La Gracia

«La Gracia»

II Corintios 12:7-10 (v. 9)

Efesios 2:8-10

La Biblia dice en 2 Corintios 12:7-10, «Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente,  me fue dado un aguijón en mi carne,  un mensajero de Satanás que me abofetee,  para que no me enaltezca sobremanera; 8 respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor,  que lo quite de mí. 9 Y me ha dicho: Bástate mi Gracia;  porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto,  de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades,  para que repose sobre mí el poder de Cristo. 10 Por lo cual,  por amor a Cristo me gozo en las debilidades,  en afrentas,  en necesidades,  en persecuciones,  en angustias;  porque cuando soy débil,  entonces soy fuerte.»

Según el diccionario, la Gracia es ayuda divina que no merecemos.

La Gracia nos es dada en la proporción exacta a nuestra debilidad, o a nuestra necesidad, y al momento preciso.

Nunca falta, pero tampoco abunda, como las bendiciones de Dios que Él nos da «mucho más abundantemente.» Efesios 3:20…ni tanta que «sobreabunde.» (Malaquías 3:10)  Sólo «basta»… 2 Corintios 12:9.

La Gracia nos queda según la talla de cada individuo, y de acuerdo a su necesidad.

La Gracia es tú aliado más grande cuando quieres tener la victoria sobre un pecado, o cuando quieres vivir la vida victoriosa en toda su plenitud.

El mes de enero de 2007, siempre me traerá uno de los recuerdos más tristes de toda mi vida:  la muerte de mi precioso nieto, Jonathan Thomas Miller.  He vivido 63 años, y más de 46 años en el campo misionero.  He traído 13 hijos al mundo, 5 de los cuales están en el cielo.  He visto a mis dos padres pelear y perder la batalla contra el cáncer, y he llorado sus muertes.

Vi a mi esposo doctor luchar por años contra el Parkinson, y aunque tranquilamente, estuve presente aquel domingo en la tarde cuando perdió esa lucha después de vivir 24 años con ese enemigo.

Pero todos esos tristes eventos en mi vida no se comparan con la tristeza que compartí con Steve y Ruthie (mi hija) durante los 17 días de la jornada de su pequeño hijito, Jonathan, quien nació dos meses prematuro el día que cumplí 63 años, el 30 de diciembre, 2006.

Estuve observando sin poder ayudar, cuando regresaban a la casa dos veces al día…una vez en la mañana, y otra vez en la tarde…después de pasar el tiempo que se les permitía con su hijito en el hospital de niños en Querétaro, donde ellos sirven como misioneros.

Una tarde estuve con Steve sin poderle ayudar, mientras derramaba sus lágrimas por el dolor de ver al sufrimiento increíble de su hijito.  «Mamá,» me dijo, «creo que no puedo regresar al hospital, y ver el sufrimiento de mi bebé.  No es como si estuviera en estado de coma…me mira, como si estuviera diciendo, ‘¡Papi, haz algo!’  Ya no aguanto más.  Pero no puedo pedir a Dios que se lo lleve…quiero a mi bebé.  Pero si vive, no será normal.  Tendremos que dedicar el resto de nuestras vidas para cuidarlo, o tal vez tendremos que meterlo en un lugar especial, o quizás tendremos que regresar a los Estados Unidos para vivir.»  Y lloró más.

Lo único que pude hacer era acercarme a él, sentarme a su lado, y tomar su mano, y llorar con él.  Luego le dije, «Steve, no sé qué vas a hacer.  Ya has sufrido más de lo que imaginé que un padre pudiera sufrir.  Nunca he pasado por este valle.  No tengo idea qué decirte.  Pero cuando llega el tiempo para lo que te espera, Dios  te dará la Gracia para hacer lo que tienes que hacer.»  Lo único que yo pude hacer era tomar la mano de Steve.

Pero la Gracia se acerca, y dice, «Steve, dame tu mano.  Yo te ayudaré.  Ándale.  Ponte los zapatos y súbete a tu carro, y vamos al hospital.  Estaré allí cuando me necesitas.  Pero no antes.»

Y la Gracia tomó a Steve y a Ruthie por las manos mientras fueron al hospital aquella noche, y escucharon la noticia que su hijito acababa de morir.  Y los guió por el valle más oscuro de sus vidas: mientras Steve recogió el ataúd de su bebé la siguiente tarde, y lo llevó a su casa, y lo colocó sobre la mesa de la sala.

La Gracia acompañó a Steve mientras explicó a sus otros tres hijitos, antes de abrir el ataúd, que Jonathan realmente no estaba dentro de esa cajita bonita, que sólo era su cuerpecito.  Jonathan estaba en el Cielo, y ya no estaba sufriendo.  Estaba con Jesús.

La Gracia acompañó a Steve aquella misma noche mientras entró a su iglesia con esa cajita, caminó al frente, y la colocó sobre una mesa cubierta de un manto azul.  Y la Gracia se paró al lado de Steve y Ruthie mientras que se abrazaron y lloraron juntos sobre lo único que les quedaba de lo más precioso que tenían en esta tierra.

La Gracia ayudó a Steve a predicar el servicio funerario de su hijito, que realmente era un servicio de «Victoria Sobre la Muerte.»  Y la Gracia estuvo presente cuando volvió a subir ese cuerpecito a su camioneta, y regresó a casa, y lo colocó tiernamente sobre la mesa de su sala hasta la siguiente tarde cuando todos los amigos y seres queridos habían llegado para acompañarlos  en la última parte de la jornada triste de Jonathan aquí en esta tierra.

En el cementerio fue la Gracia una vez más que ayudó a Steve a predicar el sermón sobre el pequeño ataúd, y luego ver en completo silencio mientras lo bajaron en la tierra.

Lo más bello de la Gracia es que no se limita a estar en un sólo lugar, con una sóla persona.  Porque aquella tarde la Gracia también estuvo con esta abuelita, mientras me acerqué juntamente con Ruthie y la mamá de Steve (mi consuegra), y tiramos las rosas que nos habían dado, sobre el ataúd.

Y de no ser por la Gracia de Dios, creo que no hubiera podido aguantar el ruido del cemento mientras lo tiraron sobre las tablas que habían sido colocadas sobre el hueco en la tierra.  El sonido de la pala mientras terminaba la obra es un sonido qué jamás saldrá de mi memoria, ni aún con la Gracia de Dios.

Lo que hace la Gracia:

1.         La Gracia te da fuerza.

2.         La Gracia te da valor.

3.         La Gracia te da poder sobre la tentación.

4.         La Gracia te extenderá la mano, y te guiará por valles de sombras.

Lo que no hace la Gracia:

1.         La Gracia no quita kilos, pero te ayudará a decir: «No, Gracias, estoy bien servida.»

2.         La Gracia no pagará tus cuentas, pero te dará la fuerza para salir a trabajar, o para gastar sabiamente el dinero de tu marido.

3.         La Gracia no edificará una iglesia grande, pero te ayudará a salir a ganar almas.

4.         La Gracia no te dará un buen matrimonio, pero te ayudará a permanecer fiel a tu marido, y a los votos que tomaste el día de tu boda.

5.         La Gracia no producirá hijos perfectos, pero te dará el valor de tolerar sus imperfecciones.

6.         Y si pudieras preguntar a Steve y Ruthie, «¿Qué más no hace la Gracia?,»  ellos dirían:  «La Gracia no te devolverá a tu hijito, pero te ayudará a usar tu tristeza para ser de bendición a otros.»…como yo he tratado de ser a ustedes.

Una respuesta a “La Gracia”

  1. Solo quiero decir que es un excelente articulo que logro tocar mi alma, sobretodo porque este es uno de mis versiculos mas especiales y preferidos en la Biblia.

    Gracias por compartirnos estas lecturas y enseñanzas.

    Dios les Bendiga Ricamente!!

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