El Misionero Pablo

¿Qué tal amiguito?  ¿Estas listo para una nueva historia bíblica? ¡Vamos a empezar!  En esta ocasión vamos a hablar sobre un misionero muy importante en la Biblia. Se trata nada más y nada menos que de Pablo, pero…  ¿Tú sabes que es ser misionero?  ¡Pues vamos a averiguarlo!

Dios escogió a Pablo para que predicara en muchos lugares.  Era un hombre muy bien preparado, sabía varios idiomas y tenía un carácter firme y fuerte.  Cuando Dios escogió a Pablo, (que en ese tiempo se llamaba Saulo,) andaba persiguiendo a los cristianos. Sí. Él no era cristiano aún, pero Dios ya le había echado el ojo para que fuera uno de sus más grandes misioneros. Lo que Pablo hacía, era que él perseguía a los cristianos, por creer en Jesús.

Un día, mientras Saulo iba con otras cuantas personas, rumbo a Damasco para perseguir y matar a los cristianos que se encontraban allí, Dios se le apareció. Dice la Biblia que Saulo vio una luz tan intensa que le lastimó tanto los ojos, lo tiró al suelo y hasta quedó ciego. ¿Te imaginas que tan fuerte era ese resplandor?

La gente que iba con él  no sabía qué era esa luz tan intensa, pero de pronto se oyó una voz que decía: “Saulo, Saulo, ¿Por qué me persigues?” Saulo estaba temblando, tenía miedo, Dios mismo era quien le estaba preguntando: “¿Por qué persigues a los cristianos? No los persigues a ellos, sino a Mí.” Saulo con todo y miedo dijo: “¿Quién eres Señor?” -“Yo soy Jesús a quien tu persigues,” le dijo. Pablo se encontraba tirado en el piso, ciego y con miedo y solo pudo decir: “¿Qué quieres que yo haga Señor?”

Ya Saulo no tenía nada más que decir, no podía seguir persiguiendo cristianos, ahora estaba entregándose al Señor Jesús para ahora hacer lo que Él dijera.  Ese día tuvo un encuentro muy personal con el Señor Jesús, aunque tuvo miedo al quedarse ciego pero, ese fue el mejor día para la vida de Saulo.

Dios le dijo: “Mira, Saulo, quiero que vallas a la calle que se llama derecha, allí se te va a decir lo que tienes que hacer.” Saulo se encontraba ciego, no podía ver nada. Así que alguien de los que iba con él lo llevo hasta el lugar que Dios dijo. Allí estuvo tres días sin comer.  Yo creo que en esos tres días estuvo arrepintiéndose de todos sus pecados y rogándole a Dios que lo perdonara y que le ayudara para que volviera a ver. En esa misma ciudad de Damasco, había un hombre llamado Ananías. Dios le habló y le dijo: “Ananías, ve a la calle que se llama derecha, allí está Saulo orando, quiero que le pongas las manos encima para que recobre la vista.” Ananías tenia tanto miedo, ¡¿y como no iba a tener miedo?! Si tenía que ir a ver al perseguidor de los cristianos.

Ananías era un hombre muy obediente a Dios y de igual forma obedeció y fue a ver a Saulo, le puso las manos encima y le dijo: “Hermano Saulo, el Señor Jesús que se te apareció en el camino, me envió a ti para que recobres la vista y seas lleno del Espíritu Santo.” Y ¿sabes qué pasó? ¡Claro! Recobró la vista al instante. Dice la Biblia que se le cayeron de los ojos unas cosas como escamas.  Saulo ahora no solo estaba contento porque podía ver, estaba contento porque por fin encontró al verdadero Salvador del mundo. Después de que recobró la vista, obedeció a Dios en el bautismo.

La vida de Saulo fue cambiada totalmente, hasta el nombre le fue cambiado por Dios, quien le puso Pablo. Y ya que era una nueva persona, hizo lo que Dios lo llamo a hacer: predicar el Evangelio en varios lugares.

Pablo recorrió muchas ciudades, predicando a Cristo Jesús como único Salvador. Dejó todo para servir al Señor, hasta tuvo que dejar a su familia, dejó su casa, su camita, su almohadita, todo lo cómodo que él tenía, lo dejó para ser un misionero. Le predicó a gente de diferentes lugares como por ejemplo fue a Roma, Corinto, Filipos, Tesalónica, Pérgamo, Tiatira, Filadelfia, Esmirna, Colosas, Éfeso, Galacia, Antioquia, etc. Empezó una iglesia en cada lugar donde él estuvo y ganó almas cada día.

Eso es lo que es un misionero. Un misionero es una persona que va a otro lugar para predicar al Señor Jesús.  Algunos misioneros van a China, África, Rusia, Japón, Perú, Argentina, India, Australia, El Salvador, etc.  Cada uno de ellos tiene que dejar a sus familiares y amigos, su casa, todas sus comodidades, tienen que aprender otro idioma en algunos casos y estar dispuesto a ir a predicar al Señor Jesús.

Pablo tenía que trabajar haciendo tiendas para poder pagar sus comidas y otros gastos.  En algunas ocasiones algunas iglesias le mandaban ofrendas especiales para ayudarlo. Pero no era siempre y por eso tenía que trabajar.

Nosotros como cristianos debemos de ayudar a los misioneros que se encuentran lejos de su país.  En nuestras iglesias levantan una ofrenda especial para los misioneros. Esta ofrenda se le llama promesa de fe. Es una ofrenda aparte de nuestro diezmo y muy aparte de nuestra ofrenda. Tal vez tú digas: “Yo soy sólo un niño, ni tengo dinero y ni trabajo. ” Bueno, tal vez no trabajes, pero estoy segura de que tus papás te dan dinero para que te compres algo en tu escuela.  Entonces si tienes algo de dinero.  Dios no te está pidiendo mil pesos, no. Dios pide obediencia y tú puedes empezar a dar $5.00 o $10.00 pesos cada domingo. Puedes ahorrar un peso diario o tal vez dos pesos. Si vives en Estados Unidos tal vez puedas dar uno, dos o hasta cinco dólares cada semana.  De esta manera podemos ayudar a misioneros para que puedan vivir tan lejos de sus países y predicar a Cristo. ¿No te gustaría que muchos niños africanos fueran salvos? O ¿Qué muchos niños japonecitos sean salvos?  Pues entonces vamos a ayudar a los misioneros. Da tu ofrenda misionera y ponte listito.

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