Byron Willis

Estimados Amigos,

Gracias por sus notas y por sus oraciones. El doctor sacó una muestra de tejido de algunos nódulos en mi tiroides izquierdo el viernes pasado. Llamé al doctor hoy y me informo que tengo «suerte» de que no eran nódulos sino tejidos de cicatrizes como resultado de la cirugía!!! Dios ha hecho otra obra maravillosa!!!  El doctor, en junta médica, me informó que ya no tengo cáncer y que lo único que tengo que hacer es un chequeo cada tres meses!!! Gloria a Dios y gracias por sus oraciones. Favor seguir orando por la recuperación completa de mi voz y energía. Me agoto más rápidamente que antes.

Que Dios le bendiga,

Byron Willis
Missionary in Panama
www.willismissionaries.org

Samuel Esquivel

Amados:

Les compartimos con mucho gozo, que acabamos de regresar  de un viaje que hicimos, 20 personas que estan asistiendo a los estudios Biblicos nos acompanaron hoy a Nazaret, el Lago de Galilea (En donde dimos un reccorido en barca y cenamos pez de Pedro), y estuvimos tambien en el Jordan en donde bautize a Michel, judia. Hamis, arabe. Las hermanas: Sayonara, Julia, Mercedes, ellas gentiles! Que bendicion de DIos! es como diria mi pastor, un hecho historico.  Tambien durante el viaje pude dar el evangelio a la senora July, judia y recibio a Jesus como salvador,  su esposo Daniel que es arabe ya habia recibido a Jesus hace unos dias.  La proxima semana les enviare fotografias de lo sucedido hoy.

Gracias por sus oraciones, estamos convencidos que son  estas las que sustentan la Obra aca, no puede ser de otra manera, cada persona salva y bautizada es un milagro dadas las circunstancias de oposicion reales que tenemos aqui.

Tengo una peticion especial que hacer, por favor oren en sus iglesias, porque El nos de gracia ya que esta semana saldremos el dia 25 para la renovacion de visas, vamos nuevamente a Turquia, pero es de mayor riesgo cada vez que intentaremos renovarlas, ya que necesitamos justificar a gusto de ellos nuestra estancia aqui.

DIos les bendiga, este es fruto de su inversion, y lo maravilloso es que es para la Gloria de Jesucristo.

Sus siervos

Samuel y Alicia

Fruto Que Permanece

El fruto del cristiano es otro cristiano. El mandato de ganar almas es para todos los cristianos. Si tú eres creyente, Dios te ha mandado a ganar almas. Por eso, si no estás ganando almas, estás viviendo en pecado. Igual que el que vive en adulterio. El pecado es desobedecer a Dios.

La Biblia nos dice en Proverbios 11:30: «El fruto del justo es el árbol de vida, y el que gana almas es sabio.» ¿Por qué el que gana almas es sabio? Porque está invirtiendo en lo eterno. Un hombre inteligente invierte en la bolsa de mercado en aquello que él sabe que le puede producir bien. Y la persona sabia sabe que lo que se invierte en este mundo es temporal, pero si invierte en lo eterno, es eterno. Es por eso que quien gana almas es sabio.

En Juan 15:1-2, Cristo dijo: «Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. 2 Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.» Un cristiano no puede tener una dulce comunión con Dios si no es ganador de almas. Quienes no ganan almas están en rebeldía de lo que está más cerca del corazón de Dios. Y una vez que tú empiezas a ganar almas y tienes tu fruto, Dios te quiere limpiar, para que lleves más fruto. Continúa Juan 15:3-5: «Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. 4 Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. 5 Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.»

La unión de una mujer y un hombre, de su amor y su vida íntima, produce fruto. Si una relación entre marido y mujer no produce fruto, hay algo que no está bien. Si hay algo malo ó uno de los dos tiene un problema, entonces no viene ese fruto. Porque lo normal es que de esa relación de amor venga un fruto. Si como cristianos, no producimos fruto,  no hay nada malo con el Señor, pero sí con nosotros. Si un cristiano no lleva fruto, es porque no tiene una buena relación con Cristo. La evidencia de una buena relación con Cristo es que va a haber frutos. Lo normal es que haya frutos y más frutos.

Lucas 1:15-16 habla de Juan el Bautista: «Porque será grande delante de Dios. No beberá vino ni sidra, y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre.16 Y hará que muchos de los hijos de Israel se conviertan al Señor Dios de ellos.» El resultado de que Juan el Bautista haya estado lleno del Espíritu fue que logró que muchos de los hijos de Israel se conviertan al Señor.

Hechos 1:8 dice: «Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.» También dice, en Hechos 2:4: «Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.» Lo grande no fue que hablaran otro idioma, lo grande está en Hechos 2:41, donde dice: «Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.» Y Hechos 11:24 habla de Bernabé: «Porque era varón bueno, y lleno del Espíritu Santo y de fe. Y una gran multitud fue agregada al Señor.»

Hay gente que dice: «Yo tengo una dulce comunión con Dios, Dios y yo caminamos juntitos.» Pero cuando les preguntas cuántas almas han salvado, te responden que ninguna. Pues algo no anda bien en esa situación. Porque esa dulce comunión con Dios y esa llenura del espíritu producen muchas almas siendo salvas. Dios quiere limpiarnos para que produzcamos más fruto, y quiere que permanezcamos en Él, para que llevemos mucho fruto. Ese es el deseo de Dios para cada uno. Dar fruto trae bendiciones. Así lo dice la Biblia en Juan 15:7: «Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho.»

Dios nos elige para que llevemos fruto. Eso está muy claro en Juan 15:16:«No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, Él os lo dé.»

Cuando tú te pones a ganar almas, a servir a Dios, a permanecer en Él, caminar con Él y a ser usado en Él para ganar almas, tus oraciones tienen un acceso al cielo como nunca. Tú no puedes patear a mi mujer y a mi hijo, y luego venir a pedirme un favor. Lo siento, pero ya me caíste mal. Y tú no puedes dejar almas irse al infierno y no hacer nada, y luego acudir a Dios y que Él te diga que eso está bien. Dios ama a esas almas y dio a su Hijo por ellas. El pecado de no ganar almas es uno de los más grandes, e impide que nuestras oraciones sean oídas por el Señor. Por eso, hay algo especial para el ganador de almas.

Dice Juan 15:8: «En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.» Una de las formas de ser discípulos de Cristo y manifestarlo es llevando mucho fruto. ¿Por qué? Porque Cristo vino a buscar y a salvar lo que se había perdido. Su corazón late por salvar las almas, y si tú vas tras las almas, estás acercándote al corazón de Él.

En Juan 15:11: «Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido.» «Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán.  irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla; Mas volverá a venir con regocijo , trayendo sus gavillas«, dice el Salmo 126. Hay gozo en servir al Señor y traer las almas. El gozo viene de Dios, y cuando un cristiano lo obedece hay gozo.

Volviendo a Juan 15:16, que comienza diciendo: «No me elegisteis vosotros a mí,  sino que yo os elegí a vosotros.» «Pastor, ahí está, Dios elige quienes son salvos y quienes no», pueden pensar algunos. Pero ese no es el contexto del capítulo. El contexto del capítulo es llevar fruto. El contexto del capítulo es que el cristiano debe ser ganador de almas. Luego Juan 15:16 continúa diciendo: «y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto.»

Tú puedes decidir si quieres ser salvo o no; pero una vez decidas de ser salvo, Dios te elige para que seas ganador de almas. Tú puedes escoger el venir a vivir a mi casa o no, pero una vez que estés bajo mi techo: no te permito fumar, ni tomar, ni decir  maldiciones. Porque yo elijo que eso no se haga. Tú tienes el derecho de elegir entrar o no en mi casa, pero una vez que entres, yo he elegido que no se haga eso. Y tú tienes el derecho de ser o no ser salvo, pero una vez que eres salvo, Cristo te elige para que seas ganador de almas. Eso es lo que Él dice.

Juan 15:16 continúa: «y vuestro fruto permanezca;  para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé.» No sólo basta con lograr fruto, con ganar almas. Hay que lograr que ese fruto permanezca. «Pastor, ¿Por qué es que nuestro fruto no permanece? ¿Qué es lo que nos pasa?», me han preguntado en muchas ocasiones. Yo he ganado almas a Cristo a izquierda y derecha, desde hace mucho tiempo. En una época, salía todos los días a ganar almas, y a veces 25 ó 30 en una semana. Ganaba almas a montones; pero llegaba el domingo y a veces ni uno venía. Yo veía en la iglesia americana que el hermano Fisk traía familias y familias. Y yo pensaba: «¿Cómo lo hace este hombre? Yo también quiero traer familias, y que sean bautizados.» Pasaban los meses y no había ni uno que yo hubiera traído. Él tenía gentes a montones: diáconos, maestros, montones que él había ganado a Cristo. «¿Qué en el mundo puedo hacer?», me dije. Hasta que aprendí lo que él me enseñó y empecé a hacerlo.

Una de las primeras familias que gané fueron Héctor y Nelly Rodríguez. Hoy en día, su hijo que tenía 4 años, es mi asistente pastor. El otro, que aun no nacía, ahora es pastor afuera de Houston, Texas. El otro que nombraron en honor a su servidor, Elmer, está estudiando en el instituto para ser pastor.

Si una persona ganara 300 personas para Cristo al año, qué lindo, qué buen número. Pero si eso es todo lo que hace, al final del año habrá ganado a solo 300 personas para Cristo. Si hay otro que gana cien al año, no es ni una tercera parte. Pero si por lo menos tiene a uno que también se vuelva ganador de almas y gane 100 al año. Al otro año, ellos dos, pueden ganar 100 cada uno y entrenar a otro a ganar 100 más. Al final de 10 años, el primero que salvaba 300 por año, tendrá 3.000 salvos. Pero el segundo, después de 10 años, habrá más de 500 personas ganando almas cada sábado y más de 100.000 salvos. Porque tenían fruto que permaneció. Dios no quiere sólo que los ganemos, Dios quiere más que eso. Para que el fruto permanezca: debemos realizar la gran comisión.

1. Realiza la gran comisión

La gran comisión está explicada en Mateo 28:18-20 dice: «Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. 19 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; 20 enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.»

La gran comisión tiene cuatro verbos, cuatro cosas que el Señor quiere que tú hagas:

1.      Ir

2.      Hacer discípulos

3.      Bautizarlos

4.      Enseñarles

No alcanza sólo con realizar una de ellas, hay que hacer las cuatro.

Algunos dicen: «Pastor, yo fui, repartí tratados. ¿Cumplí con la Gran Comisión?» «No. Sólo fuiste a repartir folletos, pero no cumpliste con la Gran Comisión.» Lo primero que tenemos que hacer para que el fruto permanezca es cambiar nuestra forma de pensar. Y aceptar que solo ir y pasar tratados no es la gran comisión. Hay que ir, ganarlos para Cristo, bautizarlos y enseñarles. Hasta que no se hacen las cuatro cosas no se cumple con el Señor. Sólo ir y pasar tratados no es la gran comisión. Ir y ganarlos, tampoco. Ganarlos y que se bauticen, tampoco. Se necesitan los cuatro verbos. Debemos hacer todo para cumplir con la gran comisión. Entonces yo puedo ganarles a Cristo, llevarlos a la iglesia, que sean bautizados y enseñarles a ir conmigo a ganar almas. Y repetir el proceso, para que haya ganadores de almas, y ganadores de almas, y ganadores de almas. Yo empecé haciendo esto solito en Indiana, y cuando terminé había cientos de personas saliendo a ganar almas. Hay que reproducirse en otros. A Héctor y Nelly Rodríguez los gané para Cristo. Pero no paró ahí. Los trajimos a la iglesia, se bautizaron. Pero no paré ahí. Seguí visitándoles durante seis meses, visitándolos en sus casas. Al tiempo ya me acompañaban a hacer visitas, y los llevé conmigo para ganar almas.

2. Explicar bien el plan de salvación.

El segundo paso es explicar bien el plan de salvación. Es sencillo, pero nadie es salvo por una oración si no hay fe en esa oración. El plan se divide en dos partes. La condición y la solución. La condición nuestra es que todos hemos pecado. Romanos 3:10 dice: «Como está escrito: no hay justo, ni aun uno.» La Biblia dice que sólo los justos irán al cielo, pero ¿si no hay nadie justo quien va a ir al cielo? Los que hemos sido justificados por la fe. Nadie es justo, solo Cristo. Romanos 3:23 explica: «Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.» Quiere decir que no merecemos el cielo porque hemos pecado. Dios sacó a Adán y Eva del paraíso por un solo pecado. Y nosotros hemos cometido más de uno.

También es muy importante recordar que hay un castigo por el pecado, que es la muerte física y espiritual. Romanos 5:12 lo dice así: «Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.» Adán peco, y murió. Y eso nos sucederá a nosotros. No sabemos cuándo, no sabemos cómo, no sabemos dónde. Pero sí sabemos que vamos a morir, porque hemos pecado. Romanos 6:23a nos dice: «La paga del pecado es muerte.» Ahora, ¿qué es la muerte? La muerte no es parar de existir. La muerte es separación. Cuando mi alma se separa de mi cuerpo, mi cuerpo muere. Esa es la primera muerte. Cuando mi alma es separada de Dios al infierno, esa es la segunda muerte. Esto está explicado en Apocalipsis 20:14-15: «Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. 15 Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.» Y Apocalipsis 21:8 agrega: «Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.»

Pero Romanos 6:23b nos dice: «mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.» Somos pecadores y merecemos el infierno, pero Cristo nos quiere regalar vida eterna. ¿Cuál es la solución? La solución es que Cristo murió por nosotros. Cristo pagó por nuestros pecados. Está en Romanos 5:8: «Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.»

Él nos salvo, y nosotros debemos creer en Él. Romanos 10:9-10 dice: «Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. 10 Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.» Comprender esto es muy importante para nuestra vida. Tal vez algún día tengan un familiar muriéndose en la cama pidiéndonos ayuda para ir al cielo. Llamarán al pastor, y cuando este llegue, el familiar habrá muerto y Dios te llamará a ti para pedirte cuenta porque no aprendiste a ganar almas cuando quisieron enseñarte.

Si creemos de corazón en Cristo, Él nos salvará. Eso dice Romanos 10:13: «Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.» Y Romanos 10:11 dice: «Pues la Escritura dice: Todo aquel que en Él creyere, no será avergonzado.» Y por último, Mateo 10:32 nos cuenta: «A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos.»

Entonces, en la condición tenemos dos cosas fundamentales:

1.      Todos somos pecadores

2.      Hay un castigo por el pecado: la muerte física y espiritual

Otro de los errores que yo tenía es que era una ametralladora ganando almas. Iba muy rápido, y no le daba tiempo a la gente ni para respirar. La forma correcta de hacerlo es lentamente:

-¿Si tú murieras hoy, irías al cielo?

– No lo sé

– Te puedo explicar de la Biblia como un pecador puede ir al cielo ¿Te gustaría saberlo?

– Sí
La primera cosa que necesitamos saber es cuál es nuestra condición. Al igual que un doctor hace un diagnóstico para ver cuál es nuestro problema, y después nos da la solución. Debemos ver nuestra condición, y luego la solución. Nuestra condición es que somos pecadores. Si queremos ganar un alma, debemos leerle los versículos, dos veces si es necesario. Luego, explicárselos. Y después lo aplicamos: debido a que hemos pecado, no merecemos el cielo.

Si yo desobedezco las leyes de la ciudad y me agarran ¿Qué ocurre? Consecuencias. Si mis padres se daban cuenta de que hacía algo malo, recibía un castigo. Entonces, si desobedecemos a Dios, también tenemos un castigo, que es la muerte física y espiritual.

En Apocalipsis nos habla del infierno. ¿Cómo sabemos que hay un infierno? Nunca lo hemos visto. Pero sí conocemos a alguien que lo ha visto y no miente. Su nombre es Jesucristo. Si el Señor Jesucristo me habla de un infierno literal de fuego, yo le creo.

¿Quién merece el infierno? Todos los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos.

-¿Cuántos bancos tengo que robar para ser un ladrón?

-Uno

-¿Cuántos veces hay que cometer adulterio para ser un adultero?

-Una

-¿Cuántas mentiras hay que decir para ser un mentiroso?

-Una

Este es el proceso para enseñar que un solo pecado nos condena al infierno. Un ganador de almas no puede saltar directamente a la conclusión, ya que quien nos escucha no estaría preparado.

No hay una medida de cuantas almas hay que ganar. Hay que tomarse el tiempo necesario con cada persona. Ganar almas es una cirugía, no hay hacerlo en cinco minutos. La forma de aprender es haciéndolo. Al principio yo llevaba fruto. Después más fruto. Y tuve que aprender mucho para llevar fruto que permanezca.

Cristo murió por nosotros, y pagó nuestros pecados. Y Él dice que si de corazón crees y de boca le pides, Él te salvará. Él quiere salvarte. ¿Pero que le impide salvarte? El que tú se lo pidas de corazón. Debemos enseñarles a las personas a orar, que le pidan su salvación a Cristo.

3. Enséñale lo que Dios espera de él

Debemos enseñar lo que Dios quiere de los hombres. Dios quiere que tú admitas que le has pedido a Cristo que te salve. Eso dice Romanos 10:13: «Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.» Y Romanos 10:11 afirma: «Pues la Escritura dice: Todo aquel que en Él creyere, no será avergonzado.

4. Guíalo a que le prometa a Dios que va a ir contigo a la iglesia

Por eso debemos ir a la Iglesia. Debemos guiar a que las almas que salvemos le prometan a Dios que van a ir a la Iglesia. Hay que explicarles lo sumamente importante que es esto:

Yo les digo: -¿Tú le pediste a Cristo que te salvara?

– Si. Lo hice.

-¿Qué quiere Dios que hagas por Él ahora? El quiere que vayas a la iglesia y lo hagas público. Vas conmigo a la iglesia, damos tu nombre, leemos tu nombre, tú te pones de pie y con eso tú estás diciendo que le has pedido a Cristo que te salve. ¿Estás avergonzado de Cristo?

-No, no lo estoy.

-Entonces, por todo lo que Cristo ha hecho por ti, ¿no harías esto por Él? Algo tan sencillo. ¿Lo harías?

-Sí, lo hago.

-¡Sí! Qué bueno. Entonces mañana puedes ir conmigo a la iglesia. Pero, sabes que… Yo me he fijado, que si no le prometemos algo a Dios, no lo hacemos. Entonces, ¿Por qué no se lo prometemos a Dios? Vamos a orar un momentito.

¿Por qué tú no le das las gracias a Dios por haberte salvado? Puedes orar algo así: Señor Jesús gracias por salvarme. Gracias por darme vida eterna. Gracias por morir en la Cruz por mí. Yo te prometo que mañana voy a ir a la iglesia. Te lo prometo mi Dios. En el nombre de Cristo.

Después de la oración le pregunto: -¿Le prometiste a Dios que mañana irías a la iglesia? ¿Palabra de Hombre?

Y le doy un gran apretón de manos.

5. Llámele por teléfono.

Llámele por teléfono el Domingo por la mañana.

-Hay pastor, no voy a poder ir.

-Ha, pero tú le prometiste a Dios. Es seria cosa prometerle a Dios y no cumplir. Usted le prometió a Dios. Es mejor que lo hagas. Yo tuviera miedo no hacerlo.

6. Pase por él.

Pase a recogerlo.

7. Siéntate con él.

Siéntate en la iglesia con él.

8. Pasa al frente con él.

9. Y sigue trabajando con él hasta que lo hagas un ganador de almas.

Espero que estás recomendaciones los ayuden para tener el fruto que permanezca.

Invirtiendo En La Obra Misionera

Invirtiendo En La Obra Misionera

Por años, en México, y en muchos lugares de Centroamérica y aún ahora en Sudamérica, se dice: «Las Iglesias son pobres, los cristianos no tienen dinero.» Yo me acuerdo hace 20 años predicar en Mexicali y un pastor me dio una ofrenda. Yo le dije: «Bueno hermano, gracias,» pero se la devolví. El pastor me rogó y me dijo: «Hermano Parada, a lo mejor usted no necesita esto, pero nosotros como Iglesia necesitamos aprender a dar.»

Lamentablemente, quizás porque los pastores no hemos entendido esto, no les hemos enseñado a los miembros de la Iglesia a dar. Miramos la pobreza, pero no miramos que la salida para la pobreza es el dar. La Biblia dice «Es mejor dar, que recibir.» Pero también la Biblia enseña el principio de que es dando y dando, y dando, es como recibimos.

Fui a Honduras y le dije a un pastor:

-«Pastor, estamos promoviendo una Biblia, la Biblia Fundamentalista Bautista. Va a valer 40 dólares. Pero si ustedes la pagan antes vale 25 dólares. Deberían aprovechar esta oportunidad.»

-«Oh, hermano, quisiéramos, pero aquí la Iglesia es pobre.»

Esa fue su respuesta. Y eso es lo que dicen todos los pastores de Latinoamérica: «Nuestra Iglesia es pobre.» Le pedí permiso para anunciarle la propuesta a los hermanos, y me dijo: «Si usted quiere puede hacerlo, pero le aviso, lo preparo, que se va a llevar un chasco.»

Me dio 10 minutos. ¡Y en 10 minutos yo vendí 100 Biblias, pre-pagadas, y en dólares! El pastor no lo podía creer, y yo le dije: «Pastor, su gente si tiene dinero. Si son pobres, es porque usted no les ha enseñado a dar. Pero qué vergüenza que venga alguien de Estados Unidos y le pueda sacar dinero a su gente, y usted se la lleva toda la vida llorando que no tienen. Y a muchos de ustedes les gusta eso, porque así no tienen que dar. Pero usted sabe que sí tienen. Sí tienes para los zapatos, para ir al Mcdonalds, para ir a comer tacos.»

Tenemos para lo que queremos. En nuestra Iglesia en California no tenemos ni un rico. Ni uno solo. Sin embargo, hay gente que piensa que nuestra Iglesia es rica, que tenemos dinero. Incluso nos han dicho aristócratas, lo que hizo enojar a algunos hermanos, que pensaron que eso era un insulto.

La mayoría de nuestros hermanos son indocumentados, la mayoría no habla inglés, y son empleados. Tengo cuatro hermanos que están en proceso de ser ricos, que si son sabios y podrían tener un potencial de manejar dinero. Pero no tengo a nadie rico. Sin embargo, es una iglesia dadivosa. Este año vamos a recoger en diezmos y en misiones más de un millón de dólares. Y como si fuera poco, su servidor tiene un programa de televisión todos los días por media hora.

Gente piensa que debemos tener dinero, porque eso del programa de televisión no es barato. Y no es así: tenemos un montón de personas pobres, que han aprendido a dar. No les falta la ropa, la comida, su carrito. Viven bien, pobremente, pero bien.

Tengo en mi Iglesia unos 10 miembros que son dueños de su propia casa. Todos los demás rentan. Cuando tenemos una conferencia, tengo problemas en donde poner los hermanos a hospedar, porque no tengo hermanos que tengan casa, la mayoría rentan apartamentos de una recámara, dos recámaras a lo mucho. Nuestra Iglesia es una linda Iglesia, una tremenda y fuerte Iglesia. Pero no es gente rica. Da la apariencia de ser muy rica por los ministerios que tenemos, el dinero que damos. Hemos aprendido un principio: «Es dando como recibimos.» Yo sueño un día que de nuestra Iglesia se levante gente, que Dios los prospere y los bendiga, y se hagan ricos alguna vez. Pero no voy a estar buscando, esperando al rico que venga, para invertir en la obra del Señor.
Apoyamos a 291 misioneros. Nuestra Iglesia da 7.000 dólares a las misiones. Alguien me ha dicho: «Pero pastor, ¿esa es la Iglesia americana, verdad?» Somos una sola Iglesia. La Iglesia hispana da 3.000 dólares semanales a las misiones. No es promesa, es lo que entra, gracias a la gente pobre, empleados, indocumentados, que no hablan inglés. No me digas que tú no puedes dar a las misiones. No me digan que la gente no puede apartar el comer algunos tacos, o comprarse ropa cara, para ponerlo a las misiones.

La obra en México no ha avanzado más, porque los miembros no dan a las misiones. (Y eso que ha avanzado mucho, no estoy criticando.) Pero en el México de hoy pudiéramos hacer mucho más. El problema es que quizás no han sido motivados, no han sido desafiados. Unos dicen: «Pero eso no importa, la gente tiene el Espíritu Santo, tiene la palabra de Dios.» Deberían decir: «Yo quiero dar a las misiones.» Nunca perdemos dando a las misiones. Dar a las misiones es invertir en la obra de Dios. Invertir es usar nuestro dinero con el propósito de obtener una ganancia. Nosotros no lo hacemos con ese propósito, pero si vamos a invertir, queremos una ganancia espiritual. ¿Qué queremos ganar? Primeramente, almas para Cristo. Segundo, que se expanda la obra de Dios en el mundo, que se predique la verdad, que se entrene a otros a hacer lo mismo.

Dios promete que cuando damos, Él nos da mucho más. No solamente nos bendecirá en el Cielo, sino también aquí en la Tierra. Recuerdo cuando en algunas conferencias ponían a misioneros norteamericanos a enseñar sobre finanzas y presupuestos. Y yo pensaba lo mismo que piensan muchos: «Es gringo, por eso está hablando de dinero, y todo eso.» Hasta que un día me arrepentí y dije: «El Dios del gringo es el mismo Dios mío.» Así empecé a darme cuenta que en Estados Unidos las Iglesias pequeñas dan mucho, y no es porque sean millonarios. Todos dan. Todos, sin excepción, dan. Por eso tienen más, y dan más.

Dios no nos pide que demos lo que no tenemos. Dios te pide lo que Él ya nos dio. Por eso debemos dar dentro de nuestras posibilidades. Dios no pide cantidad, pide un porcentaje. Dios es justo. Si Él sólo te da $1, te pide 10 centavos. Él no te va a dar $1 y te va a pedir $10. Él no es tonto. Todo es relativo. Si a alguien le da $100.000, el diezmo es de $10.000. Y quizás piensa que esos $10.000 es mucho. Pero ¿por qué duele dar $10.000 si Dios nos dio $100.000? El problema no es el dinero, el problema es el corazón.
Cuando nuestra Iglesia era pequeña, yo le enseñé a mi gente a dar diezmo, a dar a las misiones. Por supuesto, como era pequeña, no dábamos mucho. Pero no importaba si era mucho o poco, yo quería que mi gente aprendiera a dar. Aunque no tengamos, tenemos que dar lo poco que tenemos. Lo dice la Biblia, pero no lo practicamos en el área de dar. El diezmo no es nuestro, el diezmo es del Señor. Por eso debemos pedir perdón si no diezmamos. Debemos arrepentirnos, y comenzar a diezmar. Hay que aprender a apartar algo de lo que Dios nos da para las misiones.

Algunos pastores me han dicho a mí: «Pero si nosotros estamos necesitados, ¿cómo vamos a dar a las misiones?» Ese es el problema. No hemos aprendido a dar para otros. Nosotros damos 3.000 dólares por semana a las misiones. Y los necesitamos. Pero queremos aprender a dar. Y el próximo año si Dios lo permite, y la gente es fiel, vamos a dar más a las misiones. ¿Cuándo vamos a parar? Cuando Cristo quiera. Cuando Dios le de trabajo, salud y bendiciones a la Iglesia. Pero mientras estamos con vida, tenemos que dar. Yo doy más que el diezmo cada semana, y cada año lo voy subiendo. «Pastor, pero yo no puedo hacer eso», me dicen. Tampoco podía yo hace 18 años. En esa época yo no sabía dar a las misiones. Fue allí cuando los hermanos americanos me enseñaron a dar.

Dios me ha bendecido, ha bendecido a nuestra Iglesia y a nuestros hermanos. No hay ricos, pero nada les falta. Muchos hermanos fueron a Estados Unidos a trabajar, a ganar dólares. Pero allí conocieron al Señor y entendieron que Dios los llevó con el propósito de ganarlos para Cristo. Y ahora su vida está para ganar almas, para sostener la obra. Y gloria a Dios por ello, porque misioneros de todo el mundo están siendo sostenidos por gente que fue a Estados Unidos a ganar dinero para ellos, y ahora ganan el dinero para dar a otros. Nuestra gente ha ayudado a otros a comprar terrenos y edificios.

1. Invertir en la obra de Dios es poner nuestro tesoro en donde está nuestro corazón. Eso dice Lucas 12:33-34: «Vended lo que poseéis, y dad limosna; haceos bolsas que no se envejezcan, tesoro en los cielos que no se agote, donde ladrón no llega, ni polilla destruye. 34 Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón

Cuando damos a la obra, es porque nuestro corazón está allí. Quien no da a las misiones, no ama las almas, no ama a Dios. «¿Por qué le voy a dar a otros, si yo mismo necesito?», esa es la mentalidad de algunos.

2. Invertir en la obra de Dios es prepararse para recibir galardones en los cielos.

Eso dice la Biblia en Lucas 6:23-24: «Gozaos en aquel día, y alegraos, porque he aquí vuestro galardón es grande en los cielos; porque así hacían sus padres con los profetas. 24 Mas ¡ay de vosotros, ricos! porque ya tenéis vuestro consuelo.»

No trabajamos por lo que está aquí, trabajamos por lo que está en el cielo. Donde está nuestro tesoro, estará nuestro corazón. Cuando los hermanos dan a los misioneros, se interesan por ellos, se preocupan por ellos. Porque han dado para mantener al misionero, y gozan de su obra. Por eso tenemos que aprender a dar. Si su Iglesia no tiene un programa misionero, usted debe decirle al pastor: «Pastor, quiero que me de permiso, yo quiero enviar esta ofrenda mensual a los misioneros.»

3. Invertir en la obra de Dios es poner tu dinero a trabajar para cambiar vidas. Cuando invertimos nuestro dinero en el seguro social, obtenemos un beneficio para cuando nos retiremos. Cuando invertimos en la obra de Dios, recibiremos un retiro en el cielo, y una bendición aquí en la tierra. ¿Cómo es posible que haya gente que se prepare para lo terrenal, y no para lo celestial?

Yo enseño a mi gente que si va a poner una cuenta de retiro, comience ya, aunque tenga 25 años. Si ahorra 10, 15 dólares mensuales, cuando llegue a 60, tendrá una fortuna. Entre más pronto comiences, mejor. Y en la vida cristiana es igual: si quieres un galardón en el cielo, debes comenzar a invertir ahora. Algunos dicen: «Cuando yo me gradúe, cuando mi negocio florezca, cuando tenga dinero, entonces voy a dar.» Y yo digo que debemos comenzar ya mismo, no podemos perder nuestro tiempo esperando. Quiero quitar esa noción de que somos pobres. Nadie es pobre en la obra del Señor para dar. No me importa si das 25 centavos. Pero hay gente que no da nada, se roban las bendiciones del Señor. El que siembra escasamente, generosamente segara. El que siembra generosamente, generosamente segara. Cuando cumplí 40 años, me dije: «Más vale que empiece a dar más, ya que el tiempo se me acortó.» Entre más pronto empecemos a dar, mejor.

Yo no soy misionero. Yo no pido ni un centavo, no quiero nada. Soy un pastor, de una Iglesia que ha aprendido a dar. Invertir en la obra es cambiar vidas de niños, de jóvenes, de familias, que no conocían a Cristo. Es cierto que ha habido sinvergüenzas que usaron el dinero de las misiones para gastarlo en sus propios deleites. Pero eso no debe detenernos. Si damos, Dios nos dará nuestra recompensa. Y Dios va a arreglar asuntos con personas que se han aprovechado de las misiones.

4. Invertir en la obra del Señor es llevar fruto. Dice Lucas 8:14-15: «La que cayó entre espinos, éstos son los que oyen, pero yéndose, son ahogados por los afanes y las riquezas y los placeres de la vida, y no llevan fruto. 15 Mas la que cayó en buena tierra, éstos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y dan fruto con perseverancia.»

Está hablando de la semilla de la Palabra de Dios que se siembra en el corazón de los incrédulos. Y que debemos dar fruto con perseverancia. Y seguir dando frutos. Por eso su servidor cada año aumenta a las misiones. Todo es relativo, nadie puede dar lo que no tiene. Lo importante es aprender a dar. Dar es la salida a nuestras necesidades económicas.

Hace 6 años teníamos una deuda de un millón de dólares, y sólo apoyábamos a 50 misioneros. Y de 6 años para acá, hemos pagado 600.000 dólares de la deuda, y hemos aumentado en más de 240 misioneros. Y nuestra Iglesia tiene dinero. Logramos todo esto con gente indocumentada, que no habla inglés. Sin ningún rico. Simplemente con gente que ama al Señor. La bendición no viene del pastor Parada, o de la Primera Iglesia Bautista. La bendición viene del cielo, de lo alto.

5. Invertir en la obra del Señor es buscar primeramente el reino de Dios y su justicia. Dice Mateo 6-33: «Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.»

6. Invertir demuestra nuestra fidelidad. Dice Lucas 16:9-10: «Y yo os digo: Ganad amigos por medio de las riquezas injustas, para que cuando éstas falten, os reciban en las

moradas eternas. 10 El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que

en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto. 11Pues si en las riquezas

injustas no fuisteis fieles, ¿quién os confiará lo verdadero?»

Si alguien es infiel con 5 dólares, ¿cómo le va a confiar Dios 20? ¿Y si es

infiel en 20, cómo le va a confiar 100?
Hace 7 años entró un nuevo pastor a nuestra Iglesia. Un pastor joven. Somos un ministerio donde hay coreanos, filipinos, ingleses, españoles, chinos, camboyanos. Más de 35 naciones diferentes. El pastor empezó a ver las finanzas y debíamos un millón de dólares. Estábamos atrasados 3 meses en la ofrenda misionera. Y empezamos a ser fieles. Había habido mucho derroche de dinero, y empezamos a poner la filosofía de no gastar lo que no tenemos. Al pastor algunos lo acusaron de ser muy agarrado con el dinero, y él decía: «Este dinero no es nuestro, es del Señor.» Fuimos fieles en lo poco que teníamos, y Dios nos confío más. Por eso nuestra Iglesia ha prosperado, y Dios nos dio lo verdadero. Dios bendijo tanto a la Iglesia como a los individuos.

7. Invertir es colaborar con la verdad. Eso dice en 3 de Juan 1:5-8: «Amado, fielmente te conduces cuando prestas algún servicio a los hermanos, especialmente a los desconocidos,6 los cuales han dado ante la iglesia testimonio de tu amor; y harás bien en encaminarlos como es digno de su servicio a Dios, para que continúen su viaje. 7porque ellos salieron por amor del nombre de El, sin aceptar nada de los gentiles. 8 Nosotros, pues, debemos acoger a tales personas, para que cooperemos con la verdad.»

A nuestra Iglesia llegan montones de misioneros. Y es caro mantenerlos. Hay que darles de comer, donde dormir, y mucho amor. Nosotros hemos decidido que a ningún misionero le vamos a negar que venga a nuestra Iglesia. No me importa si son 100 o 150. A ningún misionero se le va negar que venga a presentar su obra, porque son siervos del Señor. Obviamente, sería imposible agarrar a todos los que llegan para sostén misionero. Ya tenemos 291 misioneros, agregamos recientemente a 90. No podemos agarrar a todos los que vienen, pero a todos los ayudamos para que vayan al siguiente lugar. Podemos hacer eso porque hay corazón de dar.

8. Invertir es mostrar nuestro amor por el Señor. Dice la Segunda de Corintios 8:9 «Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.»

Cristo nos amo, y nosotros lo amamos. Él siendo rico, se hizo pobre, para que nosotros que somos pobres seamos enriquecidos. Yo doy porque amo al Señor. Es irrelevante si yo amo al misionero, al pastor, o a los hermanos. Yo amo al Señor, y porque amo al Señor entonces doy.

Debemos dejar de hablar de cuánto amamos al Señor y separar el 10% de lo que Dios nos da, y apartar una ofrenda misionera. Eso demostrará cuánto amamos al Señor.

9. Invertir es el plan de Dios para que la obra se sostenga. Muchas Iglesias tienen un montón de ventas porque los miembros no diezman. Yo entiendo que hay lugar para eso. Pero creo que hay un problema cuando la Iglesia se mantiene de esas ventas. La Biblia no dice que la Iglesia se sostenga con la venta de sodas, sino con los diezmos y las ofrendas de los miembros. Quienes no diezman, deben comenzar a diezmar. Quienes ya diezman, comiencen a dar a las misiones.

Crea En Su Palabra

Crea En Su Palabra

La Palabra de Dios dice en 2 Reyes 7:1-10: «Dijo entonces Eliseo: Oíd palabra de Jehová: Así dijo Jehová: Mañana a estas horas valdrá el seah  de flor de harina un siclo, y dos seahs de cebada un siclo, a la puerta de Samaria. 2 Y un príncipe sobre cuyo brazo el rey se apoyaba, respondió al varón de Dios, y dijo: Si Jehová hiciese ahora ventanas en el cielo, ¿sería esto así? Y él dijo: He aquí tú lo verás con tus ojos, mas no comerás de ello. 3 Había a la entrada de la puerta cuatro hombres leprosos, los cuales dijeron el uno al otro: ¿Para qué nos estamos aquí hasta que muramos? 4 Si tratáremos de entrar en la ciudad, por el hambre que hay en la ciudad moriremos en ella; y si nos quedamos aquí, también moriremos. Vamos, pues, ahora, y pasemos al campamento de los sirios; si ellos nos dieren la vida, viviremos; y si nos dieren la muerte, moriremos.5 Se levantaron, pues, al anochecer, para ir al campamento de los sirios; y llegando a la entrada del campamento de los sirios, no había allí nadie. 6 Porque Jehová había hecho que en el campamento de los sirios se oyese estruendo de carros, ruido de caballos, y estrépito de gran ejército; y se dijeron unos a otros: He aquí, el rey de Israel ha tomado a sueldo contra nosotros a los reyes de los heteos y a los reyes de los egipcios, para que vengan contra nosotros.7 Y así se levantaron y huyeron al anochecer, abandonando sus tiendas, sus caballos, sus asnos, y el campamento como estaba; y habían huido para salvar sus vidas.8 Cuando los leprosos llegaron a la entrada del campamento, entraron en una tienda y comieron y bebieron, y tomaron de allí plata y oro y vestidos, y fueron y lo escondieron; y vueltos, entraron en otra tienda, y de allí también tomaron, y fueron y lo escondieron.9 Luego se dijeron el uno al otro: No estamos haciendo bien. Hoy es día de buena nueva, y nosotros callamos; y si esperamos hasta el amanecer, nos alcanzará nuestra maldad. Vamos pues, ahora, entremos y demos la nueva en casa del rey.10 Vinieron, pues, y gritaron a los guardas de la puerta de la ciudad, y les declararon, diciendo: Nosotros fuimos al campamento de los sirios, y he aquí que no había allí nadie, ni voz de hombre, sino caballos atados, asnos también atados, y el campamento intacto.»

Esta historia es muy famosa en la Biblia. A lo mejor algunos de ustedes ya han leído algún mensaje tomado de este texto. En 1 Corintios 10 la Biblia enseña que las historias del Antiguo Testamento están escritas como ejemplo para nosotros. Están para animarnos, y para no caer en los mismos errores que ellos cayeron. Y luego poder recibir las bendiciones que algunos de ellos alcanzaron por su fe en Dios. Esas historias son muy importantes.

Aquí vemos a Israel en un tiempo donde la gente moría de hambre, hasta el punto en el que algunos pensaban en comer a sus propios hijos. No había comida en la ciudad y el rey estaba enojado con el varón de Dios. Mucha gente se enoja con Dios cuando les va mal por causa de su pecado. En lugar de enojarse con el diablo, de enojarse con el pecado, se enojan con Dios. Y por eso atacan al pastor, al predicador, para desquitar su amargura con el Señor. El rey estaba enojado con el siervo de Dios.

Como pastor me he encontrado muchas veces con gente que me pregunta: «¿Si Dios es tan bueno, por qué hay tanta maldad en el mundo? ¿Por qué tanta violencia, tantos secuestros, tanta enfermedad, si Dios es tan bueno?» La respuesta es muy fácil: Dios hizo del mundo un paraíso. Fuimos nosotros quienes lo echamos a perder. Y luego queremos echar la culpa a Dios. Dios no tiene la culpa, nunca ha hecho nada malo para nosotros.

Como observamos en 2 Reyes 7:1: «Dijo entonces Eliseo: Oíd palabra de Jehová: Así dijo Jehová: Mañana a estas horas valdrá el seah de flor de harina un siclo, y dos seahs de cebada un siclo, a la puerta de Samaria.» Imaginen ustedes la situación. La gente muriendo de hambre y el varón de Dios dice: «Mañana la comida va a ser muy barata.» Continúa 2 Reyes 7:2: «Y un príncipe sobre cuyo brazo el rey se apoyaba, respondió al varón de Dios, y dijo: Si Jehová hiciese ahora ventanas en el cielo, ¿sería esto así? Y él dijo: He aquí tú lo verás con tus ojos, mas no comerás de ello.» No hay nada más triste cuando uno tiene hambre que ver a otros comer.

Hace años yo estaba ayunando para que mis padres fueran salvos y yo pasé tres días y tres noches ayunando y no había comido nada. Yo estaba trabajando en un restaurante como cocinero. Estaba haciendo muchísimo calor en la cocina y yo no había comido nada ni tomado nada. Y llegó el jefe y dijo: «¿Saben qué? está un poco flojo el trabajo está noche. Coman lo que ustedes quieran comer está noche.» Yo estaba ahí y dije: «No. Es que no tengo hambre.» Llegaban los meseros ahí y me decían: «¿Quieres una coca? ¿Quieres un refresco? Está haciendo mucho calor.» Yo les dije: «No. Estoy bien. Gracias.»

Imaginen a esté hombre muriendo de hambre. Le dice el varón de Dios: «Mañana tú lo vas a ver con tus ojos, pero no vas a participar de la bendición de Dios por tu incredulidad.»  Quiero destacar algo muy importante de este texto. Dios odia la incredulidad. La fe es la única cosa que le agrada a Dios. Sin fe es imposible agradarle.

Para Dios resulta muy ofensivo cuando nosotros no creemos lo que Él dice. Dios es la Verdad. Él nunca ha mentido. Por eso le resulta ofensivo que nosotros, que somos pecadores y sí mentimos, no le creamos. Cuando Dios promete abrir las ventanas del cielo y derramar una bendición, Dios lo puede hacer.

Dice Malaquías 3:8-11: «¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas. 9 Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado. 10 Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde. 11Reprenderé también por vosotros al devorador, y no os destruirá el fruto de la tierra, ni vuestra vid en el campo será estéril, dice Jehová de los ejércitos.»

Dios dice que si confiamos en Él, debemos dar el diezmo y las ofrendas, y Él abrirá las ventanas de los cielos y nos bendecirá. El diezmo es lo que nosotros debemos a Dios. La ofrenda es lo que damos a Dios, pero el diezmo lo debemos. Tú no puedes dar una ofrenda a Dios hasta que le pagues lo que le debes. Hay gente que dice: «Yo he dado mi diezmo, pero nunca vi a Dios bendecirme.» Yo estoy convencido de que muchas veces el Señor nos bendice y no lo veremos hasta llegar al cielo. Muchas veces nos bendice y no nos damos cuenta.

La mayoría de la gente no es fiel con Dios. Dan su diezmo, pero sólo de vez en cuando. Imagine que usted renta un departamento, y paga la renta sólo de vez en cuando. El dueño de la casa no va a estar feliz con nosotros. Muchos cristianos quieren servir a Dios de vez en cuando, y cuando no llega la bendición piensan que lo que dice la Biblia no es cierto. Pero Dios cumple su palabra.

El Apóstol Pablo dice en Filipenses 4:11-13: «No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. 12 Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. 13 Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.»
La aplicación directa de este versículo es que podemos aprender a estar contentos con lo que tenemos. Dios nos da el poder para estar felices y contentos. La gente codiciosa nunca da a la obra de Dios. Nunca dan porque no están agradecidos con Dios por lo que ya tienen. Continúa Filipenses 4:14-18 diciendo: «Sin embargo, bien hicisteis en participar conmigo en mi tribulación. 15 Y sabéis también vosotros, oh filipenses, que al principio de la predicación del evangelio, cuando partí de Macedonia, ninguna iglesia participó conmigo en razón de dar y recibir, sino vosotros solos; 16 pues aun a Tesalónica me enviasteis una y otra vez para mis necesidades. 17 No es que busque dádivas, sino que busco fruto que abunde en vuestra cuenta. 18 Pero todo lo he recibido, y tengo abundancia; estoy lleno, habiendo recibido de Epafrodito lo que enviasteis; olor fragante, sacrificio acepto, agradable a Dios. 19 Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.»

Todo lo que tú necesitas, Dios lo va a suplir. Todo lo que te hace falta, Dios lo va a suplir, si tú has creído en la Palabra de Dios, y has aprovechado las promesas de Dios.

Dice 1 Reyes 17:8-12: «Vino luego a él palabra de Jehová, diciendo: 9 Levántate, vete a Sarepta de Sidón, y mora allí; he aquí yo he dado orden allí a una mujer viuda que te sustente. 10 Entonces él se levantó y se fue a Sarepta. Y cuando llegó a la puerta de la ciudad, he aquí una mujer viuda que estaba allí recogiendo leña; y él la llamó, y le dijo: Te ruego que me traigas un poco de agua en un vaso, para que beba. 11 Y yendo ella para traérsela, él la volvió a llamar, y le dijo: Te ruego que me traigas también un bocado de pan en tu mano. 12 Y ella respondió: Vive Jehová tu Dios, que no tengo pan cocido; solamente un puñado de harina tengo en la tinaja, y un poco de aceite en una vasija; y ahora recogía dos leños, para entrar y prepararlo para mí y para mi hijo, para que lo comamos, y nos dejemos morir.» Continúa, en Primera de Reyes 17:13-14: «Elías le dijo: No tengas temor; ve, haz como has dicho; pero hazme a mí primero de ello una pequeña torta cocida debajo de la ceniza, y tráemela; y después harás para ti y para tu hijo. 14 Porque Jehová Dios de Israel ha dicho así: La harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá, hasta el día en que Jehová haga llover sobre la faz de la tierra.»

Aquí Elías llegó y vio a está viuda preparando su última comida. Iban a morir ella y su hijo. Y Elías le pide agua, y luego pan. Hizo como hace todo pastor bautista fundamental. Primero le pedimos algo y, después, cuando lo hace, pedimos algo más grande. Primero le invitamos a la Iglesia, y luego le decimos que se bautice. Y después del bautismo le decimos que debe venir todas las semanas. Y luego debe empezar a diezmar. Así es Dios. Cuando le obedecemos, Dios sigue probando nuestra fe. Paso a paso. Él quiere que crezcamos en la gracia y conocimiento de Dios.

La mujer era pobre y estaba comiendo su última comida. Y el varón de Dios le pide una torta. Elías, como un pastor bautista fundamental, tenía mucha compasión y amor. Le dijo que le hiciera su torta primero. Imaginen la fe que debía tener la mujer en la palabra del varón de Dios para ir y preparar la última comida que ella tenía, y dársela al siervo de Dios. Y Dios abrió las ventanas del cielo.

Hay gente en mi Iglesia que es muy pobre. Algunos viven en casas de cartón, pero son fieles para dar su diezmo, para dar su ofrenda. Y también dan a los misioneros, y apoyan a la obra de Dios. Algunos incluso dan el 30 o 35% de lo que ganan. Y yo he visto como mejora su situación. Dios es el que decide cuándo nos va a bendecir y cómo nos va a bendecir. No estoy predicando como un Pentecostés: «Da a la obra de Dios y Dios te hace rico.» A veces Él nos prueba, a ver si actuamos con buen corazón. Pero Dios nos puede sostener, y va a cumplir su palabra.

Hace tiempo cuando empecé la Iglesia en México, unas familias querían venir conmigo. «Queremos ir porque vemos que usted le da dinero a su gente,» me dijeron. Mencionaron a un hermano, que antes no tenía ni para comer, y había prosperado mucho: «Desde que van a su Iglesia tienen dinero y yo creo que usted les da dinero.» Yo les conteste que eso no fue lo que paso. Esa persona prosperó porque dejó el alcohol, y comenzó a diezmar. A algunos hombres les molesta que predique sobre el diezmo. Pero van a la cantina y gastan todo su dinero. Y Dios sólo pide el 10%. Hay gente que dice que ya no va más a la Iglesia porque allí hablan de dinero. Pero sí van al restaurant, al trabajo, a las tiendas, y en todos esos lados hablan de dinero. Eso es una hipocresía.

Cristo dijo: «Donde está tu tesoro, ahí está tu corazón.» Si tú quieres que Dios te abra las ventanas del cielo, debes confiar en lo que dice Su palabra.

Dice 2 Reyes 4:1-7: «Una mujer, de las mujeres de los hijos de los profetas, clamó a Eliseo, diciendo: Tu siervo mi marido ha muerto; y tú sabes que tu siervo era temeroso de Jehová; y ha venido el acreedor para tomarse dos hijos míos por siervos.2 Y Eliseo le dijo: ¿Qué te haré yo? Declárame qué tienes en casa. Y ella dijo: Tu sierva ninguna cosa tiene en casa, sino una vasija de aceite.3 El le dijo: Ve y pide para ti vasijas prestadas de todos tus vecinos, vasijas vacías, no pocas.4 Entra luego, y enciérrate tú y tus hijos; y echa en todas las vasijas, y cuando una esté llena, ponla aparte.5 Y se fue la mujer, y cerró la puerta encerrándose ella y sus hijos; y ellos le traían las vasijas, y ella echaba del aceite.6 Cuando las vasijas estuvieron llenas, dijo a un hijo suyo: Tráeme aún otras vasijas. Y él dijo: No hay más vasijas. Entonces cesó el aceite.7 Vino ella luego, y lo contó al varón de Dios, el cual dijo: Ve y vende el aceite, y paga a tus acreedores; y tú y tus hijos vivid de lo que quede.»

La mujer no tenía nada. Sólo una vasija de aceite. Y el varón de Dios le pregunto qué tenía. Muchos de nosotros queremos que Dios nos bendiga con algo que no tenemos.

Pero si no servimos a Dios con lo que ya tenemos, Él no nos dará más. Me recuerda una anécdota de dos campesinos, que iban caminando, y tuvieron el siguiente diálogo:

-Amigo, ¿somos bien cuates, verdad?

-Oh, sí, por supuesto.

-Y si tú tuvieras un millón de dólares, ¿me darías la mitad?

-Claro, tú eres mi amigo, eres mi cuate. Te daría medio millón.

-Y si tuvieras dos casas, ¿me darías una?

-Sí, si tuviera dos casas, te daría una

-Si tuvieras dos coches, ¿me darías un coche?

-Claro, somos cuates.

-Y si tuvieras dos cerditos, ¿me darías uno, verdad?

-Cállate, tú sabes que yo tengo dos cerditos.

Mucha gente es generosa con lo que no tiene. Pero Dios está interesado en que seamos generosos con lo que sí tenemos.

El siervo de Dios le dijo a la mujer que consiga vasijas. Y ella fue, y pidió vasijas prestadas. Y empezó a derramar el aceite, y nunca cesaba. Nunca se vació. Entre más derramaba, más aceite había. La mujer fue bendecida por Dios según su fe. Debemos creer en Dios. ¿Por qué hay gente que va al infierno? Porque no creen en el Señor Jesucristo. No le piden con fe a Jesucristo que los salve. Si tú quieres que Dios te abra las ventanas del cielo, debes creer en Él.

Debemos actuar correctamente. Como los leprosos que llegaron con mucha hambre al campamento de los sirios. Dios había hecho un tremendo ruido en la noche, por lo que los soldados del campamento pensaron que estaba viniendo un gran ejercito, y dejaron todo ahí. En aquel tiempo, cuando los soldados iban a la guerra, llevaban muchas posesiones. Por eso, cuando llegaron los leprosos encontraron el campamento desierto.

Imagine qué haría usted: se está muriendo de hambre y llega a una ciudad, y no hay nadie. Imagine llegar a una ciudad y encontrar los restaurantes abiertos, con una arrachera cocinando, y unos huevos revueltos con jamón y tocino. Todas las casas y mansiones vacías. Los coches con las llaves puestas. ¿Qué haría usted? Yo no sé usted, pero yo conozco bien a los chilangos, y yo sé que es lo que ellos si harían.

Pero cuando los leprosos estaban comiendo, se dieron cuenta de que no estaban haciendo bien. Se acordaron que mientras ellos comían y bebían, la gente de la ciudad pasaba hambre. Por eso decidieron obrar bien, y volver a contar las buenas nuevas.

La Biblia profetiza que en los últimos días habrá hambre. No de pan, sino por escasez de la Palabra de Dios. Nosotros tenemos el Evangelio. Tenemos la Palabra de Dios. Y si no la compartimos con otra gente, y dejamos que vayan al infierno, somos egoístas y perversos. Debemos compartir el Evangelio, mandar misioneros, mandar pastores, enviar Biblias a quienes no tienen. Dios no bendice a los espíritus egoístas. Dios quiere que nosotros seamos generosos. Si le damos pan a quien no tiene, Dios nos dará más, y nos bendecirá.

Los que no quieren creer, están destruidos. Como este hombre que era consejero del rey, y dijo: «Si Dios abre ventanas en el cielo, ¿podría hacer eso?» Y Eliseo le respondió: «Tú lo vas a ver, pero no vas a participar.» Qué triste eso. Qué triste ver a otros cristianos disfrutar de la bendición de Dios y no participar. Ver a otros entrar en el cielo, y otros ser lanzados al lago de fuego. Lo que sucedió fue que el rey le encargó al consejero que cuide la puerta de la ciudad. La gente entró al campamento y vio que estaba vacío, y había comida, animales, plata y oro. Y el consejero se quedó cuidando la puerta.

Quienes conocen el metro del D.F, saben que allí se viaja muy apretado. Y a veces sucede que uno no quiere bajar, pero la gente lo atropella a empujones y hasta lo bajan. Imaginen a este hombre cuidando la puerta de la ciudad, y toda la gente muriendo de hambre. Cuando salió la gente hambrienta, aplastaron a este hombre, por incrédulo. Este hombre alcanzó a ver con sus ojos la bendición de Dios, pero no pudo participar de ella. Es muy triste ver cómo otros reciben la bendición, por haber creído en Dios, y en lo que el siervo de Dios dijo. Es feo ver como Dios abre las ventanas del cielo sobre otros, y uno ser excluido por su falta de fe. Debemos creer en lo que la Biblia dice, y Dios nos bendecirá.

No Te Contamines

¡NO TE CONTAMINES!

Hablaremos de la vida de un joven llamado Daniel, que existió en tiempos de Babilonia con el rey Nabucodonosor. Este joven fue llevado cautivo, preso, con todo su pueblo. Daniel era un joven sabio, entendido, de buen parecer y  príncipe entre su gente. Fue seleccionado junto con otros de sus amigos para ser parte de los hombres sabios y consejeros del rey. Pero para que les dieran este trabajo tenían que  aprender a escribir y hablar otro idioma, como si tú o yo tuviéramos que aprender ingles. También Daniel y sus amigos tenían que comer de la comida del rey y tomar del vino que el tomaba. Ahora bien, yo creo que la comida del rey era codiciable, de la mejor. Tal vez pavo, caviar, piernas de puerco, filete de res y mucho más. Todo lo que el rey deseara y comiera lo podía tener y hasta el  mejor vino de su tiempo. El vino sería lo que hoy son los mejores vinos alcohólicos o cervezas que existen. Daniel tenía que estarse preparando, aprendiendo y comiendo la comida del rey, durante tres años, para poder presentarse delante del rey y ser su consejero.

Daniel estuvo de acuerdo con prepararse, pero no estuvo de acuerdo con tener que comer de la comida del rey, ni tomar vino, porque Dios le prohibió a Daniel comer ciertos tipos de comida. No podía comer carne de cerdo, ciertos tipos de pescado, ciertos tipos de carne de aves, ni debía de tomar vinos y cervezas. Como Daniel no quería desobedecer a Dios, propuso en su corazón  no contaminarse con todo lo que el rey comía y bebía, por tanto le pidió al jefe que los cuidaba  que no se le obligase a contaminarse. Mejor él pidió que le dieran a comer legumbres, como frijoles, chicharos, habas, ejotes, frutas, verduras  y agua. Y el jefe de los eunucos se asombró mucho, y le dijo a Daniel que el rey se enojaría  porque se iban a poner bien flaco, pálido y desnutrido. Pero Daniel le pidió que hiciera la prueba por diez días. Dios le ayudó a Daniel a convencer al eunuco. Pasaron los diez días y el jefe comparó a todos  los jóvenes y encontró que Daniel y sus tres amigos, estaban más saludables y se veían mejor que todos los demás y los dejó seguir comiendo legumbres.

Cuando llegó el tiempo de que los jóvenes se presentaran ante el rey, en Daniel y en sus tres amigos se encontró mucho más sabiduría que en todos los demás jóvenes.

Entonces, ¿qué podemos nosotros aprender de Daniel y sus tres amigos? Bueno,  pues ahora en nuestros días, el diablo es semejante al rey de Babilonia de aquellos días. LA PALABRA DE DIOS dice que el diablo es el príncipe de este mundo, y él trata de contaminarnos con todo lo que el ofrece como: vinos alcohólicos, cervezas, drogas, revistas sucias que se encuentran en las calles de todo el mundo, programas malos en la televisión, video juegos agresivos que son de matar y matar, malas palabras, mentiras, robos y muchas otras cosas mas que el diablo ofrece. Por lo cual debemos aprender a distinguir cuales son las cosas que a Dios le agradan y cuáles no le agradan. Debemos ver cuáles son las cosas de Dios y cuáles las del diablo, para decidir en nuestro corazón no contaminarnos con todo lo malo que se ofrece cada día. Es mejor agradar a Dios y no a los hombres o amigos. Para poder hacer esto debemos leer la Biblia, orar a Dios y preguntarles a tus papás que es lo que a Dios le agrada. Claro, si son cristianos te podrán decir. Dios te premiará si le obedeces. No te contamines y ponte listito.

La Gracia

«La Gracia»

II Corintios 12:7-10 (v. 9)

Efesios 2:8-10

La Biblia dice en 2 Corintios 12:7-10, «Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente,  me fue dado un aguijón en mi carne,  un mensajero de Satanás que me abofetee,  para que no me enaltezca sobremanera; 8 respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor,  que lo quite de mí. 9 Y me ha dicho: Bástate mi Gracia;  porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto,  de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades,  para que repose sobre mí el poder de Cristo. 10 Por lo cual,  por amor a Cristo me gozo en las debilidades,  en afrentas,  en necesidades,  en persecuciones,  en angustias;  porque cuando soy débil,  entonces soy fuerte.»

Según el diccionario, la Gracia es ayuda divina que no merecemos.

La Gracia nos es dada en la proporción exacta a nuestra debilidad, o a nuestra necesidad, y al momento preciso.

Nunca falta, pero tampoco abunda, como las bendiciones de Dios que Él nos da «mucho más abundantemente.» Efesios 3:20…ni tanta que «sobreabunde.» (Malaquías 3:10)  Sólo «basta»… 2 Corintios 12:9.

La Gracia nos queda según la talla de cada individuo, y de acuerdo a su necesidad.

La Gracia es tú aliado más grande cuando quieres tener la victoria sobre un pecado, o cuando quieres vivir la vida victoriosa en toda su plenitud.

El mes de enero de 2007, siempre me traerá uno de los recuerdos más tristes de toda mi vida:  la muerte de mi precioso nieto, Jonathan Thomas Miller.  He vivido 63 años, y más de 46 años en el campo misionero.  He traído 13 hijos al mundo, 5 de los cuales están en el cielo.  He visto a mis dos padres pelear y perder la batalla contra el cáncer, y he llorado sus muertes.

Vi a mi esposo doctor luchar por años contra el Parkinson, y aunque tranquilamente, estuve presente aquel domingo en la tarde cuando perdió esa lucha después de vivir 24 años con ese enemigo.

Pero todos esos tristes eventos en mi vida no se comparan con la tristeza que compartí con Steve y Ruthie (mi hija) durante los 17 días de la jornada de su pequeño hijito, Jonathan, quien nació dos meses prematuro el día que cumplí 63 años, el 30 de diciembre, 2006.

Estuve observando sin poder ayudar, cuando regresaban a la casa dos veces al día…una vez en la mañana, y otra vez en la tarde…después de pasar el tiempo que se les permitía con su hijito en el hospital de niños en Querétaro, donde ellos sirven como misioneros.

Una tarde estuve con Steve sin poderle ayudar, mientras derramaba sus lágrimas por el dolor de ver al sufrimiento increíble de su hijito.  «Mamá,» me dijo, «creo que no puedo regresar al hospital, y ver el sufrimiento de mi bebé.  No es como si estuviera en estado de coma…me mira, como si estuviera diciendo, ‘¡Papi, haz algo!’  Ya no aguanto más.  Pero no puedo pedir a Dios que se lo lleve…quiero a mi bebé.  Pero si vive, no será normal.  Tendremos que dedicar el resto de nuestras vidas para cuidarlo, o tal vez tendremos que meterlo en un lugar especial, o quizás tendremos que regresar a los Estados Unidos para vivir.»  Y lloró más.

Lo único que pude hacer era acercarme a él, sentarme a su lado, y tomar su mano, y llorar con él.  Luego le dije, «Steve, no sé qué vas a hacer.  Ya has sufrido más de lo que imaginé que un padre pudiera sufrir.  Nunca he pasado por este valle.  No tengo idea qué decirte.  Pero cuando llega el tiempo para lo que te espera, Dios  te dará la Gracia para hacer lo que tienes que hacer.»  Lo único que yo pude hacer era tomar la mano de Steve.

Pero la Gracia se acerca, y dice, «Steve, dame tu mano.  Yo te ayudaré.  Ándale.  Ponte los zapatos y súbete a tu carro, y vamos al hospital.  Estaré allí cuando me necesitas.  Pero no antes.»

Y la Gracia tomó a Steve y a Ruthie por las manos mientras fueron al hospital aquella noche, y escucharon la noticia que su hijito acababa de morir.  Y los guió por el valle más oscuro de sus vidas: mientras Steve recogió el ataúd de su bebé la siguiente tarde, y lo llevó a su casa, y lo colocó sobre la mesa de la sala.

La Gracia acompañó a Steve mientras explicó a sus otros tres hijitos, antes de abrir el ataúd, que Jonathan realmente no estaba dentro de esa cajita bonita, que sólo era su cuerpecito.  Jonathan estaba en el Cielo, y ya no estaba sufriendo.  Estaba con Jesús.

La Gracia acompañó a Steve aquella misma noche mientras entró a su iglesia con esa cajita, caminó al frente, y la colocó sobre una mesa cubierta de un manto azul.  Y la Gracia se paró al lado de Steve y Ruthie mientras que se abrazaron y lloraron juntos sobre lo único que les quedaba de lo más precioso que tenían en esta tierra.

La Gracia ayudó a Steve a predicar el servicio funerario de su hijito, que realmente era un servicio de «Victoria Sobre la Muerte.»  Y la Gracia estuvo presente cuando volvió a subir ese cuerpecito a su camioneta, y regresó a casa, y lo colocó tiernamente sobre la mesa de su sala hasta la siguiente tarde cuando todos los amigos y seres queridos habían llegado para acompañarlos  en la última parte de la jornada triste de Jonathan aquí en esta tierra.

En el cementerio fue la Gracia una vez más que ayudó a Steve a predicar el sermón sobre el pequeño ataúd, y luego ver en completo silencio mientras lo bajaron en la tierra.

Lo más bello de la Gracia es que no se limita a estar en un sólo lugar, con una sóla persona.  Porque aquella tarde la Gracia también estuvo con esta abuelita, mientras me acerqué juntamente con Ruthie y la mamá de Steve (mi consuegra), y tiramos las rosas que nos habían dado, sobre el ataúd.

Y de no ser por la Gracia de Dios, creo que no hubiera podido aguantar el ruido del cemento mientras lo tiraron sobre las tablas que habían sido colocadas sobre el hueco en la tierra.  El sonido de la pala mientras terminaba la obra es un sonido qué jamás saldrá de mi memoria, ni aún con la Gracia de Dios.

Lo que hace la Gracia:

1.         La Gracia te da fuerza.

2.         La Gracia te da valor.

3.         La Gracia te da poder sobre la tentación.

4.         La Gracia te extenderá la mano, y te guiará por valles de sombras.

Lo que no hace la Gracia:

1.         La Gracia no quita kilos, pero te ayudará a decir: «No, Gracias, estoy bien servida.»

2.         La Gracia no pagará tus cuentas, pero te dará la fuerza para salir a trabajar, o para gastar sabiamente el dinero de tu marido.

3.         La Gracia no edificará una iglesia grande, pero te ayudará a salir a ganar almas.

4.         La Gracia no te dará un buen matrimonio, pero te ayudará a permanecer fiel a tu marido, y a los votos que tomaste el día de tu boda.

5.         La Gracia no producirá hijos perfectos, pero te dará el valor de tolerar sus imperfecciones.

6.         Y si pudieras preguntar a Steve y Ruthie, «¿Qué más no hace la Gracia?,»  ellos dirían:  «La Gracia no te devolverá a tu hijito, pero te ayudará a usar tu tristeza para ser de bendición a otros.»…como yo he tratado de ser a ustedes.

Había En Cesarea Un Hombre Llamado Cornelio

Había en Cesarea un hombre llamado Cornelio, centurión de la compañía llamada la Italiana, piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo, y oraba a Dios siempre. -Hechos 10:1-2

«Había en Cesarea un hombre llamado Cornelio.» Qué interesante forma de empezar esta porción de la Palabra de Dios. Y más interesante aún es la descripción que se nos da de este hombre gentil, (porque no era ni siquiera Judío.) Se nos dice que era un centurión. Se nos da el nombre de su batallón. Se nos dice que era piadoso y temeroso de Dios; no sólo él, sino con toda su familia y todos los de su casa, (esto incluye a sus siervos también.) Se nos dice además que daba limosnas al pueblo, y no pocas. Tenía dinero. Y al final algo muy importante: Oraba a Dios siempre. Cornelio oraba en todo tiempo. Oraba sin cesar. Oraba de continuo. Pero no era salvo. ¡Todas estas cualidades y no era salvo! Sin duda algo muy interesante.

Un centurión era una persona muy importante dentro del ejército romano. Era una persona encargada de unos 80 soldados y se le podría comparar a un capitán de nuestros días. Para llegar a ser un centurión se necesitaba de mucha valentía y temple. Sin duda Cornelio era un valiente y un ejemplo para muchos.  Cornelio era una buena persona, con un tremendo testimonio. Pero no era salvo.

La Biblia dice que él vivía en Cesarea, un puerto bien mundano. Cesarea era el puerto más importante de Israel en esa época y fue construida por Herodes. Era una fortaleza llena de amenidades. Desde un teatro, un anfiteatro, albercas y saunas (todas estas amenidades principalmente para los soldados romanos.) Por esta misma razón era un lugar en donde abundaba el pecado. Imagínese a un puerto como Acapulco, lleno de discotecas y mundanalidad. Cornelio vivía en esa ciudad. Pero no era atraído por todo eso. Sino que amaba a Dios. Daba sus ingresos a los necesitados. Pero no era salvo.

La Biblia nos explica en todo el capítulo 10 y parte del capítulo 11 de Hechos de cómo Cornelio y su familia y amigos fueron salvos. Dios le dijo a Pedro que fuera a la casa de Cornelio y que le compartiera el evangelio para que pudiera ser salvo. Dios también le dijo a Cornelio que Pedro iba a venir hasta su casa. «Él te hablará palabras por las cuales serás salvo tú, y toda tu casa.» Hechos 11:14. ¡Entonces Cornelio reunió a muchos en su casa y todos fueron salvos! Ahora Cornelio sí era salvo. Cornelio fue el primer gentil en ser salvo.

Me pregunto cuantas personas hay a nuestro alrededor como Cornelio. Gente religiosa pero sin salvación. Gente buena pero sin salvación. Gente que en realidad ama a Dios, pero por las mentiras de la iglesia católica y sectas, no han sido salvas. Confían más en sus buenas obras que en lo que Cristo hizo en la cruz. Piensan que por orar cada mañana, y encomendarse a Dios, ya van a ir al cielo. Piensan que por dar buenas ofrendas y limosnas ya tienen la salvación. Cornelio era mucho mejor que muchos cristianos hoy en día pero no era salvo. Si usted es como Cornelio, asegúrese de que no le falte esa única cosa que a Cornelio le faltaba… Cristo en su corazón.