Tlapa Guerrero

Tlapa Gro, 12 febrero 2007

«Llévenselos o los ahorcamos,» es el encabezado del periódico la Jornada, con fecha de 11 de febrero de 2007. A 42 días que los hermanos de Chiepetlán, Gro. fueron despojados de sus hogares, las autoridades municipales y estatales no han querido dar una solución.

Este 10 de febrero del 2007 se llevo nuevamente la tercera junta para llegar a un acuerdo, se dio cita en el pueblo de Chiepetlán, Gro. a las 12 PM, estábamos dudosos de asistir a este lugar debido a la reacción que el pueblo pudiera tener con los cristianos.

Las autoridades nos comunicaron que todo estaría bajo control, que la junta se llevaría en las instalaciones de la comisaría municipal de este lugar solamente con las dos comisiones frente a las autoridades, una comisión del pueblo de Chiepetlán y la otra de los hermanos que fueron despojados. Dijeron que no darían lugar a que el pueblo hablara e hiciera de las suyas.

Al llegar al lugar de Chiepetlán el día sábado fue todo lo contrario, la explanada de la comisaría arreglada para llevar la reunión frente a todo el pueblo, y en el árbol que estaba al centro de la explanada había dos cuerdas con nudo listas para ahorcar a los cristianos, no fue como se dijo, que las dos comisiones hablarían dentro de la comisaría municipal, la reunión se llevó frente al pueblo, el pueblo alborotado dando gritos diciendo: ¡cuelguen a los hermanos! ¡Cuelguen al pastor! ¡Fuera los cristianos!, etc. No se llegó a ningún acuerdo, las autoridades no hablaron de leyes, y no dejaron hablar a ninguno de los hermanos, al parecer salieron victoriosos una vez más, pero esperamos aún la respuesta que Dios dará a su pueblo, si Dios es con nosotros ¿quién contra nosotros?

Dios abrirá una puerta para encontrar la solución, actualmente los hermanos ya están acomodados en casas que los hermanos de nuestra iglesias han prestado, una de estas casas no cuenta con luz eléctrica, les cobran a los hermanos una cantidad de $ 7.500 pesos para poder darles luz, dinero con el que ellos no cuentan.

Nuestro Dios tiene todo en control y sabe lo que hará con nuestros hermanos, si ellos regresan a su pueblo o les proveerá de los recursos para poder adquirir algún terreno para levantar un techo y vivir tranquilamente en Tlapa, Gro.

Pedimos el apoyo de sus oraciones por estas 3 familias (14 personas), por la Iglesia Cristiana Bautista «Monte Horeb» y por nuestro pastor: Dagoberto Bahena Torres.

Si desea más información pedimos nos lo haga saber escribiéndonos a este correo: icbmhtlapa@hotmail.com o llámenos al Teléfono: 01 (757) 476-0682.

Que Dios les Bendiga.

Atentamente, Pastor Dagoberto Bahena Torres. Tlapa, Gro.

La Mediocridad

Leemos en la Biblia, Apocalipsis 3:14-17, dice así: «Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios, dice esto: 15 Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! 16 Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. 17 Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo.»

Quiero hablarles, acerca del peor problema que tenemos los mexicanos, el más grave, el mayor.

Yo sé que hay infinidad de problemas en nuestro país; hay problemas como la prostitución, el otro día estaba escuchando en un noticiero, que nada más en el Distrito Federal, hay más de 86 mil prostitutas, nada más en el Distrito Federal, imagínense, y eso, yo me imagino, son las que han detectado, han descubierto, por supuesto que hay muchísimas más que no están detectadas, es un problema bastante grave.

Hay otros problemas, el alcoholismo: cuántos problemas, cuántas desgracias ha causado el alcoholismo en nuestro país, cuántas muertes, cuánto dolor, cuántas lágrimas, cuánta tristeza; pero yo considero que ese no es el problema más grave.

Ahora, un problema que nos amenaza y si no hacemos algo nos va a alcanzar: el homosexualismo, el lesbianismo, es un problema tremendo en nuestro país, tremendo, hacia cualquier lado que volteemos encontramos homosexuales, encontramos lesbianas, y lo peor es que se está promoviendo en una forma tan indiscriminada que está creciendo alarmantemente. Anteriormente se detectaba fácilmente a cualquier homosexual, a cualquier lesbiana… ya no. Personas que parecen muy hombres, resulta que le van al América y tiran de uñita; bigotones, muy fornidos, muy varoniles, pero cuando nos damos cuenta, resulta que les hace agua la canoa.

Cuántos problemas hay en nuestro país: la tranza ¿a usted nunca lo han tranzado? ¿Nunca le han dado gato por liebre? Es un problema que tenemos en nuestro país. La corrupción, la famosa mordida ¿a usted nunca le han pedido una mordida? ¿Usted nunca ha dado una mordida?

¡Cuántos problemas hay en nuestro país! en verdad creo que no terminaría nunca de mencionar todos los problemas que tenemos como mexicanos, como país; y a nivel local, en nuestras ciudades… cuántos problemas, la lista sería enorme.

Pero yo creo que todos esos problemas derivan de uno solo. Todos esos problemas derivan del peor, del más grave, del mayor.

Si usted me pidiera mi opinión en cuanto a cuál es el primer problema, el problema que deberíamos de atacar en cada uno de nosotros como individuos y como miembros de este país, yo pondría: la mediocridad.

Por naturaleza somos mediocres, por naturaleza todo lo hacemos a medias. En mi opinión ese es el problema más grande que tenemos como nación, como país. Parece que es parte de la idiosincrasia, alguien dijo por ahí «indiosincrasia» y me parece más correcto.

Parece que ese es el problema, y hasta nos justificamos, defendemos, apapachamos nuestra mediocridad. «Es que así soy, es que mi papá así era, es que mi abuelito así fue, es que mi tatarabuelito así era… ¿pues qué quiere? por eso somos así… somos mediocres.» Y noten la palabra que estoy usando, no quiero convertirme en juez de nadie, ni decir que usted es peor que yo, o que yo soy superior a usted: estoy hablando en plural, estoy incluyéndome.

¡Qué problema tan serio es la mediocridad! Miren qué tan serio es la mediocridad que todos los problemas que he mencionado como alcoholismo, como drogadicción, como prostitución, como homosexualismo, como robo, como crimen, tranza, como abuso de autoridad, como corrupción, como mordida, todos eso que he mencionado y podría mencionar muchos más, en mi opinión se derivan de ese problema. La mediocridad.

Y desgraciadamente como cristianos, no estamos ajenos a ese problema que gobierna, que reina en nuestro país, desde quien sabe hace cuántos años, pero es un problema bastante serio.

Es un problema bastante serio precisamente porque somos mediocres, somos negligentes, somos apáticos, somos desinteresados, nos vale todo, por eso mantenemos descuidada la Iglesia, tiramos basura donde sea, entramos con niños pequeños al lugar al que se nos ha dicho que no debemos de entrar con niños pequeños, por eso nos importa poco quién esté predicando y salimos y entramos como se nos pega la gana, esté quien esté hablando: ¡qué importa! ¡Eso no es importante! ¿Verdad? ¡Qué importa que se haya gastado tanto dinero!, ¡qué importa que se haya invertido tanto tiempo!, ¡qué importa que se haya sacrificado tanto tiempo, tanto trabajo, tanto esfuerzo! yo quiero hacer mi voluntad, a mí me importa poco lo que está a mi alrededor, yo voy a hacer lo que se me pega la gana, ¿verdad?

«¡Ay, Pastor, no me regañe!» No lo estoy regañando, créame, estoy predicando esto por su propio bien, por el bien de la obra de Dios. Si vamos a lograr esa visión celestial; si vamos a salir de ese letargo, de esa mediocridad en la cual vivimos; si algo va a suceder en nuestro país que influencie a otros países, tenemos que dejar de una vez por todas ese terrible pecado, porque si no, yo lo veo como una terrible tapadera que está impidiendo que Dios bendiga más su obra, que haga algo grande en nuestro país, que algo grande suceda.

Sí. Tenemos que esperar en el poder de Dios. Sí. Tenemos que hacer la obra de Dios con el poder de Él. Sí. Él tiene que movernos. Pero cuántas veces Dios nos ha hablado claramente, Dios ha puesto el dedo en la llaga y Dios nos ha señalado perfectamente nuestro pecado, pero por nuestra mediocridad nos quedamos ahí sentados y no pasamos más que de contentarnos un poquito: «¡Ay, qué bonito predicó el Pastor!, ¡ay, qué bonito habló!, ¡ay, Dios, háblame!, ¡ay, Señor, muéveme!,» y usted quiere que Dios venga y haga lo que Dios claramente le ha dicho a usted y a mí que debemos hacer.

Y estamos cayendo en el mismo error de los pentecostales, ese es el problema de los pentecostales, todos le echan la culpa al Diablo: «¡Ay, es que yo no quería pecar! pero el demonio del alcohol me indujo a tomar, y por eso soy borracho… ¡ay, no es mi culpa!» ¡Qué fácil resulta eso! Echarle la culpa al demonio del adulterio, echarle la culpa al demonio del alcohol, echarle la culpa al demonio de la droga y entonces usted no es responsable, ni yo tampoco. «Ah, entonces estamos así porque Dios quiere, entonces estamos bien.» No, no es así. ¿Qué es? La mediocridad.

Déjenme decirles porque somos mediocres: No somos la clase de padres que deberíamos de ser; precisamente porque somos mediocres. No somos la clase de esposo o esposa que deberíamos de ser, precisamente porque somos mediocres. No somos la clase de hijo que deberíamos de ser, precisamente porque somos mediocres. No somos la clase de maestros de Escuela Dominical que deberíamos de ser; un maestro de Escuela Dominical mediocre no prepara su lección, llega con el manual frente al alumno, o con la lección y nada más se limita a leerla: eso es mediocridad, y usted debería estar sobre sus rodillas, pidiéndole perdón a Dios, porque usted hizo un compromiso con Dios, no con el Pastor, no con quien lo contrató para ser maestro de Escuela Dominical, usted hizo un compromiso con Dios y usted está siendo mediocre al nada más pararse frente a sus alumnos y leerle la lección de Escuela Dominical, la lección que se le ha dado; nada más limitarse a hacer lo esencialmente indispensable para que no lo corran como maestro de Escuela Dominical. Y lo mismo digo a los capitanes de ruta, y lo mismo digo a los ujieres, y lo mismo digo a los Diáconos, y lo mismo digo a cualquier persona que desempeña cualquier trabajo en la Iglesia. Pero de verdad, que nos hemos conformado y nos hemos metido en la cabeza que así somos, «pues es que así semos, Pastor, ni modo, ¿qué quiere que haga?»

¿Qué es la mediocridad?, ¿sabe qué es la mediocridad? Es un pecado. No es algo que no ofende a Dios.

Precisamente, porque somos mediocres, hacemos una promesa a la obra misionera y luego nunca la cumplimos. Precisamente, porque somos mediocres, no diezmamos: un domingo sí, tres no, otro domingo sí, cuatro no. Es un pecado.

Eso es lo que el Señor estaba atacando aquí en la Iglesia de Laodicea. Miren otra vez lo que dice el Apocalipsis 3:14, Cristo mismo está hablando, Cristo mismo está señalando, denunciando el terrible pecado de esta Iglesia, la Iglesia de Laodicea. Dice aquí: «Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios, dice esto: 15 Yo conozco tus obras,» y créamelo que Dios conoce sus obras, por eso lo señala, dice: «que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! 16 Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.» El gran pecado de la Iglesia de Laodicea es que ellos habían llegado a un nivel de conformidad, de mediocridad, se habían adaptado a los estándares de este mundo, a las normas de este mundo, ellos habían llegado a decir: «bueno, ya tenemos lo que queremos materialmente hablando, ya alcanzamos el nivel que queríamos, entonces ya no hay que seguir luchando.» Y eso no es correcto.

Siempre en el cristiano debe existir un espíritu de superación, un deseo de hacer bien las cosas, un deseo de agradar a Dios, porque lo estamos haciendo para Él, jamás deberíamos conformarnos con lo que estamos haciendo para Dios. Pero ¡cuántos cristianos se han conformado! cuántos Pastores han llegado al límite de decir: «Bueno, ya tengo mi Iglesita, ya saco para el chivo, bueno, pues ya qué. Ya me da más o menos un buen sueldo, ya qué me importa lo demás.» «¿que las almas se van al infierno? pues que se vayan al infierno, ya no me preocupa.» ¡Qué tragedia! Y eso por decir algo, porque la verdad es que la mayoría de las Iglesias ni siquiera han llegado a ese nivel. ¿Y sabe por qué? Porque tenemos un montón de cristianos mediocres, un montón de cristianos tibios.

La mediocridad es el estado mental de una persona satisfecha con poco o con nada, esa es la mediocridad.

Y por eso es que vemos esto inclusive reflejado en muchos hogares. ¿Cuántos hermanitos en las Iglesias se justifican de que tienen un mugrero en su casa porque son pobres? «Ay, Pastorcito, cierre los ojos.» «¡No! hay que abrirlos más, si no me tropiezo con toda la basura que tiene usted ahí.» El alterón de trastes ahí amontonados, el montón de ropa ahí guardada, alguna ya hasta pudriéndose, la basura por todos lados: eso es síntoma de mediocridad, eso es pecado delante de Dios. Vemos a personas todas mugrosas, apestosas, piojosas: «Ay. Es que soy pobre.» No. Eso no es sinónimo de pobreza, eso es sinónimo de mediocridad: pecado.  ¡Es pecado! ¿Quién le ha enseñado que: «Ay, pues porque soy pobre, voy a andar todo despeinado, todo greñudo, todo pulgoso, roñoso»?, ¿Quién le enseñó eso? eso no es correcto. Pero ¿verdad que nos hemos conformado? «Ay, Pastor, es que yo soy muy pobre, no tengo para comprar un poquito de agua y bañarme.»

Dice la palabra de Dios aquí, que el Señor reprendió duramente a esta Iglesia: «Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo.» Exactamente esa es la condición de muchas personas en nuestro país, pero la tragedia más grande y lo que me preocupa a mí, es verlo reflejado en un montón de cristianos conformados a las normas de este mundo, conformados a lo que se hace en este mundo y tratando de justificarse diciendo: «yo estoy bien.» La mediocridad es un pecado terrible, y eso desagrada a Dios tanto, como que usted robe; tanto, como que usted mate; tanto, como que usted sea un mentiroso o un adúltero: desagrada a Dios.

Dios es un dios de orden. El diccionario dice que la mediocridad quiere decir: «de calidad media o mala, regular y torpe,» esa es la mediocridad.

Déjenme hablarles acerca de algunos de los resultados de la mediocridad. Precisamente porque somos mediocres, somos negligentes; la palabra negligencia quiere decir «descuido, omisión, falta de aplicación.» La Biblia nos pone un montón de ejemplos de personas que fueron negligentes. Por ejemplo, en Josué 18:3, nos dice: «Y Josué dijo a los hijos de Israel: ¿Hasta cuándo seréis negligentes para venir a poseer la tierra que os ha dado Jehová el Dios de vuestros padres?» ¿Hasta cuándo seréis negligentes? Dice la Palabra de Dios, que ahí estaba el pueblo de Israel congregado, y dice Josué: «¿Hasta cuándo seréis mediocres?, ¿Por qué no hacen lo que Dios les ha encomendado hacer?»

Desgraciadamente, ustedes saben las consecuencias de la negligencia, de la mediocridad, dice en Jueces 1:21, «Mas al jebuseo que habitaba en Jerusalén no lo arrojaron los hijos de Benjamín,  y el jebuseo habitó con los hijos de Benjamín en Jerusalén hasta hoy.» Lo que aquí ocurrió fue precisamente, que el pueblo de Israel fue negligente en obedecer, en cumplir con la orden que Dios les había dejado, y yo sé, que la tarea que nosotros tenemos es tan grande, es tan portentosa, que cuando nosotros volteamos alrededor del mundo y vemos los millones y miles de millones que hay, decimos «es una tarea increíble, es una tarea que no podemos desarrollar.» Pero mientras cada quién no esté haciendo su parte responsablemente, jamás vamos a lograr ni siquiera hacerle cosquillas a ese mundo. Usted, no se debe de justificar, en eso. Usted y yo deberíamos de decir: «Yo tengo que hacer mi tarea, yo tengo que hacer mi trabajo.» Y a lo mejor, efectivamente no vamos a alcanzar a todo el mundo, pero por lo menos esa debería ser nuestra meta. Pero qué vergüenza que estemos encerrados en nuestro ruedita: «Yo ya soy salvo, yo ya conozco de la Palabra de Dios, y por lo demás, que el mundo ruede, a mí no me importa, no es mi problema.» Mediocre. Ese es un pensamiento mediocre.

«¡Ah! Pues es que nosotros no tenemos dólares.» Qué bueno que cuando se escribió la Biblia no había dólares, qué bueno que cuando Cristo le dio la gran comisión a los discípulos no había dólares. La tarea es de nosotros.

«Ay, Pastor, soy muy pobre,» y va a seguir siendo pobre, por su mediocridad. ¿No me lo cree? mire, ese es otro resultado. Vayamos al libro de Proverbios 6, si no encuentra los libros con facilidad es también por su mediocridad… ya tiene seis meses de ser cristiano y aún no conoce los libros de la Biblia, ya tiene más de un año y jamás ha leído toda la Biblia completa; y me conformaría con que tuviera más de 10 años y hubiera leído la Biblia completa, pero no la ha leído, ¿sabe por qué? por su mediocridad.

En Proverbios 6:6-11 dice: «Ve a la hormiga, oh perezoso, Mira sus caminos, y sé sabio; 7 La cual no teniendo capitán, Ni gobernador, ni señor, 8 Prepara en el verano su comida, Y recoge en el tiempo de la siega su mantenimiento. 9 Perezoso [mediocre] ¿hasta cuándo has de dormir? ¿Cuándo te levantarás de tu sueño? 10 Un poco de sueño, un poco de dormitar, Y cruzar por un poco las manos para reposo; 11 Así vendrá tu necesidad como caminante, Y tu pobreza como hombre armado.» Otro resultado de la mediocridad es la pereza, y precisamente por eso es que hay un montón de cristianos que no tienen ni para comer.

«Ay, Pastor, es que me corrieron de mi chamba» ¿por qué? no creo que haya sido porque eras muy trabajador, no creo que haya sido porque usted es muy responsable, porque llegaba a tiempo a su trabajo ¿verdad? No. Usted acostumbraba pasársela campechanamente, ahí, meciéndose en su hamaquita, tomando su coquito con agua bien fría.

Por eso estamos como estamos, por eso no podemos ver la bendición de Dios sobre nuestras vidas, y Pastor, esto aplica también a la obra de Dios. Usted no le echa ganas al trabajo en la obra de Dios, no espere que salga para el chivo, no va a salir. «Ay, Pastor, es que la gente aquí en mi Iglesia es muy dura,» a lo mejor están nada más reflejando lo que ven en el púlpito cada semana, nada más.

Mire, por la negligencia del pueblo de Israel lo que ocurrió, Jueces 1:21 dice: «Mas al jebuseo que habitaba en Jerusalén no lo arrojaron los hijos de Benjamín, y el jebuseo habitó con los hijos de Benjamín en Jerusalén hasta hoy.» Luego en el versículo 27: «Tampoco Manasés arrojó a los de Bet-seán, ni a los de sus aldeas, ni a los de Taanac y sus aldeas, ni a los de Dor y sus aldeas, ni a los habitantes de Ibleam y sus aldeas, ni a los que habitan en Meguido y en sus aldeas; y el cananeo persistía en habitar en aquella tierra.» Versículo 29 y 30: «Tampoco Efraín arrojó al cananeo que habitaba en Gezer, sino que habitó el cananeo en medio de ellos en Gezer. Extensión de las conquistas de las demás tribus  30 Tampoco Zabulón arrojó a los que habitaban en Quitrón, ni a los que habitaban en Naalal, sino que el cananeo habitó en medio de él, y le fue tributario.»

Y ahí sigue diciéndonos todo lo que el pueblo de Israel no hizo ¿por qué no lo hizo? por causa de su negligencia. Y dice la Biblia que al ratito, esas naciones comenzaron a crecer y a hacerse más fuertes, y en vez de que el pueblo de Israel los sojuzgara, ahora ellos estaban siendo sojuzgados. ¿Saben por qué? por su mediocridad.

Es cierto que Dios nos está bendiciendo, sí es cierto que Dios está haciendo algo en nuestro país, yo. Lo puedo ver. Dios me ha dado la bendición de viajar por todo el país y predicar en tantos lugares, y ver que Dios se está manifestando, pero yo no quisiera ver que esa bendición de Dios acabara por causa de nuestra mediocridad.

Y qué tremendo que si no aprobamos esta bendición de Dios, este impulso que Dios nos está dando, al ratito tengamos que ver que las puertas se cierran; o al ratito tengamos que ver que el pecado está creciendo tanto en nuestro país, que está apagando lo que Dios está haciendo. Y eso va a ocurrir, si nosotros no dejamos a un lado la mediocridad, la negligencia, la pereza, y empezamos a hacer la obra de Dios como Dios quiere que sea, y dejamos de justificar todos nuestros pecados y dejamos a un lado toda esa mediocridad y empezamos a hacer la obra de Dios como Él quiere que sea hecha.

Qué vergüenza que haya Pastores que son tan mediocres, que jamás leen la Biblia, ¡Pastores! Pastores que no pasan un tiempo en oración, se creen Superman. Ya no necesitan la ayuda de Dios, ya no necesitan la enseñanza de Dios, ya solitos pueden. Esa es la razón por la cuál algunos Pastores no quieren asistir a conferencias como esta: «Ay, para qué, siempre es lo mismo.» No. No es lo mismo, yo estoy seguro de que no había escuchado un mensaje como este.

Otro resultado de la mediocridad, es la indolencia. La palabra indolencia quiere decir: «que no se afecta o conmueve, descuido.» Otro resultado de la mediocridad es la apatía. Apatía quiere decir: «impasibilidad del ánimo, indiferencia, falta de decisión, dejadez, indolencia.» Como producto de la mediocridad viene la desobediencia, como producto de la mediocridad viene la carnalidad, como producto de la mediocridad viene la rebeldía, como producto de la mediocridad viene la mundanalidad, viene el robo, viene la mentira, viene el conformismo, vienen los vicios; la lista es larga. ¿Cuántas cosas trae la mediocridad? ¡Muchísimas!

¿Cómo acabar con la mediocridad? ¿qué tenemos que hacer para acabar con este terrible pecado, con este terrible problema que tenemos? Primeramente veamos en Proverbios 28:13. Algunos por su mediocridad, ni Biblia llevan a la Iglesia. «No, Pastor, es que yo vengo del trabajo.» ¿Y por qué no se la lleva al trabajo? «Es que no quiero que sepan que soy cristiano.» Ah, ese es el problema, esa es la razón. Proverbios 28:13 es un versículo muy conocido: «El que encubre sus pecados no prosperará; Mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.»

Esa es la razón por la cuál usted y yo tenemos que ser honestos en esta noche, y decirle al Señor: «Sí es cierto, yo te prometí que iba a leer la Biblia, en enero, la iba a leer diariamente y me cansé muy pronto, la leí nada más dos o tres días y ya la abandoné, perdóname, Señor.» «Señor, yo te prometí que iba a ganar almas, por lo menos una vez cada semana iba a ir a ganar almas y muy pronto me desanimé.» «Perdón, Señor porque yo te prometí que iba a dar tal cantidad para la obra misionera, para la construcción y nada más lo di dos domingos y luego se me olvidó. Perdóname, Señor.» Usted debería de hacer eso, el primer paso para acabar con la mediocridad es reconocer que tiene usted ese problema. Mientras usted no reconozca que tiene ese problema, todo le va a pasar por arriba, todo le va a importar poco. Pero no. Es necesario comenzar reconociendo, diciéndole: «Señor, sí es cierto, yo tengo ese problema, por eso no soy la clase de padre que debo de ser; por eso no soy la clase de esposo que debo ser; me molesta cada vez que mi hijo me pide tiempo, me molesta cada vez que mi esposa quiere hablar conmigo, me enojo cada vez que algo sale mal en la casa… porque he sido mediocre.»

Ese es el primer paso. Para resolver cualquier problema el primer paso es reconocer que tenemos el problema; si no lo reconocemos ¿cómo lo vamos a resolver? ¿Cómo vamos a buscar la ayuda que necesitamos para resolver el problema? Reconózcalo, «El que encubre sus pecados no prosperará.»

¿Cuántos cristianos meten su cabeza en la arena? En un hoyo como los avestruces y creen que ya está resuelto el problema. Dicen: «No, no existe el problema, no, no existe.» Cuando llega y le da el golpe, entonces está llorando, entonces sí ve las consecuencias y entonces quiere que el Pastor le resuelva sus problemas con una varita mágica. No, no encubra su pecado. En este día, honestamente, humildemente, venga delante de Dios y dígale: «Señor, sí es cierto, yo tengo ese problema, yo he sido un mediocre.»

Hay algunos que cantan muy bien.  ¿Usted cree que nada más de repente se pusieron en la mente la idea de cantar y ya cantaron? Yo sé que algunos tienen talento, algunos traen la habilidad, la capacidad innata de la música, tienen buena voz, tienen buen oído, saben entonarse… pero muchos no, han tenido que estar trabajando y trabajando, practicando y practicando, hasta que al fin, logran superar ese problema.

Pero por causa de no reconocer nuestro problema, ahí lo seguimos apapachando. «No, yo no tengo ese problema. Es cierto que el Pastor me pidió que yo fuera maestro de Escuela Dominical. Pero, es que yo tengo miedo de hablar al público, es que a mí me da mucho miedo, es que yo soy muy nervioso y yo nada más me paro ahí frente a la gente y tiemblo como una gelatina.» ¿Usted cree que todos los que estamos aquí al frente predicando, no tuvimos ese problema? Está comprobado que uno de los temores que tiene el ser humano es a pararse en público y hablar delante de toda la gente, no importa que el grupito sea de cinco personas, diez personas. Tenemos que superar ese problema, y si Dios ha puesto en nuestro corazón, en nuestra mente ese deseo, hágale caso a Dios. Él sabe que usted sí puede, sí puede. Nada más tiene que dejar su mediocridad.

«Ay, no, es que yo no sé ganar almas, y me da mucha vergüenza hablar.» Y de cuántas cosas habla, y habla de muchas cosas que no debería hablar; no me diga que le da miedo hablar, ¡claro que sabe hablar! Pero ¿sabe por qué no se atreve a hablarle a otra gente de Cristo? Por su mediocridad.

Reconozca su problema, ¡reconózcalo, admítalo! Porque si no lo reconoce, dice la Biblia: «tu pecado te alcanzará.» Un día, van a venir las consecuencias de nuestro pecado. ¡Créanlo! van a venir y nosotros como país estamos sufriendo las consecuencias de la mediocridad de todo mundo: nadie es responsable, nadie hace su trabajo, nadie cumple con responsabilidad; por eso vamos a una dependencia de gobierno y ahí nos entretienen quién sabe cuánto tiempo, por eso vamos a buscar tal o cual ayuda en un trabajo, y aunque estamos pagando, el maestro es irresponsable; el mecánico es irresponsable; el carpintero es irresponsable y muchos de esos son cristianos.

Primero: Reconozca. En segundo lugar: Confiéselo. Arrepiéntase de su pecado. Dice aquí: «El que encubre sus pecados no prosperará, mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.»  Reconozca que es un pecado, luego confiéselo. Diga al Señor: «Señor, perdóname. Yo quiero salir de este letargo, yo quiero salir de este hoyo, yo quiero salir de este problema que tengo.»

El tercer paso, necesita crucificar su carne. Porque la Biblia nos dice, ahí en el libro de Gálatas 5:19, «Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia,» y en el versículo 21: «envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas;» fíjense bien: «cosas semejantes a estas.» Añádale lo que quiera, pero veamos ahora el versículo 24: «Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.» ¡Crucifique su carne! porque la carne es perezosa, la carne es negligente, la carne es descuidada, la carne es apática, la carne es indolente; no le gusta trabajar, no le gusta sacrificarse, no le gusta sufrir, le gusta quedarse en la cama ahí acostado hasta las 10, 11 de la mañana, 12 del día ¿a poco no? ¿A poco cuando usted tiene que levantarse temprano, a las 5 de la mañana, 6 de la mañana a trabajar, usted se levanta pero si bien contento y gozoso: «¡qué bueno que me puedo levantar!»? No. Usted quiere quedarse ahí hasta las 10 de la mañana, 11 de la mañana, especialmente cuando está en conferencias y se queda toda la noche platicando de cosas que no debería platicar. Y esa es la razón por la que algunos hermanitos cuando van a conferencias, están durmiéndose, perdiendo el tiempo en realidad, malgastando el dinero porque luego ¿para qué venimos? Vamos a una conferencia y luego no escuchamos nada, no oímos nada, no sacamos nada de provecho… o lo que es peor, vamos a una conferencia y nos enojamos con mensajes como este. Crucifique su carne, ¡crucifíquela! Dígale al Señor: «Señor, mata esta carne, esta carne tan perezosa, esta carne tan sentida, esta carne tan negligente… ¡mátala, Señor!» Dice aquí la Biblia claramente que «los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.»

Cuarto paso para acabar con la mediocridad: debemos vigilarnos para no caer nuevamente en ese pecado. Porque qué fácil, nada más cerramos los ojos y ya, otra vez estamos en el mismo hoyo.

Quinto paso, ataque un problema a la vez. No trate de resolver todos los problemas de un solo jalón porque no va a poder, y se va a desanimar, y se va a hacer más mediocre. Por ejemplo, ¿no ha leído la Biblia diariamente?, ¿no ha orado?, ¿no ha ganado almas?, ¿no ha asistido fielmente a la Iglesia?, ¿no ha diezmado?, ¿no ha tratado a sus hijos como debe tratarlos? Yo le recomendaría que se tratara la meta, por lo menos durante 15 días, de atacar un problema. Propóngase como meta, durante 15 días como mínimo, leer la Biblia diariamente; no ataque los demás problemas: uno por uno. Haga una lista de todos sus problemas y empiece a atacar uno, hasta que se convierta en un hábito positivo en usted. Ya logró durante un mes, leer la Biblia diariamente, siga con ese buen hábito… pero ahora ataque otro problema, el no orar; ¡uno por uno! Repito, no intente resolver todos los problemas de un jalón porque no va a poder, y se va a desanimar y va a decir «¡no se puede!, ¡no se puede!, ¡no se puede!» Trate de evitar que salgan de su boca malas palabras, ataque ese problema: uno por uno a la vez.

¿Qué es lo que sustituye a la mediocridad? La Biblia nos dice que Dios nos creó, y Dios nos creó con un espíritu de superación, es parte de nuestra naturaleza; Dios nos creó con el espíritu de salir adelante, de superarnos, de alcanzar nuevas metas. Cada cuatro años se celebran los Juegos Olímpicos, y eso nos prueba que efectivamente, el ser humano tiene la capacidad de superarse: siempre se están rompiendo nuevos récords, siempre se están alcanzando nuevas metas, siempre se está logrando algo más.

Que esas mismas habilidades, que esos mismos talentos que tiene toda la gente, los utilizáramos para hacer la obra de Dios ¿dónde estaríamos ya?, ¿dónde estaría la obra de Dios? Pero desgraciadamente, dejamos que este mundo utilice todas esas habilidades, todo ese espíritu de superación para cosas perversas, diabólicas muchas de ellas, porque cada vez inventan más y más formas de pecar. Y tratan de rociar, regar su pecado en toda la raza humana. ¿Y nosotros los cristianos? De hecho, ¿cuántas veces ganando almas, personas me han dicho: «No, yo no voy a esas Iglesias, porque los cristianos son unos mediocres»? les lavan el coco ahí, y ya los tienen como robots. ¡Qué lástima que en muchos casos sí tienen razón!, ¿verdad?

No estoy diciendo que debemos de buscar un materialismo, no. Hay una línea tan delgada entre lo que es mediocridad y lo que es materialismo, que a veces nosotros nos justificamos diciendo: «no, es que yo no soy materialista,» y por eso caemos en la mediocridad.

Yo no estoy diciendo que debemos de trabajar para amontonar riquezas, sí es que Dios no nos las da; porque yo creo que Dios puede bendecir, dice la Biblia que la bendición de Jehová eso trae, precisamente, como consecuencia, pero dice que «no añade tristeza con ella,» y Dios puede bendecir, y yo conozco algunos hermanos en nuestra Iglesia que han prosperado materialmente en una forma increíble, y es la bendición de Dios, de eso a mí no me cabe la más mínima duda. Yo no creo que nosotros debemos de correr detrás de las cosas materiales, pero que eso no sea pretexto para decir: «Bueno, aquí me conformo con mi chambita, la voy a hacer mediocremente, y ahí a ver qué sale.» No. Sí usted es carpintero, debería ser el mejor carpintero del mundo; si usted es mecánico, debería ser el mejor mecánico del mundo; si usted es doctor, debería ser el mejor doctor del mundo.

Dios necesita ese tipo de personas también y Dios quiere que usted sea esa clase de cristiano.

Lo que sustituye la mediocridad, es la disciplina, las metas, la diligencia.

Mire nada más un ejemplo de esto, en 2 Crónicas 32:5, dice la Palabra de Dios: «Después con ánimo resuelto edificó Ezequías todos los muros caídos, e hizo alzar las torres, y otro muro por fuera; fortificó además a Milo en la ciudad de David, y también hizo muchas espadas y escudos.» Ezequías fue uno de los mejores reyes que tuvo la nación de Judá. Dice la Palabra de Dios aquí que «con ánimo resuelto,» con determinación, con decisión dijo: «vamos a reconstruir estos muros, vamos a levantar esta ciudad, vamos a hacer lo que tenemos que hacer,» no solamente eso, en el libro de Isaías 38:1-5, tenemos que la Palabra de Dios nos habla de este mismo rey: «En aquellos días Ezequías enfermó de muerte. Y vino a él el profeta Isaías hijo de Amoz, y le dijo: Jehová dice así: Ordena tu casa, porque morirás, y no vivirás. 2 Entonces volvió Ezequías su rostro a la pared, e hizo oración a Jehová, 3 y dijo: Oh Jehová, te ruego que te acuerdes ahora que he andado delante de ti en verdad y con íntegro corazón, y que he hecho lo que ha sido agradable delante de tus ojos. Y lloró Ezequías con gran lloro. 4 Entonces vino palabra de Jehová a Isaías, diciendo: 5 Ve y di a Ezequías: Jehová Dios de David tu padre dice así: He oído tu oración, y visto tus lágrimas; he aquí que yo añado a tus días quince años.»

¿Qué hizo Ezequías en esos 15 años? Una de las grandes cosas que hizo Ezequías en esos quince años se nos narra que Ezequías se esforzó, fue con ánimo resuelto, decisión, determinación. En Proverbios 25:1, nos dice la Palabra de Dios: «También estos son proverbios de Salomón, los cuales copiaron los varones de Ezequías, rey de Judá.» ¿Sabe yo qué creo que hizo Ezequías en esos quince años más que Dios le regaló de vida? Él no fue mediocre, él dijo: «Señor, tú me has regalado este tiempo, quiero aprovecharlo bien.» Él recopiló todo el Antiguo Testamento hasta donde existía. Él trajo varones sostenidos por él y dijo: «recopílenme todo el Antiguo Testamento.» Y en mi opinión, tenemos gran parte del Antiguo Testamento, como lo tenemos hoy en día, gracias al rey Ezequías.

¿Sabe usted qué me dice eso? Que si usted se traza metas, que si usted se disciplina, que si usted deja a un lado la negligencia, la apatía, la indiferencia, la mediocridad, usted puede lograr algo para Dios; y a lo mejor nadie lo sabe, ¡pero qué importa! Usted no lo está haciendo para los hombres, usted lo está haciendo para Dios.

Mire, un estímulo para dejar la mediocridad. En Mateo 13:10-12 nos dice: «Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas? 11 El respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado. 12 Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.» Al que tiene, dice la Biblia, y es diligente, y es responsable, y es cumplido, se le  va a dar más; pero al que no tiene,       o que recibió, pero ha sido descuidado, (como ese siervo malo y negligente, que a pesar de que recibió un talento fue y lo enterró y no lo puso a trabajar,) aún lo que tiene le será quitado.

Y veamos ahora Mateo 13:13-17, «Por eso les hablo por parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden.» Noten, oyen y ven, pero no quieren entender; no quieren entender, no quieren ver lo que es real delante de sus ojos: «14De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dijo: De oído oiréis, y no entenderéis; Y viendo veréis, y no percibiréis. 15 Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, Y con los oídos oyen pesadamente, Y han cerrado sus ojos; Para que no vean con los ojos, Y oigan con los oídos, Y con el corazón entiendan, Y se conviertan, Y yo los sane» ¿Sabe por qué estos no quieren oír?, ¿sabe por qué no quieren ver?, ¿sabe por qué no quieren cambiar? Porque son mediocres. Ven, oyen, entienden… pero están contentos con sus pecados. Por eso es que Cristo dice que les hablaba con parábolas, «porque viendo, no ven, porque oyendo, no entienden.»

Pero luego nos dice: «16Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen. 17 Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.» Lo que aquí Cristo está diciendo es: «Ustedes son más bendecidos que los antiguos.»

Nosotros somos más bendecidos, porque los antiguos, las personas del Antiguo Testamento, oían que iba a venir un Redentor, oían que iba a venir un Mesías, oían que iba a venir un Dios hecho hombre.

Nosotros oímos y conocemos lo que ya ocurrió, aquí tenemos el testimonio fehaciente de eso. Usted y yo somos más bendecidos que los del Antiguo Testamento. Son palabras de Cristo. Es pues, la mediocridad, el problema más grande que muchos de nosotros tenemos.

Aceite Fresco

ACEITE FRESCO

Por el Pastor Jack Hyles

«Y Samuel tomó el cuerno del aceite, y lo ungió en medio de sus hermanos; y desde aquel día en adelante el Espíritu de Jehová vino sobre David. Se levantó luego Samuel, y se volvió a Ramá.» 1 Samuel 16:13.

Aquí David era sólo un jovencito que se dedicaba a cuidar las ovejas de su padre.  Samuel entonces viene a la casa de Isaí y le dice que uno de sus hijos iba a ser ungido rey.  Isaí hace venir a cada uno de sus hijos y Samuel una y otra vez le dice: ­»No. Este no es. Este no. Este tampoco.» Y así sucesivamente. Hasta que le dice: «¿Tienes más hijos?» Isaí responde: «Bueno, tengo uno más. El bebé de la familia y ahorita se encuentra cuidando las ovejas.»  Samuel le dice: «Manda a traerlo, porque no vamos a comer hasta que él venga.» Luego llega David y es ungido por Samuel.

2 Samuel 2:4 dice: «Y vinieron los varones de Judá y ungieron allí a David por rey sobre la casa de Judá. Y dieron aviso a David, diciendo: Los de Jabes de Galaad son los que sepultaron a Saúl.»  Yo pensé que David ya había sido ungido por Samuel. Pero eso no es todo, note 2 Samuel 5:3 lo que dice: «Vinieron, pues, todos los ancianos de Israel al rey en Hebrón, y el rey David hizo pacto con ellos en Hebrón delante de Jehová; y ungieron a David por rey sobre Israel.» Esta es la tercera vez que David es ungido rey. Primero cuando era un pastorcito de ovejas, después cuando lo ungen rey de una porción de la casa de Judá y la tercera vez es ungido rey sobre todo Israel.  Por eso es que David dice en el Salmo 92:10: «Pero tú aumentarás mis fuerzas como las del búfalo; seré ungido con aceite fresco.»

Cuando era un pequeño niño, yo era muy tímido y miedoso.  Mi padre era un alcohólico. Mis memorias de aquellos tiempos, era cuando mi papá llegaba a casa borracho, tal vez golpeando con el carro el árbol que estaba afuera de la casa, mi mamá llorando y pidiendo a él que fuera un padre decente. Vine a ser un niño muy nervioso, muchas veces en la iglesia mi mamá tenia que sacarme, porque tenía miedo y comenzaba a llorar incontrolablemente. Estoy hablando de cuando tenía ocho, diez y hasta trece años.  Empezaba a llorar en la iglesia, era tan solo un pequeño. El Hermano MacRoy, nuestro pastor, detenía el servicio y decía: «Hermanos, tenemos que dejar que la hermana Hyles lleve al pequeño Jackie a la casa.» Tal como cuando sacas a un bebé del servicio. Mi mamá me trataba de calmar y yo no podía controlarme. Tenía presión alta, a veces faltaba a la escuela, tenía tan alta presión que hasta hablaban de la escuela para ver como estaba o mandaban a una enfermera para que me checara. Siempre era el flaquito, pesaba aproximadamente 45 kilos cuando cumplí 17 años. Me llamaban el niño Jackie. Sí hubieran votado por el menos afortunado, yo hubiera ganado eso. Amaba los deportes, pero yo era demasiado pequeño para jugar. No salía con las muchachas, porque yo tenía 17 años y las que eran de mi tamaño eran las niñas de 10 o 12 años.

Nadie me tomaba en serio. A la iglesia a la que yo iba, también asistía el hno. Joe Boyd. Joe Boyd es mi héroe. Él es diez años mayor que yo. Aunque yo se que parece que es 25 o 30 años mayor que yo. Joe vivía a dos cuadras de mí casa. Joe pertenecía a la pandilla de la calle Britney y era una de las pandillas más temidas.  Mi mamá me decía, si ves que viene Joe, regrésate pronto a casa. Él pesaba aproximadamente 110 kilos, yo pesaba 45 kilos. Joe era un jugador de futbol americano, boxeador y luchador de lucha grecorromana. El era lo máximo. Todos nosotros en la iglesia admirábamos por donde él caminaba, aunque el camino por donde él caminaba era pecaminoso.

Yo estaba en la iglesia el día en que Joe Boyd se puso a cuentas con Dios. Yo estaba allí, cuando dio su vida para predicar el evangelio. Nunca voy a olvidar lo que nuestro pastor dijo. Paró el servicio y dijo: «Hermanos, ¿Adivinen qué? El jugador de futbol americano ha rendido su vida para predicar el evangelio.» Los hermanos decían: «¡Gloria a Dios! ¡Bendito sea el Señor!» Todos decían: «Joe Boyd va a ser un predicador.» Podíamos imaginar que Joe Boyd podía ser ladrón o asesino, pero no predicador. Yo les dije a mis amigos: «¡Carambas! Joe Boyd va a ser predicador.»

Una noche mientras Joe Boyd estaba sentado atrás de mi, algunas cuantas bancas, Dios me llamó a predicar. Y Dios me dijo: «Jack, quiero que seas predicador.» Y yo contesté: «¿Cuál Jack?» Y Él me dijo: «Tú.» Yo era tímido y le dije a Dios: «Ellos se reirán de mí y de Ti. De mí porque yo no puedo predicar y de Ti porque hiciste una elección muy pobre. Se van a reír de mí.» Pero Dios me dijo: «Yo quiero que seas predicador.»

Mientras se daba la invitación, una jovencita adolescente, (ella no sabía pero el Espíritu Santo la guió para que me escribiera) me escribió en un papelito: «Jack, ¿Por qué no te rindes para predicar?, yo sé que Dios te está llamando.» Caminé por el pasillo y le dije a mi pastor. «Pastor, Dios me ha llamado a predicar.» Nunca se me va a olvidar lo que el pastor me dijo. El pastor se quedó pensando y de forma dudosa me dijo: «¿Estás seguro?» Yo le dije: «Sí pastor, estoy seguro.»

Cuando Joe Boyd se rindió a predicar, el pastor dijo: «¡Gloria a Dios, Aleluya!» Pero cuando yo me rendí a predicar, dijo: «Hermanos, ustedes saben que Dios es un Dios de milagros, es el Dios que partió el Mar Rojo, es el Dios que  hizo que se parara el sol, y es el Dios que aun puede obrar milagros, el pequeño niño Jackie Hyles se a rendido para servir al Señor, para predicar el evangelio.» Y nadie dijo ¡Amen!, nadie dijo ¡Gloria a Dios! Algunos, lo único que pudieron decir fue: «¡Oh! ¡Señor!» Nadie estaba contento.

Recuerdo que fue en la noche de año nuevo de 1944. Muy tarde a media noche el 1º de Enero de 1945, yo ordeñé las vacas afuera, y levante mis ojos al cielo de Texas y le dije: «Señor, yo no soy tan grande como Joe, y no soy tan fuerte como Joe, no puedo darte tanto como Joe te puede dar, pero puedo darte tanto como Jack Hyles puede darte.» Y Dios sabe que es verdad, si un niño le da su todo a Dios, Él puede usarlo de alguna forma. De cualquier forma, nadie quería que yo le diera algo de mi, pero Dios ha hecho tanto con eso poquito que yo le di esa noche.

Mi papá no vivía con nosotros. Mi papá y mi mamá estaban separados. Era el día de año nuevo. Mi papá llamó por teléfono. Mi papá me habló y me dijo: «Hijo, te veo en el centro de Dallas, quiero verte.» Lo vi por diez o quince minutos. Me dio cinco dólares para llevarlos a casa. Sólo pase unos cuantos minutos con mi papá. Me subí en el transporte público, y fui a la esquina de la calle de Commerce y Akard, la esquina de los jugadores de futbol.  En una esquina se encontraba un Banco, un Hotel en la otra esquina, y la tienda de licor en otra esquina.  Mi papá me dijo que lo viera enfrente de la tienda de licor. Allí estaba mi papá, el primer día de año nuevo de 1945. Por cierto, mi papá odiaba a los predicadores, si alguien odiaba a los pastores era él. Él pensaba que todos los pastores querían dinero. Le dije: «Papá, tengo algo que decirte, Dios me ha llamado a predicar. Me llamó para que viva mi vida siendo un predicador.» Mi papá pesaba 120 kilos, había sido luchador profesional cuando era más joven.  Mi papá sacó su brazo tan grandote, me pegó y me aventó contra la pared de esa tienda de licores, me maldijo y me llamó de nombres. Finalmente estaba yo tan débil que caí y me pateó en un costado y me maldijo y me dijo: «Tu eres un triste hijo…» Y me comenzó a maldecir. «Me avergüenzas. ¡¿Cómo es que quieres ser un triste predicador?! Empezó a cruzar la calle, una pequeña multitud se juntó, yo estaba tirado allí en la banqueta, mi papá regresó, cruzó otra vez la calle, me volvió a patear y a maldecir y me dijo: «Si vas a ser un pastor, más vale que levantes la iglesia más grande del mundo.» Después de 25 años, recibí una placa que decía: «La Escuela Dominical Más Grande del Mundo» Me apuré para irme a mi oficina, caí sobre mi rostro y le dije: «Papá, hice lo que me dijiste, hice lo que me dijiste.»

Después de que fui llamado a predicar, un hombre llamado Dan Davis, me preguntó si yo podía predicar por él en una Iglesia Bautista de Dallas, Texas. Yo le dije: «¡Claro!» Tenía que predicar el miércoles por la noche, nunca lo había hecho y nadie me dijo que yo tenía que estudiar. El pastor de nuestra iglesia siempre que oraba antes de empezar el servicio decía: «Señor, guíame en todo lo que yo tengo que decir.» Yo suponía que eso era exactamente lo que pasaba. Eso fue lo que dije: «Dios, guíame en todo lo que yo tengo que decir.» Un diacono de la iglesia me presentó y dijo: «Nuestro pastor está de vacaciones pero no dejo el pulpito vació.» (Yo diría que casi lo dejó vació)  «Tenemos al joven hermano Jack Hyles aquí esta noche, estamos listos para oír lo que Dios puso en su corazón.» Mi pensamiento en ese momento fue… «Yo no sé de él, pero yo también estoy listo para ver que es lo que Dios pone en mi corazón.» Me paré, y ¿sabe? a Dios se le olvido poner algo en mi corazón. Empezaba y paraba. Empezaba y paraba. Usted sabe como es eso. Después de tres minutos dije: «Hermanos, sí que está haciendo calor aquí. Dios me llamó a predicar, pero no sé cómo hacerlo.» Y me senté. Los hermanos se acercaban a mí para tratar de consolarme. Mi mejor amigo se me acercó y me dijo: «Jack, no te metas en esto de predicar.»

Vi a un hombre no hace mucho en Texas, (esa noche en el servicio prediqué en esta iglesia aproximadamente una hora y media,) esté hombre me dijo: «No puedo creerlo, no puedo creerlo. La primera vez que predicaste en la Iglesia Bautista de Dallas, Texas, sólo tardaste tres minutos y ahora no puedo creer que puedas predicar una hora y media.» Y continuó diciendo: «Aunque me gustaron más tus tres minutos.»

Fui al Colegio Bautista de Texas, las primeras semanas allí, el profesor de Psicología, se me acercó y me dijo: «Tú eres nuevo en la escuela, ¿verdad?»­ -«Sí,» le respondí. «¿Eres predicador?» Yo pensé, «Pues sólo tengo tres minutos de experiencia.» Y le respondí que si a su pregunta. (Y claro le pedí a Dios que me perdonara.)  El dijo: «Estoy predicando en un avivamiento en norte y sur de Marshall, la próxima semana y no he podido encontrar alguien que me ayude, todos los jóvenes predicadores están ocupados. ¿Irías tú a predicar conmigo?» Le respondí: «Sí, yo voy.»

El próximo domingo en la mañana, estaba sentado enfrente. No tenía mensaje, (tenía el mismo mensaje de la vez pasada, que sólo duraba tres minutos.) Me paré, no recuerdo que Salmo fue el que predique, recuerdo que abrí mi Biblia y donde se abrió, eso fue lo que leí.  Yo solo leía el versículo y gritaba repitiendo algunas partes del versículo. Después que me di cuenta ya habían pasado 15 minutos. Solo leyendo y gritando, leyendo y gritando. Pasaron 30 minutos y yo seguía leyendo y gritando. ¡Oiga usted! Pasaron 45 minutos y yo seguía leyendo y gritando, leyendo y gritando. Y ¡Gloria a Dios! ya han pasado 35 años y yo sigo leyendo y gritando, leyendo y gritando. Después de que termine de predicar, se acercó a mí un diacono y me dio un cheque y yo le dije: «¿Para qué?» «Doce dólares,» me dijo.  -«Sí, pero ¿para qué? ¿Qué hice que me esta dando dinero? A mi nadie me da dinero.» Me dijo: «Este dinero es por predicar.» Le dije: «Escúchame amigo. Usted no me va a comprar. He oído de gente como usted. Está perdiendo el tiempo. Llévese su dinero. Mientras yo viva, me voy a parar por el Señor en lugar de aceptar dinero por predicar el glorioso evangelio de Jesucristo.» (Le quiero decir a mis diáconos que he cambiado mucho acerca de esto.)

Después de unas pocas semanas me llamaron para que pastoreara mi primera iglesia, si es que se le puede llamar iglesia, una iglesia con 19 personas. Era un pequeño edificio, las paredes parecían que se iban a caer, pero gracias a Dios las mantuvo de pie. Ni siquiera había baño, el baño era afuera. Solamente una persona en toda la iglesia tenía teléfono, pero ni siquiera se oía cuando sonaba. Había una hermana que podía tocar un solo himno en el piano, todo lo que ella podía tocar era «En la Cruz», así que todo lo que cantábamos era con el tono de «En la Cruz.» Trata de cantar todos los himnos con el mismo tono y vas a ver que problemas vas a tener.

Nadie vino al altar el primer domingo, el segundo domingo nadie vino al altar, y el tercer domingo nadie vino al altar y por todo el año nadie vino al altar. Nadie fue salvo, nadie cambio su membresía  a la iglesia por medio de carta, ninguna persona rededicó su vida al Señor, nadie se bautizó, por todo un largo, vacío y miserable año.

Me salía al patio de atrás, antes de predicar. Y le decía al Señor: «¡Oh, Señor! Estoy apunto de morir, no puedo ser un predicador así, nadie es salvo, ni domingo en la mañana, ni domingo en la tarde, nadie esta siendo salvo, no puedo hacerlo.» A veces me iba afuera de la ciudad, al campo, donde había muchos pinos, durante la noche y le decía al Señor: «No puedo ser un predicador así, no puedo hacerlo, no puedo hacerlo. No soy un predicado, no lo soy, no lo soy.»  Algunos de ustedes predicadores se sienten así, en este momento, pero dices: «Yo quiero pagar el precio, quiero la llenura del Espíritu Santo, para mí y para mi ministerio. Quiero saber lo que es oír Su voz cuando yo predico, cuando yo hablo.»

Fui a la librería del Colegio, tomé todas las biografías de todos los grandes hombres que yo pude encontrar. Leí docenas y docenas de biografías. Leí la vida de D.L. Moody, mi corazón ardía dentro de mí al leer como dos hermanas en la iglesia le decían a él: «Pastor Moody, Dios tiene mucho más para usted, Dios tiene mucho más para usted.» Él decía: «No, no oren por mí. Tengo 2, 3,5 o 10 salvos cada vez que predico. No oren por mí.» Pero ellas le decían: «Hno. Moody, Dios tiene un poder para usted que todavía usted no tiene. Dios quiere que tenga Su poder.» Un día mientras D. L. Moody estaba en Nueva York, en una calle, colectando dinero para una campaña, sintió cuando de pronto el aliento de Dios vino sobre él que lo tumbo al pavimento. Se paró y se fue rápido a su cuarto de hotel, cayó sobre su rostro, habló con Dios y nunca más volvió a ser el mismo después de eso. Siguió usando el mismo mensaje, pero en lugar de solo tener 5 salvos, tenia 50 salvos, mismo pasaje, misma ilustración, pero en lugar de 10 ahora son 100 salvos.

Puedo recordar que yo era aquel joven predicador de un pequeño pueblo, que no podía tener ningún salvo.  No sabe usted como estaba mi corazón ardiendo. Yo le dije al Señor: «¡Oh Dios! Tú pudiste hacer esto en 1849 y lo puedes hacer en 1950.»

Leí la historia de Christmas Evans. De cómo él en una ocasión, mientras estaba cabalgando, se sintió tan mal de su condición, que se puso de rodillas sobre su rostro al lado de su caballo, y el poder de Dios vino sobre él y nunca volvió a ser el mismo después de esto. Mi corazón ardía más con esto.

Usted puede pensar y decir lo que quiera, me puede llamar como quiera pero hay algo que no necesariamente lo obtienes con la salvación, y es el predicar el evangelio con el poder, con la llenura del Espíritu Santo. No estoy hablando de ese poder del que tanto presumen los carismáticos, no estoy hablando del hablar en lenguas, estoy hablando del poder del Espíritu Santo.

Leí la historia de Mr. Rullof. De cómo llegó a la iglesia el domingo en la mañana, se paró y no predico por cinco horas porque decía que no tenía el poder. El dijo: «No puedo predicar. No lo haré.» Y estuvo de pie por una, dos, tres, hasta cinco horas y la gente hambrienta se quedó allí esperando hasta que predicó con poder. Mi pequeño corazón tejano, se quemaba sólo dentro de mí. Y le decía: ¡Oh Señor! Eso puede ser, puede ser cierto en mi.

Tomé la biografía de Charles Finney y leí acerca de su vida. Él habla de cómo cuando él fue salvo, fue lleno del Espíritu Santo. John Wesley dijo, de cómo el 3 de Octubre de 1738, a las 3 de la mañana, después de estar orando toda la noche, como fue llenó del Espíritu Santo. Y él supo que por primera vez en su vida, tenía la llenura del Espíritu Santo.

Leí sobre George Fox de como él ayunó por 15 días, estuvo orando y el Espíritu Santo vino sobre él. Leí de Peter Cartwright, quien cuando predicó su primer mensaje el poder de Dios vino sobre él.

Domingo tras domingo predicaba. Yo no pesaba mucho, sólo 65 kilos. Perdí peso y llegué a pesar 60 kilos. Desayunaba, pero tenía que salirme por atrás de la iglesia y todo el desayuno lo vomitaba. Iba al pulpito y le decía al Señor: «¡Oh, Señor, oh Señor! Haz algo, haz algo.»

Mis diáconos llamaron para tener una reunión, me dijeron: «Pastor, estamos preocupados por usted. Estamos muy preocupados, ¿qué le pasa? Tiene que comer, tiene que cuidarse.» Mi mamá me decía: «Hijo, estás perdiendo peso, tienes que cuidarte.» Yo les dije: «Soy un predicador sin poder y no sirvo para predicar.»

«Por el amor de Dios, pastor, no le mienta a su gente. Póngase de rodillas sobre su rostro y espere, espere, espere en el Señor,» ellos me dijeron. La Biblia dice en Isaías 40:31: «Los que esperan a Jehová tendrán fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.»

En la autopista 43 entre Marshall, TX. y Henderson, TX., yo andaba entre los pinos, a media noche. Detuve mi carro a lado del camino. Usted hubiera visto a este pequeño predicador, diciendo: «¡¿Dónde está el Dios de Elías?! ¡¿Dónde está el Dios de Elías?!» Y lloré y lloré. Fui a mi pulpito y nada pasó. Y oré a Dios otro poco. En Mayo 12 de 1950, me tiré encima del follaje en el bosque. Había orado toda la noche. Y dije: «¡Oh, Dios! No me importa lo que sea, yo quiero pagar el precio.» No sabía lo que eso significaba. A las 6:00 de la mañana, después de haber orado toda la noche, regrese a casa y  desayuné. Me senté en la sala. Eran como las 10:00 de la mañana. Me puse a leer el periódico. El teléfono sonó. «Llamada de larga distancia para el pastor Jack Hyles,» dijeron del otro lado del teléfono. Yo le dije: «Yo soy Jack Hyles.» Me dijo: «Soy Smith, yo trabaje muchos años con su padre poniendo tabla roca. Hno. Hyles,» y con un nudo es su garganta me dijo, «su papá acaba de morir de un ataque cardiaco.»

Yo dije: «Señor, yo no quise decir eso, no quise decir eso, mi papá no era salvo.» Mi papá desde que yo sé, tenia aliento alcohólico. Me tiré en el  piso y le dije a Dios: «Yo no quise decir eso de querer pagar un precio. Yo sólo estoy tratando de predicar, Tú lo sabes. Yo no te pedí que te lo llevaras.»

Manejamos hasta Dallas, a la casa Funeraria O’Neil, el mismo lugar en donde se veló al presidente Kennedy. Me paré a un lado del féretro. Y miré a la cara de mi padre, y lo toqué, y recuerdo de que tan frio él estaba. Miré a su cara y sentí una mano en mi hombro, me di la vuelta, pero nadie estaba allí, nadie estaba alrededor y el Señor me dijo: «Yo sostengo a mis predicadores con mi mano derecha.» Después de eso enterramos a mi papá en un pequeño pueblo llamado Lily, Texas. Lo enterramos junto con dos pequeñas hijas de mi mamá, que ya estaban allí enterradas.

Todos fuimos a casa, pero no mucho después yo regresé y me tiré sobre la tumba de mi papá. Y le dije: «Amado Dios, no me voy a ir de aquí hasta que Tú hagas algo.» Mi papá sólo me escuchó predicar dos veces en el año antes de morir.  Se sentó allí, un domingo en la mañana, en una de las bancas del frente. Yo le rogué que fuera salvo y él no lo hizo en esa ocasión. Él me dijo: «Voy a ir a Dallas y en la primavera yo voy a regresar, y voy a ser salvo y ¿Qué te parece si me bautizas?» Pero él nunca regresó. No sé cuánto tiempo estuve sobre la tumba de mi papá. Alguien que me conocía muy bien me dijo que estuve ahí muchos días, yo no tengo ni idea. Todo lo que sé, es que cuando me puse de pie y prediqué el domingo por la noche, prediqué y la invitación tardó hasta las 11:15 de la noche.

Pastor, predicador, no importa cuánto pienses que tú ya has aprendido, si el Espíritu Santo no está sobre ti, estás perdiendo el tiempo. No importa cuánto tu hayas aprendido de finanzas en la iglesia, cuanto hayas aprendido de el club de los pescadores, cuanto hayas aprendido de construir tu escuela dominical, cuanto hayas aprendido de ministrar a los huérfanos, no importa cuánto tú sepas, si el poder de Dios no está sobre ti, entonces estas desperdiciando tu tiempo.

Recuerdo al pastor Akerman de la Primera Iglesia Bautista de Hollywood, Florida. Teniendo una asistencia de unos cien, en una pequeña iglesia, vino a una conferencia de Pastores aquí a Hammond, IN. Él me dije que nunca había estado tan desanimado en su vida. Estuvo aquí una semana. Y Dios comenzó a hablarle al corazón. Un día después de la conferencia, de regreso a sus iglesias, iban pasando por un pueblito, cuando de repente el pastor Akerman le dijo al pastor Jim Masten, mientras iban en el carro: «Detente.» Bajaron del carro, se postraron en sus rostros e hicieron un altar ahí al lado de la carretera y el poder de Dios vino sobre esos dos hombres. Jim se fue a Wisconsin y levantó una gran iglesia. El Pastor Akerman ahora tiene una iglesia de 3000 en la Escuela Dominical y la misma cosa te puede pasar a ti. Sí pagas el precio y no te quedas siendo un predicador sin poder. No tienes que ser un predicador sin el poder. ¡No, no, no, no tienes que ser un predicador sin poder! El poder que Dios le dio a Billy Sunday, Tom Malone, Bob Gray, John Rice, Bob Jones Sr. o a mí, es para ti.

Recuerdo como solía sacar la Biblia, leía Lucas 3:16 «respondió Juan, diciendo a todos: Yo a la verdad os bautizo en agua; pero viene uno más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de su calzado; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.»

Hechos 1:4 «Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí

Lucas 24:49 «He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto.»

Hechos 1:8 «Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra

Hechos 2:7 «Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan?» (Estaban llenos del Espíritu Santo)

Efesios 5:18 «No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu

Espere un minuto…el error viene cuando nosotros pensamos que todo lo que necesitamos es al Espíritu Santo una vez. David dijo: «Tengo que ser ungido con aceite fresco.» El fue ungido de jovencito, y luego una vez más como adulto para ser el rey de Judea fue ungido, y otra vez más cuando ya era grande, cuando fue proclamado rey de todo Israel fue ungido. Entre más crezca tu ministerio, entre más tengas responsabilidades, necesitas renovar tu ungimiento del Espíritu, con aceite fresco.

Recuerdo que una pequeña iglesia de 44 personas me llamó en Garland, Texas para que yo fuera su pastor. En nuestro primer aniversario tuvimos 617, en nuestro segundo aniversario 1780, en el tercer aniversario 2012, en el cuarto aniversario tuvimos 3163 de asistencia.

El 31 de Diciembre de 1954, fui a mi oficina, a medio día y le dije al Señor: «Mi Dios, la iglesia es muy grande para mí.» En ese tiempo yo no sabía que debía de llevar algún tipo de archivo de la iglesia. Cuando yo fui al colegio, tomé el curso de biblia, así como maestro de enseñanza secundaria. Porque yo pensaba que la iglesia que yo pastoreara no me iba a poder pagar un sueldo completo, entonces yo iba a poder trabajar durante el día en alguna escuela para solventar mis gastos y además, influir en la vida de mis estudiantes.  No había escuelas cristianas en esos días, yo iba a trabajar en alguna escuela pública de un pequeño pueblo. Y de repente yo me encontraba diciendo: «No se como guiar a esta iglesia, esta creciendo y yo nada mas ando aquí sin saber qué hacer con esta iglesia tan grande.» La iglesia se había puesto muy grande y yo no sabía como guiarla.

Era el 31 de Diciembre de 1954, cuando entre a esa pequeña oficina. Yo le dije al Señor, «Señor, tengo que irme. La iglesia es tan grande, y no soy un buen predicador.» (Y aun no lo soy,) Le dije: «Necesito irme de aquí, dame una pequeña iglesia. Déjame empezar otra vez desde el principio. No puedo pastorear a toda esta gente. No sé cómo hacerle» Tomé un pequeño papel, y en ese papel escribí: «Queridos hermanos, esta es la cosa más difícil que he hecho en toda mi vida, pero la iglesia se ha puesto demasiado grande para mi. Los amo como amo a mi propia vida, pero, no puedo pastorear la iglesia, es demasiado grande para mi, en treinta días presentaré mi renuncia.» Puse esa renuncia enfrente de mí y me puse de rodillas y dije: «Querido Señor, sí no haces algo por mí de hoy a mañana, voy a tener que leerla. ¡No sé qué hacer!» Oré, oré de las 11:00 p.m. a las 11:30 p.m., a las 12:00, a las 12:30, hasta la 1:00 a.m. A la 1:00 a.m. alguien tocó a la puerta y esa carta seguía enfrente de mí. Era uno de los diáconos de la iglesia, el hno. S.O. Burnett; quien se encuentra ya en el cielo; estaba parado frente a mi puerta con lágrimas en sus ojos y me dijo:»Pastor, ¿Qué le pasa a mi pastor? ¿Qué le pasa a mi pastor?»  -«A que te refieres,» le dije.  -«No pude dormir, Dios me despertó y me dijo que algo le pasaba a mi pastor.  Corrí a su casa para ver sí estaba aquí, por eso vine. ¿Qué le pasa a mi predicador?» Y yo le enseñe mi renuncia. El me abrazó y lloró y me dijo: «Pastor, no nos puede dejar, usted nos ganó a todos para Cristo. Todos nosotros somos sus bebés, nosotros no vamos a saber que hacer sin usted. No podemos tener  la Iglesia Bautista de Miller Road sin usted, no puede dejarnos.»

«No puedo, no puedo, no soy lo suficientemente bueno como predicador, no puedo,» yo le respondí. Él me dijo: «Vamos a orar.» Él oró, yo oré. Oramos desde la 1:30 a.m. a las 2:00, de las 2:00 a las 2:30, de las 2:30 a las 3:00 y así hasta las 6:00 de las mañana. A las 6:00 de las mañana, ¡algo maravilloso paso en mí! No puedo explicarlo, pero sentí la mano del Señor otra vez, y le dije al hermano Burnett: «Yo creo que Dios hizo algo por mí.» Y él me dijo: «Eso quiere decir que no se va.» Le dije: «Yo te lo haré saber en unas cuantas horas.» Me abrazó, me levantó y me dio vueltas y vueltas diciendo una y otra vez: «No se va a ir, verdad. No se va a ir, verdad. No se va a ir.»

Esa mañana, me levanté a predicar. ¡Oh! Me hubiera gustado que tú estuvieras ahí. Algo vino sobre este predicador, quiero decir: «Aceite fresco, Aceite fresco, Aceite fresco.» Cuando termine de predicar, uno por uno me decía: «¡¿Qué le pasó a usted?!» Y tomé esa carta de renuncia y la partí en pedacitos. Y dije: «¡Bendito sea el Señor! Me quedo, me quedo. No me voy a ir.» ¿Por qué? ¿Sabes? Tú no necesitas un nuevo campo, lo que tú necesitas es una nueva unción de aceite nuevo del Espíritu Santo. Tienes que decir hoy: «Yo le prometo a mi Dios, por la Gracia de Dios, que voy a buscar un lugar para orar porque quiero tener aceite nuevo en mí. No voy a ser un predicador sin poder. ¡No, no, no!» El ungimiento del Espíritu Santo es lo que tú necesitas.

Tuvimos un maravilloso ministerio allí, yo pensaba que allí iba a pasar mi vida. Todos en la iglesia eran jóvenes como yo. Había muy pocos que tenían más de treinta. Teníamos una maravillosa iglesia. Y luego en Diciembre de 1958, recibí una carta de Hammond, Indiana. Decía que después de once años de servicio el pastor de la iglesia había renunciado. ¿Sabe como obtuvieron mi nombre? Enfrente de esta iglesia, al otro lado de la calle, había una pequeña tienda. Un hermano de esta iglesia era el dueño. Ahora uno de nuestros diáconos. El vende de todo en esa tienda. El tiene de todo. Todo lo que usted quisiera, solo tenía que pedirlo. Él tenía también un librero de libros religiosos y en él había un catálogo de la casa editorial Zondervan. Y él se puso a hojear el catalogo, y se encontró un artículo acerca de un libro que yo escribí, de cómo incrementar la asistencia en la iglesia. El artículo también hablaba acerca de mi ministerio y de la Iglesia Bautista de Miller Road, en Texas. Y el hermano arrancó esta página que hablaba de mi ministerio y lo llevó a la comitiva que estaba encargada de buscar un pastor y lo puso sobre el escritorio y dijo: «¡Este es, este es el pastor que  tenemos que contactar!»

Yo no quería venir a este lugar, porque no me caían bien los norteños. Desde Diciembre hasta Agosto estuvieron tratando de traerme aquí. Yo llegué aquí el 30 de Agosto. Y desde ese Agosto al otro Diciembre estuvieron tratando de deshacerse de mí. No me va a creer todos lo problemas que tuvimos en un principio. Prendieron nuestra casa con fuego. El garaje empezó a arder porque le prendieron fuego a la basura, el fuego alcanzó una cortina y luego algunos libros, entonces el Espíritu me despertó, si no me hubiera despertado nos hubieran muerto. Al siguiente día mi hijo pequeño David me dijo, desde su cuarto: «Papi, ¿otra vez se va a quemar nuestra casa hoy?»  ‑»No creo hijo.» Me dijo: «Papi, te quedas aquí conmigo.» Me senté junto a su cama sosteniendo su mano por siete noches consecutivas. Y luego la vocecita de Becky, que decía: «Papi, puedo estar con ustedes también.» Y luego Linda, mi otra hija, también tenía miedo. Mis tres hijos se encontraban en una camita y yo allí con ellos por siete noches consecutivas. La iglesia que me había llamado, ahora se estaba tratando de deshacer de mí.

Fui al Campamento de Billy Rice la siguiente semana, en el verano de 1960. La batalla estaba en lo más fuerte, quiero decir una verdadera batalla. Prediqué durante toda la semana en este campamento, y el viernes en la noche fui a la cama y le dije al Señor: «Señor, creo que Tú quiere que me vaya, porque hay mucha presión en la iglesia.»  (Ocho diferentes iglesias me habían llamado para que pastoreara en Texas.) Me fui a dormir, pero solo me estuve dando vueltas y vueltas y no podía dormir. Finalmente, me puse sobre mis rodillas y el Espíritu Santo me dijo: «Hijo, quiero que te quedes en Hammond.» Yo le dije: «Señor, yo no quiero quedarme, no quiero. Quiero regresar a Texas.» Pero el Espíritu me seguía diciendo: «Te quiero aquí en Hammond.» Y oré, desde las doce de la noche, toda la noche hasta las seis de la mañana, en ese pequeño cuarto número once del campamento. Para ese entonces, ya el Espíritu Santo me había dado aceite fresco. Y supe entonces que tenía que quedarme en Hammond. Aceite fresco, aceite fresco.

Tengo 53, he predicado más de 25,000 sermones. Me cansó, nunca he tomado unas vacaciones, nunca tomó un día libre. Dios conoce mi alma, yo quiero su ungimiento, quiero su poder, y he orado mucho para que Dios me de aceite fresco y le digo: «Señor, mantenme fresco, mantenme con tu poder.» Y la llenura del Espíritu de Dios descansa en mí. ¡Oh, Señor! muchos predicadores no permanecen, muchos predicadores fracasan, pierden el poder de tu Espíritu, ¡Oh, Dios mío! No dejes que haga esto cuando este viejo. Muchos me están mirando a mi y me dicen: «Dr. Hyles, yo creó que usted tuvo un ungimiento fresco recientemente.» Y yo respondo: «Eso espero.»

Mire este edificio, está lleno el domingo en la mañana, el domingo en la noche y yo solo soy un predicador de un pequeño pueblito. ¡Yo quiero decirle que yo no soy suficientemente inteligente, no tengo la experiencia suficiente, no soy lo suficientemente sabio, no soy nadie, más que un predicador de pueblito, y lo que necesito es el gran poder de Dios en mi vida! El ungimiento fresco de mi Dios. Más de 40,000 personas me llaman pastor. Doy consejería a 150, 160, 170 personas por semana. He llorado más de una vez esta semana porque mi gente durante la conferencia no tiene pastor. Pienso en aquella familia, la mamá con varios hijos, ellos necesitan verme y pienso en aquella joven que su papá y su esposo están extraviados. Ellos me necesitan. Y ahorita no tengo tiempo.  Caigo sobre mi rostro constantemente en oración y le digo a Dios: «¡Oh Señor!, no soy un Charles Spurgeon, no soy Lee Robertson, no soy un John O. Rice, no soy un D. L. Moody, no soy un Billy Sunday, no soy un Charles Finney, pero estoy sediento y Tú dijiste que ´Tú le darías el agua a quién estuviera sediento.» Es lo que quiero que usted se ponga sediento hoy. ¡Sí yo pudiera ponerlo tan sediento!

Cuando este edificio fue dedicado; no lo sé, pero para mí me parece que todo el mundo puede caber aquí. Yo nunca me imagine predicar en algo así de grande, lo más que me imaginaba era algo así como un coro.  Pero, este edificio, cuando fue dedicado ¡sí que se veía grande! Estaba lleno hasta el tope. Había más de 1,500 personas afuera en los pasillos que no pudieron entrar. 9,000 personas, estaban aquí, todas tratando de encontrar un lugar. Caminé de mi oficina a la puerta para entrar al auditorio, pero cuando miré por la puerta hacia adentro del auditorio, corrí lo más rápido que pude a mi oficina. Y dije: «¡Mi Dios! No puedo entrar allí, no puedo, no puedo hacerlo, no puedo. No soy un gran predicador no puedo hacerlo.»

Me gustó lo que una pequeña niña dijo.  Ella pasó por la oficina del pastor, yo me encontraba orando, postrado sobre mi rostro, llorándole al Señor diciéndole: «tú tienes que venir conmigo, tienes que venir, tienes que venir.» El servicio estaba apunto de empezar, uno de los asistentes dijo: ¿Alguien ha visto al pastor? La niña levantó su mano y dijo: «Yo lo vi, pero va a tardar en venir, pero cuando venga, va a traer a la otra persona que estaba junto con él, cuando él estaba orando.»

He predicado por todo el país y he ido a mi cuarto sabiendo que el poder de Dios no estuvo sobre mi y me tengo que poner sobre mi rostro. Pero, también he predicado sabiendo que el poder de Dios ha estado sobre mí. Y lo más difícil de ser predicador, es que cuando sales a predicar, y regresas a tu cuarto, y tuviste un servicio tan glorioso, y no tuviste el chance de platicar con alguien, sino lo único que tienes es a una lámpara, y quiere agarrar a alguien de los hombros y decir: «¡Ohhh! Gloria al Señor, Gloria al Señor.» Y no hay nadie más, sino que esa triste lámpara.

Un día, cuando ya era pastor de esta iglesia, nadie pasó al altar para recibir a Cristo. No teníamos la cantidad de gente que ahora tenemos. Eran como 2500 cada domingo. Ese día una sola persona se unió a la iglesia y fue por medio de una carta. Pero nadie pasó al altar para ser salvo. Nuestra gente estaba asombrada e impresionada. No sabíamos como terminar el servicio sin bautizar. Finalmente le pedí a alguien que nos despidiera en oración. Yo corrí a mi oficina, me tiré al suelo y le dije: «¡Oh mi Dios! ¿Se fue Tu Espíritu? ¿Se fue? ¿Lo he perdido?» Y le rogué toda la tarde. Quería que ya fuera de noche para poder regresar a la iglesia, predicar y ver si todavía estaba Él conmigo. Le dije a nuestro director de música: «No te tardes cantando, vamos a ir rápido, quiero predicar.» Quería saber si todavía tenía Su Espíritu. Cantamos y comencé a predicar. Después de la predicación, un hombre alto con camisa blanca, se puso de pie y comenzó a caminar hacia el altar. Cuando lo vi, comencé a gritar: «Todavía lo tengo, lo tengo, lo tengo.» El hermano Jim, quien era el director del coro, me dijo: «¿Qué tienes? ¿Qué tienes?» Yo le dije: «Olvídalo. Aún lo tengo, lo tengo.» Prefiero morir que vivir sin el poder de Dios.

Uno de nuestros jóvenes predicadores, el día sábado lo pusieron en la cárcel, por predicarle en la calle a un hombre. ¿Se da cuenta? Cerca de  nuestra iglesia, a unas tres cuadras, hay un lugar donde tienen bailarinas. A unas cuantas cuadras, hay una esquina donde hay prostitutas. Y yo por 21 años he tratado de vivir en justicia en el lugar más perdido de todo Estados Unidos. Yo me he parado por lo que es correcto, he llorado porque necesito el poder de Dios para hacer esto. Tengo que hacer lo correcto por los niños de nuestra iglesia.

Hoy al medio día, unos niños me dijeron: «Pastor lo amamos, ¿podemos acompañarlo hasta su oficina?» Yo les dije: «Vamos a ir brincando hasta allá.» Y nos fuimos brincando. ¡Qué bendición! Necesito el poder de Dios para poder ayudarlos, quiero verlos crecer y que hagan lo correcto. Los jóvenes del Colegio me necesitan.

No sé que es lo que tú vas a hacer pero yo voy a rogarle y rogarle a Dios, rogarle, rogarle una y otra vez por Su poder, por una doble porción de Su Espíritu, por Aceite fresco en mi vida. Es lo que necesitas, es lo que yo necesito…Aceite fresco.

Hombres de Dios vamos a hacer lo que tenemos que hacer para salvar este barco para que no se hunda. La gente se esta yendo al infierno y el mundo se emociona más con las cosas que hacen, que nosotros que tenemos la verdad.

Aceite fresco… estoy agradecido por la tumba de mi padre, estoy agradecido por la Iglesia Bautista de Miller Road en Texas, estoy agradecido por el cuarto en el Campamento de Billy Rice. Siempre me quedo en ese cuarto, ya hasta tiene mi nombre. No puedo estar en ese lugar sin que yo le pida a Dios que me dé de Su aceite fresco.

Hace algunos años fui a California, había decidido recortar mi ministerio, fui a mi cuarto de hotel y no pude dormir, por más que traté. Me salí del hotel y empecé a caminar y a caminar y a orar por mi país. Oré toda la noche. Esa noche fue que nació en mi corazón el comenzar el Colegio de Hyles Anderson. Hermanos, tenemos que aprender a orar toda la noche.

Fui al lugar donde ahora esta nuestro Colegio muy, muy noche. Vi el lugar. Vi las instalaciones. Para esas grandes instalaciones solo tenían 40 estudiantes aproximadamente. Era un Colegio católico. Fui a hablar con el hombre que estaba encargado de allí. Salió con su bata de dormir y un cigarro en sus dedos. Le dije: «Quiero comprar estas instalaciones.» El dijo: «¿Quién es usted?» -«Jack Hyles de la Primera Iglesia Bautista de Hammond.» -«No está en venta y los Bautistas sería a los últimos que se la venderíamos.» -«Lo sé,» le dije.

Fui a ese lugar cada mes, cada mes y pasé toda la noche orando, pidiendo por ese lugar. Me quitaba los zapatos, subía la colina y bajaba, caminando de aquí para allá, pidiendo ese lugar. Un día me llamaron y me dijeron: «Se vende.» Yo oré que esos 40 o 47 estudiantes se salieran de esa escuela.   Y ahora, camino por esos pasillos y puedo decir: «¡Gloria a Dios! Aceite Fresco.»

¿Vas a seguir sin Él? ¿Vas a ser el mismo predicador que el del domingo pasado? Lo que tú necesitas es aceite fresco del Espíritu Santo.

Clama a Mi

Clama a Mí

Kevin Wynne

El justo cae siete veces pero se vuelve a levantar. Dios está dispuesto cuando hemos caído en pecado, a perdonarnos y levantarnos otra vez, a usarnos otra vez. Pero no solamente eso, Dios cuando nos ve en desánimo y nos ve en tiempo de problemas, vendrá hablando a nosotros, vez tras vez, tras vez, a través de Su Palabra.

Nosotros, como cristianos, tenemos que tener cuidado porque las preocupaciones de este mundo, los problemas que tenemos, el afán de este siglo, quiere a veces ahogar la Palabra de Dios, para que nosotros ya no tengamos fruto, para que perdamos el ánimo y el deseo de servir a Dios.

El fuego de Dios, viene de Dios. Es Dios que obra en nosotros, no solamente hacer Su voluntad, sino como dice San Pablo, Él obra en nosotros el querer hacer Su voluntad. Si usted desea servir a Dios, fue Él quien puso esas ganas en su corazón.

Él es el Padre, el que nos da cada don bueno. Cada regalo, desciende de Él y es de Él.

Nosotros vemos que llegó la palabra de Dios a Jeremías la segunda vez, Dios dice algo muy importante en Jeremías 33:3: «Clama a Mí, y Yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces». Dios dice a Jeremías: «Si tú clamas a Mí, te voy a enseñar la Biblia, te voy a enseñar la Palabra de Dios, te voy a enseñar cosas, Jeremías, que otros no conocen.»

Y a propósito, fue Daniel que fue tan inspirado y animado, al leer la profecía de Jeremías, cuando Jeremías dijo que la cautividad iba a durar 70 años. Y a Jeremías le fueron reveladas cosas increíbles, grandes misterios de la palabra de Dios. Dios le habló a él, porque él clamó a Dios.

Nosotros como cristianos, necesitamos la Biblia, pero la Biblia es un libro espiritual. Yo recuerdo a mi Pastor, en Perú, cuando me bautizó, me dijo: «La Biblia es un libro espiritual, y cada vez que lo abrimos, tenemos que orar al Espíritu Santo para que nos ayude a entenderlo.»

Nosotros sin Dios, y sin la ayuda de Dios, no vamos a recibir de la Biblia, lo que necesitamos. Jesús, respondiendo al ataque de Satanás, le dice: «No sólo de pan vivirá el hombre,  sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.«

Veamos por ejemplo en Salmos 119:17-18, «Haz bien a tu siervo; que viva, y guarde tu palabra. 18 Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley.»

Ahora, en el versículo 28, dice el salmista: «Se deshace mi alma de ansiedad; Susténtame según tu palabra.»

La Biblia es lo que nos sostiene en tiempos difíciles, en tiempo de ansiedad, en tiempo de preocupación… la Biblia nos sostiene.

Yo recuerdo cuando iniciamos la Iglesia en México, y recuerdo ir a las casas para traer a la gente a la Iglesia, y a veces la gente diciéndome: «No, Pastor, es que yo no puedo hoy, porque tenemos problemas en la familia. Hay problemas en mi matrimonio, tengo problemas con los hijos, o algún problema económico y por eso no voy a la Iglesia.» Recuerdo pensar como un joven predicador: «¡Pero qué sonso!»

Eso es como si alguien dice «Yo no voy al hospital porque estoy enfermo, pero tan pronto que me sienta mejor, luego voy a ver al médico», es como si alguien dijera: «Yo no voy al restaurant porque tengo mucha hambre, pero tan pronto como ya no tenga hambre, voy a ir al restaurant».

La verdad es que cuando tenemos problemas y ansiedad y cargas, es cuando más que nunca necesitamos venir a la casa de Dios, es cuando más que nunca, necesitamos la palabra de Dios, porque eso es lo que nos sostiene. Veamos Salmos 119:49, «Acuérdate de la palabra dada a tu siervo, En la cual me has hecho esperar. 50 Ella es mi consuelo en mi aflicción, Porque tu dicho me ha vivificado.»

La Biblia es lo que nos da vida y es lo que trae avivamiento en la vida de nosotros. Salmos 119:72 nos dice: «Mejor me es la ley de tu boca Que millares de oro y plata.»

Nosotros decimos Amén a esto, pero la verdad es que hay miles de personas que podrían asistir a la Iglesia, pero no asisten porque les salió un trabajo, hay veces que hasta faltan en domingo, el día del Señor, porque puede ganar un dinero extra. El salmista dice: «para mí la Biblia es más importante que millares de dinero,» él dice: «es más importante que la política o los deportes… es más importante para mí que cualquier cosa, porque la Palabra de Dios es lo que me sostiene.»

En Salmos 119:67 nos dice: «Antes que fuera yo humillado, descarriado andaba; Mas ahora guardo tu palabra.» La Biblia es lo que nos trae de nuevo al rebaño.

El Salmos 119:75 nos dice: «Conozco, oh Jehová, que tus juicios son justos, Y que conforme a tu fidelidad me afligiste.»

Cuando usted camina con Dios y lee la Biblia y llega a tensiones, usted no va a amargarse con su Dios, el cristiano que camina con Dios y llega a aflicciones, no se enoja con Dios, él dice: «Dios, en Tu fidelidad me has afligido, es justo lo que haces.»

Yo estoy cansado de cristianos enojándose con Dios. Es increíble. ¿Las cosas no van como usted esperaba? ¿No le salen como usted quería? ¡Y usted se enoja con Dios!

«¡Ah es que mi marido me dejó! Ya no voy a la Iglesia.» Disculpe, Dios no es su marido, Él no le dejó, Él dijo que nunca le va a dejar.

Estuve haciendo un rally, y unos familiares católicos me dijeron: «Pastor, si Dios es tan bueno y tan justo, ¿por qué Dios permitió que mi madre muriera?» La Biblia dice que «la paga del pecado, es la muerte». Dios hizo el mundo un paraíso, fuimos nosotros que lo echamos a perder. Si quieres enojarte con alguien, ¡enójate con el Diablo! Pero no te enojes con Dios.

El salmista dice en Salmos 119:92, «Si tu ley no hubiese sido mi delicia, Ya en mi aflicción hubiera perecido.» Él dice, «la Biblia me sostenía en tiempo de aflicción». Versículo 98, «Me has hecho más sabio que mis enemigos con tus mandamientos, Porque siempre están conmigo.»

Noten esto: siempre están conmigo. ¿Qué estaba con él? Yo creo que hay dos cosas que siempre están con nosotros: número uno, los mandamientos de Dios siempre van a estar con nosotros y número dos, sus enemigos siempre van a estar también.

Nosotros tenemos que entender que todos los que van a servir a Dios y a vivir una vida piadosa, van a sufrir persecución, va a haber enemigos y si usted no tiene enemigos es porque usted no está ganando almas, no está testificando de su fe, es que usted tiene una cara en la Iglesia y otra cara en el trabajo. Usted viene a la Iglesia a dar el diezmo, y luego en Navidad está cobrando en el trabajo «para la Virgen». Pero si alguien es un hijo de Dios y tiene a su Dios y está testificando por su Dios, va a tener enemigos, pero la Biblia nos da sabiduría para seguir adelante.

Salmos 119:107 dice: «Afligido estoy en gran manera; Vivifícame, oh Jehová, conforme a tu palabra.» La Biblia es el libro que nos sostiene, su amor a la Biblia muestra su amor para Jesucristo, porque Él es la Palabra de Dios hecho carne.

Hace años, estaba tocando puertas y ganando almas, toqué una puerta y un hombre me abrió y puso su mano sobre mi Nuevo Testamento y me dice: «Yo amo a Jesucristo, pero odio este libro que usted trae en la mano.» Yo quité mi Biblia de su mano y le dije: «señor, usted es un mentiroso: Jesús es la Palabra de Dios hecho carne, y si tú no amas a este libro que estoy predicando, usted no ama a Jesús.»

Las mismas personas que se están durmiendo cuando se predica la Biblia, estarían durmiendo si Jesús en persona estuviera hablando. Él es la Palabra de Dios, y su amor a la Biblia muestra su amor a Jesús.

Hace muchos años en Francia, había una señorita que estaba leyendo un libro de poemas, y ella leyendo este libro de poemas dijo: «Ay, qué libro tan aburrido, qué poemas tan malos» y ella tiró el libro de poemas en el bote de basura. Después, ella se arregló en el mismo día y fue a la fiesta de una amiga para una fiesta de cumpleaños, y ella llegó a la fiesta y ahí conoció un joven, alto y fuerte y rico, y ella empezó a hablar con él, media hora y una hora y casi hora y media, y la verdad dijo ella, empezaba a enamorarse de este joven, y ella dijo: «Ay, tenemos tanto tiempo hablando y yo ni siquiera conozco tu nombre.» Y él dijo: «¡Disculpa! Yo soy Fulano de Tal…» y ella dijo: «¡Qué coincidencia! Hoy en la mañana estaba yo leyendo un libro de poemas y el autor tenía el mismo nombre que tú: Fulano de Tal», él preguntó: «¿Cómo se llama el libro?» y cuando ella le dice el nombre. Él contesta: «¡Ese es mi libro! Yo lo escribí. ¿Le gustó mi libro?» Y ella dijo… «¡Ah… es que no he terminado de leerlo todavía!» Ella regresó ese mismo día, sacó de la basura el libro de poemas y empezó a leerlos con lágrimas y diciendo: «¡Ay, qué poemas tan románticos, ay qué precioso!» Porque ella ahora conocía al autor, y ella amaba al autor, y cuando usted ama y conoce a su Salvador, usted va a amar a este libro, va a ser un libro interesante para usted.

Cuando nosotros pedimos: «Señor, ayúdanos a entender la Biblia», Él lo hace. Hay cosas por las que oramos que no sabemos si es la voluntad de Dios, hay cosas que pedimos y no sabemos si Dios lo quiere hacer o no, algunos de ustedes andan orando: «Dios mío, dame un millón de pesos… ¡tú sabes lo que yo haría con un millón de pesos!» Dios dice en el Cielo: «Yo sé exactamente lo que harías con un millón de pesos, te olvidarías de Mí»

Pero, cuando pedimos a Dios: «Señor, ayúdame para entender la Biblia, y esta semana en la Iglesia, ayúdame, abre mis ojos para ver grandes cosas en Tu ley,  ayúdame a comprender y aprender de la Palabra de Dios», Él lo hace.

Algunos de ustedes tienen la actitud de un Pentecostal, usted piensa del culto: «El que persevera hasta el fin será salvo.» Dios no quiere que vengamos a la Iglesia a aguantar los cultos, Dios quiere que vengamos a disfrutar la Palabra de Dios, regocijarnos en ella, y la verdad es, vea usted en los libros de la Biblia, que había gozo cuando se predicaba en la Biblia, y había gozo y alegría cuando se predicaba la palabra de Dios.

Juan 8:47 dice: «El que es de Dios, las palabras de Dios oye; por esto no las oís vosotros, porque no sois de Dios.» La verdad es que si alguien es de Dios, no necesitas tener baterías, guitarras eléctricas, usted no tiene que tener un culto de alabanza, usted cuando tiene la Palabra de Dios, los que son de Dios, van a oír la Palabra de Dios.

Muchas veces dicen: «No entiendo cómo sigue creciendo su Iglesia» ¿Que porque tengo un programa de radio? La verdad es que cuando usted enseña la Biblia, y enseña la Palabra de Dios, hay gente que va a ser salva y los que son de Dios, oyen la Palabra de Dios. No es lo que hace un hombre, no es la personalidad de usted, si usted ora, Pastor, y pide: «Señor, enséñame grandes cosas para que yo pueda enseñarlo a mi gente». Dios va a enseñarle la Biblia y entonces usted le va a enseñar a su gente. Las ovejas van donde hay alimento.

Algunos Pastores se quejan: «Llegó otro Pastor y me quitó mis ovejas.» En primer lugar no son sus ovejas, son de Jesús; en segundo lugar, las ovejas van donde hay comida… y en lugar de estar chillando y regañando al otro Pastor, ¿por qué no te pones a estudiar, Pastor? A ganar almas, y a dedicarte a predicar la Palabra de Dios, porque los que son de Dios, la Palabra de Dios oyen.

De la vida cristiana dice Jesús, en Juan 5:24, «De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.» La vida cristiana, empieza con la Biblia, oyendo la Palabra de Dios. Tiene fe, y viene para oír la Palabra de Dios.

La vida cristiana necesita continuar dándose y creciendo en la gracia y conocimiento de nuestro Señor Jesucristo a través de la Palabra de Dios. La Biblia, es sumamente importante.

Muchas veces usted va a tener tiempo de comer, de platicar, pero no va a tener tiempo para la Biblia. Va a ir a una conferencia sobre la Biblia, pero no va a leer la Biblia. Y esa es la razón por la que su matrimonio anda como anda, esta es la razón, Pastor, por eso su ministerio está como está. Lo que usted hace con la Biblia determina lo que Dios hará con usted.

Yo no estoy en contra de que usted tenga tiempo de compañerismo, pero debo decirle que usted debe tener tiempo para Su libro, el Libro de Libros, la Biblia.

Estoy cansado de ver cómo los cristianos tratamos la Biblia, faltamos el respeto a la Palabra de Dios, lo tiramos al suelo, lo maltratamos. La verdad es que nosotros debemos apreciar la Biblia, es el libro que Dios nos ha dado.

Yo recuerdo cuando era joven leer libros e historias sobre los mártires, yo recuerdo leer un libro donde habían escondido las Biblias de los católicos, y durante la Inquisición, la Iglesia Católica asesinó a más de 80 millones de personas. Yo no soy Católico, yo soy Bautista. Los Bautistas no somos protestantes, fue Juan el Bautista que bautizó a Jesús, no Juan el Presbiteriano. Bautista no es una religión, es una creencia, es una fe, una doctrina… no es una denominación.

Pero en este pueblo, en la Iglesia sólo había una Biblia, y le habían dado esta Biblia a un hombre para guardarla. Llegaron los soldados romanos y se dieron cuenta de que este hombre había escondido la Biblia, tomaron a su hija, la amarraron, pusieron leña a sus pies y le dijeron: «¡Díganos dónde está la Biblia o quemamos a su hija!», y una niña pequeña de unos ocho o nueve años de edad, con lágrimas en los ojos le dijo: «Papá, no les digas nada, yo quiero morir, yo prefiero que me quemen a mí, a que quemen a nuestra Biblia.»

Algunos dicen: «No, Pastor, es que Dios ha cambiado, Dios ya no trabaja como en otros tiempos», Dios no cambia. Jesús es el mismo ayer, hoy y por los siglos. ¡Jehová no cambia! Nosotros hemos cambiado.

Yo recuerdo hace tiempo en México, cuando yo empezaba mi Iglesia, recuerdo tiempos predicando dos horas, dos horas y media y la gente diciendo «Más, queremos más». Ahora la idea de algunos de ustedes de un buen culto, es un culto que termina temprano. Hemos cambiado nosotros, por eso ya no hay avivamiento.

Segundo, que quiero que vean, Dios no sólo está diciendo a Jeremías: «Clama a Mí, te voy a enseñar la Biblia», sino que está diciendo: «Jeremías, clama a mí y yo te responderé,» acerca de la oración. La verdad es que Dios nos quiere guiar en la oración, Dios nos quiere instruir, enseñar, ayudarnos a orar. Nosotros tenemos un gran Dios y para él nada es imposible y él nos dice: «Si me piden, les voy a ayudar a orar, les voy a ayudar a pedirme cosas grandes y yo voy a contestar su oración una vez que lo hagan.»

Romanos 8:15 dice: «Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!»

La palabra Abba, era una forma de decir Papá, era una forma de decir el nombre de Dios, familiar.

Hay gente religiosa aquí en México, algunos de ustedes son iguales, que enseñan con formalismo y todo eso, y hasta ellos cambian a Dios. Hasta cambian cómo hablar con él… cantan lúgubremente «¡Oh Gran Dios del Cielo!» y entonces la gente responde lúgubre: «Amén». Dios no es así, usted está fingiendo cuando habla así, usted nunca va a comprar las tortillas y llega y dice: «¡Oh gran señor de las tortillas! ¡Véndame un kilo de tortillas!» y luego él dice: «Amén». ¡Nadie habla así!

Pablo dice que cuando usted es un hijo de Dios, adoptado en la familia de Dios, va a hablar con confianza, no con vanas repeticiones, vas a hablar a tu Dios como tu Padre. «El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu,  de que somos hijos de Dios

Póngame atención, si esta noche usted no sabe a dónde irá cuando muera, lo más seguro es que usted va al infierno, porque cuando usted es salvo, el Espíritu Santo entra en el corazón, y una de las cosas que Él hace es confirmar que usted es hijo de Dios.

Romanos 8:24 dice: «Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza;…» Pablo dice en Hebreos, «fe es la certeza de lo que se espera», si alguien tiene verdadera fe tiene la certeza de que es salvo, continúa el versículo 24 de Romanos: «…porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo? 25 Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos. 26 Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. 27 Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos. 28 Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.»

Dice Pablo, «cuando eres hijo de Dios, Dios te va a guiar». Dice el versículo 14: «Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.»

Si usted es padre, sabe que al ser padre, amamos a nuestros hijos, queremos guiarlos, queremos ayudarlos, no queremos que ellos cometan los mismos errores que nosotros cometimos, no queremos que caigan en las trampas del Diablo, como nosotros a veces caímos, queremos instruir y guiarlos. Y somos hechos a la imagen de Dios, si este deseo tenemos nosotros, mil veces más lo tiene Dios. Él dice: «Yo no te dejo huérfano, yo voy a venir en la persona del Espíritu Santo, y cuando tú me pidas, si tu quieres, yo te voy a guiar al orar, al pedir lo que te conviene y lo que no te conviene, te voy a enseñar lo que es mi voluntad, lo que no es mi voluntad. Te voy a instruir, pero tienes que pedirme.»

Dios no da consejo cuando no lo queremos, la verdad, es que he visto a cristianos tomar decisiones sin ayuda de Dios. Yo recuerdo cuando estaba en el Colegio Bíblico, estaba en el dormitorio, y un compañero estaba tratando a una señorita, y este joven un día llegó al dormitorio y puso una lata de Coca Cola en el ropero, y se puso junto a su cama a orar, y clamaba en voz alta: «Oh, gran Dios, si tú quieres que me case con Fulana, quiero que se caiga la lata de Coca Cola del vestidor». Y como era una señorita muy guapa, la puso en la mera orilla del ropero, y entró un compañero de su trabajo y estaba cansado y cerró de golpe la puerta, y se cayó la lata de Coca y él brincó: «¡Gloria a Dios! ¡Voy a casarme con ella!» Dios no actúa de esa manera. Dios quiere guiarnos, quiere instruirnos, pero nosotros tenemos que clamar a Él.

En Isaías 8:19 dice: «Y si os dijeren: Preguntad a los encantadores y a los adivinos, que susurran hablando, responded: ¿No consultará el pueblo a su Dios? ¿Consultará a los muertos por los vivos?» Dios es omnisciente, Él sabe todo, pero nosotros somos tan tontos que a veces nosotros dejamos a Dios confundido. Dios dice: «Yo no los comprendo… ustedes van con los encantadores, con los adivinos, pero no vienen conmigo.»

Y el adivino tiene su bola de cristal, y empieza a hablar: «¡Oh, abuela! ¡Ven con nosotros, abuela! Queremos hablar contigo…» Si la abuela aparece, yo voy a dormir espantado esa noche. Tengo un don que no esperaba, la verdad. Y Dios en el Cielo está diciendo: «Está consultando a los muertos, por los vivos… qué raro, esta misma gente cuando la abuela estaba viva, nadie le hablaba.»

Cuando están vivos su padre y madre no platican con ellos, pero tan pronto mueren, ahí estás tú con el adivino: «¡Ay, papá! ¡Háblame! ¡Háblame!»

Y en el Cielo Dios dice: «Yo soy Dios, Yo soy el Creador del universo, Yo te quiero guiar, Yo te quiero enseñar, te quiero instruir. ¡Pregúntame a Mí!» Él dice: «¿No consultará el pueblo a su Dios? ¡Habla Conmigo! Yo te voy a guiar, te voy a enseñar.»

En 1 Juan 5:13 dice: «Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna…» Dios dice: «He dado la Biblia para que tú sepas que tienes vida eterna.»

Continúa el versículo 13. Dios dice: «He escrito la Biblia, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios. Y esta es la confianza que tenemos en Él, que si pedimos alguna cosa de acuerdo a Su voluntad, Él nos oye.'» Dice Juan: «La seguridad de salvación es lo que nos da fe para orar, y si sabemos que Él nos oye en cualquier cosa que pidamos, sabemos que tenemos las cosas por las que oramos», dice entonces Juan, «si algo es conforme a Su voluntad, sabemos que Dios lo va a dar».

La Biblia y el Espíritu Santo nos guían y nos enseñan para que tengamos la fe para que cuando oremos y pidamos algo de Dios, Él escuche y Él conteste. Dios quiere contestar la oración.

Jeremías 17:5 dice: «…Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová.» Cuántos de ustedes al tener un problema busca ayuda donde no debe. Si usted no puede ahorrar, ¿cómo va a pagar a un prestamista cobrando 15% al mes? Y usted confía en la ayuda de la gente. Dice Jeremías 17:7, «Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová.» Quien te puede ayudar con tu pena, es Dios, es el Gran Dios quien te puede sostener.

En Efesios 3:20 dice: «Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros», eso es el Espíritu Santo, dice Pablo: «puede hacer cosas más grandes de lo que tú puedes imaginar», y dice Jehová: «Clama a Mí, y Yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces«.

Yo creo que Dios quiere hacer algo grande en México, en su familia, en su ministerio… tenemos que caminar con Él, tenemos que clamar. El problema no está con Dios, el problema está con nosotros: por su falta de fe, esta es la razón por la que no que caminamos con Dios.

Yo recuerdo cuando era un joven en el Colegio Bíblico, llegó a predicar Curtis Hudson un día, en capilla. Yo recuerdo al hermano Hudson contándonos a nosotros, jóvenes predicadores, (casi llorando cuando lo contaba,) que había ido a una conferencia a otra ciudad, y después del culto había llegado un hombre, y ese hombre estaba vestido normal, en pantalón de mezclilla y llegó ahí y dijo: «Me gustó su mensaje de esta noche, ¿Tiene alguna necesidad para su Iglesia? ¿Qué necesita usted?» Y el hermano Hudson vio a este hombre, y le dijo: «Pues, se descompuso un camión, y queremos repararlo y creo que nos va a costar 500 dólares repararlo.» Y este hombre sacó una chequera y escribió un cheque para su camión y se fue. Llegó el Pastor de esta Iglesia con Hudson y le dice: «Este hermano nos dio un cheque,» y se lo entregó y le preguntó el Pastor: «¿Usted sabe quién es ese?» -«No, yo no sé quién es.» Y el pastor le dijo: «Ese hombre es multimillonario, el otro día le dio un cheque por 5 mil dólares a otro Pastor, yo conozco a otro Pastor que pidió 50 mil dólares. Cuando él viene y le pide la cantidad se la da, no le importa la cantidad que sea. Pero, sólo lo hace una vez.» Y entonces nos contaba, casi llorando: «¡Le hubiera pedido un edificio nuevo!»

Yo creo que nosotros no nos damos cuenta de las cosas que Dios nos puede dar y podría hacer. En su hogar, en su matrimonio, en su familia, en su Iglesia… pero no le pedimos. Él nos quiere guiar e instruir, quiere darnos sabiduría.

Hace años un joven de los Estados Unidos, estaba teniendo problemas en la escuela, especialmente con las matemáticas. Y un día llegó a la casa con sus calificaciones y su madre vio el reporte y dijo: «¡Sacaste un 10! ¿Cómo lo hiciste?» Y el niño dijo: «Bueno, es que mis amigos me dijeron en la calle tal, en el número ciento y algo, vive un hombre que sabe muchas matemáticas y a lo mejor te puede ayudar, y él me ayudó.» Y la madre fue a la casa en esa calle y número y tocó la puerta para dar las gracias a este hombre que le ayudó a su hijo y abrió la puerta Albert Einstein, y la señora asombrada dice: «Ay, señor Einstein, no sabía que usted vivía aquí… mi hijo le está estorbando, le está molestando…» Y él le dijo: «No señora, yo amo a los niños, yo quiero que venga todos los días, le ayudo con mucho gusto.»

Y la verdad, es que nosotros tenemos al Creador del Universo, que nos quiere ayudar con nuestros problemas, quiere instruirnos, pero a veces nuestro orgullo dice: «Ay, yo mismo me arreglo mis problemas… yo conozco mi hogar, yo conozco mi esposa, yo conozco a este hombre.»

Una vez le dije a una hermana: «Se necesitas someter a su marido.» Y ella me dijo: «Ay, Pastor, pero yo conozco a mi marido, yo sé lo que él necesita.» Y su matrimonio terminó en divorcio.

Nosotros, a veces por orgullo, no pedimos la ayuda de Dios.

Hace algunos años, a un joven en los Estados Unidos, se le había descompuesto su auto en la carretera. Estaba tratando de arreglar la máquina, cuando de repente, llegó un Cadillac del año, se estaciona en la carretera, y un viejito se bajó del Cadillac con su caja de herramientas. Checó el motor, y le dijo al joven: «Veo que está teniendo problemas, ¿le puedo ayudar?» Y él dijo: «Ay, viejito, los coches han cambiado, los coches modernos han cambiado mucho, mire, yo conozco mi coche, este es un Ford y yo lo arreglo solito.» El viejito dijo: «Está bien.» Recogió su herramienta, regresó a su coche y le dijo: «Oiga, joven, yo también soy Ford, el hombre que inventó el coche.» Y nosotros a veces, Dios nos quiere ayudar con el ministerio, en las decisiones, con la familia… quiere ayudarnos, pero por el orgullo no clamamos a Él.

Lo último que voy a decir es: Hay que clamar a Dios. En Romanos 10:13 dice la Biblia: «porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.» La Biblia dice: Todo aquél. No importa a cuál Iglesia vayas, qué religión tienes, si usted tiene fe es salvo, pero tienes que creer… de nada sirve estar repitiendo una oración.

Alguien me dijo: «Ay, Pastor, ore por mi marido. Él vino a la Iglesia y es un borracho y un adúltero… pero ya hizo la oración.» La oración no te va a salvar, es el arrepentimiento y fe en Cristo lo que te hacen salvo.

Lo dice la Biblia: «todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo». Este día pide a Dios que te salve. Hay veces que le pedimos cosas a Dios que no sabemos si son su voluntad o no, Cristo mismo en el jardín oraba: «Señor, si es posible que pase de mí esta copa sin tomarla, pero Señor, no sea mi voluntad sino la Tuya.»

Usted ora por alguien que está enfermo, que está sufriendo… a veces no sabemos si es la voluntad de Dios o no, pero si pides que te salve, Él siempre quiere salvarte.

Dos ladrones en la cruz, uno de ellos dijo: «Si de verdad eres el Hijo de Dios, ¡sálvate a ti mismo y a nosotros!» Él estaba pensando en su vida física, estaba pensando en su bienestar físico. Y el que quiere salvar su vida, pierde su vida. Quería un milagro para creer, como muchos hoy en día; pero Dios no trabaja así. El otro ladrón dijo: «Señor, acuérdate de mí cuando llegues a Tu reino». Cristo le dijo: «hoy estarás conmigo en el Paraíso.»

Si usted no está seguro de que va al Cielo, haga una decisión y pida a Jesucristo: «Señor, sálvame». Te prometo que por medio de la Palabra de Dios, Él te salva.

Señor, Creo, Pero Ayudame A Creer Mas En Ti

«Jesús preguntó al padre: ¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto?  Y él dijo: Desde niño. 22 Y muchas veces le echa en el fuego y en el agua,  para matarle;  pero si puedes hacer algo,  ten misericordia de nosotros,  y ayúdanos. 23 Jesús le dijo: Si puedes creer,  al que cree todo le es posible. 24 E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo;  ayuda mi incredulidad. 25 Y cuando Jesús vio que la multitud se agolpaba,  reprendió al espíritu inmundo,  diciéndole: Espíritu mudo y sordo,  yo te mando,  sal de él,  y no entres más en él. 26 Entonces el espíritu,  clamando y sacudiéndole con violencia,  salió;  y él quedó como muerto,  de modo que muchos decían: Está muerto. 27 Pero Jesús,  tomándole de la mano,  le enderezó;  y se levantó.» Marcos 9:21-27.

Aquí tenemos a un padre preocupado por la vida de su hijo, pues su hijo estaba endemoniado.  El Señor Jesús, le pregunta, que desde cuando estaba así; y el padre del muchacho, le contesta que desde niño. Esto quiere decir que por muchos años, este papá, había visto a su hijo padecer por causa de este espíritu. Y no sólo eso, sino que este espíritu malo, este demonio, era un espíritu mudo y sordo. Imagínese a este papá no poder conversar con su hijo. Imagínese a este papá no poder oír a su hijo decirle: «Papá, te amo. Papá, te quiero. Gracias papá por todo lo que haces por mí. Gracias papá por preocuparte por mí.»

Este era un papá, no solo preocupado, pero desconsolado al ver la situación en la que estaba su hijo. Y él, a pesar de todo esto, tenía un poquito de fe. Él quería creer que Jesús tenía el poder para sanar a su hijo. Él quería creer que Jesús salvaría a su hijo. Esta era su oportunidad. Este era el chance que él había esperado toda su vida. El ver a su hijo sano y salvo, como todos los demás jóvenes de su edad. Qué espera. Qué amor.

Este papá, no le exigió a Jesús que sanara a su hijo. Sino que le dijo: «Si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros. Y ayúdanos.» El Señor Jesús, no le dice de manera inmediata: «Ok, está bien. Ya está. Tu hijo está sano. Te puedes ir con él.» No le dice eso. Sino que pone a prueba su fe, y le dice: «Si puedes creer, al que cree, todo le es posible.»

Y aquí encontramos a un papá bien sincero al decir: «Señor, creo, ayuda mi incredulidad.» En otras palabras, este papá le estaba diciendo a Jesús: «Señor, creo, pero ayúdame a creer más en Ti.» «Señor creo, pero Tú no sabes cuánto he sufrido.» «Señor, creo, pero tú no estabas cuando mi hijo se estaba ahogando en el mar, y se me hace un poquito difícil creer que Tú lo puedes sanar.» «Señor, creo, pero tú no estabas cuando mi hijo se aventó hace unos días en el fuego para matarse, y la verdad Señor es que hay un poquito de incredulidad en mi.» «Señor, creo, pero han sido años tan difíciles, noches de desvelo, meses de angustia, años de soledad. Señor, creo, pero… me gustaría creer más.» «Señor ayuda mi incredulidad. Ayúdame Señor, porque hay veces que pienso que Dios no es real.» «Señor, creo, pero hay veces que ya no hay esperanza en mi.» «Señor creo, pero la verdad es que he estado molesto con Dios por lo que me ha pasado, y si, hay incredulidad en mi. Por eso te pido que ayudes mi incredulidad. Quiero creer que Dios me puede ayudar a salir de mis problemas. Señor creo, pero ayúdame a creer más.» Y Jesús le dijo, «está bien. Te voy a ayudar.»

Cuando parezca que ya no hay esperanza, crea en Dios, y pídale que le ayude en su incredulidad a creer más en Él. Dios le puede ayudar.

El Misionero Pablo

¿Qué tal amiguito?  ¿Estas listo para una nueva historia bíblica? ¡Vamos a empezar!  En esta ocasión vamos a hablar sobre un misionero muy importante en la Biblia. Se trata nada más y nada menos que de Pablo, pero…  ¿Tú sabes que es ser misionero?  ¡Pues vamos a averiguarlo!

Dios escogió a Pablo para que predicara en muchos lugares.  Era un hombre muy bien preparado, sabía varios idiomas y tenía un carácter firme y fuerte.  Cuando Dios escogió a Pablo, (que en ese tiempo se llamaba Saulo,) andaba persiguiendo a los cristianos. Sí. Él no era cristiano aún, pero Dios ya le había echado el ojo para que fuera uno de sus más grandes misioneros. Lo que Pablo hacía, era que él perseguía a los cristianos, por creer en Jesús.

Un día, mientras Saulo iba con otras cuantas personas, rumbo a Damasco para perseguir y matar a los cristianos que se encontraban allí, Dios se le apareció. Dice la Biblia que Saulo vio una luz tan intensa que le lastimó tanto los ojos, lo tiró al suelo y hasta quedó ciego. ¿Te imaginas que tan fuerte era ese resplandor?

La gente que iba con él  no sabía qué era esa luz tan intensa, pero de pronto se oyó una voz que decía: «Saulo, Saulo, ¿Por qué me persigues?» Saulo estaba temblando, tenía miedo, Dios mismo era quien le estaba preguntando: «¿Por qué persigues a los cristianos? No los persigues a ellos, sino a Mí.» Saulo con todo y miedo dijo: «¿Quién eres Señor?» -«Yo soy Jesús a quien tu persigues,» le dijo. Pablo se encontraba tirado en el piso, ciego y con miedo y solo pudo decir: «¿Qué quieres que yo haga Señor?»

Ya Saulo no tenía nada más que decir, no podía seguir persiguiendo cristianos, ahora estaba entregándose al Señor Jesús para ahora hacer lo que Él dijera.  Ese día tuvo un encuentro muy personal con el Señor Jesús, aunque tuvo miedo al quedarse ciego pero, ese fue el mejor día para la vida de Saulo.

Dios le dijo: «Mira, Saulo, quiero que vallas a la calle que se llama derecha, allí se te va a decir lo que tienes que hacer.» Saulo se encontraba ciego, no podía ver nada. Así que alguien de los que iba con él lo llevo hasta el lugar que Dios dijo. Allí estuvo tres días sin comer.  Yo creo que en esos tres días estuvo arrepintiéndose de todos sus pecados y rogándole a Dios que lo perdonara y que le ayudara para que volviera a ver. En esa misma ciudad de Damasco, había un hombre llamado Ananías. Dios le habló y le dijo: «Ananías, ve a la calle que se llama derecha, allí está Saulo orando, quiero que le pongas las manos encima para que recobre la vista.» Ananías tenia tanto miedo, ¡¿y como no iba a tener miedo?! Si tenía que ir a ver al perseguidor de los cristianos.

Ananías era un hombre muy obediente a Dios y de igual forma obedeció y fue a ver a Saulo, le puso las manos encima y le dijo: «Hermano Saulo, el Señor Jesús que se te apareció en el camino, me envió a ti para que recobres la vista y seas lleno del Espíritu Santo.» Y ¿sabes qué pasó? ¡Claro! Recobró la vista al instante. Dice la Biblia que se le cayeron de los ojos unas cosas como escamas.  Saulo ahora no solo estaba contento porque podía ver, estaba contento porque por fin encontró al verdadero Salvador del mundo. Después de que recobró la vista, obedeció a Dios en el bautismo.

La vida de Saulo fue cambiada totalmente, hasta el nombre le fue cambiado por Dios, quien le puso Pablo. Y ya que era una nueva persona, hizo lo que Dios lo llamo a hacer: predicar el Evangelio en varios lugares.

Pablo recorrió muchas ciudades, predicando a Cristo Jesús como único Salvador. Dejó todo para servir al Señor, hasta tuvo que dejar a su familia, dejó su casa, su camita, su almohadita, todo lo cómodo que él tenía, lo dejó para ser un misionero. Le predicó a gente de diferentes lugares como por ejemplo fue a Roma, Corinto, Filipos, Tesalónica, Pérgamo, Tiatira, Filadelfia, Esmirna, Colosas, Éfeso, Galacia, Antioquia, etc. Empezó una iglesia en cada lugar donde él estuvo y ganó almas cada día.

Eso es lo que es un misionero. Un misionero es una persona que va a otro lugar para predicar al Señor Jesús.  Algunos misioneros van a China, África, Rusia, Japón, Perú, Argentina, India, Australia, El Salvador, etc.  Cada uno de ellos tiene que dejar a sus familiares y amigos, su casa, todas sus comodidades, tienen que aprender otro idioma en algunos casos y estar dispuesto a ir a predicar al Señor Jesús.

Pablo tenía que trabajar haciendo tiendas para poder pagar sus comidas y otros gastos.  En algunas ocasiones algunas iglesias le mandaban ofrendas especiales para ayudarlo. Pero no era siempre y por eso tenía que trabajar.

Nosotros como cristianos debemos de ayudar a los misioneros que se encuentran lejos de su país.  En nuestras iglesias levantan una ofrenda especial para los misioneros. Esta ofrenda se le llama promesa de fe. Es una ofrenda aparte de nuestro diezmo y muy aparte de nuestra ofrenda. Tal vez tú digas: «Yo soy sólo un niño, ni tengo dinero y ni trabajo. » Bueno, tal vez no trabajes, pero estoy segura de que tus papás te dan dinero para que te compres algo en tu escuela.  Entonces si tienes algo de dinero.  Dios no te está pidiendo mil pesos, no. Dios pide obediencia y tú puedes empezar a dar $5.00 o $10.00 pesos cada domingo. Puedes ahorrar un peso diario o tal vez dos pesos. Si vives en Estados Unidos tal vez puedas dar uno, dos o hasta cinco dólares cada semana.  De esta manera podemos ayudar a misioneros para que puedan vivir tan lejos de sus países y predicar a Cristo. ¿No te gustaría que muchos niños africanos fueran salvos? O ¿Qué muchos niños japonecitos sean salvos?  Pues entonces vamos a ayudar a los misioneros. Da tu ofrenda misionera y ponte listito.

La Hermosura de la Santidad

«La Hermosura de la Santidad»

«…Postraos delante de Jehová en la hermosura de la santidad.» I Crónicas 16:29

Estoy sintiendo ciertas emociones dentro de mí esta mañana, especialmente un sentir de querer ser diferente.  Quiero cambiar unas cosas en mi vida para que sea mejor madre y abuelita, y amiga, y misionera, y mayordomo (o ¿somos mayordomas?) del tiempo, talento y del dinero que Dios me ha dado.

Mientras leía la Escritura en I Crónicas ahora en la mañana durante mi tiempo con Dios, empecé a pensar acerca de algunas cosas que quisiera cambiar en mi vida.  No quiero esperar hasta el día de mi cumpleaños o el primer día del siguiente mes.  Quiero empezar ahora, hoy. Quiero encontrarme sin mancha, sin reproche, pura en palabra, en hechos, y en mis pensamientos.

Déjame decirte una de las cosas buenas que hago todas las mañanas, para que este devocional no salga negativo: oro por cada uno de mis hijos cada mañana, fielmente. Oro por las necesidades especiales de cada uno de ellos.  Si están viajando, pido a Dios que ponga Sus ángeles alrededor de ellos. Hago esa oración cada mañana de mi vida, inmediatamente después de hacer la misma oración por mí misma.

Si yo tuviera a mi alcance el poder de hacer tan feliz a una persona como el poder que tú tienes para hacerme feliz, haría lo siguiente: procuraría ser santa.  Trataría de tener pensamientos limpios, y planes limpios, y motivos limpios en todo lo que hago.

Haría la lucha por sacar la basura de mi vida, como el chisme, y la crítica, y las quejas.  Dejaría de hacer comentarios negativos de mi prójimo, y sería mansa y humilde, y no me consideraría superior a los demás.

Haría lo posible por ver las cualidades positivas en otros, y regocijarme en lo bueno que ellos hacen, en lugar de burlarme de ellos por sus fracasos.

La navidad es el tiempo del año, dicen, cuando ocurren más suicidios que en cualquier otra temporada.  ¿Alguna vez te has preguntado por qué?  Al mismo tiempo que me siento conmovida a mejorar mi vida en esta temporada, también a veces encuentro que estoy batallando un sentido de depresión mientras seco los trastes.  Me vienen las lágrimas cuando escucho una música navideña en la grabadora, o en el Centro Comercial.

A veces, ciertos lugares donde fueron hechos recuerdos especiales con mis hijos y con Papi (mi esposo, que ahora está en el Cielo,) traen momentos, aunque breves, de una tristeza que casi me ahogan.  Entonces no me es difícil entender cómo alguien que ha perdido toda esperanza de volver a estar tan feliz, se quitaría la vida.

La soledad es otra razón por querer cometer el suicidio.  Me quebranta el corazón visitar a los asilos de ancianos y ver a esos viejitos gozándose en unos breves momentos de atención que reciben de personas extrañas que sólo los visitan porque se han comprometido tener algún tipo de ministerio para los necesitados.  Pero a veces la gente que vive en la soledad vive en la soledad porque no son muy agradables.  Ya no se divierten.  Unos viejitos solitos en los asilos están en los asilos y solitos porque cuando eran padres jóvenes no tuvieron tiempo para sus hijos.

Pero creo que la razón principal del suicidio es una vida sin santidad, llena de pecado.  La razón por la cual una persona termina su vida es porque su vida ya no tiene sentido.  Un estilo de vida pecaminoso, sea en pensamientos, en palabras, o en hechos, quita la vista y la lealtad de su Creador.  A una persona tan inicua como para sólo querer «gozar de los deleites temporales del pecado,» ya no le importa lo que hace feliz a su Creador.  Ya no se acuerda de la razón por haber sido creada en primer lugar: agradar y traer gloria a su Señor.

Mientras me doy cuenta que probablemente he vivido más de la mitad de mi vida, a veces me siento corta en lo que he logrado aquí.  Así que, es fácil traer atención a las faltas de otros, quejarme, y ser ingrata.  Necesitamos recordar orar unos por otros, y vivir una vida en santidad. Y procura «Ser Como Cristo.»

Si deseas tener correspondencia conmigo, escríbeme a:

Mrs. Billie Sloan

Windsor Hills Baptist Church

5517 NW 23rd Street

Ok City, OK  73127

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O por internet.  Mi correo electrónico es:

mimitomany@hotmail.com