El Da Mayor Grácia

Santiago 4

1¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros?  ¿No es de vuestras pasiones,  las cuales combaten en vuestros miembros?  2Codiciáis,  y no tenéis;  matáis y ardéis de envidia,  y no podéis alcanzar;  combatís y lucháis,  pero no tenéis lo que deseáis,  porque no pedís. 3 Pedís,  y no recibís,  porque pedís mal,  para gastar en vuestros deleites. 4¡Oh almas adúlteras!  ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios?  Cualquiera,  pues,  que quiera ser amigo del mundo,  se constituye enemigo de Dios.

5 ¿O pensáis que la Escritura dice en vano: El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente?  6Pero él da mayor gracia.  Por esto dice: Dios resiste a los soberbios,  y da gracia a los humildes. 7Someteos,  pues,  a Dios;  resistid al diablo,  y huirá de vosotros. 8Acercaos a Dios,  y él se acercará a vosotros.  Pecadores,  limpiad las manos;  y vosotros los de doble ánimo,  purificad vuestros corazones.

9 Afligíos,  y lamentad,  y llorad.  Vuestra risa se convierta en lloro,  y vuestro gozo en tristeza.

10 Humillaos delante del Señor,  y él os exaltará.

Pareciera ser que en nuestros días, nosotros Bautistas Independientes Fundamentales hemos cometido un grave error:

El pensar que lo que hacemos es lo más importante.

Lo que hacemos no es lo más importante, lo que somos es lo más importante. Es más importante lo que somos que lo que hacemos, y si somos lo que deberíamos ser, vamos a hacer lo que deberíamos de hacer. Estaba hablando con un siervo de Dios hace poco, estábamos hablando en una reunión y decía: «Sabe hermano, yo creo que ya hemos pasado el tiempo donde no necesitamos este asunto de cómo hacer esto, y cómo hacer aquello» Y es cierto ya hay un lugar para organizar una escuela dominical, un programa de ganar almas, cómo establecer unas rutas y ahí se presta para un ministerio de autobuses y tantas otras cosas en el ministerio. Yo creo que lo que más necesitamos es arreglar el corazón, porque hemos llegado a creer que producción es lo que distingue la presencia de Dios en una obra o un ministerio. Incluso eso hasta está afectando a algunos siervos de Dios y misioneros. Noé predicó ciento veinte años, y qué pobres resultados tuvo, probablemente no hubiera sido invitado a estas reuniones por ser un resbalado y nada más ver ocho  personas salvas. Quiero hablarles de algo, este mensaje lo he hablado años y años atrás, pero más y más estoy regresando a algunas cositas que antes decía y creo que el Señor quisiera decirnos. A lo mejor Dios quiere seguir martillando algo ahí, ¿verdad?

El libro de Santiago es uno de mis libros favoritos en la Biblia, y quizás la razón que me encanta Santiago, es que Santiago es un libro transparente. Yo no sé pero pareciera ser que estamos tan ocupados en impresionar a medio mundo de que todo lo tenemos en orden. Y yo leo a los cristianos del Nuevo Testamento y parece que Usted y yo tenemos las cosas más en orden que ellos. Este libro fue escrito a  cristianos, y las cosas que les dice a los cristianos, todo el tema del libro es la conducta de la fe. Cómo se porta el que cree, en qué se muestra la fe de una persona, comienza a hablar de pruebas y dice tener por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia, y nos está hablando de que la fe se muestra en creyentes en tiempos de dificultad. Y luego continúa diciendo a los cristianos, cuando alguno es tentado no diga que ha sido tentado de parte de Dios.

Cuando estamos pasando por tiempos difíciles, a veces cosas que nosotros mismos hemos

creado ¿Le echaría la culpa un cristiano a Dios? ¡No! Estos cristianos sí, pero Usted y yo no.

Y luego nos habla sobre ser hacedores y no tan solamente oidores de la palabra, y continúa

en el capítulo 2 hablándonos de tener cuidado de hacer acepción de personas. No sé si está hablando de los ujieres, que cuando entra alguien a la iglesia con un anillote, los sientan en el primer asiento y luego entra uno con huarachitos y le dicen «siéntese ahí» o «quédese ahí en el piso». Está hablándole a cristianos, ¿cristianos hacen acepción de personas? ¡No! Estos hermanos, estos hermanos a los que les escribía Santiago sí, pero yo sé que todos nosotros nada de lo que dice Santiago. Dios nos recalca y vuelve a enfatizar, y se nos da el tema completo del libro cuando nos habla de la relación entre la fe y las obras, y dice la Biblia que la fe sin obra es fe muerta y no está hablando de salvación, está hablando de la inefectividad de una persona que dice que cree y no vive como él dice que cree. Su fe es inefectiva.

Y luego el capítulo 3 pasa todo el capítulo hablando de la lengua. Y lo venenoso que es la lengua y en sí nos da el requisito para que alguien sea maestro de la palabra de Dios, habla de madurez, y ¿saben quién dice que es maduro? Dice la Biblia que  el que sabe controlar su lengua. Pero está hablando a esta gente, Usted y yo no tenemos problemas con la lengua. Está hablando a cristianos, y yo sé que hay algunas personas que creen que ya llegaron a ser una cuarta parte de la Trinidad. Y la razón que el diablo nos toca la ventana tantas veces es porque nos creemos sobre y encima de tantas cosas. Yo no sé de ti, yo tengo luchas, yo tengo batallas, hay guerra; a lo mejor tú ya llegaste. El Apóstol Pablo dijo: «no pretendo haberlo ya alcanzado». Quizás ya tú llegaste, Pablo dijo «yo no he llegado todavía».

Y en el capítulo 4, comienza así: «¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros?» ¿Cristianos se pelean? ¿Pastores se pelean?

Cristianos se pelean, hay conflictos. Y luego en los próximos versículos, veo yo que comienzan a delinear lo que pienso yo son los enemigos y la batalla más grande que nosotros como hijos de Dios tenemos, y luego nos da la solución. Cuando hace la pregunta «¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros?» Los dedos empiezan a apuntar por todos lados. Y Santiago dice: «¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros?»  Y luego después continúa al decir «¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo  es enemistad contra Dios?» Luego el versículo 7 dice: «Someteos pues a Dios, resistid al Diablo y huirá de vosotros». Allí encontramos los tres enemigos  del cristiano. Y me atrevo a decir que estamos viendo cristianos derrotados, con poca victoria, porque el cristiano común está peleando sabrá que tantas otras cosas menos estas tres cosas. Nuestra atención, nuestro esfuerzo, nuestra lucha, nuestra batalla está donde no debería de estar. El cristiano común está peleando lo que no debe de pelear. Y leo en el versículo seis que dice: «Pero Él da mayor gracia, acercaos a Dios y Él se acercará a vosotros». Me molesta oír hijos de Dios, siervos de Dios, casi hasta presentando un tipo

de acusación en contra de Dios. «Pues yo trato, yo he querido acercarme a Dios pero…» como que si Dios es el problema. No, mira, te voy a decir una cosa, la Biblia dice: «Acercaos a Dios y Él se acercará a vosotros». No me vengas a decir a mí, que tú con toda el alma y todo el corazón y humildad vienes delante de Dios queriendo acercarte a Él y que Dios no responde, ¡no me digas eso a mí! Eso es mentira, eso no es cierto. Digo, o tú tienes razón o Dios tiene razón, o Dios es un mentiroso. Y Dios no es un mentiroso, Dios dijo: «Acércate a mí y yo me voy a acercar a ti». Pero habla con los cristianos, y pareciera ser por la manera en que hablan, que Dios en alguna manera tiene la culpa de las cosas.

El leproso vino a Jesús y le dijo: «Si quieres puedes limpiarme». Jesús dijo: «¡Quiero! Se limpio». Nos quita de ese famoso dicho: «Pues, si Dios quiere». Dios sí quiere, dije Dios sí quiere, la pregunta es: ¿quieres tú?

Aquí Santiago pregunta: «¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros?» Mientras todos pensarían «mi problema es alguien más», Santiago dice: «No, los conflictos, las guerras, los problemas vienen dentro de ti». ¿No es de vuestras pasiones las cuales combaten en vuestros miembros? Y pareciera ser que las virtudes del corazón hoy en día no son importantes y las hacemos a un lado. Encontraba la descripción de un cristiano carnal, que vive deseando lo que no tiene: «Codiciáis y no tenéis, matáis y ardéis de envidia y no podéis alcanzar. Combatís y lucháis». Está describiendo a un cristiano que en su carne anda en conflicto, anda en pleito, anda en dificultades con otras personas, y en realidad el problema se encuentra dentro de él. Tu carne es la misma carne que el día que fuiste salvo. ¡Hay tanta carnalidad hasta en nuestros púlpitos! ¡Tanta carnalidad! Digo, cristianos que a duras penas se ven que luzcan como Jesús. Actitudes torcidas. Hablamos tanto del poder del Espíritu Santo, pero no se oye a muchos hablar del fruto del Espíritu Santo. Quizás porque no lo tenemos. Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, ¡gozo!, gozo, eso es novedoso para un siervo de Dios. Amor, gozo, paz, paciencia, bondad, fe,

mansedumbre, templanza, contra tales cosas no hay ley.

Y lo que quiere decir «contra tales cosas no hay ley», quiere decir que cuando una persona es controlada por el poder del Espíritu Santo, no hay situación, circunstancia o persona que pueda cambiar la posición de una persona controlada por el Espíritu Santo. Contrario de una persona controlada por su carne. En otras palabras, no podemos decir: «Ay mira, te grité y te traté mal porque me sentía con un dolor de cabeza», «estaba cansado», «tuve un mal día». Pablo dijo: «Yo sé que en mí, en mi ser ¡no-mora-el-bien!». En ti y en mí no mora el bien. Tenemos una carne, tenemos una naturaleza que se inclina a hacer su voluntad, revelarse contra Dios, y hacer su propia voluntad. Y mientras tú y yo pensamos que el problema es alguien más, el apóstol dice: «El problema lo estás mirando en el espejo cada mañana». Hay siervos de Dios, que yo he oído literalmente decir: «Tengo tal y tal y tal y tales enemigos». Déjame decirte, el enemigo más grande que tú tienes eres tú. Nadie puede destruirte, alguien puede motivarte a una autodestrucción, pero nadie puede destruirte. Y la verdad es que vemos a siervos de Dios cayendo, los vemos cayendo en pecado, perdiendo sus ministerios, haciendo cosas increíbles, tratando a la gente de una manera que un siervo de Dios no debe de tratar a la gente. El siervo de Dios no debe ser contencioso, sino amable para con todos. ¡Qué difícil! Que difícil encontrar un siervo de Dios con amable disposición, pareciera ser que hoy en día para ser Bautista Independiente Fundamental tiene que andar con una cara amargada, con una mirada de «quítate de ahí porque te mato». Y lo que pasa es que es pura carne.

Y todos tenemos que comprender que apartados de la gracia de nuestro Dios, nuestra carne es capaz de lo peor, que nuestra carne es capaz de lo peor.

La palabra de Dios dice que el que controla su propio espíritu es más fuerte que el controla y conquista una ciudad. Yo he estado en presencia de siervos de Dios que viene la secretaria y y le dan unos gritos a la secretaria. Digo, ¿es que no tuvo ni vergüenza en tratar así a esta hermanita en mi presencia? ¿Cómo tratará a su mujer? ¿Y se llama siervo de Dios? Ah, pero es que «ése es mi temperamento». Deja de estar haciéndole caso a Timmy Laheigh. El problema es éste, él está hablando aquí de cristianos con conflicto, con guerra, con pelea, y está describiendo un cristiano carnal que vive en codicia, que vive envidiando, que combate, que para conseguir lo que desea hace lo indebido, pero batalla, lucha y se frustra tratando de alcanzar lo que quiere y no lo puede tener. ¡Está hablando de un cristiano!

Y luego nos presenta nuestro segundo enemigo, el versículo cuatro que dice: «¡Oh almas adúlteras!» Que expresión más fuerte. ¡Es una expresión fuerte! «¡Oh almas adúlteras!» Qué horrible es el adulterio. Ha sido un gozo servir al Señor, pero en veintiséis años que tengo pastoreando la Iglesia, no hay momentos más difíciles y más dolorosos para mí que cuando yo tengo que venir en medio de un hombre y una mujer y tener que avisarle a él o a ella, que su esposo o su esposa le ha sido infiel. Los pastores que han pasado por ello, saben lo que eso es. ¡Es horrible! Es espantoso. Recientemente tuvimos algo que sucedió de nuevo, yo tener que sentarme allí frente a este muchacho, decirle: «Mira hijo, este…, perdóname, yo no sé cómo decirte esto,  no tengo palabras para poder aliviar el dolor de lo que tengo que decirte, tu esposa…, te ha sido infiel». Y verlo al principio como sin creerlo, dice: «You’re kidding, you’re playing with me preacher, right?» And I said: «I wish, I was». «¿Está jugando conmigo Pastor? ¿Está bromeando verdad?» Yo quisiera estar bromeando. Después de ver que yo no estaba jugando, verlo volverse casi completamente loco: «¡No, no, no, no, no puede ser, no, no, no, no, no!» ¡Horrible, espantoso! Pensar que a quien le entregaste tu corazón y tu ser y tu confianza, la persona más cercana a ti, a quien por orden de Dios está tan cerca a ti, que el Señor usó la expresión: «una sola carne», ha estado en los brazos de alguien más. Que horrible. Espantoso, qué doloroso. ¿Crees tú que el Señor estaba tratando de decirnos algo cuando nos dijo: «Oh almas adúlteras? ¿Tú crees que estaba tratando de decirnos algo ¡Él nos ama! Nos ama, somos de Él, le pertenecemos a Él, somos la novia y la esposa prometida de Él. Y la Escritura dice: «¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios ¿O pensáis que la escritura dice en vano: El espíritu que Él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente? » La mundanalidad es adulterio espiritual, y mientras tú y yo estamos echándole la culpa a algo o alguien de la falta de victoria en nuestras vidas, no entendemos que en primer lugar tenemos esta carne que es vil, que es mala, que es perversa, tenemos un corazón engañoso. Dice la Biblia: «¿Quién lo conocerá? » Es perverso sobre todas las cosas, que quiere hacer su voluntad, que insiste en hacer lo que quiere; y luego tenemos un mundo que atrae a nuestros deseos y a nuestra carne y llama a nuestra carne.  La palabra de Dios dice: «No améis al mundo», y normalmente paramos allí, pero sigue leyendo, y dice: «ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él». El mundo, hasta en siervos de Dios está ahogando el amor que le pertenece a nuestro Dios. ¡Ahogando el amor que debería de ser absolutamente y exclusivamente de nuestro Dios con el materialismo!
Y nosotros, he dicho varias veces que nosotros Bautistas Independientes Fundamentales, parece que de una manera muy conveniente hemos establecido nuestra propia justicia y la hemos limitado a todas nuestras cosas: «Pues mire, yo me corto el pelo bien, me visto bien, no voy al cine, no tomo, no bailo, yo no soy mundano» Tú dime, qué tu haces con la Biblia y yo te voy a decir dónde está tu corazón, porque mundanalidad es amor a las cosas que el dinero te puede conseguir. Y este país espiritualmente está en una decadencia porque los hijos de Dios, aunque no quisiéramos admitirlo se han vuelto mundanos, tienen su amor en  las cosas. Yo no estoy en contra si Dios te  prospera y Dios te da, porque Dios prospera y da. Pero hay siervos de Dios que inclusive andan afanados buscando más el dinero que ser lo que deben de ser y hacer la obra de Dios como deben de hacerla. Aún aquellos que estamos entrenados, pareciera ser que hoy en día todo tiene que estar en orden o si no, no toman un paso. La primera pregunta es: «¿Cuánto me van a pagar?».

Y el mundo es astuto y es engañoso, y cuando menos pensamos ahí estamos mareados con las cosas del mundo, y el amor al mundo roba nuestro amor a Dios.

Por años, mis colegas los americanos me hablaban de lo que ellos describían, decían que era: «Summer slomp«. Y yo: «Summer slomp, what’s that?, never had done of those, what’s a summer slomp?» «Ah bueno, pues tú sabes, es cuando las ofrendas bajan y la asistencia baja, todo baja». Por años, yo nunca supe lo que era eso, el año pasado, por primera vez supe lo que era un «summer slomp». ¿Sabe lo que sucedió? Nuestra gente se americanizó. Yo no estoy interesado en americanizar al mundo, yo amo este país, I love America. Pero yo no puedo promover lo que este país se ha convertido, porque este país ha volteado su espalda a Dios por el materialismo.

Y mientras nosotros estamos acá ocupados, peleando contra aquél, peleando contra aquello, el conflicto acá, el conflicto allá, aquí está una carne que está haciendo lo que se le pega la gana a un mundo que está abanicando los deseos de la carne.

Y luego nos presenta a un tercer enemigo: resistir al diablo.

La gran mayoría de nosotros estamos peleando lo que miramos, la gran mayoría de nosotros estamos peleando lo que vemos al frente de nosotros. Si el Señor permitiera que el velo de la humanidad se hiciera a un lado nada más por unos cinco segundos, nos espantaríamos, nos espantaríamos. No sé si entienden eso, estamos en guerra, ¡estamos en guerra!

¡Y nuestra lucha no es contra sangre ni carne!, ¡nuestra lucha no es contra sangre ni carne!, ¡nuestra lucha no es contra sangre ni carne! Mira a tu vecino, mira a tu hermano, mira a tu colega predicador, mira a tu esposo, tu esposa, mira a la Iglesia, ¡nuestra lucha no es contra sangre ni carne! Y el cristiano común está peleando contra sangre y carne, mientras que el diablo, el verdadero enemigo de Dios y de su pueblo, el calumniador, anda haciendo fiesta y parece que no hay quien lo pare. Porque nosotros los cristianos estamos señalando enemigos equivocados acá, mientras la carne, el mundo y el diablo nos están dejando un sin número de cristianos derrotados, desanimados, sin victoria, sin visión, sin deseo, sin amor a Dios. Y bien, yo no sé de ti, pero ver estos tres enemigos formidables es para tirar las manos en el aire y decir: «Señor, ¿Quién es suficiente para estas cosas?». Yo no sé, a lo mejor tú tienes control completo de tu carne. Yo no me preocupo de muchas cosas: ¿dinero? yo necesito mucho dinero ahorita.

A veces hermanos me dicen: «Oiga Pastor, ¿cuánto debe?»

– Millones-, «¿Y cómo duerme?»

-Bueno, a veces me gusta dormir de ladito, o de pancita, yo duermo-.  No hay hermanos que a mí me quiten el sueño, no hay problemas que me quiten a mí el sueño. Te voy a decir qué me quita el sueño: ¡Yo!, yo, porque a veces esta vil y cochina carne a veces hace lo que no debe hacer, y eso me aflige, me aflige, me preocupa, me duele, y el mundo y el diablo.

Si no fuera porque Dios ha cercado alrededor de nosotros, el diablo ya hubiera acabado contigo y conmigo. Yo no puedo pelear contra mi carne, mi carne gana. Yo no puedo pelear contra el mundo. Es bien tonto el cristiano que piensa que puede enfrentarse a Satanás. Pero por eso es que allí en el versículo seis se nos da el remedio.

Dice: «Pero Él da mayor gracia».

Pablo le dijo a Timoteo:

«Esfuérzate en la gracia. Timoteo, mira, tengo unas instrucciones qué darte, pero al final de todo déjame decirte que todo es por gracia». ¡Todo es por gracia! Fuimos salvos por gracia. Porque por gracia sois salvos por medio de la fe. El apóstol Pablo dijo: «Por la gracia de Dios soy lo que soy». A los cristianos se nos ha exhortado antes bien crecer en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. El Señor le dice al apóstol Pablo: «Bástate mi gracia». En la Biblia, la palabra gracia es descrita en distintas formas. La Palabra de Dios en Hebreos nos dice: «Mirad bien, no vaya a ser que alguien falte de alcanzar la gracia». Porque la vida cristiana es una gracia.

¿Sabías tú que la vida cristiana, tú y yo no la merecemos? Yo no merezco esta vida, yo no merezco estar detrás de un púlpito, yo no merezco este bendito libro, la carta de amor de Dios para mí, yo no merezco la familia que Dios me ha dado, yo no merezco sus bendiciones, yo no merezco ser pastor, ni ser cristiano, yo no merezco toda la felicidad que he experimentado cuando vivo para el Señor. ¡La vida cristiana es una gracia! Es descrito como un favor que tú y yo no merecemos. Es descrito como capacitación y empoderamiento. Por eso es que Dios le dijo al apóstol: «Bástate  mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad». Gracia en su madurez, es descrita cuando llegamos a aquel lugar en nuestra vida donde comenzamos a lucir como Él. No hay una mayor expresión que nos haga lucir más como Él, que cuando nos olvidamos del yo y vivimos para otros. Porque ya conocéis la gracia, la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que siendo rico se hizo pobre, para que nosotros con su pobreza fuésemos enriquecidos.

Quiero decirte que nos falta crecer en gracia, y más que ninguna otra cosa, yo creo que lo que tú y yo necesitamos es la gracia de Dios, porque sin ella no podemos. Tenemos una carne que es vil, un mundo que es engañoso, un diablo que es un mentiroso, un cobarde, enemigo de Dios y de su pueblo. Pero la palabra de Dios dice: «Él da mayor gracia», abundante gracia, constante gracia, pero mira lo que dice: se la da a los humildes. Dijo aquél: «¿Verdad? Yo estoy tan orgulloso de que soy humilde». ¿Qué es la humildad?, ¿qué es la humildad?, ¿quién te hizo experto a ti en humildad?, ¿qué es humildad?, ¿andar callados?, ¿mirar con la cabeza agachada? A veces esa es la gente más orgullosa.

Yo creo que para entender qué es humildad, deberíamos aprender de quien fue el ejemplo de humildad. Jesús dijo: «Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón».

La humildad bíblicamente no tiene mejor definición que aquella que cuando la Escritura nos dice: «Haya, pues, en vosotros  este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo…»

Y a propósito es un acción voluntaria.  Es una acción voluntaria, «se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en condición de hombre, se humilló a sí mismo». Mira, ¿en qué se mostró su humildad?  En que se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.  Humildad es obediencia. Humildad es obediencia; y en sí es precisamente el cochino orgullo, que se resiste en contra y encima de la voluntad de Dios. La razón que no obedecemos es que no somos humildes.

Y dice la Biblia que la gracia que tú y yo necesitamos para combatir contra la carne, el mundo y el diablo, Dios quiere darla, pero la da solamente a los humildes. Por lo cual la palabra de Dios nos dice en Hebreos 12, que Dios tiene un plan para que tú y yo alcancemos la gracia de Dios. Eso quiere decir que todo el plan y el propósito que Dios tiene para ti y para mí, nos pone en el lugar donde podamos recibir esta gracia, así como lo hizo con el apóstol Pablo.

La gran mayoría de las cosas que tú quieres que Dios te quite, son las cosas que tú necesitas. La gran mayoría de lo cual tú te quejas, es probablemente lo que Dios tiene para mantenerte en el lugar donde tú debes estar para que Dios pueda mantenerte en su gracia. Un día yo estaba quejándome con el Señor, (yo sé que tú no, yo soy más pecador que tú, yo sé) y el Señor me dijo: «Bueno Ezequiel, ¿qué quieres? ¿quieres que todo esté bien? ¿Si?¿No quieres tener ningún problema?» Allen Red Pas dijo: «Cuando Dios quiere hacer algo imposible, Él agarra a alguien que es imposible y lo desmorona y lo hace polvo». Y esas cosas son aquellas contra las cuales tú y yo más veces nos estamos quejando.

«¡Oh! Yo no quiero esto…» ¡No! ¡Bástate mi gracia! Pero dice la Escritura que Él resiste al soberbio. Y si medio mundo me resiste a mí, no me aflige. Pero si mientras medio mundo me favorece y Él me resiste, hay un problema.

La palabra resistir ahí es un término militar que habla de un enemigo posicionarse para enfrentarse contra su adversario. Está diciendo que Dios hace guerra contra el soberbio.

«¡Ay! Yo no sé qué pasa, nada me sale bien, y hago esto, hago aquello y parece que nada resulta. ¿Será que Dios me está resistiendo? Pero es que yo entendí que así se hace, y averigüé y aprendí aquí y fui al Instituto y me dijeron y…»

El caballo se prepara para la batalla, pero la victoria es del Señor. En esta última semana, te aseguro que todos hemos tenido luchas y conflictos. Hazte una pregunta, sé honesto contigo mismo: En todo tu conflicto y tus luchas de esta semana, ¿Cuánto de esta batalla y ese conflicto se ha dirigido hacia estos tres enemigos tuyos? La carne, el mundo, y el diablo hacen fiesta con el cristiano común mientras él anda pelando sabrá qué. ¡Atención a todo!, la culpa, el problema es todo. Mientras esos tres enemigos que tú y yo tenemos tienen rienda suelta a seguir haciendo que tú resultes en un cristiano fracasado sin victoria, sin gozo, sin ánimo. «¡Pero yo no puedo contra mi carne, Pastor!» -Yo tampoco- «Y el mundo a veces…» -A mí también- «¡Y Satanás…!» -Lo he sentido respirarme en el cuello cantidad de veces-. Yo necesito la gracia de Dios, tú también, pero se la da sólo a los humildes. Y mira, yo no sé dónde tú estás, pero si hay áreas de resistencia en tu vida  ten por seguro que tú te encuentras no solamente resistiendo a Dios, Él se encuentra resistiéndote a ti. Y haz batalla, vive como aquél cristiano: codiciando, envidiando, luchando, peleando, no alcanzando nada, derrotado, o humíllate y entrégale esas áreas de resistencia al Señor. ¿Se nos ha mandado o no se nos ha mandado «id y hacer discípulos»?, ¿Sí o no? ¿Cómo vamos a hacer discípulos si nosotros no somos primero? Digo, si voy a ser discípulo, tengo que ser uno primero. Hay un montón de gente salva que no son discípulos, fíjate que no son discípulos, no lucen nada como el Maestro que yo conozco, y no es difícil, no es difícil, no es «cincuenta pasos el discipulado». Hemos llegado a pensar que la madurez en el discipulado es meter un montón de información bíblica en la cabeza de una persona. Jesús dijo: «no es muy complicado, es así de sencillo, si alguno quiere venir en pos de mí». Y a propósito Dios no se opone, si alguno quiere, si alguno quiere, Dios no se opone a nadie. «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame». ¿Por qué es que en la gran mayoría de nosotros, hace años que Dios no hace cambios en tu vida? ¿Por qué?  ¿Por qué?  ¿Ya llegaste? ¿Ya llegaste? ¿Tú ya llegaste? Yo no he llegado, el apóstol dijo: «no pretendo haberlo ya alcanzado». Te voy a decir dónde paró, paró cuando te enfrentaste con algo contra lo cual no quería pegarte, a lo cual no querías morir y Dios no da gracia al soberbio, ¿se la da a quién?, a los humildes.

Mi Dios, ¿qué hay de nosotros que tú no conoces? ¿Qué está escondido a tu vista mi Dios? ¿Qué hay de lo cual tú no estás enterado? Afanados y preocupados tantas veces por presentar la imagen que pensamos que otros quieren ver, hay lucha mi Dios, hay batalla, hay una carne que es vil y necia y terca y un mundo que nos atrae y un diablo que es astuto y anda como león rugiente buscando a quién devorar, te necesitamos mi Dios.

Oh mi Dios, danos un baño de tu gracia, lluvias de gracia y trae atención aquellas áreas en nuestra vida donde nuestro orgullo estamos resistiéndote, impidiendo tu gracia ser derramada sobre nuestras vidas, contrario a vivir victoriosos con un Dios resistiéndonos por nuestra soberbia, perdónanos mi Dios, perdónanos, humíllanos en tu presencia, danos de tu gracia.

Hermano, yo creo que Dios nos está hablando aquí en esta mañana, yo creo que nos hace falta en este altar decir: «ahí está Señor, yo soy el problema, mi orgullo, mi altanería, mi soberbia, perdóname Señor». Ven, ven aquí manto, ven, mientras el piano toca, tú sabes quién tú eres, ven, me gusta que usen la plataforma, Hermanos, sigan a la plataforma, hombres, especialmente hombres, arriba, arriba, arriba, arriba, muchas personas vienen y después no hay lugar, sigan aquí arribita al lado de esto, aquí arriba están bienvenidos, sigan porque después no hay lugar, sigan, ahí al lado del piano, todo ese lugar, bien pegados a las matas, ahí y hay lugar para dejarle a las hermanitas más abajo. Venga, hasta arriba, vamos todos, yo necesito también, busca tu lugarcito, vamos a reconocerlo, Dios nos está hablando bien duro, que el problema es la gente, que el problema es el dinero, que el problema es esto, no, el problema soy yo, yo, yo soy el problema. Mi orgullo, mi altanería, mi soberbia, mi autosuficiencia, ¿por qué lo obramos? Porque somos orgullosos. Más preocupados de cómo lucimos delante de la gente que cómo lucimos delante de Dios. Que el Señor nos ayude.

Señor mi Dios, gracias porque en tu misericordia nos has hablado una vez más, gracias que tanto nos amas, que tu santo espíritu ha usado tu santa palabra y a tus siervos para enseñarnos dónde tú quieres que cambiemos, para poseer más tierra, ayúdanos a crucificar el yo, que es el enemigo más grande que tenemos para que ya no viva yo más viva Cristo en mí, ayúdanos a eliminarnos Señor y mirar el yo ser por orgulloso, altanero y soberbio que es el enemigo más grande que tenemos, es el padre de todos los pecados, perdónanos Señor, gracias por hablarnos, gracias por ser tan bueno con nosotros, gracias por tu paciencia y misericordia en el nombre de Cristo, amén.

¿Tú crees que es casualidad que los dos escogieron el mismo versículo? Yo creo que Dios no obra en casualidades, yo creo que cuando Dios repite algo, es que Dios está diciendo: «¡Óyeme!, óyeme, óyeme». Cuando Él lo repite, cuando Él lo repite es porque Él…, y yo no coordiné nada con estos hombres cuando predicaren, menos mal que le di lugarcito cuando predicaren, aquí es que estaba parado y acabé de llegar del aeropuerto, Hermano, de Salazar, he viajado toda la noche, he ahí donde está predicando Hermano, parada, predicando Santiago cuatro (4), bueno pues eso mismo voy a predicar yo, bueno si vio todo el curso en el corazón métele mano, y yo creo que Dios está tratando de decirle: «Oye, oye».

Que lindo que la gracia de Dios nos ayude a vencer esos enemigos, déjame darte un pensamiento antes de irnos, el dijo que tenemos tres enemigos: la carne, el mundo y el diablo. Y Cristo dijo: «separaos de mí…», ¿qué?, «separaos de mí, de mi cuerpo, de mi palabra y de mi espíritu…»