiendo a tu enemigo, yo te estoy ayudando a ti. Dios está más interesado en ti que en tu enemigo. Mateo 6:12 dice: «Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores..» Y el versículo 14 dice: «Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial.» Si alguien me hace mal a mí y yo no perdono, ahora Dios no me perdona. Si Dios no me perdona, yo no estoy lleno del Espíritu. Si yo no estoy lleno del Espíritu yo no tengo gozo, yo no tengo paz, yo no tengo amor, porque eso es el fruto del Espíritu. Y entonces ando en amargura, miserable, irritado, el mundo apesta, y soy yo el que tiene problemas. Porque no he aprendido a perdonar y a veces hasta con Dios nos amargamos. ¿Por qué me has hecho esto? A mi papá le pasó, cuándo mi mamá murió, yo de seis años de edad, mi padre se amargo porque me llevó a Cuba y Castro rompió relaciones con Estados Unidos, y yo me quedé en Cuba, y él perdió a su esposa y a su hijo en menos de un año. Y él se amargó contra Dios y dijo: «¿Por qué me has hecho esto?» Es una oportunidad de crecer, es una oportunidad de madurar, de decir: «Mi Dios yo no entiendo, pero algún propósito tú tienes.» Pero mi padre se amargó; como algunos de aquí se han amargado contra Dios, nada más porque dicen que Dios no les ha dado algo, que Dios no ha sido bueno. Pero si Dios nos diera lo que merecemos, estuviéramos ardiendo en el infierno ahora mismo. Aún el infierno es mejor de lo que merecemos. Si Dios nos diera lo que merecemos estuviéramos todos ardiendo en el infierno. Y si no estoy en el infierno es por la gracia y misericordia de Dios. Pero nos amargamos contra Dios, al corazón le entra amargura. -«¿Por qué no puedo ser como aquel? ¿Por qué no tengo eso? ¿Por qué me tuvieron que hacer eso?»-. Hay que pelear contra eso. Y si tú no peleas con eso, te destruye a ti. En la Florida pasamos una batalla grande, falsas acusaciones, grandes cosas. Allí la batalla con la Biblia; yo no voy a cambiar mi Biblia, unos americanos que no saben ni hablar español no me van a decir que esto no es la Palabra de Dios, porque ni la pueden leer. A propósito la Biblia Reina Valera si es la Palabra de Dios, es la Biblia para el mundo hispano y es una tremenda traducción. Yo me tengo que parar firme por mis convicciones, y dije: «Lo siento, no puedo cambiar mi Biblia.» Tremenda batalla se formó, tremenda guerra, falsas acusaciones, falsas cosas. Mi esposa y yo pasamos cosas durísimas. Perdimos más de $20,000 dólares personales. Batalla hasta no decir más. Yo tuve que cuidar mi corazón. Pero mi corazón quería amargarse, quería coger odio. Pero una vocecita me decía: «Elmer, no te olvides: Amad a vuestros enemigos, bendecidlos, haced bien, orad por ellos.» Yo no me fui en contra, no puse un ataque nacional que pude haberles hecho, no hice ninguna pelea, yo se lo dejé al Señor. No hace mucho, hasta el Pastor de esa Iglesia se enfermó, y yo le pedí a la Iglesia que oraran por él. Yo no le deseo el mal ninguno, en mi corazón lo he perdonado, si lo viera mañana le pudiera dar la mano. No estoy de acuerdo con él si el está en contra de nuestra Biblia, pero eso es por doctrina no es personalmente; personalmente, si él necesita algo yo le doy, y si mañana está en un hospital y no lo admiten hasta que alguien pague mil dólares o si no va a morir, yo le pago los mil dólares. Y te lo digo de corazón, no estoy mintiendo, delante de Dios. Si yo no hubiera cuidado mi corazón a lo mejor está Iglesia no estaría aquí ahora, las conferencias no estuvieran, mi hogar estuviera destruido y yo amargado. ¿Me hicieron una injusticia? Oh, si, una verdadera injusticia. Pero yo no puedo parar que otros me hagan injusticias, yo nada más tengo que cuidar cómo yo reaccione, cómo yo me sienta. Yo tengo que decir: «Señor tú tienes algo en mente, tú tienes un plan, algo tú tienes para mí, algo tú me quieres enseñar a mí; a lo mejor es por algo que yo mismo he hecho que estoy cosechando lo que sembré. Como dijo David: «me lo merezco, yo he hecho demasiados pecados como para ser maldecido, hay un plan que Dios tiene para mí. Pero Señor, gracias por la prueba porque el oro se purifica en el horno de prueba.»

Te quiero ayudar, no quiero que pierdas el gozo, no quiero que pierdas la alegría, no quiero que pierdas el decir: «Señor está bien, son batallas que tengo que pasar, son acusaciones, pero Señor, ayuda a esas personas, yo no sé porqué hacen lo que hacen, pero ayúdalos, bendícelos…»Míralos como vasijas rotas que necesitan arreglo. Si algo aprendí del Dr. Hyles es que dijo: «La gente en sí no es mala, es gente rota que necesita ayuda.»

Matthew Henry dijo cuándo le robaron un día: «Señor, gracias porque me asaltaron y no fui yo quien asaltó.» Gracias que me hicieron el mal a mí y no fui yo quien hizo el mal. A John R. Rice lo vinieron a asaltar, y él dijo: «Mijo, tú no necesitas sacar una pistola para que yo te de mi billetera, pero ¿en qué condiciones estás que tienes que hacer esto?» Al ratito ya lo había ganado para Cristo. Y después de que ya lo había ganado para Cristo le dijo: «Ahora te voy a dar el dinero, toma todo lo que tengo, no me tienes que robar por el, solo pídemelo y yo te lo doy.»Quizá pienses que fue porque fue John R. Rice. Piensa en qué condición está esa persona que te está haciendo mal. Di: «Señor, ayúdale porque anda mal, anda mal.» En vez de coger odio, amargura y rencor. Y si no nos cuidamos, el que se daña somos nosotros. ¿Alguien te ha hecho una injusticia? – ¡A mí nadie Pastor!- Prepárate porque ya viene, guarda este mensaje porque lo vas a necesitar un día. Porque a todos nos vienen injusticias, lo único es que yo hago con ellas. -¡Pastor, yo no tengo ningún enemigo!- Ya tendrás, ya tendrás. Y cuándo alguien te haga un daño, acuérdate: déjame amarlo, déjame bendecirlo, déjame orar por ellos, déjame perdonarlos como Dios me ha perdonado a mí, déjame tener misericordia como Dios ha tenido misericordia de mí, déjame cambiar mi forma de pensar para poderme sentir bien… Y si haces eso, puedes sacar ese rencor y esa amargura de tu corazón.

Fruto Que Permanece

El fruto del cristiano es otro cristiano. El mandato de ganar almas es para todos los cristianos. Si tú eres creyente, Dios te ha mandado a ganar almas. Por eso, si no estás ganando almas, estás viviendo en pecado. Igual que el que vive en adulterio. El pecado es desobedecer a Dios.

La Biblia nos dice en Proverbios 11:30: «El fruto del justo es el árbol de vida, y el que gana almas es sabio.» ¿Por qué el que gana almas es sabio? Porque está invirtiendo en lo eterno. Un hombre inteligente invierte en la bolsa de mercado en aquello que él sabe que le puede producir bien. Y la persona sabia sabe que lo que se invierte en este mundo es temporal, pero si invierte en lo eterno, es eterno. Es por eso que quien gana almas es sabio.

En Juan 15:1-2, Cristo dijo: «Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. 2 Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.» Un cristiano no puede tener una dulce comunión con Dios si no es ganador de almas. Quienes no ganan almas están en rebeldía de lo que está más cerca del corazón de Dios. Y una vez que tú empiezas a ganar almas y tienes tu fruto, Dios te quiere limpiar, para que lleves más fruto. Continúa Juan 15:3-5: «Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. 4 Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. 5 Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.»

La unión de una mujer y un hombre, de su amor y su vida íntima, produce fruto. Si una relación entre marido y mujer no produce fruto, hay algo que no está bien. Si hay algo malo ó uno de los dos tiene un problema, entonces no viene ese fruto. Porque lo normal es que de esa relación de amor venga un fruto. Si como cristianos, no producimos fruto,  no hay nada malo con el Señor, pero sí con nosotros. Si un cristiano no lleva fruto, es porque no tiene una buena relación con Cristo. La evidencia de una buena relación con Cristo es que va a haber frutos. Lo normal es que haya frutos y más frutos.

Lucas 1:15-16 habla de Juan el Bautista: «Porque será grande delante de Dios. No beberá vino ni sidra, y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre.16 Y hará que muchos de los hijos de Israel se conviertan al Señor Dios de ellos.» El resultado de que Juan el Bautista haya estado lleno del Espíritu fue que logró que muchos de los hijos de Israel se conviertan al Señor.

Hechos 1:8 dice: «Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.» También dice, en Hechos 2:4: «Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.» Lo grande no fue que hablaran otro idioma, lo grande está en Hechos 2:41, donde dice: «Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.» Y Hechos 11:24 habla de Bernabé: «Porque era varón bueno, y lleno del Espíritu Santo y de fe. Y una gran multitud fue agregada al Señor.»

Hay gente que dice: «Yo tengo una dulce comunión con Dios, Dios y yo caminamos juntitos.» Pero cuando les preguntas cuántas almas han salvado, te responden que ninguna. Pues algo no anda bien en esa situación. Porque esa dulce comunión con Dios y esa llenura del espíritu producen muchas almas siendo salvas. Dios quiere limpiarnos para que produzcamos más fruto, y quiere que permanezcamos en Él, para que llevemos mucho fruto. Ese es el deseo de Dios para cada uno. Dar fruto trae bendiciones. Así lo dice la Biblia en Juan 15:7: «Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho.»

Dios nos elige para que llevemos fruto. Eso está muy claro en Juan 15:16:«No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, Él os lo dé.»

Cuando tú te pones a ganar almas, a servir a Dios, a permanecer en Él, caminar con Él y a ser usado en Él para ganar almas, tus oraciones tienen un acceso al cielo como nunca. Tú no puedes patear a mi mujer y a mi hijo, y luego venir a pedirme un favor. Lo siento, pero ya me caíste mal. Y tú no puedes dejar almas irse al infierno y no hacer nada, y luego acudir a Dios y que Él te diga que eso está bien. Dios ama a esas almas y dio a su Hijo por ellas. El pecado de no ganar almas es uno de los más grandes, e impide que nuestras oraciones sean oídas por el Señor. Por eso, hay algo especial para el ganador de almas.

Dice Juan 15:8: «En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.» Una de las formas de ser discípulos de Cristo y manifestarlo es llevando mucho fruto. ¿Por qué? Porque Cristo vino a buscar y a salvar lo que se había perdido. Su corazón late por salvar las almas, y si tú vas tras las almas, estás acercándote al corazón de Él.

En Juan 15:11: «Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido.» «Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán.  irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla; Mas volverá a venir con regocijo , trayendo sus gavillas«, dice el Salmo 126. Hay gozo en servir al Señor y traer las almas. El gozo viene de Dios, y cuando un cristiano lo obedece hay gozo.

Volviendo a Juan 15:16, que comienza diciendo: «No me elegisteis vosotros a mí,  sino que yo os elegí a vosotros.» «Pastor, ahí está, Dios elige quienes son salvos y quienes no», pueden pensar algunos. Pero ese no es el contexto del capítulo. El contexto del capítulo es llevar fruto. El contexto del capítulo es que el cristiano debe ser ganador de almas. Luego Juan 15:16 continúa diciendo: «y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto.»

Tú puedes decidir si quieres ser salvo o no; pero una vez decidas de ser salvo, Dios te elige para que seas ganador de almas. Tú puedes escoger el venir a vivir a mi casa o no, pero una vez que estés bajo mi techo: no te permito fumar, ni tomar, ni decir  maldiciones. Porque yo elijo que eso no se haga. Tú tienes el derecho de elegir entrar o no en mi casa, pero una vez que entres, yo he elegido que no se haga eso. Y tú tienes el derecho de ser o no ser salvo, pero una vez que eres salvo, Cristo te elige para que seas ganador de almas. Eso es lo que Él dice.

Juan 15:16 continúa: «y vuestro fruto permanezca;  para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé.» No sólo basta con lograr fruto, con ganar almas. Hay que lograr que ese fruto permanezca. «Pastor, ¿Por qué es que nuestro fruto no permanece? ¿Qué es lo que nos pasa?», me han preguntado en muchas ocasiones. Yo he ganado almas a Cristo a izquierda y derecha, desde hace mucho tiempo. En una época, salía todos los días a ganar almas, y a veces 25 ó 30 en una semana. Ganaba almas a montones; pero llegaba el domingo y a veces ni uno venía. Yo veía en la iglesia americana que el hermano Fisk traía familias y familias. Y yo pensaba: «¿Cómo lo hace este hombre? Yo también quiero traer familias, y que sean bautizados.» Pasaban los meses y no había ni uno que yo hubiera traído. Él tenía gentes a montones: diáconos, maestros, montones que él había ganado a Cristo. «¿Qué en el mundo puedo hacer?», me dije. Hasta que aprendí lo que él me enseñó y empecé a hacerlo.

Una de las primeras familias que gané fueron Héctor y Nelly Rodríguez. Hoy en día, su hijo que tenía 4 años, es mi asistente pastor. El otro, que aun no nacía, ahora es pastor afuera de Houston, Texas. El otro que nombraron en honor a su servidor, Elmer, está estudiando en el instituto para ser pastor.

Si una persona ganara 300 personas para Cristo al año, qué lindo, qué buen número. Pero si eso es todo lo que hace, al final del año habrá ganado a solo 300 personas para Cristo. Si hay otro que gana cien al año, no es ni una tercera parte. Pero si por lo menos tiene a uno que también se vuelva ganador de almas y gane 100 al año. Al otro año, ellos dos, pueden ganar 100 cada uno y entrenar a otro a ganar 100 más. Al final de 10 años, el primero que salvaba 300 por año, tendrá 3.000 salvos. Pero el segundo, después de 10 años, habrá más de 500 personas ganando almas cada sábado y más de 100.000 salvos. Porque tenían fruto que permaneció. Dios no quiere sólo que los ganemos, Dios quiere más que eso. Para que el fruto permanezca: debemos realizar la gran comisión.

1. Realiza la gran comisión

La gran comisión está explicada en Mateo 28:18-20 dice: «Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. 19 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; 20 enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.»

La gran comisión tiene cuatro verbos, cuatro cosas que el Señor quiere que tú hagas:

1.      Ir

2.      Hacer discípulos

3.      Bautizarlos

4.      Enseñarles

No alcanza sólo con realizar una de ellas, hay que hacer las cuatro.

Algunos dicen: «Pastor, yo fui, repartí tratados. ¿Cumplí con la Gran Comisión?» «No. Sólo fuiste a repartir folletos, pero no cumpliste con la Gran Comisión.» Lo primero que tenemos que hacer para que el fruto permanezca es cambiar nuestra forma de pensar. Y aceptar que solo ir y pasar tratados no es la gran comisión. Hay que ir, ganarlos para Cristo, bautizarlos y enseñarles. Hasta que no se hacen las cuatro cosas no se cumple con el Señor. Sólo ir y pasar tratados no es la gran comisión. Ir y ganarlos, tampoco. Ganarlos y que se bauticen, tampoco. Se necesitan los cuatro verbos. Debemos hacer todo para cumplir con la gran comisión. Entonces yo puedo ganarles a Cristo, llevarlos a la iglesia, que sean bautizados y enseñarles a ir conmigo a ganar almas. Y repetir el proceso, para que haya ganadores de almas, y ganadores de almas, y ganadores de almas. Yo empecé haciendo esto solito en Indiana, y cuando terminé había cientos de personas saliendo a ganar almas. Hay que reproducirse en otros. A Héctor y Nelly Rodríguez los gané para Cristo. Pero no paró ahí. Los trajimos a la iglesia, se bautizaron. Pero no paré ahí. Seguí visitándoles durante seis meses, visitándolos en sus casas. Al tiempo ya me acompañaban a hacer visitas, y los llevé conmigo para ganar almas.

2. Explicar bien el plan de salvación.

El segundo paso es explicar bien el plan de salvación. Es sencillo, pero nadie es salvo por una oración si no hay fe en esa oración. El plan se divide en dos partes. La condición y la solución. La condición nuestra es que todos hemos pecado. Romanos 3:10 dice: «Como está escrito: no hay justo, ni aun uno.» La Biblia dice que sólo los justos irán al cielo, pero ¿si no hay nadie justo quien va a ir al cielo? Los que hemos sido justificados por la fe. Nadie es justo, solo Cristo. Romanos 3:23 explica: «Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.» Quiere decir que no merecemos el cielo porque hemos pecado. Dios sacó a Adán y Eva del paraíso por un solo pecado. Y nosotros hemos cometido más de uno.

También es muy importante recordar que hay un castigo por el pecado, que es la muerte física y espiritual. Romanos 5:12 lo dice así: «Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.» Adán peco, y murió. Y eso nos sucederá a nosotros. No sabemos cuándo, no sabemos cómo, no sabemos dónde. Pero sí sabemos que vamos a morir, porque hemos pecado. Romanos 6:23a nos dice: «La paga del pecado es muerte.» Ahora, ¿qué es la muerte? La muerte no es parar de existir. La muerte es separación. Cuando mi alma se separa de mi cuerpo, mi cuerpo muere. Esa es la primera muerte. Cuando mi alma es separada de Dios al infierno, esa es la segunda muerte. Esto está explicado en Apocalipsis 20:14-15: «Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. 15 Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.» Y Apocalipsis 21:8 agrega: «Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.»

Pero Romanos 6:23b nos dice: «mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.» Somos pecadores y merecemos el infierno, pero Cristo nos quiere regalar vida eterna. ¿Cuál es la solución? La solución es que Cristo murió por nosotros. Cristo pagó por nuestros pecados. Está en Romanos 5:8: «Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.»

Él nos salvo, y nosotros debemos creer en Él. Romanos 10:9-10 dice: «Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. 10 Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.» Comprender esto es muy importante para nuestra vida. Tal vez algún día tengan un familiar muriéndose en la cama pidiéndonos ayuda para ir al cielo. Llamarán al pastor, y cuando este llegue, el familiar habrá muerto y Dios te llamará a ti para pedirte cuenta porque no aprendiste a ganar almas cuando quisieron enseñarte.

Si creemos de corazón en Cristo, Él nos salvará. Eso dice Romanos 10:13: «Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.» Y Romanos 10:11 dice: «Pues la Escritura dice: Todo aquel que en Él creyere, no será avergonzado.» Y por último, Mateo 10:32 nos cuenta: «A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos.»

Entonces, en la condición tenemos dos cosas fundamentales:

1.      Todos somos pecadores

2.      Hay un castigo por el pecado: la muerte física y espiritual

Otro de los errores que yo tenía es que era una ametralladora ganando almas. Iba muy rápido, y no le daba tiempo a la gente ni para respirar. La forma correcta de hacerlo es lentamente:

-¿Si tú murieras hoy, irías al cielo?

– No lo sé

– Te puedo explicar de la Biblia como un pecador puede ir al cielo ¿Te gustaría saberlo?

– Sí
La primera cosa que necesitamos saber es cuál es nuestra condición. Al igual que un doctor hace un diagnóstico para ver cuál es nuestro problema, y después nos da la solución. Debemos ver nuestra condición, y luego la solución. Nuestra condición es que somos pecadores. Si queremos ganar un alma, debemos leerle los versículos, dos veces si es necesario. Luego, explicárselos. Y después lo aplicamos: debido a que hemos pecado, no merecemos el cielo.

Si yo desobedezco las leyes de la ciudad y me agarran ¿Qué ocurre? Consecuencias. Si mis padres se daban cuenta de que hacía algo malo, recibía un castigo. Entonces, si desobedecemos a Dios, también tenemos un castigo, que es la muerte física y espiritual.

En Apocalipsis nos habla del infierno. ¿Cómo sabemos que hay un infierno? Nunca lo hemos visto. Pero sí conocemos a alguien que lo ha visto y no miente. Su nombre es Jesucristo. Si el Señor Jesucristo me habla de un infierno literal de fuego, yo le creo.

¿Quién merece el infierno? Todos los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos.

-¿Cuántos bancos tengo que robar para ser un ladrón?

-Uno

-¿Cuántos veces hay que cometer adulterio para ser un adultero?

-Una

-¿Cuántas mentiras hay que decir para ser un mentiroso?

-Una

Este es el proceso para enseñar que un solo pecado nos condena al infierno. Un ganador de almas no puede saltar directamente a la conclusión, ya que quien nos escucha no estaría preparado.

No hay una medida de cuantas almas hay que ganar. Hay que tomarse el tiempo necesario con cada persona. Ganar almas es una cirugía, no hay hacerlo en cinco minutos. La forma de aprender es haciéndolo. Al principio yo llevaba fruto. Después más fruto. Y tuve que aprender mucho para llevar fruto que permanezca.

Cristo murió por nosotros, y pagó nuestros pecados. Y Él dice que si de corazón crees y de boca le pides, Él te salvará. Él quiere salvarte. ¿Pero que le impide salvarte? El que tú se lo pidas de corazón. Debemos enseñarles a las personas a orar, que le pidan su salvación a Cristo.

3. Enséñale lo que Dios espera de él

Debemos enseñar lo que Dios quiere de los hombres. Dios quiere que tú admitas que le has pedido a Cristo que te salve. Eso dice Romanos 10:13: «Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.» Y Romanos 10:11 afirma: «Pues la Escritura dice: Todo aquel que en Él creyere, no será avergonzado.

4. Guíalo a que le prometa a Dios que va a ir contigo a la iglesia

Por eso debemos ir a la Iglesia. Debemos guiar a que las almas que salvemos le prometan a Dios que van a ir a la Iglesia. Hay que explicarles lo sumamente importante que es esto:

Yo les digo: -¿Tú le pediste a Cristo que te salvara?

– Si. Lo hice.

-¿Qué quiere Dios que hagas por Él ahora? El quiere que vayas a la iglesia y lo hagas público. Vas conmigo a la iglesia, damos tu nombre, leemos tu nombre, tú te pones de pie y con eso tú estás diciendo que le has pedido a Cristo que te salve. ¿Estás avergonzado de Cristo?

-No, no lo estoy.

-Entonces, por todo lo que Cristo ha hecho por ti, ¿no harías esto por Él? Algo tan sencillo. ¿Lo harías?

-Sí, lo hago.

-¡Sí! Qué bueno. Entonces mañana puedes ir conmigo a la iglesia. Pero, sabes que… Yo me he fijado, que si no le prometemos algo a Dios, no lo hacemos. Entonces, ¿Por qué no se lo prometemos a Dios? Vamos a orar un momentito.

¿Por qué tú no le das las gracias a Dios por haberte salvado? Puedes orar algo así: Señor Jesús gracias por salvarme. Gracias por darme vida eterna. Gracias por morir en la Cruz por mí. Yo te prometo que mañana voy a ir a la iglesia. Te lo prometo mi Dios. En el nombre de Cristo.

Después de la oración le pregunto: -¿Le prometiste a Dios que mañana irías a la iglesia? ¿Palabra de Hombre?

Y le doy un gran apretón de manos.

5. Llámele por teléfono.

Llámele por teléfono el Domingo por la mañana.

-Hay pastor, no voy a poder ir.

-Ha, pero tú le prometiste a Dios. Es seria cosa prometerle a Dios y no cumplir. Usted le prometió a Dios. Es mejor que lo hagas. Yo tuviera miedo no hacerlo.

6. Pase por él.

Pase a recogerlo.

7. Siéntate con él.

Siéntate en la iglesia con él.

8. Pasa al frente con él.

9. Y sigue trabajando con él hasta que lo hagas un ganador de almas.

Espero que estás recomendaciones los ayuden para tener el fruto que permanezca.