El Invitado Especial

Aglaeé Muñoz

Nuestra historia en está ocasión tiene a un invitado muy especial… Jesús. Sí, Él es el invitado especial. Bueno, pues vamos a empezar.

El Señor Jesús andaba de un lugar a otro predicando y sanando enfermos. Pasaba de aldea en aldea, de pueblo en pueblo y visitaba a mucha gente.

Aconteció un día, que pasando por una aldea entró en ella. Me imagino que predicó o enseñó bajo la sombra de un gran árbol mientras la gente traía a sus enfermos para ser sanados. Marta estuvo allí con su hermana María. Cuando ya todos se iban, Marta quería tener a Jesús en su casa como su invitado. Así que lo invitó a pasar a su casa a comer.

El Señor Jesús gustoso, aceptó la invitación. Cuando llegaron a la casa, Marta se apuró a entrar. Agarró la escoba y se puso a limpiar el lugar. Sacó el trapeador y se puso a trapear.

Mientras Marta barría y trapeaba, María se sentó a escuchar la sabiduría del Señor Jesús. Ella estaba tan maravillada de cada palabra y tan deleitada que no le importaba otra cosa más que escuchar.

Marta continuó con ir a la cocina y empezar a prepara unos panes. Quizá una carne y una ensalada. Marta picó aquí… hizo allá. Lavó los trastes. A lo mejor preparó un agua de limón, y no se daba abasto con todo lo que tenía que hacer. Claro que Marta quería dar su mejor y hacer lo mejor para Jesús quién era el invitado especial.

De repente se enfadó mucho Marta y se dio cuenta que María seguía sentada escuchando a Jesús.

Tal vez se decía así misma: “Bueno, esta muchacha no piensa venir a ayudarme. Cuando menos debería de poner la mesa o hacer el agua, o lavar los trastes.” Y por fin, explotó. Fue a la sala y le dijo al Señor Jesús: “Señor, ¿Por qué no le dices a María que me ayude? ¡Yo estoy sirviendo sola!” El Señor Jesús, con todo aquel amor que solo Él puede tener le dijo a Marta: “Marta,  Marta,  afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria;  y María ha escogido la buena parte,  la cual no le será quitada.”

¿Qué fue lo que escogió María? ¡Claro! Sentarse a los pies de Jesús para escucharlo. Marta escogió limpiar la casa, que es bueno, pero María escogió escuchar con atención cada palabra que el Señor Jesús decía. Y esto le agrada al Señor Jesús. Aunque tú seas un niño muy pequeño, tú puedes escoger sentarte atentamente en tu clase de Escuela Dominical y escuchar al Señor Jesús a través de la clase. Siéntate a los pies del Señor Jesús y ponte listito.

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