Maldiciones Sin Causa

“Maldiciones Sin Causa”
“…la maldición sin causa nunca vendrá.”
Proverbios 26:2

Estoy escribiendo este devocional en mi recámara, y en un rincón puedo ver
la silla que ocupaba mi esposo cuando aún vivía.  Si cierro mis ojos, lo
puedo imaginar sentado allí, y casi le escucho decir, “La maldición sin
causa nunca vendrá.”

Tal vez estabamos hablando de un tiempo difícil por lo cual estabamos
pasando, o quizás se estaba refiriendo a otra persona que estaba sufriendo
una tragedia.  Pero la mayoría de las veces, cuando citaba este texto, él
estaba hablando de una pena que nos había pasado.

El razonaba:  “Cuando nos cae una tragedia, la mayoría de las veces es por
un error que hemos cometido.”

Cuando vives con alguien por treinta y cinco años como yo hice con Tom
Sloan, y especialmente cuando crias a ocho hijos juntos, pasas casi todas
las experiencias que existen.  Doy gracias a Dios por un esposo que siempre
examinaba su corazón cuando nos llegaban problemas.  Siempre era el primero
en decir, “No hubiéramos hecho eso,” o “quisiera haber hecho eso de una
manera diferente.”  El interpretaba literalmente el significado de
Proverbios 26:2.

Me dan ganas de llorar cuando recuerdo una experiencia amarga que pasamos
hace muchos años.  El sufrió más que cualquier otra persona que he conocido
de esa forma.  Pero él mismo repetía ese texto en Proverbios.

¿Será que cada prueba, cada quebranto de corazón, cada atraso financiero,
nos llega por algo mal que hemos hecho para merecerlo?  ¿Es lo que significa
ese texto?  Ciertamente mi esposo conocía más de la Escritura que yo.  Pero
a veces me pongo a pensar…

…Mientras me siento aquí en esta mañana, estoy reflejando:  Dios ha sido muy
Bueno conmigo.  No tengo absolutamente nada de qué quejarme.    De lo que yo
sé, tengo excelente salud.  Tengo un refrigerador lleno de comida, soy dueña
de mi casa y mi vehículo.  No tengo deudas.  Tengo una familia llena de
hijos y nietos preciosos, todos sirviendo al Señor.  Pero reflejo en
ocasiones en mi vida…¿alguna vez has estado tan triste que te fuiste a la
cama, y pediste al Señor que no te despertara?  Pues, yo sí.  Una maldición
llegó a mi vida.  Y con toda honestidad puedo decir que no puedo pensar en
una causa…no puedo pensar en nada que yo hice para traer esa maldición a mi
vida…algo tan trágico que me hizo desear la muerte…nunca tener que
enfrentarme a la realidad.

Pero sí desperté.  De hecho, ni pude dormir.  La maldición me mantuvo
despierta, me hizo llorar, hizo que me enfocara en mí misma.  Me hizo
consciente de mis sentimientos, y me hizo olvidar al Señor, y de Sus
bondades hacia mí.

¡Cómo nos gusta pensar que estamos en control de nuestras vidas, y de todos
los eventos de nuestras vidas!  Nos gusta mirar a nuestros preciosos hijos,
quienes están sirviendo al Señor, y pensar, “¡Vaya que sí hice buen trabajo
criando a mis hijos!  De veras que sí vale la pena sirvir al Señor, y mi
trabajo de enseñarles todas esas Escrituras cuando eran pequeños ha traido
fruto.  La vida sí tiene sentido.

Y seguimos sirviéndo al Señor, haciendo lo que trae buenos resultados,
porque sí la vida nos ha pagado grandes resultados.

Pues, yo te voy a decir algo:  debes enseñar las Escrituras a tus hijos, y
leerles la Biblia, y orar con ellos, y por ellos, y llevarlos a la iglesia,
si sirven al Señor o si no Le sirven.  Haces lo que haces porque es lo
correcto.  Es lo que la Biblia nos enseña.

¿Por qué haces lo que haces?  Si sales a ganar almas porque quieres ganar a
diez personas a Cristo cada semana, sales a ganar almas por un motivo
equivocado.  Debemos salir a ganar almas, porque es lo que la Biblia nos
enseña.  Es lo que nuestro pastor guia a su iglesia a hacer.  El motivo más
puro para hacer cualquier cosa es para agradar al Señor, y ser obediente a
Su Palabra.  Gracias a Dios cuando El corona nuestro trabajo con almas
salvas, e hijos que sirven al Señor.

Estoy pensando en este momento en dos hombres, aparte de mi esposo, dos de
los hombres más piadosos que yo he conocido.  Y tienen hijos quienes han
quebrantado sus corazones.  Son hijos adultos.  Esos hijos han traído una
maldición a las vidas de esos buenos hombres…y también a sus preciosas
esposas.  Esos dos hombres ocupan un lugar muy especial en mi vida.  Muy
probablemente han tenido la mayor influencia en las vidas de mi esposo, mis
hijos, y en la mía.

No puedo pensar en una sola causa que ha traído la maldición a la vida de
mis amigos.  ¿Hay una causa?  ¿Será que cada maldición en nuestras vidas
llega por algo que hicimos mal?

Si considero así a Proverbios 26:2:  “Cada maldición en tu vida existe por
algo malo que hiciste.  Tú la causaste,” entonces sí…la respuesta es Sí.

Pero, ¿y qué si el Señor quiso decir esto:  “Hay una causa por la maldición
que estás sufriendo.  Sé paciente, y aún en esta vida, si no la ves, confía
en Mí.  Hay una causa…una buena causa por la maldición que estás sufriendo.”

Que yo nunca sea culpable de torcer las Escrituras sólo para justificar algo
que estoy pasando, ni siquiera para consolar a otro que está pasando una
tragedia insoportable.  Pero ¿será que cada maldición en nuestras vidas
existe por algo que hicimos…o por algo que otro hizo?  ¿Será que cada
maldición en nuestras vidas es una forma de castigo?

Estoy convencida, por experiencia, que cuando recibimos esa llamada
telefónica, o encontramos esa nota, que casi nos destruye, ciertamente
debemos examinar nuestro corazón.  Nos debemos preguntar, “Oh, Señor,
muéstrame si hay algun pecado en mi vida que ha causado esta tragedia.”

Recuerdo un día cuando mi hermano me llamó, y me dijo que mi papá tenía
cancer.  Después de recuperarme, me senté en mi cama y recordé todas las
veces que le había desobedecido de niña, y aún de jóven.  Me acordé de las
veces cuando nos platicaba largas horas acerca de su juventud, antes de que
él conociera a Cristo.  ¿Por qué no saboreaba sus consejos, y sus historias
chistosas?  ¿Por qué no hacía caso de sus consejos acerca de la obra
misionera?  Tenía tanta sabiduría, y la desprecié.  Y ahora se me iba.  Era
una maldición en mi vida.  Y me hizo reflejar, y confesar mis pecados.

¿Pero será que mi desobediencia y el desprecio de sus consejos le causauron
el cáncer?  Claro que no.  ¿Había una causa para esa enfermedad terminal?
Claro que sí.  El fue una bendición durante su enfermedad de una manera que
no lo hubiera sido de no haberse enfermado.  Unas relaciones rotas se
restauraron, que tal vez nunca hubieran sido restauradas, si la gente no
hubiera visto que se estaba muriendo.

A propósito, ¡qué triste es pensar que las maldiciones tienen que venir
antes de que vengan las bendiciones.  ¿Por qué será que esa gente que le
habia hecho mal años antes esperaron hasta que se estaba muriendo para
pedirle perdón?  No sé.  Pero ciertamente su enfermedad trajo una buena
causa.

Reflejando en aquella tarde, acostada en mi cama, deseando el sueño,
deseando nunca despertarme, prefiriendo la muerta, ahora me trae una
sonrisa.  Una de las bendiciones más dulces de mi vida salió de esa
maldición tan oscura.  Y creo que esa experiencia me ha enseñado cosas que
jamás hubiera aprendido si esa maldición nunca hubiera llegado a mi vida.
Quisiera compartirlas contigo:

1.    Cuando llega la maldición, no te des por vencida.  Sigue sirviendo al
Señor, sigue confiando en El.
2.    No procures explicar tu maldición.  Según Proverbios 26:2, hay una causa.
3.    Examina tu corazón.  Pide al Señor que traiga a tu mente cualquier pecado
que tal vez trajo esa tragedia a tu vida.  Confiésalo a El, y de ser
posible, arregla tu vida, y luego sigue adelante.
4.    No te amargues.  No eches la culpa a otro.  No te enojes.  Hay una causa.
5.    Mantén un espíritu dulce.  Ama al que te ha lastimado.  Mantén abiertas
las líneas de comunicación.
6.    Ora por aquél que ha traido esta maldición a tu vida.
7.    Escribe en un diario lo que estás sintiendo.  Esto es algo que aprendí de
mi hijo, David, y el consejo que dio a Jolene, mientras se sentaba en un
triste hospital en Ucrania por tres días con su hijita.  ¡Qué fuente de
bendición ha sido ese diario a otros!
8.    Procura ver las cosas positivas que están pasando en tu vida a causa de
tu maldición.  Hice recuerdos inolvidables con mi papá, mi mamá, y con mis
hermanos durante el tiempo de la enfermedad de Papá, que de otra manera no
hubieran sido hechos si hubiera estado sano.
9.    Da gracias a Dios, si puedes, por tu maldición.
10.    Usa lo que aprendes por tu dolor para ser de bendición a otros que
también están sufriendo.

Yo no sé qué estás sufriendo:  una enfermedad terminal, la pérdida de un
precioso bebé, la rebeldía de un hijo, sueños hechos pedazos, el abandono de
un esposo, la traición de un amigo…¡tantas maldiciones en esta vida!  Tal
vez tú eres la causa.  Si es así, confiésalo al Señor, y pídele que te
perdone, y que haga de tu maldición una bendición.

Pero tal vez Dios ya tiene una causa para tu maldición.  Tal vez hay algo
que El quiere lograr a traves de tu dolor y tu quebranto de corazón.  Cuando
lo único que puedes hacer es confiar, pues confía en El.

Comentarios

2 Respuestas a “Maldiciones Sin Causa”
  1. analia dice:

    creo que me hicieron una maldicion estoy re segura de eso hace rato la verdad por que todo me sale mal en lo que hago si me puden ayudar en esto les agradeceria mucho analia.

    • Pastor Arturo Muñoz dice:

      Analia,
      No hay ni existe la maldición para los hijos de Dios. La Biblia dice que Balam quería maldecir al Pueblo de Dios porque el Rey Barak se lo había pedido, pero nunca lo pudo hacer. ¿Por qué? Porque estamos protegidos por la sangre de Cristo. Si no eres cristiana, te recomiendo que aceptes a Cristo como tu Salvador. De esa manera, te haces hija de Dios, y Dios nuestro Padre te puede proteger más que tu misma.
      En Cristo,
      Pastor Arturo Muñoz
      Editor

Nos gustaría saber lo que piensa

Por favor, ponga un comentario...