La Importancia De La Iglesia

La Importancia de la Iglesia

Luís Parada

1 Timoteo 3:15 nos dice: «Para que si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad.»

La Iglesia no es solamente la casa de Dios viviente, sino que también es la columna y baluarte de la verdad; quiero hablarle acerca de la Iglesia, la importancia de la Iglesia.

La Iglesia es un cuerpo local de creyentes, bautizados, los cuales están asociados por medio de la fe y con fraternidad en el Evangelio. Observan las dos ordenanzas de Cristo, se someten a las enseñanzas de Él y procuran anunciar el Evangelio hasta los fines de la Tierra. Pero en la Biblia, la Iglesia es un cuerpo local de creyentes.

Una Iglesia Bautista es una Iglesia basada en los principios señalados en el Nuevo Testamento, no es perfecta, pero desea ser obediente a lo establecido en las Escrituras. Tiene un gobierno democrático bajo el Señorío de Cristo, es un cuerpo autónomo, los miembros son todos igualmente responsables, sus oficiales de acuerdo a las Escrituras, son los Pastores y los Diáconos.

Quiero hablar acerca del origen de la palabra «Iglesia.» El Nuevo Testamento fue escrito en griego, en este idioma, la palabra Ecclesia literalmente significa «los llamados afuera», es decir, los que fueron llamados del mundo y puestos dentro del grupo con características particulares. El uso común de la palabra ecclesia significaba asamblea, una congregación; para que una asamblea sea una asamblea de Cristo, Cristo tiene que ser el centro de esa reunión. Entonces, como los cristianos se reunían, le empezaron a llamar a la asamblea, la congregación de Cristo, la Iglesia de Cristo.

Hoy en día, hay organizaciones que han tomado el nombre de Iglesia de Cristo, entonces cuando hablamos de Iglesia de Cristo no necesariamente estamos hablando de todas las Iglesias que son netamente cristianas, pero en aquel tiempo, la Iglesia era muy simple, muy común, y entonces el grupo de cristianos se llamaban así, cristianos, o también les decían «los del camino.»

Pero la palabra Iglesia significa Congregación, los llamados afuera del mundo y puestos en un grupo separado, obviamente para la edificación, la adoración y la alabanza y para someterse a las enseñanzas del Señor Jesucristo.

La Iglesia no es un edificio, la Iglesia son las personas, los creyentes que se reúnen en esa asamblea.

La palabra Iglesia se encuentra 115 veces en el Nuevo Testamento, 99 veces se refiere a la Iglesia local. Hoy en día muchos hablan de la Iglesia Universal, y no estoy hablando de esos farsantes que están en el centro de Los Ángeles, que le han puesto Iglesia Universal, que ya se dieron tan mal nombre que ya hasta cambiaron su nombre a Catedral de la Fe… no estoy hablando de esto. Estoy hablando de que algunos creyentes legítimos, hablan y enseñan acerca de una Iglesia Universal que es compuesta por todos los creyentes, o le llaman también El Cuerpo Místico de Cristo.

Ahora, yo creo que no sólo en una Iglesia local hay creyentes, obviamente en cada Iglesia local hay creyentes, pero Dios intentó que cada quién se reuniera y ejercitara sus dones dentro del marco de la Iglesia local.

Un día, el Señor nos va a llamar a su presencia, cuando Él venga en Su segunda venida, desde las nubes va a llamar y nosotros, los que somos creyentes vamos a subir con el Señor, de todas las Iglesias, de todas las congregaciones, de todo lugar, de todos los sabores habidos y por haber, mientras tengan su fe en Cristo Jesús, aunque tengan diferente doctrina, van a ser llamados y vamos a ir a la presencia del Señor; pero eso va a suceder cuando Cristo venga en Su segunda venida, en el presente, aunque colaboramos y trabajamos, realmente no somos miembros de una Iglesia Universal, sino que cada quien es miembro de su Iglesia local.

Entonces, la Iglesia es un grupo de creyentes reunidos. Nosotros somos una asamblea de cristianos, por eso, las Iglesias Bautistas se dicen en plural, y no se dice Iglesia Bautista, para eliminar el concepto de una madre Iglesia. Por eso nosotros somos independientes, nuestra Iglesia es una Iglesia bíblica, Bautista, fundamental, independiente. Bautista porque tiene ciertas características. Bíblica, porque creemos en la Biblia como la única regla para nuestra fe y nuestra práctica. Fundamentalista, porque somos lo básico, lo fundamental: todo lo que hacemos o decimos lo hacemos de acuerdo a la palabra de Dios. Esto no quiere decir que no creemos en el Espíritu Santo, pero creemos en la autoridad de la palabra de Dios, incluso cuando interpretamos las Escrituras lo hacemos desde el punto de vista literal, gramático, cultural, y la interpretamos por lo que dice, no andamos buscando ninguna enseñanza mística detrás de lo que dice, así como dice, así es.

Independiente, porque no pertenecemos a ninguna asociación, si me permiten decirlo así: nosotros nos rascamos con nuestras propias uñas. La gente piensa que porque somos Bautistas, pertenecemos a una asociación y que te respaldan, como tenemos programa de televisión, la gente supone que estamos respaldados por la Asociación Bautista del Sur, o la Americana, pero nosotros somos independientes, no tenemos nadie por encima de nosotros, así fue en el principio: el único que está sobre las Iglesias es Jesucristo. Cada congregación es capaz de manejarse por sí misma e independiente de las demás. Creemos en una Iglesia local y en una Iglesia autónoma.

¿Quién es el fundador de la Iglesia? El fundador de la Iglesia es Jesucristo mismo. Tomen en cuenta esto, pues hay gente no bautista, no fundamentalista que cree que la Iglesia inició el día de Pentecostés. Nosotros no creemos esto ¿por qué no lo creemos? porque no hay ninguna evidencia bíblica.

Les recuerdo que la Iglesia Católica cree que quien fundó la Iglesia no fue Cristo, sino el Papa, el que dicen fue primer Papa, que fue Pedro, lo creen porque Pedro predicó el día de Pentecostés, y como 3 mil fueron salvos, 3 mil se añadieron a la Iglesia, ellos dicen que ahí comenzó la Iglesia, pero yo les voy a probar ahora, con 5 pruebas contundentes, que fue Cristo quien fundó la Iglesia.

Nosotros los Bautistas no somos protestantes, nosotros los Bautistas creemos que Cristo fundó la Iglesia, Él es el fundamento, Él es la roca, sobre Él se edifica la Iglesia.

A continuación se presentan cinco razones bíblicas por las cuales, nosotros los Bautistas creemos que Jesucristo es el fundador de la Iglesia.

Número uno: Cristo dijo: «y sobre esta roca, edificaré mi Iglesia.» La roca no es Pedro, es Cristo. Eso está en Mateo 16:18. En 1 Corintios 10:4 dice: «y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo.» La roca es Cristo. Y Él dice «sobre esta roca, edificaré mi Iglesia», la Biblia claramente enseña que el fundamento es Cristo y que nadie puede poner otro fundamento. 1 Corintios 3:11 y Efesios 2:20 dicen que nadie puede poner otro fundamento. Es claro que nadie puede poner otro fundamento: el Fundamento es Cristo.

Número dos: Cristo dio instrucciones a la Iglesia, obviamente ya estaba establecida, los discípulos sabían de qué estaba hablando, en Mateo 18:15, él dio instrucciones a la Iglesia. ¿Si la Iglesia inició el día de Pentecostés por qué estaba dando instrucciones antes del día de Pentecostés? Mateo 18:15-18 dice: «Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. 16Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. 17Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano.»

Si Cristo está hablando de algo que no existía, ¿para qué lo hablaba? Y no lo dice como algo que deban hacer en el futuro, sino que «Háganlo ya.» Ustedes van a alguien y no se arrepiente, entonces tráiganle a un testigo, si no se arrepiente, entonces tráiganle a la Iglesia. Si no hubieran sabido de qué estaba hablando, habrían dicho: «Señor, ¿qué es eso de la Iglesia? ¿De qué estás hablando?» Bueno, es que ellos ya sabían de qué estaba hablando, porque la Iglesia fue establecida en el ministerio de Cristo Jesús.

Número tres: Los miembros fueron añadidos a la Iglesia el día de Pentecostés, obviamente, a una Iglesia ya existente, en Hechos 2:41 dice: «Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.» ¿A qué se añadieron? No podemos ir más allá, pero se añadieron a algo.

Si Cristo es la Roca, es el Fundamento, y Él habló a los Apóstoles de cómo debían disciplinar al hermano que no se arrepintiera; que debían traerlo a la Iglesia -y  ellos ya sabían de qué estaba hablando, – y ahora dice que en el día de Pentecostés, cuando Pedro predicó; no dice que ellos fueron los primeros miembros de la Iglesia, dice que fueron añadidos. Entonces, no necesitas ser muy inteligente para entender que fueron añadidos a algo, ¿a qué fueron añadidos? a la asociación, a la corporación. La única razón de pensar es que fueron añadidos a la Iglesia, al compañerismo, a la congregación, a la asamblea de los creyentes, porque el versículo 42 nos dice: «Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.» Porque estaban reunidos fueron añadidos a la Iglesia.

Número cuatro: La Iglesia no comenzó el día de Pentecostés, porque todos los elementos para una Iglesia local ya existían antes de Pentecostés.

Primeramente, ya tenían el mensaje de salvación, como podemos ver en Lucas 9:2 y 6. Quiero que ustedes sepan qué es lo que enseña la Biblia acerca de la Iglesia, esto es elemental, básico, pero esto no lo enseñan muchos, por eso nadie entiende lo que es la Iglesia en sí: «Y los envió a predicar el reino de Dios, y a sanar a los enfermos.» «6Y saliendo, pasaban por todas las aldeas, anunciando el evangelio y sanando por todas partes.» Esto fue antes de Pentecostés.

En Mateo 28, Él da la gran comisión, pero desde Lucas 9 ya los estaba mandando a predicar el Evangelio. Sanaban a las personas para darle credibilidad al mensaje que ellos predicaban. Entonces, ya había Evangelio, ya había mensaje de salvación.

Los elementos de que ya tenían la iglesia antes del día de Pentecostés: a) primeramente ya tenían el mensaje de salvación; b) la gran comisión ya había sido dada, Mateo 28:19-20, eso fue antes de Pentecostés; c) ya había miembros salvos y bautizados después de haber creído en Jesucristo, Juan 4:1-2, para que alguien sea miembro de una Iglesia tiene que ser salvo y escrituralmente bautizado, antes de Pentecostés ya había miembros salvos y escrituralmente bautizados; d) ya había un gobierno en la Iglesia, hubo una sesión de negocios, en Hechos 1:15-26, se narra que tuvieron una reunión de negocios, ¿qué trataron en la reunión? estaban tratando quién iba a sustituir a Judas que había sido el traidor, se reunieron los hermanos, dice que echaron suerte, hubo alguna votación y dice que salió un tal Matías, que aunque Dios no aprobó esa junta, sin embargo, ¿por qué tuvieron esa junta de negocios? porque ya había un grupo reunido, porque ya desde hacía tiempo se estaban reuniendo, porque era una asamblea de cristianos, que se llamaba Iglesia, asamblea de creyentes, y ahí trataron el negocio de quién iba a sustituir a Judas.

Segundo, ya tenían servicios públicos en la Iglesia, Juan 20:19, Hechos 1:4, Hechos 1:14-15, estaban reunidos orando, estaban unánimes orando, estaban teniendo servicios, se estaba enseñando la palabra de Dios, se estaba predicando la Palabra, se estaba orando, se estaba esperando la llegada del Espíritu Santo para que les diera el poder de predicar el Evangelio de Cristo Jesús, Hechos 1:8 dice: «pero recibiréis poder […] y me seréis testigos.» Ellos se reunieron, esperaron la promesa y tenían servicios públicos, ¿cuántos había reunidos en el aposento alto? ciento veinte. Las dos ordenanzas de la Iglesia, ya habían sido dadas y eran practicadas, en Juan 4:2, en Mateo 26:26-29 ya estaban las dos ordenanzas ¿cuáles son las dos ordenanzas? el Bautismo y la Santa Cena. Ya lo estaban practicando antes del día de Pentecostés, estas cosas fueron dadas a la Iglesia, por esto, hoy en día nosotros practicamos el bautismo de creyentes, y practicamos la Santa Cena, porque fueron ordenanzas dadas a la Iglesia y fueron dadas antes del día de Pentecostés.

Número cinco: La Iglesia, definitivamente comenzó en los días del ministerio de Jesucristo en este mundo, cuando escogió a los Apóstoles de entre los discípulos, y los puso, dice la palabra de Dios, dentro de la Iglesia y justo ahí, en ese momento, comenzó la Iglesia, Lucas 6:12-13 dice: «En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios. 13Y cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles.»

1 Corintios 12:28-31 nos dice: «Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas. 29¿Son todos apóstoles? ¿son todos profetas? ¿todos maestros? ¿hacen todos milagros? 30¿Tienen todos dones de sanidad? ¿hablan todos lenguas? ¿interpretan todos? 31Procurad, pues, los dones mejores. Mas yo os muestro un camino aun más excelente.» Y el capítulo 13 habla de la preeminencia del amor, en otras palabras: «no busques tantos dones, busca el amor», pero ese es otro tema.

Dice que puso Dios en la Iglesia primeramente ¿qué? apóstoles, cuando él se fue a orar, de entre los discípulos escogió ¿a quiénes? a los Apóstoles y ¿a quiénes puso primero? a los Apóstoles. Y aquí dice, en la Primera de Corintios, que los puso en la Iglesia. O la Biblia se contradice o la Iglesia comenzó cuando estaba Cristo aquí en la tierra, y a los primeros que puso en la Iglesia fue a sus Apóstoles, quiere decir que la Iglesia comenzó cuando llamó a los Apóstoles. Ellos son los pilares, las columnas de la Iglesia Cristiana.

En Apocalipsis, dice la palabra de Dios que allá en el Gran Trono va a haber 24 personas, algunos teólogos dicen que van a ser los doce apóstoles y los doce patriarcas de las doce tribus de Israel, no lo sé, pero tiene mérito, porque Dios va a tratar y ha tratado con su Iglesia, con su congregación en su Antiguo Testamento con los doce patriarcas, o más bien príncipes de las tribus de Israel, y va a tratar con los doce apóstoles que fueron las columnas de la Iglesia Cristiana.

¿Por qué tanta insistencia en esto? Porque nosotros los bautistas creemos que Cristo es el fundamento, que Cristo es la roca y que Cristo es la cabeza de la Iglesia. Que Él comenzó la Iglesia y sobre Él se edifica la Iglesia. Nadie puede poner otro fundamento, la Iglesia no comenzó en Pentecostés, la Iglesia no fue comenzada por Pedro, Pedro no fue el primer Papa. Algunos teólogos llegan a decir que ni siquiera podemos encontrar evidencia de que Pedro estuvo en Roma, jamás. Quien estuvo en Roma fue Pablo, pero bueno, eso lo dejamos para que los teólogos discutan, yo me quedo con lo que dice la Biblia, y mi Biblia me dice que fue Cristo quien comenzó la Iglesia.

Hemos estudiado hasta hoy qué es una Iglesia, un cuerpo local de creyentes bautizados que están asociados por medio de la fe y con fraternidad en el Evangelio, y que la palabra Iglesia es asamblea. Cuando es una Iglesia de Cristo, entonces es una asamblea que se ha apartado y que ha ido afuera para adorar el nombre de Cristo Jesús, los creyentes en Cristo. La Iglesia no es el edificio, la Iglesia somos nosotros los creyentes. Sigamos adelante: el fundador de la Iglesia es Jesucristo.

Continuemos con cosas más personales: «¿Pastor, de dónde viene el nombre de bautistas?» Nosotros somos bautistas, vivimos en días donde nadie quiere identificarse por lo que es, no queremos, dice la Iglesia Interdenominacional ¿qué es una Iglesia interdenominacional? es una congregación, a lo mejor es Iglesia, donde todo se vale, porque no quieren identificarse con algo. Nosotros, los bautistas, no nos avergonzamos del apodo «bautistas.» ¿Por qué es un apodo? Porque nosotros no nos pusimos Bautistas, pero orgullosamente aceptamos el apodo de bautistas, ¿por qué? porque el nombre te identifica con algo.

Nosotros hacemos énfasis en la doctrina, ¿por qué? porque es la doctrina encontrada en la palabra de Dios. Cuando alguien dice «yo no enfatizo doctrina» es porque no tiene doctrina, y si tienes doctrina y no la enfatizas es porque no le quieres patear los callos a los demás, pero como nosotros somos independientes, podemos hablar libremente de estas cosas.

Yo llevo con orgullo mi apellido, yo no me avergüenzo de quién soy, yo no quiero ambiguamente que digan «aquél cuate», no, Luís Parada. Yo no quiero que digan tampoco nada más cristiano «es cristiano, es evangélico», no, ¿qué clase de cristianos somos?, ¿qué clase de evangélicos somos?, ¿de los que todo se vale?, ¿de los que todo se creen? ¿»dame la mano y mi hermano serás»?, ¿o decimos con toda libertad que esto es lo que creemos? No nos avergonzamos, somos una Iglesia Bautista.

Ya quedó establecido que Jesucristo fundó la Iglesia, al principio a los creyentes se les conoció, o se les apodó por diferentes nombres, por ejemplo, en Antioquia, dice Hechos 11:26 se les llamó cristianos. La palabra cristiano quiere decir, fíjese, la palabra al final de cristiano es la misma que al final de enano, aunque usted no lo crea, lo que quiere decir: «un pequeño Cristo», es un buen nombre. Porque los primeros creyentes, imitaban tanto a Cristo, que los que los miraban decían: «oh, mira, parece un pequeño Cristo», porque ellos no creían ser Cristo, pero imitaban a Cristo, y los enemigos les dijeron «pequeños Cristos.» Por eso les llamaban cristianos.

También en Hechos 9:2, Hechos 19:19, Hechos 19:23, Hechos 22:4, Hechos 24:14, Hechos 24:22 y Juan 14:6, ahí se nos enseña que a los creyentes se les llamaba: «los del camino», ¿por qué se les llamaba los del camino? porque Cristo dijo: «Yo soy el Camino, la verdad y la vida y nadie viene al Padre sino por mí.»

De tal manera, que los enemigos siempre han apodado a los creyentes. Hoy en día ¿cómo nos dicen? como nosotros decimos Aleluya, pues nos dicen «los aleluyas.» Como predicamos el Evangelio, erróneamente nos dicen «evangelistas.» No somos evangelistas. En Centroamérica nos dicen «los evangélicos», ¿por qué? porque creemos en el Evangelio.

Entonces, la Iglesia Bautista no siempre se ha conocido o llamado Bautista, los bautistas de la actualidad, tenemos un parentesco con los creyentes del pasado no debido al nombre, sino debido a la doctrina y a la práctica del Nuevo Testamento. Hay grupos que no se llaman bautistas pero son bautistas, o como dicen ellos: «no sabemos si esta palabra es correcta, pero somos bautísticos.» Lo que quieren decir es: «no somos bautistas, pero creemos y practicamos todas las creencias de los bautistas.» ¿Por qué somos iguales? porque sacan sus enseñanzas de la Palabra de Dios.

Pero, regresando a nosotros, ha habido Iglesias Neotestamentarias en todos los siglos que han practicado las doctrinas que los bautistas practican hoy en día. El linaje de las Iglesias Bautistas es doctrinal y espiritual, los bautistas no son protestantes, los bautistas nunca hemos sido parte de la Iglesia Católica y nunca hemos estado dentro de la Iglesia Católica.

Como somos evangélicos nos llaman protestantes, pero si usted estudia un poco de historia acerca del movimiento protestante, fueron varios los caudillos que promovieron este movimiento, protestaron contra la Iglesia Católica, es más, eran monjes dentro de la Iglesia Católica.

Quizá el más moderno y del que todos saben es Martín Lutero, que fue el que abiertamente protestó contra la Iglesia y clavó su tesis ahí, en la puerta de su iglesia y se armó un gran alboroto. Pero él siempre siguió siendo sacerdote, muchas de sus doctrinas siguieron siendo de la Iglesia Católica Romana. Alguien dijo: «cuando estudies a Martín Lucero estudia su vida, pero no estudies su doctrina, porque su doctrina seguía siendo católica romana», ¿por qué? porque él protestó contra algunas doctrinas, pero adoptó lo demás de la Iglesia.

Nosotros los bautistas, aunque no se llamaban bautistas, fuimos perseguidos, porque nunca nos conformamos a la Iglesia, porque fuimos fieles al Nuevo Testamento. Incluso Martín Lutero, persiguió y asesinó a cristianos, porque Martín Lutero siendo alemán, él instituyó y ayudó a instituir la Iglesia Protestante de Alemania, o la Iglesia Luterana, la Iglesia Anglicana en Inglaterra. Muchas veces se opusieron a la Iglesia Católica Romana debido a los gobiernos, a los reyes, que no querían someterse a otro rey, o al Papa, que el Papa dominó todo lo que es Francia, Inglaterra, Irlanda, España; el Papa daba órdenes a los reyes, era una cosa horrible, de tal manera que la Iglesia Anglicana, la Iglesia de Inglaterra protestó contra el Papa y de ahí salieron otras Iglesias, como la Presbiteriana, de ahí sale también la Wesleyana, todos ellos son protestantes.

Pero había una línea de creyentes, hombres y mujeres, fieles a la palabra de Dios, que no se llamaban Bautistas, pero tenían la misma creencia que los Bautistas tenemos hoy en día. Por eso nosotros no somos protestantes.

Nosotros, tenemos raíces espirituales en la Iglesia primitiva en Jerusalén, la cuál fue fundada por Jesucristo mismo, yo digo, la Primera Iglesia Bautista de Jerusalén, porque nosotros tenemos las mismas enseñanzas de la Iglesia primitiva. No se llamaban bautistas, se llamaban simplemente cristianos. A mí me gustaría simplemente llamarme cristiano hoy en día, pero porque los nombres tienen significados, yo quiero que me identifiquen como bautista porque nosotros ya sabemos qué creemos los bautistas.

En el Siglo XVI, se nos llamó anabautistas, por eso algunos dicen que la Iglesia bautista comenzó en el siglo XVI, nos quieren poner en la categoría de las Iglesias nuevas que comenzaron en el siglo XVI, pero si nosotros seguimos nuestro rastro, llegamos hasta Jerusalén, por nuestras prácticas, por nuestras creencias.

Pero en el siglo XVI se nos llamaba anabautistas. ¿Por qué se nos llamaba así? Anabautista significa «rebautizador», o «rebautizante» si se puede usar la palabra; pero se nos llamaba rebautizadores por insistir en que el bautismo es una ordenanza solamente para los creyentes.

Resulta que en la Iglesia católica y protestante, bautizan a los bebés, los Bautistas no lo hacemos, de tal manera en que cuando alguien acepta a Cristo ¿qué hacemos? lo metemos al bautisterio. Y la gente dice: «¡pero yo ya me bauticé!» ¿Cuándo se bautizó? -«Cuando era un bebé.» Bueno, ¿cuando usted se bautizó ya era un creyente en Cristo? -«Claro que no, ¡porque era un bebé!» Entonces tu bautismo no vale, tienes que bautizarte. Y nos dice la gente: «¿Me tengo que volver a bautizar?» No. no te están volviendo a bautizar. Nunca te bautizaron, solamente te echaron unas gotas de agua en la frente y tuvieron una gran pachanga, pero tú como bebé no sabías lo que estaba pasando.

Entonces, nosotros los bautistas insistimos en que una persona una vez que acepta a Cristo, debe de bautizarse, y por eso nos apodaron rebautizadores, anabautistas. Pero no nos gustaba esto de «ana», y entonces nos quitamos el sobrenombre de rebautizadores, y orgullosamente aceptamos ahora el sobrenombre de bautistas, porque no estamos rebautizando, nosotros no creemos en rebautizar. Si tú ya eres bautizado en una Iglesia de misma fe y práctica, eres un bautista, tienes la misma fe que nosotros, practicas lo mismo que nosotros, y fuiste bautizado por inmersión, sumergido, metido bajo el agua ¿qué es lo que quiere decir? no te vamos a volver a bautizar.

Cuando hay hermanos que vienen de otras Iglesias, de la misma fe, de la misma práctica, que creyendo en la fe de Cristo han sido sumergidos, metidos en agua, no se tienen que volver a bautizar, porque no creemos en rebautizar. Por eso nos quitamos el sobrenombre de anabautistas o rebautizadores y nos llamamos solamente bautistas, porque creemos nosotros que no te estamos rebautizando, te estamos realmente bautizando escrituralmente.

A propósito, entre paréntesis, si ustedes se han bautizado en una Iglesia local que cree que la salvación se pierde, ustedes deben de volverse a bautizar, porque usted no es salvo, porque usted no puede ser salvo y creer que puede perder esa salvación, que es dada por fe, por gracia en la fe de Cristo Jesús. Usted puede fallar pero Dios no le va a fallar, entonces usted debe de bautizarse.

Pero bueno, orgullosamente, somos Bautistas. Unos dirán: «Hay, pero eso divide.» No. Eso identifica. ¿Por qué tenemos miedo de decir lo que somos?, ¿por qué es que a tanta gente le preguntan en las Iglesias «y ustedes qué creen» y no pasan de hablar en lenguas y de santidad y sólo eso saben?, porque no les enseñan doctrina, pregúntenle a su Pastor ¿qué es lo que creemos nosotros?, ¿cuáles son nuestras doctrinas?

Cuando uno conoce la doctrina, conoce la Palabra. La doctrina te separa. Pero si yo digo: «no hago énfasis en doctrina» es porque no tengo doctrina. Algunos no aprecian lo que yo he dicho ahora, pero yo te propongo que al menos deberías de apreciar que te decimos lo que somos y lo que creemos. No tenemos que esconder absolutamente nada.

¿Cómo funciona una Iglesia Bautista? La Biblia enseña que todo debe hacerse decentemente y con orden. No voy a hacer un recuento exhaustivo de la historia de la Iglesia Bautista, pero en las librerías pueden encontrar un libro que se llama «El Rastro de la Sangre», puede ver ahí toda la historia de la Iglesia Bautista.

Veamos entonces en 1 Corintios 14:40, que nos dice: «pero hágase todo decentemente y con orden.» Entonces, en una Iglesia Bautista, todo se hace decentemente y con orden. En realidad, las Iglesias Bautistas se caracterizan por hacer las cosas en orden, y aunque asistan personas que les gusta el desorden, en la Iglesia no se siente. E interpretan el orden como que no es espiritual «muy rígido», dicen: «Es que ahí el Pastor es muy estricto.» Un Pastor Bautista es obediente al mandato de Dios, que todo debe hacerse decentemente y con orden. Me gustaría que tuvieran orden, el problema es que no lo hacen ni decentemente. ¡Cuántas tranzas hacen! Cualquiera se para y renta un cuartito allá y pone su Iglesia. No hay preparación, no hay estudio, se enojan con el Pastor y se va un grupo y comienzan su Iglesia, y ponen de Pastor a alguien que no tiene ninguna enseñanza, ningún entrenamiento, no tiene la unción del Espíritu Santo, no son llamados por el Señor, no tienen conocimiento de la Biblia, no respetan la Biblia, y por eso es que no se hacen las cosas decentemente, y es por eso que no se hacen las cosas con orden.

Me preguntan a veces ¿es usted Pastor? sí, ¿qué clase de Pastor? Bautista. ¿Sabe usted qué dicen? «¡Ah! Ustedes son bien ordenados.» ¿Por qué? ¿Porque somos mejores? No. Porque si la Biblia dice «háganlo todo decentemente y con orden» voy a hacerlo todo decentemente y con orden.

Pero vamos a ver entonces cómo funciona una Iglesia Bautista.

Primero: Su gobierno es Eclesiástico, es democrático, es la congregación de miembros la que decide, por mayoría de votos, los asuntos de interés general, todo se somete a la autoridad de la Iglesia local que es la membresía, por eso es que existen las reuniones anuales, por eso cuando hay algún asunto importante venimos a la Iglesia y la Iglesia vota, dice «estamos de acuerdo.»

Cuando hay una tremenda armonía entre los líderes y la Iglesia, no hay ningún problema, pero hay lugares donde no la hay y eso es peligroso, porque si los miembros andan en la carne y no en el espíritu, y si no hay confianza de la membresía hacia el Pastor, eso causa divisiones.

Tristemente, hay Iglesias bautistas en que el Pastor se convierte en un empleado de la Iglesia, en un asalariado. Ya sabemos claramente que la Biblia dice que el Pastor no es un asalariado, el Pastor es el hombre de Dios, el varón de Dios, que Dios ha puesto ahí. Pero el varón de Dios que sabe que Dios lo ha puesto ahí, toma en cuenta a la Iglesia para que la Iglesia participe.

Pero también, cuando el Pastor está convencido de algo, y él dice: «esto es lo que Dios quiere», aunque la congregación esté en contra, la congregación debe ceder a la autoridad pastoral, y a algunos no les gusta eso, pero incluso aquí hay controversia en esto pues hay Pastores Bautistas que dicen: «yo soy el que manda aquí y punto»; y eso más que ayudar a la Iglesia ha destruido a las Iglesias.

Yo creo en la autoridad pastoral, yo creo firmemente en eso, pero también creo que debe tomarse en cuenta la membresía de la Iglesia. ¿Por qué? Porque lo debemos hacer en orden. Queremos que la Iglesia sepa lo que está pasando, que sepa porqué hacemos lo que hacemos, y no estén ignorantes de lo que estamos haciendo y por qué lo estamos haciendo.

Segundo. Los oficiales son dos en la Iglesia local: Los Pastores y los Diáconos.

Los Pastores son llamados por la Iglesia local. Yo sé que hay diferencias cuando una Iglesia es nueva: el Pastor va y comienza la obra, es enviado por una Iglesia local, él comienza a ganar almas para Cristo, comienza a entrenar a los convertidos y él es el Pastor fundador. La Iglesia no lo llamó a él, él salió a buscar almas y fundó una Iglesia; pero si ese Pastor se retira, fallece, se va… la Iglesia tiene que buscar un Pastor, tienen que orar, tienen que ayunar, tienen que, con un espíritu de humildad, pedir al Señor que les dirija para buscar un hombre de Dios, y para que Dios envíe ahí un hombre de Dios, pero una vez que el hombre está ahí, la Iglesia se somete a la autoridad del varón de Dios.

Los requisitos, se encuentran en 1 Timoteo 3:1-7, en Tito 1:5-9. El cargo del Pastor también recibe otros nombres, como «anciano», que quiere decir Presbítero en griego, según Hechos 20:17; en otros lugares se les llamó «obispos», Hechos 20:28. Oiga bien eso: el Pastor merece respeto, admiración, amor y consideración debido a su cargo según Hebreos 13:7, y según Hebreos 13:17 y según 1 Timoteo 5:17. El Pastor es la autoridad espiritual dentro de la Iglesia, es ungido por el Señor y debe ser apoyado por su Iglesia.

Ahora, yo no creo que encontraría a un Pastor en desacuerdo con eso, pero los miembros, ¡qué difícil es a veces para la Iglesia someterse a la autoridad pastoral! Pero tengo que decir esto, hay Pastores que han abusado de su autoridad pastoral, y aquí viene el balance, para no abusar de mi autoridad pastoral, se toma en cuenta a la Iglesia. En asuntos como «vamos a vender el edificio», no puede decir nada más el Pastor: «¡ya vendí el edificio, hermanos!» Hay Pastores que lo han hecho, y ha habido abuso de la autoridad pastoral, por eso es que los miembros se han puesto ariscos, y entonces no dejan que el Pastor tenga ninguna autoridad, le dicen: «tú vas a trabajar para nosotros, te vamos a pagar un salario y aquí tú no mandas, la congregación manda.» Tienen de empleado al Pastor. El Pastor no sabía que eso era así: «lo vamos a poner quieto» nada más.

Pero te vas a enfrentar a un gran problema, ¿por qué?, ¿porque el pastor es un dictador? no, porque hay miembros que han entendido que la Iglesia tiene autoridad, pero han entendido también la autoridad pastoral. Y a propósito está bien fácil, ¿quieren que yo me vaya? Dejen de venir todos un domingo. Un domingo no venga nadie y yo perfectamente entenderé que ya no me quieren de pastor. Pero mientras haya locos que vienen a escuchar esto, el que se va a ir es otro. «Pastor, eso es ser dictador», no hermano, eso es seguir la dirección de la mayoría. Y a propósito, si cada semana se me están yendo miembros, hay algo mal, estoy haciendo algo mal, porque si hay una buena armonía entre el Pastor y la Iglesia, los miembros no tienen que irse, al contrario, están viniendo miembros.

Pero el Pastor no enseña eso porque van a abusar. -«Yo no voy a enseñarle eso a los miembros, porque todos los miembros me van a correr.» ¿Por qué tenemos miedo?, ¿quién nos llamó? yo creo que Dios me puso aquí, yo no tengo porqué tener temor de un hermano, de una hermana que tenga talentos, que tenga dones y que los esté usando, ¿por qué, si Dios me puso aquí? Si Dios me puso aquí, Él me va a mantener aquí, si Dios quiere que vaya a otro lugar, Él me va a llevar a otro lugar. Pero entonces, tiene que haber respeto, tiene que haber consideración al Pastor.

Los Diáconos, el término griego significa: «servidor de mesas.» Los Diáconos no eran líderes, eran servidores, hermanos que se habían ganado la confianza de los miembros de la Iglesia a través de su buen testimonio.

En California, las leyes requieren que en una organización como esta, que es non-profit, organización libre de lucro, requieren que haya una mesa directiva, por razón de las leyes de California, en nuestra Iglesia, los Diáconos fungen como miembros de esa mesa directiva. Ellos eligen un director de los Diáconos, que en cuestiones legales representa a nuestra Iglesia.

Cuántas veces el presidente de los Diáconos firma cuando hacemos un préstamo, el Pastor firma probando que es quien representa la Iglesia, pero el que firma, por términos legales es otra persona.

Pero los Diáconos, sus requisitos están en Hechos 6:1-6, 1 Timoteo 3:8-13. El Diácono debe estar lealmente al lado de su Pastor para apoyarle en los planes que competen a la Iglesia: nunca deben erigirse como juez, o jefe del Pastor o jefe de la congregación. Y esto les molesta a muchos, porque hay Iglesias, donde la autoridad del Diácono vale más que la autoridad del Pastor. Es más, yo he conocido Iglesias en que los Diáconos aprueban lo que el Pastor puede o no predicar. Yo le voy a ser sincero, va a ser un día muy, muy frío en el infierno cuando yo les pregunte a los Diáconos que mensajes puedo predicar y cuales no. Yo creo que el Pastor le da cuentas a Dios.

Y la Iglesia acepta eso no porque el Pastor sea un dictador, sino porque el Pastor debe tener libertad del espíritu para predicar lo que el espíritu quiere decirle a la Iglesia. Usted dice «Pastor, pero eso es una tremenda dificultad.» No, si somos guiados por el Espíritu de Dios; no, si hacemos las cosas decentemente y con orden.

Si yo empiezo a robar a la Iglesia, maltratar a la Iglesia, por favor, córranme. Estoy hablando en serio.

Doy gracias a Dios que como hacemos las cosas decentemente y con orden nosotros no tocamos dinero, no manejamos dinero, la verdad es que para ser honesto yo recibo un cheque cada 16 del mes y cada primero del mes. La Iglesia me paga a mí un salario y yo vivo con ese salario. Yo considero un privilegio predicar, yo considero un privilegio ser parte del equipo pastoral de esta Iglesia. Yo no considero que soy hábil, que me tienes que aguantar, que tienes que venir, que tienes que hacer… yo les digo: «gracias hermanos porque me aguantan, gracias porque me soportan, gracias porque están aquí para hacer juntos la obra del Señor.»

Yo no tengo por qué tener miedo y ustedes tampoco. Yo no tengo que tener miedo de decirles: «ustedes son los miembros, ustedes son dirigidos por el Espíritu Santo y ustedes no tienen qué tener miedo de que el Pastor tome su autoridad pastoral», porque todo lo que hacemos lo hacemos decentemente y con orden.

Estoy simplemente dando las características de la Iglesia Bautista.

La Primera Responsabilidad de la Iglesia es: la adoración. La Biblia dice así: «los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren», Juan 4:23. Para este propósito de adoración, la Iglesia ha dispuesto un lugar, el templo o un lugar apartado para rendirle culto a Dios, Hechos 2:43-47. Dios está en todas partes, pero no en todas partes se adora a Dios con la misma intensidad y exclusividad como se hace dentro de la Iglesia local. Esa es responsabilidad de la Iglesia, proveer un lugar para que se adore el nombre de Dios. Por eso a usted como miembro le pedimos que traiga sus diezmos y ofrendas, ¿para qué son los diezmos y ofrendas? para el sostenimiento de la obra de Dios.

Me dice: «yo soy parte de la Iglesia Universal, yo no diezmo, nosotros estamos en la gracia.» Hay personas que ni creen en el diezmo, porque están bajo la gracia. No, lo que pasa es que no quieren dar a la Iglesia, eso es todo.

¿Sabía usted que la gracia es mayor? Tan sólo usted habla del diezmo «¿qué no sabe usted, Pastor, que estamos en la gracia?» Bueno, la gracia es mayor, ¿qué tanto va a dar arriba del diezmo? Dice el miembro «mejor quedémonos con la ley.» La gracia es mayor, el diezmo es lo menos que deberíamos de dar, pero es mi responsabilidad sostener la obra de Dios, es mi responsabilidad dar como Dios me ha prosperado para proveer un lugar donde se predica y se enseña la Palabra de Dios, y a propósito, sus diezmos y ofrendas deben de ir a la Iglesia local.

Como usted sabe, nosotros tenemos un programa de televisión, pero ningún miembro de ninguna otra Iglesia debería mandar sus diezmos a mi programa de televisión, debería dar sus diezmos a su Iglesia local. Pero yo oí a un predicador de la televisión decir: «envíennos sus diezmos y ofrendas a esta dirección», ¡jamás! Entrega tus diezmos a tu Iglesia local porque es ahí donde Dios te ha puesto para que ahí cumplas con tu responsabilidad de proveer un lugar para la predicación y la adoración del nombre de Dios.

Segunda Responsabilidad de la Iglesia es la evangelización. La Iglesia no puede olvidar la gran comisión, Mateo 28:19-20. Los Bautistas promovemos el Evangelio en acción, nos movilizamos personal y masivamente; estamos siempre interesados en la salvación de las almas que están sin Cristo y rumbo al infierno, es por eso que hablamos de Cristo, por eso predicamos el Evangelio: el bautista está interesado en ganar las almas para Cristo, para que se salven de la condenación eterna en el infierno.

Oramos por los enfermos. Sí. Damos consejería, amén… pero lo más importante de un alma es que sea salva de la condenación eterna y del infierno. ¿De qué te sirve irte sano al infierno? Mejor con cáncer y una muela podrida, pero Gloria a Dios, vas para el Cielo.

Tercera Responsabilidad. Tenemos que denunciar. La Iglesia debe expresarse públicamente contra el pecado que azota a la humanidad. Debe de pronunciarse contra la inmoralidad, los crímenes violentos y todo lo que no es de acuerdo a Dios y lo que es correcto, bíblicamente hablando. El bautista predica. -«No, pues que se enojó fulano», pues que se enoje. -«Que no le gustó a la hermana», que se enoje la hermana; pero nosotros tenemos que denunciar el pecado, eso está en Juan 17:15-17. No somos de este mundo, pero no podemos ignorar que estamos en este mundo, y por eso tenemos que participar y predicar, y hablar, y exaltar el nombre de Dios, la santidad de Dios.

Cuarta Responsabilidad. La comunión, la Iglesia debe promover el compañerismo entre sus miembros, Hechos 2:43-47, Hechos 4:32-35; quisiera hablar mucho sobre eso, porque a muchos no les gusta tener compañerismo con los otros hermanos, pero parte de la responsabilidad de la Iglesia es el compañerismo, las reuniones aparte, a las reuniones públicas tenemos que asistir, ¿para qué? para tener comunión con los hermanos.

Quinta Responsabilidad. La enseñanza y aprendizaje. Los bautistas tenemos la Biblia como el texto de fe y practica, porque creemos que la Biblia es la Palabra de Dios. Nosotros no creemos que contiene la Palabra, creemos que la Biblia desde el principio al fin, es toda la Palabra de Dios.

Su estudio nos capacita para toda buena obra, 1 Timoteo 4:13-16, 2 Timoteo 2:2, 2 Timoteo 3:16-17 nos dice, que la Biblia nos capacita y aprendemos de Dios para vivir para Dios, para agradar a Dios, para hacer un testimonio vivo a este mundo.

Yo sé que he hablado mucho, y me falta mucho, pero se ha dicho suficiente para que amemos y apreciemos la Iglesia local. Algunos hermanos dicen: «esta es mi Iglesia», cuando todo está bien. Cuando te enojas con un hermano o la Iglesia hizo algo que no te pareció, entonces dices: «ay, yo no sé qué está pasando con esa Iglesia.» Cuando están bien conmigo dicen: «ese es mi Pastor» y hasta porras echan, pero no vaya a ser que yo predique algo con lo que no están de acuerdo. -«¿Oíste lo que dijo ese Pastor?» Antes decías: «mi Iglesia», ahora dices «la Iglesia»; antes decías «mi Pastor», hoy dices: «el Pastor.»

Y a propósito, para muchos de ustedes no importa si yo me quedo aquí 50 años, nunca voy a ser su Pastor, porque dicen: «No, él es el Pastor de mi Iglesia,» cómo te cuesta decir «Él es mi Pastor.» ¿Sabes por qué? porque nunca me has permitido que yo sea tu Pastor, pero yo sí te puedo decir con toda seguridad: tú eres mi miembro, porque yo sí entiendo lo que es la Iglesia. Usted todavía no ha entendido.

Y qué triste es una oveja sin Pastor, qué triste es una oveja sin Iglesia, qué triste que para muchos de ustedes sea nada más venir aquí, reunirse, cantar unos cantos y te vas. No hermano, este es un lugar muy importante, hemos sido llamados afuera y sido puestos aquí, con responsabilidades, puestos aquí para llevar adelante la obra del Señor, puestos aquí para enseñar la Palabra de Dios. Puestos aquí para mandar a otros a abrir otras Iglesias, puestos aquí para exaltar el nombre del Señor.

¿Qué tan fiel es usted a la Iglesia? ¿Qué tan fiel es usted al liderazgo de la Iglesia? No tenga pena de llamarse Bautista, sí es cierto, somos cristianos, somos evangélicos, somos Aleluyas; pero la palabra Bautista tiene un gran significado, se ha pagado un gran precio. Qué triste que hay bautistas quitándose el nombre de bautistas porque no quieren ser identificados. Y qué engañadores son, porque si eres Bautista, decláralo; dilo. No te avergüences, enseña tu doctrina, que la gente sepa qué es lo que crees.

O más bien, qué es lo que no crees, porque no haces énfasis en doctrina. La doctrina está en la Palabra de Dios, cuando yo declaro que no hago énfasis en la doctrina, lo que estoy diciendo es que no enfatizo la Biblia, pero ni siquiera piensan que es eso lo que están diciendo. Pero nosotros, en esta Iglesia, enfatizamos la doctrina, enfatizamos la Biblia.

No me da pena decir lo que creemos, esta es una de tantas doctrinas que estoy enseñando, porque yo quiero que usted sepa qué es lo que creemos.  Que usted sepa qué es lo que creemos, por qué lo creemos, de dónde lo sacamos; y por qué es que nos ponemos nuestro nombre de Bautistas. Por la gracia de Dios, no nos lo vamos a quitar, porque el día que te quites tu nombre y quién eres, te estás avergonzando de quién eres. Dilo, esto es lo que somos, esto es lo que creemos. Somos Bautistas. Amén.

No Cuelgues Tu Arpa

No Cuelgues tu Arpa

Pastor Gil Torres

Éxodo 15:1-3: «Entonces cantó Moisés y los hijos de Israel este cántico a Jehová y dijeron: «Cantaré yo a Jehová porque se ha magnificado grandemente. Ha echado en el mar al caballo y al jinete. 2Jehová es mi fortaleza y mi cántico. Y ha sido mi salvación. Este es mi Dios, y yo lo alabaré; Dios de mi padre, y lo enalteceré. 3 Jehová es varón de guerra; Jehová es su nombre.»

Aquí en el capítulo 15, estaban cantando, y en este canto estaban alabando a Dios. Parte del culto, del servicio de nosotros, de la Iglesia, es cantar; y qué bueno que podemos venir y cantar los himnos y los cánticos y toda la música especial, todo lo hacemos porque servimos a un Dios de victoria, servimos a un Dios y aquí en este capítulo en particular, ellos estaban cantando porque en el capítulo 14, vemos la historia en que Dios hizo el gran milagro de partir el Mar Rojo.

Ellos salieron de Egipto, tras los 400 años que estuvieron bajo la esclavitud, y Dios los rescató por medio de un varón que él usó, Moisés y salieron de ahí después de tantas pruebas y dificultades.

Estaban dispuestos para ir a alabar a su Dios y dice la Biblia que Dios los dirigió a un lugar, y este lugar era un lugar peligroso, difícil, porque del lugar donde estaban, no había salida. Tenían el Mar Rojo delante de ellos y los montes a los lados. Y cuando miran hacia atrás, de donde salieron de Egipto, ven que viene un ejército contra ellos.

Dice la Biblia que el Faraón de repente se arrepintió de dejarlos ir libres y él vino contra ellos y ellos podían ver ese gran ejército. Dice la Biblia que tenían temor y no sabían qué hacer, porque no podían huir porque no había para donde ganar y de repente en medio de todo esto, había desesperación, estaba la gente angustiada, había nervios y no sabían ni cómo le iban a hacer, y el hombre de Dios, Moisés, se dirigió Dios a él y le dijo: «Moisés, no te preocupes, vamos a hacer un milagro, la gente me va a reconocer el día de hoy, se encuentran en una situación muy difícil, muy peligrosa, pero acuérdate quién te dirigió a este lugar, tú no escogiste este lugar, yo te traje a este lugar con esa gran cantidad de gente.»

Y en el capítulo 14, dice la Biblia que ahí, Moisés, delante de toda la gente, baja su bastón y el Mar Rojo se aparta, se divide. Y dice la Biblia que cuando ellos vieron esto, Dios dijo: «Quiero que ustedes desciendan, van a entrar ahí y van a caminar por la tierra, va a estar seco todo en el medio, va a haber un muro de agua por un lado y otro muro de agua por otro lado. Y ustedes van a caminar hacia adelante, yo voy a estar con ustedes, y yo los voy a dirigir.»

Y ustedes saben la historia, así pasa. Ellos descienden, y pasan, así lo hacen. Descendieron, dice la palabra de Dios, y la historia cuenta que ellos van caminando en medio del Mar Rojo y salen por el otro lado, y de repente las aguas, antes de descender de nuevo, los que venían atrás de ellos entran también porque dicen: «nosotros también vamos a pasar por ahí» pero no sabían que ese camino no era para ellos, era para los hijos de Dios, que Dios iba a cuidar a su pueblo, y ellos pensaban que podían seguirlos. Y bajaron para perseguirles y dice la Biblia que de repente caen las aguas sobre ellos.

Y cuando los hijos de Dios salen al otro lado, ven lo que Dios hizo y comienzan a cantar, comienzan a alabar a Dios, comienzan a reconocer: «¡Qué maravilla! ¡Mira qué Dios tan grande tenemos!» Y nosotros como creyentes, cantamos también porque somos hijos de victoria.

Nosotros ya hemos leído la Biblia, de Génesis a Apocalipsis y al fin de todo, nosotros ganamos. Al fin de todo vamos a estar con Dios, el Rey de Reyes y el Señor de Señores. Todo esto se va a terminar, todos los problemas, todo lo que está pasando, un día cesará todo eso y estaremos con el Señor y por eso nosotros podemos cantar. Y por eso podemos estar gozosos. Y aquí ellos estaban cantando porque acaban de ver una gran victoria.

En Jueces 4:13-15, vemos: «Y reunió Sísara todos sus carros, novecientos carros herrados, con todo el pueblo que con él estaba, desde Haroset-goim hasta el arroyo de Cisón. 14Entonces Débora dijo a Barac: Levántate, porque este es el día en que Jehová ha entregado a Sísara en tus manos. ¿No ha salido Jehová delante de ti? Y Barac descendió del monte de Tabor, y diez mil hombres en pos de él. 15Y Jehová quebrantó a Sísara, a todos sus carros y a todo su ejército, a filo de espada delante de Barac; y Sísara descendió del carro, y huyó a pie.»

Tenemos que entender un poco de la historia. Se encuentran aquí en una situación muy difícil. Viene contra ellos este ejército y dice la palabra de Dios que Débora le dice a Barac: «No te vayas a desanimar, tú sigue adelante, Dios tiene un plan, Dios nos prometió que nos va a cuidar, Él se encargará, Él va a pelear para nosotros, Él puede ver todo lo que está pasando, Él sabe lo que viene, Él conoce muy bien el porvenir y Dios nos ha dado la victoria.»

Dios conoce lo que ustedes están sufriendo hoy. Hay unos aquí que están viviendo bajo sus circunstancias y hay otros que están viviendo sobre sus circunstancias.

La vida es una prueba. Ustedes están viviendo su vida en una de tres cosas: En una prueba; entrando a una prueba; o saliendo de una prueba. Pero, la vida en sí es una prueba.

Yo no entiendo los que predican: «Pare de sufrir.» Yo no sé cuál Biblia están leyendo.

La Biblia dice que al ser creyente uno va a sufrir. Al entregarse a Dios va a haber sufrimiento, va a haber dolor, va a haber fracaso, pero aún en todo, todavía tenemos la victoria. Y aquí ellos vieron la victoria. Veamos ahora Jueces 5:1-3, dice: «Aquel día cantó Débora con Barac hijo de Abinoam, diciendo: 2Por haberse puesto al frente los caudillos en Israel, Por haberse ofrecido voluntariamente el pueblo, Load a Jehová. 3Oíd, reyes; escuchad, oh príncipes; Yo cantaré a Jehová, Cantaré salmos a Jehová, el Dios de Israel.» ¿Qué están haciendo? Están cantando. ¿Por qué están cantando? Porque acaban de tener una victoria. Es fácil cantar cuando tenemos victoria. Es fácil cantar cuando uno sale de una prueba.

Cuando los hijos de Israel salieron del Mar Rojo, antes de entrar, no estaban cantando, pero al salir por el otro lado, estaban cantando. Estaban cantando porque acaban de ver una victoria, acababan de ver la mano de Dios, y aquí otra vez vemos que ven la mano de Dios y comienzan a cantar.

Yo no sé tú, pero cuando tengo gozo en mi corazón, eso me causa cantar. Yo cuando me baño me gusta cantar de vez en cuando, yo no soy bueno para cantar, no tengo voz para cantar, Gloria a Dios que mis hijos sí cantan bien, pero yo no. A veces yo me estoy bañando, y cantando y de repente uno de mis hijos escuchan por afuera que estoy cantando y gritan: «Papá, ese canto que tú estás cantando, reconozco la melodía de ese himno, pero las palabras que tú estás usando no son correctas, así no es ese canto» y yo les grito del baño «Pues ese canto es mío, es personal, este es mío, el que Dios ha puesto en mi corazón.» Pero yo cambio una palabra aquí y una palabra ahí, y la ajusto para lo que está pasando en mi vida, y yo lo canto al Señor ¿por qué? porque tengo un gozo en el corazón, porque tengo una alegría.

Y qué triste, cuando nosotros perdemos eso. Qué triste cuando la vida se pone tan difícil que ya no podemos cantar porque por dentro estamos sufriendo, estamos deprimidos, estamos desanimados, y Dios no quiere que sea así. Dios quiere que estemos siempre cantando. Como en Apocalipsis 7. Estoy hablando del gozo del Señor en referencia a lo que es el cantar cuando tenemos gozo. Apocalipsis 7:1-4 dice: «Después de esto vi a cuatro ángeles en pie sobre los cuatro ángulos de la tierra, que detenían los cuatro vientos de la tierra, para que no soplase viento alguno sobre la tierra, ni sobre el mar, ni sobre ningún árbol. 2Vi también a otro ángel que subía de donde sale el sol, y tenía el sello del Dios vivo; y clamó a gran voz a los cuatro ángeles, a quienes se les había dado el poder de hacer daño a la tierra y al mar, 3diciendo: No hagáis daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que hayamos sellado en sus frentes a los siervos de nuestro Dios. 4Y oí el número de los sellados: ciento cuarenta y cuatro mil sellados de todas las tribus de los hijos de Israel.»

Y ahora, en Apocalipsis 14:1-3, nos dice: «Después miré, y he aquí el Cordero estaba en pie sobre el monte de Sión, y con él ciento cuarenta y cuatro mil, que tenían el nombre de él y el de su Padre escrito en la frente. 2Y oí una voz del cielo como estruendo de muchas aguas, y como sonido de un gran trueno; y la voz que oí era como de arpistas que tocaban sus arpas. 3Y cantaban un cántico nuevo delante del trono, y delante de los cuatro seres vivientes, y de los ancianos; y nadie podía aprender el cántico sino aquellos ciento cuarenta y cuatro mil que fueron redimidos de entre los de la tierra.»

Fueron redimidos ¿y saben lo que estaban haciendo? estaban cantando, ¿por qué? porque tenían el gozo de Dios en su corazón. Y dice la Biblia que era un canto que nadie más podía cantar, sólo ellos estaban cantando. En Apocalipsis 15:1-3, vemos: «Vi en el cielo otra señal, grande y admirable: siete ángeles que tenían las siete plagas postreras; porque en ellas se consumaba la ira de Dios. 2Vi también como un mar de vidrio mezclado con fuego; y a los que habían alcanzado la victoria sobre la bestia y su imagen, y su marca y el número de su nombre, en pie sobre el mar de vidrio, con las arpas de Dios. 3Y cantan el cántico de Moisés siervo de Dios, y el cántico del Cordero, diciendo: Grandes y maravillosas son tus obras, Señor Dios Todopoderoso; justos y verdaderos son tus caminos, Rey de los santos.»

Aquí estaban otra vez. Dice la Biblia que tenían las arpas y estaban otra vez cantando el cántico de Moisés, ¿cuál era? el que leímos en Éxodo 15. Dice también que estaban cantando el cántico del Cordero. Y estaban alabando a Dios y reconociendo a Dios.

Ustedes entienden que aquí está hablando del Cielo y que nosotros un día, como creyentes, estaremos en el Cielo, cantando continuamente delante de Dios, ¿por qué? porque vamos a estar gozosos y contentos y en paz y no nos va a quedar de otra que cantar. Y vamos a cantar.

Dios quiera que nosotros tengamos mucha práctica aquí, antes de llegar allá. Dios quiere que nosotros estemos gozosos aquí, antes de estar allá.

Dios quiere que nosotros tengamos en nuestro corazón un gozo que nos cause cantar, y este gozo no tiene nada que ver con lo que está pasando en su vida, este gozo tiene que ver con lo que Dios ha hecho en el interior de tu corazón. Esto no tiene que ver con nada de lo que está pasando afuera, todo esto tiene que ver con lo que está pasando adentro.

Desgraciadamente la mayoría de nosotros cantamos dependiendo de lo que está pasando afuera. ¿Y tú por qué cantas?: «Porque estoy bien vestido. Es que Dios me ha cuidado. Es que Dios me ha dado salud. Es que Dios me ha dado esto. Es que me ha dado aquello…» Y tú dices y alabas a Dios y le das gracias y no hay nada malo en reconocer las bendiciones de Dios, pero qué triste que estamos cantando por las bendiciones de Dios y no solamente por el hecho de que Dios es real y que lo amamos y que él nos ama a nosotros.

Parece que nosotros estamos motivados más por lo que Dios puede hacer por nosotros, en vez de estar motivados por el hecho de que Dios es amor y nos amó a nosotros antes de que nosotros pudiéramos amarlo a Él.

Algunos estaremos contentos de recibir todas las bendiciones de Dios, y decimos: «Dios, en verdad no te necesito a ti, pero las bendiciones, eso sí… entrégamelas.»

Moisés estaba por entrar a la Tierra Prometida, y Dios se la enseñó y de repente le dice Moisés al Señor: «Yo puedo ver esas bendiciones, puedo ver la Tierra Prometida, pero si tú no vas conmigo, Señor, yo no voy.» ¿Qué estaba diciendo Moisés? Que para él, el gozo de su vida era Dios, no eran las bendiciones. Y muchos de nosotros, nos encontramos motivados por las bendiciones de Dios y no por Dios. Y es tan fácil hacerlo. Ahora, en 1 Samuel 18:6-7, nos dice: «Aconteció que cuando volvían ellos, cuando David volvió de matar al filisteo, salieron las mujeres de todas las ciudades de Israel cantando y danzando, para recibir al rey Saúl, con panderos, con cánticos de alegría y con instrumentos de música. 7Y cantaban las mujeres que danzaban, y decían: Saúl hirió a sus miles, Y David a sus diez miles.» Otra vez, otro ejemplo de cantar después de la victoria. ¿Por qué estaban cantando? porque en el capítulo 17, todo el pueblo sufría de gran temor porque estaba Goliat, el Gigante, y estaba el campeón de los filisteos, sobre un monte, y había un valle y los israelitas estaban al otro lado y los retaba y le decía: «Manden a alguien contra mí, a ver si en verdad pueden.» Y dice la Biblia que maldecía a Dios, y hablaba mal de Dios y todos se quedaban ahí paralíticos, nadie se movía, nadie decía nada y de repente llega el Rey David, llega para dar una comida a sus hermanos y de repente ve a Goliat y escucha y dice: «¿Qué está pasando aquí? ¿Por qué es que están todos así? ¿Por qué tanto temor? ¿No escuchan lo que él está diciendo? Está hablando contra nuestro Dios, el que nosotros servimos.» Lo miraron a él y le dijeron: «¿Qué tú no ves lo que estamos viendo nosotros? Mira el tamaño de ese hombre, y él quiere que uno de nosotros se pelee contra él ¿quién va a poder hacer eso? Mira a tu alrededor, David.»

Y David los escuchaba y los escuchaba, y de repente a David se le ocurrió hacer algo que ninguno de ellos quería hacer, a David se le ocurrió mirar más arriba y mirar a su Dios, y cuando él puso los ojos en Jesús, cuando él puso los ojos en Dios y comenzó a verlo, dijo: «Mira, la única cosa que yo puedo ver es a Dios y cuando yo veo a Dios y veo a Goliat, Dios es mucho más grande que él.»

Dijo: «Este problema, no es nada para mi Dios,» y ustedes saben la historia, él se anima y mata a Goliat. Y ahora todos están cantando.

Es fácil cantar cuando hay victoria. Es fácil cantar cuando la Iglesia va bien, cuando la Iglesia está creciendo, cuando gente está siendo salva y bautizada y uno está viviendo sin problemas, cuando tienes tú tienes buena salud, cuando te va bien en tu matrimonio y tienes buen trabajo, y tus bienes están pagados, y en tus finanzas todo está cubierto y tú vas bien, y todo bien delante de Dios y no tienes ningún problema, ni miedo grande y todo va bien, podemos cantar.

Es cuando las cosas no van bien que se pone difícil. Ahora, Salmos 137:1-4 dice: «Junto a los ríos de Babilonia, Allí nos sentábamos, y aun llorábamos, Acordándonos de Sión. 2Sobre los sauces en medio de ella, Colgamos nuestras arpas 3Y los que nos habían llevado cautivos nos pedían que cantásemos, Y los que nos habían desolado nos pedían alegría, diciendo: Cantadnos algunos de los cánticos de Sión. 4¿Cómo cantaremos cántico de Jehová en tierra de extraños?»

Aquí los tenían cautivos, y parece que ellos eran músicos, tenían sus arpas; y dice que los tenían ahí y la gente que los tenía encarcelados o los encargados de ahí, para guardarlos, los vio y les dijo: «Ustedes son músicos, tienen instrumentos, ¿por qué no nos cantan unos cánticos, unas canciones?» y de repente ellos miran a los que están ahí y les dicen: «¿Cómo vamos a cantar si estamos cautivos, si no estamos libres? ¿Tú quieres que cantemos? Eso es para cuando uno está libre, eso es para cuando a uno las cosas le van bien. Pero ahora a nosotros las cosas no nos van bien, ustedes nos tienen cautivos.» Y dice la Biblia que tomaron sus arpas y las colgaron.

Hay unos cristianos aquí que están cautivos, que en tu mente estás cautivo, estás cautivo por un problema que está pasando y no te deja dormir, y no te deja descansar y te turba, y tú has colgado tu arpa. Y Dios dice: «Tú debes estar alegre. Yo todavía estoy sobre el trono. Yo todavía existo, la salvación no la has perdido, todavía estoy hablando en tu vida, todavía estoy transformándote, no cuelgues tu arpa. Yo tengo algo para ti, Yo tengo algo que quiero hacer contigo, mantente alegre, mantente cantando, ¿por qué? porque más somos nosotros que ellos.»

Y nos encontramos cautivos con cosas que pasan, cautivos porque saliste de la oficina con el doctor y te acaba de decir que tienes cáncer; te acaba de decir que tu hijo está enfermo; de repente recibiste una carta y escuchaste que alguien falleció; o de repente no tienes para tus gastos; te dijeron que tu trabajo se va a acabar, y te tiene cautivo, y no puedes encontrar la salida y no sabes cómo le vas a hacer, y estás desesperado y buscando en tu mente y no puedes dormir y no puedes descansar y nadie te puede hablar porque estás angustiado y estás irritado y nervioso, y se nota, ¿por qué? porque has colgado tu arpa, y te has olvidado de a quién estás sirviendo. Estamos sirviendo al Rey de Reyes, al Señor de Señores, el Todopoderoso. No cuelgues tu arpa. No la cuelgues. No pierdas tu gozo.

«No, hermano, usted no conoce mi dolor,» tal vez yo no conozco tu dolor, pero Dios sí lo conoce. Y Dios sabe lo que estás pasando, y Dios nos está diciendo que no estemos cautivos, que no estemos turbados.

Tal vez tu matrimonio no es lo que debe de ser, tal vez tu salud no es lo que debe de ser, tal vez no tienes el dinero que necesitas, tal vez tu ministerio no es todo lo que debe de ser, tal vez tus hijos no son lo que deben de ser, tal vez alguien te ha ofendido, alguien ha hablado mal de ti…, yo no sé qué te haya pasado, pero no cuelgues tu arpa, servimos al Rey de Reyes, al Señor de Señores, y un día estaremos allá con él cantando por la eternidad. No la cuelgues.

Yo sé que somos seres humanos; yo no estoy diciendo que no te deben de afectar las cosas. Dios sabe que vamos a pasar por dolor, nada más te digo no cuelgues tu arpa, porque al colgarla es decir: «ya no la voy a usar, ya no voy a reconocer a Dios, ya no voy a cantar, ya no tengo para qué cantar, las cosas no van bien.» Dios puede cambiar las cosas como no te imaginas. Dios puede transformar tu vida, en vez de tratar de salir de la prueba, en vez de quejarte con Dios: «Dios, sácame de esta prueba, no me gusta,» ¿por qué no te pones a cantar? y a decirle: «Señor, muéstrame lo que me vas a mostrar en esto, ayúdame a crecer por esto, ayúdame a madurar. Desde cuándo te he dicho ‘heme aquí, yo te quiero servir’, y ahora tú me has puesto una prueba, me estás dejando pasar por esto y yo estoy fallando, Señor, he dejado de cantar.»

Segunda de Crónicas, capítulo 20. Qué bueno que es leer la Biblia, está lleno de ejemplos este bendito libro. Quiero que vean algo aquí. Estos ejemplos son para que nosotros vayamos aprendiendo. El versículo uno nos dice: «Pasadas estas cosas, aconteció que los hijos de Moab y de Amón, y con ellos otros de los amonitas, vinieron contra Josafat a la guerra.» Y luego el versículo 20, dice: «Y cuando se levantaron por la mañana, salieron al desierto de Tecoa. Y mientras ellos salían, Josafat, estando en pie, dijo: Oídme, Judá y moradores de Jerusalén. Creed en Jehová vuestro Dios, y estaréis seguros; creed a sus profetas, y seréis prosperados. 21Y habido consejo con el pueblo, puso a algunos que cantasen y alabasen a Jehová, vestidos de ornamentos sagrados, mientras salía la gente armada, y que dijesen: Glorificad a Jehová, porque su misericordia es para siempre. 22Y cuando comenzaron a entonar cantos de alabanza, Jehová puso contra los hijos de Amón, de Moab y del monte de Seir, las emboscadas de ellos mismos que venían contra Judá, y se mataron los unos a los otros.» Ahora, ellos comienzan a cantar antes de la victoria, antes de entrar a la batalla, antes de encontrarse se pusieron a cantar. Y dice la Biblia que Dios de repente les da la victoria.

Yo me hago la pregunta, yo no sé, sólo Dios sabe pero ¿habrá alguien aquí que está pasando por algo difícil y Dios está sólo esperando verte cantar para que él haga algo? Dios está esperando ver tu fe por medio de tu gozo, que no has perdido en medio de esta batalla. Y Dios está diciendo: «Hijo mío, cuando tú cantes como cantas cuando te saco de ahí, cuando cantes igual mientras estás en esa prueba, entonces me alabarás, entonces me mostrarás que me amas a mí y no  necesariamente las bendiciones que te puedo dar.»

Y vamos a pensar, ¿habrá alguien aquí que está pasando por algo y se te ha ido tu gozo y tu paz y Dios te está pidiendo que cantes. En Mateo 26:30 dice: «Y cuando hubieron cantado el himno, salieron al monte de los Olivos.» No vamos a leer toda la historia, pero en el Monte de los Olivos, ahí es donde iban a entregar a Jesús ¿Jesús sabía que lo iban a crucificar? Si. Sin embargo, aquí, se reúne con los discípulos y cantan.

Él sabía lo que iba a sufrir, Él sabía que todo el pecado de la humanidad iba a descender sobre él, Él sabía que su Papá, el Dios Padre, iba a tener que darle la espalda, Él nunca en su vida experimentó eso porque siempre estaba en comunión perfecta con su Padre, y Él sabía lo que le venía, Él sabía que todo iba a descender sobre Él y por un poco de tiempo, su Papá le iba a tener que dar la espalda, pero aún sabiendo todo esto, Él está cantando.

«No, es que tú no me entiendes, hermano,» No, yo no tengo que entenderte, sólo Dios es quien tú necesitas que te entienda, y estamos leyendo lo que él ha escrito.

En Colosenses 3:16 dice: «La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales.» Hoy, Dios espera que nosotros estemos cantando, no porque tienes una tremenda voz, Él ve tu corazón. Si usted está como yo, hasta vergüenza nos da alzar la voz porque todos nos ven. Pero Dios no escucha esa voz, Dios ve tu corazón, Dios ve lo que está en tu interior, y Dios quiere que nosotros tengamos un cántico en el corazón, quiere que estemos siempre gozosos.

En Romanos 8:35 la Biblia nos dice: «¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? 36Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; Somos contados como ovejas de matadero. 37Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. 38Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, 39ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús, Señor nuestro.»

Pablo nunca perdió su gozo, Pablo estaba en una cárcel cantando. Regresando a 2 Crónicas 20:23 dice: «Porque los hijos de Amón y Moab se levantaron contra los del monte de Seir para matarlos y destruirlos; y cuando hubieron acabado con los del monte de Seir, cada cual ayudó a la destrucción de su compañero. 24Y luego que vino Judá a la torre del desierto, miraron hacia la multitud, y he aquí yacían ellos en tierra muertos, pues ninguno había escapado. 25Viniendo entonces Josafat y su pueblo a despojarlos, hallaron entre los cadáveres muchas riquezas, así vestidos como alhajas preciosas, que tomaron para sí, tantos, que no los podían llevar; tres días estuvieron recogiendo el botín, porque era mucho. 27Y todo Judá y los de Jerusalén, y Josafat a la cabeza de ellos, volvieron para regresar a Jerusalén gozosos, porque Jehová les había dado gozo librándolos de sus enemigos. 28Y vinieron a Jerusalén con salterios, arpas y trompetas, a la casa de Jehová. 29Y el pavor de Dios cayó sobre todos los reinos de aquella tierra, cuando oyeron que Jehová había peleado contra los enemigos de Israel. 30Y el reino de Josafat tuvo paz, porque su Dios le dio paz por todas partes.»

¿Qué están haciendo? Entrando a la batalla, estaban cantando; en la batalla, estaban cantando; cuando Dios les dio la victoria, siguieron cantando. Yo no sé en qué estado o situación te encuentras, pero te voy a decir esto: Todo lo puedo en Cristo.

En Enero de 2005, yo comencé el año predicando sobre la importancia de depender más de Dios, yo le dije a mi esposa: «No sé por qué, pero yo siento que este año, 2005, vamos a pasar por algo difícil.» Mi esposa me miró y me dijo: «¿De qué estás hablando?» Dije: «No sé cómo explicarlo, nada más algo me dice que me tengo que preparar porque viene algo, y tú como mi esposa quiero que también te prepares, y le voy a decir a la Iglesia que también nos preparemos porque Dios está bendiciendo, la Iglesia está creciendo, gente siendo salva, vidas transformadas, y algo me dice que antes de llegar al siguiente nivel va a tener que pasar algo. Es bíblico, la Biblia enseña que cuando uno avanza va a haber pruebas y dificultades, y algo me dice que algo va a pasar.»

Y yo comencé el año predicando en la Iglesia, hice cuatro mensajes seguidos del mismo tema, y el tema era «depender más de Dios» y por cuatro semanas les enseñé de eso. Un mes después de que yo terminé esos cuatro mensajes, mi esposa tenía una cita con el doctor y fuimos y le hicieron sus exámenes y todo, y de repente el doctor nos sienta en un cuarto y nos dice: «No tengo buenas noticias, salieron positivas las pruebas y tu esposa tiene cáncer en su pecho. Y honestamente, me gustaría decirles que lo agarramos a tiempo, pero de uno a cinco, el de ella es como un cuatro, y nos gustaría ya mañana operar y hacer lo que se tiene que hacer.»

Y recuerdo que yo estaba ahí sentado con mi esposa, y pues los dos estábamos muy sorprendidos. Y aunque yo estaba, se supone, preparado para algo, no me estaba imaginando algo así.

Y el doctor dijo que querían operar mañana, y rápido. Y después querían empezar la quimioterapia y todo lo demás, ver qué se podía hacer, y entonces yo le dije al doctor: «Usted sabe que yo soy Pastor, y nosotros nunca hacemos algo nada más así, siempre oramos y buscamos la voluntad de Dios, y yo sé que usted dice que tiene que ser así, pero nosotros creemos en el Doctor de Doctores. Y vamos a buscar su rostro; yo respeto su opinión como doctor, yo sé que usted nos quiere ayudar y está haciendo lo que debe hacer, pero yo voy a orar un poco.» Y mi esposa me miró y me dijo: «Sí, vamos a orar y a ver cómo Dios nos dirige en todo esto.»

Yo me puse a orar y ayunar por once días, para que Dios me diera una respuesta. Pasaron once días y en esos días yo estudié un poco sobre el cáncer de mi esposa, leí tres, cuatro libros sobre lo que es y cómo se trata el cáncer, y qué es lo que ofrecen los médicos comparado a cosas naturales y pues todo esto. Es increíble cómo se puede uno educar rápidamente cuando lo necesita.

Y en esos días yo me eduqué sobre lo que era ese cáncer y al final de todo hablé con mi esposa, y mi esposa no tenía paz sobre la quimioterapia, tenía un gran temor de la quimioterapia porque en mi familia y en la familia de ella, a nuestros familiares, la quimioterapia en lugar de darles vida, los acabó.

Y temíamos eso y al fin mi esposa dijo: «¿Sabes qué? Yo no sé de ti, pero yo no tengo ningún problema de que me operen y me quiten el busto, pero yo no quiero entrar a la quimioterapia, me da mucho temor.» Y le dije: «¿Sabes? Yo también tengo esa misma idea, yo creo que vamos a dejar que hagan la cirugía,» porque ya el tumor estaba bien grande y le dolía mucho. Y dijo: «Pues vamos a hacerlo.» Llegamos con el doctor, y le dijimos: «Ya agarramos dirección de Dios y vamos a dejar que la operen.»

Operan a mi esposa y todo sale bien, y quieren los doctores entrar inmediatamente a la quimioterapia, pero les dijimos que no, que eso no íbamos a hacer, que íbamos a cambiar su dieta, que iba a comenzar a usar productos naturales y mi esposa de repente comenzó a usar puras cosas naturales, orgánicas, tremendo, el siguiente año comía bien, bien sano.

Íbamos bien, y entramos en este año y pensábamos que todo iba bien y en enero, de repente mi esposa comienza con una tos, y esta tos persiste y persiste, y pasan semanas y casi un mes, y yo le dije: «Me siento inquieto con esa tos» y mi esposa dice: «Pues vamos al doctor.» Y fuimos al doctor y le hicieron otros exámenes y desgraciadamente el cáncer se movió a los pulmones, y ella tiene ahora dos tumores enormes, uno en cada pulmón.

Y el doctor cuando vio eso nos dijo: «No veo mucha esperanza, la única cosa que les puedo decir, es que la quimioterapia podría reducirlos para que ella no sufra tanto con esa tos, pero no les podemos garantizar nada.»

Después de orar un tiempo, un día, mi esposa dijo: «Pues vamos a hacer la quimioterapia.» Y ahorita nosotros estamos en eso. La semana pasada acaba de tomar su cuarta sesión, de seis, cada tres semanas ella tiene que ir.

Y anteayer le hicieron otro examen, y Gloria a Dios, los tumores sí están sido reducidos, la quimioterapia sí está haciendo lo que debe de hacer. Ahora, eso no nos garantiza que se le va a quitar el cáncer, pero al menos ella puede respirar mejor y funcionar y si tú la ves, ni cuenta te das de que está enferma, porque ella nunca ha colgado su arpa. Nunca ha colgado su arpa. Yo de vez en cuando la he colgado, pero ella no. Y ella va bien, en el hecho de que sigue adelante y no sabemos, lo tomamos día tras día.

Pero yo les digo esto a todos ustedes porque en medio de todo esto, Dios me ha enseñado, que cuando uno necesita la gracia de Dios, la gracia de Dios va a estar ahí; pero si tú cuelgas tu arpa, no vas a experimentar la gracia de Dios. No la cuelgues.

¿Cómo es que uno se mantiene con su gozo? En Hebreos 12:2 nos dice la Biblia que pongamos nuestros ojos en Jesús. Les quiero mostrar una ilustración que creo que les va a ayudar mucho. Así es como mi esposa y yo nos hemos mantenido.

Supongamos que alguien se pone de pie sobre una silla, (y en esta ilustración,) él representa a Jesús, y alguien más se pone de pie sobre otra silla y lo mira de frente. Él representa a alguien que es salvo y tiene sus ojos en Jesús, y no quita sus ojos de Él. Ahora, alguien más está de pie sobre el piso, a sus espaldas, y representa un problema, una dificultad. Este representa al Diablo, y está detrás de él, pero no lo puede alcanzar.

Los problemas y el Diablo molestan a quien es salvo, y el que es salvo va a querer voltear, ver qué causa el problema, pero mientras él mantenga sus ojos en Jesús todo está bien. Dios le va a decir: «Yo sé cuáles son tus problemas, no voltees, Yo puedo ver lo que está pasando en tu vida, Yo me encargo.»  Alguien lo ofende, alguien habla mal de él, Dios le dice: «No voltees, mírame a mí»; alguien dice algo que no es cierto: «No voltees, mírame a mí.»

¿Por qué creen ustedes que el Señor, cuántas veces vemos en las Escrituras, dice la Biblia que no abrió su boca? Porque tenía la mirada en Su Padre, y el Padre le aseguraba que todo estaba bien: «Mírame a Mí, mírame a Mí y Yo voy a enseñarte a Ti quién eres y qué necesitas cambiar en Tu vida. No te preocupes por los demás, que ellos cambian. No te enfoques en esos problemas, en esas tragedias, Tú no puedes controlar eso: pon Tus ojos en Mí.»

Ahora, vamos a suponer, que en la ilustración ustedes pueden ver al problema molestando a quien es salvo, de dónde viene ese golpe, pero quien es salvo no lo ve, y quiere voltear; y ahora supongamos que él deja de leer su Biblia, deja de orar, deja de ir a la Iglesia, deja de escuchar predicación, todas las cosas que Dios usa para mantener nuestra relación con Él bien. Y cuando suceda eso, él no será influido por Dios porque quitó sus ojos de Él, y entonces voltea hacia atrás y podrá ver las dificultades, pero no podrá ver ni a Dios, ni la causa de los problemas, no verá que el problema es espiritual, verá que el problema es material, no verá al Enemigo que está detrás de él. Y cuando esto sucede, él se desespera porque dice: «Yo no puedo con esto, ¿qué voy a hacer?» y se voltea. Dios sigue diciendo: «No voltees, el Enemigo te quiere destruir, no cuelgues tu arpa, no dejes de cantar. Yo sé que es incómodo, también fue incómodo para Mí estar en la cruz por ti, pero Yo canté; fue difícil cuando me acusaron pero Yo seguí cantando; fue difícil cuando hablaron mal de Mí pero yo mantuve mis ojos en mi Padre, Yo no miré. Yo no pelee contra ellos porque Yo conocía que esto era más grande, que esto era espiritual, que el Enemigo tenía un plan pero no iba a lograrlo porque Yo mantuve mis ojos en el Señor.»

Por esto a veces la gente se va ofendida de la Iglesia, o se enoja cuando corrigen a sus hijos, porque el Pastor a veces pone el dedo sobre tu pecado y lo señala, y sales corriendo, porque quitas los ojos de Dios y Dios dice: «Esto es bueno para ti, tómalo.» A nadie le gusta la medicina, pero nos hace bien.

Yo tengo mis ojos en el Señor, si yo volteo ahorita y no pongo mis ojos en el Señor, esto va a ser lo que va a pasar conmigo. Yo de repente pienso: «¿Y si muere mi esposa qué voy a hacer? ¿Qué van a hacer mis hijos? ¿Qué van a hacer mis nietos que aún no han nacido? ¿Cómo voy yo a encargarme de criar a mis nietos sin mi esposa, o ser parte de sus vidas? ¿Qué voy a hacer en la Iglesia? ¿Puedo seguir siendo Pastor? ¿Puedo seguir trabajando con familias? ¿Qué me espera en mi futuro? ¿Cómo es que Dios me va a usar? ¿Qué voy a hacer con esto?» Yo tengo ya veintinueve años de casado, casi toda mi vida he conocido a mi esposa, ella es todo para mí, fuera de Dios, la Biblia dice que somos una sola carne. Yo y mi esposa nos hemos convertido en una sola carne, si se muere ella, se muere la mitad de mí.

¿Cuándo pienso así? Cuando quito los ojos de Él. Pero cuando yo tengo mis ojos en el Señor, yo no pienso en esas cosas. Yo pienso: «Dios está en control. Dios está obrando. Dios tiene un plan. Dios sabe lo que está haciendo. Dios me va a usar. Dios va a usar a mi esposa.» Mira el gozo de mi esposa. Mira cómo está alcanzando almas. Mira cómo está animando a otras hermanas. Mira cómo Dios está luchando para bien: «No voltees ahí, tú no puedes figurar lo que va a pasar sin ella, tú nada más mírame a Mí,» Dios me continúa diciendo.

No cuelgues tu arpa. Tenemos un Dios tremendo. Tenemos al Rey de Reyes, al Señor de Señores. No quites tus ojos de Él. Ponlos en el Señor.

«Péguenme por dónde quieran, yo no voy a voltear,» que por acá y por allá, y otra ofensa, y esta ofensa y «Ay, Señor, ya no aguanto,» y Dios dice: «Está bien, Yo estoy viendo todo, tú nada más mírame a Mí, mírame a Mí, todo está bien.» Contigo y con Dios, todo está bien.

Ay, Señor, ¿cuándo se acaba todo esto?: «En el otro lado, cuando estés conmigo en el Cielo, allá no hay ningún problema por toda la eternidad, sufre un poquito aquí en la Tierra.»

Esperemos que esto les haga entender la Guerra Espiritual un poquito mejor. No cuelgues tu arpa, sigue gozoso, sigue contento. Yo sigo siendo uno de los hombres más gozosos de toda la Tierra, aunque estoy en una prueba, que es la prueba de mi vida, pero yo sigo cantando.

¿Saben por qué estoy yo aquí, hoy? Porque tengo mis ojos en el Señor. Si no los tuviera en el Señor, me quedaría en mi casa preocupado; mi esposa me dice: «Deja de verme a mí, pon tus ojos en Dios, tú sal y predica, deja que Dios te use.» A veces Dios la usa a ella para levantarme a mí. No cuelgues tu arpa. Amén.

Y Serás Bendicion

«Y SERÁS BENDICION»

Dr. Elmer Fernández

Génesis 12:1-4

«Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra. Y se fue Abram, como Jehová le dijo; y Lot fue con él. Y era Abram de edad de setenta y cinco años cuando salió de Harán. Tomó, pues, Abram a Sarai su mujer, y a Lot hijo de su hermano, y todos sus bienes que habían ganado y las personas que habían adquirido en Harán, y salieron para ir a tierra de Canaán; y a tierra de Canaán llegaron. Y pasó Abram por aquella tierra hasta el lugar de Siquem, hasta el encino de More; y el cananeo estaba entonces en la tierra. Y apareció Jehová a Abram, y le dijo: A tu descendencia daré esta tierra. Y edificó allí un altar a Jehová, quien le había aparecido. Luego se pasó de allí a un monte al oriente de Bet-el, y plantó su tienda, teniendo a Bet-el al occidente y Hai al oriente; y edificó allí altar a Jehová, e invocó el nombre de Jehová.»

El primer misionero que menciona la Biblia fue Abraham, Dios lo envió a otro lugar. Dios le dijo: ­»Quiero que vayas a otro lugar y allí yo voy a hacer de ti una nación grande y te bendeciré y serás bendición.» Si algo grande va a pasar en mi vida, en mi hogar, en mi familia, no sólo es que Dios me bendiga, sino que yo pueda ser de bendición. Que nosotros como familia podamos ser de bendición. ¿Qué ingredientes tenía Abraham que Dios hizo de él un gran héroe de la fe? Al punto que no sólo él fue bendecido sino que sus hijos y los hijos de sus hijos fueron bendecidos y fueron de gran bendición. Tan grande bendición que nosotros hoy en día somos bendecidos por Abraham, porque de él vino el Mesías, de él vino el Cristo. Y Abraham es llamado el Padre de la Fe.

Vamos a ver que ingrediente había que Dios le dijo: «Serás bendición.» Para que tú puedas ser bendición ¿qué tenemos que tener?

La primera cosa que yo quiero que notes de Abraham, del llamado amigo de Dios es la gran obediencia de Abraham. ¡Oh! Qué Dios no diera que hoy hubiera cristianos que obedecieran como Abraham. Dios le dijo a Abraham en Génesis 12:1,4 «Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré.»En el versículo 4 dice: «Y se fue Abram, como Jehová le dijo; y Lot fue con él. Y era Abram de edad de setenta y cinco años cuando salió de Harán.» Usted debe de entender que cuando uno esta joven uno es más atrevido, uno brinca de un lugar a otro. Pero cuando uno ya esta mayorcito ya no quiere uno estarse mudando. Cuando yo veo uno de esos camiones de mudanza, es para mí como si viera un vampiro, odio los camiones de mudanza, yo no quiero estar pensando en los camiones de mudanza, porque uno se empieza a poner maduro, que ya no se arriesga tanto. Para mi es más duro mudarme y con solo 52 años, ahora imagínese 75 años, tú ya no quieres irte de donde tú estas. Y aquí Dios le dice: «Vete y vete a tierra que te mostrare.» No le dice aun a donde va a ir y dice la Biblia: «Y se fue Abram como Dios le dijo.» Inmediatamente obedeció a Dios, inmediatamente hizo lo que Dios le mandó. Génesis 22:1-3 Vemos aquí la obediencia de Abraham. Padres, vuelvo a decirles aquí, que la cosa más importante que puedes enseñarle a tus hijos es enseñarle a obedecer. Lo más grande que tú puedes hacer con ese niñito de dos, tres, cuatro, cinco años, es enseñarle a obedecer. Lo que más nos falta en un joven es enseñarle a obedecer. Lo que más le falta a un cristiano es obedecer. Yo a veces creo que sería bueno meter a unos cuantos al ejercito, aunque no me gusta el ejercito y no me gusta el ambiente del ejercito, pero simplemente para enseñarle a unos cuantos a obedecer sin preguntar. Disciplina. Hacer lo que se les manda sin una mano de preguntas o, «déjame pensarlo o meditarlo.» Sí meditas, no obedeces. Obedecer es hacer lo que se te manda. Génesis 22:1-3 dice: «Aconteció después de estas cosas, que probó Dios a Abraham, y le dijo: Abraham. Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré. Y Abraham se levantó muy de mañana, y enalbardó su asno, y tomó consigo dos siervos suyos, y a Isaac su hijo; y cortó leña para el holocausto, y se levantó, y fue al lugar que Dios le dijo.« Esto era duro para Abraham, fíjese que Dios le dice: «dame al hijo que tú amas.» Ya habían pasado años, Abraham ancianito, Dios le da un hijo. Aquí ya tiene más de cien años y tiene un hijo adolescente. Y ahora Dios le dije: «Ofréceme a tu hijo, a quien amas, ofréceme a tu hijo, mátalo en sacrificio.» Eso es duro, que te diga Dios, ofréceme a uno de tus hijos o hijas. Tu vas a decir: «Señor, el diezmo esta bien, la ofrenda esta bien, pero mi hija…» Tú no vas a decir: «¡Con gozo!» Que duro sería eso, tenemos que pensarlo, medita en ese. Sin embargo, mira lo que la Biblia dice sobre Abraham en el versículo tres. Abraham ni lo pensó. Génesis 22:3 «Y Abraham se levantó muy de mañana, y enalbardó su asno, y tomó consigo dos siervos suyos, y a Isaac su hijo; y cortó leña para el holocausto, y se levantó, y fue al lugar que Dios le dijo.» Abraham ni lo pensó, ni un día pasó. Dios le habla y a la próxima mañana dice: «¡Eh! a levantarnos temprano porque tenemos algo que hacer!» ¿Por qué? Porque si se pone a pensarlo o a meditarlo, no lo hace. Dios le mandó y él lo hizo así. ¡Qué obediencia de Abraham! ¡Oh, si tuviéramos hoy en día esa clase de cristianismo!

Dios nos dice que demos el diezmo y no obedecemos. Dios nos dice que vayamos a ganar almas, no obedecemos. Dios nos dice que nos separemos del mundo, no obedecemos. Dios nos dice no hagas esto y lo hacemos. Nos dice, haz esto y no lo hacemos. ¿Por qué es que hay tanta desobediencia hoy en día? Abraham era obediente, por que él tenía mucha fe. La fe fue la que le ayudo a obedecer y su gran fe fue la que le ayudo a él a hacer lo que Dios le pidió a él que hiciera.

Por eso sí Dios nos llama al campo misionero tenemos que ir, si Dios nos manda a predicar debemos de obedecer, cuando Dios nos llama a servirle de tiempo completo, hay que obedecer, no considerarlo. OBEDECER. Por eso cuando Dios nos llamó a que dejáramos la Primera Iglesia Bautista de Hammond, Indiana, con un buen salario, con un carro nuevo cada dos años y todo eso, lo dejamos para ir a un lugarcito sin salario, ¿Por qué? Porque hay que obedecer, hay que hacer lo que Dios nos manda y para esto se necesita fe. Mire Hebreos 11:8 «Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba.» ¿Cómo obedeció? Por la fe. Hebreos 11:9-11 «Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.» Hebreos 11:17-18 «Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito, habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia;» ¿Cómo obedeció Abraham a Dios? Por la fe. Él creyó lo que Jehová le había dicho.

Dios prefiere obediencia que sacrificio. Dios quiere que le obedezcan y la forma de obedecer a Dios es por la fe. Dios aquí prueba a Abraham y le dice en Génesis 22:2-3 «Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré. Y Abraham se levantó muy de mañana, y enalbardó su asno, y tomó consigo dos siervos suyos, y a Isaac su hijo; y cortó leña para el holocausto, y se levantó, y fue al lugar que Dios le dijo.» ¡Que gran obediencia de Abraham! Siguiente versículo dice: «Al tercer día alzó Abraham sus ojos, y vio el lugar de lejos. Entonces dijo Abraham a sus siervos: Esperad aquí con el asno, y yo y el muchacho iremos hasta allí y adoraremos, y volveremos a vosotros.» ¿Por qué Abraham obedeció en ofrecer a su hijo? Porque Abraham tenía fe de que Dios iba a resucitar a su hijo. Y Abraham se dijo a si mismo: «Dios me dijo ofréceme a tu hijo, pero Dios también me dijo: Haré de él una gran nación y en él te será llamada descendencia. De él va a venir el Mesías; entonces Dios puede resucitar a mi hijo de los muertos. Si, yo se lo ofrezco.» Por eso es que Abraham es llamado el Padre de la Fe. Porque él creía lo que Dios decía y él confiaba en Dios. Mire Génesis 22:6-8 «Y tomó Abraham la leña del holocausto, y la puso sobre Isaac su hijo, y él tomó en su mano el fuego y el cuchillo; y fueron ambos juntos. Entonces habló Isaac a Abraham su padre, y dijo: Padre mío. Y él respondió: Heme aquí, mi hijo. Y él dijo: He aquí el fuego y la leña; mas ¿dónde está el cordero para el holocausto? Y respondió Abraham: Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío. E iban juntos. Y cuando llegaron al lugar que Dios le había dicho, edificó allí Abraham un altar, y compuso la leña, y ató a Isaac su hijo, y lo puso en el altar sobre la leña. Y extendió Abraham su mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo. Entonces el ángel de Jehová le dio voces desde el cielo, y dijo: Abraham, Abraham. Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único. Entonces alzó Abraham sus ojos y miró, y he aquí a sus espaldas un carnero trabado en un zarzal por sus cuernos; y fue Abraham y tomó el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo. Y llamó Abraham el nombre de aquel lugar, Jehová proveerá. Por tanto se dice hoy: En el monte de Jehová será provisto.» La razón por la cual Abraham obedeció fue porque él tenía fe.

Aquí te va la receta: Abraham fue de bendición a otros porque él había sido bendecido y porque él había sido bendecido él fue de bendición a otros. Pero la razón por la que él había sido bendecido es porque primero, él obedeció a Dios por fe y porque él obedeció por fe, los milagros vinieron a su vida y al haber milagros en su vida, él fue bendecido y él fue de bendición a otros, porque ellos vieron que el Dios de Abraham es un Dios real y verdadero. Y lo que nos pasa a nosotros es que no obedecemos y no obedecemos porque no creemos y no hay milagros en nuestras vidas para ser de bendición a otros. Algunos aquí se están privando de milagros en sus vidas por no querer obedecer, porque Dios nos manda a obedecer por fe que le obedezcas y Él va a hacer milagros en tu vida. Sí Abraham no hubiera ido a ofrecer a su hijo, él no hubiera visto el milagro de Dios al no matar a su hijo y de darle otra alternativa. Los milagros vienen a nuestra vida por obedecer y el obedecer viene por la fe. Entonces no obedecemos por falta de fe, porque no creemos lo que Dios dice.

¿Sabes porque tú no das el diezmo? No porque no puedes, sino porque no crees. Y porque no crees no ves milagros en tu vida y por eso Dios no hace milagros, porque si tu creyeras, obedecieras y sí obedecieras Dios haría milagros en tu vida. Entonces no sólo tú te estas privando de milagros, sino estas privando a otros de ver esos milagros.

En Números 14 tenemos una historia triste del pueblo de Israel. El pueblo de Israel ahora había sido mandado a conquistar esa tierra. Ya han pasado varios años, ya José había pasado 400 años en Egipto. Pero ahora Dios les dice: «Esta tierra que yo le prometí a Abraham, se las quiero dar a ustedes.» Dios los saca de Egipto con mano poderosa, y los saca con mano poderosa porque Moisés obedeció y obedeció porque él creyó lo que Dios le dijo. Cuando Dios le dijo a Moisés: «Toma un cordero, macho, sin defecto alguno, y el día 14 de Abril mátalo y pon la sangre en el dintel.» La gente hizo tal como Dios había dicho y lo hicieron así, porque Moisés le dijo a la gente tal como Dios lo había dicho. Y Dios libró a todos los primogénitos e hizo milagros porque ellos habían obedecido por fe lo que Dios había dicho a través de su profeta. Ellos obedecieron cuando salieron de la tierra de Egipto y fueron hacia el Mar Rojo, no fueron por un camino fácil, sino difícil. Y el pueblo diciendo «¿Por qué vas por allí?, ¿porque vamos por este rumbo?» -«Es por que Dios manda.» Quizá ellos dijeron: «A mí no me es lógico, yo creo que es mejor por aquí.» El razonamiento es el peor enemigo de la fe. Y dijeron: «Es más razonable ir por aquí, que por el Mar Rojo, no tenemos barco.» Entonces toman el camino para ir por el mar y ahora se encuentran frente al Mar Rojo y le dicen a Moisés; «¿Ahora que haremos? Allí viene el enemigo, allí está el Mar Rojo, ¿Nos trajiste aquí para matarnos?» Y Moisés dice: «No. Miren la salvación de Jehová.» Y se parte el Mar Rojo y ven este gran milagro, porque Moisés obedeció y cuando Moisés obedeció, Dios hizo milagros.

Ahora llegan a la tierra prometida, en Cades Barnea y los diez espías dicen: «No podemos.» Así como muchos dicen: «Yo no puedo. No puedo ser misionero. No puedo ganar almas. No puedo dar el diezmo. No puedo dar para misiones. No puedo. Ellos dijeron: «No podemos entrar a la tierra, porque en ella hay gigantes.» Dios no los mandó a considerar si entraban o no entraban. Dios los mandó a observar la tierra, para ver por donde iban a entrar y como iban a entrar. Pero ellos regresaron y dijeron: «¡No! No podemos entrar a la tierra, por que hay gigantes en la tierra, y la tierra se traga a sus moradores.» Regresan ellos, y en lugar de ser bendecidos y ser bendición, son maldecidos y son maldición a otros. Porque ahora desaniman al pueblo entero, el pueblo entero se echa a llorar, a lamentar. Josué y Caleb dicen: ­»Si podemos, vamos a conquistar esa tierra.» Pero la mayor parte del pueblo les hizo caso a estos diez hombres. Ellos no obedecieron porque no creyeron y como no creyeron no hubo milagros. Al contrario, miren Números 14:10-11 «Entonces toda la multitud habló de apedrearlos. Pero la gloria de Jehová se mostró en el tabernáculo de reunión a todos los hijos de Israel, y Jehová dijo a Moisés: ¿Hasta cuándo me ha de irritar este pueblo? ¿Hasta cuándo no me creerán, con todas las señales que he hecho en medio de ellos?» Dios se irritó con el pueblo. ¿Pero por qué se irrita con el pueblo? Porque el pueblo no le obedeció. ¿Por que no lo obedecieron? Porque no le creyeron.

Hebreos 3:18 «¿Y a quiénes juró que no entrarían en su reposo, sino a aquellos que desobedecieron?» La incredulidad trae desobediencia, la fe trae obediencia. Entonces la desobediencia tuya es la demostración de tu incredulidad. La obediencia es la demostración de tu fe. Y aquí ellos no entraron por causa de la incredulidad de ellos. Números 14:11 «y Jehová dijo a Moisés: ¿Hasta cuándo me ha de irritar este pueblo? ¿Hasta cuándo no me creerán, con todas las señales que he hecho en medio de ellos?» Por causa de la incredulidad de ellos, no obedecieron; y por no obedecer, no vieron los muros de Jericó derrumbados. No vieron milagros en sus vidas, porque no obedecieron y no obedecieron porque no creyeron. ¿Y que les paso? En lugar de ser bendecidos y ser de bendición fueron de maldición. Mire lo que dice Números 14:23: «no verán la tierra de la cual juré a sus padres; no, ninguno de los que me han irritado la verá.» Versículo 32 dice: «En cuanto a vosotros, vuestros cuerpos caerán en este desierto.» No verán la tierra, no verán lo que yo pude haber hecho, caerán muertos en este desierto. En el versículo 42: «No subáis, porque Jehová no está en medio de vosotros, no seáis heridos delante de vuestros enemigos.» Dios dije: «No me obedeciste porque no me creíste, no vas a ver los que yo iba hacer. Van a morir en este desierto y mi dulce presencia no va a estar contigo.» -«Usted me esta diciendo que si yo soy salvo y no soy bautizado, ¿estoy en problemas con Dios?» Exactamente, porque no estas obedeciendo. El sólo hecho de no ser bautizado, puede parar y detener las bendiciones de Dios, porque no estas obedeciendo. -«Pero es que yo no comprendo.» Tú no tienes que comprender, tú tienes que obedecer. -«Pero es que yo no entiendo, yo tengo que ver…» Tú no tienes que ver nada, tú solo tienes que obedecer. Como el cieguito que fue mandado al estanque de Siloé, él obedeció, ¿Por qué obedeció? Porque él creyó. Dios le puso lodo en los ojos y luego le dijo: «Ve al estanque de Siloé y lávate. -«Señor yo te pedí que me dieras la vista, ¿para que me pones lodo en los ojos? ¿Para que me mandas a ese estanque sucio, a lavarme? Yo no veo porque ir a un estanque sucio. ¿Por qué tú no me puedes dar la vista ahora mismo?» Él no respondió así. ¡NO! Sino que él fue. ¿Por qué obedeció? Porque él creyó. Cuando él obedeció y fue, el milagro vino y los ojos le fueron abiertos. El milagro vino por obedecer y el obedecer vino por la fe. Porque él creyó lo que Cristo le dijo.

Naaman no creía y dijo: «¿Para que me voy a lavar en un río sucio allí, habiendo mejores? Ese río no me va a quitar a mí la lepra.» Su siervo le dijo: «Mi señor, ¿porque no obedeces, porque no lo haces?» Al fin tuvo suficiente fe para obedecer y al obedecer vio el milagro. Y la piel se le volvió como la piel de un niño. Milagro vino por obedecer y el obedecer vino porque creyó.

Entonces no hay milagros porque no obedezco y no obedezco porque no hay fe. Es una falta de fe, es una incredulidad. Aquí ellos por su falta de fe no vieron la tierra prometida, murieron en el desierto y la dulce presencia de Dios no estaba con ellos.

Aquí hay algunos que para ti Dios está muerto. ¿Dónde esta la dulce presencia de Dios? Por que la dulce presencia de Dios se fue el día de los desobedientes. Dios muestra su presencia a aquél que le obedece. Ellos no obedecieron y la dulce presencia se fue.

La cosa más dañina son cristianos que van a la iglesia, que pretenden, pero no obedecen. Son cristianos-católicos, bautistas-católicos, así como los católicos van a la iglesia, se persignan y siguen viviendo como les da la gana. Nosotros somos bautistas-católicos. Vamos a la iglesia, un mensajito, esto y el otro, vamos a la iglesia a cumplir y ya vivimos como sea. El cristianismo tuyo no debe de ser de sólo ir a la iglesia, el cristianismo tuyo debe de ser el obedecer, hacer lo que Dios manda.

Juan 14:21 «El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él.» Versículo 23 «Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.» ¡Que lejos está Dios de ti! La desobedecía trae eso. El Espíritu de Dios te pide que hagas algo y no lo haces, la dulce presencia de Dios se aparta. Al que obedece por fe, la dulce presencia de Dios viene. Aquí hay algunos que lo están haciendo nada más por rito. Ya no esta la dulce presencia de Dios, por eso cuando escuchas cantar «Alcance Salvación» solo dices: «¡Ay, que lindo cantan, cantan bonito!» No es si cantan bonito, sino que cantaron: «Alcance Salvación.» ¡Gloria a Dios! Pero hay algo que la dulce presencia de Dios, ya no está allí. ¿Por qué no está allí? Porque no obedecí. ¿En qué? Tú sabes, que es ese algo. Y no obedecí, porque no creí, y no creí y ahora no tengo Su dulce presencia, y no tengo bendición y no soy bendición, porque no obedecí. Lo que nos hace obedecer es el creer.

Mateo 13:58 «Y no hizo allí muchos milagros, a causa de la incredulidad de ellos.» No creían por eso no obedecían, no obedecían, por eso no había milagros, no había milagros, no eran bendecidos. No son bendecidos, entonces no pueden ser bendición.

Para yo ser de bendición, tengo que ser bendecido. Para que halla milagros en mi vida tengo que obedecer y para haber obediencia tiene que haber fe. Entonces lo esencial es tener fe. Por eso Abraham obedeció a Dios, porque él creía en Dios. Dios le dijo: «Dame a tu hijo.»  -«Está bien, Señor. Te lo doy.» Algunos le dijeron: «Pero Abraham, ¿Cómo le vas a dar a tu hijo?» -«Dios dijo que de mi hijo iba a hacer una nación, que de mi hijo iba a venir el Mesías, sí Dios me dice eso, aunque yo lo mate, Él lo puede resucitar. Pero mi Dios no me pide que haga algo que vaya en contra de lo que Él me ha prometido.» Abraham tenía fe en Dios, esa fe en Dios, lo hizo a él ser obediente, esa obediencia le trajo milagros, esos milagros trajeron bendiciones, esas bendiciones trajeron bendición a otros. Entonces la clave es fe. Por eso sin fe es imposible agradar a Dios. Hebreos 3:12 «Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo;» Hebreos 4:2 «Porque también a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva como a ellos; pero no les aprovechó el oír la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron.» Hebreos 4:6, 11 «Por lo tanto, puesto que falta que algunos entren en él, y aquellos a quienes primero se les anunció la buena nueva no entraron por causa de desobediencia, Procuremos, pues, entrar en aquel reposo, para que ninguno caiga en semejante ejemplo de desobediencia

Nos habla de una desobediencia por no ir acompañada de fe. No tienes fe, no obedeces, no obedeces, no hay milagros, no hay milagros, no hay bendición, no hay bendición, no soy de bendición. Mira todas las historias de la Biblia, todas son así. Dios le mandó a un montón de gente que obedecieran y por fe lo hicieron. A Noé le dijo: «Hazte un arca de este tamaño, de esta manera, en medio del desierto, de madera, inmenso de grande.» Y Noe obedeció y Noe lo hizo porque Noe creyó que Dios lo había dicho.

¿Sabes porque no te apartas del pecado? Tú no crees lo que Dios está diciendo. «¡Qué me va a ir mal, a mi no me va a ir mal!,» dicen algunos.  La falta de fe, me hace desobedecer. Sí creo, yo digo al pecado: ­»Mejor que no, porque Dios dijo que no y me va a ir mal.» Hay algunos de ustedes aquí que batallan con las convicciones de separación. Y dices: «Yo no le veo nada malo a esa música. ¿Y porque mi hija no puede salir sola? ¿Y porque mi hijo no puede hacer eso? Yo no le veo nada malo con eso. Yo no estoy de acuerdo.» Mi falta de fe me hace desobedecer. Ese es el problema que tenemos con los jovencitos. No le creen ni a los padres, ni al pastor y menos le creen a Dios. Hasta que lo experimenten, pero una vez que lo experimentas es muy tarde ya. Es muy tarde para decir: «Tenían razón.» Ya es muy tarde, es mejor creer, pero no obedecemos porque no creemos, como no creemos, no tenemos milagros, como no tenemos milagros, no somos bendecidos y no somos bendición.

Esto también aplica a ustedes hombres. Te hemos dicho muchas veces, ten cuidado con lo que miras, pero tú sigues haciéndolo. «No, pero aquellos cayeron porque no saben jugarlo, yo sé jugarlo. Yo sí se hasta donde ir, yo sé que cerca caminar del precipicio sin caerme.» Y hay otro montón de mensos que dijeron lo mismo. ¡Ten cuidado!

Regresemos a Génesis 12:1-4 «Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra. Y se fue Abram, como Jehová le dijo; y Lot fue con él. Y era Abram de edad de setenta y cinco años cuando salió de Harán.» Hoy en día el nombre Abraham es conocido por el mundo entero. Hasta los musulmanes toman a Abraham como su padre. Los judíos lo toman como su padre y nosotros los cristianos como el Padre de la Fe. ¡Que hombre! ¡Que impacto! Dios engrandeció su nombre y lo hizo a él ser de gran bendición. ¿Por qué? Porque obedecía. ¿Por qué obedecía? Porque creía a Dios. Por eso muchas veces nuestros hijos no siguen a Dios. Dios dice: «Dame tus diezmos y ofrendas, y pruébame, sino abriré las ventanas de los cielos.»

«El pastor está con esto de que diezma, ofrenda, da a misiones, pero es que él no sabe que nosotros no podemos.» Suena como a los diez espías. Con está actitud dejas de ver el milagro en tu vida, no serás bendecido y no serás bendición. Aquel que obedece, llega a ser bendecido y a ser de bendición a otros. ¿Cómo están tus promesas de fe? ¿Hum? ¿Cómo están tus promesas a misiones? -«Es que pastor, no puedo.» A mi me suena como a los diez espías de la Biblia. ¿Cómo esta tu diezmo? ¿Tú sabes lo que Dios pudiera hacer para la obra de Él, en el ministerio, en el mundo hispano; sí tan solo cada uno aquí diezmara?

Los diezmos aquí son buenos, pero de lo que tú ganas realmente, ¿cuánto es que das? Hay aproximadamente 80,000 dólares al año, ¿quien le está robando a Dios aquí? El diezmo Dios lo manda, pero no lo obedeces; y algunos son estudiantes del Instituto. Dios no quiere ladrones pastoreando. Sí tú no tienes fe para obedecer, ¿qué haces atrás de un pulpito? ¿Gritar? No. Cállate el pico. Tienes que tener fe para obedecer, para ver un milagro, para entonces ser bendecido y ser de bendición.

Muchos podemos contarte milagros en nuestras vidas, por obedecer por fe. ¿Te das cuenta de lo que Dios puede hacer, no sólo en la obra de Él? Cuantos pudiéramos ser de bendición. ¿Pero te das cuenta de cuántos pudieran ser bendecidos? ¿Sabes lo que Dios pudiera hacer en la vida de muchos?

El hermano Carlos nos contó de cómo empezó a dar para la misión y como Dios de repente hizo que le aumentaran el sueldo por mucho más de lo que él había prometido para la misión. Fue un milagro en su vida. ¡Gloria a Dios, tenemos un Dios que hace milagros! No hubiera visto ese milagro, si no hubiera obedecido y no hubiera obedecido, sino hubiera creído que Dios iba a suplir. Entonces tengo que creer para obedecer, para entonces tener milagros, para ser bendecido, para entonces poder ser de bendición a otros. Checa tus formas de impuesto, ¿Cuánto recibiste al año? Revisa las hojas de diezmo y entonces ve cuanto le robaste a Dios. Entonces no obedeciste y no obedeciste porque no creíste. Entonces no viste milagros, no fuiste bendecido y no fuiste de bendición. Entonces no sólo yo no soy bendecido, sino que no puedo ser de bendición a otros. Todo por falta de fe.

Vamos a ver ¿Por qué viene la falta de fe? Romanos 10:17 dice: «Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.» La Palabra de Dios es la que produce la fe. Es la que necesito para obedecer, es la que necesitó para tener el milagro, es la que necesito para ser bendecido, es la que necesito para ser de bendición. Dios le dijo a Abraham: «Y serás bendición,»  porque sabía que él iba a obedecer. Amén.

Jehová Esta Contigo

En Jueces 6:12-14 dice la Palabra de Dios: «Y el ángel de Jehová se le apareció,  y le dijo: Jehová está contigo,  varón esforzado y valiente. 13Y Gedeón le respondió: Ah,  señor mío,  si Jehová está con nosotros,  ¿por qué nos ha sobrevenido todo esto?  ¿Y dónde están todas sus maravillas,  que nuestros padres nos han contado,  diciendo:  ¿No nos sacó Jehová de Egipto?  Y ahora Jehová nos ha desamparado,  y nos ha entregado en mano de los madianitas. 14Y mirándole Jehová,  le dijo: Ve con esta tu fuerza,  y salvarás a Israel de la mano de los madianitas.  ¿No te envío yo?»

Primero que nada, nos dice la Biblia, que el ángel de Jehová se le aparece a Gedeón y le dice: «Jehová está contigo.» Que gran ánimo y apoyo de parte de Dios fue el decirle a Gedeón que Dios estaba con él. Los hijos de Israel, junto con Gedeón, estaban en graves aprietos. Los Madianitas los tenían como esclavos ya por siete años. Todos ellos quizás se sentían abandonados por Dios. Quizá se sentían tristes al saber que Dios ya nos estaba con ellos, y que ahora estaban pagando las consecuencias por sus pecados. La Palabra de Dios nos dice que los hijos de Israel hicieron lo malo y que Dios los entregó en mano de los Madianitas. Pero Dios le dice a Gedeón: «Mira Gedeón, Yo estoy contigo.» ¡Que bueno es saber que Dios está con nosotros! Y no sólo esto, sino que también, Dios lo anima aún más diciéndole: «Varón esforzado y valiente.» En otras palabras: Que fuerte eres Gedeón y que tan valiente eres. Esto hubiera puesto una sonrisa en el rostro de Gedeón al oír tantos elogios.

Pero Gedeón en vez de haberse puesto contento, por la afirmación de que Dios estaba con él y por el hecho de que le dijeran que era valiente, se puso a quejarse un poquito. Le empezó a decir a Dios: «Ah, si Dios está con nosotros, ¿por qué nos ha sobrevenido todo esto? ¿Y dónde están sus maravillas? ¿Y por qué nos entregó a los Madianitas?» ¡Imagínense esto! Todas las cosas bonitas que se le habían dicho y ahora está murmurando contra Dios. Ahora se está quejando por todos sus problemas. Y así muchas veces somos nosotros. Llega el momento en que Dios nos quiere ayudar a salir de nuestras dificultades y de nuestros problemas, y nos ponemos a chillar contra Dios y quejarnos de todo. Dios me dice: «Mira, aquí estoy Yo contigo y te voy a ayudar a salir adelante. Solo quiero pedirte algo.» Y esto fue lo que Dios le dijo a Gedeón que hiciera: «Ve y salva a Israel.»

Mientras nosotros nos estamos quejando, debemos de entender que hay un pueblo allá afuera que se está muriendo sin Cristo. Debemos que entender que nuestros problemas y achaques no se comparan con el infierno eterno que le espera a nuestros amigos y familiares, a nuestra ciudad y a nuestro país. Dios le dijo a Gedeón: «Ve y salva a tu pueblo. Ve con esta tu fuerza. Ve porque Yo te estoy enviando

No es quién soy yo, sino quien me está enviando. Y el que me está enviando es Dios a ganar las almas. Él es quién nos dice: «Por tanto id, y haced discípulos.»

Finalmente, Gedeón entiende y salva a su pueblo con tan sólo 300 hombres. Qué no  pudiera hacer Dios con nosotros, si tan sólo nos dejáramos ser usados por Dios y entendiéramos  que Dios es quién nos envía. Vayamos y alcancemos a esté mundo, no olvidando esto.

Manténgase fiel y siga ganando almas.

Pastor Arturo J. Muñoz N.

El Peor Enemigo

EL PEOR ENEMIGO

¡Hola! Amiguitos: En esta ocasión vamos a  estudiar un poquito sobre nuestro peor enemigo.

Dios creó todo lo que vemos y aun más allá de lo que no vemos en el universo. Hace muchísimos años Dios hizo aun querubín hermoso, dice la Biblia que era acabado en hermosura.  De todos los querubines y ángeles, Lucifer era el más hermoso.  Estaba vestido con las piedras más hermosas que existen. Hasta dice la Biblia que cuando fue creado los músicos tocaron los tamboriles y las flautas.  Era perfecto, hasta que se encontró maldad en él. ¿Qué tipo de maldad? Bueno, este querubín tan hermoso y perfecto, pensó que como era tan perfecto que él era quien debería de sentarse en el trono de Dios.  Me imagino que se la pasaba viéndose en el espejo, admirándose él solito y pensando que él era quien debería de reinar.  Dice la Biblia que se lleno de orgullo.

Tanta fue su maldad que hasta organizo un ataque en contra de Dios.  Llamó a todos lo ángeles que él tenía a su cargo y les dijo: «Yo soy quien debe de reinar.» Los ángeles; me imaginó que lo admiraban porque se veía muy radiante con todas las piedras preciosas; que aceptaron. Entonces hubo una gran revuelta en el cielo.

A Satanás y a sus ángeles seguidores, se les olvido que Dios es el Dios Todopoderoso, Dios sabe todo lo que pasa en todo el universo y no solo eso, sino que conoce y escudriña los corazones.  Dios sabía perfectamente lo que había planeado Satanás, pero lo dejó continuar con su plan.  El día en que quiso atacar, para sentarse en el trono de Dios, fue echado fuera del cielo y mandado al planeta tierra, él con todos sus seguidores, a los que se les llama los ángeles caídos.

Amiguitos, ahora saben de donde salió el enemigo, y un poquito de su historia. Dice la Biblia que él controla este mundo. Nosotros no debemos de tomar en poco su poder, ni jugar con él, ni siquiera burlarnos de él. Satanás no descansa ni de día y mucho menos de noche.  Él se la pasa planeando y planeando como llevarse más gente con él al infierno. Él no quiere que la gente sea salva, porque sería perder algunas almas.  Por eso él trabaja, buscando maneras de confundir y engañar a la gente para que se vayan con él.

Por ejemplo; él ha creado formas para que los niños como tú estén lejos de Dios. La televisión es una buena herramienta, podemos pasar horas y horas detrás de la tele, viendo caricaturas como Dragón Ball, Los Simpson, Yu-gi-oh, etc.; películas como las de Harry Potter, El señor de los anillos, que parecen inofensivas pero tienen signos diabólicos o hay niños que sí se atreven a ver películas de terror. La cosa es que tu mente este llena de muchas cosas menos de Dios. Puedes pasar horas y horas  jugando un Playstation o perder tu tiempo en las maquinitas y olvidarte completamente de Dios.

Para la gente joven tiene la música, la moda, la fama, las drogas, entre otras cosas. Para los adultos el vino, la cerveza, el cigarro, los ídolos, etc.  También puede confundir a la gente con tantas religiones que ha inventado o con la falsa idea de la paz.

Debemos de entender que el Diablo es real y que no descansa ni un solo momento. La única manera en que nosotros podemos tener la victoria sobre él, es sí nosotros ya hemos aceptado a Cristo en nuestro corazón, debemos de estar leyendo nuestra Biblia y orando. No debemos de tener miedo, porque Cristo está en nosotros y dice la Biblia que Cristo es mayor y muy poderoso, ¡y Él sí que es nuestro Amigo! Pero recuerda que el enemigo siempre va a tratar de que no oremos, que no leamos nuestra Biblia y a veces va a tratar de impedir que no vayamos a la iglesia. No dejes de orar y de leer tu Biblia y ponte listito.

El Que Gana Almas Es Sabio

Insistiendo una y otra vez

Cierta mañana llegó a mi consultorio un anciano como de setenta años de edad. Su queja principal era que tenía dificultad para comer. Él me dijo que cada día se le hacía más difícil comer alimentos y que actualmente ya ni líquidos podía tomar. Al cuestionarlo, supe que él había fumado casi toda su vida, pues había empezado desde niño. Después de revisarlo, le pedí que se tomara una radiografía. Después de algunos días, cuando él regresó, vi la gravedad de su situación y me dispuse hablarle de Cristo, mientras había tiempo. Le empecé a hablar de cómo podía salvar su alma. Él fue cortante diciéndome que él no creía en eso y no quiso oír nada.

A este hombre lo acompañaba su hija. Y al despedirse ella me insistió para que yo lo visitara en su casa. Me dio su dirección.

Días después estábamos listos un hermano de la iglesia y yo para salir a visitar. Al planear hacia donde iríamos, vino a mi mente este anciano, pero yo me resistía ir a verlo, pues en el consultorio no había querido escuchar nada acerca del evangelio. En ese momento vino también a mi mente 2 Timoteo 3:16 que dice: «Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia.» Me dije: «No le voy a hablar de mi, sino de lo que está escrito.» Reflexioné en la urgencia de su salvación y decidí ir, pues también pensé que si él rechazaba el evangelio, en realidad no me estaría rechazando a mí, sino a Dios.

Llegamos a su casa y nos pasaron al patio. Allí estaba don Francisco, sentado, fumando y jugando baraja con otra persona. Al reconocerme, nos invitó a sentarnos. Hizo algunos comentario acerca de cómo se sentía, siempre creyendo que su problema era digestivo y no causado por el tabaco.

Le expresé el motivo de mi visita. Le dije: «Don Francisco, estoy aquí para hablarle de cómo puede usted pasar la eternidad con Dios.» Y abrí mi Biblia precisamente en 2 Timoteo 3:16, y le dije: «Quiero aclararle que todo lo que yo le diga en esta tarde de este libro, viene de Dios, pues esta es la Palabra inspirada por Él.» Al decirle esto, yo noté como el Espíritu Santo lo impresionó y hasta la expresión de su rostro cambió. Ahora estaba completamente dispuesto a escuchar el Plan de Dios. Paso a paso le presenté el evangelio y don Francisco puso su fe en Cristo en esa tarde. Ahora él está en el Cielo.

Creo que si viéramos a cada persona al borde de la muerte, haríamos un esfuerzo mayor para hablarles de Cristo.

¡Me Duele!

«¡Me Duele!»

«…de la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.» Colosenses 3:13

Hace poco, escuché una historia que tomó lugar en Madrid, España. Un joven llamado Paco tuvo un pleito con su Padre, y Paco le lastimó, huyendo de la casa. El padre no supo de él por mucho tiempo, y decidió publicar este anuncio en el periódico local de Madrid: «Paco, te perdono. Estoy dispuesto a olvidar el pasado. Espérame en frente de la oficina de este periódico mañana en el mediodía, si aceptas mi perdón. Tu Padre.» El día siguiente en el mediodía, 800 jóvenes con nombre de Paco se presentaron allí esperando a sus padres.

Yo creo con todo mi corazón que hay muchos «Pacos» en el mundo hoy día quienes tienen relaciones que requieren el perdón. ¡Qué pérdida tan ridícula de vida, y tiempo y gozos desperdiciados!…todo a causa del rencor que se guarda contra los que comparten nuestras mismas raíces familiares.

Mientras escribo en esta tarde, me vienen a la mente nombres de personas que me han lastimado. Pero yo rehúso dejar que ese dolor me haga más que lo que ya me ha hecho. El dolor duele. Duele cuando alguien a quien tú amas hace cosas a propósito que te duelen más profundamente que lo físico.

Yo no puedo controlar lo que otros me hacen. Ni tú tampoco. Eres una persona muy especial si sales de esta vida sin sentir el dolor. Ser lastimado es parte de la vida, y de convivir con otros.

Yo conozco a dos jóvenes quienes han sido lastimados más de lo que yo jamás tendré que sufrir. No creo que merezcan lo que ha sido puesto en su camino. Pero ¿sabes qué? Es todo lo que su dolor les ha hecho…ha cumplido su propósito, pero hasta allí no más. Ellos no han permitido que el dolor haga más de lo que puede hacer. Todos los días ellos le dicen a su dolor, «No te voy a dejar hacer más de lo que me puedes hacer. Tu dolor estaba fuera de mi control, pero eso es todo. Yo puedo control el grado de lo que me puedes lastimar, y lo haré.

«Es más, Dolor, te usaré, sí, te usaré. Te usaré para ganar a otros a Cristo. Y a los que ya Le conocen, trataré de ser de bendición a ellos. Trataré de hacerles ver cosas vistas solamente por los que han sido lastimados como nosotros hemos sido lastimados.»

Eso es lo que hizo Pablo. Es lo que hicieron José y Daniel. Su dolor de veras les dolió. Pero es todo lo que hizo. El dolor hace solamente lo que le permitimos hacer.

Cuando alguien, especialmente algún familiar te ha lastimado, está bien sufrir. Siente el dolor. No lo niegas. Llora, y permítete tiempo para sufrir. Hay dolores que nunca sufriré. Pero yo he pasado dolores que Dios nunca te permitirá sufrir.

No podemos prevenir el dolor. Es tan parte de esta vida como el respirar. Pero sí, podemos control su efecto sobre nosotros. Hasta podemos usarlo para el bien.

El chisme, la traición, el divorcio, el abandono, el encarcelamiento injusto, el suicidio, las falsas acusaciones…todas esas palabras provocan sentimientos de dolor…y cuando esas palabras se refieren a los a quienes amamos más, el dolor es casi insoportable.

Sin embargo, la Biblia dice que Dios no pondrá nada en nuestra vida que no podemos soportar. Así que aun mientras soportamos el dolor, al mismo tiempo lo podemos usar para ser de bendición para otros.

Pero antes de poder hacer eso, tenemos que aprender a perdonar. Aún hasta cuando los que nos han lastimado no nos piden perdón, la Biblia nos manda a perdonarlos. Entonces, y sólo entonces puede el dolor hacer su obra perfecta.

Cuando amas a Dios, y Le sirves, Él no permite nada en tu vida que no trabaja para tu bien. Y eso incluye el dolor. Es fácil ver cómo Dios permitió que el dolor trabajara para el bien en las vidas de Pablo y Daniel. Sirvió para bien, porque ellos permitieron que sirviera para bien. Pero cuando estás pasando por el drama del dolor, es difícil imaginar un final feliz.

Perdona a los que te han lastimado, aunque no entiendes cómo puede ser usado para tu bien. Lo será. Allí es donde entra la fe. Y la confianza.

Cuando alguien nos lastima, perdemos toda la fe y la confianza en la persona que nos ha lastimado. Pero hay Uno en Quien podemos poner nuestra confianza completa. El nos ama. Aunque nosotros Le lastimamos con nuestros pecados, El nos perdonó. ¿Puedo yo hacer menos para los a quienes amo, aunque me han lastimado?

«Ayúdame, Señor, a usar mi dolor para ayudar a otro que sufre.» Es lo que yo acabo de hacer con el mío.

Tlapa Guerrero

Tlapa Gro, 12 febrero 2007

«Llévenselos o los ahorcamos,» es el encabezado del periódico la Jornada, con fecha de 11 de febrero de 2007. A 42 días que los hermanos de Chiepetlán, Gro. fueron despojados de sus hogares, las autoridades municipales y estatales no han querido dar una solución.

Este 10 de febrero del 2007 se llevo nuevamente la tercera junta para llegar a un acuerdo, se dio cita en el pueblo de Chiepetlán, Gro. a las 12 PM, estábamos dudosos de asistir a este lugar debido a la reacción que el pueblo pudiera tener con los cristianos.

Las autoridades nos comunicaron que todo estaría bajo control, que la junta se llevaría en las instalaciones de la comisaría municipal de este lugar solamente con las dos comisiones frente a las autoridades, una comisión del pueblo de Chiepetlán y la otra de los hermanos que fueron despojados. Dijeron que no darían lugar a que el pueblo hablara e hiciera de las suyas.

Al llegar al lugar de Chiepetlán el día sábado fue todo lo contrario, la explanada de la comisaría arreglada para llevar la reunión frente a todo el pueblo, y en el árbol que estaba al centro de la explanada había dos cuerdas con nudo listas para ahorcar a los cristianos, no fue como se dijo, que las dos comisiones hablarían dentro de la comisaría municipal, la reunión se llevó frente al pueblo, el pueblo alborotado dando gritos diciendo: ¡cuelguen a los hermanos! ¡Cuelguen al pastor! ¡Fuera los cristianos!, etc. No se llegó a ningún acuerdo, las autoridades no hablaron de leyes, y no dejaron hablar a ninguno de los hermanos, al parecer salieron victoriosos una vez más, pero esperamos aún la respuesta que Dios dará a su pueblo, si Dios es con nosotros ¿quién contra nosotros?

Dios abrirá una puerta para encontrar la solución, actualmente los hermanos ya están acomodados en casas que los hermanos de nuestra iglesias han prestado, una de estas casas no cuenta con luz eléctrica, les cobran a los hermanos una cantidad de $ 7.500 pesos para poder darles luz, dinero con el que ellos no cuentan.

Nuestro Dios tiene todo en control y sabe lo que hará con nuestros hermanos, si ellos regresan a su pueblo o les proveerá de los recursos para poder adquirir algún terreno para levantar un techo y vivir tranquilamente en Tlapa, Gro.

Pedimos el apoyo de sus oraciones por estas 3 familias (14 personas), por la Iglesia Cristiana Bautista «Monte Horeb» y por nuestro pastor: Dagoberto Bahena Torres.

Si desea más información pedimos nos lo haga saber escribiéndonos a este correo: icbmhtlapa@hotmail.com o llámenos al Teléfono: 01 (757) 476-0682.

Que Dios les Bendiga.

Atentamente, Pastor Dagoberto Bahena Torres. Tlapa, Gro.

La Mediocridad

Leemos en la Biblia, Apocalipsis 3:14-17, dice así: «Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios, dice esto: 15 Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! 16 Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. 17 Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo.»

Quiero hablarles, acerca del peor problema que tenemos los mexicanos, el más grave, el mayor.

Yo sé que hay infinidad de problemas en nuestro país; hay problemas como la prostitución, el otro día estaba escuchando en un noticiero, que nada más en el Distrito Federal, hay más de 86 mil prostitutas, nada más en el Distrito Federal, imagínense, y eso, yo me imagino, son las que han detectado, han descubierto, por supuesto que hay muchísimas más que no están detectadas, es un problema bastante grave.

Hay otros problemas, el alcoholismo: cuántos problemas, cuántas desgracias ha causado el alcoholismo en nuestro país, cuántas muertes, cuánto dolor, cuántas lágrimas, cuánta tristeza; pero yo considero que ese no es el problema más grave.

Ahora, un problema que nos amenaza y si no hacemos algo nos va a alcanzar: el homosexualismo, el lesbianismo, es un problema tremendo en nuestro país, tremendo, hacia cualquier lado que volteemos encontramos homosexuales, encontramos lesbianas, y lo peor es que se está promoviendo en una forma tan indiscriminada que está creciendo alarmantemente. Anteriormente se detectaba fácilmente a cualquier homosexual, a cualquier lesbiana… ya no. Personas que parecen muy hombres, resulta que le van al América y tiran de uñita; bigotones, muy fornidos, muy varoniles, pero cuando nos damos cuenta, resulta que les hace agua la canoa.

Cuántos problemas hay en nuestro país: la tranza ¿a usted nunca lo han tranzado? ¿Nunca le han dado gato por liebre? Es un problema que tenemos en nuestro país. La corrupción, la famosa mordida ¿a usted nunca le han pedido una mordida? ¿Usted nunca ha dado una mordida?

¡Cuántos problemas hay en nuestro país! en verdad creo que no terminaría nunca de mencionar todos los problemas que tenemos como mexicanos, como país; y a nivel local, en nuestras ciudades… cuántos problemas, la lista sería enorme.

Pero yo creo que todos esos problemas derivan de uno solo. Todos esos problemas derivan del peor, del más grave, del mayor.

Si usted me pidiera mi opinión en cuanto a cuál es el primer problema, el problema que deberíamos de atacar en cada uno de nosotros como individuos y como miembros de este país, yo pondría: la mediocridad.

Por naturaleza somos mediocres, por naturaleza todo lo hacemos a medias. En mi opinión ese es el problema más grande que tenemos como nación, como país. Parece que es parte de la idiosincrasia, alguien dijo por ahí «indiosincrasia» y me parece más correcto.

Parece que ese es el problema, y hasta nos justificamos, defendemos, apapachamos nuestra mediocridad. «Es que así soy, es que mi papá así era, es que mi abuelito así fue, es que mi tatarabuelito así era… ¿pues qué quiere? por eso somos así… somos mediocres.» Y noten la palabra que estoy usando, no quiero convertirme en juez de nadie, ni decir que usted es peor que yo, o que yo soy superior a usted: estoy hablando en plural, estoy incluyéndome.

¡Qué problema tan serio es la mediocridad! Miren qué tan serio es la mediocridad que todos los problemas que he mencionado como alcoholismo, como drogadicción, como prostitución, como homosexualismo, como robo, como crimen, tranza, como abuso de autoridad, como corrupción, como mordida, todos eso que he mencionado y podría mencionar muchos más, en mi opinión se derivan de ese problema. La mediocridad.

Y desgraciadamente como cristianos, no estamos ajenos a ese problema que gobierna, que reina en nuestro país, desde quien sabe hace cuántos años, pero es un problema bastante serio.

Es un problema bastante serio precisamente porque somos mediocres, somos negligentes, somos apáticos, somos desinteresados, nos vale todo, por eso mantenemos descuidada la Iglesia, tiramos basura donde sea, entramos con niños pequeños al lugar al que se nos ha dicho que no debemos de entrar con niños pequeños, por eso nos importa poco quién esté predicando y salimos y entramos como se nos pega la gana, esté quien esté hablando: ¡qué importa! ¡Eso no es importante! ¿Verdad? ¡Qué importa que se haya gastado tanto dinero!, ¡qué importa que se haya invertido tanto tiempo!, ¡qué importa que se haya sacrificado tanto tiempo, tanto trabajo, tanto esfuerzo! yo quiero hacer mi voluntad, a mí me importa poco lo que está a mi alrededor, yo voy a hacer lo que se me pega la gana, ¿verdad?

«¡Ay, Pastor, no me regañe!» No lo estoy regañando, créame, estoy predicando esto por su propio bien, por el bien de la obra de Dios. Si vamos a lograr esa visión celestial; si vamos a salir de ese letargo, de esa mediocridad en la cual vivimos; si algo va a suceder en nuestro país que influencie a otros países, tenemos que dejar de una vez por todas ese terrible pecado, porque si no, yo lo veo como una terrible tapadera que está impidiendo que Dios bendiga más su obra, que haga algo grande en nuestro país, que algo grande suceda.

Sí. Tenemos que esperar en el poder de Dios. Sí. Tenemos que hacer la obra de Dios con el poder de Él. Sí. Él tiene que movernos. Pero cuántas veces Dios nos ha hablado claramente, Dios ha puesto el dedo en la llaga y Dios nos ha señalado perfectamente nuestro pecado, pero por nuestra mediocridad nos quedamos ahí sentados y no pasamos más que de contentarnos un poquito: «¡Ay, qué bonito predicó el Pastor!, ¡ay, qué bonito habló!, ¡ay, Dios, háblame!, ¡ay, Señor, muéveme!,» y usted quiere que Dios venga y haga lo que Dios claramente le ha dicho a usted y a mí que debemos hacer.

Y estamos cayendo en el mismo error de los pentecostales, ese es el problema de los pentecostales, todos le echan la culpa al Diablo: «¡Ay, es que yo no quería pecar! pero el demonio del alcohol me indujo a tomar, y por eso soy borracho… ¡ay, no es mi culpa!» ¡Qué fácil resulta eso! Echarle la culpa al demonio del adulterio, echarle la culpa al demonio del alcohol, echarle la culpa al demonio de la droga y entonces usted no es responsable, ni yo tampoco. «Ah, entonces estamos así porque Dios quiere, entonces estamos bien.» No, no es así. ¿Qué es? La mediocridad.

Déjenme decirles porque somos mediocres: No somos la clase de padres que deberíamos de ser; precisamente porque somos mediocres. No somos la clase de esposo o esposa que deberíamos de ser, precisamente porque somos mediocres. No somos la clase de hijo que deberíamos de ser, precisamente porque somos mediocres. No somos la clase de maestros de Escuela Dominical que deberíamos de ser; un maestro de Escuela Dominical mediocre no prepara su lección, llega con el manual frente al alumno, o con la lección y nada más se limita a leerla: eso es mediocridad, y usted debería estar sobre sus rodillas, pidiéndole perdón a Dios, porque usted hizo un compromiso con Dios, no con el Pastor, no con quien lo contrató para ser maestro de Escuela Dominical, usted hizo un compromiso con Dios y usted está siendo mediocre al nada más pararse frente a sus alumnos y leerle la lección de Escuela Dominical, la lección que se le ha dado; nada más limitarse a hacer lo esencialmente indispensable para que no lo corran como maestro de Escuela Dominical. Y lo mismo digo a los capitanes de ruta, y lo mismo digo a los ujieres, y lo mismo digo a los Diáconos, y lo mismo digo a cualquier persona que desempeña cualquier trabajo en la Iglesia. Pero de verdad, que nos hemos conformado y nos hemos metido en la cabeza que así somos, «pues es que así semos, Pastor, ni modo, ¿qué quiere que haga?»

¿Qué es la mediocridad?, ¿sabe qué es la mediocridad? Es un pecado. No es algo que no ofende a Dios.

Precisamente, porque somos mediocres, hacemos una promesa a la obra misionera y luego nunca la cumplimos. Precisamente, porque somos mediocres, no diezmamos: un domingo sí, tres no, otro domingo sí, cuatro no. Es un pecado.

Eso es lo que el Señor estaba atacando aquí en la Iglesia de Laodicea. Miren otra vez lo que dice el Apocalipsis 3:14, Cristo mismo está hablando, Cristo mismo está señalando, denunciando el terrible pecado de esta Iglesia, la Iglesia de Laodicea. Dice aquí: «Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios, dice esto: 15 Yo conozco tus obras,» y créamelo que Dios conoce sus obras, por eso lo señala, dice: «que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! 16 Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.» El gran pecado de la Iglesia de Laodicea es que ellos habían llegado a un nivel de conformidad, de mediocridad, se habían adaptado a los estándares de este mundo, a las normas de este mundo, ellos habían llegado a decir: «bueno, ya tenemos lo que queremos materialmente hablando, ya alcanzamos el nivel que queríamos, entonces ya no hay que seguir luchando.» Y eso no es correcto.

Siempre en el cristiano debe existir un espíritu de superación, un deseo de hacer bien las cosas, un deseo de agradar a Dios, porque lo estamos haciendo para Él, jamás deberíamos conformarnos con lo que estamos haciendo para Dios. Pero ¡cuántos cristianos se han conformado! cuántos Pastores han llegado al límite de decir: «Bueno, ya tengo mi Iglesita, ya saco para el chivo, bueno, pues ya qué. Ya me da más o menos un buen sueldo, ya qué me importa lo demás.» «¿que las almas se van al infierno? pues que se vayan al infierno, ya no me preocupa.» ¡Qué tragedia! Y eso por decir algo, porque la verdad es que la mayoría de las Iglesias ni siquiera han llegado a ese nivel. ¿Y sabe por qué? Porque tenemos un montón de cristianos mediocres, un montón de cristianos tibios.

La mediocridad es el estado mental de una persona satisfecha con poco o con nada, esa es la mediocridad.

Y por eso es que vemos esto inclusive reflejado en muchos hogares. ¿Cuántos hermanitos en las Iglesias se justifican de que tienen un mugrero en su casa porque son pobres? «Ay, Pastorcito, cierre los ojos.» «¡No! hay que abrirlos más, si no me tropiezo con toda la basura que tiene usted ahí.» El alterón de trastes ahí amontonados, el montón de ropa ahí guardada, alguna ya hasta pudriéndose, la basura por todos lados: eso es síntoma de mediocridad, eso es pecado delante de Dios. Vemos a personas todas mugrosas, apestosas, piojosas: «Ay. Es que soy pobre.» No. Eso no es sinónimo de pobreza, eso es sinónimo de mediocridad: pecado.  ¡Es pecado! ¿Quién le ha enseñado que: «Ay, pues porque soy pobre, voy a andar todo despeinado, todo greñudo, todo pulgoso, roñoso»?, ¿Quién le enseñó eso? eso no es correcto. Pero ¿verdad que nos hemos conformado? «Ay, Pastor, es que yo soy muy pobre, no tengo para comprar un poquito de agua y bañarme.»

Dice la palabra de Dios aquí, que el Señor reprendió duramente a esta Iglesia: «Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo.» Exactamente esa es la condición de muchas personas en nuestro país, pero la tragedia más grande y lo que me preocupa a mí, es verlo reflejado en un montón de cristianos conformados a las normas de este mundo, conformados a lo que se hace en este mundo y tratando de justificarse diciendo: «yo estoy bien.» La mediocridad es un pecado terrible, y eso desagrada a Dios tanto, como que usted robe; tanto, como que usted mate; tanto, como que usted sea un mentiroso o un adúltero: desagrada a Dios.

Dios es un dios de orden. El diccionario dice que la mediocridad quiere decir: «de calidad media o mala, regular y torpe,» esa es la mediocridad.

Déjenme hablarles acerca de algunos de los resultados de la mediocridad. Precisamente porque somos mediocres, somos negligentes; la palabra negligencia quiere decir «descuido, omisión, falta de aplicación.» La Biblia nos pone un montón de ejemplos de personas que fueron negligentes. Por ejemplo, en Josué 18:3, nos dice: «Y Josué dijo a los hijos de Israel: ¿Hasta cuándo seréis negligentes para venir a poseer la tierra que os ha dado Jehová el Dios de vuestros padres?» ¿Hasta cuándo seréis negligentes? Dice la Palabra de Dios, que ahí estaba el pueblo de Israel congregado, y dice Josué: «¿Hasta cuándo seréis mediocres?, ¿Por qué no hacen lo que Dios les ha encomendado hacer?»

Desgraciadamente, ustedes saben las consecuencias de la negligencia, de la mediocridad, dice en Jueces 1:21, «Mas al jebuseo que habitaba en Jerusalén no lo arrojaron los hijos de Benjamín,  y el jebuseo habitó con los hijos de Benjamín en Jerusalén hasta hoy.» Lo que aquí ocurrió fue precisamente, que el pueblo de Israel fue negligente en obedecer, en cumplir con la orden que Dios les había dejado, y yo sé, que la tarea que nosotros tenemos es tan grande, es tan portentosa, que cuando nosotros volteamos alrededor del mundo y vemos los millones y miles de millones que hay, decimos «es una tarea increíble, es una tarea que no podemos desarrollar.» Pero mientras cada quién no esté haciendo su parte responsablemente, jamás vamos a lograr ni siquiera hacerle cosquillas a ese mundo. Usted, no se debe de justificar, en eso. Usted y yo deberíamos de decir: «Yo tengo que hacer mi tarea, yo tengo que hacer mi trabajo.» Y a lo mejor, efectivamente no vamos a alcanzar a todo el mundo, pero por lo menos esa debería ser nuestra meta. Pero qué vergüenza que estemos encerrados en nuestro ruedita: «Yo ya soy salvo, yo ya conozco de la Palabra de Dios, y por lo demás, que el mundo ruede, a mí no me importa, no es mi problema.» Mediocre. Ese es un pensamiento mediocre.

«¡Ah! Pues es que nosotros no tenemos dólares.» Qué bueno que cuando se escribió la Biblia no había dólares, qué bueno que cuando Cristo le dio la gran comisión a los discípulos no había dólares. La tarea es de nosotros.

«Ay, Pastor, soy muy pobre,» y va a seguir siendo pobre, por su mediocridad. ¿No me lo cree? mire, ese es otro resultado. Vayamos al libro de Proverbios 6, si no encuentra los libros con facilidad es también por su mediocridad… ya tiene seis meses de ser cristiano y aún no conoce los libros de la Biblia, ya tiene más de un año y jamás ha leído toda la Biblia completa; y me conformaría con que tuviera más de 10 años y hubiera leído la Biblia completa, pero no la ha leído, ¿sabe por qué? por su mediocridad.

En Proverbios 6:6-11 dice: «Ve a la hormiga, oh perezoso, Mira sus caminos, y sé sabio; 7 La cual no teniendo capitán, Ni gobernador, ni señor, 8 Prepara en el verano su comida, Y recoge en el tiempo de la siega su mantenimiento. 9 Perezoso [mediocre] ¿hasta cuándo has de dormir? ¿Cuándo te levantarás de tu sueño? 10 Un poco de sueño, un poco de dormitar, Y cruzar por un poco las manos para reposo; 11 Así vendrá tu necesidad como caminante, Y tu pobreza como hombre armado.» Otro resultado de la mediocridad es la pereza, y precisamente por eso es que hay un montón de cristianos que no tienen ni para comer.

«Ay, Pastor, es que me corrieron de mi chamba» ¿por qué? no creo que haya sido porque eras muy trabajador, no creo que haya sido porque usted es muy responsable, porque llegaba a tiempo a su trabajo ¿verdad? No. Usted acostumbraba pasársela campechanamente, ahí, meciéndose en su hamaquita, tomando su coquito con agua bien fría.

Por eso estamos como estamos, por eso no podemos ver la bendición de Dios sobre nuestras vidas, y Pastor, esto aplica también a la obra de Dios. Usted no le echa ganas al trabajo en la obra de Dios, no espere que salga para el chivo, no va a salir. «Ay, Pastor, es que la gente aquí en mi Iglesia es muy dura,» a lo mejor están nada más reflejando lo que ven en el púlpito cada semana, nada más.

Mire, por la negligencia del pueblo de Israel lo que ocurrió, Jueces 1:21 dice: «Mas al jebuseo que habitaba en Jerusalén no lo arrojaron los hijos de Benjamín, y el jebuseo habitó con los hijos de Benjamín en Jerusalén hasta hoy.» Luego en el versículo 27: «Tampoco Manasés arrojó a los de Bet-seán, ni a los de sus aldeas, ni a los de Taanac y sus aldeas, ni a los de Dor y sus aldeas, ni a los habitantes de Ibleam y sus aldeas, ni a los que habitan en Meguido y en sus aldeas; y el cananeo persistía en habitar en aquella tierra.» Versículo 29 y 30: «Tampoco Efraín arrojó al cananeo que habitaba en Gezer, sino que habitó el cananeo en medio de ellos en Gezer. Extensión de las conquistas de las demás tribus  30 Tampoco Zabulón arrojó a los que habitaban en Quitrón, ni a los que habitaban en Naalal, sino que el cananeo habitó en medio de él, y le fue tributario.»

Y ahí sigue diciéndonos todo lo que el pueblo de Israel no hizo ¿por qué no lo hizo? por causa de su negligencia. Y dice la Biblia que al ratito, esas naciones comenzaron a crecer y a hacerse más fuertes, y en vez de que el pueblo de Israel los sojuzgara, ahora ellos estaban siendo sojuzgados. ¿Saben por qué? por su mediocridad.

Es cierto que Dios nos está bendiciendo, sí es cierto que Dios está haciendo algo en nuestro país, yo. Lo puedo ver. Dios me ha dado la bendición de viajar por todo el país y predicar en tantos lugares, y ver que Dios se está manifestando, pero yo no quisiera ver que esa bendición de Dios acabara por causa de nuestra mediocridad.

Y qué tremendo que si no aprobamos esta bendición de Dios, este impulso que Dios nos está dando, al ratito tengamos que ver que las puertas se cierran; o al ratito tengamos que ver que el pecado está creciendo tanto en nuestro país, que está apagando lo que Dios está haciendo. Y eso va a ocurrir, si nosotros no dejamos a un lado la mediocridad, la negligencia, la pereza, y empezamos a hacer la obra de Dios como Dios quiere que sea, y dejamos de justificar todos nuestros pecados y dejamos a un lado toda esa mediocridad y empezamos a hacer la obra de Dios como Él quiere que sea hecha.

Qué vergüenza que haya Pastores que son tan mediocres, que jamás leen la Biblia, ¡Pastores! Pastores que no pasan un tiempo en oración, se creen Superman. Ya no necesitan la ayuda de Dios, ya no necesitan la enseñanza de Dios, ya solitos pueden. Esa es la razón por la cuál algunos Pastores no quieren asistir a conferencias como esta: «Ay, para qué, siempre es lo mismo.» No. No es lo mismo, yo estoy seguro de que no había escuchado un mensaje como este.

Otro resultado de la mediocridad, es la indolencia. La palabra indolencia quiere decir: «que no se afecta o conmueve, descuido.» Otro resultado de la mediocridad es la apatía. Apatía quiere decir: «impasibilidad del ánimo, indiferencia, falta de decisión, dejadez, indolencia.» Como producto de la mediocridad viene la desobediencia, como producto de la mediocridad viene la carnalidad, como producto de la mediocridad viene la rebeldía, como producto de la mediocridad viene la mundanalidad, viene el robo, viene la mentira, viene el conformismo, vienen los vicios; la lista es larga. ¿Cuántas cosas trae la mediocridad? ¡Muchísimas!

¿Cómo acabar con la mediocridad? ¿qué tenemos que hacer para acabar con este terrible pecado, con este terrible problema que tenemos? Primeramente veamos en Proverbios 28:13. Algunos por su mediocridad, ni Biblia llevan a la Iglesia. «No, Pastor, es que yo vengo del trabajo.» ¿Y por qué no se la lleva al trabajo? «Es que no quiero que sepan que soy cristiano.» Ah, ese es el problema, esa es la razón. Proverbios 28:13 es un versículo muy conocido: «El que encubre sus pecados no prosperará; Mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.»

Esa es la razón por la cuál usted y yo tenemos que ser honestos en esta noche, y decirle al Señor: «Sí es cierto, yo te prometí que iba a leer la Biblia, en enero, la iba a leer diariamente y me cansé muy pronto, la leí nada más dos o tres días y ya la abandoné, perdóname, Señor.» «Señor, yo te prometí que iba a ganar almas, por lo menos una vez cada semana iba a ir a ganar almas y muy pronto me desanimé.» «Perdón, Señor porque yo te prometí que iba a dar tal cantidad para la obra misionera, para la construcción y nada más lo di dos domingos y luego se me olvidó. Perdóname, Señor.» Usted debería de hacer eso, el primer paso para acabar con la mediocridad es reconocer que tiene usted ese problema. Mientras usted no reconozca que tiene ese problema, todo le va a pasar por arriba, todo le va a importar poco. Pero no. Es necesario comenzar reconociendo, diciéndole: «Señor, sí es cierto, yo tengo ese problema, por eso no soy la clase de padre que debo de ser; por eso no soy la clase de esposo que debo ser; me molesta cada vez que mi hijo me pide tiempo, me molesta cada vez que mi esposa quiere hablar conmigo, me enojo cada vez que algo sale mal en la casa… porque he sido mediocre.»

Ese es el primer paso. Para resolver cualquier problema el primer paso es reconocer que tenemos el problema; si no lo reconocemos ¿cómo lo vamos a resolver? ¿Cómo vamos a buscar la ayuda que necesitamos para resolver el problema? Reconózcalo, «El que encubre sus pecados no prosperará.»

¿Cuántos cristianos meten su cabeza en la arena? En un hoyo como los avestruces y creen que ya está resuelto el problema. Dicen: «No, no existe el problema, no, no existe.» Cuando llega y le da el golpe, entonces está llorando, entonces sí ve las consecuencias y entonces quiere que el Pastor le resuelva sus problemas con una varita mágica. No, no encubra su pecado. En este día, honestamente, humildemente, venga delante de Dios y dígale: «Señor, sí es cierto, yo tengo ese problema, yo he sido un mediocre.»

Hay algunos que cantan muy bien.  ¿Usted cree que nada más de repente se pusieron en la mente la idea de cantar y ya cantaron? Yo sé que algunos tienen talento, algunos traen la habilidad, la capacidad innata de la música, tienen buena voz, tienen buen oído, saben entonarse… pero muchos no, han tenido que estar trabajando y trabajando, practicando y practicando, hasta que al fin, logran superar ese problema.

Pero por causa de no reconocer nuestro problema, ahí lo seguimos apapachando. «No, yo no tengo ese problema. Es cierto que el Pastor me pidió que yo fuera maestro de Escuela Dominical. Pero, es que yo tengo miedo de hablar al público, es que a mí me da mucho miedo, es que yo soy muy nervioso y yo nada más me paro ahí frente a la gente y tiemblo como una gelatina.» ¿Usted cree que todos los que estamos aquí al frente predicando, no tuvimos ese problema? Está comprobado que uno de los temores que tiene el ser humano es a pararse en público y hablar delante de toda la gente, no importa que el grupito sea de cinco personas, diez personas. Tenemos que superar ese problema, y si Dios ha puesto en nuestro corazón, en nuestra mente ese deseo, hágale caso a Dios. Él sabe que usted sí puede, sí puede. Nada más tiene que dejar su mediocridad.

«Ay, no, es que yo no sé ganar almas, y me da mucha vergüenza hablar.» Y de cuántas cosas habla, y habla de muchas cosas que no debería hablar; no me diga que le da miedo hablar, ¡claro que sabe hablar! Pero ¿sabe por qué no se atreve a hablarle a otra gente de Cristo? Por su mediocridad.

Reconozca su problema, ¡reconózcalo, admítalo! Porque si no lo reconoce, dice la Biblia: «tu pecado te alcanzará.» Un día, van a venir las consecuencias de nuestro pecado. ¡Créanlo! van a venir y nosotros como país estamos sufriendo las consecuencias de la mediocridad de todo mundo: nadie es responsable, nadie hace su trabajo, nadie cumple con responsabilidad; por eso vamos a una dependencia de gobierno y ahí nos entretienen quién sabe cuánto tiempo, por eso vamos a buscar tal o cual ayuda en un trabajo, y aunque estamos pagando, el maestro es irresponsable; el mecánico es irresponsable; el carpintero es irresponsable y muchos de esos son cristianos.

Primero: Reconozca. En segundo lugar: Confiéselo. Arrepiéntase de su pecado. Dice aquí: «El que encubre sus pecados no prosperará, mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.»  Reconozca que es un pecado, luego confiéselo. Diga al Señor: «Señor, perdóname. Yo quiero salir de este letargo, yo quiero salir de este hoyo, yo quiero salir de este problema que tengo.»

El tercer paso, necesita crucificar su carne. Porque la Biblia nos dice, ahí en el libro de Gálatas 5:19, «Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia,» y en el versículo 21: «envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas;» fíjense bien: «cosas semejantes a estas.» Añádale lo que quiera, pero veamos ahora el versículo 24: «Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.» ¡Crucifique su carne! porque la carne es perezosa, la carne es negligente, la carne es descuidada, la carne es apática, la carne es indolente; no le gusta trabajar, no le gusta sacrificarse, no le gusta sufrir, le gusta quedarse en la cama ahí acostado hasta las 10, 11 de la mañana, 12 del día ¿a poco no? ¿A poco cuando usted tiene que levantarse temprano, a las 5 de la mañana, 6 de la mañana a trabajar, usted se levanta pero si bien contento y gozoso: «¡qué bueno que me puedo levantar!»? No. Usted quiere quedarse ahí hasta las 10 de la mañana, 11 de la mañana, especialmente cuando está en conferencias y se queda toda la noche platicando de cosas que no debería platicar. Y esa es la razón por la que algunos hermanitos cuando van a conferencias, están durmiéndose, perdiendo el tiempo en realidad, malgastando el dinero porque luego ¿para qué venimos? Vamos a una conferencia y luego no escuchamos nada, no oímos nada, no sacamos nada de provecho… o lo que es peor, vamos a una conferencia y nos enojamos con mensajes como este. Crucifique su carne, ¡crucifíquela! Dígale al Señor: «Señor, mata esta carne, esta carne tan perezosa, esta carne tan sentida, esta carne tan negligente… ¡mátala, Señor!» Dice aquí la Biblia claramente que «los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.»

Cuarto paso para acabar con la mediocridad: debemos vigilarnos para no caer nuevamente en ese pecado. Porque qué fácil, nada más cerramos los ojos y ya, otra vez estamos en el mismo hoyo.

Quinto paso, ataque un problema a la vez. No trate de resolver todos los problemas de un solo jalón porque no va a poder, y se va a desanimar, y se va a hacer más mediocre. Por ejemplo, ¿no ha leído la Biblia diariamente?, ¿no ha orado?, ¿no ha ganado almas?, ¿no ha asistido fielmente a la Iglesia?, ¿no ha diezmado?, ¿no ha tratado a sus hijos como debe tratarlos? Yo le recomendaría que se tratara la meta, por lo menos durante 15 días, de atacar un problema. Propóngase como meta, durante 15 días como mínimo, leer la Biblia diariamente; no ataque los demás problemas: uno por uno. Haga una lista de todos sus problemas y empiece a atacar uno, hasta que se convierta en un hábito positivo en usted. Ya logró durante un mes, leer la Biblia diariamente, siga con ese buen hábito… pero ahora ataque otro problema, el no orar; ¡uno por uno! Repito, no intente resolver todos los problemas de un jalón porque no va a poder, y se va a desanimar y va a decir «¡no se puede!, ¡no se puede!, ¡no se puede!» Trate de evitar que salgan de su boca malas palabras, ataque ese problema: uno por uno a la vez.

¿Qué es lo que sustituye a la mediocridad? La Biblia nos dice que Dios nos creó, y Dios nos creó con un espíritu de superación, es parte de nuestra naturaleza; Dios nos creó con el espíritu de salir adelante, de superarnos, de alcanzar nuevas metas. Cada cuatro años se celebran los Juegos Olímpicos, y eso nos prueba que efectivamente, el ser humano tiene la capacidad de superarse: siempre se están rompiendo nuevos récords, siempre se están alcanzando nuevas metas, siempre se está logrando algo más.

Que esas mismas habilidades, que esos mismos talentos que tiene toda la gente, los utilizáramos para hacer la obra de Dios ¿dónde estaríamos ya?, ¿dónde estaría la obra de Dios? Pero desgraciadamente, dejamos que este mundo utilice todas esas habilidades, todo ese espíritu de superación para cosas perversas, diabólicas muchas de ellas, porque cada vez inventan más y más formas de pecar. Y tratan de rociar, regar su pecado en toda la raza humana. ¿Y nosotros los cristianos? De hecho, ¿cuántas veces ganando almas, personas me han dicho: «No, yo no voy a esas Iglesias, porque los cristianos son unos mediocres»? les lavan el coco ahí, y ya los tienen como robots. ¡Qué lástima que en muchos casos sí tienen razón!, ¿verdad?

No estoy diciendo que debemos de buscar un materialismo, no. Hay una línea tan delgada entre lo que es mediocridad y lo que es materialismo, que a veces nosotros nos justificamos diciendo: «no, es que yo no soy materialista,» y por eso caemos en la mediocridad.

Yo no estoy diciendo que debemos de trabajar para amontonar riquezas, sí es que Dios no nos las da; porque yo creo que Dios puede bendecir, dice la Biblia que la bendición de Jehová eso trae, precisamente, como consecuencia, pero dice que «no añade tristeza con ella,» y Dios puede bendecir, y yo conozco algunos hermanos en nuestra Iglesia que han prosperado materialmente en una forma increíble, y es la bendición de Dios, de eso a mí no me cabe la más mínima duda. Yo no creo que nosotros debemos de correr detrás de las cosas materiales, pero que eso no sea pretexto para decir: «Bueno, aquí me conformo con mi chambita, la voy a hacer mediocremente, y ahí a ver qué sale.» No. Sí usted es carpintero, debería ser el mejor carpintero del mundo; si usted es mecánico, debería ser el mejor mecánico del mundo; si usted es doctor, debería ser el mejor doctor del mundo.

Dios necesita ese tipo de personas también y Dios quiere que usted sea esa clase de cristiano.

Lo que sustituye la mediocridad, es la disciplina, las metas, la diligencia.

Mire nada más un ejemplo de esto, en 2 Crónicas 32:5, dice la Palabra de Dios: «Después con ánimo resuelto edificó Ezequías todos los muros caídos, e hizo alzar las torres, y otro muro por fuera; fortificó además a Milo en la ciudad de David, y también hizo muchas espadas y escudos.» Ezequías fue uno de los mejores reyes que tuvo la nación de Judá. Dice la Palabra de Dios aquí que «con ánimo resuelto,» con determinación, con decisión dijo: «vamos a reconstruir estos muros, vamos a levantar esta ciudad, vamos a hacer lo que tenemos que hacer,» no solamente eso, en el libro de Isaías 38:1-5, tenemos que la Palabra de Dios nos habla de este mismo rey: «En aquellos días Ezequías enfermó de muerte. Y vino a él el profeta Isaías hijo de Amoz, y le dijo: Jehová dice así: Ordena tu casa, porque morirás, y no vivirás. 2 Entonces volvió Ezequías su rostro a la pared, e hizo oración a Jehová, 3 y dijo: Oh Jehová, te ruego que te acuerdes ahora que he andado delante de ti en verdad y con íntegro corazón, y que he hecho lo que ha sido agradable delante de tus ojos. Y lloró Ezequías con gran lloro. 4 Entonces vino palabra de Jehová a Isaías, diciendo: 5 Ve y di a Ezequías: Jehová Dios de David tu padre dice así: He oído tu oración, y visto tus lágrimas; he aquí que yo añado a tus días quince años.»

¿Qué hizo Ezequías en esos 15 años? Una de las grandes cosas que hizo Ezequías en esos quince años se nos narra que Ezequías se esforzó, fue con ánimo resuelto, decisión, determinación. En Proverbios 25:1, nos dice la Palabra de Dios: «También estos son proverbios de Salomón, los cuales copiaron los varones de Ezequías, rey de Judá.» ¿Sabe yo qué creo que hizo Ezequías en esos quince años más que Dios le regaló de vida? Él no fue mediocre, él dijo: «Señor, tú me has regalado este tiempo, quiero aprovecharlo bien.» Él recopiló todo el Antiguo Testamento hasta donde existía. Él trajo varones sostenidos por él y dijo: «recopílenme todo el Antiguo Testamento.» Y en mi opinión, tenemos gran parte del Antiguo Testamento, como lo tenemos hoy en día, gracias al rey Ezequías.

¿Sabe usted qué me dice eso? Que si usted se traza metas, que si usted se disciplina, que si usted deja a un lado la negligencia, la apatía, la indiferencia, la mediocridad, usted puede lograr algo para Dios; y a lo mejor nadie lo sabe, ¡pero qué importa! Usted no lo está haciendo para los hombres, usted lo está haciendo para Dios.

Mire, un estímulo para dejar la mediocridad. En Mateo 13:10-12 nos dice: «Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas? 11 El respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado. 12 Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.» Al que tiene, dice la Biblia, y es diligente, y es responsable, y es cumplido, se le  va a dar más; pero al que no tiene,       o que recibió, pero ha sido descuidado, (como ese siervo malo y negligente, que a pesar de que recibió un talento fue y lo enterró y no lo puso a trabajar,) aún lo que tiene le será quitado.

Y veamos ahora Mateo 13:13-17, «Por eso les hablo por parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden.» Noten, oyen y ven, pero no quieren entender; no quieren entender, no quieren ver lo que es real delante de sus ojos: «14De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dijo: De oído oiréis, y no entenderéis; Y viendo veréis, y no percibiréis. 15 Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, Y con los oídos oyen pesadamente, Y han cerrado sus ojos; Para que no vean con los ojos, Y oigan con los oídos, Y con el corazón entiendan, Y se conviertan, Y yo los sane» ¿Sabe por qué estos no quieren oír?, ¿sabe por qué no quieren ver?, ¿sabe por qué no quieren cambiar? Porque son mediocres. Ven, oyen, entienden… pero están contentos con sus pecados. Por eso es que Cristo dice que les hablaba con parábolas, «porque viendo, no ven, porque oyendo, no entienden.»

Pero luego nos dice: «16Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen. 17 Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.» Lo que aquí Cristo está diciendo es: «Ustedes son más bendecidos que los antiguos.»

Nosotros somos más bendecidos, porque los antiguos, las personas del Antiguo Testamento, oían que iba a venir un Redentor, oían que iba a venir un Mesías, oían que iba a venir un Dios hecho hombre.

Nosotros oímos y conocemos lo que ya ocurrió, aquí tenemos el testimonio fehaciente de eso. Usted y yo somos más bendecidos que los del Antiguo Testamento. Son palabras de Cristo. Es pues, la mediocridad, el problema más grande que muchos de nosotros tenemos.

Aceite Fresco

ACEITE FRESCO

Por el Pastor Jack Hyles

«Y Samuel tomó el cuerno del aceite, y lo ungió en medio de sus hermanos; y desde aquel día en adelante el Espíritu de Jehová vino sobre David. Se levantó luego Samuel, y se volvió a Ramá.» 1 Samuel 16:13.

Aquí David era sólo un jovencito que se dedicaba a cuidar las ovejas de su padre.  Samuel entonces viene a la casa de Isaí y le dice que uno de sus hijos iba a ser ungido rey.  Isaí hace venir a cada uno de sus hijos y Samuel una y otra vez le dice: ­»No. Este no es. Este no. Este tampoco.» Y así sucesivamente. Hasta que le dice: «¿Tienes más hijos?» Isaí responde: «Bueno, tengo uno más. El bebé de la familia y ahorita se encuentra cuidando las ovejas.»  Samuel le dice: «Manda a traerlo, porque no vamos a comer hasta que él venga.» Luego llega David y es ungido por Samuel.

2 Samuel 2:4 dice: «Y vinieron los varones de Judá y ungieron allí a David por rey sobre la casa de Judá. Y dieron aviso a David, diciendo: Los de Jabes de Galaad son los que sepultaron a Saúl.»  Yo pensé que David ya había sido ungido por Samuel. Pero eso no es todo, note 2 Samuel 5:3 lo que dice: «Vinieron, pues, todos los ancianos de Israel al rey en Hebrón, y el rey David hizo pacto con ellos en Hebrón delante de Jehová; y ungieron a David por rey sobre Israel.» Esta es la tercera vez que David es ungido rey. Primero cuando era un pastorcito de ovejas, después cuando lo ungen rey de una porción de la casa de Judá y la tercera vez es ungido rey sobre todo Israel.  Por eso es que David dice en el Salmo 92:10: «Pero tú aumentarás mis fuerzas como las del búfalo; seré ungido con aceite fresco.»

Cuando era un pequeño niño, yo era muy tímido y miedoso.  Mi padre era un alcohólico. Mis memorias de aquellos tiempos, era cuando mi papá llegaba a casa borracho, tal vez golpeando con el carro el árbol que estaba afuera de la casa, mi mamá llorando y pidiendo a él que fuera un padre decente. Vine a ser un niño muy nervioso, muchas veces en la iglesia mi mamá tenia que sacarme, porque tenía miedo y comenzaba a llorar incontrolablemente. Estoy hablando de cuando tenía ocho, diez y hasta trece años.  Empezaba a llorar en la iglesia, era tan solo un pequeño. El Hermano MacRoy, nuestro pastor, detenía el servicio y decía: «Hermanos, tenemos que dejar que la hermana Hyles lleve al pequeño Jackie a la casa.» Tal como cuando sacas a un bebé del servicio. Mi mamá me trataba de calmar y yo no podía controlarme. Tenía presión alta, a veces faltaba a la escuela, tenía tan alta presión que hasta hablaban de la escuela para ver como estaba o mandaban a una enfermera para que me checara. Siempre era el flaquito, pesaba aproximadamente 45 kilos cuando cumplí 17 años. Me llamaban el niño Jackie. Sí hubieran votado por el menos afortunado, yo hubiera ganado eso. Amaba los deportes, pero yo era demasiado pequeño para jugar. No salía con las muchachas, porque yo tenía 17 años y las que eran de mi tamaño eran las niñas de 10 o 12 años.

Nadie me tomaba en serio. A la iglesia a la que yo iba, también asistía el hno. Joe Boyd. Joe Boyd es mi héroe. Él es diez años mayor que yo. Aunque yo se que parece que es 25 o 30 años mayor que yo. Joe vivía a dos cuadras de mí casa. Joe pertenecía a la pandilla de la calle Britney y era una de las pandillas más temidas.  Mi mamá me decía, si ves que viene Joe, regrésate pronto a casa. Él pesaba aproximadamente 110 kilos, yo pesaba 45 kilos. Joe era un jugador de futbol americano, boxeador y luchador de lucha grecorromana. El era lo máximo. Todos nosotros en la iglesia admirábamos por donde él caminaba, aunque el camino por donde él caminaba era pecaminoso.

Yo estaba en la iglesia el día en que Joe Boyd se puso a cuentas con Dios. Yo estaba allí, cuando dio su vida para predicar el evangelio. Nunca voy a olvidar lo que nuestro pastor dijo. Paró el servicio y dijo: «Hermanos, ¿Adivinen qué? El jugador de futbol americano ha rendido su vida para predicar el evangelio.» Los hermanos decían: «¡Gloria a Dios! ¡Bendito sea el Señor!» Todos decían: «Joe Boyd va a ser un predicador.» Podíamos imaginar que Joe Boyd podía ser ladrón o asesino, pero no predicador. Yo les dije a mis amigos: «¡Carambas! Joe Boyd va a ser predicador.»

Una noche mientras Joe Boyd estaba sentado atrás de mi, algunas cuantas bancas, Dios me llamó a predicar. Y Dios me dijo: «Jack, quiero que seas predicador.» Y yo contesté: «¿Cuál Jack?» Y Él me dijo: «Tú.» Yo era tímido y le dije a Dios: «Ellos se reirán de mí y de Ti. De mí porque yo no puedo predicar y de Ti porque hiciste una elección muy pobre. Se van a reír de mí.» Pero Dios me dijo: «Yo quiero que seas predicador.»

Mientras se daba la invitación, una jovencita adolescente, (ella no sabía pero el Espíritu Santo la guió para que me escribiera) me escribió en un papelito: «Jack, ¿Por qué no te rindes para predicar?, yo sé que Dios te está llamando.» Caminé por el pasillo y le dije a mi pastor. «Pastor, Dios me ha llamado a predicar.» Nunca se me va a olvidar lo que el pastor me dijo. El pastor se quedó pensando y de forma dudosa me dijo: «¿Estás seguro?» Yo le dije: «Sí pastor, estoy seguro.»

Cuando Joe Boyd se rindió a predicar, el pastor dijo: «¡Gloria a Dios, Aleluya!» Pero cuando yo me rendí a predicar, dijo: «Hermanos, ustedes saben que Dios es un Dios de milagros, es el Dios que partió el Mar Rojo, es el Dios que  hizo que se parara el sol, y es el Dios que aun puede obrar milagros, el pequeño niño Jackie Hyles se a rendido para servir al Señor, para predicar el evangelio.» Y nadie dijo ¡Amen!, nadie dijo ¡Gloria a Dios! Algunos, lo único que pudieron decir fue: «¡Oh! ¡Señor!» Nadie estaba contento.

Recuerdo que fue en la noche de año nuevo de 1944. Muy tarde a media noche el 1º de Enero de 1945, yo ordeñé las vacas afuera, y levante mis ojos al cielo de Texas y le dije: «Señor, yo no soy tan grande como Joe, y no soy tan fuerte como Joe, no puedo darte tanto como Joe te puede dar, pero puedo darte tanto como Jack Hyles puede darte.» Y Dios sabe que es verdad, si un niño le da su todo a Dios, Él puede usarlo de alguna forma. De cualquier forma, nadie quería que yo le diera algo de mi, pero Dios ha hecho tanto con eso poquito que yo le di esa noche.

Mi papá no vivía con nosotros. Mi papá y mi mamá estaban separados. Era el día de año nuevo. Mi papá llamó por teléfono. Mi papá me habló y me dijo: «Hijo, te veo en el centro de Dallas, quiero verte.» Lo vi por diez o quince minutos. Me dio cinco dólares para llevarlos a casa. Sólo pase unos cuantos minutos con mi papá. Me subí en el transporte público, y fui a la esquina de la calle de Commerce y Akard, la esquina de los jugadores de futbol.  En una esquina se encontraba un Banco, un Hotel en la otra esquina, y la tienda de licor en otra esquina.  Mi papá me dijo que lo viera enfrente de la tienda de licor. Allí estaba mi papá, el primer día de año nuevo de 1945. Por cierto, mi papá odiaba a los predicadores, si alguien odiaba a los pastores era él. Él pensaba que todos los pastores querían dinero. Le dije: «Papá, tengo algo que decirte, Dios me ha llamado a predicar. Me llamó para que viva mi vida siendo un predicador.» Mi papá pesaba 120 kilos, había sido luchador profesional cuando era más joven.  Mi papá sacó su brazo tan grandote, me pegó y me aventó contra la pared de esa tienda de licores, me maldijo y me llamó de nombres. Finalmente estaba yo tan débil que caí y me pateó en un costado y me maldijo y me dijo: «Tu eres un triste hijo…» Y me comenzó a maldecir. «Me avergüenzas. ¡¿Cómo es que quieres ser un triste predicador?! Empezó a cruzar la calle, una pequeña multitud se juntó, yo estaba tirado allí en la banqueta, mi papá regresó, cruzó otra vez la calle, me volvió a patear y a maldecir y me dijo: «Si vas a ser un pastor, más vale que levantes la iglesia más grande del mundo.» Después de 25 años, recibí una placa que decía: «La Escuela Dominical Más Grande del Mundo» Me apuré para irme a mi oficina, caí sobre mi rostro y le dije: «Papá, hice lo que me dijiste, hice lo que me dijiste.»

Después de que fui llamado a predicar, un hombre llamado Dan Davis, me preguntó si yo podía predicar por él en una Iglesia Bautista de Dallas, Texas. Yo le dije: «¡Claro!» Tenía que predicar el miércoles por la noche, nunca lo había hecho y nadie me dijo que yo tenía que estudiar. El pastor de nuestra iglesia siempre que oraba antes de empezar el servicio decía: «Señor, guíame en todo lo que yo tengo que decir.» Yo suponía que eso era exactamente lo que pasaba. Eso fue lo que dije: «Dios, guíame en todo lo que yo tengo que decir.» Un diacono de la iglesia me presentó y dijo: «Nuestro pastor está de vacaciones pero no dejo el pulpito vació.» (Yo diría que casi lo dejó vació)  «Tenemos al joven hermano Jack Hyles aquí esta noche, estamos listos para oír lo que Dios puso en su corazón.» Mi pensamiento en ese momento fue… «Yo no sé de él, pero yo también estoy listo para ver que es lo que Dios pone en mi corazón.» Me paré, y ¿sabe? a Dios se le olvido poner algo en mi corazón. Empezaba y paraba. Empezaba y paraba. Usted sabe como es eso. Después de tres minutos dije: «Hermanos, sí que está haciendo calor aquí. Dios me llamó a predicar, pero no sé cómo hacerlo.» Y me senté. Los hermanos se acercaban a mí para tratar de consolarme. Mi mejor amigo se me acercó y me dijo: «Jack, no te metas en esto de predicar.»

Vi a un hombre no hace mucho en Texas, (esa noche en el servicio prediqué en esta iglesia aproximadamente una hora y media,) esté hombre me dijo: «No puedo creerlo, no puedo creerlo. La primera vez que predicaste en la Iglesia Bautista de Dallas, Texas, sólo tardaste tres minutos y ahora no puedo creer que puedas predicar una hora y media.» Y continuó diciendo: «Aunque me gustaron más tus tres minutos.»

Fui al Colegio Bautista de Texas, las primeras semanas allí, el profesor de Psicología, se me acercó y me dijo: «Tú eres nuevo en la escuela, ¿verdad?»­ -«Sí,» le respondí. «¿Eres predicador?» Yo pensé, «Pues sólo tengo tres minutos de experiencia.» Y le respondí que si a su pregunta. (Y claro le pedí a Dios que me perdonara.)  El dijo: «Estoy predicando en un avivamiento en norte y sur de Marshall, la próxima semana y no he podido encontrar alguien que me ayude, todos los jóvenes predicadores están ocupados. ¿Irías tú a predicar conmigo?» Le respondí: «Sí, yo voy.»

El próximo domingo en la mañana, estaba sentado enfrente. No tenía mensaje, (tenía el mismo mensaje de la vez pasada, que sólo duraba tres minutos.) Me paré, no recuerdo que Salmo fue el que predique, recuerdo que abrí mi Biblia y donde se abrió, eso fue lo que leí.  Yo solo leía el versículo y gritaba repitiendo algunas partes del versículo. Después que me di cuenta ya habían pasado 15 minutos. Solo leyendo y gritando, leyendo y gritando. Pasaron 30 minutos y yo seguía leyendo y gritando. ¡Oiga usted! Pasaron 45 minutos y yo seguía leyendo y gritando, leyendo y gritando. Y ¡Gloria a Dios! ya han pasado 35 años y yo sigo leyendo y gritando, leyendo y gritando. Después de que termine de predicar, se acercó a mí un diacono y me dio un cheque y yo le dije: «¿Para qué?» «Doce dólares,» me dijo.  -«Sí, pero ¿para qué? ¿Qué hice que me esta dando dinero? A mi nadie me da dinero.» Me dijo: «Este dinero es por predicar.» Le dije: «Escúchame amigo. Usted no me va a comprar. He oído de gente como usted. Está perdiendo el tiempo. Llévese su dinero. Mientras yo viva, me voy a parar por el Señor en lugar de aceptar dinero por predicar el glorioso evangelio de Jesucristo.» (Le quiero decir a mis diáconos que he cambiado mucho acerca de esto.)

Después de unas pocas semanas me llamaron para que pastoreara mi primera iglesia, si es que se le puede llamar iglesia, una iglesia con 19 personas. Era un pequeño edificio, las paredes parecían que se iban a caer, pero gracias a Dios las mantuvo de pie. Ni siquiera había baño, el baño era afuera. Solamente una persona en toda la iglesia tenía teléfono, pero ni siquiera se oía cuando sonaba. Había una hermana que podía tocar un solo himno en el piano, todo lo que ella podía tocar era «En la Cruz», así que todo lo que cantábamos era con el tono de «En la Cruz.» Trata de cantar todos los himnos con el mismo tono y vas a ver que problemas vas a tener.

Nadie vino al altar el primer domingo, el segundo domingo nadie vino al altar, y el tercer domingo nadie vino al altar y por todo el año nadie vino al altar. Nadie fue salvo, nadie cambio su membresía  a la iglesia por medio de carta, ninguna persona rededicó su vida al Señor, nadie se bautizó, por todo un largo, vacío y miserable año.

Me salía al patio de atrás, antes de predicar. Y le decía al Señor: «¡Oh, Señor! Estoy apunto de morir, no puedo ser un predicador así, nadie es salvo, ni domingo en la mañana, ni domingo en la tarde, nadie esta siendo salvo, no puedo hacerlo.» A veces me iba afuera de la ciudad, al campo, donde había muchos pinos, durante la noche y le decía al Señor: «No puedo ser un predicador así, no puedo hacerlo, no puedo hacerlo. No soy un predicado, no lo soy, no lo soy.»  Algunos de ustedes predicadores se sienten así, en este momento, pero dices: «Yo quiero pagar el precio, quiero la llenura del Espíritu Santo, para mí y para mi ministerio. Quiero saber lo que es oír Su voz cuando yo predico, cuando yo hablo.»

Fui a la librería del Colegio, tomé todas las biografías de todos los grandes hombres que yo pude encontrar. Leí docenas y docenas de biografías. Leí la vida de D.L. Moody, mi corazón ardía dentro de mí al leer como dos hermanas en la iglesia le decían a él: «Pastor Moody, Dios tiene mucho más para usted, Dios tiene mucho más para usted.» Él decía: «No, no oren por mí. Tengo 2, 3,5 o 10 salvos cada vez que predico. No oren por mí.» Pero ellas le decían: «Hno. Moody, Dios tiene un poder para usted que todavía usted no tiene. Dios quiere que tenga Su poder.» Un día mientras D. L. Moody estaba en Nueva York, en una calle, colectando dinero para una campaña, sintió cuando de pronto el aliento de Dios vino sobre él que lo tumbo al pavimento. Se paró y se fue rápido a su cuarto de hotel, cayó sobre su rostro, habló con Dios y nunca más volvió a ser el mismo después de eso. Siguió usando el mismo mensaje, pero en lugar de solo tener 5 salvos, tenia 50 salvos, mismo pasaje, misma ilustración, pero en lugar de 10 ahora son 100 salvos.

Puedo recordar que yo era aquel joven predicador de un pequeño pueblo, que no podía tener ningún salvo.  No sabe usted como estaba mi corazón ardiendo. Yo le dije al Señor: «¡Oh Dios! Tú pudiste hacer esto en 1849 y lo puedes hacer en 1950.»

Leí la historia de Christmas Evans. De cómo él en una ocasión, mientras estaba cabalgando, se sintió tan mal de su condición, que se puso de rodillas sobre su rostro al lado de su caballo, y el poder de Dios vino sobre él y nunca volvió a ser el mismo después de esto. Mi corazón ardía más con esto.

Usted puede pensar y decir lo que quiera, me puede llamar como quiera pero hay algo que no necesariamente lo obtienes con la salvación, y es el predicar el evangelio con el poder, con la llenura del Espíritu Santo. No estoy hablando de ese poder del que tanto presumen los carismáticos, no estoy hablando del hablar en lenguas, estoy hablando del poder del Espíritu Santo.

Leí la historia de Mr. Rullof. De cómo llegó a la iglesia el domingo en la mañana, se paró y no predico por cinco horas porque decía que no tenía el poder. El dijo: «No puedo predicar. No lo haré.» Y estuvo de pie por una, dos, tres, hasta cinco horas y la gente hambrienta se quedó allí esperando hasta que predicó con poder. Mi pequeño corazón tejano, se quemaba sólo dentro de mí. Y le decía: ¡Oh Señor! Eso puede ser, puede ser cierto en mi.

Tomé la biografía de Charles Finney y leí acerca de su vida. Él habla de cómo cuando él fue salvo, fue lleno del Espíritu Santo. John Wesley dijo, de cómo el 3 de Octubre de 1738, a las 3 de la mañana, después de estar orando toda la noche, como fue llenó del Espíritu Santo. Y él supo que por primera vez en su vida, tenía la llenura del Espíritu Santo.

Leí sobre George Fox de como él ayunó por 15 días, estuvo orando y el Espíritu Santo vino sobre él. Leí de Peter Cartwright, quien cuando predicó su primer mensaje el poder de Dios vino sobre él.

Domingo tras domingo predicaba. Yo no pesaba mucho, sólo 65 kilos. Perdí peso y llegué a pesar 60 kilos. Desayunaba, pero tenía que salirme por atrás de la iglesia y todo el desayuno lo vomitaba. Iba al pulpito y le decía al Señor: «¡Oh, Señor, oh Señor! Haz algo, haz algo.»

Mis diáconos llamaron para tener una reunión, me dijeron: «Pastor, estamos preocupados por usted. Estamos muy preocupados, ¿qué le pasa? Tiene que comer, tiene que cuidarse.» Mi mamá me decía: «Hijo, estás perdiendo peso, tienes que cuidarte.» Yo les dije: «Soy un predicador sin poder y no sirvo para predicar.»

«Por el amor de Dios, pastor, no le mienta a su gente. Póngase de rodillas sobre su rostro y espere, espere, espere en el Señor,» ellos me dijeron. La Biblia dice en Isaías 40:31: «Los que esperan a Jehová tendrán fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.»

En la autopista 43 entre Marshall, TX. y Henderson, TX., yo andaba entre los pinos, a media noche. Detuve mi carro a lado del camino. Usted hubiera visto a este pequeño predicador, diciendo: «¡¿Dónde está el Dios de Elías?! ¡¿Dónde está el Dios de Elías?!» Y lloré y lloré. Fui a mi pulpito y nada pasó. Y oré a Dios otro poco. En Mayo 12 de 1950, me tiré encima del follaje en el bosque. Había orado toda la noche. Y dije: «¡Oh, Dios! No me importa lo que sea, yo quiero pagar el precio.» No sabía lo que eso significaba. A las 6:00 de la mañana, después de haber orado toda la noche, regrese a casa y  desayuné. Me senté en la sala. Eran como las 10:00 de la mañana. Me puse a leer el periódico. El teléfono sonó. «Llamada de larga distancia para el pastor Jack Hyles,» dijeron del otro lado del teléfono. Yo le dije: «Yo soy Jack Hyles.» Me dijo: «Soy Smith, yo trabaje muchos años con su padre poniendo tabla roca. Hno. Hyles,» y con un nudo es su garganta me dijo, «su papá acaba de morir de un ataque cardiaco.»

Yo dije: «Señor, yo no quise decir eso, no quise decir eso, mi papá no era salvo.» Mi papá desde que yo sé, tenia aliento alcohólico. Me tiré en el  piso y le dije a Dios: «Yo no quise decir eso de querer pagar un precio. Yo sólo estoy tratando de predicar, Tú lo sabes. Yo no te pedí que te lo llevaras.»

Manejamos hasta Dallas, a la casa Funeraria O’Neil, el mismo lugar en donde se veló al presidente Kennedy. Me paré a un lado del féretro. Y miré a la cara de mi padre, y lo toqué, y recuerdo de que tan frio él estaba. Miré a su cara y sentí una mano en mi hombro, me di la vuelta, pero nadie estaba allí, nadie estaba alrededor y el Señor me dijo: «Yo sostengo a mis predicadores con mi mano derecha.» Después de eso enterramos a mi papá en un pequeño pueblo llamado Lily, Texas. Lo enterramos junto con dos pequeñas hijas de mi mamá, que ya estaban allí enterradas.

Todos fuimos a casa, pero no mucho después yo regresé y me tiré sobre la tumba de mi papá. Y le dije: «Amado Dios, no me voy a ir de aquí hasta que Tú hagas algo.» Mi papá sólo me escuchó predicar dos veces en el año antes de morir.  Se sentó allí, un domingo en la mañana, en una de las bancas del frente. Yo le rogué que fuera salvo y él no lo hizo en esa ocasión. Él me dijo: «Voy a ir a Dallas y en la primavera yo voy a regresar, y voy a ser salvo y ¿Qué te parece si me bautizas?» Pero él nunca regresó. No sé cuánto tiempo estuve sobre la tumba de mi papá. Alguien que me conocía muy bien me dijo que estuve ahí muchos días, yo no tengo ni idea. Todo lo que sé, es que cuando me puse de pie y prediqué el domingo por la noche, prediqué y la invitación tardó hasta las 11:15 de la noche.

Pastor, predicador, no importa cuánto pienses que tú ya has aprendido, si el Espíritu Santo no está sobre ti, estás perdiendo el tiempo. No importa cuánto tu hayas aprendido de finanzas en la iglesia, cuanto hayas aprendido de el club de los pescadores, cuanto hayas aprendido de construir tu escuela dominical, cuanto hayas aprendido de ministrar a los huérfanos, no importa cuánto tú sepas, si el poder de Dios no está sobre ti, entonces estas desperdiciando tu tiempo.

Recuerdo al pastor Akerman de la Primera Iglesia Bautista de Hollywood, Florida. Teniendo una asistencia de unos cien, en una pequeña iglesia, vino a una conferencia de Pastores aquí a Hammond, IN. Él me dije que nunca había estado tan desanimado en su vida. Estuvo aquí una semana. Y Dios comenzó a hablarle al corazón. Un día después de la conferencia, de regreso a sus iglesias, iban pasando por un pueblito, cuando de repente el pastor Akerman le dijo al pastor Jim Masten, mientras iban en el carro: «Detente.» Bajaron del carro, se postraron en sus rostros e hicieron un altar ahí al lado de la carretera y el poder de Dios vino sobre esos dos hombres. Jim se fue a Wisconsin y levantó una gran iglesia. El Pastor Akerman ahora tiene una iglesia de 3000 en la Escuela Dominical y la misma cosa te puede pasar a ti. Sí pagas el precio y no te quedas siendo un predicador sin poder. No tienes que ser un predicador sin el poder. ¡No, no, no, no tienes que ser un predicador sin poder! El poder que Dios le dio a Billy Sunday, Tom Malone, Bob Gray, John Rice, Bob Jones Sr. o a mí, es para ti.

Recuerdo como solía sacar la Biblia, leía Lucas 3:16 «respondió Juan, diciendo a todos: Yo a la verdad os bautizo en agua; pero viene uno más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de su calzado; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.»

Hechos 1:4 «Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí

Lucas 24:49 «He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto.»

Hechos 1:8 «Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra

Hechos 2:7 «Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan?» (Estaban llenos del Espíritu Santo)

Efesios 5:18 «No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu

Espere un minuto…el error viene cuando nosotros pensamos que todo lo que necesitamos es al Espíritu Santo una vez. David dijo: «Tengo que ser ungido con aceite fresco.» El fue ungido de jovencito, y luego una vez más como adulto para ser el rey de Judea fue ungido, y otra vez más cuando ya era grande, cuando fue proclamado rey de todo Israel fue ungido. Entre más crezca tu ministerio, entre más tengas responsabilidades, necesitas renovar tu ungimiento del Espíritu, con aceite fresco.

Recuerdo que una pequeña iglesia de 44 personas me llamó en Garland, Texas para que yo fuera su pastor. En nuestro primer aniversario tuvimos 617, en nuestro segundo aniversario 1780, en el tercer aniversario 2012, en el cuarto aniversario tuvimos 3163 de asistencia.

El 31 de Diciembre de 1954, fui a mi oficina, a medio día y le dije al Señor: «Mi Dios, la iglesia es muy grande para mí.» En ese tiempo yo no sabía que debía de llevar algún tipo de archivo de la iglesia. Cuando yo fui al colegio, tomé el curso de biblia, así como maestro de enseñanza secundaria. Porque yo pensaba que la iglesia que yo pastoreara no me iba a poder pagar un sueldo completo, entonces yo iba a poder trabajar durante el día en alguna escuela para solventar mis gastos y además, influir en la vida de mis estudiantes.  No había escuelas cristianas en esos días, yo iba a trabajar en alguna escuela pública de un pequeño pueblo. Y de repente yo me encontraba diciendo: «No se como guiar a esta iglesia, esta creciendo y yo nada mas ando aquí sin saber qué hacer con esta iglesia tan grande.» La iglesia se había puesto muy grande y yo no sabía como guiarla.

Era el 31 de Diciembre de 1954, cuando entre a esa pequeña oficina. Yo le dije al Señor, «Señor, tengo que irme. La iglesia es tan grande, y no soy un buen predicador.» (Y aun no lo soy,) Le dije: «Necesito irme de aquí, dame una pequeña iglesia. Déjame empezar otra vez desde el principio. No puedo pastorear a toda esta gente. No sé cómo hacerle» Tomé un pequeño papel, y en ese papel escribí: «Queridos hermanos, esta es la cosa más difícil que he hecho en toda mi vida, pero la iglesia se ha puesto demasiado grande para mi. Los amo como amo a mi propia vida, pero, no puedo pastorear la iglesia, es demasiado grande para mi, en treinta días presentaré mi renuncia.» Puse esa renuncia enfrente de mí y me puse de rodillas y dije: «Querido Señor, sí no haces algo por mí de hoy a mañana, voy a tener que leerla. ¡No sé qué hacer!» Oré, oré de las 11:00 p.m. a las 11:30 p.m., a las 12:00, a las 12:30, hasta la 1:00 a.m. A la 1:00 a.m. alguien tocó a la puerta y esa carta seguía enfrente de mí. Era uno de los diáconos de la iglesia, el hno. S.O. Burnett; quien se encuentra ya en el cielo; estaba parado frente a mi puerta con lágrimas en sus ojos y me dijo:»Pastor, ¿Qué le pasa a mi pastor? ¿Qué le pasa a mi pastor?»  -«A que te refieres,» le dije.  -«No pude dormir, Dios me despertó y me dijo que algo le pasaba a mi pastor.  Corrí a su casa para ver sí estaba aquí, por eso vine. ¿Qué le pasa a mi predicador?» Y yo le enseñe mi renuncia. El me abrazó y lloró y me dijo: «Pastor, no nos puede dejar, usted nos ganó a todos para Cristo. Todos nosotros somos sus bebés, nosotros no vamos a saber que hacer sin usted. No podemos tener  la Iglesia Bautista de Miller Road sin usted, no puede dejarnos.»

«No puedo, no puedo, no soy lo suficientemente bueno como predicador, no puedo,» yo le respondí. Él me dijo: «Vamos a orar.» Él oró, yo oré. Oramos desde la 1:30 a.m. a las 2:00, de las 2:00 a las 2:30, de las 2:30 a las 3:00 y así hasta las 6:00 de las mañana. A las 6:00 de las mañana, ¡algo maravilloso paso en mí! No puedo explicarlo, pero sentí la mano del Señor otra vez, y le dije al hermano Burnett: «Yo creo que Dios hizo algo por mí.» Y él me dijo: «Eso quiere decir que no se va.» Le dije: «Yo te lo haré saber en unas cuantas horas.» Me abrazó, me levantó y me dio vueltas y vueltas diciendo una y otra vez: «No se va a ir, verdad. No se va a ir, verdad. No se va a ir.»

Esa mañana, me levanté a predicar. ¡Oh! Me hubiera gustado que tú estuvieras ahí. Algo vino sobre este predicador, quiero decir: «Aceite fresco, Aceite fresco, Aceite fresco.» Cuando termine de predicar, uno por uno me decía: «¡¿Qué le pasó a usted?!» Y tomé esa carta de renuncia y la partí en pedacitos. Y dije: «¡Bendito sea el Señor! Me quedo, me quedo. No me voy a ir.» ¿Por qué? ¿Sabes? Tú no necesitas un nuevo campo, lo que tú necesitas es una nueva unción de aceite nuevo del Espíritu Santo. Tienes que decir hoy: «Yo le prometo a mi Dios, por la Gracia de Dios, que voy a buscar un lugar para orar porque quiero tener aceite nuevo en mí. No voy a ser un predicador sin poder. ¡No, no, no!» El ungimiento del Espíritu Santo es lo que tú necesitas.

Tuvimos un maravilloso ministerio allí, yo pensaba que allí iba a pasar mi vida. Todos en la iglesia eran jóvenes como yo. Había muy pocos que tenían más de treinta. Teníamos una maravillosa iglesia. Y luego en Diciembre de 1958, recibí una carta de Hammond, Indiana. Decía que después de once años de servicio el pastor de la iglesia había renunciado. ¿Sabe como obtuvieron mi nombre? Enfrente de esta iglesia, al otro lado de la calle, había una pequeña tienda. Un hermano de esta iglesia era el dueño. Ahora uno de nuestros diáconos. El vende de todo en esa tienda. El tiene de todo. Todo lo que usted quisiera, solo tenía que pedirlo. Él tenía también un librero de libros religiosos y en él había un catálogo de la casa editorial Zondervan. Y él se puso a hojear el catalogo, y se encontró un artículo acerca de un libro que yo escribí, de cómo incrementar la asistencia en la iglesia. El artículo también hablaba acerca de mi ministerio y de la Iglesia Bautista de Miller Road, en Texas. Y el hermano arrancó esta página que hablaba de mi ministerio y lo llevó a la comitiva que estaba encargada de buscar un pastor y lo puso sobre el escritorio y dijo: «¡Este es, este es el pastor que  tenemos que contactar!»

Yo no quería venir a este lugar, porque no me caían bien los norteños. Desde Diciembre hasta Agosto estuvieron tratando de traerme aquí. Yo llegué aquí el 30 de Agosto. Y desde ese Agosto al otro Diciembre estuvieron tratando de deshacerse de mí. No me va a creer todos lo problemas que tuvimos en un principio. Prendieron nuestra casa con fuego. El garaje empezó a arder porque le prendieron fuego a la basura, el fuego alcanzó una cortina y luego algunos libros, entonces el Espíritu me despertó, si no me hubiera despertado nos hubieran muerto. Al siguiente día mi hijo pequeño David me dijo, desde su cuarto: «Papi, ¿otra vez se va a quemar nuestra casa hoy?»  ‑»No creo hijo.» Me dijo: «Papi, te quedas aquí conmigo.» Me senté junto a su cama sosteniendo su mano por siete noches consecutivas. Y luego la vocecita de Becky, que decía: «Papi, puedo estar con ustedes también.» Y luego Linda, mi otra hija, también tenía miedo. Mis tres hijos se encontraban en una camita y yo allí con ellos por siete noches consecutivas. La iglesia que me había llamado, ahora se estaba tratando de deshacer de mí.

Fui al Campamento de Billy Rice la siguiente semana, en el verano de 1960. La batalla estaba en lo más fuerte, quiero decir una verdadera batalla. Prediqué durante toda la semana en este campamento, y el viernes en la noche fui a la cama y le dije al Señor: «Señor, creo que Tú quiere que me vaya, porque hay mucha presión en la iglesia.»  (Ocho diferentes iglesias me habían llamado para que pastoreara en Texas.) Me fui a dormir, pero solo me estuve dando vueltas y vueltas y no podía dormir. Finalmente, me puse sobre mis rodillas y el Espíritu Santo me dijo: «Hijo, quiero que te quedes en Hammond.» Yo le dije: «Señor, yo no quiero quedarme, no quiero. Quiero regresar a Texas.» Pero el Espíritu me seguía diciendo: «Te quiero aquí en Hammond.» Y oré, desde las doce de la noche, toda la noche hasta las seis de la mañana, en ese pequeño cuarto número once del campamento. Para ese entonces, ya el Espíritu Santo me había dado aceite fresco. Y supe entonces que tenía que quedarme en Hammond. Aceite fresco, aceite fresco.

Tengo 53, he predicado más de 25,000 sermones. Me cansó, nunca he tomado unas vacaciones, nunca tomó un día libre. Dios conoce mi alma, yo quiero su ungimiento, quiero su poder, y he orado mucho para que Dios me de aceite fresco y le digo: «Señor, mantenme fresco, mantenme con tu poder.» Y la llenura del Espíritu de Dios descansa en mí. ¡Oh, Señor! muchos predicadores no permanecen, muchos predicadores fracasan, pierden el poder de tu Espíritu, ¡Oh, Dios mío! No dejes que haga esto cuando este viejo. Muchos me están mirando a mi y me dicen: «Dr. Hyles, yo creó que usted tuvo un ungimiento fresco recientemente.» Y yo respondo: «Eso espero.»

Mire este edificio, está lleno el domingo en la mañana, el domingo en la noche y yo solo soy un predicador de un pequeño pueblito. ¡Yo quiero decirle que yo no soy suficientemente inteligente, no tengo la experiencia suficiente, no soy lo suficientemente sabio, no soy nadie, más que un predicador de pueblito, y lo que necesito es el gran poder de Dios en mi vida! El ungimiento fresco de mi Dios. Más de 40,000 personas me llaman pastor. Doy consejería a 150, 160, 170 personas por semana. He llorado más de una vez esta semana porque mi gente durante la conferencia no tiene pastor. Pienso en aquella familia, la mamá con varios hijos, ellos necesitan verme y pienso en aquella joven que su papá y su esposo están extraviados. Ellos me necesitan. Y ahorita no tengo tiempo.  Caigo sobre mi rostro constantemente en oración y le digo a Dios: «¡Oh Señor!, no soy un Charles Spurgeon, no soy Lee Robertson, no soy un John O. Rice, no soy un D. L. Moody, no soy un Billy Sunday, no soy un Charles Finney, pero estoy sediento y Tú dijiste que ´Tú le darías el agua a quién estuviera sediento.» Es lo que quiero que usted se ponga sediento hoy. ¡Sí yo pudiera ponerlo tan sediento!

Cuando este edificio fue dedicado; no lo sé, pero para mí me parece que todo el mundo puede caber aquí. Yo nunca me imagine predicar en algo así de grande, lo más que me imaginaba era algo así como un coro.  Pero, este edificio, cuando fue dedicado ¡sí que se veía grande! Estaba lleno hasta el tope. Había más de 1,500 personas afuera en los pasillos que no pudieron entrar. 9,000 personas, estaban aquí, todas tratando de encontrar un lugar. Caminé de mi oficina a la puerta para entrar al auditorio, pero cuando miré por la puerta hacia adentro del auditorio, corrí lo más rápido que pude a mi oficina. Y dije: «¡Mi Dios! No puedo entrar allí, no puedo, no puedo hacerlo, no puedo. No soy un gran predicador no puedo hacerlo.»

Me gustó lo que una pequeña niña dijo.  Ella pasó por la oficina del pastor, yo me encontraba orando, postrado sobre mi rostro, llorándole al Señor diciéndole: «tú tienes que venir conmigo, tienes que venir, tienes que venir.» El servicio estaba apunto de empezar, uno de los asistentes dijo: ¿Alguien ha visto al pastor? La niña levantó su mano y dijo: «Yo lo vi, pero va a tardar en venir, pero cuando venga, va a traer a la otra persona que estaba junto con él, cuando él estaba orando.»

He predicado por todo el país y he ido a mi cuarto sabiendo que el poder de Dios no estuvo sobre mi y me tengo que poner sobre mi rostro. Pero, también he predicado sabiendo que el poder de Dios ha estado sobre mí. Y lo más difícil de ser predicador, es que cuando sales a predicar, y regresas a tu cuarto, y tuviste un servicio tan glorioso, y no tuviste el chance de platicar con alguien, sino lo único que tienes es a una lámpara, y quiere agarrar a alguien de los hombros y decir: «¡Ohhh! Gloria al Señor, Gloria al Señor.» Y no hay nadie más, sino que esa triste lámpara.

Un día, cuando ya era pastor de esta iglesia, nadie pasó al altar para recibir a Cristo. No teníamos la cantidad de gente que ahora tenemos. Eran como 2500 cada domingo. Ese día una sola persona se unió a la iglesia y fue por medio de una carta. Pero nadie pasó al altar para ser salvo. Nuestra gente estaba asombrada e impresionada. No sabíamos como terminar el servicio sin bautizar. Finalmente le pedí a alguien que nos despidiera en oración. Yo corrí a mi oficina, me tiré al suelo y le dije: «¡Oh mi Dios! ¿Se fue Tu Espíritu? ¿Se fue? ¿Lo he perdido?» Y le rogué toda la tarde. Quería que ya fuera de noche para poder regresar a la iglesia, predicar y ver si todavía estaba Él conmigo. Le dije a nuestro director de música: «No te tardes cantando, vamos a ir rápido, quiero predicar.» Quería saber si todavía tenía Su Espíritu. Cantamos y comencé a predicar. Después de la predicación, un hombre alto con camisa blanca, se puso de pie y comenzó a caminar hacia el altar. Cuando lo vi, comencé a gritar: «Todavía lo tengo, lo tengo, lo tengo.» El hermano Jim, quien era el director del coro, me dijo: «¿Qué tienes? ¿Qué tienes?» Yo le dije: «Olvídalo. Aún lo tengo, lo tengo.» Prefiero morir que vivir sin el poder de Dios.

Uno de nuestros jóvenes predicadores, el día sábado lo pusieron en la cárcel, por predicarle en la calle a un hombre. ¿Se da cuenta? Cerca de  nuestra iglesia, a unas tres cuadras, hay un lugar donde tienen bailarinas. A unas cuantas cuadras, hay una esquina donde hay prostitutas. Y yo por 21 años he tratado de vivir en justicia en el lugar más perdido de todo Estados Unidos. Yo me he parado por lo que es correcto, he llorado porque necesito el poder de Dios para hacer esto. Tengo que hacer lo correcto por los niños de nuestra iglesia.

Hoy al medio día, unos niños me dijeron: «Pastor lo amamos, ¿podemos acompañarlo hasta su oficina?» Yo les dije: «Vamos a ir brincando hasta allá.» Y nos fuimos brincando. ¡Qué bendición! Necesito el poder de Dios para poder ayudarlos, quiero verlos crecer y que hagan lo correcto. Los jóvenes del Colegio me necesitan.

No sé que es lo que tú vas a hacer pero yo voy a rogarle y rogarle a Dios, rogarle, rogarle una y otra vez por Su poder, por una doble porción de Su Espíritu, por Aceite fresco en mi vida. Es lo que necesitas, es lo que yo necesito…Aceite fresco.

Hombres de Dios vamos a hacer lo que tenemos que hacer para salvar este barco para que no se hunda. La gente se esta yendo al infierno y el mundo se emociona más con las cosas que hacen, que nosotros que tenemos la verdad.

Aceite fresco… estoy agradecido por la tumba de mi padre, estoy agradecido por la Iglesia Bautista de Miller Road en Texas, estoy agradecido por el cuarto en el Campamento de Billy Rice. Siempre me quedo en ese cuarto, ya hasta tiene mi nombre. No puedo estar en ese lugar sin que yo le pida a Dios que me dé de Su aceite fresco.

Hace algunos años fui a California, había decidido recortar mi ministerio, fui a mi cuarto de hotel y no pude dormir, por más que traté. Me salí del hotel y empecé a caminar y a caminar y a orar por mi país. Oré toda la noche. Esa noche fue que nació en mi corazón el comenzar el Colegio de Hyles Anderson. Hermanos, tenemos que aprender a orar toda la noche.

Fui al lugar donde ahora esta nuestro Colegio muy, muy noche. Vi el lugar. Vi las instalaciones. Para esas grandes instalaciones solo tenían 40 estudiantes aproximadamente. Era un Colegio católico. Fui a hablar con el hombre que estaba encargado de allí. Salió con su bata de dormir y un cigarro en sus dedos. Le dije: «Quiero comprar estas instalaciones.» El dijo: «¿Quién es usted?» -«Jack Hyles de la Primera Iglesia Bautista de Hammond.» -«No está en venta y los Bautistas sería a los últimos que se la venderíamos.» -«Lo sé,» le dije.

Fui a ese lugar cada mes, cada mes y pasé toda la noche orando, pidiendo por ese lugar. Me quitaba los zapatos, subía la colina y bajaba, caminando de aquí para allá, pidiendo ese lugar. Un día me llamaron y me dijeron: «Se vende.» Yo oré que esos 40 o 47 estudiantes se salieran de esa escuela.   Y ahora, camino por esos pasillos y puedo decir: «¡Gloria a Dios! Aceite Fresco.»

¿Vas a seguir sin Él? ¿Vas a ser el mismo predicador que el del domingo pasado? Lo que tú necesitas es aceite fresco del Espíritu Santo.