Como Edificar Una Iglesia

«Pablo, apóstol de Jesucristo por mandato de Dios nuestro Salvador, y de Cristo Jesús nuestra esperanza (Timoteo 1:1), a Timoteo verdadero hijo en la fe: Gracia, misericordia y paz de parte de Dios nuestro Padre y de Cristo nuestro Señor (Timoteo 1:2). Como te rogué que quedases en Éfeso y cuando fui a Macedonia para que mandases a algunos que no enseñan doctrina (Timoteo 1:3), ni presten atención a fábulas ni genealogías interminables que acarrearán disputas, más bien edificación de Dios que es por fe, así te encargo ahora (Timoteo 1:4). Pues el propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio de buena conciencia y de Fe no fingida (Timoteo 1:5)«.

Aquí vemos en este texto, que Pablo amaba al joven predicador Timoteo, nosotros en el Colegio Bíblico enseñamos constantemente a los estudiantes que deben amar al pastor que les mandó al Colegio Bíblico, que deben ser real, la verdad es: pastor, Usted sabe, Dios pone un amor especial que Usted tiene para un joven que fue llamado bajo su ministerio. Y realmente es casi como el amor que un padre tiene para un hijo y por eso nosotros insistimos a los jóvenes que vayan en vacaciones cuando pueden que siempre van a casa, estar otra vez bajo el ministerio de su pastor y sabemos hermanos que un pastor ama a un joven predicador. Hermanos, nosotros debemos llevar eso a un nivel un poco más alto, debemos nosotros también aprender a amar los unos a los otros como pastores. Estamos en una guía espiritual, tenemos que recordar hermanos, el enemigo no es otro pastor. No es algún político que quiere destruir su Iglesia, no es algún sacerdote, nosotros no luchamos contra carne y sangre hermanos, estamos luchando contra Satanás y el reino del Diablo. Ahora estamos en una situación, quieren quitar el registro de la Iglesia, quieren cerrar la Iglesia y estamos pasando por un ataque bien fuerte en México, Dios ha estado bendiciendo, el otro día tuvimos casi ocho mil en asistencia y ha estado creciendo la Iglesia, pero el Diablo no está feliz con eso y no va a estar feliz con Usted y nosotros nos tenemos que amar los unos a los otros y orar los unos por los otros.

Pablo aquí tenía un amor para Timoteo, lo llamó «su hijo» en la fe, el versículo cinco dice: «el propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio» (Timoteo 1:5), la verdad es todo lo que hacemos enseñando, predicando los mandamientos de Dios, cada cosa, el propósito es amor, amor primeramente para Dios y luego los unos por los otros, eso es la base, el fundamento de la Ley de Jesucristo. Esto es el primer mandamiento y todo lo que hacemos hermanos debe ser con un espíritu de amor y eso es por supuesto en su matrimonio, en su familia, en su Iglesia, en su Ministerio, aquí Pablo le está animando en algunas cosas con este propósito: la primera cosa, él le dice que se quede en el mismo lugar: «te rogué que quedases en Éfeso» (Timoteo 1:3), muchas veces los pastores lo que hacemos es que somos rajones, Usted se molesta con la gente que se van de la Iglesia y no aguantan los problemas, no pueden enfrentar quizás la vergüenza, cuando han caído en un error, un pecado o algo así y luego se van y Usted se molesta con eso, pero luego Usted es rajón. Hermanos, deben estar seguros de su llamamiento y si Dios te mandó a un lugar, Usted debe quedarse ahí. A mí me encanta hablar hoy en día de la Iglesia, de los bautizos y en los últimos seis años hemos bautizado cinco mil cada año y me parece que este año con la ayuda de Dios vamos a bautizar como seis mil este año. A mí no me gusta hablar de los primeros cuatro años cuando empezamos la Iglesia, mi primer año en México hermanos yo bauticé cuatro, pero eran sinceros, hermanos la cosa es como el hermano Clay Reed enseñó el otro día, es por multiplicación hermanos, ¡tiene que discipular los convertidos! Y no es fácil empezar una Iglesia, es difícil y algo que mi pastor Mal House nos enseñó y había muchos domingos que él llegaba a veinte mil en asistencias, un domingo él llegó hasta treinta mil en asistencias. Pero Mal House nos enseñó la forma de edificar una Iglesia grande, ¡es que tienes que quedarte en el mismo lugar!, seguir trabajando y alguno de Ustedes, hay un joven predicador que tiene cien en asistencia en un pueblo de dos mil, él está alcanzando un gran porcentaje de la gente de su ciudad, si yo tuviera 5% del D.F. en mi Iglesia que grande sería, la verdad es si alguno de Ustedes, si Dios te llamó a algún lugar difícil, alguna ciudad difícil o algo así, hermano te tienes que quedar donde Dios te llamó.

No estamos en competencia pastores, estamos en compañerismo y algunos tienen un espíritu de competencia, eso es fácil para mí también, así soy yo, pero hermanos queremos ver los unos a los otros prosperar y tener éxito, pero te tienes que quedar donde Dios te mandó. Él dice aquí: «enseña la misma doctrina» (Timoteo 1:3), no enseña diferente doctrina, «ni prestes atención a fábulas, genealogías interminables» (Timoteo 1:4), luego dice: «eso va a empezar disputas y argumentos y todo eso» (Timoteo 1:4).

Estaba leyendo hoy en la mañana, en el libro de Hechos 17 y eso es un tremendo problema hoy en día entre pastores, hermanos, dice aquí: «Lo tomaron y lo trajeron al Areópago, diciendo: ‘¿Podemos saber de qué es esta nueva enseñanza que hablas?(Hechos 17:19) Pues traes a nuestros oídos cosas extrañas, queremos pues saber qué quiere decir eso. (Hechos 17:20) (Porque todos los atenienses y los extranjeros residentes ahí en ninguna otra cosa se interesaban, sino en decir o en oír algo nuevo) (Hechos 17:21)«, y hermanos déjenme decir que hay algunos pastores que hacen exactamente lo mismo, siempre tienen que tener algo nuevo que decir. «Entonces Pablo poniéndose de pie en medio del Areópago, dijo: ‘Varones atenienses, en todo observo que sois muy religiosos» (Hechos 17:22), religión hermanos es cuando empezamos a enseñar lo que nosotros creemos en lugar de enseñar lo que la Biblia dice, es un invento de los hombres, superstición y religión es la misma cosa, es un invento de hombres. Algunos de Ustedes lo que quieren hacer es presumir que aprendieron algo nuevo en la Biblia, entonces Usted estudia, estudia y estudia hasta que empieza a ver cosas en la Biblia que ni Dios sabe, si alguien llega y le dice: «le voy a enseñar algo que tú nunca has visto en la Biblia», ten cuidado de eso hermano.

Eso va a causar divisiones entre nosotros hermanos y no es lo que Dios quiere, ésta es una razón por la que nosotros nos necesitamos los unos a los otros, Usted y yo necesitamos tener amigos que nos puedan llamar la atención, Pablo aquí está animando a este joven que él amaba, que no enseñe algo diferente, nosotros necesitamos hermanos gente que nos pueda ayudar y nosotros como pastores a veces nosotros tenemos que aprender de tener un amigo y venir a una conferencia y permitir a otro pastor que nos corrija a nosotros.

Gálatas, capítulo 2. Dios pone eso en la Biblia con un propósito, Él nos conoce, Él sabe lo que necesitamos y todo lo que necesitamos hermanos lo encontramos en este libro, si lo leemos, aquí Pablo está diciendo en el versículo 11: «Pero cuando Pedro vino a Antioquía, le resistí cara a cara, porque era de condenar. (Gálatas 2:11) Porque antes que vinieran algunos de parte de Jacobo, comía con los gentiles pero cuando vinieron, se retraía y se apartaba porque tenía miedo de la circuncisión. (Gálatas 2:12) En su simulación, participaron también otro judíos, de manera que Bernabé fue arrastrado también por la hipocresía de ellos (Gálatas 2:13)«. Él está ahora peleando con Pedro, cara a cara, llamándolo hipócrita, y eso no es todo hermanos, ¡eso es fuente de otros pastores! «Cuando vi que no andaba rectamente conforme a la verdad del Evangelio, dije a Pedro delante de todos: ‘Si tú siendo judío vives como los gentiles y no como judío, ¿por qué obligas a los gentiles a judicial?’ (Gálatas 2:14). Nosotros judíos de nacimiento, no pecadores de entre los gentiles (Gálatas 2:15), sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley sino por la Fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo para ser justificados por la Fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado (Gálatas 2:16)«.

Es un tremendo versículo el Gálatas 2:16 para enseñar salvación por fe, no es por obras. ¡Pero lo que olvidamos es que este versículo es Pablo regañando a Pedro! Hay pastores, hermanos, que no quieren venir a la conferencia porque dicen: «no, yo no quiero que nadie me regañe a mí». Uno pastores me han dicho: «no, ya no voy a la conferencia, es que me van a enseñar un montón de cosas que no estoy haciendo y hay tantas cosas que yo ya sé que debo de estar haciendo que no estoy haciendo, ¿para qué voy a ir a aprender más?». ¡Qué tremenda actitud! Y pastores así merecen ser fracasos, son fracasos por supuesto, pero merecen ser fracasos. La predicación de la Palabra de Dios también la necesitamos nosotros. Yo tengo amigos: Ezequiel Salazar, Dwane Nichols entre otros, hermanos, cuando yo tengo problemas endoctrinos o algo que no estoy haciendo, me llaman la atención y esos no son mis enemigos, son mis amigos.

Es interesante después en el libro de Pedro, está hablando de las epístolas del apóstol Pablo, y es Pedro quien le llama escrituras. Y él dice «nuestro amado Pablo». Pedro no se enojó con Pablo porque Pablo le llamase la atención, Pedro amaba a Pablo, imagina eso: el Papa respondiendo así.

«No reprendas al escarnecedor, para que no te aborrezca; corrige al sabio y te amará. (Proverbios 9:8) Da al sabio y será más sabio, enseña al justo y aumentará su saber». (Proverbios 9:9) hermanos, en nuestra Iglesia predicamos duro, la Biblia dice en el libro de «repréndelos duramente para que sean sanos en la Fe». (Timoteo 1:13) Pero una razón por la que yo predico duro hermano, es porque hay gente que es necia, gente mensa que se enoja cuando Usted le reprende. Cuando yo digo menso en mi Iglesia los únicos que se ofenden son los mensos, la gente sabia dice: «no, está hablando de otro».  Los mensos se molestan y se van, ¡y qué bueno, yo no los quiero! Ya tengo suficiente mensos en mi Iglesia, ¿para qué quiero más? Gente sabia ama a la persona que les llama la atención, ahora a propósito pastor, Usted debe enseñar a su gente, gustar y amar la predicación dura. Algunos de Ustedes van a conferencias y luego van a su Iglesia y quieren cambiar todo, y lo único que cambia es la gente que cambia de pastor, Usted tiene que enseñarles, el padre que ama a su hijo disciplina a su hijo, el pastor que ama a su gente predica duro a su gente. Tienes que explicarles la necesidad de la predicación dura. Hermano, si Usted sale ahora a la calle en la tarde y hay alguien ahí en la calle esperando con un cuchillo o una navaja, y le dice: «te voy a cortar», Usted va a empezar a pelear, defenderse, tirarle piedras, llamar a la policía, darle unas patadas o como muchos de nosotros echar a correr. Pero Usted no va a permitir que él tome el cuchillo y le corte. Usted va a un médico y el doctor toma horas, a veces media hora explicándole: «tiene este problema, tiene esta necesidad, aquí están unos rayos X, unos exámenes y si yo no hago esta cirugía, Usted va a tener más problemas o puede ser que Usted va a morir», y luego el doctor saca su cuchillo y Usted dice: «está bien». Y terminando la operación, en la que él le ha cortado, ¡Usted saca su billetera y le paga! Por eso me gusta ser pastor, podemos insultar a la gente, regañarlos y después ¡nos pagan por hacerlo! Pero el doctor le ha explicado: «estoy haciendo esto por tu bien». Alguno de Ustedes  se quiere levantar en el púlpito, decirle a todo el mundo menso y luego se va y la gente le corre. Tienen que enseñarles por qué predicamos duro.

El hombre sabio ama a la persona que lo reprende,  el pastor sabio que Dios puede usar, él quiere aprender.  No quiere quedarse estancado, él quiere aprender, quiere mejorar, hay pastores hermanos que están constantemente cambiando doctrinas y eso causa divisiones.

Todos hacemos eso, especialmente en la juventud. Yo vi jóvenes en un campamento la semana pasada en Veracruz y un joven predicador que fue llamado bajo mi ministerio, empezó a predicar y yo estaba ahí, nunca le había escuchado predicar, pero era tremendo. Estaba predicando el hermano Ramos y yo me dije: «¡Caray! A este joven yo quiero invitarlo a predicar en la Iglesia», estaba predicando y usando la Biblia y correcto en su doctrina y todo eso y estaba muy interesante y yo creo que hasta le voy a invitar a predicar en una conferencia y siguió predicando y al final del mensaje él dice:  «ahora les voy a enseñar un testimonio …», y él lee una historia que salió hace veinte años que supuestamente en Siberia, los rusos estaban escarbando y descubrieron el infierno; y salió calor, fuego de este pozo y luego bajaron un micrófono y escucharon gritos. Y luego eso no era suficiente, y él dijo: «yo tengo una grabación de los gritos», sacó la grabación y empezó a tocarlos y era una bola de Pentecostés ahí, gritando y llorando como si estuvieran en el infierno.

Pentecostés hermanos, en sus oratorios hoy en día, en el techo, a veces dejan caer del techo oro o plumas, y dicen: «¡Ay! Mira, están pasando los Ángeles, están cayendo de las alas». Tienes que tener cuidado de lo que encuentras en el Internet; yo estaba ahí molesto, yo después dije: «¡Caray! Eso no me gustó, esos jóvenes se darán cuenta algún día que eso no era real, que no era verdadero, y fuéramos a predicar y a ilustrar recto…» Y yo estaba ahí molesto, y luego vino me hijo y me dijo: «pero papá, yo me acuerdo que hace años Usted me dijo lo mismo…» Yo dije: «No es cierto hijo, ¡cállate! ¿Cómo te atreves a hablarle a tu padre así? ¡Menso!». Subimos al coche y estuve molesto todo el día, luego mi esposa me dice: «pero, yo recuerdo que hace años tú también usaste eso…» «¡No es cierto, yo no lo dije así! Bueno, sí lo dije, pero no tanto». Llegué a México, lo comenté a mis asistentes, y mi asistente dijo: «pastor, sí, yo recuerdo que Usted dijo eso y ¡lo juraba! Dijo: ‘eso es cierto'». Yo dije: «sí, pero nunca usé la grabación» Yo le mencioné eso al hermano Salazar y me dijo: «bueno, yo sí usé la grabación». La verdad es, hermanos, todos nosotros hacemos cosas así, y necesitamos a veces que alguien nos corrija. Yo recuerdo dos veces en mi juventud, tuve que levantar frente y decir: «hermanos, ¿recuerdan el mensaje que prediqué hace dos semanas?» Y algunos dijeron: «sí pastor, lo recordamos», y dije: «¡olvídalo!»

Pablo  aquí está exhortando a Timoteo que quede en la misma doctrina, enseñar a la gente que ama la reprensión, por eso venimos a conferencias, para aprender, para mejorar. Muchos de nosotros pensamos y tenemos un concepto muy auto de nosotros mismos.

Pablo dice en Filipenses 2, que debemos tener el mismo sentir de Cristo, la misma mente de Cristo. Él dice: «Debemos considerar a los otros superiores a nosotros mismos» (Filipenses 2:3). Eso es difícil hermanos, la carne no quiere hacer eso, pero si oramos: «Ayúdame Señor a tener este corazón», eso va a quitar los malos pleitos y contiendas entre nosotros. Si nosotros sinceramente consideramos el uno al otro superior  a nosotros mismos, no va a haber pleitos, no va haber divisiones. Pablo aquí está enseñando, él dice: «El propósito de todo lo que estamos haciendo es un amor sincero». Y es para la honra y la gloria de nuestro Dios.

Nosotros debemos aprender a usar la Biblia correctamente, Jeremías 15 dice que: «halló la palabra de Dios y se la comió» (Jeremías 15:16), nosotros debemos hace la Biblia parte de nuestra vida, «es el gozo…» dice Jeremías «…de nuestro corazón…« (Jeremías 15:16). Es interesante, en el libro de Ezequiel, en el libro del apocalipsis, la Biblia habla antes que Dios mande a Juan a predicar a las naciones, antes que mande a Ezequiel a predicar la palabra, primero les da el rollo del libro y les dice: «come eso, no sólo de pan vivirá el hombre, sino de cada palabra que sale de la boca de Dios y pastor, tú no puedes alimentar las ovejas hasta que tú primero hayas comido». Las ovejas van a donde hay pasto, y lo que pasa es que ustedes son tan flojos, que no estudian, no leen su Biblia, no preparan sus mensajes. Y luego Usted se enoja porque su gente se va a otra Iglesia. «¡Ah! ¡Este hombre no debería poner otra Iglesia en esta ciudad! En esta ciudad nada más tenemos cien mil habitantes, ¿cómo se atreve a poner otra Iglesia? Está robando mis ovejas». En primer lugar, yo pensé que las ovejas eran de Cristo, en segundo lugar, pastor, las ovejas van a donde hay comida y Usted no les da de comer, pero tú no puedes darle de comer porque tú también tienes anemia (espiritualmente). Tienes que estudiar, tienes que leer, tienes que caminar con Dios, en Josué 1, salmos 1: «Dios nos prospera, nos bendice cuando la Biblia es su delicia, es su gozo». Mi pastor nos enseñó en su juventud,  nos dijo que él cuatro horas al día: dos horas por día estaba leyendo la Biblia y dos horas por día estaba orando, luego él salía a ganar almas, pero debes caminar con Dios, yo procuro de caminar con Dios por lo menos dos horas al día, pero es indispensable eso.

Estaba ahora creciendo la Iglesia en Jerusalén y prosperando, algunos teólogos creen que la Iglesia en Hechos, capítulo seis había llegado a la asistencia de ochenta mil. Ahora yo no sé, yo no estaba ahí; si fuera mi Iglesia, sí, si fuera la Iglesia de Maramos, no. Pero en aquellos días, como crecía el número de ciclos, hubo una congregación de los griegos contra los hebreos, que las viudas de aquellos eran desatendidas y la distribución diaria, ellos venían con estas quejas a los Apóstoles, entre más grande la Iglesia más cosas hay que cuidar y hacer y todo eso y luego dice el versículo 3: «buscad entre vosotros siete varones llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encargaremos de este trabajo. (Hechos 6:3) Nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra (Hechos 6:4)«. Ellos dijeron: «vamos a mantener como prioridad en nuestro ministerio, el ministerio de la palabra». Eso hermanos, es el estudio de la palabra y la predicación de la palabra de Dios. Ahora, de nada le sirve estudiarlo si Usted no lo va a predicar, la predicación incluye el ganar almas, hay muchos pastores que quieren predicar a miles de personas, yo tengo un programa de radio, me encanta también que nos dicen ahora que nos escuchan alrededor de tres millones de personas, yo no sé si es cierto pero es lo que nos dicen. Y recibimos montones y montones de llamadas continuamente del programa de radio, «pero pastor, yo quiero predicar a miles, algún día predicar a millones». Pastor escúcheme, Usted no va a predicar a miles, Usted primero aprende disfrutando predicarle a uno. Usted lee la Biblia, los mejores mensajes de Jesucristo de salvación (Juan, capítulo 3): fue predicado a un solo hombre (Nicodemo). Juan, capítulo 4: «el agua viva», predicado a una sola mujer. Usted debe aprender el ministerio y la palabra, estudiarlo y luego enseñarlo y predicarlo a otros. Su caminar con Dios, determina su amor para Dios. Ahora, escúcheme bien, sus motivos en el ministerio determinan sus métodos, sus métodos determinan sus resultados, sus resultados determinan su ministerio y su ministerio va a determinar su recompensa en el Cielo algún día. Pero todo empieza hermanos, con sus motivos. Cuando nosotros caminamos con Dios, vamos a tener los motivos correctos. Ésa es la razón por la que algunos pastores mienten sobre su asistencia. Ellos dicen mentiras sobre su asistencia porque sus motivos son incorrectos, nada más quieren presumir, de nada les sirve, aunque Usted crezca nadie le va a creer. Pero si ésta es su motivación hermano, Usted hasta va a hacer cosas que no debe hacer para tener un grupo grande de gente.

Yo conozco un joven predicador que salió de un colegio bíblico, yo estaba empezando mi Iglesia y este joven estaba mandando cartas en tres meses diciendo que ya tenía trescientos en asistencia. Y yo le dije: «¡Caray! Estoy luchando aquí, apenas tengo cinco. Y este joven salió del instituto y ya tiene trescientos en tres meses, increíble eso, ¿qué estoy haciendo mal?». Y luego me di cuenta que este hombre lo que estaba haciendo, estaba vistiendo como payaso los domingos, yendo al parque con un bolso de dulces, echando los dulces en el parque a los niños y cuando llegaban los niños, él les predicaba. Ahora, no estoy en contra de eso, cualquier cosa que Usted hace para ver gente a salvo es buena, pero Usted no va a edificar una Iglesia así. Usted tiene los motivos correctos, tienes que tener una Iglesia donde está discipulando, enseñando a la gente. Hasta nosotros cuando empezamos la Iglesia, ni usamos promoción por el primer año, porque yo quería tener un grupo de gente que viniera porque amaban la palabra de Dios. Su caminar con Dios determina su actitud. Hablemos con Daniel por ejemplo, que Daniel tenía un espíritu excelente, era agradecido, hermano eso es muy importante para Usted como pastor, tener un corazón agradecido con Dios, pero eso viene a través de caminar con Dios. Dios pone gratitud en su corazón, y Dios bendice a un hombre que tiene buen espíritu, buena actitud. Pablo fue agradecido con Dios, porque Dios le había puesto, lo había tenido por digno, lo había puesto en el ministerio, estaba agradecido con Dios. Ahí hay muchos pastores hermanos, que están chillando por estar en el ministerio. Nosotros debemos ser agradecidos con Él, pero eso viene después de caminar con Dios, pasar tiempo con Él. Caminar con Dios da un espíritu de ser humilde, Dios da gracia a los humildes, «Él resiste a los soberbios y da gracia a los humildes» (Jaime 4:6), pues eso viene hermanos por caminar con Dios. Y luego hermanos, también nos da un espíritu de confianza al mismo tiempo, si su fe está en Dios y no en los hombres, Usted va a tener confianza. Y déjenme decirles algo, la gente está dirigida y guiada a un predicador, un pastor que tiene confianza, que no está lleno de temor y miedo, la gente sigue a un pastor que tiene confianza y fe en su Dios.

Nuestra meta, no debe ser solamente ver gente a salvo, pero debería ser también alcanzar las naciones para Cristo. Usted como pastor, debería tener en sus metas unas cosas que Dios ha bendecido en nuestra Iglesia y yo creo que va a bendecir en la suya también, no solamente queremos alcanzar un pueblo o una ciudad, pero Usted debería la meta de alcanzar naciones para Cristo.

Yo quiero decir eso, yo sí creo en el llamamiento de Dios, estoy de acuerdo que puede ser un voluntario  y a veces la gente usa una ilustración, por ejemplo: miren el ejército, hay gente que el ejercito agarra para ser soldado, hay otros que quieren ser soldados voluntariamente y yo estoy de acuerdo con eso, todos pueden entrar en el ejército de Cristo. Pero tú no puedes escoger ser un líder en el ejército.

Cuando Usted entra en el ejército, Usted no le dice: «¿sabes qué? Yo quiero ser un sargento»,  «hazme un sargento» o «quiero ser un general» o de una vez: «póngame de general», eso es algo que ellos tienen que llamarte y decidir, si tú quieres servir a Dios tiempo completo con tu vida, tú puedes ser voluntario, pero si tú vas a ser un pastor o vas a ser misionero, yo creo que Dios tiene que llamarte.

«Antes que te formases en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones. (Jeremías 1:5) Y dije: ‘¡Ah Señor Jehová! No sé hablar porque soy niño’. (Jeremías 1:6) Me dijo: ‘no digas soy niño, porque a todo lo que yo te enviaré irás tú, irás a todo lo que te mande» (Jeremías 1:7). Dios nos llama Hermanos, no solamente Reed estuvo hablando de eso, nuestro llamamiento no es solamente ganarle una ciudad o un pueblo a Cristo, debemos predicar el Evangelio a todo el mundo, el Hermano Tommy estuvo predicando sobre esto el otro día también, es nuestro deber alcanzar las naciones. Ahora, lo que Usted tiene que hacer como pastor, enseñamos a nuestra gente a dar, pero luego nosotros no queremos dar. Nosotros, nuestra Iglesia damos el 20% de las ofrendas, 20% a misiones, aparte de eso tenemos promesas de fe. Este año, con todo y nosotros estamos juntando para otras Iglesias, otros ministerios aquí en México, en otras partes del mundo, este año vamos a dar como tres millones y medio a otras Iglesias. Yo podría estar concentrando todo este dinero en mi ministerio, pero Dios no me llamó solamente a Ciudad de México, Dios quiere que alcancemos el mundo. Nosotros queremos ver setecientas Iglesias aquí en México, que han salido de manutención. Aparte de eso, queremos ayudar a la obra misionero y apoyar la obra misionero, tenemos que entender que Dios nos ha llamado no sólo a alcanzar nuestro pequeño lugar, pero ayudar a otros: «dad y se os dará«. (Lucas 6:38), la Biblia dice.

Esta semana he regalado a diferentes pastores, más de treinta y cinco mil pesos esta semana, aquí en la conferencia. Antes de terminar el día, yo daría a los pastores el dinero, antes de terminar el día recibí llamadas o alguien vino conmigo y me devolvieran más de lo que yo di.

Dios bendice, pero el problema que tú tienes es que tú no crees lo que tú predicas. Tú predicas a la gente: «¡Dad y se os dará!«. (Lucas 6:38), pero Usted no lo hace. Su enseñanza, sus métodos, todo depende de su caminar con Dios, el libro de Jeremías, capítulo veinte: «No recordaré más ni hablaré más en su nombre, no obstante había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo y no pude» (Jeremías 20:9). O vemos en el capítulo veinte y tres, este fuego quemando el corazón de Jeremías era la palabra de Dios, Dios dice a Jeremías: «¿No es mi palabra como un fuego..?» (Jeremías 23:29) Jeremías había hallado la palabra de Dios, la había comido y luego él llegó al punto donde dijo: «ya no voy a predicar, esta gente está enojada, me dan caras feas…» y hasta Dios le dijo:  «no tengas miedo de sus caras», pero Jeremías dice: «me han golpeado, me han echado en la cárcel, me pusieron en el cepo, ¡ya no voy a predicar!». Pero él dice: «dentro de mi había un fuego quemándome; traté de sufrirlo, pero no pude» (Jeremías 20:9).

Hace años hubo un tremendo predicador en los Estados Unidos: Larry Brown. Larry Brown está en un pueblito, como siete mil habitantes en su pueblo y no hay ciudades alrededor de él. Está en un pueblo de siete mil y el hermano Brown tiene ochocientos en asistencia cada domingo. Pero hace años lo que me dijo el Hermano Brown a mí fue: «yo vivo aquí en el campo, ¿cómo voy a crecer una Iglesia grande aquí en el campo?» Y el hermano Brown me dijo: «un día estaba manejando, y había una bodega de un campesino que se incendió, se estaba quemando y cuando subió el fuego a la bodega del campesino, llegaron los bomberos más también llegaron como dos mil personas ahí, para ver el fuego. Y estaba todo el mundo mirando el fuego, y yo dije: ‘Señor, préndeme un fuego, yo estoy quemando para ti’ Y si Usted se está quemando pastor, la gente va a venir para verte quemar». Pero, este fuego, este ánimo, a mi me encanta predicar, yo no soy bueno para predicar ni puedo pronunciar el español bien, yo tengo maestros y abogados e ingenieros en la Iglesia y cuando estoy leyendo el texto es «¡ew… ew… ew!». Pero a mi me encanta predicar, soy puro verbo, a algunos de Ustedes no les gusta ni su propio mensaje. Hermano, si Usted mismo no se quiere escuchar predicar, ¿quién más va a querer? Eso viene por el estudio de la palabra de Dios, tienes que meter el fuego dentro de ti.

Nuestro pastor nos enseñó eso muchas veces cuando éramos jóvenes predicadores, muchos pastores cuando están predicando, ellos quieren impresionar a la gente, con su sabiduría, su elocuencia, su conocimiento y «Usted nos tiene tan impresionados que nos estamos durmiendo. Usted usa palabra que nadie conoce». Cuando Usted predica, Usted debe olvidar a su imagen, Usted debe estar consumido con la verdad que está enseñando y Usted debe estar convencido: «mi gente necesita lo que estoy enseñando. A mi no me importa qué tengo que hacer, la gente tiene que escucharme». Si Usted tiene este fuego, este mensaje, esta carga en su corazón, este gran fuego, Usted lee la Biblia, lea los profetas, usar ilustraciones cuando predican, cualquier cosa para agarrar la atención de la gente.  Así que él empezó a cortar su cabello, a echarlo en el fuego, en el viento y decía: «ésos son Ustedes». Cuando predicaba se acostaba; él hizo un sartén e hizo un pequeño drama de la ciudad de Jerusalén, cómo iban a atacar a la ciudad, hasta estaba preparando un mensaje y estaba usando caca de vaca, Dios dijo: «toma este estiércol, toma este excremento de hombre y prepara tu comida con eso», y él dice: «¡Ay Señor!». Dios dice: «¡Ah!, está bien, puedes usar de vaca». ¡Oh! Pero Usted es demasiado importante para eso, ¿verdad? Tú eres el ‘Daily Movie’ de México. Cristo estaba predicando, cuando vinieron a predicar a la mujer, él estaba ahí en el polvo, escribiendo en el polvo. Mi pastor nos enseñó que cuando Usted hace algo así, atrae la atención de la gente. Yo todavía me estoy preguntando: «¿qué andaba escribiendo en el polvo?» Algunos teólogos dicen: «eran los nombres de los pecadores». ¿Quién sabe? Yo creo que era un dibujo de Mickey Mouse. Pero Jesús haría cosas para llamar la atención, para que la gente pusiera su atención y el pudiera predicarles y enseñarles.

Pero cuando se mensaje va a ser interesante, es cuando Usted tiene un fuego en su corazón quemándole, eso viene por caminar con Dios y estudiar y Usted está buscando el bienestar de su gente.

Hace años yo vi una casa que se encendió, era por Navidad y yo estaba ahí en la calle con mi novia, pero no la quería para nada Debbie, era mala mujer, y estábamos hablando y un árbol de navidad de los vecinos de ella se incendió, no sé si han visto un árbol de Navidad cuando están secos y se encienden, pero es increíble qué rápido se queman. Y la casa se empezó a quemar,  y los vecinos llegaron ahí y vieron a sus vecinos quemándose y llegaron a la casa: «¡Eh… eh… La casa se está quemando… eh… eh!», no les importaba su imagen, pero estábamos nosotros preocupados por la gente en la casa que se estaba quemando. Cuando Usted se olvida de sí mismo, y piensa en la necesidad de su gente y Usted tiene un fuego quemándole el corazón un mensaje que Dios le ha dado, Usted va a hacer lo que tiene que hacer, para mantener la atención de la gente. Eso le va a ayudar en su ministerio, en su Iglesia.

El uso del dinero, mucho de los pastores, especialmente aquí en México están perdiendo sus ministerios por el uso de dinero. Hermanos, escúchenme bien: «dinero designado». No es suyo, tienes que usarlo como fue designado, ahorita estoy en peligro, puede ser que yo termine en la cárcel y hay gente que quiere dinero y yo tengo seis millones en el banco, pero no es mío, es designado. Y yo dije: «aunque Ustedes me echen a la cárcel, aunque me corran del país yo no les voy a dar el dinero de Dios», no es mío. Alguno de Ustedes, su gente levanta el dinero para comprar un camión y Usted lo usa para otra cosa, gente da el dinero para comprar bancas y Usted no compra las bancas, «pobre pastor, se enfermó su esposa y estaba por morir…», y ahora tu gente confía en ti y Dios no confía en ti, porque tú has robado. Usted tiene que aprender hermano a usar el dinero de Dios para lo que tiene que ser usado.

Ahora, al mismo tiempo hermanos el pastor debe tener la autoridad sobre el dinero de la Iglesia, puede creer lo que quiera, lea su Biblia, cada texto en la Biblia, los diezmos y ofrendas del Templo eran para los siervos de Dios. Yo creo que un pastor egoísta lo va a usar mal, nunca va a crecer su Iglesia, un pastor que tiene buen corazón lo va a usar correctamente. El pastor debe tener control del dinero en la Iglesia. Dinero designado, Usted levanta dinero para hacer algo, para misiones o algo así, tiene que usarlo como fue designado el dinero y yo conozco pastor tras pastor que ha perdido su ministerio por el mal uso del dinero.

Entre Los Vivos Y Los Muertos

Entre Los Vivos Y Los Muertos

Números 16:41-50: «El día siguiente, toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón, diciendo: Vosotros habéis dado muerte al pueblo de Jehová. Y aconteció que cuando se juntó la congregación contra Moisés y Aarón, miraron hacia el tabernáculo de reunión, y he aquí la nube lo había cubierto, y apareció la gloria de Jehová. Y vinieron Moisés y Aarón delante del tabernáculo de reunión. Y Jehová habló a Moisés, diciendo: Apartaos de en medio de esta congregación, y los consumiré en un momento. Y ellos se postraron sobre sus rostros.  Y dijo Moisés a Aarón: Toma el incensario, y pon en él fuego del altar, y sobre él pon incienso, y ve pronto a la congregación, y haz expiación por ellos, porque el furor ha salido de la presencia de Jehová; la mortandad ha comenzado.  Entonces tomó Aarón el incensario, como Moisés dijo, y corrió en medio de la congregación; y he aquí que la mortandad había comenzado en el pueblo; y él puso incienso, e hizo expiación por el pueblo,  y se puso entre los muertos y los vivos; y cesó la mortandad. Y los que murieron en aquella mortandad fueron catorce mil setecientos, sin los muertos por la rebelión de Coré. Después volvió Aarón a Moisés a la puerta del tabernáculo de reunión, cuando la mortandad había cesado»

El incidente que acabo de leerles ocurrió un día después de haber ocurrido uno de los eventos históricos más horrorosos en la historia de Israel, que fue la rebelión de Coré en contra de Aarón y Moisés. Coré con tres compañeros se levantaron en contra de Moisés para usurpar la autoridad que Moisés y Aarón tenían para tomar el control de la vida de Israel.

Hay ciertas cosas que se deben señalar en esta historia, cosas bien importantes. La primera es que Coré era un levita, miembro de la tribu a la cual Jehová había entregado y designado el sacerdocio. Dios había seleccionado de todas las doce tribus una para que estuviera bien cerca de él. Para que ellos protegieran el tabernáculo. Para que ellos administraran el tabernáculo. Y de esos levitas Dios escogió una familia para que fuese la familia sacerdotal. La cual ejecutaría los deberes sacerdotales, que eran necesarios ejecutar para una propia y buena relación con Dios.

Pero, Coré como que no estaba agradecido de ello, quería más. Quería subir más para arriba de lo que Dios le había puesto. Y siempre alguien va a seguir a alguien cuando ocurre una cosa así. A él se le unieron tres individuos: Datán, Abiram y On. Y los tres eran de la tribu de Rubén.

La tribu de Rubén era la tribu número uno en el pueblo de Israel. Rubén fue el primogénito. Pero usted sabe la historia de que él cometió un horroroso pecado y entonces el deber de Rubén se le pasó a la tribu de Judá. Pero Rubén tenía un lugar especial.

Y estos tres individuos, al oír a Coré  exaltarse para usurparle el poder a Moisés y Aaarón, dijeron «Ajá, nos vamos a unir a él. Para entonces nosotros también llegar a ser algo grande y poner nuestra tribu donde debiera estar«.

Estos cuatro individuos influenciaron a doscientas cincuenta hombres, los cuales con ellos se revelaron en contra de Moisés y Aarón.

La rebelión es contaminante. Cuando alguien se rebela, alguien se va a unir a esa rebelión. Si hay una familia que tiene cuatro, cinco hijos, y uno de esos hijos se rebela, otro en esa familia le va a seguir a ese.

Así que estos individuos no únicamente desearon usurpar la autoridad, sino que fueron la influencia para que doscientos cincuenta otros hombres se uniesen a ellos y se rebelasen en contra de Moisés.

Ahora tiene que recordar esto. Israel tenía posiblemente dos millones de personas. Pero usted dirá, alguna gente dice seis millones. Pero vamos a ser conservadores. Vamos a poner dos millones de personas. ¿De dónde saca eso? Mire, la Biblia dice ahí, en la palabra del Señor, que hicieron el censo que Moisés mando a hacer. Contaron seiscientos treinta mil quinientos varones de veinte años para arriba. Estos eran los que podían ir a la guerra. Seiscientos treinta mil quinientos, varones únicamente, que podían ir a la guerra. Así que tomando eso en consideración, posiblemente había a lo menos dos millones de personas.

Coré, Datán, Abiram y On se levantaron contra la autoridad establecida por Dios. En realidad comparado con los dos millones era un grupito insignificante, muy pequeñito. Doscientos cincuenta y cuatro en contra de casi dos millones de personas. ¡Pero qué problema causaron! ¡Qué problema causaron!

Se levantaron en contra de la autoridad establecida por Dios. Pero mire esto, siempre que hay rebeldía a lo establecido por Dios, hay problemas con Dios.

Déjenme repetirles otra vez.

Siempre que hay rebeldía a lo establecido por Dios, hay problemas serios con Dios. Recuerda Saulo de Tarlso persiguiendo a la iglesia. Y el Señor Jesucristo se le apareció en camino de Damasco. Y le dijo: «Saulo, Saulo. ¿Por qué me persigues?» Saulo estaba persiguiendo a la iglesia. Pero perseguir a la iglesia era perseguir a Jesucristo. Hacerle daño a una congregación local es hacerle daño a Dios. Cualquiera que quiera tratar de entorpecer, dañar, el progreso de esta iglesia local, se las tendrá que ver con Dios.

Ya vemos lo que ocurrió ahí. Siempre que hay rebeldía a lo establecido por Dios hay problemas serios con Dios. Mire, Dios ha establecido que la esposa esté sometida al esposo. Y cuando eso no va de acuerdo a los principios de Dios, la esposa se mete en problemas con Dios. Si tú, esposa, no te gusta estar sometida a tu esposo, tú te metes en problemas con Dios. Dios lo ha establecido.

Cuando los hijos se rebelan en contra de los padres, los hijos tienen problemas con Dios. La Biblia tiene un principio bien claro, que lo que los hijos le hacen a los padres eventualmente los hijos de ellos le harán a ellos. El libro de Galatas dice que lo que se siembra se cosecha.

Una señora viene en donde mí un día y dice: «¡Ay pastor! Yo no sé por qué mi hija es así. ¡Ay pastor! Esa muchacha me causa tantos dolores. Yo no sé qué hacer con ella pastor. ¡Ayúdeme!«. Y yo me quedé mirándola y le dije: «Señora, hermana. Mire para atrás en su vida. Mire para atrás en su vida cuando usted era una teenager. ¡Qué no se recuerda! No se recuerda de las muchas lágrimas que su madre derramó por usted. No se recuerda de los muchos sufrimientos que usted le causo a su mamá y a su papá. Las muchas veces que se ha rebelado en contra de ellos. Mire hermana esa es la regla de la vida que Dios puso en la Biblia»

Hijo, si tú eres rebelde y contra de tu padres, prepárate. Tú vas a tener hijos rebeldes.

Hija, si tú eres rebelde y contra de tu madre, prepárate. Tu hija se va a rebelar contra ti.

Y lo mismo ocurre con los miembros de la iglesia, en cuanto al pastor se refiere. Cuando los miembros de la iglesia no quieren obedecer la enseñanza de la palabra de Dios que dice obedecer a vuestros pastores en todo, los miembros de la iglesia se meten en problemas con Dios.

Mi papá fue misionero pastor en Puerto Rico, por cuarenta años. Si alguien tiene una excusa para no estar en el ministerio, es este que está aquí. Con los muchos abusos, sufrimientos, que yo vi a mi padre experimentar por causa de miembros en las congregaciones. Yo recuerdo un señor que siempre estaba amargando la vida a mi papá. Mi papá era un hombre que medía seis pies y tres pulgadas. Mi papá tenía un cuerpo que podía ser un quarterback en cualquier equipo de football de los Estados Unidos de América. Pero mi papá era un hombre humilde. Y ese hombre le causaba molestias. Era uno de los diáconos en la iglesia. Y un día ese hombre insultó a mi papá, y yo le digo «mira papá, por qué tú no agarras al hombre por el cuello y le metes una pescota» Mi papá me miró y dijo: «Hijo, yo se lo entregué al Señor. Déjaselo al Señor. Y tú verás lo que el Señor va a hacer» Y tal como mi papá dijo, así fue.

Un día el hombre se fue para el pueblo a trabajar, porque vivía en un campito allá fuera de Ponce. El hombre tenía una hermosa casa con todas las comodidades modernas. En el pueblo de Ponce tenía un laundry. Se pasaba todo el día trabajando. Y un día se levantó y se llevó toda la familia para el pueblo a trabajar allá en el laundry. Y durante el día la casa le cogió fuego y lo perdió todo. Mi papá me dijo: «Hijo, yo te lo dije, que Dios se encargaría de él»

Ah miembro, tenga cuidado. No te rebeles en contra de tu pastor. No te pongas a hablar de tu pastor. Algunos de ustedes por la mañana comen pastor frito después que salen de la iglesia. «¡No, que si el pastor esto!» «¡No, que si el pastor lo otro!» «¡No, que si la esposa del pastor!» Ten cuenta, porque Dios  está escuchando.

Siempre que hay rebeldía a lo establecido por Dios, hay problemas serios con Dios.

Dios nunca se queda callado, sin hacer nada, cuando hay rebeldía a lo que él ha establecido. Y ahí vemos el castigo. Lo que le ocurrió a Coré. La tierra se abrió y todo lo que el tenía, sus hijos, sus hijas, todas sus propiedades y la de los otros tres hombres, se fueron vivos al Seol. ¿Y los otros doscientos cincuenta? La Biblia dice que Dios envió fuego del cielo y los consumió (como decían allá en el barrio) en un santiamén, carbonizados, acabados.

Esta historia, al igual que muchas otras en la Biblia, está ahí para amonestarnos a nosotros, que no seamos rebeldes como lo fue Israel. Mírelo, ahí está en Primera de Corintios 10:6-12 – «Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron. Ni seáis idólatras, como algunos de ellos, según está escrito: Se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a jugar.  Ni forniquemos, como algunos de ellos fornicaron, y cayeron en un día veintitrés mil.  Ni tentemos al Señor, como también algunos de ellos le tentaron, y perecieron por las serpientes. Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el destructor»

En el colegio nuestro tenemos una regla, que está prohibido quejarse. El que se queje que se vaya para su casa. Y les decimos, lo que tenemos aquí es lo que Dios proveyó. La comida que está aquí es la que Dios proveyó. Y cuando tú te quejas, te estás quejando en contra de lo que Dios ha provisto. ¡Cero quejas aquí! Ni murmuréis,  como algunos de ellos murmuraron y perecieron por el destructor. Y note esto, estas cosas les acontecieron como ejemplo y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos. Están ahí para ti y para mí. Para amonestarnos.

¿Pero sabe lo que pasó? Parece que los israelitas no aprendieron absolutamente nada de lo que le ocurrió a Coré y a los doscientos cincuenta. Al día siguiente, el próximo día,  temprano a la mañana, los (ahora no son doscientos cincuenta, ahora no es un grupito limitado)  dos millones murmuraron contra Moisés y contra Aarón, y se levantaron en contra de estos dos siervos de Dios.

Números 16:41- «El día siguiente, toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón, diciendo: Vosotros habéis dado muerte al pueblo de Jehová.»

Moisés y Aarón habían sido debidamente seleccionados y llamados por  Dios para el ministerio que ellos ejercían. Ellos no seleccionaron sus posiciones. Sus posiciones les fueron seleccionadas para ellos. Los verdaderos siervos de Dios son los que han sido llamados al ministerio de Dios. Los que se meten al ministerio, en la vida hay unos cuantos, sin el debido llamamiento de Dios son los que más problemas causan en el ministerio.

Yo no me metí al ministerio. A mí me metieron en el ministerio. ¿Y sabe algo más? El ministerio se me metió por dentro. Yo nunca he tenido ninguna ambición de ser ninguna otra cosa que predicador de la palabra de Dios.

Y cuántos llamados predicadores, que yo he hablado con ellos: «Y bueno, yo soy predicador. Pero por el lado voy a vender seguros» «Yo soy predicador, pero por el lado estoy haciendo esto otro» «Yo soy predicador pero…» Mire, ¡Dios me llamo a predicar! Y el resto de mis días lo voy a hacer.

Éramos cuatro varones y tres hembras en la casa. Mi mamá pensó que a lo menos uno de nosotros iba a ser predicador. Y decidió cogerme a mí. Me miró y me dijo: «tú vas a ser predicador» «¿Yo predicador?» «Si, tú» Y cada vez que hacía algo malo, mi mamá me cogía por la oreja. Y me agarraba y me la torcía. Y me decía: «Mira, ¡los predicadores no actúan así!» Yo no sé cuántas veces oí esas palabras.

Cuando tenía como once años de edad, no recuerdo lo que hice, estoy seguro que fue bien malo, mi mamá me cogió, me haló por la oreja, me llevó al cuarto de ella, me la torció bien duro y me gritó: «¡Hijo los predicadores no se comportan así!» Ah, yo tenía un gran respeto por mi mamá. Era una gran sierva de Dios. Una mujer de oración, por las oraciones de ella es que estoy aquí.

Yo la miré y por primera vez en mi vida le grité a mi mamá. Y le dije: «¡Mamá, si algún día yo llego a ser predicador será porque Dios quiera y no tú! Déjame quieto» Esa fue la última vez que mi mamá me dijo que iba a ser predicador. Jamás me lo dijo, pero mi mamá oraba por mí. Oraba por mí.

Y cuando tenía diecisiete años de edad, yo estaba locamente enamorado de una chica. Estaba enamorado de esa muchacha, que eso era una cosa tremenda.  Soñaba con ella. Deseaba estar con ella todo el tiempo. Y fui a hacer un retiro de jóvenes, y oí una voz dentro de mi corazón que me decía: «Oye, esta no es tu mamá. Este soy yo. Yo te necesito para que tú prediques la palabra. Yo te necesito para que tu vayas a anunciar las buenas nuevas de salvación» Y ahí tuve una guerra dentro de mí. Si me voy con Dios, la muchacha me deja. ¡Ay que dolor! Ahí estuve luchando como cinco o diez minutos. Y por fin le dije: «Ok Señor, lo que tú quieras. Aquí voy» Y con los ojos cerrados, yo no sé como caminé al frente, pero cuando yo abrí los ojos yo estaba dándole la mano al pastor y diciéndole: «Pastor, Dios me ha llamado a predicar. Y aquí estoy para dar mi vida al Señor» Y desde ese momento jamás he sentido deseo de otra cosa que no sea predicar el evangelio.

Moisés tenía suficientes razones para pedirle a Dios que acabara con Israel de una vez y para siempre. Digo, si yo hubiese sido Moisés yo creo que le hubiese dicho a Dios: «¡Mira Dios acaba con esos sabandijas que están ahí!¡Elimínalos a todos!¡Estoy cansado!» Pero sabe una cosa, Moisés no lo hizo. ¿Sabe por qué no lo hizo? Porque moisés estaba más preocupado por la reputación de Dios que por su conveniencia personal y sus sentimientos.

Cuando tú vayas a hacer algo piensa en Dios y su reputación. Cuando te venga una tentación a hacer algo indebido piensa en Dios y su reputación. Cuando Satanás te ponga una trampa al frente para tratar de sonsacarte y echarte afuera, piensa en el Dios todopoderoso que es digno de toda honra y de toda gloria.

Eso fue lo que Moisés hizo. Ya Dios había decidido acabar con esa generación. Pero Moisés intervino en favor de ellos. Y es aquí donde llegamos al mensaje de esta noche.

En el versículo 41 note en primer lugar la reacción de Dios a la murmuración de la gente. Esa reacción no tardó. En Números 16:44 – «Y Jehová habló a Moisés, diciendo: Apartaos de en medio de esta congregación, y los consumiré en un momento. Y ellos se postraron sobre sus rostros.» Ya Dios había determinado, los iba a acabar, los iba a eliminar. Estaba cansado de ellos, de sus quejas, de su idolatría, de sus murmuraciones. Ya Dios estaba listo para acabarlos. La mortandad ya había comenzado. Esa mortandad fue exactamente igual que la misma mortandad que ocurrió en Egipto cuando los primogénitos murieron. Exactamente la misma.

En Éxodo 12:29 – «Y aconteció que a la medianoche Jehová hirió a todo primogénito en la tierra de Egipto, desde el primogénito de Faraón que se sentaba sobre su trono hasta el primogénito del cautivo que estaba en la cárcel, y todo primogénito de los animales.» Note como comienza el versículo: «Jehová hirió». Y ahí en Números Capítulo 16 encontramos que volvió a ocurrir lo mismo. Dios hirió y la mortandad comenzó.

Mira la orden de Moisés en segundo lugar. Moisés y Aarón cayeron sobre sus rostros. Y Moisés le dio la orden a Aarón que hiciera algo. Porque el único que podía hacer algo era Aarón. Porque fue a él que Dios seleccionó de sumo sacerdote. Era Aarón el que podía hacer la expiación. Ya no podía Moisés hacerla. Una vez que Aarón fue establecido como sumo sacerdote Moisés no podía hacer ninguna expiación. Era el deber de Aarón y de sus hijos sacerdotes hacer la expiación. Y en el suelo Moisés le grita a Aarón: «¡Mira, párate y haz algo enseguida antes que el Señor destruya todo el pueblo!«.

Aarón obedeció a Moisés e hizo lo que sabía que se debía de hacer. Números 16:47 – «Entonces tomó Aarón el incensario, como Moisés dijo, y corrió en medio de la congregación; y he aquí que la mortandad había comenzado en el pueblo; y él puso incienso, e hizo expiación por el pueblo,  y se puso entre los muertos y los vivos; y cesó la mortandad.» Tomo el incensario, le puso fuego del altar. Tiene que recordar que el fuego del altar era el fuego que venía del cielo. No se podía poner fuego extraño. Los dos hijos de Aarón pusieron fuego extraño y Dios los mató. El fuego que estaba allí era el fuego de Dios. Y ese era el fuego que había que ponerle al incensario. Lo echó en el incensario,  le echó incienso y salió corriendo.

Ahora,  Aarón no era un jovencito. Para esta época Aarón tenía como 110 años, su cara estaba arrugada, las manos estaban manchadas, no tenía muchos músculos, sus piernas estaban débiles por la vejez. Pero la Biblia dice que salió corriendo. Yo me puedo imaginar a Aarón con el incensario en la mano corriendo, corriendo. «Tengo que llegar allá antes que la muerte llegue a estos. Tengo que llegar. Tengo que llegar» Y la Biblia dice que llegó y se puso entre los muertos y los vivos, y levantó el incensario, y paró la muerte. Paró.

Aarón es un tipo de Cristo. Cristo dejó el cielo de gloria por ti y por mí. Cristo se hizo hombre para poder redimir al hombre. Con el incensario de su sangre vino a redimir a la humanidad que estaba muerta, perdida. No hemos sido redimidos con cosas corruptibles como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Jesucristo como de un cordero sin manchas y contaminación. Yo puedo ver al Señor Jesucristo bajar del cielo con el incensario de su sangre corriendo para ir a rescatar a los pecadores. «Aquí estoy. Esta es mi sangre. Todo aquel que crea en mí es perdonado, es salvo, tiene vida eterna. Quien quiere venir venga«. Lo hizo Jesucristo por ti y por mí. Ahora nos toca a nosotros.

Ahora nos toca a nosotros seguir el ejemplo de Aarón. Y seguir el ejemplo de Jesucristo. Tú y yo tenemos un incensario. Está aquí. Este es nuestro incensario. Tenemos que correr con el mensaje de la Biblia y ponernos entre los vivos y los muertos. Y declararles: «Cristo salva. Cree en Jesucristo. Acéptalo como tu Señor y salvador. Si crees en él, él te perdona. Hay salvación» Tenemos que ir con el incensario de la palabra de Dios a buscar los perdidos que está muriendo sin esperanza en salvación.

Ese es el mensaje de esta enseñanza

Para vergüenza suya, aquí hay alguno de ustedes que, nunca, nunca, nunca han ganado un alma para Cristo. Tú nunca le has dado el Evangelio a nadie. Tú nunca le has testificado a una persona. Tú nunca le haz llevado el incensario de la palabra de Dios.

¡Tenemos que correr con el mensaje de la Biblia! Y ponernos entre los muertos y los vivos. Declarar que ya se hizo la expiación, Jesucristo la logró, que hay salvación, que hay redención.  Y todo aquel que invocare el nombre del Señor será salvo. El tiempo está avanzando, Jesucristo viene pronto.

Cuando estaba en la Universidad de Bob Jones los sábados tenían capillas misioneras. Y venían misioneros a hablarnos. Venían misioneros de diferentes países a retarnos. En una ocasión vino una pareja que eran misioneros en Haití, y en vez del hombre predicar lo que hizo fue ilustrar junto con su esposa una experiencia que ellos tuvieron en Haití. El esposo se sentó en medio de la plataforma (yo nunca me he olvidado de eso) simbolizando el grupo de personas en la villa a la cual el misionero fue a hablar. Entonces el misionero llegó a la villa y predicó la palabra del Señor. Dio una invitación y cuatro o cinco de las damas que estaban allí aceptaron al Señor Jesucristo como su Señor y salvador. Y entonces el misionero dijo: «Bueno, voy a venir la semana que viene para dar clases». Y ya se iba a ir cuando una señora le dijo: «Misionero, por favor espere un momentito» La esposa de él estaba haciendo el papel de esa señora. Y le dijo «Misionero yo quiero hacerle una pregunta. Dígame, ¿cuánto tiempo hace que usted conoce este mensaje de Jesucristo como el salvador?» «Ah sí,  yo hace treinta y cinco, cuarenta años». «¿Treinta y cinco, cuarenta años?» «Sí» «Misionero, dígame. ¿Cuánto tiempo hace que su gente allá en América conocen este mensaje?». Para ese entonces eran como ciento veinticinco de la historia de la nación. Él dijo: «Posiblemente ciento veinticinco años, desde que la nación comenzó. Porque los peregrinos trajeron el mensaje cuando vinieron a América» Y la señora abrió los ojos y le dijo: «Misionero, ¡ciento veinticinco años de que su gente conoce este mensaje y ahora es que usted llega aquí!» Con lágrimas en los ojos le dice «Misionero, ¿ese mensaje que usted nos dijo es cierto? Mi esposo se perdió. Tres años atrás tuvimos una tragedia y mi esposo murió en un accidente.» Con lágrimas corriéndole sobre las mejillas le dice:»Diez años atrás mi mamá murió. Y mi mamá no sabía de esto que usted nos esta diciendo. Misionero, yo quiero preguntarle. ¿Por qué su nación y usted le echaron tanto tiempo en venir aquí a hablarnos de Cristo? Si alguien hubiese venido más temprano mi esposo hubiese sido salvo. Si alguien hubiese venido más temprano mi mamá hubiese sido salva. ¿Por qué se echaron tanto tiempo?»

¿Quién sabe cuántas personas estarán en el infierno diciendo «por que alguien no me habló»? Ah, quizás es tu vecino. «¿Por qué no me ha hablado?». Quizás es tu barbero. «¿Por qué no me ha hablado?» Ve con el incensario de la sangre de Cristo y la palabra de Dios y dile: «Cristo te ama, murió por ti».

Que el Señor nos ayude a llevar el mensaje entre los muertos y los vivos.

La Impuntualidad

La impuntualidad

Voy a hablar de un tema, que yo creo que todos necesitamos mejorar. Todos necesitamos corregir en nuestras vidas. Si hay un problema. Si hay un vicio. Si hay un mal hábito que tenemos los hispanos, aún pastores, aún predicadores, es este del cual les voy a hablar.

Yo sé que existen una y mil justificaciones. Y ahora déjenme aclarar algo. Yo no soy el perfecto ejemplo de hacer lo que voy a enseñar, pero tenemos que corregir este problema. Porque repito, es un vicio que yo veo que está cundiendo. Y que nos está corroyendo, así como la polilla al entrar a la madera la cava, o a la tela la consume. Así este pecado (porque es un pecado). ¿Cuál es el asunto del cual quiero hablar?: la impuntualidad.

¡Cuántas veces hemos sido impuntuales! Y nos justificamos. Y decimos: «No, pero es que no se puede«.

Si algo tiene que cuidar el pastor es esto. Desgraciadamente yo lo he visto entre tantos pastores. Son impuntuales, no solamente en el sentido de no cumplir a tiempo con las actividades de la iglesia, pero son impuntuales con sus compromisos. Son impuntuales con todo lo que tiene que ver con la palabra impuntualidad.

Vamos a hablar de eso. ¿Qué es la impuntualidad? O, ¿por qué somos impuntuales?

Moisés decía en el Salmos 90 – «Enséñanos de tal modo a contar nuestros días que traigamos al corazón sabiduría». Y yo creo que Moisés entendía y tenía las mismas luchas que nosotros tenemos,  las mismas fallas, las mismas debilidades. Y por eso que en esta oración que está haciendo, Moisés le dice al Señor: enséñame a contar mis días; enséñame a pensar bien en los compromisos que tengo; enséñame a aprovechar cada minuto, cada segundo que tengo de vida para que traiga a mi corazón sabiduría.

Creo que esta debería de ser nuestra oración diariamente. Si se requiere de un cristiano que tenga palabra, que sea honesto, que sea recto. ¿Cuánto más de un siervo de Dios? Y a veces los ciervos de Dios somos los más conocidos por ser los más mentirosos, los más falsos. «¡Ah, lo dijo el pastor! No te preocupes, no va a suceder».

¡Qué vergüenza! Qué vergüenza que nuestra palabra sea tomada como algo insignificante. Como algo sin importancia. Cuando debería de ser todo lo contrario.

¿Qué es lo que muestra la impuntualidad en una persona? En primer lugar muestra nuestra indisciplina. Es una falta de disciplina. La persona impuntual, la persona incumplida es una persona indisciplinada. Y tengan cuidado, porque normalmente cuando una persona es indisciplinada en una área de su vida, lo más seguro es que se empiece a transmitir a otras áreas de su vida. Y esa es la razón por la cual algunos siervos de Dios empiezan sin darse cuenta a resbalar en su vida espiritual, en su vida cristiana. Empiezan a permitir el pecado en un área de vida y después van a terminar contaminando todas las demás áreas de su vida.

El rey Salomón dijo en Eclesiastés 3:1 -» Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora».  Cada persona que vive en este planeta tiene las mismas 24 horas. Cada persona tiene exactamente 7 días a la semana, 365 días al año.

¿Por qué es que algunas personas hacen más que otras?: disciplina. Disciplina, nada más. Están disciplinados de tal manera que aprovechan cada minuto de su tiempo. El problema con nosotros es que somos indisciplinados. Nos consentimos, nos apapachamos. «Ya trabajaste mucho» » Ya tienes derecho a tomarte unos cuantos días de descanso»

Qué vergüenza que a veces el pastor sea tenido o conocido como el más perezoso, como el más flojo. «Ah, pues que vida tan campechana se llevan los pastores. ¡Pues yo me voy a meter de pastor!», algunos hermanitos dicen. «Que vida tan cachetona llevan. No pues, ¡yo me voy a meter de pastor!»

La verdad es que no es ese el problema. El problema es el carácter indisciplinado de esa persona. Y a propósito, cuando una persona es perezosa para trabajar en lo secular, es perezosa para trabajar en el ministerio. Pero esto es cuestión de disciplina. Cuestión de carácter.

La Biblia nos dice en Timoteo 1:7 (un versículo que todos conocemos, y sino lo conocemos deberíamos conocerlo) -«Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio». Y precisamente somos indisciplinados porque no tenemos domino propio. Esto está evidenciado en que nuestro corazón no le pertenece completamente a Dios. Por eso somos impuntuales.

Lo segundo que muestra la impuntualidad en una persona es la necedad. En Efesios 5:15 el apóstol Pablo le está hablando a la iglesia de los Efesios y dice: «Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios,…» Y luego dice: «…aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos». Qué interesante es el contraste que pone aquí el apóstol Pablo entre necios y sabios.

Y luego dice el versículo 16, haciendo el mismo contraste, «aprovechando bien el tiempo«. Quiere decir que la misma persona que no aprovecha bien el tiempo no es una persona sabia, es una persona necia.

Lo segundo que muestra la impuntualidad es necedad. Y la palabra necio en la Biblia es sinónimo de una persona retardada mental. Si, así es. Un retardado mental. ¿Y no actuamos así muchas veces?, como retardados mentales. Porque hacemos un compromiso y tan fácilmente que lo rompemos, como que fuera la cosa más sencilla del mundo. Qué bueno que nuestro Dios no es así.

Él es fiel. Él es puntual. Él es cumplido. Por eso nosotros podemos confiar en los ciclos de la naturaleza. La naturaleza respeta la fidelidad de Dios. Y precisamente la naturaleza nos muestra que Dios es fiel.

¿Por qué nosotros no podemos ser puntuales? Porque somos indisciplinados, porque somos necios. Dice la Biblia: «aprovechando bien el tiempo».

Por eso, qué importante es para cada uno de nosotros como siervos de Dios anotar nuestros compromisos. Anotar. Y estoy seguro que en más de una ocasión hemos escuchado esta recomendación, esta insistencia.

Porque se nos olvida. Llegamos a la edad donde todo se nos empieza a olvidar. Se nos olvida como nos llamamos, de dónde somos, de dónde venimos, dónde nacimos. Todo se nos olvida. Hasta si estamos casados, si tenemos hijos, no tenemos hijos. ¿O no?

La esposa nos tiene que estar recordando constantemente. Cuando extiende la mano, cayitos. «¡Ay caray! Pues yo no sabía que estaba casado» Pues sí, estás casado. Así que cumple con tu obligación.

Pero si necesitamos tomar nota. Para poder cumplir con nuestros compromisos. La puntualidad no es algo que va a ocurrir accidentalmente. No, no va a ocurrir nada más porque las circunstancias son favorables. Tenemos que planearlo. Tenemos que hacerlo a propósito. Tenemos que enseñarnos a ser cumplidos con nuestros compromisos.

Yo me acuerdo cuando empecé a predicar en la Conferencias de La Espada con el hermano Garlick, la cantidad de compromisos que hacían los pastores con el hermano. «Pastor mándeme tantas revistas, tantos libritos y yo se los pago» El hermano se cansó de mandar recibos de cobro. Por eso es que a lo último terminó regalando los periódicos.

¡Y qué vergüenza! Pastores hacían compromisos con él. «Tal fecha le mando». Pobre hermano. Yo creo que por eso se enfermó más el hermano Garlick. Y es una vergüenza, que nosotros como pastores hagamos un compromiso y luego no cumplamos con él.

Dice la Biblia que mejor que no prometamos y no que prometamos y no cumplamos. No tenemos que hacer ningún compromiso. Si no podemos, pues no podemos. Nada más decir «no puedo, no puedo». Pero si hacemos el compromiso decimos sí y luego no cumplimos. Estamos actuando como un necio. Como una persona que ha perdido sus facultades mentales. Y debo decirles que si una persona ha perdido sus facultades mentales no está capacitada para dirigir una iglesia. ¡Pobrecita iglesia! ¡Pobrecito de los hermanos!

Lo primero que muestra la impuntualidad es indisciplina. Lo segundo que muestra la impunidad es necedad. Lo tercero que muestra la impunidad es el orgullo, la soberbia. ¿Por qué? Porque estamos diciendo: yo estoy bien; yo no necesito cambiar en esa área de mi vida; yo no necesito que nadie me enseñe; yo no necesito que nadie me diga. Pues necesitamos que alguien nos diga.

El orgullo es tan nocivo que precisamente dice la Biblia en Abdias 1:3 – «La soberbia de tu corazón te ha engañado, tú que moras en las hendiduras de las peñas, en tu altísima morada; que dices en tu corazón: ¿Quién me derribará a tierra?». Dios le está hablando muy fuertemente a Edom a través del profeta Abdias, y le dice a Edom que la soberbia de su corazón lo había engañado. Le había nublado totalmente la vista. Le había cerrado totalmente el entendimiento. No podía ver bien. No podía pensar. Y por lo que leemos en ese pequeño libro nos damos cuenta de que así fue.

Edom se alío contra las naciones que venían a atacar a Israel. ¿Por qué? Porque la soberbia de su corazón lo había engañado. Creía que porque vivían en una ciudad hecha entre las rocas ya estaban seguros, nada ni nadie les podían hacer daño. Pero Dios le dijo a través del profeta Abdias «yo me voy a encargar de que tú seas destruido, de que aunque vivas en esa fortaleza te destruya» Y dios cumplió.

Edom era pariente de Israel. Esaú, hermano de Jacob. Quitó cualquier buen sentimiento, cualquier buen pensamiento, cualquier idea correcta, el orgullo.

¿Y verdad que no nos gusta que nos digan que somos impuntuales? ¿Verdad que buscamos justificarnos? «¡Y a poco usted no pastor!» «¡Y a poco usted no falla!» Yo dije desde el principio que no soy el mejor ejemplo de esto.

Pero si algo tenemos que corregir es este problema. Porque yo lo veo como el freno que Satanás quiere poner para que Dios no bendiga nuestro ministerio. Para que Dios no prospere en su obra. Ahí está, esa tapa, ese freno, impidiendo que hagamos más, que avancemos más, que sirvamos mejor, que seamos más amplios en nuestro ministerio. Precisamente por la impuntualidad. ¿Cuánta vitalidad? ¿Cuánta energía? ¿Cuánto avance nos está quitando la impuntualidad en nuestros ministerios?

Piense nada más, cuanto más pudiera usted hacer si solamente se organizara. Si solamente planeara. Si solamente se esforzara en cumplir cada uno de sus compromisos. A lo mejor se levantara más temprano. A lo mejor se acostara un poquito más tarde. A lo mejor dejara esos ratos de ocio que tiene a un lado. Y pudiéramos cumplir con nuestros compromisos.

Pero siempre el pretexto, la excusa es «no tengo tiempo». «No puedo». O lo que es peor (si así fuera menos mal), hacemos el  compromiso y luego no llegamos.

¿Qué es lo que muestra la impuntualidad? ¿Por qué somos impuntuales? ¿Por qué somos indisciplinados? ¿Por qué somos necios? ¿Por qué hemos dejado que el orgullo nos engañe, la soberbia de nuestro corazón nos engañe, nos embote los sentidos, nos haga pensar cosas que no son?

Piense en cada aspecto de su vida, de su ministerio que está siendo afectado por este terrible pecado. Yo lo veo como un terrible pecado. Como una gran amenaza. Que a lo mejor nos hemos justificado diciendo «pues es que así somos». «Es que así somos, así hemos crecido».

La Biblia dice que sí. Probablemente así éramos antes de convertirnos. En Efesios capitulo 4, el apóstol Pablo dice que debemos cambiar nuestra forma de pensar, nuestra forma de ser. Si antes así éramos, vamos a despojarnos de ese viejo hombre y vamos a vestirnos con el nuevo hombre para cumplir fielmente con nuestras responsabilidades.

Porque repito, si es terrible que una persona, un cristiano normal, común y corriente, sea impuntual, ¿cuánto más un siervo de Dios? ¿Cuánto más? Y desgraciadamente, así somos.

En Efesios 4:28 tenemos la cuarta evidencia de la impuntualidad, la cuarta razón de porque somos impuntuales: «El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad.» ¿Sabe qué es lo que muestra la impuntualidad? Deshonestidad. ¿Sabe qué es la impuntualidad? Robo.

Vamos a suponer que usted aceptó un compromiso de estar a las 4 de la tarde en X lugar con una persona. Y usted llega a las 4:10, 4:20. Aún 4:05, ya le roba cinco minutos a la otra persona. ¿Y qué son cinco minutos? Pues,  cinco minutos de su vida. ¡Está robándole!

Y ahora piense hermano pastor. Usted dice vamos a empezar el culto a las 7, y empieza a las 7:10. No le robó diez minutos a una persona, si había veinte, si había treinta, si había cincuenta. ¡Qué sinvergüenza es usted! Merece ir a la cárcel.

«Ay pastor, es que así somos». Pues no deberíamos ser. A parte de que es una mentira.

Yo no sé si a usted le molesta que alguien le diga a una hora y llegue diez, veinte, treinta minutos más tarde. A usted le molesta, me imagino. A mi sí me molesta. Y entonces, ¿por qué lo hacemos?

Pero repito, es un vicio. Porque es un vicio. Y hay algunos pastores que dicen: «Bueno citamos a las 7 pero ya sabemos que vamos a empezar a las 7:30». ¿Por qué? ¿Por qué tiene que ser así? «A pues que no hay nadie» Pues empiece con los que haya. Nosotros tenemos el mismo problema que usted. Puede que a la hora de la predicación haya unas  mil doscientas personas en el auditorio de nuestra iglesia, pero empezamos con las que haya. Si hay diez, con diez empezamos. No vamos a esperar que llegue todo el mundo porque sino nunca vamos a empezar.

Hay algunos de nosotros que terminamos a las 1:30 nuestras actividades del domingo a la mañana. Algunos vienen llegando a las 1:00, 1:10. Son unos sinvergüenzas. Y les predico. Y les insisto en que lleguen a tiempo. Pero eso no va a impedir que nosotros empecemos a la hora que debemos empezar.

Pero que terrible que en algunos lugares, algunos pastores se justifiquen. Eso es deshonestidad. Eso es robo. Eso es mentira. Eso es cinismo. Eso es ser sinvergüenza.

Si usted se justificara diciendo estamos bien, así soy yo. Pues entonces cualquier persona que vive en algún pecado esta bien. Si esa es la justificación, pues los homosexuales, los que le van al América y tiran piedritas, pues esos están bien. Los borrachos están bien. Todo mundo está bien. Pero no es así.

Nuestra regla, nuestra norma de fe, nuestra norma de conducta es este libro. Y repito, yo creo que cuando Moisés se veía con todas esas debilidades y todos esos problemas era que decía «Señor enséñanos a contar mis días. Enséñame a aprovechar bien el tiempo. Que traiga yo a mi corazón sabiduría. Señor quiero ser un siervo útil. »

¡Pero como nos está quitando una vitalidad tremenda este vicio! Es terrible este vicio.

No solamente muestra necedad. No solamente muestra orgullo. No solamente nuestra indisciplina.

¿Sabe que otra cosa muestra la impuntualidad? Desconsideración. La palabra desconsideración quiere decir sin consideración. No nos ponemos a pensar en las otras personas. Hacemos un compromiso, pensamos en nosotros nada más, nos concentramos en nosotros. Eso es egoísmo. Qué me importa que el otro tenga que sacrificar, tenga que batallar, tenga que luchar para estar a tiempo. A mi no me importa. Eso es desconsideración.

Dice la Biblia que usted debe ponerse en el lugar de las otras personas. La Biblia nos enseña que debemos ser considerados. Dice en  Filipense 2:1-«Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo»

Dice en Romanos 14:13 – «Así que, ya no nos juzguemos más los unos a los otros, sino más bien decidid no poner tropiezo u ocasión de caer al hermano» ¿Cuántas veces usted habrá servido de tropiezo a otra persona por su impuntualidad? ¿Cuántas veces? Hasta que llegamos a la presencia de Dios no nos vamos a dar cuenta. Pero en más de una ocasión va a venir una persona que nos diga: «hermano, usted me prometió». Y qué terrible va a ser eso.

Sí, insisto. Lo que usted tiene es su palabra. Y si un pastor pierde su palabra, ha perdido todo. Y si los miembros de su iglesia ya no le creen porque usted hace compromisos…, y compromisos…, y compromisos. Y siempre los está rompiendo, siempre está fallando. ¿Qué autoridad tiene su palabra? ¿Le van a creer?

No, no le van a creer. Yo he aprendido a conocer a algunos siervos de Dios. Y yo sé que cuando algunos siervo de Dios (siervos de Dios porque están sirviendo al Señor) me dice algo, yo ya sé como tomarlo. «Ah, pues fulano de tal dijo…. Ah, bueno» Entonces ya sé que nunca se va a hacer. Así es. Nunca se va a hacer. ¡Qué vergüenza!

Y cuando alguno dice voy a hacer esto. Ah, ya se que sí se va a hacer.

Y yo me imagino que usted también ha conocido a algunos siervos de Dios así. Le prometen…, y le prometen…, y le prometen…, y le prometen. Y nunca se hace. Pero usted ya sabe: «fulano de tal dijo». Ah, entonces sí es un hecho. ¡Que vergüenza!

Ahora si usted no ha percibido eso, pregunte a algunos pastores. ¿Yo le hecho una promesa y no se la ha he cumplido? Averigüe. Investigue. A lo mejor eso le ayudaría a corregir su conducta.

Es desconsiderado aquel que es impuntual, no se pone en el lugar de la otra persona. Piense en las otras personas. Así como usted quiere que alguien cuando le promete algo le cumpla, pues así haga usted.

Es interesante, dice en la Primera de Corintios 14:40 – «pero hágase todo decentemente y con orden». Dónde le apóstol Pablo está hablando acerca del orden del culto. Ustedes saben que ahí en la iglesia de Corintios era un caos. Un verdadero relajo, era una verdadera pachanga la que hacían en los días de culto. El apóstol Pablo está diciendo  aquí: «pero hágase todo decentemente y con orden». Pablo dice que una de las reglas que debe existir en el culto público es el orden. Cuando no empiezan a tiempo, ¿estarán sujetándose a esta regla?

Todo decentemente y con orden. No empezamos a tiempo, ya estamos metiendo el desorden. Y una regla de la pedagogía dice que el desorden engendra desorden. Ahí está el problema. Piense. Hay que corregir nuestra disciplina. Nuestra deshonestidad. Nuestro orgullo. La necedad en la cual estamos viviendo.

No solamente muestra esto la impuntualidad. Hay otras cosas que muestra aparte de indisciplina, necedad, orgullo, deshonestidad, desconsideración. La impuntualidad muestra precisamente infidelidad. La palabra fiel es una palabra sinónima de puntual.

Dios es fiel. Dios es puntual, cumplido. Cumple lo que promete. Cuando una persona es impuntual es infiel. Y si es infiel en este terreno del tiempo, ¿será infiel en otros terrenos? Lo más seguro es que sí.

Mire lo que dice en el libro de Mateos, capítulo 25. Aquí tenemos la parábola de las diez vírgenes. El Señor reprochó tres cosas en estas vírgenes, insensatas como son llamadas. Dice en el versículo número 3, las insensatas fueron llamadas insensatas porque no se prepararon. Tomando sus lámparas no tomaron consigo el aceite.

¿Sabe por qué somos impuntuales, incumplidos? Porque no nos preparamos. Yo dije que la puntualidad no es algo que ocurre accidentalmente. Es algo que tiene que planearse para poder cumplir fielmente con nuestras responsabilidades.

Estas mujeres no se prepararon. No planearon. Llegaron allí y creyeron que iban a conseguir el aceite de última hora. No lo consiguieron.

No solamente fueron infieles, precisamente porque no se prepararon. No solamente fueron infieles, porque fueron llamadas insensatas. No tenían sabiduría, eran necias.

Pero mire lo más importante. Dice en Mateos 25:10-12 «Pero mientras ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta. Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, Señor, ábrenos! Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco.» A lo que fueron, no pudieron llegar. Iban para estar en las bodas, y cuando llegó el  momento de las bodas le cerraron las puertas. Tocaron. «Ábrenos Señor. Ábrenos, queremos entrar» El Señor les dijo «ya están cerradas las puertas».

¿Sabe lo que significa esto? Que nosotros estamos perdiendo grandes bendiciones de Dios, precisamente por nuestra impuntualidad. Dios quiere bendecirnos. Dios quiere darnos más abundantemente de lo que entendemos o de lo que tenemos. Pero, ¿por qué lo hace? Porque actuamos como estas cinco vírgenes, insensatas, imprudentes. No nos preparamos, no estamos listos.

¿Está usted siendo impuntual? Yo creo que todos en algún momento hemos fallado. Yo no creo que haya uno solo aquí que pueda decir yo nunca he fallado. Pero una cosa es que usted falle accidentalmente, y otra es cosa es que usted viva en ese pecado. No hay justificación. Y si no hay justificación para un cristiano normal, menos para un cristiano anormal. Menos para un pastor.

No hay justificación. ¿Está usted cumpliendo con sus compromisos?

Y esto no nada más abarca llegar a tiempo. Esto barca pagar. Porque cuántos «si yo te prometo que te voy a ayudar». Y ahí está esperando la ayuda. Nunca llega. «¡Ay!, es que no tuve» ¿Para qué habla hermano? No hable.

Pudiera yo mencionar las veces que han hecho compromisos los hermanitos para ayudar a los Fuegos de Evangelismo. Ahí tengo yo el alterón de promesas.

Otro paquete me mando el hermano Aschcraft. Me lo tuvo que mandar como diez veces porque dice que ya se le olvidan las cosas también. Lo entiendo.

¿Pero cuántos de esos han cumplido? Ni siquiera un veinte por ciento. De cada cien, ni siquiera veinte. ¡Qué vergüenza! ¡Que vergüenza!

¿Está usted siendo impuntual? ¡Corríjase!

Del Editor

2 Crónicas 16:7-9 dice: «En aquel tiempo vino el vidente Hanani a Asa rey de Judá,  y le dijo: Por cuanto te has apoyado en el rey de Siria,  y no te apoyaste en Jehová tu Dios,  por eso el ejército del rey de Siria ha escapado de tus manos. 8 Los etíopes y los libios,  ¿no eran un ejército numerosísimo,  con carros y mucha gente de a caballo?  Con todo,  porque te apoyaste en Jehová,  él los entregó en tus manos. 9 Porque los ojos de Jehová contemplan toda la tierra,  para mostrar su poder a favor de los que tienen corazón perfecto para con él.  Locamente has hecho en esto;  porque de aquí en adelante habrá más guerra contra ti.»

La Biblia nos dice que el rey Asa hizo alianza con el rey de Siria y hasta les dio oro y plata de los tesoros de la casa de Jehová. Dios entonces mandó al vidente Hanani al rey Asa. Este profeta le dijo: «Por cuanto te has apoyado en el rey de Siria,  y no te apoyaste en Jehová tu Dios… Locamente has hecho.» El no haberse apoyado en Dios, había sido una locura. La palabra locamente se encuentra cinco veces en la Biblia. (Gén. 31:28, Núm. 12:11, 1 Sam. 13:13, 1 Cró. 21:8 y éste pasaje.) El hacer locamente es cuando una persona actúa mal y sin pensar. Cuando alguien toma una decisión muy rápida y loca. Una decisión demente. Una decisión que sólo una persona fuera de razón podría tomar. Esa fue la decisión del rey Asa. Una decisión maniática y chiflada. Es una locura pedir la ayuda del pueblo enemigo de Dios, cuando un poquito antes, Dios le ayudó al rey Asa arrasar con un millón de etíopes.

También es una locura cuando nos levantamos cada día y no nos apoyamos en Dios. Cuando no buscamos tiempo con Dios para que Él nos dirija en las decisiones que tomaremos durante todo el día. Después nos encontramos en tantos problemas y Dios nos dice: «¿Por qué tomaste esa decisión tan loca?… fue una locura… aquí yo estaba esperando para que me pidieras de mi ayuda y no lo hiciste. ¡Qué tonto eres!» Pues quizá no nos diga tontos, pero eso es lo que somos al no apoyarnos en  Dios. El vidente Hanani le recordó al rey Asa lo que Dios había hecho por él hace un poco de tiempo, cuando Dios entregó a los etíopes en sus manos. ¡Dos capítulos antes!

En 2 Crónicas 14:9, la Biblia dice que los etíopes le declararon la guerra al rey Asa con un millón de hombres. Yo no sé usted, pero un millón de hombres, especialmente etíopes, son muchísima gente. ¡Es como si México se enfrentará contra Brasil en un partido de fútbol con un sólo hombre y Brasil con diez! Adivine quien ganaría. Con todo esto, Asa clamó a Jehová y Dios lo ayudó. El rey Asa ni siguiera tuvo que pagar un solo centavo y Dios derrotó al enemigo. Es una total locura, el haber visto la mano de Dios tan claramente, y ahora Asa le pide ayuda al rey de Siria. Dios le dijo que por esto, ahora habría más guerra, más problemas, más dificultades y quebrantos. No ponga su confianza en este mundo o en alguien más… mucho menos, cuando Dios ya le ha mostrado Su poder y Sus milagros en su vida. Confíe completamente en Dios y Él hará.

Manténgase fiel y siga ganando almas.

Pastor Arturo J. Muñoz N.

Maldiciones Sin Causa

«Maldiciones Sin Causa»
«…la maldición sin causa nunca vendrá.»
Proverbios 26:2

Estoy escribiendo este devocional en mi recámara, y en un rincón puedo ver
la silla que ocupaba mi esposo cuando aún vivía.  Si cierro mis ojos, lo
puedo imaginar sentado allí, y casi le escucho decir, «La maldición sin
causa nunca vendrá.»

Tal vez estabamos hablando de un tiempo difícil por lo cual estabamos
pasando, o quizás se estaba refiriendo a otra persona que estaba sufriendo
una tragedia.  Pero la mayoría de las veces, cuando citaba este texto, él
estaba hablando de una pena que nos había pasado.

El razonaba:  «Cuando nos cae una tragedia, la mayoría de las veces es por
un error que hemos cometido.»

Cuando vives con alguien por treinta y cinco años como yo hice con Tom
Sloan, y especialmente cuando crias a ocho hijos juntos, pasas casi todas
las experiencias que existen.  Doy gracias a Dios por un esposo que siempre
examinaba su corazón cuando nos llegaban problemas.  Siempre era el primero
en decir, «No hubiéramos hecho eso,» o «quisiera haber hecho eso de una
manera diferente.»  El interpretaba literalmente el significado de
Proverbios 26:2.

Me dan ganas de llorar cuando recuerdo una experiencia amarga que pasamos
hace muchos años.  El sufrió más que cualquier otra persona que he conocido
de esa forma.  Pero él mismo repetía ese texto en Proverbios.

¿Será que cada prueba, cada quebranto de corazón, cada atraso financiero,
nos llega por algo mal que hemos hecho para merecerlo?  ¿Es lo que significa
ese texto?  Ciertamente mi esposo conocía más de la Escritura que yo.  Pero
a veces me pongo a pensar…

…Mientras me siento aquí en esta mañana, estoy reflejando:  Dios ha sido muy
Bueno conmigo.  No tengo absolutamente nada de qué quejarme.    De lo que yo
sé, tengo excelente salud.  Tengo un refrigerador lleno de comida, soy dueña
de mi casa y mi vehículo.  No tengo deudas.  Tengo una familia llena de
hijos y nietos preciosos, todos sirviendo al Señor.  Pero reflejo en
ocasiones en mi vida…¿alguna vez has estado tan triste que te fuiste a la
cama, y pediste al Señor que no te despertara?  Pues, yo sí.  Una maldición
llegó a mi vida.  Y con toda honestidad puedo decir que no puedo pensar en
una causa…no puedo pensar en nada que yo hice para traer esa maldición a mi
vida…algo tan trágico que me hizo desear la muerte…nunca tener que
enfrentarme a la realidad.

Pero sí desperté.  De hecho, ni pude dormir.  La maldición me mantuvo
despierta, me hizo llorar, hizo que me enfocara en mí misma.  Me hizo
consciente de mis sentimientos, y me hizo olvidar al Señor, y de Sus
bondades hacia mí.

¡Cómo nos gusta pensar que estamos en control de nuestras vidas, y de todos
los eventos de nuestras vidas!  Nos gusta mirar a nuestros preciosos hijos,
quienes están sirviendo al Señor, y pensar, «¡Vaya que sí hice buen trabajo
criando a mis hijos!  De veras que sí vale la pena sirvir al Señor, y mi
trabajo de enseñarles todas esas Escrituras cuando eran pequeños ha traido
fruto.  La vida sí tiene sentido.

Y seguimos sirviéndo al Señor, haciendo lo que trae buenos resultados,
porque sí la vida nos ha pagado grandes resultados.

Pues, yo te voy a decir algo:  debes enseñar las Escrituras a tus hijos, y
leerles la Biblia, y orar con ellos, y por ellos, y llevarlos a la iglesia,
si sirven al Señor o si no Le sirven.  Haces lo que haces porque es lo
correcto.  Es lo que la Biblia nos enseña.

¿Por qué haces lo que haces?  Si sales a ganar almas porque quieres ganar a
diez personas a Cristo cada semana, sales a ganar almas por un motivo
equivocado.  Debemos salir a ganar almas, porque es lo que la Biblia nos
enseña.  Es lo que nuestro pastor guia a su iglesia a hacer.  El motivo más
puro para hacer cualquier cosa es para agradar al Señor, y ser obediente a
Su Palabra.  Gracias a Dios cuando El corona nuestro trabajo con almas
salvas, e hijos que sirven al Señor.

Estoy pensando en este momento en dos hombres, aparte de mi esposo, dos de
los hombres más piadosos que yo he conocido.  Y tienen hijos quienes han
quebrantado sus corazones.  Son hijos adultos.  Esos hijos han traído una
maldición a las vidas de esos buenos hombres…y también a sus preciosas
esposas.  Esos dos hombres ocupan un lugar muy especial en mi vida.  Muy
probablemente han tenido la mayor influencia en las vidas de mi esposo, mis
hijos, y en la mía.

No puedo pensar en una sola causa que ha traído la maldición a la vida de
mis amigos.  ¿Hay una causa?  ¿Será que cada maldición en nuestras vidas
llega por algo que hicimos mal?

Si considero así a Proverbios 26:2:  «Cada maldición en tu vida existe por
algo malo que hiciste.  Tú la causaste,» entonces sí…la respuesta es Sí.

Pero, ¿y qué si el Señor quiso decir esto:  «Hay una causa por la maldición
que estás sufriendo.  Sé paciente, y aún en esta vida, si no la ves, confía
en Mí.  Hay una causa…una buena causa por la maldición que estás sufriendo.»

Que yo nunca sea culpable de torcer las Escrituras sólo para justificar algo
que estoy pasando, ni siquiera para consolar a otro que está pasando una
tragedia insoportable.  Pero ¿será que cada maldición en nuestras vidas
existe por algo que hicimos…o por algo que otro hizo?  ¿Será que cada
maldición en nuestras vidas es una forma de castigo?

Estoy convencida, por experiencia, que cuando recibimos esa llamada
telefónica, o encontramos esa nota, que casi nos destruye, ciertamente
debemos examinar nuestro corazón.  Nos debemos preguntar, «Oh, Señor,
muéstrame si hay algun pecado en mi vida que ha causado esta tragedia.»

Recuerdo un día cuando mi hermano me llamó, y me dijo que mi papá tenía
cancer.  Después de recuperarme, me senté en mi cama y recordé todas las
veces que le había desobedecido de niña, y aún de jóven.  Me acordé de las
veces cuando nos platicaba largas horas acerca de su juventud, antes de que
él conociera a Cristo.  ¿Por qué no saboreaba sus consejos, y sus historias
chistosas?  ¿Por qué no hacía caso de sus consejos acerca de la obra
misionera?  Tenía tanta sabiduría, y la desprecié.  Y ahora se me iba.  Era
una maldición en mi vida.  Y me hizo reflejar, y confesar mis pecados.

¿Pero será que mi desobediencia y el desprecio de sus consejos le causauron
el cáncer?  Claro que no.  ¿Había una causa para esa enfermedad terminal?
Claro que sí.  El fue una bendición durante su enfermedad de una manera que
no lo hubiera sido de no haberse enfermado.  Unas relaciones rotas se
restauraron, que tal vez nunca hubieran sido restauradas, si la gente no
hubiera visto que se estaba muriendo.

A propósito, ¡qué triste es pensar que las maldiciones tienen que venir
antes de que vengan las bendiciones.  ¿Por qué será que esa gente que le
habia hecho mal años antes esperaron hasta que se estaba muriendo para
pedirle perdón?  No sé.  Pero ciertamente su enfermedad trajo una buena
causa.

Reflejando en aquella tarde, acostada en mi cama, deseando el sueño,
deseando nunca despertarme, prefiriendo la muerta, ahora me trae una
sonrisa.  Una de las bendiciones más dulces de mi vida salió de esa
maldición tan oscura.  Y creo que esa experiencia me ha enseñado cosas que
jamás hubiera aprendido si esa maldición nunca hubiera llegado a mi vida.
Quisiera compartirlas contigo:

1.    Cuando llega la maldición, no te des por vencida.  Sigue sirviendo al
Señor, sigue confiando en El.
2.    No procures explicar tu maldición.  Según Proverbios 26:2, hay una causa.
3.    Examina tu corazón.  Pide al Señor que traiga a tu mente cualquier pecado
que tal vez trajo esa tragedia a tu vida.  Confiésalo a El, y de ser
posible, arregla tu vida, y luego sigue adelante.
4.    No te amargues.  No eches la culpa a otro.  No te enojes.  Hay una causa.
5.    Mantén un espíritu dulce.  Ama al que te ha lastimado.  Mantén abiertas
las líneas de comunicación.
6.    Ora por aquél que ha traido esta maldición a tu vida.
7.    Escribe en un diario lo que estás sintiendo.  Esto es algo que aprendí de
mi hijo, David, y el consejo que dio a Jolene, mientras se sentaba en un
triste hospital en Ucrania por tres días con su hijita.  ¡Qué fuente de
bendición ha sido ese diario a otros!
8.    Procura ver las cosas positivas que están pasando en tu vida a causa de
tu maldición.  Hice recuerdos inolvidables con mi papá, mi mamá, y con mis
hermanos durante el tiempo de la enfermedad de Papá, que de otra manera no
hubieran sido hechos si hubiera estado sano.
9.    Da gracias a Dios, si puedes, por tu maldición.
10.    Usa lo que aprendes por tu dolor para ser de bendición a otros que
también están sufriendo.

Yo no sé qué estás sufriendo:  una enfermedad terminal, la pérdida de un
precioso bebé, la rebeldía de un hijo, sueños hechos pedazos, el abandono de
un esposo, la traición de un amigo…¡tantas maldiciones en esta vida!  Tal
vez tú eres la causa.  Si es así, confiésalo al Señor, y pídele que te
perdone, y que haga de tu maldición una bendición.

Pero tal vez Dios ya tiene una causa para tu maldición.  Tal vez hay algo
que El quiere lograr a traves de tu dolor y tu quebranto de corazón.  Cuando
lo único que puedes hacer es confiar, pues confía en El.