Hay Muerte En Esa Olla

2 Reyes 4:38-41: «Eliseo volvió a Gilgal cuando había una grande hambre en la tierra.  Y los hijos de los profetas estaban con él,  por lo que dijo a su criado: Pon una olla grande,  y haz potaje para los hijos de los profetas. 39 Y salió uno al campo a recoger hierbas,  y halló una como parra montés,  y de ella llenó su falda de calabazas silvestres;  y volvió,  y las cortó en la olla del potaje,  pues no sabía lo que era. 40 Después sirvió para que comieran los hombres;  pero sucedió que comiendo ellos de aquel guisado,  gritaron diciendo:  ¡Varón de Dios,  hay muerte en esa olla!  Y no lo pudieron comer. 41 El entonces dijo: Traed harina.  Y la esparció en la olla,  y dijo: Da de comer a la gente.  Y no hubo más mal en la olla.»

Eliseo es el gran profeta de Dios que pidió (dos capítulos antes) de una doble porción del espíritu de Elías. En esta porción de la Palabra de Dios, estamos a punto de ver el 4to milagro de Eliseo. La Biblia nos dice que había una gran hambre en la tierra. Y eso lo podemos comparar a nuestros días. Existe una gran hambre espiritual de Salvación y de la Sana Doctrina hoy en día. Amos 8:11 dice: «He aquí vienen días,  dice Jehová el Señor,  en los cuales enviaré hambre a la tierra,  no hambre de pan,  ni sed de agua,  sino de oír la palabra de Jehová.» Hay algunos que dicen: «¿Para qué tanto ir a ganar almas? Si ya saben de Dios.» La verdad es que saben de Dios, pero no tienen a Dios.

En el versículo 39 no dice la Biblia que uno salió al campo a recoger hierbas. El campo es el mundo y las hierbas la mala doctrina. La cizaña.  Dice la Biblia en Mateo 13:25: «pero mientras dormían los hombres,  vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo,  y se fue.» La mayoría de la gente no sabe en donde está el trigo de la salvación y es engañado por la cizaña. Y amigo, déjeme decirle que en la cizaña hay muerte. Hay dolor y engaño. Porque el final será el llanto y el crujir de dientes en el fuego ardiendo. ¿Pero que hay que hacer? Hay que ir por el Trigo de la Palabra de Dios. Por la sana doctrina de la salvación. Por la salvación que es a través de la fe sin las obras de la ley. (Romanos 3:28).

¿Qué sucedió después? Gritaron: «¡Varón de Dios, hay muerte en esa olla!» Hay algunos que se quedan callados, y aunque saben que hay muerte en la olla, no les importa y siguen comiendo. Siguen comiendo de la mala doctrina de los testigos sin Jehová. Siguen comiendo de la mala doctrina de los mormones. Siguen comiendo de las tradiciones de los católicos. No nos quedemos con las manos cruzadas. Echemos de la harina de la Palabra de Dios y del Trigo de la salvación a este mundo que está perdido y sin Cristo.

Manténgase fiel y siga ganando almas.

Pastor Arturo J. Muñoz N.

Rescatando a los Cautivos

En 1 Samuel 30:1-2 la Biblia nos dice: «Cuando David y sus hombres vinieron
a Siclag al tercer día, los de Amalec habían invadido el Neguev y a Siclag, y
habían asolado a Siclag y le habían prendido fuego. 2 Y se habían llevado
cautivas a las mujeres y a todos los que estaban allí, desde el menor hasta el mayor;
pero a nadie habían dado muerte, sino se los habían llevado al seguir su camino.»
David, junto con sus seiscientos hombres, acaban de regresar a Siclag, después
de haber caminado unos 80 kilómetros por tres días, y se encuentran con la triste
sorpresa de que la ciudad en donde ellos estaban viviendo la habían asolado, y le
habían prendido fuego. Sus esposas y sus hijos habían sido llevados cautivos por
los Amalecitas.
Eso es lo mismo que está pasando en este mundo en el que vivimos. El diablo
esta viniendo a nuestras ciudades y con nuestras
familias, y se los está llevando cautivos.
Dice la Biblia que «a nadie habían dado muerte.»
El diablo nos los va a matar inmediatamente,
sino que los está usando para que de esa manera
más gente se pierda en el infierno. Nuestra
responsabilidad como cristianos es ir y rescatarlos. Dice la Biblia que el diablo
anda como león rugiente, buscando a quien devorar.
¿Qué hizo David? Dice la Biblia en 1 Samuel 30:6, que primero «se fortaleció en
Jehová su Dios.» Efesios 6:10 dice: «Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor,
y en el poder de su fuerza.» Hechos 1:8 dice: «Pero recibiréis poder…» y Romanos
1:16 nos dice que el evangelio es «poder de Dios.» Tenemos que ir con Dios, pedirle
de su poder, del la llenura del Espíritu Santo, y después usar de ese poder para llevar
el evangelio a toda criatura. David se fortaleció.
¿Qué más hizo David? Dice 1 Samuel 30:8, que «David consultó a Jehová.» David
le pidió dirección a Dios. Le dijo: «Señor, ¿cómo le hago? ¿Voy a poder rescatarlos?»
Dios le respondió: «Síguelos… de cierto librarás a los cautivos.» Salmos 126:6 dice:
«Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla; mas volverá a venir con regocijo,
trayendo sus gavillas.» Dios nos dice: «Ve por ellos, háblales de mi Hijo Jesús y
serán salvos.» Si su esposo está en esclavitud y no es salvo aún, ore a Dios y pídale
de Su dirección. Si su hijo no es salvo, ore a Dios y póngaselo en Sus manos. Pastor,
si su ciudad está en oscuridad sin Cristo, ore a Dios todos los días y pídale a Dios
de que sean salvos.
Y por último, ¿que hizo David? Dice 1 Samuel 30:9, que «Partió.» Se levantó y
fue por ellos. Y rescataron a todos los que una vez habían estado cautivos. No se
quede en su casa. Levántese y háblele a la gente de Cristo. Lleve el evangelio a sus
familiares y amigos. Vaya y rescátelos. No los deje morir en cautiverio.
Manténgase fiel y siga ganando almas.
Pastor Arturo J. Muñoz N.

Señor Dame Este Monte

Dame,  pues,  ahora este monte,  del cual habló Jehová aquel día;  porque tú oíste en aquel día que los anaceos están allí,  y que hay ciudades grandes y fortificadas.  Quizá Jehová estará conmigo,  y los echaré,  como Jehová ha dicho. -Josué 14:12

Lo que muchos de nosotros necesitamos es pedirle a Dios unos cuantos montes. Un monte es un desafió. Subir a un monte es un reto. Subir a un monte es tener un propósito en la vida. Y muchos son los que andan por ahí desanimados, deprimidos, desalentados, porque no han encontrado el propósito de sus vidas. Que llegan a casa de trabajar, se meten en la cama y no quieren saber de nada más. No tienen un propósito. El trabajo no llena ese propósito. Los vicios como el alcohol, el fumar y las drogas, no llenan ese propósito. Lo único que puede dar propósito a nuestras vidas es Dios. Él es quien tiene un plan perfecto para nuestras vidas. Y cuando yo leo la Biblia, cuando yo estudio Su Palabra, es entonces que puedo reconocer ese propósito. El diablo nos quiere hacer pensar que nuestro propósito es la fama. Que no hay nada mejor que ser famosos. El diablo quiere que pensemos que nuestro propósito es el tener dinero. Que no hay nada mejor que tener mucho dinero. El diablo quiere que pensemos que tener muchas mujeres es lo máximo en la vida. Pero la verdad es que la fama se acaba. El dinero se acaba. La hermosura se acaba. ¿Y con qué te quedas? Con nada. Con problemas. Con depresión y ganas de querer morir.

Caleb sabía que la voluntad y el propósito de Dios para su vida era ese monte. Pero no era un monte común y corriente. Era un monte… con un montón de gigantes. Era un monte con ciudades grandes y fortificadas. Podríamos pensar que Caleb estaba loco. Sus amigos quizá le dijeron que no iba a poder contra los gigantes. Su familia quizá le dijo que lo iban a matar en el primer intento. El diablo lo trató de desanimar por 45 años. Los primeros 40 años en el desierto el diablo quizá le dijo: «Caleb… todos tus amigos y familiares se están muriendo aquí en el desierto.» Quizá le dijo: «Dios no te va a dar esa tierra. Deja a Dios. Niega a Dios. Murmura contra Dios.»

Después que entraron a la tierra prometida y de que lucharon por cerca de 5 años, quizá el diablo le dijo: «Caleb, vas a morir en una de estas batallas.» «Ni creas que Dios te va a dar lo que te prometió.» Pero Caleb cumplió siguiendo a Dios. Caleb nunca se desanimó. Caleb siguió adelante.

Cada día de su vida, Caleb se levantaba con un propósito. Con un monte en su vida. Cada día él decía: «Señor, dame ese monte que Tú me prometiste.» Cada mañana él oraba: «Señor, no voy a dejar de luchar y vivir por Ti, hasta que me des ese monte.» Él creía y confiaba en las promesas de Dios.

Hay algunos montes que debemos de alcanzar. Uno de los montes más importantes para alcanzar son las almas que se están yendo al infierno. Necesitamos a unos cuantos pastores y misioneros e hijos del Gran Rey que digan: «¡Señor, dame este monte!» «¡Señor, dame esta ciudad!» No importa que sean bien católicas. No importa que haya gigantes. No importa que sea en otro país y que hablen otro idioma. «¡Señor, dame este monte!»

Había En Cesarea Un Hombre Llamado Cornelio

Había en Cesarea un hombre llamado Cornelio, centurión de la compañía llamada la Italiana, piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo, y oraba a Dios siempre. -Hechos 10:1-2

«Había en Cesarea un hombre llamado Cornelio.» Qué interesante forma de empezar esta porción de la Palabra de Dios. Y más interesante aún es la descripción que se nos da de este hombre gentil, (porque no era ni siquiera Judío.) Se nos dice que era un centurión. Se nos da el nombre de su batallón. Se nos dice que era piadoso y temeroso de Dios; no sólo él, sino con toda su familia y todos los de su casa, (esto incluye a sus siervos también.) Se nos dice además que daba limosnas al pueblo, y no pocas. Tenía dinero. Y al final algo muy importante: Oraba a Dios siempre. Cornelio oraba en todo tiempo. Oraba sin cesar. Oraba de continuo. Pero no era salvo. ¡Todas estas cualidades y no era salvo! Sin duda algo muy interesante.

Un centurión era una persona muy importante dentro del ejército romano. Era una persona encargada de unos 80 soldados y se le podría comparar a un capitán de nuestros días. Para llegar a ser un centurión se necesitaba de mucha valentía y temple. Sin duda Cornelio era un valiente y un ejemplo para muchos.  Cornelio era una buena persona, con un tremendo testimonio. Pero no era salvo.

La Biblia dice que él vivía en Cesarea, un puerto bien mundano. Cesarea era el puerto más importante de Israel en esa época y fue construida por Herodes. Era una fortaleza llena de amenidades. Desde un teatro, un anfiteatro, albercas y saunas (todas estas amenidades principalmente para los soldados romanos.) Por esta misma razón era un lugar en donde abundaba el pecado. Imagínese a un puerto como Acapulco, lleno de discotecas y mundanalidad. Cornelio vivía en esa ciudad. Pero no era atraído por todo eso. Sino que amaba a Dios. Daba sus ingresos a los necesitados. Pero no era salvo.

La Biblia nos explica en todo el capítulo 10 y parte del capítulo 11 de Hechos de cómo Cornelio y su familia y amigos fueron salvos. Dios le dijo a Pedro que fuera a la casa de Cornelio y que le compartiera el evangelio para que pudiera ser salvo. Dios también le dijo a Cornelio que Pedro iba a venir hasta su casa. «Él te hablará palabras por las cuales serás salvo tú, y toda tu casa.» Hechos 11:14. ¡Entonces Cornelio reunió a muchos en su casa y todos fueron salvos! Ahora Cornelio sí era salvo. Cornelio fue el primer gentil en ser salvo.

Me pregunto cuantas personas hay a nuestro alrededor como Cornelio. Gente religiosa pero sin salvación. Gente buena pero sin salvación. Gente que en realidad ama a Dios, pero por las mentiras de la iglesia católica y sectas, no han sido salvas. Confían más en sus buenas obras que en lo que Cristo hizo en la cruz. Piensan que por orar cada mañana, y encomendarse a Dios, ya van a ir al cielo. Piensan que por dar buenas ofrendas y limosnas ya tienen la salvación. Cornelio era mucho mejor que muchos cristianos hoy en día pero no era salvo. Si usted es como Cornelio, asegúrese de que no le falte esa única cosa que a Cornelio le faltaba… Cristo en su corazón.

Del Editor

2 Crónicas 16:7-9 dice: «En aquel tiempo vino el vidente Hanani a Asa rey de Judá,  y le dijo: Por cuanto te has apoyado en el rey de Siria,  y no te apoyaste en Jehová tu Dios,  por eso el ejército del rey de Siria ha escapado de tus manos. 8 Los etíopes y los libios,  ¿no eran un ejército numerosísimo,  con carros y mucha gente de a caballo?  Con todo,  porque te apoyaste en Jehová,  él los entregó en tus manos. 9 Porque los ojos de Jehová contemplan toda la tierra,  para mostrar su poder a favor de los que tienen corazón perfecto para con él.  Locamente has hecho en esto;  porque de aquí en adelante habrá más guerra contra ti.»

La Biblia nos dice que el rey Asa hizo alianza con el rey de Siria y hasta les dio oro y plata de los tesoros de la casa de Jehová. Dios entonces mandó al vidente Hanani al rey Asa. Este profeta le dijo: «Por cuanto te has apoyado en el rey de Siria,  y no te apoyaste en Jehová tu Dios… Locamente has hecho.» El no haberse apoyado en Dios, había sido una locura. La palabra locamente se encuentra cinco veces en la Biblia. (Gén. 31:28, Núm. 12:11, 1 Sam. 13:13, 1 Cró. 21:8 y éste pasaje.) El hacer locamente es cuando una persona actúa mal y sin pensar. Cuando alguien toma una decisión muy rápida y loca. Una decisión demente. Una decisión que sólo una persona fuera de razón podría tomar. Esa fue la decisión del rey Asa. Una decisión maniática y chiflada. Es una locura pedir la ayuda del pueblo enemigo de Dios, cuando un poquito antes, Dios le ayudó al rey Asa arrasar con un millón de etíopes.

También es una locura cuando nos levantamos cada día y no nos apoyamos en Dios. Cuando no buscamos tiempo con Dios para que Él nos dirija en las decisiones que tomaremos durante todo el día. Después nos encontramos en tantos problemas y Dios nos dice: «¿Por qué tomaste esa decisión tan loca?… fue una locura… aquí yo estaba esperando para que me pidieras de mi ayuda y no lo hiciste. ¡Qué tonto eres!» Pues quizá no nos diga tontos, pero eso es lo que somos al no apoyarnos en  Dios. El vidente Hanani le recordó al rey Asa lo que Dios había hecho por él hace un poco de tiempo, cuando Dios entregó a los etíopes en sus manos. ¡Dos capítulos antes!

En 2 Crónicas 14:9, la Biblia dice que los etíopes le declararon la guerra al rey Asa con un millón de hombres. Yo no sé usted, pero un millón de hombres, especialmente etíopes, son muchísima gente. ¡Es como si México se enfrentará contra Brasil en un partido de fútbol con un sólo hombre y Brasil con diez! Adivine quien ganaría. Con todo esto, Asa clamó a Jehová y Dios lo ayudó. El rey Asa ni siguiera tuvo que pagar un solo centavo y Dios derrotó al enemigo. Es una total locura, el haber visto la mano de Dios tan claramente, y ahora Asa le pide ayuda al rey de Siria. Dios le dijo que por esto, ahora habría más guerra, más problemas, más dificultades y quebrantos. No ponga su confianza en este mundo o en alguien más… mucho menos, cuando Dios ya le ha mostrado Su poder y Sus milagros en su vida. Confíe completamente en Dios y Él hará.

Manténgase fiel y siga ganando almas.

Pastor Arturo J. Muñoz N.

No Se Vaya A Caer Como Eutico

Hechos 20:7-9 dice: «El primer día de la semana,  reunidos los discípulos para partir el pan,  Pablo les enseñaba,  habiendo de salir al día siguiente;  y alargó el discurso hasta la medianoche. 8 Y había muchas lámparas en el aposento alto donde estaban reunidos; 9 y un joven llamado Eutico,  que estaba sentado en la ventana,  rendido de un sueño profundo,  por cuanto Pablo disertaba largamente,  vencido del sueño cayó del tercer piso abajo,  y fue levantado muerto.»

La Biblia nos habla de que Pablo estaba enseñando a un grupo de personas en un cuarto que estaba en el tercer piso. Dice la Palabra de Dios que tanto era el entusiasmo de la gente ahí reunida que Pablo había alargado la predicación hasta la media noche.

Entre los que ahí se encontraban reunidos, estaba un joven llamado Eutico. Este joven, me lo puedo imaginar, era un joven a quién le gustaba la aventura. Le gustaba el riesgo y el desafío. Por esa razón estaba sentado, quizá, sobre la ventana. Su mamá pudo haberle dicho varias veces que se sentara en una silla. Pero él no quiso entender. No quiso oír… y se cayó.

La razón de porque se cayó hacia afuera, en vez de haberse caído hacia adentro, fue porque la mayor parte de su peso estaba -ah, ya lo adivinaron- hacia afuera. Y esa es la razón de porque muchos de los cristianos y también de los jóvenes hoy en día se van hacia al mundo y destruyen sus vidas. El mayor peso de ellos está hacia el mundo, hacia el pecado, desafiando a Dios y disfrutando de la aventura. Están en una cuerda floja, jugando al cristianismo. Están caminando al filo del precipicio, y muy pronto van a caer. El diablo con un empujoncito los va a tirar y grande será su destrucción.

Cuando Eutico cayó, la aventura se había acabado. La diversión se acabó. Ahora había algo real que había llegado y eso era la muerte. Joven, deja de jugar con el pecado, porque te va a llevar más lejos de lo que quieres ir, y te va a costar más caro de lo que te puedes imaginar. Eutico estaba muerto. ¿Pueden oír los gritos de la familia? ¿De los tíos? ¿De su mamá, gritando?: ¡Eutico! ¡Eutiquito! ¡Mi Eutiquín!

Gloria a Dios por las segundas oportunidades. Pablo bajó, oró a Dios, y resucitó. Todos ahí se quedaron atónitos. Muchos de ellos, quizá le dijeron a Eutico: «Te dijimos que te ibas a caer, pero no nos hiciste caso. Qué bueno que aquí estaba Pablo.» Después de todo esto, yo creo que ahora Eutico, se sentó bien hasta adelante para oír la predicación de la Palabra de Dios. Yo creo que Dios usó a Eutico grandemente para la obra de Dios. Me pregunto, ¿Cuántos Euticos habrá en las iglesias, que sólo van, pero por dentro son bien carnales y mundanos? Deje ya el mundo y ríndase a Dios, no le vaya a pasar lo que le paso a Eutico.

Pues bien, pasando a otro asunto, Dios ha puesto en nuestro corazón el mejorar la revista aún más. Y para ello necesitamos recursos para imprimirla a todo color. Necesitamos de 10 iglesias o personas que nos puedan ayudar apoyando la revista con $500 pesos o $50 dólares al mes. Nuestro deseo es seguir manteniendo un precio accesible para todos aquellos que se suscriban, y es por ello que buscamos este apoyo. Por favor, ore a Dios, para ver si usted nos pudiera ayudar en este proyecto. Muchas gracias y que Dios les bendiga.

Señor, Creo, Pero Ayudame A Creer Mas En Ti

«Jesús preguntó al padre: ¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto?  Y él dijo: Desde niño. 22 Y muchas veces le echa en el fuego y en el agua,  para matarle;  pero si puedes hacer algo,  ten misericordia de nosotros,  y ayúdanos. 23 Jesús le dijo: Si puedes creer,  al que cree todo le es posible. 24 E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo;  ayuda mi incredulidad. 25 Y cuando Jesús vio que la multitud se agolpaba,  reprendió al espíritu inmundo,  diciéndole: Espíritu mudo y sordo,  yo te mando,  sal de él,  y no entres más en él. 26 Entonces el espíritu,  clamando y sacudiéndole con violencia,  salió;  y él quedó como muerto,  de modo que muchos decían: Está muerto. 27 Pero Jesús,  tomándole de la mano,  le enderezó;  y se levantó.» Marcos 9:21-27.

Aquí tenemos a un padre preocupado por la vida de su hijo, pues su hijo estaba endemoniado.  El Señor Jesús, le pregunta, que desde cuando estaba así; y el padre del muchacho, le contesta que desde niño. Esto quiere decir que por muchos años, este papá, había visto a su hijo padecer por causa de este espíritu. Y no sólo eso, sino que este espíritu malo, este demonio, era un espíritu mudo y sordo. Imagínese a este papá no poder conversar con su hijo. Imagínese a este papá no poder oír a su hijo decirle: «Papá, te amo. Papá, te quiero. Gracias papá por todo lo que haces por mí. Gracias papá por preocuparte por mí.»

Este era un papá, no solo preocupado, pero desconsolado al ver la situación en la que estaba su hijo. Y él, a pesar de todo esto, tenía un poquito de fe. Él quería creer que Jesús tenía el poder para sanar a su hijo. Él quería creer que Jesús salvaría a su hijo. Esta era su oportunidad. Este era el chance que él había esperado toda su vida. El ver a su hijo sano y salvo, como todos los demás jóvenes de su edad. Qué espera. Qué amor.

Este papá, no le exigió a Jesús que sanara a su hijo. Sino que le dijo: «Si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros. Y ayúdanos.» El Señor Jesús, no le dice de manera inmediata: «Ok, está bien. Ya está. Tu hijo está sano. Te puedes ir con él.» No le dice eso. Sino que pone a prueba su fe, y le dice: «Si puedes creer, al que cree, todo le es posible.»

Y aquí encontramos a un papá bien sincero al decir: «Señor, creo, ayuda mi incredulidad.» En otras palabras, este papá le estaba diciendo a Jesús: «Señor, creo, pero ayúdame a creer más en Ti.» «Señor creo, pero Tú no sabes cuánto he sufrido.» «Señor, creo, pero tú no estabas cuando mi hijo se estaba ahogando en el mar, y se me hace un poquito difícil creer que Tú lo puedes sanar.» «Señor, creo, pero tú no estabas cuando mi hijo se aventó hace unos días en el fuego para matarse, y la verdad Señor es que hay un poquito de incredulidad en mi.» «Señor, creo, pero han sido años tan difíciles, noches de desvelo, meses de angustia, años de soledad. Señor, creo, pero… me gustaría creer más.» «Señor ayuda mi incredulidad. Ayúdame Señor, porque hay veces que pienso que Dios no es real.» «Señor, creo, pero hay veces que ya no hay esperanza en mi.» «Señor creo, pero la verdad es que he estado molesto con Dios por lo que me ha pasado, y si, hay incredulidad en mi. Por eso te pido que ayudes mi incredulidad. Quiero creer que Dios me puede ayudar a salir de mis problemas. Señor creo, pero ayúdame a creer más.» Y Jesús le dijo, «está bien. Te voy a ayudar.»

Cuando parezca que ya no hay esperanza, crea en Dios, y pídale que le ayude en su incredulidad a creer más en Él. Dios le puede ayudar.