Los Celos
“Los Celos”
“Mas él, respondiendo, dijo al padre: He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos”
Lucas 15:29
Hay pocas personas que han leído su Biblia que no han escuchado la historia del Hijo Pródigo. A veces cuando escuchamos de un joven que huye de su casa, le decimos, “el hijo pródigo.” Hay himnos que comparan al pecador con el “hijo pródigo.” Hasta en pláticas, bromeamos o hablamos de un paseo largo, y nos referimos a nosotras mismas como “la hija pródiga.”
Pero no quiero enfocarme en el hijo que salió de su casa, y tal vez quebrantó el corazón de su padre. Vamos a poner a un lado, por unos momentos, al hijo egoísta, que pidió su herencia aún antes de la muerte de su padre. Tampoco, no vamos a hablar del padre, que siguió día tras día esperando el regreso de su hijo.
La persona que vamos a estudiar es el hijo mayor, el hermano del hijo pródigo.
¿Qué sabemos de este hijo?
1. Según el versículo 25, obviamente, era el primogénito. En los días cuando tomó lugar nuestra historia, el primogénito tenía muchos privilegios. Recibía la mayor bendición de su padre. Me imagino, que si tenía un negocio el padre, al morir quedaba en las manos del hijo mayor.
2. Otra cosa que podemos decir del hijo mayor está en el versículo 25. ¿Dónde estaba él mientras hacían planes para la fiesta de la bienvenida de su hermano vago? Estaba en el campo. Estaba trabajando. Era muy trabajador. Era cumplido. Tenía ambición. Era todo lo contrario de su hermano, el pródigo.
3. Cuando el hermano mayor llegó a la casa, ya había empezado la fiesta, porque llegando cerca de la casa, se oían la música y las danzas. Se ha de haber sentido mal, porque no le invitaron. Tenía el sentido de haber sido dejado fuera del círculo de las actividades.
4. Mostró sus sentimientos de una forma negativa. Se enojó. V. 28
5. Rehusó entrar, aún después de que su padre le rogó a pasar. Se encaprichó.
6. Se puso a enumerar todas sus virtudes. “Tantos años te sirvo, nunca he traspasado tus mandamientos.” V.29.
7. Criticó a su papá “Nunca me has dado un cabrito…”
8. Criticó a su hermano “Ha consumido tu hacienda con rameras.” V. 30.
Tenía celos de su hermano. Estaba celoso de él. Alguien le había robado lo que le pertenecía. Según él, era merecedor de algo que había sido dado a otro. Esto es el resumen de los celos. El sentir, (de manera real o solo por imaginación,) ser defraudado de algo que nosotros pensamos que nos pertenece.
Hay una historia en el Antiguo Testamento de dos esposas. Eran hermanas. Se llamaban Raquel y Lea. Estaban casadas con el mismo hombre, Jacob. Jacob había sido engañado por su suegro, Labán en varias ocasiones, pero el mayor engaño de todos era cuando le dio a Lea para esposa en lugar de Raquel. Había trabajado 7 años por Raquel, a quien amaba, y el día de la boda, Labán, viendo que Lea era la mayor, la dio a él, en lugar de Raquel. Jacob la amaba tanto, que trabajó otros 7 años por Raquel.
Eso en sí pudiera provocar emociones de grandes celos de parte de esas dos mujeres. Nos falta tiempo para contar todas las demostraciones de ese pecado en su matrimonio tan raro. Tener que compartir cónyuge, casa, y cama con otra mujer es una situación imposible. Si yo estuviera en una relación así, me saldría lo más pronto posible.
Pero lo que hacían esas dos mujeres está escrito en Génesis 30. Lee esa historia. Es el colmo de la manifestación de lo que provocan los celos. Raquel tuvo celos de Lea, porque ella si tuvo hijos y ella no. Después, Raquel le dio sus siervas a Jacob, para que tuviera hijos de ellas. Más adelante, Lea se enoja contra Raquel porque le está quitando las mandrágoras que su hijo Rubén había recogido. Y para colmo Lea alquila a su propio esposo para que se fuera con ella. Todo por los celos.
Pudiéramos pasar todo el día observando las vidas de los demás, pero a menos que lo apliquemos a nuestras propias vidas, no nos va a servir más que para criticar, y darnos un sentir de superioridad.
Si tú nunca has sentido celos, o si nadie jamás ha sentido celos de ti, en realidad eres muy excepcional. Este pecado se manifiesta hasta en los niños. Lo podemos observar en nuestros hijos. Hasta la misma madre puede provocar celos en sus hijos hacia sus hermanos. Y si tú piensas que los celos se manifiestan sólo en los hijos pequeños, espera hasta que sean adultos. Te espera una gran sorpresa.
Los celos se manifiestan de la misma forma que se manifestaron en el hermano del hijo pródigo: un sentido de ser dejada fuera; el enojo; el capricho; la crítica; el enfocarnos en nuestras virtudes, y en las debilidades de otros.
Los celos se manifiestan en muchos lugares, pero sólo vamos a mencionar tres de ellos:
1. En nuestra iglesia. Existen celos entre los miembros, por posiciones que han sido dadas a otros. Hay celos entre miembro y pastor, o maestro. Hay celos cuando se reconoce algo que un hermano ha logrado. Hay celos cuando alguien habla bien del hijo de otro, y no de su propio hijo. Puede haber celos cuando a otro le hace un reconocimiento especial de que uno piensa que es merecedor.
2. En nuestra familia. El marido es celoso de su esposa; la mujer siente celos de su esposo. El padre puede ser celoso de sus hijos, y la madre de sus hijos. Un hermano puede ser celoso de una hermana o un hermano; un hijo puede mostrar celos de la relación de su padre o madre y un hermano. A veces la esposa siente celos del ministerio, o del trabajo de su esposo, y del tiempo que le lleva fuera de su hogar. Muchas esposas son celosas de la familia de su esposo.
3. En nuestro corazón. Tal vez tú no tienes control sobre los celos que sienten otros, y las manifestaciones negativas que ellos muestran. Aún tú puedes provocar los celos sin saberlo. Pero una cosa sí puedes controlar: Tu puedes escudriñar tu corazón, y pedirle a Dios que quite todo pensamiento negativo que tienes contra tu hermano, tu esposo, tus hijos, y pedirle que te perdone. Pídele que ponga cosas positivas en su lugar. Lo mejor que tú puedes hacer para combatir los celos es hacer bien a la persona a quien sientes celos. Ora por ella. Si tu esposo no es fiel, es natural sentir celos. El adulterio puede destruir el matrimonio, pero hay otra cosa que te puede destruir, y son los celos. El celo es una emoción. No dejes que el celo te controle. Entrégalo a Dios, y pídele que Él tome la situación en Sus manos.
No provoques los celos en otros. A veces en inocencia provocamos los celos. Pero la mayoría de las veces, tú sabes lo que haces para provocar los celos en tu esposo, en tus hijos. Evítalo. Nunca compares tu esposo con otro hombre, o un hijo con otro. Pide a Dios que te dé sabiduría. Recuerda:
“Duros como el Seol los celos:”
Cantares 8:6
Billie A. de Sloan
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hola !!!! gracias por dar su tiempo para ayudarnos como mujeres
Dios le bendiga hna. sloan.
Buenas tardes.
He leido el comentario hecho acerca de “LOS CELOS” y dejenme decir que es un excelente apunte sobre el tema, en ocasiones nos dejamos llevar por ese mal (los celos) y Dios quiere que no tengamos celos, sino que por el contrario tengamos amor, mansedumbre, templanza,
Dios le bendiga Hna Billie, quiera Dios que siga siendo útil en su ministerio.