¡Me Duele!

«¡Me Duele!»

«…de la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.» Colosenses 3:13

Hace poco, escuché una historia que tomó lugar en Madrid, España. Un joven llamado Paco tuvo un pleito con su Padre, y Paco le lastimó, huyendo de la casa. El padre no supo de él por mucho tiempo, y decidió publicar este anuncio en el periódico local de Madrid: «Paco, te perdono. Estoy dispuesto a olvidar el pasado. Espérame en frente de la oficina de este periódico mañana en el mediodía, si aceptas mi perdón. Tu Padre.» El día siguiente en el mediodía, 800 jóvenes con nombre de Paco se presentaron allí esperando a sus padres.

Yo creo con todo mi corazón que hay muchos «Pacos» en el mundo hoy día quienes tienen relaciones que requieren el perdón. ¡Qué pérdida tan ridícula de vida, y tiempo y gozos desperdiciados!…todo a causa del rencor que se guarda contra los que comparten nuestras mismas raíces familiares.

Mientras escribo en esta tarde, me vienen a la mente nombres de personas que me han lastimado. Pero yo rehúso dejar que ese dolor me haga más que lo que ya me ha hecho. El dolor duele. Duele cuando alguien a quien tú amas hace cosas a propósito que te duelen más profundamente que lo físico.

Yo no puedo controlar lo que otros me hacen. Ni tú tampoco. Eres una persona muy especial si sales de esta vida sin sentir el dolor. Ser lastimado es parte de la vida, y de convivir con otros.

Yo conozco a dos jóvenes quienes han sido lastimados más de lo que yo jamás tendré que sufrir. No creo que merezcan lo que ha sido puesto en su camino. Pero ¿sabes qué? Es todo lo que su dolor les ha hecho…ha cumplido su propósito, pero hasta allí no más. Ellos no han permitido que el dolor haga más de lo que puede hacer. Todos los días ellos le dicen a su dolor, «No te voy a dejar hacer más de lo que me puedes hacer. Tu dolor estaba fuera de mi control, pero eso es todo. Yo puedo control el grado de lo que me puedes lastimar, y lo haré.

«Es más, Dolor, te usaré, sí, te usaré. Te usaré para ganar a otros a Cristo. Y a los que ya Le conocen, trataré de ser de bendición a ellos. Trataré de hacerles ver cosas vistas solamente por los que han sido lastimados como nosotros hemos sido lastimados.»

Eso es lo que hizo Pablo. Es lo que hicieron José y Daniel. Su dolor de veras les dolió. Pero es todo lo que hizo. El dolor hace solamente lo que le permitimos hacer.

Cuando alguien, especialmente algún familiar te ha lastimado, está bien sufrir. Siente el dolor. No lo niegas. Llora, y permítete tiempo para sufrir. Hay dolores que nunca sufriré. Pero yo he pasado dolores que Dios nunca te permitirá sufrir.

No podemos prevenir el dolor. Es tan parte de esta vida como el respirar. Pero sí, podemos control su efecto sobre nosotros. Hasta podemos usarlo para el bien.

El chisme, la traición, el divorcio, el abandono, el encarcelamiento injusto, el suicidio, las falsas acusaciones…todas esas palabras provocan sentimientos de dolor…y cuando esas palabras se refieren a los a quienes amamos más, el dolor es casi insoportable.

Sin embargo, la Biblia dice que Dios no pondrá nada en nuestra vida que no podemos soportar. Así que aun mientras soportamos el dolor, al mismo tiempo lo podemos usar para ser de bendición para otros.

Pero antes de poder hacer eso, tenemos que aprender a perdonar. Aún hasta cuando los que nos han lastimado no nos piden perdón, la Biblia nos manda a perdonarlos. Entonces, y sólo entonces puede el dolor hacer su obra perfecta.

Cuando amas a Dios, y Le sirves, Él no permite nada en tu vida que no trabaja para tu bien. Y eso incluye el dolor. Es fácil ver cómo Dios permitió que el dolor trabajara para el bien en las vidas de Pablo y Daniel. Sirvió para bien, porque ellos permitieron que sirviera para bien. Pero cuando estás pasando por el drama del dolor, es difícil imaginar un final feliz.

Perdona a los que te han lastimado, aunque no entiendes cómo puede ser usado para tu bien. Lo será. Allí es donde entra la fe. Y la confianza.

Cuando alguien nos lastima, perdemos toda la fe y la confianza en la persona que nos ha lastimado. Pero hay Uno en Quien podemos poner nuestra confianza completa. El nos ama. Aunque nosotros Le lastimamos con nuestros pecados, El nos perdonó. ¿Puedo yo hacer menos para los a quienes amo, aunque me han lastimado?

«Ayúdame, Señor, a usar mi dolor para ayudar a otro que sufre.» Es lo que yo acabo de hacer con el mío.

Los Celos

«Los Celos»

«Mas él, respondiendo, dijo al padre: He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos»

Lucas 15:29

Hay pocas personas que han leído su Biblia que no han escuchado la historia del Hijo Pródigo.  A veces cuando escuchamos de un joven que huye de su casa, le decimos, «el hijo pródigo.»  Hay himnos que comparan al pecador con el «hijo pródigo.»  Hasta en pláticas, bromeamos o hablamos de un paseo largo, y nos referimos a nosotras mismas como «la hija pródiga.»

Pero no quiero enfocarme en el hijo que salió de su casa, y tal vez quebrantó el corazón de su padre.  Vamos a poner a un lado, por unos momentos, al hijo egoísta, que pidió su herencia aún antes de la muerte de su padre.  Tampoco, no vamos a hablar del padre, que siguió día tras día esperando el regreso de su hijo.

La persona que vamos a estudiar es el hijo mayor, el hermano del hijo pródigo.

¿Qué sabemos de este hijo?

1.      Según el versículo 25, obviamente, era el primogénito. En los días cuando  tomó lugar nuestra historia, el primogénito tenía muchos privilegios.  Recibía la mayor bendición de su padre.  Me imagino, que si tenía un negocio el padre, al morir quedaba en las manos del hijo mayor.

2.      Otra cosa que podemos decir del hijo mayor está en el versículo 25.  ¿Dónde estaba él mientras hacían planes para la fiesta de la bienvenida de su hermano vago?  Estaba en el campo.  Estaba trabajando.  Era muy trabajador. Era cumplido.  Tenía ambición.  Era todo lo contrario de su hermano, el pródigo.

3.      Cuando el hermano mayor llegó a la casa, ya había empezado la fiesta, porque llegando cerca de la casa, se oían la música y las danzas.  Se ha de haber sentido mal, porque no le invitaron.  Tenía el sentido de haber sido dejado fuera del círculo de las actividades.

4.      Mostró sus sentimientos de una forma negativa.  Se enojó.  V. 28

5.      Rehusó entrar, aún después de que su padre le rogó a pasar.  Se encaprichó.

6.      Se puso a enumerar todas sus virtudes.  «Tantos años te sirvo, nunca he traspasado tus mandamientos.» V.29.

7.      Criticó a su papá  «Nunca me has dado un cabrito…»

8.      Criticó a su hermano «Ha consumido tu hacienda con rameras.» V. 30.

Tenía celos de su hermano.  Estaba celoso de él.  Alguien le había robado lo que le pertenecía.  Según él, era merecedor de algo que había sido dado a otro.  Esto es el resumen de los celos.  El sentir, (de manera real o solo por imaginación,) ser defraudado de algo que nosotros pensamos que nos pertenece.

Hay una historia en el Antiguo Testamento de dos esposas.  Eran hermanas.  Se llamaban Raquel y Lea.  Estaban casadas con el mismo hombre, Jacob.  Jacob había sido engañado por su suegro, Labán en varias ocasiones, pero el mayor engaño de todos era cuando le dio a Lea para esposa en lugar de Raquel.  Había trabajado 7 años por Raquel, a quien amaba, y el día de la boda, Labán, viendo que Lea era la mayor, la dio a él, en lugar de Raquel.  Jacob la amaba tanto, que trabajó otros 7 años por Raquel.

Eso en sí pudiera provocar emociones de grandes celos de parte de esas dos mujeres.  Nos falta tiempo para contar todas las demostraciones de ese pecado en su matrimonio tan raro.  Tener que compartir cónyuge, casa, y cama con otra mujer es una situación imposible.  Si yo estuviera en una relación así, me saldría lo más pronto posible.

Pero lo que hacían esas dos mujeres está escrito en Génesis 30.  Lee esa historia. Es el colmo de la manifestación de lo que provocan los celos. Raquel tuvo celos de Lea, porque ella si tuvo hijos y ella no. Después, Raquel le dio sus siervas a Jacob, para que tuviera hijos de ellas. Más adelante, Lea se enoja contra Raquel porque le está quitando las mandrágoras que su hijo Rubén había recogido. Y para colmo Lea alquila a su propio esposo para que se fuera con ella. Todo por los celos.

Pudiéramos pasar todo el día observando las vidas de los demás, pero a menos que lo apliquemos a nuestras propias vidas, no nos va a servir más que para criticar, y darnos un sentir de superioridad.

Si tú nunca has sentido celos, o si nadie jamás ha sentido celos de ti, en realidad eres muy excepcional.  Este pecado se manifiesta hasta en los niños.  Lo podemos observar en nuestros hijos.  Hasta la misma madre puede provocar celos en sus hijos hacia sus hermanos.  Y si tú piensas que los celos se manifiestan sólo en los hijos pequeños, espera hasta que sean adultos.  Te espera una gran sorpresa.

Los celos se manifiestan de la misma forma que se manifestaron en el hermano del hijo pródigo: un sentido de ser dejada fuera; el enojo; el capricho; la crítica; el enfocarnos en nuestras virtudes, y en las debilidades de otros.

Los celos se manifiestan en muchos lugares, pero sólo vamos a mencionar tres de ellos:

1. En nuestra iglesia. Existen celos entre los miembros, por posiciones que han sido dadas a otros.  Hay celos entre miembro y pastor, o maestro.  Hay celos cuando se reconoce algo que un hermano ha logrado.  Hay celos cuando alguien habla bien del hijo de otro, y no de su propio hijo.  Puede haber celos cuando a otro le hace un reconocimiento especial de que uno piensa que es merecedor.

2. En nuestra familia.  El marido es celoso de su esposa;   la mujer siente celos de su esposo.  El padre puede ser celoso de sus hijos, y la madre de sus hijos.  Un hermano puede ser celoso de una hermana o un hermano;  un hijo puede mostrar celos de la relación de su padre o madre y un hermano.  A veces la esposa siente celos del ministerio, o del trabajo de su esposo, y del tiempo que le lleva fuera de su hogar.   Muchas esposas son celosas de la familia de su esposo.

3. En nuestro corazón. Tal vez tú no tienes control sobre los celos que sienten otros, y las manifestaciones negativas que ellos muestran.  Aún tú puedes provocar los celos sin saberlo.  Pero una cosa sí puedes controlar: Tu puedes escudriñar tu corazón, y pedirle a Dios que quite todo pensamiento negativo que tienes contra tu hermano, tu esposo, tus hijos, y pedirle que te perdone.  Pídele que ponga cosas positivas en su lugar.  Lo mejor que tú puedes hacer para combatir los celos es hacer bien a la persona a quien sientes celos.  Ora por ella.  Si tu esposo no es fiel, es natural sentir celos.  El adulterio puede destruir el matrimonio, pero hay otra cosa que te puede destruir, y son los celos.  El celo es una emoción.  No dejes que el celo te controle.  Entrégalo a Dios, y pídele que Él tome la situación en Sus manos.

No provoques los celos en otros. A veces en inocencia  provocamos los celos.  Pero la mayoría de las veces, tú sabes lo que haces para provocar los celos en tu esposo, en tus hijos.  Evítalo.  Nunca compares tu esposo con otro hombre, o un hijo con otro.  Pide a Dios que te dé sabiduría.  Recuerda:

«Duros como el Seol los celos:»

Cantares 8:6

Billie A. de Sloan

Tú Puedes

«Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.» ~Filipenses 4:13

En el mes de febrero, pasé una semana muy especial con mi hermano, el Pastor Tommy Ashcraft, y su familia en las afueras de Monterrey, en el lugar donde tiene su ministerio… Monte Hebrón.  Además de haber podido pasar tiempo especial con mi hermano y mi cuñada, Brenda, sus tres hijos, y sus familias, pude asistir a la Conferencia Fuegos de Evangelismo, que toma lugar allí todos los años.

Casi siempre cuando preparo una lección, aplico una verdad que he aprendido en mi vida, y la mayoría de las veces es algo que yo necesito.  Escuché veintiún mensajes de varones de Dios, y durante cada mensaje Dios habló a mi corazón de varias maneras… convenciéndome de un pecado en mi vida, y en cada invitación tuve que arrodillarme y pedir perdón a Dios, y Su ayuda para sacar ese pecado de mi vida.

Pero el mensaje que habló más fuerte a mi corazón no fue predicado detrás del púlpito.  No fue predicado a más de mil personas.  El mensaje que hizo más impacto en mi vida fue predicado por mi cuñada, Brenda Ashcraft.  Ella, sin saberlo, me impresionó de tal manera que quisiera compartir sus enseñanzas con las demás.

La última noche de la conferencia, mi hermano, Tommy, predicó un mensaje que jamás olvidaré.  En ese mensaje, «Dios Puede,» animó a los pastores, los laicos, y a sus esposas a tener confianza en Dios, porque El puede hacer en nuestra vida cosas que nosotros no podemos hacer.

Pensando en las lecciones que aprendí mientras observaba a mi cuñada, escogí el apropiado título, «Tú Puedes.»  No quiero dar de entender que no necesitamos a Dios, y que por nosotras mismas podemos hacer todo.  Pero como dice nuestro versículo… en Cristo que me fortalece, yo puedo… y tú puedes también.

1.  Tú puedes ser feliz. La Biblia dice en Nehemías 8:10: «…el gozo de Jehová es vuestra fuerza.»  En Filipenses 4:4, Pablo nos anima: «Regocijaos en el Señor siempre.  Otra vez digo:   ¡Regocijaos!»  Yo nunca he pasado una semana riéndome tanto como lo hice aquella semana.  Y la mayoría de las veces lo hice con mi cuñada.  ¡Qué recuerdos tan preciosos traje de esa reunión familiar, haciendo relajo con mi familia! Hay pocas personas con el sentido de humor de mi cuñada.  Lo interesante de esto es que ella pudiera estar amargada, pudiera pasar mucho tiempo quejándose, pero no lo hace. Ella está feliz.

Hace años que no está bien de salud, pero en los últimos años ha empeorado su delicado estado de salud.  Pasa cada momento con dolor. Sin embargo, ha aceptado las circunstancias de su vida, y ha decidido cumplir con lo que nos manda la Palabra de Dios, y francamente, yo no conozco otra persona, que a pesar de su mala salud, sea más contenta que ella.  Ni una vez, durante los seis días que estuve en su casa, escuché que se quejaba.  Cuando ella llegaba a la iglesia, las señoritas y los jóvenes la rodeaban.  Ella era como una reina, porque todos quieren estar con una persona alegre.

Nadie quiere vivir cerca de una persona amargada.  Ella ha decido vivir feliz, a pesar de su dolor.  Y tú puedes, también.

2.  Tú puedes ser genuina. ¿Eres tú igual en la casa como lo eres en la iglesia?  Yo observé esto en mi cuñada la semana pasada.  Ella entretuvo a los ocho conferencistas en su casa cada día.  Les preparaba las comidas y las cenas.  En algunas ocasiones los pastores llegaban antes de las 8:00 de la mañana a tomar café, o leer su Biblia.  Yo voy a ser muy sincera.  A veces yo tengo una cara para mis hijos, otra para los miembros de la iglesia, y otra para un pastor conocido por todo el mundo hispano.  Pero ella no.  No es orgullosa.  El pecado del orgullo es un gran estorbo en nuestro servicio del Señor.  Si ella estaba en la cocina, y llegaba un varón de Dios, se secaba las manos, e iba a saludarlo.  O lo invitaba a pasar a la cocina.  A propósito, voy a compartir otra cosa que aprendí la semana pasada: los grandes varones y damas de Dios son como tú y yo.  Cuando menos cinco de los nueve conferencistas que predicaron en esa semana tienen enormes cargas y tristezas en sus vidas.  Predican como si no tuvieran ningún pesar, pero no es así.  Son humanos.  Sufren.  Lloran.  Son objetos de la crítica, del abandono de sus amigos.  «Señor, ayúdame a ser la misma con todos, como lo es mi cuñada, Brenda, y como son los grandes varones de Dios.»

3.  Tú puedes ganar almas. La Biblia dice que el que gana almas es sabio.  Pero tal vez si yo estuviera como mi cuñada, que tiene que caminar con una andadera, no saldría a ganar almas.  Y creo que poca gente me criticaría.  El día miércoles de la conferencia, todos salimos a tocar puertas, y a testificar a la gente.  Mi cuñada acompañó a un grupo de cinco hermanas.  Nos repartimos en grupos de dos y tres.  Mi cuñada fue con otra hermana, y como las dos están delicadas de salud,  caminaron lentamente a un parquecito.  Se sentaron en una banca, y oraron, pidiendo al Señor que les mandara alguien a quien pudieran testificar.  Mientras yo y mis dos compañeras tocamos puertas, y gracias a Dios, ganamos una señora a Cristo, ellas, sentadas en una banca, ganaron a tres personas.  Creo que los pretextos de no poder ganar almas no sirven.  Tú puedes ganar almas, si mi cuñada puede.

4.  Tú puedes servir a otros. Cada mañana, muy temprano, se escuchaba un ruido en la cocina.  Parecía que alguien tenía un par de patines, y estaba paseándose en la madrugada.  Pero de repente empezaba a sentir la rica aroma de tocino, y como las 7:30 cada mañana, mi cuñada me llamaba a desayunar.  Ella había preparado mi desayuno.  No conozco ninguna otra persona con corazón de sierva como lo tiene mi cuñada.  ¡Ah!  ¿Y los patines?  Ella usa una silla de escritorio, que tiene ruedas, para moverse en su cocina.  Es tan eficiente preparando un desayuno para su familia, como lo era preparando cada día los alimentos de los conferencistas.   ¡Qué gran sierva de Dios!  Tú y yo podemos servir a otros, también.

5.  Tú puedes ser fiel. Mi cuñada es una mujer a quien Dios ha dotado de muchísimos talentos.  Uno de ellos es en el área de la música.  Yo voy a adivinar, y pueden ser muchas más.  Pero yo creo que hay cerca de quince señoritas en la iglesia de Monte Hebrón que tocan el piano.  Tocan para los himnos especiales, para los congregacionales, y para el coro.  ¿Y saben quién es su maestra?  La Hna. Brenda.  Ella tiene un sistema único de poder enseñar a como quince alumnos al mismo tiempo, usando varios pianos y audífonos.  Ella escribe música y la graba.  Cada noche de la conferencia ella llegaba temprano, se subía a la plataforma, y se sentaba a tocar el preludio en el piano.  Acompañaba en los himnos congregacionales, los especiales, y los del coro.  Empezando las predicaciones, se pasaba al ladito a una silla más cómoda, y allí se quedaba hasta terminar de tocar el himno de la invitación.  Luego lentamente se bajaba, salía por la puerta de atrás, se subía a la camioneta que le esperaba en la puerta de atrás, y regresaba solita a su casa para terminar las preparaciones de la cena para unas treinta personas… cada noche… cuatro noches.  Nunca faltó a ningún culto.  Siempre llegaba temprano.  Asistía también a los ensayos que consistían en tres horas cada sesión.  Si ella fue fiel, tú y yo también podemos ser fieles.

Hay muchísimas más virtudes que pudiera enumerar acerca de una de las mujeres más destacadas a quien yo he conocido.  Y sé que ella no quisiera que yo usara esta lección para alabar y glorificar a ella.  Este devocional es para dar gloria y honra a la Persona que ha capacitado a mi cuñada a hacer Su voluntad.  Dios tiene un plan para tu vida.  No es el mismo que tiene para mí, o para la Hna. Brenda Ashcraft.  Es un plan único, y si tú permites que Él obre en tu vida, tú puedes alcanzar cosas maravillosas para Él.  Mi cuñada lo ha hecho, y tú y yo podemos hacerlo, también.

En Enero Seré Fiel

«En Enero Seré Fiel»

«¿Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece.» Santiago 4:14b

Mi hermano, Lanny Ashcraft, empezó una obra en la ciudad de Chihuahua, México, hace más de veinte años. Él me contó la historia de un matrimonio, Vicente y Angelina, miembros de su iglesia allí. Vicente y Angelina eran grandes de edad. Se contaban entre los miembros más fieles de su iglesia. Cuando Lanny y mi cuñada, Pamela, llegaban a la iglesia, Vicente ya estaba estacionado en frente de la iglesia en su Pickup con Angelina, esperando que llegara alguien. Nunca faltaban a ningún servicio, y estaban presentes cada vez que se abrían las puertas.

Pero Vicente y Angelina no se llevaban bien. Cuando mi hermano trataba de darles consejos, ellos protestaban:

– Pero si Angelina tiene la culpa…

– No, pero Ud. no entiende, Pastor, cómo me trata Vicente…

Quedé con la boca abierta cuando me contó algo de sus vidas: Un día mi hermano llegó a su casa para visitarlos. Cuando se acercó, desde dos cuadras antes de llegar a su casa, se escuchaban los gritos. Llegó a la puerta y tocó. Pero tanto ruido estaban haciendo Vicente y Angelina, que no le escucharon tocar.

Después de un buen rato, mi hermano decidió abrir la puerta, y ¡cuál fue su sorpresa ver a Angelina con un picahielos en la mano, y Vicente con una silla, usándola como escudo, tratando de defenderse contra los ataques del enemigo! (¿ó enemiga?)

Al ver a su Pastor, Vicente le contestó a mi hermano, «¿Ya ve, Pastor, cómo me trata?»

Mi hermano empezó a ver un cambio en la vida de Vicente. Empezaba a llegar un poco más tarde de lo acostumbrado a la iglesia. Luego faltaba un servicio cada dos semanas, cada tres semanas, hasta que mi hermano vio la necesidad de hablarle.

Cuando mi hermano le habló acerca de su cambio, Vicente le contestó: «Pastor, hay unos asuntos de negocio que tengo que hacer, unos viajes de negocio que van a llevar unos meses. Pero le prometo, Pastor, que en enero seré fiel.»

Unos días después, mi hermano recibió una llamada telefónica, como a las seis de la mañana.

– «Bueno,» contestó. Era Angelina, y estaba llorando.

– «Pastor, ya se fue Vicente.»

– «No llore, Hermana. Ya verá que regresará. Ya sabe cómo es Vicente.»

– «No, Pastor. Ya se nos fue Vicente.»

– «Ya lo conoce, Hermana. En unos días reflexionará, se arrepentirá, y regresará.»

– «Pero, Pastor, Vicente acaba de morir.»

Las palabras que vinieron a la mente de mi hermano, son las que escogió para el título de su mensaje el día siguiente, en el servicio funerario de Vicente, y las que mi cuñada escribió en una cartela grande, y pusieron al frente de la iglesia, detrás del púlpito a la vista de todos mientras mi hermano predicaba: «En enero seré fiel. …Vicente.»

Al escuchar esta historia verdadera, me impresionó muchísimo, y me pregunté, «¿Cuántas cosas debo hacer, que no hago simplemente porque no soy fiel al Señor?»

Hay almas que tal vez van al infierno, porque pienso: «En enero seré fiel…en enero iré a ganar almas…en enero hablaré a mi vecina de Cristo… en enero escribiré ese devocional, seré más fiel en mi tiempo a solas con Dios… en enero dejaré de chismear… en enero arreglaré esa relación rota… en enero iré a visitar a esa viejita que se está muriendo sin Cristo…» «En enero seré fiel.»

Mientras decimos a los perdidos: «Hoy es el día de salvación,» debemos recordar otro texto que se encuentra en la misma Biblia: «… ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece.»

«Gracias, Hermano Vicente. Sé que estás en el cielo con el Señor, y tal vez lamentas no haberle sido fiel en tus últimos días. Pero tu historia me motivó a serle fiel a mi Señor en los días que a mí me quedan.» Fin.

Callate La Boca

«¡Cállate La Boca !»

«Pon, oh Jehová, guarda a mi boca:

Guarda la puerta de mis labios.»

Salmo 141:3

Hace poco, estaba escribiendo una tarjeta de cumpleaños a mi nieto, Hank. Estoy acostumbrada a escribir rápidamente en letra manuscrita, pero como Hank apenas está cumpliendo 7 años, yo estaba formando las letras de molde de mi mensaje cuidadosamente y lentamente, en el espacio limitado que me permitía su tarjeta.  Pero mientras escribía, pensaba, «¡Qué bueno sería si pudiera medir mis palabras habladas como estoy midiendo las de esta tarjeta:  despacio, y en un espacio limitado.»

La mayoría de nuestros problemas son resultado del pecado.  Y la mayoría de los pecados que causan nuestros problemas son resultado de nuestros pecados.  Pero ¿alguna vez te has preguntado el orígen de nuestros pecados?

Si leíste la cita bíblica arriba, ya sabes.

Mientras la Biblia dice que «el amor del dinero es la raíz de todos los males:…,» la boca es el instrumento usado para llevar a cabo nuestras malas acciones.

Permíteme explicar:

I.  El pecado de un estilo de vida sin disciplina:  lo que entra

A.     Bebidas alcohólicas, drogas, y comida.  Mientras se ha dicho que el alcoholismo es una enfermedad, creo con todo mi corazón que su causa es una vida sin disciplina.  Los alimentos a veces se consumen como un medio de escape, como es el uso de las drogas.  Es un substituto de poner nuestra confianza en el Señor, llevar nuestros problemas y penas a El.  La razón más obvia de un cuerpo de sobre-peso es consumir más calorías de lo que quemamos.  Comemos más de lo que nos movemos.  Mientras algunos trabajos requieren más tiempo sentadas que tiempo moviendo nuestros cuerpos, de todas maneras Dios espera que cuidemos nuestro «templo del Espíritu Santo.»  Debemos hacer tiempo cada día en nuestro horario para ejercer nuestros cuerpos.

Pero yo creo que la causa principal de cuerpos de sobre-peso son bocas «sobre-empacadas.»  La comida puede ser una forma de droga.  ¿Por qué comemos entre comidas, o seguimos comiendo después de ser saciadas?  Estoy convencida que la mayor parte de los alimentos que consumimos es una forma de droga, tomada en grandes dosis para calmar nuestros temores, tristeza causada por la falta de paz, y falta de confianza en el Señor.  Nos preocupamos y nos quejamos por situaciones fuera de nuestro control.  Y porque no las podemos controlar, comemos.  Hay personas aburridas, que no tienen de qué ocuparse, y entonces se sientan en frente de una pantalla con una botella o una bolsa de golosinas.  Comemos fuera en restaurantes para celebrar, comunicar, relajar, tener comunión, y planear.  Mientras eso en sí no es pecado, si no «guardamos la puerta de nuestros labios,» seremos culpables de cometer el pecado de sobre-comer.

Hace unas dos semanas estaba manejando desde la ciudad de Oklahoma City al estado de Texas.  Con un motivo especial, escogí la ruta más larga, que me llevó a la ciudad de Duncan, donde nació y fue enterrado mi esposo, el Dr. Tom Sloan.  De paso, llegué a comprar tres arreglos de flores:  uno para mi esposo, otro para mi suegra, y otro para nuestro hijo, John, quien murió a los 6 meses de mi embarazo.  Estaba sola, y no anticipaba el proyecto que me esperaba.  Pensaba en los recuerdos que ese viaje me iba a provocar.  Pero ¡Adelante!  Yo era una mujer con una misión.  Me tardé unos minutos para encontrar el lugar donde quedaban los restos de my Amado celestial.  Sólo al ver su nombre me provocó las lágrimas.  Me bajé de mi Van, cruzé el panteón, y coloqué los arreglos sobre la tierra donde estaban enterrados mis seres queridos.  Mientras observaba mi trabajo, me pregunté, «¿Será que hay personas que vienen aquí a ver donde enterramos al hombre más maravilloso que ha vivido?»  Recuerdo el día cuando él me dijo que no encontraba el latido del corazón de nuestro bebé, y las dos largas semanas que lo cargué dentro de mí antes de su nacimiento…aquí en esta ciudad.  Tomé fotografías de las bellas flores de color naranja y amarilla sobre el pequeño lugarcito donde reposaba nuestro hijo al pie de su abuelita.  Luego leí vez tras vez la inscripción de mi Amado, y los nombres de nuestros ocho hijos, y tomé más fotos para que ellos las vieran.  Y caminé rápidamente hacia mi Van.  La temperatura registraba arriba de 40 grados, aunque estabamos en el otoño.  Prendí el motor, y disfruté del aire fresco, y pensé mientras miraba a su nombre escrito allí, «¿Será que te voy a amar y te voy a extrañar por siempre?»

Cuando de repente me vino a la mente, «¡Tú no estás allí!»  ¿Y sabes qué hice?  Dirigí mi carro los cinco kilómetros al centro de la ciudad, y me compré un helado…una droga para calmar mi tristeza.  Saliendo a la carretera, me provocó una sonrisa, y viendo arriba pensé, «Esto es exactamente lo que hubieras hecho tú.»

B.      Sin miedo de presentarme aquí como una mujer inmodesta, creo que el principio de los pecados del adulterio y de la fornicación empiezan con la boca…con los besos sensuales.  No hay que entrar en detalles, pero creo que si «pusiéramos una guarda a nuestras bocas» evitaríamos muchos pecados de la carne.  ¿Cuántos hogares han sido destruídos porque alguien no puso guarda a su boca?  Mientras una relación ilícita empieza con la boca, el verdadero orígen está en el corazón.  Cuando el corazón no está bien, nada está bien.

II. Lo que sale afuera

A.         Las palabras:  ¿Cuántos problemas pudiéramos evitar en nuestras vidas si simplemente aprendiéramos a guardar nuestras palabras?  Me he preguntado cómo sería ser sordomuda.  Y me vino a la mente, «Los sordomudos han de tener menos problemas con las relaciones con otras personas, que las personas como yo que hablamos demasiado.»  Pero en realidad «de la abundancia del corazón habla la boca.» Mateo 12:34.  Sea con señas o con las palabras habladas, revelamos lo que está adentro de nuestro corazón a traves de nuestras palabras.  Mientras hay muchas enfermedades causadas por lo que entra al cuerpo por medio de la boca, creo que hay enfermedades emocionales provocadas por lo que sale de la boca.  «Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, Oh Jehová,…»Salmo 19:14

B.          La oración:  Mientras la oración es «hablar con Dios,» yo creo que nuestra verdadera vida de oración se pasa en silencio.  Pero la oración es en realidad el tiempo que expresamos la abundancia de nuestro corazón a Dios…nuestras necesidades, nuestros deseos, nuestro dolor, nuestra frustración.  También es un tiempo de comunión con El.  A traves de la oración sentimos Su presencia.  Muchas veces mientras estoy sola, manejando en la carretera, paso tiempo hablando con Dios, expresando a El mi amor y mi gratitud.  Pero también le expreso mis deseos, mis temores y mis cargas.  La oración es todo lo que tú necesitas que sea.  ¡Qué pérdida de tiempo compartir nuestros problemas con otros, personas que no pueden hacer nada para cambiar nuestra situación!  ¿Por qué no los llevamos a la Persona quien desea nuestra compañía?  El sólo puede llevar nuestras cargas, y resolver nuestros problemas.  Sólo El conoce nuestras tentaciones y nuestros temores.  El es el Unico Quien guardará nuestros secretos, y Quien proveerá nuestras necesidades.  ¿Por qué hablamos más con la gente que con el Señor?

Cuando estés cansada y abatida,

Dílo a Cristo, Dílo a Cristo,

Si te sientes débil, confundida,

Dílo a Cristo el Señor.

«…Atenderé a mis caminos, Para no pecar con mi lengua:  Guardaré mi boca con freno,…»

Salmo 39:1

«El que guarda su boca y su lengua, Su alma guarda de angustias.»

Proverbios 21:23

A Espaldas de El

«A Espaldas de El»

«Entonces la mujer de Lot miró atrás,  a espaldas de él,  y se volvió estatua de sal.» -Génesis 19:26

Tal vez una de las historias más tristes de toda la Biblia tomó lugar en el pasaje de Génesis 19.  Es la historia de la destrucción de Sodoma y Gomorra.  Dios escogió una de las maneras más terribles para su destrucción: hizo caer fuego y azufre del cielo.  (V. 24)  Destruyó esas ciudades por su perversidad, y por su pecado.

Había una familia que vivía allí: Lot, el sobrino de Abraham, su esposa, y sus dos hijas.

En primer lugar, Lot vivía allí fuera de la voluntad de Dios.  El escogió vivir en ese lugar años antes.  Lo escogió por razones materiales.  Esperaba mejorar su estado económico, y por cierto, subió en cuanto a lo político, porque leemos en el versículo 1 que «Lot estaba sentado a la puerta de Sodoma.»…indicando que era un oficial.

Porque Lot no buscaba la voluntad de Dios en el capítulo 13, cuando su tío le dio la oportunidad de escoger la tierra que él prefería, «fue poniendo sus tiendas hasta Sodoma.»  V. 12

Desgraciadamente, cuando nosotras escogemos mal, no sufrimos solas.  Sufren las personas con quienes vivimos, y a quienes amamos más.

Así sucedió en el caso de Lot.  Lot era salvo, según II Pedro 2:7.  Tenía la misma oportunidad de seguir la dirección de Dios que tuvo su tío, Abraham.  Pero no lo hizo.  Y porque no lo hizo, dañó a su familia.

De todas las maneras que un esposo, padre, líder del hogar puede sufrir al no seguir la dirección de Dios, es en la pérdida, o la falta de respeto de su esposa y de sus hijos.  Es difícil que una mujer pueda seguir a un hombre que se dice ser salvo, cuando las acciones de su vida diaria no concuerdan.  Así pasó en la vida de Lot.

Cuando llegaron los ángeles a avisar a Lot que sacara a su familia de aquél lugar condenado a la destrucción, llegó con sus yernos…los muchachos que estaban comprometidos para casarse con sus hijas…parecía Lot un predicador.  «Levantaos,  salid de este lugar;  porque Jehová va a destruir esta ciudad.»  Yo creo que Lot lo decía con todo su corazón.  No estaba leyendo el bosquejo de un predicador famoso.  Estaba predicando el mensaje que Dios había puesto en su corazón, y temía por las vidas de los que más amaba.  ¡Qué lástima que no «predicó» desde un principio, en lugar de estar buscando bienes materiales, y fama.  Y la Biblia dice en el mismo versículo 14, «Mas pareció a sus yernos como que se burlaba.»

Da vergüenza aún pensar en lo que pasó después de la destrucción de Sodoma.  Una historia de las más horribles que hay en toda la vida…tal vez más triste que la muerte de las personas de aquella ciudad: la relación vergonzosa de Lot con sus dos hijas, quienes tuvieron hijos de su padre.

En el versículo 16, cuando los ángeles estaban sacando a la familia de Lot, hay un detalle que me hace meditar: con la amenaza de la destrucción de aquella ciudad, hubiera sido suficiente para que Lot y su familia corrieran rápido.  Algo sucedió en el versículo 16 que me hace pensar cuánto en realidad amaban las cosas materiales, porque dice «Y deteniéndose él,» (Lot) ¿Puedes creer esa palabra?  ¡Se detuvo Lot!  Los ángeles, dice la Biblia, «asieron de su mano, y de la mano de su mujer, y de las manos de sus dos hijas,…y le sacaron,…»  Tuvieron que sacarlos a la fuerza.

Hay una lección más en esta historia llena de tragedia.

En el siguiente versículo 17, uno de los ángeles dijo, «No mires tras ti,…»  Fue un mandamiento.  Fue dado directamente de Dios.

Les voy a compartir una convicción personal que yo tengo.  Es un principio basado en la Biblia.  Cuando nuestra autoridad (el esposo, el pastor, el maestro) nos da una orden, debemos obedecerla.  Aún cuando aquellos líderes se equivocan, Dios nos bendice si somos obedientes, porque debemos respetar su posición.

Tal vez porque la esposa de Lot había perdido todo respeto para su esposo, también lo había perdido para Dios y Su autoridad.  El versículo 26 dice que ella desobedeció.  «…miró atrás,»  No tuvo temor a Dios ni a Su autoridad, ni mucho menos a su esposo.

Pero lo que a mí más me impresiona es la pequeña frase, «…á espaldas de él,»…  ¿A espaldas de quién?  ¿A espaldas de Dios?  No.  No podemos esconder nada de Dios.

Pero la esposa de Lot desobedeció a Dios, á espaldas de su esposo, Lot, porque dice «…la mujer de Lot…» e inmediatamente dice, «…a espaldas de él…»

La esposa de Lot había perdido todo respeto para su esposo.  No le daba vergüenza engañarlo.  Quería dar una pequeña miradita a su casa, a sus amigas, a su jardín, a sus animales que estaba dejando.  Pero esa miradita le costó la vida, porque la última parte del versículo 26 dice, «…y se volvió estatua de sal.»

Es terrible desobedecer.  Es penoso hacer un pecado.  Pero cuando lo hacemos a escondidas, eso dice mucho:

1)      No respetamos a Dios.  No Lo tememos.

2)      No respetamos a las autoridades que Dios ha puesto en nuestras vidas.

3)      Por alguna razón nos hemos alejado de Dios…hemos dejado de leer nuestra Biblia, de asistir a la iglesia, de testificar a otros.

4)      Es tal vez la forma más fuerte de la rebelión: «Yo voy a hacer lo que yo quiero hacer, a mí no me importa lo que tú me dices.»

5)      Existe cierta pena: «Yo voy a hacer algo contrario de lo que tú me mandas, pero no quiero que lo sepas.»

6)      ¿Has hecho cosas «a espaldas» de tu esposo? ¿de tus hijos?

7)      ¿Dices cosas negativas acerca de otros «a espaldas de ellos,» que no dirías si estuvieran presentes?  A eso le llamamos «chisme.»

Tu vida debe ser un libro abierto.  Un famoso predicador dijo una vez, «Vive de tal manera que cuando llegue el tiempo para morir, lo único que tendrás que hacer es morir.» Con eso estaba diciendo que debes vivir una vida limpia, una vida libre de pecados secretos, de cosas que haces «a espaldas,»  de alguien.

A propósito, si tú eres mamá, tus hijos te están viendo.  Esos pequeños oiditos escuchan cuando tú cuentas un chisme, o dices una maldición «a sus espaldas.»  Esos ojitos te ven cuando haces tus berrinches, cuando tu esposo no te deja hacer lo que tú quieres hacer.  Piensa en el ejemplo que estás poniendo a tus hijas y su futuro matrimonio.

¿Has testificado a una persona de Cristo después de cometer un pecado «…a espaldas»?  Les va a sonar como sonaba el testimonio de Lot a sus yernos.  Se van a reír de ti.  Pierdes el poder del Espíritu Santo en tu vida cuando guardas pecados secretos.

Pero hay un motivo más noble, más puro para vivir nuestras vidas de tal manera de cuando llegue el tiempo para morir, lo único que tendremos que hacer es morir.  Y esa razón es porque el Dios Todopoderoso siempre nos ve.  Nunca pienses que puedes esconderte de Él.  Él ve todo lo que tú haces, en lo abierto, o en lo secreto… a Sus espaldas.

Confiesa tus pecados secretos a Él.  Pídele que saque todo lo escondido de tu corazón y de tu vida, hasta tus malos pensamientos secretos.

Dice la Biblia que un día la obra de cada una de nosotras será manifestada, «porque el día la declarará;…»  I Corintios 3:13   ¿Estás lista para aquel día?

La Esposa de Lot

«A Espaldas de El»

«Entonces la mujer de Lot miró atrás,

á espaldas de él,…»

Génesis 19:26

Tal vez una de las historias más tristes de toda la Biblia tomó lugar en el pasaje de Génesis 19.  Es la historia de la destrucción de Sodoma y Gomorra.  Dios escogió una de las maneras más terribles para su destrucción:  hizo caer fuego y azúfre del cielo.  (V. 24)  Destruyó esas ciudades por su perversidad, por su pecado.

Había una familia que vivía allí:  Lot, el sobrino de Abraham, su esposa, y sus dos hijas.

En primer lugar, Lot vivía allí fuera de la voluntad de Dios.  El esgogió vivir en ese lugar años antes.  Lo escogió por razones materiales.  Esperaba mejorar su estado económico, y por cierto, subió en cuanto a lo político, porque leemos en el versículo 1 que «Lot estaba sentado a la puerta de Sodoma.»…indicando que era un oficial.

Porque Lot no buscaba la voluntad de Dios en el capítulo 13, cuando su tío le dio la oportunidad de escoger la tierra que él prefería, «fue poniendo sus tiendas hasta Sodoma.»  V. 12

Desgraciadamente, cuando nosotras escogemos mal, no sifrimos solas.  Sufren las personas con quienes vivimos, y a quienes amamos más.

Así sucedió en el caso de Lot.  Lot era salvo, según II Pedro 2:7.  Tenía la misma oportunidad de seguir la dirección de Dios que tuvo su tío, Abraham.  Pero no lo hizo.  Y porque no lo hizo, daño a su familia.

De todas las maneras que un esposo, padre, líder del hogar puede sufrir al no seguir la dirección de Dios, es en la pérdida, o la falta de respeto de su esposa y de sus hijos.  Es difícil que una mujer pueda seguir a un hombre que se dice ser salvo, cuando las acciones de su vida diaria no concuerdan.  Así pasó en la vida de Lot.

Cuando llegaron los ángeles a avisar a Lot que sacara a su familia de aquél lugar condenado a la destrucción, llegó con sus yernos…los muchachos que estaban comprometidos para casarse con sus hijas…parecía Lot un predicador.  «Levantaos, salid de este lugar; porque Jehová va á destruir esta ciudad.»  Yo creo que Lot lo decía con todo su corazón.  No estaba leyendo el bosquejo de un predicador famoso.  Estaba predicando el mensaje que Dios había puesto en su corazón, y temía por las vidas de los que más amaba.  ¡Qué lástima que no «predicó» desde un principio, en lugar de estar buscando bienes materiales, y fama.  Y la Biblia dice en el mismo versículo 14, «Mas pareció á sus yernos como que se burlaba.»

Da vergüenza aún pensar en lo que pasó después de la destrucción de Sodoma.  Una historia de las más horribles que hay en toda la vida…tal vez más triste que la muerte de las personas de aquella ciudad:  la relación vergonzosa de Lot con sus dos hijas, quienes tuvieron hijos de su padre.

En el versículo 16, cuando los ángeles estaban sacando a la familia de Lot, hay un detalle que me hace meditar:  con la amenaza de la destrucción de aquella ciudad, hubiera sido suficiente para que Lot y su familia corrieran rápido.  Algo sucedió en el versículo 16 que me hace pensar cuánto en realidad amaban las cosas materiales, porque dice «Y deteniéndose él,» (Lot)…¿puedes creer esa palabra?  ¡Se detuvo Lot!  Los ángeles, dice la Biblia, «asieron de su mano, y de la mano de su mujer, y de las manos de sus dos hijas,…y le sacaron,…»  Tuvieron que sacarlos a la fuerza.

Hay una lección más en esta historia llena de tragedia.

En el siguiente versículo 17, uno de los ángeles dijo, «No mires tras ti,…»  Fue un mandamiento.  Fue dado directamente de Dios.

Les voy a compartir una convicción personal que yo tengo.  Es un principio, y yo vivo según principios.  Esta convicción, este principio, están basados en la Biblia.  Cuando nuestra autoridad (el esposo, el pastor, el maestro) nos da una órden, debemos obedecerla.  Aún cuando aquellos líderes se equivocan, Dios nos bendice si somos obedientes, porque debemos respetar su posición.

Tal vez porque la esposa de Lot había perdido todo respeto para su esposo, también lo había perdido para Dios y Su autoridad.  El versículo 26 dice que ella desobedeció.  «…miró atrás,»  No tuvo temor a Dios ni a Su autoridad, ni mucho menos a su esposo.

Pero lo que a mí más me impresiona es la pequeña frase, «…á espaldas de él,»…  ¿A espaldas de quién?  ¿A espaldas de Dios?  No.  No podemos esconder nada de Dios.

Pero la esposa de Lot desobedió a Dios, á espaldas de su esposo, Lot, porque dice «…la mujer de Lot…» e inmediatamente dice, «…á espaldas de él,…»

La esposa de Lot había perdido todo respeto para su esposo.  No le daba vergüenza engañarlo.  Quería dar una pequeña miradita a su casa, a sus amigas, a su jardín, a sus animales que estaba dejando.  Pero esa miradita le costó la vida, porque la última parte del versículo 26 dice, «…y se volvió estatua de sal.»

Es terrible desobedecer.  Es penoso hacer un pecado.  Pero cuando lo hacemos escondidas, eso dice mucho:

1)      No respetamos a Dios.  No Lo tememos.

2)      No respetamos a las autoridades que Dios ha puesto en nuestras vidas.

3)      Por alguna razón nos hemos alejado de Dios…hemos dejado de leer nuestra Biblia, de asistir a la iglesia, de testificar a otros.

4)      Es tal vez la forma más fuerte de la rebelión:  «Yo voy a hacer lo que yo quiero hacer, a mí no me importa lo que tú me dices.»

5)      Existe cierta pena:  «Yo voy a hacer algo contrario de lo que tú me mandas, pero no quiero que lo sepas.»

6)      ¿Has hecho cosas «á espaldas» de tus hijos?…de tus vecinos?…personas que aún no son tu autoridad?  ¿Será porque tienes miedo que ellos lo van a revelar a tu autoridad?

7)      ¿Dices cosas negativas acerca de otros «á espaldas de ellos» que no dirías si estuvieran presentes?  A eso le llamos «chisme.»

Tu vida debe ser un libro abierto.  Un famoso predicador dijo una vez, «Vive de tal manera que cuando llegue el tiempo para morir, lo único que tendrás que hacer es morir.»

Con eso estaba diciendo que debes vivir una vida limpia, una vida libre de pecados secretos, de cosas que haces «á espaldas.»

A propósito, si tú eres madre, tus hijos te están viendo.  Esos pequeños oidítos escuchan cuando tú cuentas un chisme, o dices una maldición «á espaldas.»  Esos ojitos te ven cuando haces tus berrinches cuando tu esposo no te deja hacer lo que tú quieres hacer.  Piensa en el ejemplo que estás poniendo a tus hijas y su futuro matrimonio.

¿Has testificado a una persona de Cristo después de cometer un pecado «…á espaldas»?  Les va a sonar como sonaba el testimonio de Lot a sus yernos.  Se van a reir de ti.  Pierdes el poder del Espíritu Santo en tu vida cuando guardas pecados secretos.

Pero hay un motivo más noble, más puro para vivir nuestras vidas de tal manera de cuando llegue el tiempo para morir, lo único que tendrémos que hacer es morir.  Y esa razón es porque el Dios Todopoderoso siempre nos ve.  Nunca pienses que puedes esconderte de El.  El ve todo lo que tú haces, en lo abierto, o «…á espaldas…»

Confiesa tus pecados secretos a El.  Pídele que saque todo lo escondido de tu corazón y de tu vida, hasta tus malos pensamientos secretos.

Dice la Biblia que un día la obra de cada una de nosotras será manifestada, «porque el día la declarará;…»  I Corintios 3:13   ¿Estás lista para aquel día?

La Gracia

«La Gracia»

II Corintios 12:7-10 (v. 9)

Efesios 2:8-10

La Biblia dice en 2 Corintios 12:7-10, «Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente,  me fue dado un aguijón en mi carne,  un mensajero de Satanás que me abofetee,  para que no me enaltezca sobremanera; 8 respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor,  que lo quite de mí. 9 Y me ha dicho: Bástate mi Gracia;  porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto,  de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades,  para que repose sobre mí el poder de Cristo. 10 Por lo cual,  por amor a Cristo me gozo en las debilidades,  en afrentas,  en necesidades,  en persecuciones,  en angustias;  porque cuando soy débil,  entonces soy fuerte.»

Según el diccionario, la Gracia es ayuda divina que no merecemos.

La Gracia nos es dada en la proporción exacta a nuestra debilidad, o a nuestra necesidad, y al momento preciso.

Nunca falta, pero tampoco abunda, como las bendiciones de Dios que Él nos da «mucho más abundantemente.» Efesios 3:20…ni tanta que «sobreabunde.» (Malaquías 3:10)  Sólo «basta»… 2 Corintios 12:9.

La Gracia nos queda según la talla de cada individuo, y de acuerdo a su necesidad.

La Gracia es tú aliado más grande cuando quieres tener la victoria sobre un pecado, o cuando quieres vivir la vida victoriosa en toda su plenitud.

El mes de enero de 2007, siempre me traerá uno de los recuerdos más tristes de toda mi vida:  la muerte de mi precioso nieto, Jonathan Thomas Miller.  He vivido 63 años, y más de 46 años en el campo misionero.  He traído 13 hijos al mundo, 5 de los cuales están en el cielo.  He visto a mis dos padres pelear y perder la batalla contra el cáncer, y he llorado sus muertes.

Vi a mi esposo doctor luchar por años contra el Parkinson, y aunque tranquilamente, estuve presente aquel domingo en la tarde cuando perdió esa lucha después de vivir 24 años con ese enemigo.

Pero todos esos tristes eventos en mi vida no se comparan con la tristeza que compartí con Steve y Ruthie (mi hija) durante los 17 días de la jornada de su pequeño hijito, Jonathan, quien nació dos meses prematuro el día que cumplí 63 años, el 30 de diciembre, 2006.

Estuve observando sin poder ayudar, cuando regresaban a la casa dos veces al día…una vez en la mañana, y otra vez en la tarde…después de pasar el tiempo que se les permitía con su hijito en el hospital de niños en Querétaro, donde ellos sirven como misioneros.

Una tarde estuve con Steve sin poderle ayudar, mientras derramaba sus lágrimas por el dolor de ver al sufrimiento increíble de su hijito.  «Mamá,» me dijo, «creo que no puedo regresar al hospital, y ver el sufrimiento de mi bebé.  No es como si estuviera en estado de coma…me mira, como si estuviera diciendo, ‘¡Papi, haz algo!’  Ya no aguanto más.  Pero no puedo pedir a Dios que se lo lleve…quiero a mi bebé.  Pero si vive, no será normal.  Tendremos que dedicar el resto de nuestras vidas para cuidarlo, o tal vez tendremos que meterlo en un lugar especial, o quizás tendremos que regresar a los Estados Unidos para vivir.»  Y lloró más.

Lo único que pude hacer era acercarme a él, sentarme a su lado, y tomar su mano, y llorar con él.  Luego le dije, «Steve, no sé qué vas a hacer.  Ya has sufrido más de lo que imaginé que un padre pudiera sufrir.  Nunca he pasado por este valle.  No tengo idea qué decirte.  Pero cuando llega el tiempo para lo que te espera, Dios  te dará la Gracia para hacer lo que tienes que hacer.»  Lo único que yo pude hacer era tomar la mano de Steve.

Pero la Gracia se acerca, y dice, «Steve, dame tu mano.  Yo te ayudaré.  Ándale.  Ponte los zapatos y súbete a tu carro, y vamos al hospital.  Estaré allí cuando me necesitas.  Pero no antes.»

Y la Gracia tomó a Steve y a Ruthie por las manos mientras fueron al hospital aquella noche, y escucharon la noticia que su hijito acababa de morir.  Y los guió por el valle más oscuro de sus vidas: mientras Steve recogió el ataúd de su bebé la siguiente tarde, y lo llevó a su casa, y lo colocó sobre la mesa de la sala.

La Gracia acompañó a Steve mientras explicó a sus otros tres hijitos, antes de abrir el ataúd, que Jonathan realmente no estaba dentro de esa cajita bonita, que sólo era su cuerpecito.  Jonathan estaba en el Cielo, y ya no estaba sufriendo.  Estaba con Jesús.

La Gracia acompañó a Steve aquella misma noche mientras entró a su iglesia con esa cajita, caminó al frente, y la colocó sobre una mesa cubierta de un manto azul.  Y la Gracia se paró al lado de Steve y Ruthie mientras que se abrazaron y lloraron juntos sobre lo único que les quedaba de lo más precioso que tenían en esta tierra.

La Gracia ayudó a Steve a predicar el servicio funerario de su hijito, que realmente era un servicio de «Victoria Sobre la Muerte.»  Y la Gracia estuvo presente cuando volvió a subir ese cuerpecito a su camioneta, y regresó a casa, y lo colocó tiernamente sobre la mesa de su sala hasta la siguiente tarde cuando todos los amigos y seres queridos habían llegado para acompañarlos  en la última parte de la jornada triste de Jonathan aquí en esta tierra.

En el cementerio fue la Gracia una vez más que ayudó a Steve a predicar el sermón sobre el pequeño ataúd, y luego ver en completo silencio mientras lo bajaron en la tierra.

Lo más bello de la Gracia es que no se limita a estar en un sólo lugar, con una sóla persona.  Porque aquella tarde la Gracia también estuvo con esta abuelita, mientras me acerqué juntamente con Ruthie y la mamá de Steve (mi consuegra), y tiramos las rosas que nos habían dado, sobre el ataúd.

Y de no ser por la Gracia de Dios, creo que no hubiera podido aguantar el ruido del cemento mientras lo tiraron sobre las tablas que habían sido colocadas sobre el hueco en la tierra.  El sonido de la pala mientras terminaba la obra es un sonido qué jamás saldrá de mi memoria, ni aún con la Gracia de Dios.

Lo que hace la Gracia:

1.         La Gracia te da fuerza.

2.         La Gracia te da valor.

3.         La Gracia te da poder sobre la tentación.

4.         La Gracia te extenderá la mano, y te guiará por valles de sombras.

Lo que no hace la Gracia:

1.         La Gracia no quita kilos, pero te ayudará a decir: «No, Gracias, estoy bien servida.»

2.         La Gracia no pagará tus cuentas, pero te dará la fuerza para salir a trabajar, o para gastar sabiamente el dinero de tu marido.

3.         La Gracia no edificará una iglesia grande, pero te ayudará a salir a ganar almas.

4.         La Gracia no te dará un buen matrimonio, pero te ayudará a permanecer fiel a tu marido, y a los votos que tomaste el día de tu boda.

5.         La Gracia no producirá hijos perfectos, pero te dará el valor de tolerar sus imperfecciones.

6.         Y si pudieras preguntar a Steve y Ruthie, «¿Qué más no hace la Gracia?,»  ellos dirían:  «La Gracia no te devolverá a tu hijito, pero te ayudará a usar tu tristeza para ser de bendición a otros.»…como yo he tratado de ser a ustedes.

Maldiciones Sin Causa

«Maldiciones Sin Causa»
«…la maldición sin causa nunca vendrá.»
Proverbios 26:2

Estoy escribiendo este devocional en mi recámara, y en un rincón puedo ver
la silla que ocupaba mi esposo cuando aún vivía.  Si cierro mis ojos, lo
puedo imaginar sentado allí, y casi le escucho decir, «La maldición sin
causa nunca vendrá.»

Tal vez estabamos hablando de un tiempo difícil por lo cual estabamos
pasando, o quizás se estaba refiriendo a otra persona que estaba sufriendo
una tragedia.  Pero la mayoría de las veces, cuando citaba este texto, él
estaba hablando de una pena que nos había pasado.

El razonaba:  «Cuando nos cae una tragedia, la mayoría de las veces es por
un error que hemos cometido.»

Cuando vives con alguien por treinta y cinco años como yo hice con Tom
Sloan, y especialmente cuando crias a ocho hijos juntos, pasas casi todas
las experiencias que existen.  Doy gracias a Dios por un esposo que siempre
examinaba su corazón cuando nos llegaban problemas.  Siempre era el primero
en decir, «No hubiéramos hecho eso,» o «quisiera haber hecho eso de una
manera diferente.»  El interpretaba literalmente el significado de
Proverbios 26:2.

Me dan ganas de llorar cuando recuerdo una experiencia amarga que pasamos
hace muchos años.  El sufrió más que cualquier otra persona que he conocido
de esa forma.  Pero él mismo repetía ese texto en Proverbios.

¿Será que cada prueba, cada quebranto de corazón, cada atraso financiero,
nos llega por algo mal que hemos hecho para merecerlo?  ¿Es lo que significa
ese texto?  Ciertamente mi esposo conocía más de la Escritura que yo.  Pero
a veces me pongo a pensar…

…Mientras me siento aquí en esta mañana, estoy reflejando:  Dios ha sido muy
Bueno conmigo.  No tengo absolutamente nada de qué quejarme.    De lo que yo
sé, tengo excelente salud.  Tengo un refrigerador lleno de comida, soy dueña
de mi casa y mi vehículo.  No tengo deudas.  Tengo una familia llena de
hijos y nietos preciosos, todos sirviendo al Señor.  Pero reflejo en
ocasiones en mi vida…¿alguna vez has estado tan triste que te fuiste a la
cama, y pediste al Señor que no te despertara?  Pues, yo sí.  Una maldición
llegó a mi vida.  Y con toda honestidad puedo decir que no puedo pensar en
una causa…no puedo pensar en nada que yo hice para traer esa maldición a mi
vida…algo tan trágico que me hizo desear la muerte…nunca tener que
enfrentarme a la realidad.

Pero sí desperté.  De hecho, ni pude dormir.  La maldición me mantuvo
despierta, me hizo llorar, hizo que me enfocara en mí misma.  Me hizo
consciente de mis sentimientos, y me hizo olvidar al Señor, y de Sus
bondades hacia mí.

¡Cómo nos gusta pensar que estamos en control de nuestras vidas, y de todos
los eventos de nuestras vidas!  Nos gusta mirar a nuestros preciosos hijos,
quienes están sirviendo al Señor, y pensar, «¡Vaya que sí hice buen trabajo
criando a mis hijos!  De veras que sí vale la pena sirvir al Señor, y mi
trabajo de enseñarles todas esas Escrituras cuando eran pequeños ha traido
fruto.  La vida sí tiene sentido.

Y seguimos sirviéndo al Señor, haciendo lo que trae buenos resultados,
porque sí la vida nos ha pagado grandes resultados.

Pues, yo te voy a decir algo:  debes enseñar las Escrituras a tus hijos, y
leerles la Biblia, y orar con ellos, y por ellos, y llevarlos a la iglesia,
si sirven al Señor o si no Le sirven.  Haces lo que haces porque es lo
correcto.  Es lo que la Biblia nos enseña.

¿Por qué haces lo que haces?  Si sales a ganar almas porque quieres ganar a
diez personas a Cristo cada semana, sales a ganar almas por un motivo
equivocado.  Debemos salir a ganar almas, porque es lo que la Biblia nos
enseña.  Es lo que nuestro pastor guia a su iglesia a hacer.  El motivo más
puro para hacer cualquier cosa es para agradar al Señor, y ser obediente a
Su Palabra.  Gracias a Dios cuando El corona nuestro trabajo con almas
salvas, e hijos que sirven al Señor.

Estoy pensando en este momento en dos hombres, aparte de mi esposo, dos de
los hombres más piadosos que yo he conocido.  Y tienen hijos quienes han
quebrantado sus corazones.  Son hijos adultos.  Esos hijos han traído una
maldición a las vidas de esos buenos hombres…y también a sus preciosas
esposas.  Esos dos hombres ocupan un lugar muy especial en mi vida.  Muy
probablemente han tenido la mayor influencia en las vidas de mi esposo, mis
hijos, y en la mía.

No puedo pensar en una sola causa que ha traído la maldición a la vida de
mis amigos.  ¿Hay una causa?  ¿Será que cada maldición en nuestras vidas
llega por algo que hicimos mal?

Si considero así a Proverbios 26:2:  «Cada maldición en tu vida existe por
algo malo que hiciste.  Tú la causaste,» entonces sí…la respuesta es Sí.

Pero, ¿y qué si el Señor quiso decir esto:  «Hay una causa por la maldición
que estás sufriendo.  Sé paciente, y aún en esta vida, si no la ves, confía
en Mí.  Hay una causa…una buena causa por la maldición que estás sufriendo.»

Que yo nunca sea culpable de torcer las Escrituras sólo para justificar algo
que estoy pasando, ni siquiera para consolar a otro que está pasando una
tragedia insoportable.  Pero ¿será que cada maldición en nuestras vidas
existe por algo que hicimos…o por algo que otro hizo?  ¿Será que cada
maldición en nuestras vidas es una forma de castigo?

Estoy convencida, por experiencia, que cuando recibimos esa llamada
telefónica, o encontramos esa nota, que casi nos destruye, ciertamente
debemos examinar nuestro corazón.  Nos debemos preguntar, «Oh, Señor,
muéstrame si hay algun pecado en mi vida que ha causado esta tragedia.»

Recuerdo un día cuando mi hermano me llamó, y me dijo que mi papá tenía
cancer.  Después de recuperarme, me senté en mi cama y recordé todas las
veces que le había desobedecido de niña, y aún de jóven.  Me acordé de las
veces cuando nos platicaba largas horas acerca de su juventud, antes de que
él conociera a Cristo.  ¿Por qué no saboreaba sus consejos, y sus historias
chistosas?  ¿Por qué no hacía caso de sus consejos acerca de la obra
misionera?  Tenía tanta sabiduría, y la desprecié.  Y ahora se me iba.  Era
una maldición en mi vida.  Y me hizo reflejar, y confesar mis pecados.

¿Pero será que mi desobediencia y el desprecio de sus consejos le causauron
el cáncer?  Claro que no.  ¿Había una causa para esa enfermedad terminal?
Claro que sí.  El fue una bendición durante su enfermedad de una manera que
no lo hubiera sido de no haberse enfermado.  Unas relaciones rotas se
restauraron, que tal vez nunca hubieran sido restauradas, si la gente no
hubiera visto que se estaba muriendo.

A propósito, ¡qué triste es pensar que las maldiciones tienen que venir
antes de que vengan las bendiciones.  ¿Por qué será que esa gente que le
habia hecho mal años antes esperaron hasta que se estaba muriendo para
pedirle perdón?  No sé.  Pero ciertamente su enfermedad trajo una buena
causa.

Reflejando en aquella tarde, acostada en mi cama, deseando el sueño,
deseando nunca despertarme, prefiriendo la muerta, ahora me trae una
sonrisa.  Una de las bendiciones más dulces de mi vida salió de esa
maldición tan oscura.  Y creo que esa experiencia me ha enseñado cosas que
jamás hubiera aprendido si esa maldición nunca hubiera llegado a mi vida.
Quisiera compartirlas contigo:

1.    Cuando llega la maldición, no te des por vencida.  Sigue sirviendo al
Señor, sigue confiando en El.
2.    No procures explicar tu maldición.  Según Proverbios 26:2, hay una causa.
3.    Examina tu corazón.  Pide al Señor que traiga a tu mente cualquier pecado
que tal vez trajo esa tragedia a tu vida.  Confiésalo a El, y de ser
posible, arregla tu vida, y luego sigue adelante.
4.    No te amargues.  No eches la culpa a otro.  No te enojes.  Hay una causa.
5.    Mantén un espíritu dulce.  Ama al que te ha lastimado.  Mantén abiertas
las líneas de comunicación.
6.    Ora por aquél que ha traido esta maldición a tu vida.
7.    Escribe en un diario lo que estás sintiendo.  Esto es algo que aprendí de
mi hijo, David, y el consejo que dio a Jolene, mientras se sentaba en un
triste hospital en Ucrania por tres días con su hijita.  ¡Qué fuente de
bendición ha sido ese diario a otros!
8.    Procura ver las cosas positivas que están pasando en tu vida a causa de
tu maldición.  Hice recuerdos inolvidables con mi papá, mi mamá, y con mis
hermanos durante el tiempo de la enfermedad de Papá, que de otra manera no
hubieran sido hechos si hubiera estado sano.
9.    Da gracias a Dios, si puedes, por tu maldición.
10.    Usa lo que aprendes por tu dolor para ser de bendición a otros que
también están sufriendo.

Yo no sé qué estás sufriendo:  una enfermedad terminal, la pérdida de un
precioso bebé, la rebeldía de un hijo, sueños hechos pedazos, el abandono de
un esposo, la traición de un amigo…¡tantas maldiciones en esta vida!  Tal
vez tú eres la causa.  Si es así, confiésalo al Señor, y pídele que te
perdone, y que haga de tu maldición una bendición.

Pero tal vez Dios ya tiene una causa para tu maldición.  Tal vez hay algo
que El quiere lograr a traves de tu dolor y tu quebranto de corazón.  Cuando
lo único que puedes hacer es confiar, pues confía en El.

Tu Puedes Robar Mi Gozo

«Tú Puedes Robar mi Gozo»

«No tengo yo mayor gozo que este,  el oír que mis hijos andan en la verdad.»

3ra Juan 4

Se escucha mucho acerca del gozo hoy día.  Cantamos coritos acerca del gozo: «Oh, el gozo del Señor mi fuerza es,»  «brincamos de gozo», y «yo tengo gozo, gozo, gozo, gozo.»

A veces pienso que ponemos demasiada importancia en esa palabra.

Pero no podemos negar la Biblia.  Y estoy en total acuerdo con el versículo en III Juan que expresa la suma de mis sentimientos:  «No tengo yo mayor gozo que éste, el oír que mis hijos andan en la verdad.»

La primera vez que escribí este texto, me equivoqué al poner la palabra «saber» en lugar de «oír.»  La palabra «oír que mis hijos andan en la verdad,» implica el hecho que alguien nos contó algo acerca de nuestros hijos…algo positivo.

Mi lado humano me hace sentir mucho orgullo cuando «oigo» que alguien dice cosas bonitas acerca de mis hijos, especialmente cuando se refieren al hecho de que están andando en la verdad.  No hay absolutamente nada que me trae mayor gozo.

Me encantaría que todos mis hijos prosperaran financieramente.  No tengo nada en contra de la seguridad material.  Pero no me conmovería mucho si alguien me mandara un correo reportando la gran cantidad de dinero que uno de mis hijos está ganando.

Ni haría gran celebración si me dijeran que una de mis hijas consiguió un trabajo de modelo de modas, o que había recibido una promoción en una carrera.

¿Qué es lo que deleita el corazón de esta madre?  Escuchar a alguien decir que uno de sus hijos fue de bendición a su vida, o que una de sus hijas está sirviendo fielmente a Dios.

La Escritura no dice que trae gran gozo escuchar que el marido de una, o la esposa de uno anda en la verdad.  Hay algo tan bello, que da un sentido de satisfacción sin descripción saber que nuestros hijos están viviendo seguramente dentro de la voluntad de Dios.

Así que, hay algo que mis hijos pueden hacer para robar mi gozo.  Y esto es escuchar que uno de ellos no está andando en la verdad…no está sirviendo al Señor.  No hay agonía más grande para una madre, oír que su hijo ya no sirve al Señor…ya no anda en la verdad.

Pero mientras este pequeño devocional se dirige a los hijos, quisiera usarlo para ser de bendición a mis amigas madres que luchan y sufren con hijos quienes no sirven al Señor.  Estos hijos quedan en una de dos categorías:

1)      Los que son salvos, pero que se han alejado del Señor.

2)      Los que nunca han sido salvos.  Ni voy a agregar «que no sirven al Señor,» porque en realidad a menos que tus hijos son salvos, no pueden servir al Señor.

¿Quieres desafiar esa última frase, «…no pueden servir al Señor…»?  Bueno, contestaré tu desafío.  Creo que hay niños, miembros de la iglesia, y aún obreros «cristianos» de tiempo completo que están viviendo una mentira.  Hacen lo mismo que hace la gente salva, pero lo hacen «en la carne,» en su propia fuerza.  Un día alguien les «guió a Cristo,» y los convenció que eran salvos, en camino al Cielo.

Creo que aquí cabe decir algo acerca de un error muy grande que hacemos las madres, los maestros de la escuela dominical, y los ganadores de almas:  porque amamos mucho a nuestros hijos, a nuestros alumnos, y a las almas perdidas, nos damos cuenta de la urgencia de hacer una decisión para Cristo.  Tememos la muerte de los que no se han preparado para la eternidad.  Pero en nuestro fervor, a veces olvidamos un hecho muy importante:  «Sin el Espíritu Santo, nadie puede ser salvo.»

Es mi opinión personal que muchísimo daño se ha hecho entre los ganadores de almas en general.  Sin querer desanimar a alguien a testificar a otros, no solamente en el ministerio organizado en la iglesia de salir a ganar almas, sino también testificar a cada oportunidad, quisiera decir, sin miedo de ser juzgada como anti-ganador-de-almas:  las iglesias, los púlpitos y los hogares hoy día están llenos de personas inconversas…personas que han sido convencidas por una persona agresiva, que van a ir al Cielo; por personas que han excluido al ministerio del Espíritu Santo, mientras esforzaron a una persona a hacer una profesión falsa de fe.

Todos nuestros ocho hijos son salvos.  Todos aceptaron a Cristo cuando eran pequeños.  Mi esposo y yo ganamos a todos nuestros hijos al Señor.  Pero nunca, nunca, ni una vez invitamos a uno de ellos a aceptar a Cristo de una forma personal.

En dos ocasiones, sin embargo, a dos de nuestros hijos los enfrentaron dos ganadores de almas agresivos…un misionero, y una maestra de la escuela dominical…y los animaron a aceptar a Cristo.  Nuestros dos hijos estaban muy pequeños.  Era muy obvio que sus «conversiones» no eran auténticas cuando uno de ellos ni siquiera pudo recordar lo que acababa de hacer unos minutos antes, cuando el misionero le dijo que nuestro hijo nos contara lo que había hecho.

La otra niña no nos contó nada, sino uno de sus hermanos.

Nadie me puede acusar de no amar a las almas.  Pero hay un error muy grande, especialmente cuando se trata de niños, en esforzar a alguien a hacer una decisión en cualquier área de la vida, pero especialmente la del destino eterno de uno.

Recordando las falsas decisiones de nuestros dos hijos, mi esposo y yo vivimos según un principio:  si un niño levanta su mano durante la invitación, y sus padres son creyentes, debe ser el gozo y el privilegio de ese padre llevar sus propios hijos al Señor.  Pero esta es una preferencia y un principio personal.

Pero este devocional se trata de aquellos hijos, especialmente hijos adultos, que han aceptado a Cristo, generalmente a una edad temprana, criados en un hogar cristiano, pero que han quebrantado los corazones de sus padres, alejándose de una manera deliberada de las verdades que les han enseñado.  A veces lo más natural es dudar de la salvación de esos hijos.  Mientras debemos pedir al Señor, «Que lo salves si no es salvo,» en realidad hay una sola cosa que necesitamos recordar:  si ese hijo es salvo o si no es salvo, el Único que le puede salvar, o le puede convencer del pecado es el Precioso Espíritu Santo.  Así que suéltalo.  Ora por él o por ella, sí.  Pero quita las manos de ellos.  Deja que el Espíritu Santo haga Su perfecta obra.

Somos tan egoístas.  Creemos que podemos resolver todos los problemas de nuestros hijos si tan sólo nos escuchan.  Tenemos todas las respuestas de la vida.  Sabemos lo que Dios quiere hacer con nuestros hijos, con quiénes El quiere que se casen, y dónde El quiere que vivan:  al lado de nuestra casa, o, no lo quiera Dios, con nosotras.

Una vez escribí un devocional llamado, «Hijos Sobre-Cocidos.»  Se trata de madres con hijos que son salvos, y están sirviendo al Señor…aquellas madres que quieren controlar las vidas de sus hijos, sus ministerios, y sus matrimonios.

El título de este devocional debe ser, «Hijos Sobre-Cocidos II.»  Se trata de madres de hijos que, o no son salvos, o son salvos y no sirven al Señor.  Pero principalmente se trata de los que conocen al Señor, pero han salido de Sus caminos.

Tengo el mismo consejo para las madres de estos hijos que di en «Hijos Sobre-Cocidos»:  Apaga la lumbre.  Deja de predicar a tus hijos.  Ya saben tus bosquejos de memoria.  Los han escuchado todas sus vidas.  Y recuerda estas tres cosas que te ayudarán en cualquier situación de la vida.

1)      Dios está en control, y sabe exactamente lo que está haciendo.  Quita tus manos del control, y dálo al Señor.

2)      Baña a tus hijos en la oración.  Ora por ellos «sin cesar,» mientras haces tus quehaceres, mientras preparas tus comidas, mientras manejas, ora por ellos.  Tú puedes hacerlo.  De todas maneras tienes que estar pensando en algo.  Usa tu facultad de pensar para algo positivo.  Cuando empieces a preocuparte, o sentirte deprimida por ellos, simplemente dile al Señor, «Dios, no puedo hacer esto, pero Tú sí puedes.  Toma control de esta situación, y haz Tu perfecta voluntad.»

3)      Pide al Señor que tome esta situación desagradable y fea, y que la convierta en algo que le dará gloria.

Parece una cosa rara pedir esto.  ¿Dios puede recibir la gloria de un pecado?  Pues, no.  Pero creo que si confiamos en El, o aún si no confiamos en El, El puede usar cualquier cosa para Su gloria.  El pecado en sí, sea un estilo de vida pecaminoso, o un pecado, desagrada a Dios.  Le entristece.  Pero cuando uno siente convicción del pecado, y se arrepiente de ese pecado o de ese estilo de vida pecaminoso, Dios puede usarlo para Su gloria.  Aunque el pecado nunca glorifica a Dios, El puede obtener la gloria por el cambio de corazón, cuando uno abandona el pecado por medio de la convicción del Espíritu Santo.  Eso es lo que las madres pueden pedir a Dios.

¿Por qué los hijos salvos dan la espalda a Dios, y viven en pecado?  Viviré y moriré sin saber la respuesta.  Pero hay una respuesta.  Dios la sabe.  El vio a ese corazón de tu hijo cuando Le dio la espalda, aún antes de que nosotras viéramos las acciones pecaminosas de nuestro hijo.  Dios conoce el corazón, y ahí es donde empezó todo.

Tú no puedes cambiar el corazón de tu hijo.  Es terreno del Espíritu Santo.  Pero sí puedes orar por tu hijo.  Dios honra la fe.  El recompensa tu confianza en El.  Le encanta a Dios cuando tú Le das el control de la vida de tu hijo.  El ve a tu hijo todo el tiempo, aún cuando tú no lo ves.  El sabe lo que está haciendo.

Los hijos de David dieron la espalda a Dios.  ¿Será que tuvo referencia a eso cuando clamó, «Vuélveme el gozo de tu salvación,»?  David estaba pidiendo al Señor un corazón limpio, así que estaba hablando de sus propios pecados.  Pero ¿será que estaba pensando en la influencia que tuvo su pecado sobre sus hijos?  ¿Sus hijos le habían robado su gozo?  Mientras podemos fácilmente acusar a David, y pensar que podemos ver claramente la razón de las vidas pecaminosas de sus hijos, ninguna de nosotras es perfecta.  Así que, mi consejo final, aunque no el de menor importancia, y tal vez aún debe ir en primer lugar, es esto:  pídele a Dios que te quite cualquier pecado que tal vez provocó a tu precioso hijo a salir de los caminos del Señor.  Pídele a Dios que te convenza de tu pecado, que te perdone, y te cambie.  Y Él lo hará.

Luego, aunque tu gozo te ha sido robado, El te lo restaurará.

Y al mismo tiempo, puede ser que restaure también a tu hijo.