No Se Vaya A Caer Como Eutico

Hechos 20:7-9 dice: «El primer día de la semana,  reunidos los discípulos para partir el pan,  Pablo les enseñaba,  habiendo de salir al día siguiente;  y alargó el discurso hasta la medianoche. 8 Y había muchas lámparas en el aposento alto donde estaban reunidos; 9 y un joven llamado Eutico,  que estaba sentado en la ventana,  rendido de un sueño profundo,  por cuanto Pablo disertaba largamente,  vencido del sueño cayó del tercer piso abajo,  y fue levantado muerto.»

La Biblia nos habla de que Pablo estaba enseñando a un grupo de personas en un cuarto que estaba en el tercer piso. Dice la Palabra de Dios que tanto era el entusiasmo de la gente ahí reunida que Pablo había alargado la predicación hasta la media noche.

Entre los que ahí se encontraban reunidos, estaba un joven llamado Eutico. Este joven, me lo puedo imaginar, era un joven a quién le gustaba la aventura. Le gustaba el riesgo y el desafío. Por esa razón estaba sentado, quizá, sobre la ventana. Su mamá pudo haberle dicho varias veces que se sentara en una silla. Pero él no quiso entender. No quiso oír… y se cayó.

La razón de porque se cayó hacia afuera, en vez de haberse caído hacia adentro, fue porque la mayor parte de su peso estaba -ah, ya lo adivinaron- hacia afuera. Y esa es la razón de porque muchos de los cristianos y también de los jóvenes hoy en día se van hacia al mundo y destruyen sus vidas. El mayor peso de ellos está hacia el mundo, hacia el pecado, desafiando a Dios y disfrutando de la aventura. Están en una cuerda floja, jugando al cristianismo. Están caminando al filo del precipicio, y muy pronto van a caer. El diablo con un empujoncito los va a tirar y grande será su destrucción.

Cuando Eutico cayó, la aventura se había acabado. La diversión se acabó. Ahora había algo real que había llegado y eso era la muerte. Joven, deja de jugar con el pecado, porque te va a llevar más lejos de lo que quieres ir, y te va a costar más caro de lo que te puedes imaginar. Eutico estaba muerto. ¿Pueden oír los gritos de la familia? ¿De los tíos? ¿De su mamá, gritando?: ¡Eutico! ¡Eutiquito! ¡Mi Eutiquín!

Gloria a Dios por las segundas oportunidades. Pablo bajó, oró a Dios, y resucitó. Todos ahí se quedaron atónitos. Muchos de ellos, quizá le dijeron a Eutico: «Te dijimos que te ibas a caer, pero no nos hiciste caso. Qué bueno que aquí estaba Pablo.» Después de todo esto, yo creo que ahora Eutico, se sentó bien hasta adelante para oír la predicación de la Palabra de Dios. Yo creo que Dios usó a Eutico grandemente para la obra de Dios. Me pregunto, ¿Cuántos Euticos habrá en las iglesias, que sólo van, pero por dentro son bien carnales y mundanos? Deje ya el mundo y ríndase a Dios, no le vaya a pasar lo que le paso a Eutico.

Pues bien, pasando a otro asunto, Dios ha puesto en nuestro corazón el mejorar la revista aún más. Y para ello necesitamos recursos para imprimirla a todo color. Necesitamos de 10 iglesias o personas que nos puedan ayudar apoyando la revista con $500 pesos o $50 dólares al mes. Nuestro deseo es seguir manteniendo un precio accesible para todos aquellos que se suscriban, y es por ello que buscamos este apoyo. Por favor, ore a Dios, para ver si usted nos pudiera ayudar en este proyecto. Muchas gracias y que Dios les bendiga.

Tu Puedes Robar Mi Gozo

«Tú Puedes Robar mi Gozo»

«No tengo yo mayor gozo que este,  el oír que mis hijos andan en la verdad.»

3ra Juan 4

Se escucha mucho acerca del gozo hoy día.  Cantamos coritos acerca del gozo: «Oh, el gozo del Señor mi fuerza es,»  «brincamos de gozo», y «yo tengo gozo, gozo, gozo, gozo.»

A veces pienso que ponemos demasiada importancia en esa palabra.

Pero no podemos negar la Biblia.  Y estoy en total acuerdo con el versículo en III Juan que expresa la suma de mis sentimientos:  «No tengo yo mayor gozo que éste, el oír que mis hijos andan en la verdad.»

La primera vez que escribí este texto, me equivoqué al poner la palabra «saber» en lugar de «oír.»  La palabra «oír que mis hijos andan en la verdad,» implica el hecho que alguien nos contó algo acerca de nuestros hijos…algo positivo.

Mi lado humano me hace sentir mucho orgullo cuando «oigo» que alguien dice cosas bonitas acerca de mis hijos, especialmente cuando se refieren al hecho de que están andando en la verdad.  No hay absolutamente nada que me trae mayor gozo.

Me encantaría que todos mis hijos prosperaran financieramente.  No tengo nada en contra de la seguridad material.  Pero no me conmovería mucho si alguien me mandara un correo reportando la gran cantidad de dinero que uno de mis hijos está ganando.

Ni haría gran celebración si me dijeran que una de mis hijas consiguió un trabajo de modelo de modas, o que había recibido una promoción en una carrera.

¿Qué es lo que deleita el corazón de esta madre?  Escuchar a alguien decir que uno de sus hijos fue de bendición a su vida, o que una de sus hijas está sirviendo fielmente a Dios.

La Escritura no dice que trae gran gozo escuchar que el marido de una, o la esposa de uno anda en la verdad.  Hay algo tan bello, que da un sentido de satisfacción sin descripción saber que nuestros hijos están viviendo seguramente dentro de la voluntad de Dios.

Así que, hay algo que mis hijos pueden hacer para robar mi gozo.  Y esto es escuchar que uno de ellos no está andando en la verdad…no está sirviendo al Señor.  No hay agonía más grande para una madre, oír que su hijo ya no sirve al Señor…ya no anda en la verdad.

Pero mientras este pequeño devocional se dirige a los hijos, quisiera usarlo para ser de bendición a mis amigas madres que luchan y sufren con hijos quienes no sirven al Señor.  Estos hijos quedan en una de dos categorías:

1)      Los que son salvos, pero que se han alejado del Señor.

2)      Los que nunca han sido salvos.  Ni voy a agregar «que no sirven al Señor,» porque en realidad a menos que tus hijos son salvos, no pueden servir al Señor.

¿Quieres desafiar esa última frase, «…no pueden servir al Señor…»?  Bueno, contestaré tu desafío.  Creo que hay niños, miembros de la iglesia, y aún obreros «cristianos» de tiempo completo que están viviendo una mentira.  Hacen lo mismo que hace la gente salva, pero lo hacen «en la carne,» en su propia fuerza.  Un día alguien les «guió a Cristo,» y los convenció que eran salvos, en camino al Cielo.

Creo que aquí cabe decir algo acerca de un error muy grande que hacemos las madres, los maestros de la escuela dominical, y los ganadores de almas:  porque amamos mucho a nuestros hijos, a nuestros alumnos, y a las almas perdidas, nos damos cuenta de la urgencia de hacer una decisión para Cristo.  Tememos la muerte de los que no se han preparado para la eternidad.  Pero en nuestro fervor, a veces olvidamos un hecho muy importante:  «Sin el Espíritu Santo, nadie puede ser salvo.»

Es mi opinión personal que muchísimo daño se ha hecho entre los ganadores de almas en general.  Sin querer desanimar a alguien a testificar a otros, no solamente en el ministerio organizado en la iglesia de salir a ganar almas, sino también testificar a cada oportunidad, quisiera decir, sin miedo de ser juzgada como anti-ganador-de-almas:  las iglesias, los púlpitos y los hogares hoy día están llenos de personas inconversas…personas que han sido convencidas por una persona agresiva, que van a ir al Cielo; por personas que han excluido al ministerio del Espíritu Santo, mientras esforzaron a una persona a hacer una profesión falsa de fe.

Todos nuestros ocho hijos son salvos.  Todos aceptaron a Cristo cuando eran pequeños.  Mi esposo y yo ganamos a todos nuestros hijos al Señor.  Pero nunca, nunca, ni una vez invitamos a uno de ellos a aceptar a Cristo de una forma personal.

En dos ocasiones, sin embargo, a dos de nuestros hijos los enfrentaron dos ganadores de almas agresivos…un misionero, y una maestra de la escuela dominical…y los animaron a aceptar a Cristo.  Nuestros dos hijos estaban muy pequeños.  Era muy obvio que sus «conversiones» no eran auténticas cuando uno de ellos ni siquiera pudo recordar lo que acababa de hacer unos minutos antes, cuando el misionero le dijo que nuestro hijo nos contara lo que había hecho.

La otra niña no nos contó nada, sino uno de sus hermanos.

Nadie me puede acusar de no amar a las almas.  Pero hay un error muy grande, especialmente cuando se trata de niños, en esforzar a alguien a hacer una decisión en cualquier área de la vida, pero especialmente la del destino eterno de uno.

Recordando las falsas decisiones de nuestros dos hijos, mi esposo y yo vivimos según un principio:  si un niño levanta su mano durante la invitación, y sus padres son creyentes, debe ser el gozo y el privilegio de ese padre llevar sus propios hijos al Señor.  Pero esta es una preferencia y un principio personal.

Pero este devocional se trata de aquellos hijos, especialmente hijos adultos, que han aceptado a Cristo, generalmente a una edad temprana, criados en un hogar cristiano, pero que han quebrantado los corazones de sus padres, alejándose de una manera deliberada de las verdades que les han enseñado.  A veces lo más natural es dudar de la salvación de esos hijos.  Mientras debemos pedir al Señor, «Que lo salves si no es salvo,» en realidad hay una sola cosa que necesitamos recordar:  si ese hijo es salvo o si no es salvo, el Único que le puede salvar, o le puede convencer del pecado es el Precioso Espíritu Santo.  Así que suéltalo.  Ora por él o por ella, sí.  Pero quita las manos de ellos.  Deja que el Espíritu Santo haga Su perfecta obra.

Somos tan egoístas.  Creemos que podemos resolver todos los problemas de nuestros hijos si tan sólo nos escuchan.  Tenemos todas las respuestas de la vida.  Sabemos lo que Dios quiere hacer con nuestros hijos, con quiénes El quiere que se casen, y dónde El quiere que vivan:  al lado de nuestra casa, o, no lo quiera Dios, con nosotras.

Una vez escribí un devocional llamado, «Hijos Sobre-Cocidos.»  Se trata de madres con hijos que son salvos, y están sirviendo al Señor…aquellas madres que quieren controlar las vidas de sus hijos, sus ministerios, y sus matrimonios.

El título de este devocional debe ser, «Hijos Sobre-Cocidos II.»  Se trata de madres de hijos que, o no son salvos, o son salvos y no sirven al Señor.  Pero principalmente se trata de los que conocen al Señor, pero han salido de Sus caminos.

Tengo el mismo consejo para las madres de estos hijos que di en «Hijos Sobre-Cocidos»:  Apaga la lumbre.  Deja de predicar a tus hijos.  Ya saben tus bosquejos de memoria.  Los han escuchado todas sus vidas.  Y recuerda estas tres cosas que te ayudarán en cualquier situación de la vida.

1)      Dios está en control, y sabe exactamente lo que está haciendo.  Quita tus manos del control, y dálo al Señor.

2)      Baña a tus hijos en la oración.  Ora por ellos «sin cesar,» mientras haces tus quehaceres, mientras preparas tus comidas, mientras manejas, ora por ellos.  Tú puedes hacerlo.  De todas maneras tienes que estar pensando en algo.  Usa tu facultad de pensar para algo positivo.  Cuando empieces a preocuparte, o sentirte deprimida por ellos, simplemente dile al Señor, «Dios, no puedo hacer esto, pero Tú sí puedes.  Toma control de esta situación, y haz Tu perfecta voluntad.»

3)      Pide al Señor que tome esta situación desagradable y fea, y que la convierta en algo que le dará gloria.

Parece una cosa rara pedir esto.  ¿Dios puede recibir la gloria de un pecado?  Pues, no.  Pero creo que si confiamos en El, o aún si no confiamos en El, El puede usar cualquier cosa para Su gloria.  El pecado en sí, sea un estilo de vida pecaminoso, o un pecado, desagrada a Dios.  Le entristece.  Pero cuando uno siente convicción del pecado, y se arrepiente de ese pecado o de ese estilo de vida pecaminoso, Dios puede usarlo para Su gloria.  Aunque el pecado nunca glorifica a Dios, El puede obtener la gloria por el cambio de corazón, cuando uno abandona el pecado por medio de la convicción del Espíritu Santo.  Eso es lo que las madres pueden pedir a Dios.

¿Por qué los hijos salvos dan la espalda a Dios, y viven en pecado?  Viviré y moriré sin saber la respuesta.  Pero hay una respuesta.  Dios la sabe.  El vio a ese corazón de tu hijo cuando Le dio la espalda, aún antes de que nosotras viéramos las acciones pecaminosas de nuestro hijo.  Dios conoce el corazón, y ahí es donde empezó todo.

Tú no puedes cambiar el corazón de tu hijo.  Es terreno del Espíritu Santo.  Pero sí puedes orar por tu hijo.  Dios honra la fe.  El recompensa tu confianza en El.  Le encanta a Dios cuando tú Le das el control de la vida de tu hijo.  El ve a tu hijo todo el tiempo, aún cuando tú no lo ves.  El sabe lo que está haciendo.

Los hijos de David dieron la espalda a Dios.  ¿Será que tuvo referencia a eso cuando clamó, «Vuélveme el gozo de tu salvación,»?  David estaba pidiendo al Señor un corazón limpio, así que estaba hablando de sus propios pecados.  Pero ¿será que estaba pensando en la influencia que tuvo su pecado sobre sus hijos?  ¿Sus hijos le habían robado su gozo?  Mientras podemos fácilmente acusar a David, y pensar que podemos ver claramente la razón de las vidas pecaminosas de sus hijos, ninguna de nosotras es perfecta.  Así que, mi consejo final, aunque no el de menor importancia, y tal vez aún debe ir en primer lugar, es esto:  pídele a Dios que te quite cualquier pecado que tal vez provocó a tu precioso hijo a salir de los caminos del Señor.  Pídele a Dios que te convenza de tu pecado, que te perdone, y te cambie.  Y Él lo hará.

Luego, aunque tu gozo te ha sido robado, El te lo restaurará.

Y al mismo tiempo, puede ser que restaure también a tu hijo.

No Tuersas Tus Caminos

La Palabra de Dios dice en Proverbios 19:3 «La insensatez del hombre tuerce su camino y luego contra Jehová se irrita su corazón»

Hay que recordar que Salomón está escribiendo en base a su gran sabiduría. Salomón era el hombre más sabio en su tiempo; y él  sabiendo lo que está diciendo, no hablando nada más a la deriva, dice: «La insensatez del hombre tuerce su camino«, y una vez que lo hace, su corazón se irrita contra Dios. Pero también Salomón está escribiendo en base a su experiencia como rey. Él ha visto muchas cosas, él tiene en sus manos un gran pueblo con características muy particulares, y él habiendo conocido el desarrollo de la gente y los juicios que él había tenido ante sí, y tantas y cuantas cosas, él pudo decir: «La insensatez del hombre tuerce su camino y luego contra Jehová se irrita su corazón«. Pero no solamente él está hablando en base a su sabiduría y en base a su experiencia, sino también inspirado en el Espíritu Santo.

¿Cuántas veces hemos visto a hombres que caen en pecado, terribles pecados que acarrean grandes y graves consecuencias, y cuando son descubiertos no les gusta las consecuencias? Pastores pierden las Iglesias, son puestos en disciplina; por supuesto sufren la separación que la Biblia nos ordena, y entonces enojados, se van contra Dios, contra la Iglesia, contra los predicadores, contra el fundamentalismo. Y ahora resulta que las víctimas son ellos, y los culpables son el pastor, los hermanos, la Iglesia Bautista en general, y el Fundamentalismo. Y entonces se van a círculos donde son aceptados, donde no hay problemas con sus pecados de inmoralidad, donde no hay problema con su pasado; si es necesario los casan de nuevo con otra mujer, les dan otra Iglesia, les dan sostenimiento y entonces son mecidos en la hamaca de sus pecados, pero la Biblia sigue diciendo: «La insensatez del hombre tuerce su camino y luego contra Jehová se irrita su corazón»

El propósito de la predicación es para ayudarnos a darnos cuenta, nosotros como predicadores, siervos del Señor, que nosotros también estamos expuestos a la insensatez y debemos estar apercibidos de no caer en las garras de la insensatez. La Biblia dice en 1ª. Corintios 10:12: «El que piense estar firme, mire que no caiga«, porque nosotros no somos mejores en nada a aquellos que han caído, y Satanás es más astuto que todos nosotros juntos y anda buscando devorar nuestro testimonio, nuestra vida moral, nuestra vida familiar, nuestro testimonio como predicadores. Pero de pasada, quiero decir algo: Si por desgracia, alguno de nosotros cayese en la insensatez, por lo menos no nos irritemos contra Dios.

Siempre encontramos culpables, siempre encontramos excusas para justificar nuestro proceder y resultamos justos comparados con las críticas, los chismes y todo lo que viene después del pecado a nuestros ojos, nos vemos más justos que todos aquellos y lavamos nuestras manos en la inocencia. Desgraciadamente, de una conferencia a otra ya nos enteramos de un predicador menos en la lid y se repite la historia: «La insensatez del hombre tuerce su camino y luego contra Jehová se irrita su corazón«.  Quiera Dios que yo no esté hablando con alguien que vaya a caer en la insensatez pronto, al contrario, que estemos advertidos.

Hay predicadores que estuvieron sentados en nuestras Iglesias, en nuestras campañas y conferencias, en nuestros círculos y ahora mismo están irritados contra nosotros. Nosotros somos los exagerados, nosotros somos los culpables. Los hermanos empezamos a comentar lo que sucedió entre una cosa y otra, por cierto con dolor, y entonces ellos dicen: «Son un montón de chismosos». Empezamos a tener que poner barreras. La Biblia dice que al que ande desordenadamente señálalo y no te juntes con él para que se avergüence. A los hombres que causen divisiones, señálalo y no te juntes con él, así nos dice la palabra de Dios.

Pablo dijo en 1ª. Corintios 5:11: «Más bien os escribí que no os juntéis con ninguno que,  llamándose hermano,  fuere fornicario,  o avaro,  o idólatra,  o maldiciente,  o borracho,  o ladrón;  con el tal ni aun comáis». Y hubo quiénes lo predicaron y ahora han caído en garras de la insensatez y están enojados contra nosotros que no nos queremos sentar con ellos. Y si por desgracia alguno cayere, no te irrites contra Dios. Y cuando dice contra Dios, no solamente se refiere a Dios, sino se refiere a las cosas de Dios. Y por eso menciono el compañerismo entre nosotros,  por eso menciono a las Iglesias y a los hermanos, porque aquel que está enojado contra Dios está enojado contra las todas las cosas del Señor.

«La insensatez del hombre tuerce su camino«,  ¡mire qué sabiduría! Y luego, ya que cayó en la insensatez, ya que torció sus caminos, se irrita contra Dios. En la escritura dice en Proverbios 28:13: «El que encubre sus pecados no prosperará;  mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia«. Dios es grande en misericordia, es amplio en perdonar y la misericordia triunfa sobre el juicio; pero no te irrites contra Dios. En una  Iglesia conocí a un predicador que cayó en descrédito del diablo, entonces llega y me dice: «Pastor, ayúdeme, perdí mi ministerio, perdí mi testimonio, perdí mi reputación, gracias a Dios no perdí mi familia. Pero ahora no sé qué hacer, no sé a dónde ir, no sé de dónde sacar dinero, no sé dónde vivir,  no tengo dónde vivir, no tengo nada. Perdí casa, perdí carro, perdí Iglesia, perdí sueldo, perdí integridad, perdí testimonio, perdí todo». ¡Qué triste! Le digo: «Hermano, yo no quiero arreglarte la vida, pero yo quiero  darte dos o tres consejos». Y él me dice: «Si usted puede arreglarme la vida, arrégleme la vida».  Y qué triste es ver a una persona que uno ama  en las garras de la insensatez. Pero una de las primeras cosas que quiero decirte es: No te irrites contra Dios.  Lo que tú hiciste se va a saber, porque la Biblia dice en Lucas 12:3: «Por tanto,  todo lo que habéis dicho en tinieblas,  a la luz se oirá». La Biblia dice en Eclesiastés 10:20: «Porque las aves del cielo llevarán la voz,  y las que tienen alas harán saber la palabra«.

La Biblia dice en 1ª. Timoteo 5:24: «Los pecados de algunos hombres se hacen patentes antes que ellos vengan a juicio,  mas a otros se les descubren después».

Y eso que: «Estamos hablando aquí a puerta cerrada, y que nadie va a escuchar, y prometo a nadie decirlo», se va a saber y cuando se sepa la gente va a empezar a hablar. No me vengas luego diciendo que en la Iglesia son una bola de chismosos. No me vengas diciendo luego que los hermanos están tratándote injustamente, no te enojes contra la Iglesia que te corrió; regresa y humíllate delante de los hermanos y pide perdón por lo que has hecho, y ve con tu esposa y humíllate y pídele perdón y deja de estar ocultándole lo que hiciste, porque se va a saber y una vez que hayas confesado tus pecados y te hayas humillado, no te irrites contra Dios y entonces habrá esperanza para ti.

¡Qué duro! Las consecuencias del pecado siempre son terribles, dolorosas. Bueno, pero vayamos al versículo: «La insensatez del hombre tuerce su camino«. ¿Qué es lo que la Biblia nos dice acerca de la insensatez? ¿Qué es la insensatez?

En Proverbios 1:7 dice: «El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza«. Lo que la insensatez significa es despreciar la sabiduría y la enseñanza. Despreciar es tener desdén, tener en poca estima la sabiduría y enseñanza. En este caso entra aquel joven al cual uno le dice: «Mira, tal y cual amistad no te conviene porque está haciendo esto y esto, está influyendo contigo». Entonces el joven, creyéndose sabio dice:   «Es que tú no sabes y es que a ese amigo yo lo quiero mucho, lo tengo desde que estaba chiquito. Y tú eres demasiado estricto, eres demasiado severo y  como tú ya estás viejo, no quieres que yo me junte con él», y desprecian la sabiduría y la enseñanza.

Despreciar la sabiduría y la enseñanza, la Biblia lo describe como insensatez. Porque nosotros estamos expuestos a la predicación, a la enseñanza de la Palabra de Dios, y antes de recibir instrucción, debemos de aceptarla, de reconocer nuestra necesidad. Juzgamos,  predisponemos nuestra mente y despreciamos la sabiduría y la enseñanza. Hermanos predicadores consiervos en la obra del Señor, esposas de pastores, maestros de escuela dominical, siempre tendremos que aprender, siempre habrá algo que se nos tenga que enseñar, siempre aprenderemos algo del predicador, del maestro, por humilde o ignorante que parezca ser, aquél que traza la palabra de Dios tendrá algo que enseñarnos, nunca despreciemos la sabiduría y la enseñanza, porque eso es insensatez y la insensatez del hombre tuerce su camino.

Cuántas veces empezamos a ver a predicadores que se sientan en las conferencias, en las Iglesias, y aprenden, y absorben. De pronto empiezan a tener más conocimiento, y empiezan a comprar libros y empiezan a leer. Y empiezan a tomar un curso por allá,  y de un año para otro ya saben más que los demás predicadores. Ya saben más que aquél viejo que tiene 30 años en la misma Iglesia; ya saben más que los maestros de los institutos y seminarios bíblicos, ya saben más que los predicadores, y que su propio pastor y empiezan a despreciar la sabiduría y la enseñanza. Y es por ahí donde entredice la Biblia dice en Salmo 111:10: «El principio de la sabiduría es el temor de Jehová«. Pero la insensatez es despreciar la sabiduría y la enseñanza. En otras palabras, la humildad y la mansedumbre debe ser una característica de todo aquél que no quiera torcer sus caminos.

Es posible que usted llegue a tener un conocimiento y una sabiduría asombrosa, pero todavía tendrá que aprender. Es posible que usted llegue a tener más conocimientos que todos los predicadores juntos, es posible que Dios le haya dotado a usted de una sabiduría y de un discernimiento capaz de comprender las profundidades de las escrituras, pero manténgase humilde por amor de sí mismo. Porque la sabiduría es el temor de Jehová, pero la insensatez es despreciar el conocimiento, la enseñanza y la sabiduría. Siempre que pueda expóngase a la enseñanza y a la sabiduría, ¡siempre que pueda!

Los predicadores habremos de enseñarle a nuestra grey que también somos sensibles a la predicación de la palabra de Dios, y que también somos capaces de humillarnos y reconocer nuestros propios pecados y debilidades, aunque nos cueste vergüenza y humillación; habremos de doblar rodillas cuando Dios nos habla y aprenderemos a llorar por nuestros pecados aún enfrente de nuestra misma congregación. Aquellos hermanos que tanto nos aman y nos admiran, deberán gozar de nuestro respeto cuando nosotros sabremos humillarnos aún delante de ellos por nuestros pecados.

La insensatez es despreciar la enseñanza y la sabiduría.  La insensatez del hombre tuerce sus caminos. En Proverbios 10:23, encontramos otra que puede ser descripción de insensatez, dice así: «El hacer maldad es como una diversión al insensato; mas la sabiduría recrea al hombre de entendimiento«. Otra de las cosas que trae insensatez o que constituye la insensatez, es hacer maldad a manera de diversión, divertirse haciendo el mal. Y rápido nosotros nos trasportamos a los jóvenes, nuestra mente se va con los jóvenes que siempre están divirtiéndose y gozándose de hacer maldades. Pero las maldades que hacen los adolescentes, los estudiantes, son un juego comparado a la tendencia de nosotros los predicadores de divertirnos haciendo el mal.

En Proverbios 6: 27 dice: «¿Tomará el hombre fuego en su seno sin que sus vestidos ardan?» Te vas a quemar si estás ardiendo, si estás jugando con fuego. Y a veces nosotros, los mismos adultos y siervos del Señor nos divertimos haciendo el mal, pensamos que nadie nos va a ver. Este predicador me dijo:   «Yo pensé que todas las cosas las tenía en control, aún esto yo lo tenía en control; y cuando a mí me dijeron lo que yo había hecho, no me descubrieron, hace dos años atrás yo empecé a proceder en esos actos de inmoralidad y no me descubrieron en el momento.  Yo no sé cómo alguien me había visto y se lo guardó todo, y en el momento preciso lo sacó, y yo pensé que lo tenía en control. Yo pensé que tenía en control todas las cosas y que esa mujer nunca iba a hablar, ella me lo había prometido y yo pensé que todo estaba en control». Y él no se arrepentía del pecado, se arrepentía de no haber tenido suficiente cuidado para que no se descubriera su pecado.

Insensatez es divertirse haciendo el mal y la insensatez del hombre tuerce su camino.

Proverbios 14:16 dice: «El sabio teme y se aparta del mal; mas el insensato se muestra insolente y confiado«. Fíjese, el insensato se muestra insolente. ¿Qué quiere decir insolente? Grosero, desvergonzado, altanero, déspota. La insensatez es ser insolente. El insensato se muestra insolente y confiado; nunca se va a dar cuenta en los otros tontos que los descubrieron, «a ellos los descubrieron por tontos, pero yo soy más listo que eso». Es como aquél joven que usa motocicleta y dice: «Todos los tontos que usan motocicletas se van a matar, menos yo.  Todos son unos insensatos, pero yo no». Cuántas veces hemos predicado: «Hermano, nunca subas a una mujer extraña sola contigo en el carro», y muchos dicen:   «eso es exageración, eso es ser mal pensado, eso es porque la gente tiene la mente cochambrosa, eso es porque la gente todo el tiempo está pensando, todo el tiempo está pensando, se está imaginando cosas». La insensatez del hombre tuerce su camino.

Este hermano subió  a la secretaria en el carro, y algo se le cayó a la secretaria y él se acomidió a levantarlo y  le tocó el tobillo y ahí comenzó. No hizo más en esa ocasión. Cuando le cogió la rodilla, habían pasado como 3 meses. Y como un año después cogió algo más, y como un año después le dijeron: «Alguien te vio». Lo vieron la primera vez, lo vieron la segunda vez, y lo vieron la tercera vez y él pensaba que tenía todo en control. El insensato se muestra insolente y confiado.

Podemos ocultarnos de los hombres, pero jamás podremos ocultarnos de Dios. Dios tenga misericordia de nosotros y nos ayude, «La insensatez del hombre tuerce su camino y luego contra Jehová se irrita su corazón«.  Los jóvenes estudiantes de las universidades y escuelas cristianas, los jóvenes de nuestras Iglesias piensan que nuestra posición de separación es demasiada exagerada. Piensan que nuestras normas son cosas de mentes enfermas, de delirio o qué se yo. Pero así como Salomón, aunque no tenemos ni la pizca de la sabiduría de él, tenemos la experiencia de haber pasado los años y de ver derramar lágrimas a causa de la insensatez. Tengamos mucho cuidado, no de que se nos descubran nuestros pecados sino de caer en el pecado. A veces no cuidamos de que no nos vean haciendo el pecado, pero no es eso de lo que debemos cuidarnos, debemos cuidarnos del pecado. El insolente, el insensato se muestra insolente y confiado, y la insensatez del hombre tuerce su camino.

Hay otra porción bíblica  que  nos habla de la insensatez, Proverbios 20:3 dice:   «Honra es del hombre dejar la contienda; mas todo insensato se envolverá en ella«. Otra característica de la insensatez es ser contenciosos. Se acuerdan que la palabra de Dios  dice en 1ª. Corintios 11:16: «Si alguno quiere ser contencioso,  nosotros no tenemos tal costumbre,  ni las iglesias de Dios«. Y ser peleonero no tiene nada que ver con la moralidad necesariamente, pero es insensatez y la palabra de Dios por algo nos dice eso. El insensato está siempre envolviéndose en la contienda, le gusta pelear, le gusta contender, cuando uno se mete en contienda, se mete el orgullo. Nos gusta contender contra los apostólicos, testigos de Jehová, y luego terminamos contendiendo con los hermanos y cuando estamos contendiendo nos sentimos orgullosos porque les ganamos. «¡No, lo dejé bien callado, lo hubieras visto!».  «No, es que ellos no saben que yo sí conozco la palabra de Dios». Y mire, la Biblia dice en Salmo 138:6: «Porque Jehová es excelso,  y atiende al humilde, mas al altivo mira de lejos». Y cuando nos mostramos confiados, entonces la insensatez entra a habitar en el corazón y el buscapleitos dice sencillamente: «La palabra de Dios se envuelve en contiendas». ¿Usted sabe que el siervo de Dios es pacificador? «Bienaventurados los pacificadores». «En cuanto dependa de vosotros estad en paz con todos los hombres». «¡Ay, pero ese hermano dijo algo! Y ya me dijeron y ese hermano no sabe con quién se está metiendo». Cálmate, deja; la honra del hombre es pasar por alto la ofensa, Eclesiastés 7:21 dice: «Tampoco apliques tu corazón a las cosas que se hablan, para que no oigas a tu siervo cuando dice mal de ti». Tranquilo, ¿cuántas cosas dicen de ustedes? Hay gente que va a nuestras Iglesias y algo oyen o algo ven  y lo dan por hecho y van y dicen: «el pastor  dice esto, esto y esto otro y el pastor ya no cree y…» ¿quién sabe qué oyó y cómo lo entendió y qué cabezota tenía? Y entonces aquí estamos los predicadores, «Lástima grande que otro pastor ya ha claudicado, nada más porque una insensata vino y dijo…». ¡Tranquilo! Dan ganas de pelear, dan ganas de ir y decir: «Mire así, así y así». Ten calma, porque el insensato tuerce sus caminos, ¿para qué contender? La obra es de Dios, el siervo es de Dios, lo que predicamos es de Dios y Dios es el que juzga y Dios es el que vindica y Dios es el que trae la justicia, la luz, tarde o temprano. ¡Deja que hablen! ¡No te defiendas! Dios defiende a los suyos, defiende a la obra,  pero no te defiendas tú, porque Dios defiende a los suyos. El diablo te está queriendo atrapar y una de las puertas amplias de caer en el pecado es por la insensatez de querer pelear, de querer contender, el enemigo quiere encontrarnos divididos, fraccionados, porque fraccionados somos débiles.

Proverbios 21:20 dice: «Tesoro  precioso y aceite hay en la casa del sabio; mas el hombre insensato todo lo disipa«. Curiosamente otra característica de la insensatez es ser  desorganizado. ¿Cuántas veces el pecado entra? Y estoy hablando de pecados que descalifican por la desorganización, por el desperdicio. Dice literalmente la Escritura: «El hombre insensato todo lo disipa». Disipa tiempo, disipa ingresos, disipa recursos, disipa oportunidades, todo lo disipa. Si queremos hermanos estar protegidos, tenemos que tener orden, orden en nuestra vida personal, orden en nuestra vida familiar, orden en nuestras oficinas, orden en nuestro trabajo, orden en nuestro tiempo, porque a veces por falta de organización es que se presentan las emergencias, es que se presentan las ocasiones, las oportunidades. El diablo está listo y es un oportunista, necesitamos estar organizados. «Ni modo me voy a tener que subir con la secretaria en el carro pues no me queda otra», y ahí está: el insensato es desorganizado.

No espere a tener una Iglesia grande para estar organizado, porque si no organiza una Iglesia siendo pequeña, mucho menos la va a organizar cuando sea grande. Y si usted no tiene orden en una Iglesia pequeña, Dios no le va a dar una Iglesia grande, porque Dios es un Dios de orden. La insensatez tiene como característica la desorganización. La organización son barreras que protegen nuestra integridad.

Proverbios 26:10 dice: «Como arquero que a todos hiere, es el que toma a sueldo insensatos y vagabundos«, insensatos y vagabundos, se usan palabras recordando características de la poesía hebrea, insensatos y vagabundos como palabras sinónimas, que significan lo mismo. En otras palabras, insensatez y vagabundear es lo mismo. El insensato está de ocioso, anda vagabundeando, vagabundear es andar por allá: «no sé para dónde voy, a ver a quién visito ahora, a ver a dónde voy». No aguanta estar en la oficina encerrado, estudiando, preparando un buen sermón. «A ver a qué voy, voy a dar una vuelta por ahí, voy a ir a una conferencia a ver qué tal». ¿Cuántos predicadores van de conferencia  en conferencia?, nunca aplican nada, nunca regresan a sus Iglesias a poner por obra lo que han oído, pero se la llevan vagabundeando y llega el día en el que la insensatez cobra su factura. El vagabundo y el insensato son hermanos. Vagabundear, estar ocioso es ser insensato. Pero lo grave no es vagabundear, lo grave es que la insensatez del hombre tuerce su camino.

Recuerde que Salomón está hablando en base a su experiencia y en base a su sabiduría y por si fuera poco inspirado por el Espíritu Santo y cuando dice: «la insensatez del hombre tuerce su camino», vale la pena ver qué es insensatez. Insensatez es despreciar la sabiduría y la enseñanza, insensatez es divertirse haciendo maldad, insensatez es mostrarse insolente y confiado, insensatez es buscar pleitos, contender, insensatez es ser desperdiciado, desorganizado, licencioso, insensatez es vagabundear, estar de ocioso.

Proverbios 9:13 dice: «La mujer insensata es alborotadora; es simple e ignorante», aunque aquí se aplica directamente a la mujer, no es la única que peca en la insensatez de armar alboroto. Es más, dice que la mujer insensata es alborotadora, es decir, arma escándalo, arma alboroto. Aquí volvemos a caer en el punto: «si algo se dice contra ti, no armes un escándalo, ¡trágatelo!». ¿Se acuerdan cuando David estaba huyendo de la traición, del golpe de estado que Absalón le dio? Viene Simeí y le hecha tierra al rostro del rey David, aquél hombre que el corazón era semejante al corazón de Dios, y ese tipo se atreve a echarle tierra y le dice: «¡Fuera hombre sanguinario y perverso!» ¿A David? Y no faltó por ahí alguien que le dice: «Déjame que yo pase y de un sólo tajo le corte la cabeza a ese tipo por hablador», y dice David: «Déjalo, que Dios le ha mandado para humillarme. Déjalo, no armes escándalo. Yo estoy tratando de discernir la voluntad de Dios para mi vida en todo esto, y luego sucede todo aquello, no armes escándalo, el siervo de Dios tiene que ser sufrido». Armamos alboroto, armamos escándalo y ahí está la insensatez en la puerta, y lo peor es que la insensatez del hombre tuerce sus caminos.

Eclesiastés 5:4 dice: «Cuando a Dios haces promesa, no tardes en cumplirla; porque Él no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes«. Insensatez es prometer y no cumplir, y la insensatez del hombre tuerce sus caminos. ¿Cuántas promesas hemos hecho delante de Dios? Y permítame decirle, en este terreno creo que todos somos insensatos. Si hubiésemos cumplido todo lo que prometemos, seríamos mucho mejores como personas, como siervos, como ministros del Evangelio, en fin como creyentes, como cristianos. Si una promesa vamos a hacer, es mejor que no prometas a que prometas y no cumplas, porque la insensatez está en prometer y no cumplir. Nuestras Iglesias están llenas de insensatos, predicamos de las ofrendas misioneras, de los diezmos y todo el mundo hace promesas y aguanta como un mes o dos, pero de ahí caen en la insensatez otra vez. Y los predicadores no somos mejores que nuestras mismas ovejas, prometemos y hacemos pactos, hacemos decisiones, pasamos al altar, hacemos todo un proceso de «ahora sí, ahora sí» y seguimos en la insensatez y la insensatez del hombre tuerce su camino.

Aquel que cayó en el pecado, ¿no cree usted que Dios le habló, no cree  que Dios le advirtió a tiempo? Un siervo mío en el área, estaba cometiendo algunas cosas imprudentes con una mujer, y a esa mujer se le veía la astucia hasta en el pelo. Entonces yo observé eso, y dije: «Ese hombre va derechito al matadero, voy a ver si puedo hacer algo». Y hablé con él y le dije: «Mire hermano, yo quiero disculparme con usted primeramente por mi atrevimiento, pero yo soy mayor de edad que usted y mayor en experiencia. Y he sido muy malicioso, me he dedicado a verlo desde mi oficina, mi oficina está en el tercer piso. Y he visto que usted va cada día de esta semana a esa casa, y esa mujer está sola y nada más está cuidando a unos bebes, y yo no sé qué está  haciendo con esa mujer, pero por si acaso  no se ha dado cuenta, déjeme decirle que usted está en grave peligro. Yo no le he dicho que ha hecho nada malo, pero ha estado toda esta semana por 2 horas diarias con una mujer sola cuidando bebés». Ese hombre se puso rojo de vergüenza, dice: «Pastor tiene toda la razón, esa mujer esta en graves problemas con su esposo, y me ha pedido consejo y yo no he podido verla en ningún tiempo más que en este tiempo que ella trabaja cuidando a sus bebés, y a mí se me hizo fácil venir a aconsejarla allí».  Le digo: «Hermano, créame que yo le creo. Pero está en grave peligro, si usted no se retira,  va a caer en el pecado, más sabiendo que esa mujer tiene problemas en su matrimonio». Y él se fue muy avergonzado, bien apenado, se le vio la vergüenza y la pena. El día siguiente, me viene a tocar a mi oficina y me dice: «Pastor, quiero darle gracias por haberme advertido a tiempo. No me daba cuenta de lo que estaba haciendo, créame, no me daba cuenta de lo que estaba haciendo. ¿Cómo fui tan torpe de hacer lo que estaba haciendo? Y le doy gracias por ser tan sincero conmigo y decirme del pecado». Gloria a Dios. Y ahora cuando me ve, me da una palmada, «¡Gloria al Señor! ¿Cómo está hermano?», «Bien, gracias a Dios» y rápido él se acuerda: «Este hombre me salvó el pellejo», como decimos vulgarmente. Cuidado, cuidado, cuidado, siempre estamos haciéndole promesas a Dios: «Ahora sí me voy a componer, ahora sí, ya no voy a hacer tal cosa».  Este hermano me dice: «Fui con Dios y le di tantas gracias que le prometí que nunca más cometería una imprudencia así, gloria a Dios».

Insensatez es ser advertidos, es ser retados, es ser exhortados y luego no cumplir con la promesa. El Señor Jesucristo dijo en la parábola de aquel que edificó sobre la roca, la parábola de los dos cimientos, uno cimentó sobre la roca y el otro cimentó sobre la arena, en Mateo 7:27 dice: «Y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa;  y cayó, y fue grande su ruina«.   ¿Quién es éste? El hombre insensato. «Pero cualquiera que me oye estas palabras, y no las hace, le compraré a un hombre insensato». La insensatez es edificar sobre arena. Edificar nuestros sermones sobre arena, edificar nuestras vidas, nuestros ministerios sobre simples argumentos y procedimientos y métodos que no son bíblicos. Edificar sobre nuestros criterios. Mire, hay que saber  que nuestras reglas se fundamentan en convicciones, en conceptos bíblicos. Pero de pronto, surgen reglas y convicciones que no tienen concepto bíblico, muchos fundamentos son tradicionalistas, muchos fundamentos son de abolengo social, «así se hace en mi tierra», «así se hace en mi pueblo», «así se hacía en la convención«. Y no tienen fundamentos bíblicos. Las convicciones de muchos predicadores adúlteros, eran basadas en estrategias, en filosofías humanas, en «arriésgate y el que no se arriesga no cruza el río», ese no es ningún versículo bíblico, eso es filosofía humana. En la Biblia dice en 1ª. Corintios 10:12: «El que piense estar firme, mire que no caiga«,  la filosofía humana dice: «el audaz conquista el mundo, piensa lo que quieres hacer y eso vas a logar». La Biblia dice en Isaías 41:14: «No temas, gusano de Jacob«,  eso es lo que dice la Biblia. Pero a veces queremos desarrollar nuestros ministerios y hacer nuestros programas en base a arena y eso es insensatez. Y mire, están cayendo los predicadores, si en el mundo fundamentalista están cayendo, cómo estarán en el mundo liberal. Solamente allá no es grave, allá los cambian como a los curas, los pederastas, los cambian de capilla y se acabó y no hay problema. Un joven de mi Iglesia, una parejita joven,  linda pareja, ganadores de almas como pocos, cantaban en el coro, eran un ejemplo, él un tipo alto, guapo, ella una chaparrita preciosa en todos los aspectos. Un día viene él y me dice: «Pastor, estoy teniendo problemas íntimos con mi esposa». Y le di consejo y le digo: «Pues estás haciendo mal, esto, esto y esto otro,» le digo yo, «la Biblia es clara, y debes hacer esto y esto», le leí la escritura y se fue. Empecé a ver que ella me veía con cierto recelo, y su semblante cambió para conmigo y eso me decía: «él no está haciendo lo que la Biblia dice». Se empezaron a retirar, se retiraron del coro, dejaron de venir a ganar almas, y no los encontraba por ningún lado. Como al año apareció y me dice: «Pastor, decidí hacer las cosas como yo creía que se debía hacer y lo eché todo a perder, mi esposa se fue otra vez al mundo y anda en las drogas». «No me digas». «Y anda de hombre en hombre», me dice: «¿Qué debo hacer yo?». Le digo: «Pues, si no hiciste lo que debías hacer cuando estaba el problema latente ¿crees que vas a hacer ahora lo que Dios dice?» y me dice: «Estoy determinado a hacer lo que Dios dice. Yo deseché lo que Dios dice y decidí hacerlo a mi manera».  Le digo: «Me alegra que ahora estés cambiado y pienses en hacer las cosas bien. Mira esto es lo que tú debes hacer, deberás caer de rodillas y en ayuno rogar a Dios por tu esposa para que Él te la regrese. Y deberás perdonarla de todas las porquerías que anda haciendo y reconocer delante de Dios, que si bien ella va a reconocer sus pecados, tú eres el culpable de haber deshecho ese matrimonio». Y lo exhorté duramente, y él se ponía rojo y luego morado y luego blanco y luego de todos colores. «Tú eres el culpable, no hay otro. Tú echaste a perder tu matrimonio, ¡tu desechaste la palabra del Señor!, y ahora deberás pagar el precio; pero Dios es bueno y misericordioso y yo estoy para ayudarte a ti y aquí está la Iglesia todavía, ahí está tu lugar todavía, ven y reconcíliate con Dios y paga el precio, yo no sé cuánto tiempo si será un año ó dos ó diez, pero deberás esperar a esa mujer hasta que ella regrese». Y se fue nada más moviendo la cabeza, por supuesto ya no volvió a la Iglesia, no volvió más. Después supe que se fue a la Primera Iglesia Bautista y allá se consiguió a otra muchacha, lo casaron de blanco con ella, le dieron una misión y ahora está pastoreando una Iglesia.

Sí, muchos ministerios están edificados sobre arena, alguien llega y me dice: «Pastor, fíjese que en mi Iglesia hay adulterio tras otro, tras otro, mi mujer anda con un hermano de la Iglesia y el pastor está de acuerdo» y le digo yo: «¿Quién es ése pastor?». Me dice: «Pues uno que está en tal colonia». Y le digo: «Ya me imagino quién es. ¿No se llama fulano de tal?». «Sí, él es». El mismo que había estado en mi congregación. ¿Con qué cara vamos a aconsejar a los hermanos de la vida moral?, si nosotros edificamos sobre arena.  El hombre insensato edificó sobre la arena y dice la Biblia: «Y fue grande su ruina».

No se puede uno escapar de la Palabra de Dios, hay que temer ahora,  hay que temblar. El pecado es real y anda tras de nosotros y Satanás es real y anda detrás de nosotros. No caigamos en la insensatez que es tan sutil, ¿Es posible que por no aguantarnos un reclamo podamos caer en la insensatez? Sí, andar armando pleitos, andar defendiendo nuestra integridad, andar demasiado confiados, divirtiéndonos de las maldades es insensatez. La Biblia dice: «La insensatez del hombre tuerce su camino».

Gálatas 3:1 dice: «¡Oh, gálatas insensatos! ¿quién os fascinó para no obedecer a la verdad, a vosotros ante cuyos ojos Jesucristo fue ya presentado claramente entre vosotros como crucificado?».  Lo que quiere decir aquí es que ser insensato es volverse atrás de la sana doctrina. No hay peor insensatez que volverse atrás de lo que alguna vez creí, y esto es lo que estaban haciendo los gálatas. Ellos habían conocido la verdad, Pablo les había instruido en la sana doctrina y luego vinieron los judaizantes y dijeron: «No, lo que Pablo dijo está bien pero hay que circuncidarse, pobre Moisés, ¿cómo lo van a dejar a un lado?». Y hubo hermanitos allí, que se dejaron llevar por eso: «No, Pablo es demasiado estricto, ¿cómo es posible? Hay que volver». Y los metió otra vez atrás y Pablo les dice: «Insensatos, la insensatez es volverse atrás de la sana doctrina». Si usted oyó sana doctrina, va a tener que dar cuentas a Dios por ello, no la venda, no la venda. Va a ser tentado, va a ser provocado, va a ser seducido, vendrán judaizantes de nuestros tiempos, vendrán liberales, viene el neo evangelismo tocándote la puerta, viene el ecumenismo, vienen las filosofías de los tiempos característicos, viene la música contemporánea, viene el estilo contemporáneo, viene el relax para hacer las cosas del Señor confiado en métodos. ¡Hay que apretar filas.! No te vuelvas de la sana doctrina, no te vuelvas de lo que alguna vez oíste, antes crece en el temor del Señor todo el tiempo, agárrate de la palabra de Dios! Ahora hasta la Biblia nos quieren cambiar, nos quieren cambiar todo, antes era quitar el púlpito y poner una batería; ahora quieren quitar la Biblia y poner una imitación. Nos quieren quitar todo, nos han quitado montones de cosas y los Fundamentalistas estamos cayendo en eso. Estamos cayendo en pleitos, y están cayendo en inmoralidad montones de predicadores y sus esposas, y mire, ya no es sólo predicadores, ¡esposas de predicadores están cayendo! Y no hay cosa que al diablo le gustaría más que ver la Iglesia destruida y tu ministerio destruido. No te vuelvas atrás de la sana doctrina porque eso es insensatez y si por desgracia alguna vez tuerces tus caminos, no te irrites contra Dios.

Si alguna vez querido pastor te vas, vuelve, aquí estamos. Te va a doler. Aun muchos hay que no se han vendido, que no hemos vendido la verdad.

La insensatez del hombre, y cuando dice del hombre habla de nuestra naturaleza, somos así, es nuestra tendencia, es nuestra pecaminosidad, es nuestra característica de necedad. La insensatez del hombre, no está diciendo de ciertos hombres, dice del hombre, del ser humano en sentido general, los muy santos y los muy sucios, los muy muy  y los tan tan, ¡todos! La insensatez del hombre, a cualquier persona lo puede coger la insensatez, los hombres estamos expuestos a la insensatez. El joven y el viejo, el que comienza y el que va terminando. Mire, hay predicadores, que en la recta final de su ministerio cayeron en pecado, ¡qué triste eso! La insensatez del hombre. Yo conozco un predicador, fiel, yo lo admiraba mucho, fiel ese hombre, y luego se quedó viudo, pobrecito, se le murió su esposa y una hermana de la Iglesia vino a ayudarle para hacer los quehaceres de la casa. Tenía cuarenta y tantos años en el ministerio, y unos hermanos vinieron a tocarle la puerta: «Pastor, pastor mire que lo necesitamos» y lo encontraron con la hermana que le ayudaba a cuidar la casa; perdió su ministerio. El diablo está al acecho.  Ahora, la insensatez tuerce al hombre, torcer quiere decir voltear, sacarle la vuelta a lo recto.  Torcer quiere decir distorsionar. 2ª. Pedro 3:16 dice que algunos indoctos tuercen las enseñanzas para su propia perdición; son difíciles de entender, entonces las tuercen. Torcer, distorsionar, verlo así todo como cuando está nublado, el que tuerce sus caminos ve todo torcido, ve todo distorsionado. También torcer quiere decir curveado, tortuoso, sinuoso, «va por aquí, va por allá, va hacia allá, va hacia acá». Torcer quiere decir peligroso, es decir: «Cuidado con ese camino, está muy curveado, está muy resbaloso, está todo lleno de neblina, es muy peligroso, andar en insensatez es muy peligroso». Torcer quiere decir desviarse, es decir ese camino te lleva a donde nunca quisiste llegar. La insensatez del hombre tuerce su camino, quiere decir que la insensatez te va a llevar a un punto donde nunca querías llegar. ¡Dios nos ayude! Llegar a donde no queríamos llegar es lo que el diablo quiere de nosotros. La insensatez del hombre tuerce su camino, y por su camino se refiere al diario andar. Las decisiones que hacemos, la forma de ser, nuestra forma de pensar, va a estar toda torcida, la insensatez del hombre tuerce su camino. ¿Cómo puedo enderezar mis pasos? ¿Cómo puedo enderezarme? ¿Se encuentra usted en algún tipo de insensatez? ¿Será usted hallado  en insensatez algún día? Dice la Biblia en Salmos 5:7-8: «Mas yo por la abundancia de tu misericordia entraré en tu casa; adoraré hacia tu santo templo en tu temor. Guíame,  Jehová,  en tu justicia,  a causa de mis enemigos; endereza delante de mí tu camino». Dice: «Ve por la abundancia de la misericordia de Dios, ve a la presencia de Dios. Ve con Él y dile: Señor, estoy viendo nublado, no sé para dónde voy, a veces jalo para acá a veces jalo para allá, no sé qué es lo que me está pasando. Señor, guíame y endereza delante de mí tu camino».  Salmos 40:1-2 dice: «Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; puso mis pies sobre peña,  y enderezó mis pasos». ¿No habremos torcido nuestros caminos en alguna área de nuestras vidas? Hay que clamar a Dios, hay que reconocer nuestras propias debilidades, no hay uno solo aquí (empezando conmigo) que sea tan recto que no pueda mejorar sus caminos.

Proverbios 3:5-6 dice: «Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y Él enderezará tus veredas«. Reconoce a Dios en todos tus caminos, no te fíes en tu corazón, fíate en Él y Él enderezará tus caminos. ¿Cuántas veces hacemos nuestros ministerios confiados en nuestros pensamientos, en nuestra propia manera de pensar? «Es que yo creo que debe ser así». Y qué triste es llegar a decir «me  equivoqué».

Proverbios 23:19-20 dice: «Oye, hijo mío, y sé sabio, y endereza tu corazón al  camino. No estés con los bebedores de vino, ni con los comedores de carne; porque el bebedor y el comilón empobrecerán, y el sueño hará vestir vestidos rotos«.   Oye hijo mío, ve y sé sabio y endereza tu corazón al camino. Hay que reconocer a Dios en nuestros caminos, hay que orar, hay que humillarnos delante del Señor.

En Proverbios 3:13-18 dice: «Bienaventurado el hombre que halla la sabiduría,

Y que obtiene la inteligencia;

Porque su ganancia es mejor que la ganancia de la plata,

Y sus frutos más que el oro fino.

Más preciosa es que las piedras preciosas;

Y todo lo que puedes desear,  no se puede comparar a ella.

Largura de días está en su mano derecha;

En su izquierda,  riquezas y honra.

Sus caminos son caminos deleitosos,

Y todas sus veredas paz.

Ella es árbol de vida a los que de ella echan mano,

Y bienaventurados son los que la retienen».

Hermano, no te irrites contra Dios, si acaso los caminos son torcidos, no te irrites contra Dios. Pero ni siquiera tenemos que llegar a pensar eso, es mejor decir: «Yo estoy torcido en mis caminos, yo estoy mal». ¿Has desechado normas?, ¿has tenido en poco la enseñanza de la sabiduría?, ¡ten cuidado!, ¡párate!, es insensatez.  Cuidado, la insensatez se divierte haciendo el mal y la insensatez del hombre tuerce sus caminos.

Señor, Creo, Pero Ayudame A Creer Mas En Ti

«Jesús preguntó al padre: ¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto?  Y él dijo: Desde niño. 22 Y muchas veces le echa en el fuego y en el agua,  para matarle;  pero si puedes hacer algo,  ten misericordia de nosotros,  y ayúdanos. 23 Jesús le dijo: Si puedes creer,  al que cree todo le es posible. 24 E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo;  ayuda mi incredulidad. 25 Y cuando Jesús vio que la multitud se agolpaba,  reprendió al espíritu inmundo,  diciéndole: Espíritu mudo y sordo,  yo te mando,  sal de él,  y no entres más en él. 26 Entonces el espíritu,  clamando y sacudiéndole con violencia,  salió;  y él quedó como muerto,  de modo que muchos decían: Está muerto. 27 Pero Jesús,  tomándole de la mano,  le enderezó;  y se levantó.» Marcos 9:21-27.

Aquí tenemos a un padre preocupado por la vida de su hijo, pues su hijo estaba endemoniado.  El Señor Jesús, le pregunta, que desde cuando estaba así; y el padre del muchacho, le contesta que desde niño. Esto quiere decir que por muchos años, este papá, había visto a su hijo padecer por causa de este espíritu. Y no sólo eso, sino que este espíritu malo, este demonio, era un espíritu mudo y sordo. Imagínese a este papá no poder conversar con su hijo. Imagínese a este papá no poder oír a su hijo decirle: «Papá, te amo. Papá, te quiero. Gracias papá por todo lo que haces por mí. Gracias papá por preocuparte por mí.»

Este era un papá, no solo preocupado, pero desconsolado al ver la situación en la que estaba su hijo. Y él, a pesar de todo esto, tenía un poquito de fe. Él quería creer que Jesús tenía el poder para sanar a su hijo. Él quería creer que Jesús salvaría a su hijo. Esta era su oportunidad. Este era el chance que él había esperado toda su vida. El ver a su hijo sano y salvo, como todos los demás jóvenes de su edad. Qué espera. Qué amor.

Este papá, no le exigió a Jesús que sanara a su hijo. Sino que le dijo: «Si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros. Y ayúdanos.» El Señor Jesús, no le dice de manera inmediata: «Ok, está bien. Ya está. Tu hijo está sano. Te puedes ir con él.» No le dice eso. Sino que pone a prueba su fe, y le dice: «Si puedes creer, al que cree, todo le es posible.»

Y aquí encontramos a un papá bien sincero al decir: «Señor, creo, ayuda mi incredulidad.» En otras palabras, este papá le estaba diciendo a Jesús: «Señor, creo, pero ayúdame a creer más en Ti.» «Señor creo, pero Tú no sabes cuánto he sufrido.» «Señor, creo, pero tú no estabas cuando mi hijo se estaba ahogando en el mar, y se me hace un poquito difícil creer que Tú lo puedes sanar.» «Señor, creo, pero tú no estabas cuando mi hijo se aventó hace unos días en el fuego para matarse, y la verdad Señor es que hay un poquito de incredulidad en mi.» «Señor, creo, pero han sido años tan difíciles, noches de desvelo, meses de angustia, años de soledad. Señor, creo, pero… me gustaría creer más.» «Señor ayuda mi incredulidad. Ayúdame Señor, porque hay veces que pienso que Dios no es real.» «Señor, creo, pero hay veces que ya no hay esperanza en mi.» «Señor creo, pero la verdad es que he estado molesto con Dios por lo que me ha pasado, y si, hay incredulidad en mi. Por eso te pido que ayudes mi incredulidad. Quiero creer que Dios me puede ayudar a salir de mis problemas. Señor creo, pero ayúdame a creer más.» Y Jesús le dijo, «está bien. Te voy a ayudar.»

Cuando parezca que ya no hay esperanza, crea en Dios, y pídale que le ayude en su incredulidad a creer más en Él. Dios le puede ayudar.

El Misionero Pablo

¿Qué tal amiguito?  ¿Estas listo para una nueva historia bíblica? ¡Vamos a empezar!  En esta ocasión vamos a hablar sobre un misionero muy importante en la Biblia. Se trata nada más y nada menos que de Pablo, pero…  ¿Tú sabes que es ser misionero?  ¡Pues vamos a averiguarlo!

Dios escogió a Pablo para que predicara en muchos lugares.  Era un hombre muy bien preparado, sabía varios idiomas y tenía un carácter firme y fuerte.  Cuando Dios escogió a Pablo, (que en ese tiempo se llamaba Saulo,) andaba persiguiendo a los cristianos. Sí. Él no era cristiano aún, pero Dios ya le había echado el ojo para que fuera uno de sus más grandes misioneros. Lo que Pablo hacía, era que él perseguía a los cristianos, por creer en Jesús.

Un día, mientras Saulo iba con otras cuantas personas, rumbo a Damasco para perseguir y matar a los cristianos que se encontraban allí, Dios se le apareció. Dice la Biblia que Saulo vio una luz tan intensa que le lastimó tanto los ojos, lo tiró al suelo y hasta quedó ciego. ¿Te imaginas que tan fuerte era ese resplandor?

La gente que iba con él  no sabía qué era esa luz tan intensa, pero de pronto se oyó una voz que decía: «Saulo, Saulo, ¿Por qué me persigues?» Saulo estaba temblando, tenía miedo, Dios mismo era quien le estaba preguntando: «¿Por qué persigues a los cristianos? No los persigues a ellos, sino a Mí.» Saulo con todo y miedo dijo: «¿Quién eres Señor?» -«Yo soy Jesús a quien tu persigues,» le dijo. Pablo se encontraba tirado en el piso, ciego y con miedo y solo pudo decir: «¿Qué quieres que yo haga Señor?»

Ya Saulo no tenía nada más que decir, no podía seguir persiguiendo cristianos, ahora estaba entregándose al Señor Jesús para ahora hacer lo que Él dijera.  Ese día tuvo un encuentro muy personal con el Señor Jesús, aunque tuvo miedo al quedarse ciego pero, ese fue el mejor día para la vida de Saulo.

Dios le dijo: «Mira, Saulo, quiero que vallas a la calle que se llama derecha, allí se te va a decir lo que tienes que hacer.» Saulo se encontraba ciego, no podía ver nada. Así que alguien de los que iba con él lo llevo hasta el lugar que Dios dijo. Allí estuvo tres días sin comer.  Yo creo que en esos tres días estuvo arrepintiéndose de todos sus pecados y rogándole a Dios que lo perdonara y que le ayudara para que volviera a ver. En esa misma ciudad de Damasco, había un hombre llamado Ananías. Dios le habló y le dijo: «Ananías, ve a la calle que se llama derecha, allí está Saulo orando, quiero que le pongas las manos encima para que recobre la vista.» Ananías tenia tanto miedo, ¡¿y como no iba a tener miedo?! Si tenía que ir a ver al perseguidor de los cristianos.

Ananías era un hombre muy obediente a Dios y de igual forma obedeció y fue a ver a Saulo, le puso las manos encima y le dijo: «Hermano Saulo, el Señor Jesús que se te apareció en el camino, me envió a ti para que recobres la vista y seas lleno del Espíritu Santo.» Y ¿sabes qué pasó? ¡Claro! Recobró la vista al instante. Dice la Biblia que se le cayeron de los ojos unas cosas como escamas.  Saulo ahora no solo estaba contento porque podía ver, estaba contento porque por fin encontró al verdadero Salvador del mundo. Después de que recobró la vista, obedeció a Dios en el bautismo.

La vida de Saulo fue cambiada totalmente, hasta el nombre le fue cambiado por Dios, quien le puso Pablo. Y ya que era una nueva persona, hizo lo que Dios lo llamo a hacer: predicar el Evangelio en varios lugares.

Pablo recorrió muchas ciudades, predicando a Cristo Jesús como único Salvador. Dejó todo para servir al Señor, hasta tuvo que dejar a su familia, dejó su casa, su camita, su almohadita, todo lo cómodo que él tenía, lo dejó para ser un misionero. Le predicó a gente de diferentes lugares como por ejemplo fue a Roma, Corinto, Filipos, Tesalónica, Pérgamo, Tiatira, Filadelfia, Esmirna, Colosas, Éfeso, Galacia, Antioquia, etc. Empezó una iglesia en cada lugar donde él estuvo y ganó almas cada día.

Eso es lo que es un misionero. Un misionero es una persona que va a otro lugar para predicar al Señor Jesús.  Algunos misioneros van a China, África, Rusia, Japón, Perú, Argentina, India, Australia, El Salvador, etc.  Cada uno de ellos tiene que dejar a sus familiares y amigos, su casa, todas sus comodidades, tienen que aprender otro idioma en algunos casos y estar dispuesto a ir a predicar al Señor Jesús.

Pablo tenía que trabajar haciendo tiendas para poder pagar sus comidas y otros gastos.  En algunas ocasiones algunas iglesias le mandaban ofrendas especiales para ayudarlo. Pero no era siempre y por eso tenía que trabajar.

Nosotros como cristianos debemos de ayudar a los misioneros que se encuentran lejos de su país.  En nuestras iglesias levantan una ofrenda especial para los misioneros. Esta ofrenda se le llama promesa de fe. Es una ofrenda aparte de nuestro diezmo y muy aparte de nuestra ofrenda. Tal vez tú digas: «Yo soy sólo un niño, ni tengo dinero y ni trabajo. » Bueno, tal vez no trabajes, pero estoy segura de que tus papás te dan dinero para que te compres algo en tu escuela.  Entonces si tienes algo de dinero.  Dios no te está pidiendo mil pesos, no. Dios pide obediencia y tú puedes empezar a dar $5.00 o $10.00 pesos cada domingo. Puedes ahorrar un peso diario o tal vez dos pesos. Si vives en Estados Unidos tal vez puedas dar uno, dos o hasta cinco dólares cada semana.  De esta manera podemos ayudar a misioneros para que puedan vivir tan lejos de sus países y predicar a Cristo. ¿No te gustaría que muchos niños africanos fueran salvos? O ¿Qué muchos niños japonecitos sean salvos?  Pues entonces vamos a ayudar a los misioneros. Da tu ofrenda misionera y ponte listito.

La Hermosura de la Santidad

«La Hermosura de la Santidad»

«…Postraos delante de Jehová en la hermosura de la santidad.» I Crónicas 16:29

Estoy sintiendo ciertas emociones dentro de mí esta mañana, especialmente un sentir de querer ser diferente.  Quiero cambiar unas cosas en mi vida para que sea mejor madre y abuelita, y amiga, y misionera, y mayordomo (o ¿somos mayordomas?) del tiempo, talento y del dinero que Dios me ha dado.

Mientras leía la Escritura en I Crónicas ahora en la mañana durante mi tiempo con Dios, empecé a pensar acerca de algunas cosas que quisiera cambiar en mi vida.  No quiero esperar hasta el día de mi cumpleaños o el primer día del siguiente mes.  Quiero empezar ahora, hoy. Quiero encontrarme sin mancha, sin reproche, pura en palabra, en hechos, y en mis pensamientos.

Déjame decirte una de las cosas buenas que hago todas las mañanas, para que este devocional no salga negativo: oro por cada uno de mis hijos cada mañana, fielmente. Oro por las necesidades especiales de cada uno de ellos.  Si están viajando, pido a Dios que ponga Sus ángeles alrededor de ellos. Hago esa oración cada mañana de mi vida, inmediatamente después de hacer la misma oración por mí misma.

Si yo tuviera a mi alcance el poder de hacer tan feliz a una persona como el poder que tú tienes para hacerme feliz, haría lo siguiente: procuraría ser santa.  Trataría de tener pensamientos limpios, y planes limpios, y motivos limpios en todo lo que hago.

Haría la lucha por sacar la basura de mi vida, como el chisme, y la crítica, y las quejas.  Dejaría de hacer comentarios negativos de mi prójimo, y sería mansa y humilde, y no me consideraría superior a los demás.

Haría lo posible por ver las cualidades positivas en otros, y regocijarme en lo bueno que ellos hacen, en lugar de burlarme de ellos por sus fracasos.

La navidad es el tiempo del año, dicen, cuando ocurren más suicidios que en cualquier otra temporada.  ¿Alguna vez te has preguntado por qué?  Al mismo tiempo que me siento conmovida a mejorar mi vida en esta temporada, también a veces encuentro que estoy batallando un sentido de depresión mientras seco los trastes.  Me vienen las lágrimas cuando escucho una música navideña en la grabadora, o en el Centro Comercial.

A veces, ciertos lugares donde fueron hechos recuerdos especiales con mis hijos y con Papi (mi esposo, que ahora está en el Cielo,) traen momentos, aunque breves, de una tristeza que casi me ahogan.  Entonces no me es difícil entender cómo alguien que ha perdido toda esperanza de volver a estar tan feliz, se quitaría la vida.

La soledad es otra razón por querer cometer el suicidio.  Me quebranta el corazón visitar a los asilos de ancianos y ver a esos viejitos gozándose en unos breves momentos de atención que reciben de personas extrañas que sólo los visitan porque se han comprometido tener algún tipo de ministerio para los necesitados.  Pero a veces la gente que vive en la soledad vive en la soledad porque no son muy agradables.  Ya no se divierten.  Unos viejitos solitos en los asilos están en los asilos y solitos porque cuando eran padres jóvenes no tuvieron tiempo para sus hijos.

Pero creo que la razón principal del suicidio es una vida sin santidad, llena de pecado.  La razón por la cual una persona termina su vida es porque su vida ya no tiene sentido.  Un estilo de vida pecaminoso, sea en pensamientos, en palabras, o en hechos, quita la vista y la lealtad de su Creador.  A una persona tan inicua como para sólo querer «gozar de los deleites temporales del pecado,» ya no le importa lo que hace feliz a su Creador.  Ya no se acuerda de la razón por haber sido creada en primer lugar: agradar y traer gloria a su Señor.

Mientras me doy cuenta que probablemente he vivido más de la mitad de mi vida, a veces me siento corta en lo que he logrado aquí.  Así que, es fácil traer atención a las faltas de otros, quejarme, y ser ingrata.  Necesitamos recordar orar unos por otros, y vivir una vida en santidad. Y procura «Ser Como Cristo.»

Si deseas tener correspondencia conmigo, escríbeme a:

Mrs. Billie Sloan

Windsor Hills Baptist Church

5517 NW 23rd Street

Ok City, OK  73127

USA

O por internet.  Mi correo electrónico es:

mimitomany@hotmail.com

La Mediocridad

La Mediocridad

Pastor Alejandro Córdova

Leemos en la Biblia, Apocalipsis 3:14-17, dice así: «14 Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios, dice esto: 15 Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! 16 Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. 17 Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo.»

Quiero hablarles en esta noche, acerca del peor problema que tenemos los mexicanos, el más grave, el mayor.

Yo sé que hay infinidad de problemas en nuestro país; hay problemas como la prostitución, el otro día estaba escuchando en un noticiero, que nada más en el Distrito Federal, hay más de 86 mil prostitutas, nada más en el Distrito Federal, imagínense, y eso, yo me imagino, son las que han detectado, han descubierto, por supuesto que hay muchísimas más que no están detectadas, es un problema bastante grave.

Hay otros problemas, el alcoholismo: cuántos problemas, cuántas desgracias ha causado el alcoholismo en nuestro país, cuántas muertes, cuánto dolor, cuántas lágrimas, cuánta tristeza; pero yo considero que ese no es el problema más grave.

Ahora, un problema que nos amenaza y si no hacemos algo nos va a alcanzar: el homosexualismo, el lesbianismo, es un problema tremendo en nuestro país, tremendo, hacia cualquier lado que volteemos encontramos homosexuales, encontramos lesbianas, y lo peor es que se está promoviendo en una forma tan indiscriminada que está creciendo alarmantemente. Anteriormente se detectaba fácilmente a cualquier homosexual, a cualquier lesbiana… ya no, personas que parecen muy hombres, resulta que le van al América y tiran de uñita; bigotones, muy fornidos, muy varoniles, pero cuando nos damos cuenta, resulta que les hace agua la canoa.

Cuántos problemas hay en nuestro país: la tranza ¿a usted nunca lo han tranzado? ¿nunca le han dado gato por liebre? Es un problema que tenemos en nuestro país. La corrupción, la famosa mordida ¿a usted nunca le han pedido una mordida?, ¿usted nunca ha dado una mordida?

¡Cuántos problemas hay en nuestro país! en verdad creo que no terminaría nunca de mencionar todos los problemas que tenemos como mexicanos, como país; y a nivel local, en nuestras ciudades… cuántos problemas, la lista sería enorme.

Pero yo creo que todos esos problemas derivan de uno solo. Todos esos problemas derivan del peor, del más grave, del mayor.

Si usted me pidiera mi opinión en cuanto a cuál es el primer problema, el problema que deberíamos de atacar en cada uno de nosotros como individuos y como miembros de este país, yo pondría: la mediocridad.

Por naturaleza somos mediocres, por naturaleza todo lo hacemos a medias. En mi opinión ese es el problema más grande que tenemos como nación, como país. Parece que es parte de la idiosincrasia, alguien dijo por ahí «indiosincrasia» y me parece más correcto.

Parece que ese es el problema, y hasta nos justificamos, defendemos, apapachamos nuestra mediocridad. «Es que así soy, es que mi papá así era, es que mi abuelito así fue, es que mi tatarabuelito así era… ¿pues qué quiere? por eso somos así… somos mediocres». Y noten la palabra que estoy usando, no quiero convertirme en juez de nadie, ni decir que usted es peor que yo, o que yo soy superior a usted: estoy hablando en plural, estoy incluyéndome.

¡Qué problema tan serio es la mediocridad! Miren qué tan serio es la mediocridad que todos los problemas que he mencionado como alcoholismo, como drogadicción, como prostitución, como homosexualismo, como robo, como crimen, tranza, como abuso de autoridad, como corrupción, como mordida, todos eso que he mencionado y podría mencionar muchos más, en mi opinión se derivan de ese problema.

Y desgraciadamente como cristianos, no estamos ajenos a ese problema que gobierna, que reina en nuestro país de sabrá Dios desde hace cuántos años, pero es un problema bastante serio.

Es un problema bastante serio porque precisamente porque somos mediocres somos negligentes, somos apáticos, somos desinteresados, nos vale todo, por eso mantenemos descuidada la Iglesia, tiramos basura donde sea, entramos con niños pequeños al lugar al que se nos ha dicho que no debemos de entrar con niños pequeños, por eso nos importa poco quién esté predicando y salimos y entramos como se nos pega la gana, esté quien esté hablando: ¡qué importa! ¡eso no es importante! ¿verdad? ¡Qué importa que se haya gastado tanto dinero!, ¡qué importa que se haya invertido tanto tiempo!, ¡qué importa que se haya sacrificado tanto tiempo, tanto trabajo, tanto esfuerzo! yo quiero hacer mi voluntad, a mí me importa poco lo que está a mi alrededor, yo voy a hacer lo que se me pega la gana ¿verdad?

«¡Ay, Pastor, no me regañe!» No lo estoy regañando, hermano, créame, estoy predicando esto por su propio bien, por el bien de la obra de Dios. Si vamos a lograr esa visión celestial; si vamos a salir de ese letargo, de esa mediocridad en la cual vivimos; si algo va a suceder en nuestro país que influencie a otros países, tenemos que dejar de una vez por todas ese terrible pecado, porque si no, yo lo veo como una terrible tapadera que está impidiendo que Dios bendiga más su obra, que haga algo grande en nuestro país, que algo grande suceda…

Y déjeme decirle algo, yo estoy totalmente de acuerdo con todo lo que se ha predicado, estoy completamente de acuerdo con lo que predicó el hermano Ezequiel Salazar anoche, no estoy contradiciendo su mensaje, no me malentiendan, por favor. Pero yo creo que este problema es el otro lado de la moneda.

Sí, tenemos que esperar en el poder de Dios; sí, tenemos que hacer la obra de Dios con el poder de Él; sí, Él tiene que movernos, pero cuántas veces como leímos en el mensaje de hace un momento, nos ha hablado claramente, Dios ha puesto el dedo en la llaga y Dios nos ha señalado perfectamente nuestro pecado, pero por nuestra mediocridad nos quedamos ahí sentados y no pasamos más que de contentarnos un poquito «¡ay, qué bonito predicó el Pastor!, ¡ay, qué bonito habló!, ¡ay, Dios, háblame!, ¡ay, Señor, muéveme!», y usted quiere que Dios venga y haga lo que Dios claramente le ha dicho a usted y a mí que debemos hacer.

Y estamos cayendo en el mismo error de los pentecostales, ese es el problema de los pentecostales, todo le echan la culpa al Diablo: «¡ay, es que yo no quería pecar! pero el demonio del alcohol me indujo a tomar, y por eso soy borracho… ¡ay, no es mi culpa!». ¡Qué fácil resulta eso! Echarle la culpa al demonio del adulterio, echarle la culpa al demonio del alcohol, echarle la culpa al demonio de la droga y entonces usted no es responsable, ni yo tampoco. «Ah, entonces estamos así porque Dios quiere, entonces estamos bien». No, no es así. ¿Qué es? La mediocridad.

Antes, déjenme decirles, precisamente porque somos mediocres, no somos la clase de padres que deberíamos de ser; precisamente porque somos mediocres, no somos la clase de esposo o esposa que deberíamos de ser; precisamente porque somos mediocres, no somos la clase de hijo que deberíamos de ser; precisamente porque somos mediocres, no somos la clase de maestros de Escuela Dominical que deberíamos de ser; un maestro de Escuela Dominical mediocre no prepara su lección, llega con el manual frente al alumno, o con la lección y nada más se limita a leerla: eso es mediocridad, y usted debería estar sobre sus rodillas, hermano, pidiéndole perdón a Dios, porque usted hizo un compromiso con Dios, no con el Pastor, no con quien lo contrató para ser maestro de Escuela Dominical, usted hizo un compromiso con Dios y usted está siendo mediocre al nada más pararse frente a sus alumnos y leerle la lección de Escuela Dominical, la lección que se le ha dado; nada más limitarse a hacer lo esencialmente indispensable para que no lo corran como maestro de Escuela Dominical. Y lo mismo digo a los capitanes de ruta, y lo mismo digo a los ujieres, y lo mismo digo a los Diáconos, y lo mismo digo a cualquier persona que desempeña cualquier trabajo en la Iglesia. Pero de verdad, que nos hemos conformado y nos hemos metido en la cabeza que así somos, «pues es que así semos, Pastor, ni modo, ¿qué quiere que haga?».

¿Qué es la mediocridad?, ¿sabe qué es la mediocridad? Es un pecado. No es algo que no ofende a Dios.

Precisamente porque somos mediocres, hacemos una promesa a la obra misionera y luego nunca la cumplimos, precisamente porque somos mediocres como señalaba el hermano, no diezmamos: un domingo sí, tres no, otro domingo sí, cuatro no. Es un pecado.

Precisamente eso es lo que el Señor estaba atacando aquí en la Iglesia de Laodicea, miren otra vez lo que dice el Apocalipsis capítulo 3, versículo 14: Cristo mismo está hablando, Cristo mismo está señalando, denunciando el terrible pecado de esta Iglesia, la Iglesia de Laodicea, dice aquí: «14 Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios, dice esto: 15 Yo conozco tus obras,», y hermano, créamelo que Dios conoce sus obras, por eso lo señala, dice: «que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! 16 Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca». El gran pecado de la Iglesia de Laodicea es que ellos habían llegado a un nivel de conformidad, de mediocridad, se habían adaptado a los estándares de este mundo, a las normas de este mundo, ellos habían llegado a decir: «bueno, ya tenemos lo que queremos materialmente hablando, ya alcanzamos el nivel que queríamos, entonces ya no hay que seguir luchando». Y eso no es correcto.

Siempre en el cristiano debe existir un espíritu de superación, un deseo de hacer bien las cosas, un deseo de agradar a Dios, porque lo estamos haciendo para Él, jamás deberíamos conformarnos con lo que estamos haciendo para Dios. Pero ¡cuántos cristianos se han conformado! cuántos Pastores han llegado al límite de decir: «bueno, ya tengo mi Iglesita, ya saco para el chivo, bueno, pues ya qué…», ya me da más o menos un buen sueldo, ya qué me importa lo demás, ¿que las almas se van al infierno? pues que se vayan al infierno, ya no me preocupa. ¡Qué tragedia! Y eso por decir algo, porque la verdad es que la mayoría de las Iglesias ni siquiera han llegado a ese nivel. ¿y sabe por qué? Porque tenemos un montón de cristianos mediocres, un montón de cristianos tibios.

La mediocridad es el estado mental de una persona satisfecha con poco o con nada, esa es la mediocridad.

Y por eso es que vemos esto inclusive reflejado en los hogares de muchos hogares, cuántos hermanitos en las Iglesias se justifican de que tienen un mugrero en su casa porque son pobres… «Ay, Pastorcito, cierre los ojos», ¡no! hay que abrirlos más, si no me tropiezo con toda la basura que tiene usted ahí. El alterón de trastes ahí amontonados, el montón de ropa ahí guardada, alguna ya hasta pudriéndose, la basura por todos lados: eso es síntoma de mediocridad, eso es pecado delante de Dios. Vemos a personas todas mugrosas, apestosas, piojosas: «ay, es que soy pobre», no, eso no es sinónimo de pobreza, ese es sinónimo de mediocridad: pecado ¡es pecado, hermano! ¿Quién le ha enseñado que: «ay, porque soy pobre voy a andar todo despeinado, todo greñudo, todo pulgoso, roñoso»?, ¿quién le enseñó eso? eso no es correcto, pero ¿verdad que nos hemos conformado? «Ay, Pastor, es que yo soy muy pobre, no tengo para… comprar un poquito de agua y bañarme».

Dice la palabra de Dios aquí, que el Señor reprendió duramente a esta Iglesia: «17 Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo.» Exactamente esa es la condición de muchas personas en nuestro país, pero la tragedia más grande y lo que me preocupa a mí, es verlo reflejado en un montón de cristianos conformados a las normas de este mundo, conformados a lo que se hace en este mundo y tratando de justificarse diciendo: «yo estoy bien». Entiende, hermano, es un pecado terrible, y eso desagrada a Dios tanto como que usted robe, tanto como que usted mate, tanto como que usted sea un mentiroso o un adúltero: desagrada a Dios.

Dios es un dios de orden. El diccionario dice que la mediocridad quiere decir: «de calidad media o mala, regular y torpe», esa es la mediocridad.

Déjenme hablarles acerca de algunos de los resultados de la mediocridad. Precisamente porque somos mediocres, somos negligentes; la palabra negligencia quiere decir «descuido, omisión, falta de aplicación», la Biblia nos pone un montón de ejemplos de personas que fueron negligentes. Por ejemplo, en Josué 18:3, nos dice: «3 Y Josué dijo a los hijos de Israel: ¿Hasta cuándo seréis negligentes para venir a poseer la tierra que os ha dado Jehová el Dios de vuestros padres?». ¿Hasta cuándo seréis negligentes? dice la Palabra de Dios, ahí estaba el pueblo de Israel congregado, y dice Josué: «¿hasta cuándo seréis mediocres?, ¿por qué no hacen lo que Dios les ha encomendado hacer?»

Desgraciadamente, ustedes saben las consecuencias de la negligencia, de la mediocridad, dice en Jueces 1:21, lo que ocurrió precisamente porque el pueblo de Israel fue negligente en obedecer, en cumplir con la orden que Dios les había dejado, y yo sé, que la tarea que nosotros tenemos es tan grande, es tan portentosa, que cuando nosotros volteamos alrededor del mundo y vemos los millones y miles de millones que hay, decimos «es una tarea increíble, es una tarea que no podemos desarrollar», pero hermanos, mientras cada quién no esté haciendo su parte responsablemente, jamás vamos a lograr ni siquiera hacerle cosquillas a ese mundo; pero usted, no se debe de justificar, en eso, usted y yo deberíamos decir «yo tengo que hacer mi tarea, yo tengo que hacer mi trabajo» y a lo mejor, efectivamente no vamos a alcanzar a todo el mundo, pero por lo menos esa debería ser nuestra meta; pero qué vergüenza que estemos encerrados en nuestro circulito: «yo ya soy salvo, yo ya conozco de la Palabra de Dios, y por lo demás, que el mundo ruede, a mí no me importa, no es mi problema», mediocre, ese es un pensamiento mediocre.

«¡Ah! Pues es que nosotros no tenemos dólares». Qué bueno que cuando se escribió la Biblia no había dólares, qué bueno que cuando Cristo le dio la gran comisión a los discípulos no había dólares. La tarea es de nosotros.

«Ay, Pastor, soy muy pobre» y va a seguir siendo pobre, por su mediocridad. ¿No me lo cree? mire, ese es otro resultado, vayamos al libro de Proverbios 6, si no encuentra los libros con facilidad es también por su mediocridad… ya tiene seis meses de ser cristiano y aún no conoce los libros de la Biblia, ya tiene más de un año y jamás ha leído toda la Biblia completa; y me conformaría con que tuviera más de 10 años y hubiera leído la Biblia completa, pero no la ha leído, ¿sabe por qué? por su mediocridad.

En Proverbios 6:6-11 dice: «6 Ve a la hormiga, oh perezoso, Mira sus caminos, y sé sabio; 7 La cual no teniendo capitán, Ni gobernador, ni señor, 8 Prepara en el verano su comida, Y recoge en el tiempo de la siega su mantenimiento. 9 Perezoso», mediocre, «¿hasta cuándo has de dormir? ¿Cuándo te levantarás de tu sueño? 10 Un poco de sueño, un poco de dormitar, Y cruzar por un poco las manos para reposo; 11 Así vendrá tu necesidad como caminante, Y tu pobreza como hombre armado.» Otro resultado de la mediocridad es la pereza, y precisamente por eso es que hay un montón de cristianos que no tienen ni para comer.

«Ay, Pastor, es que me corrieron de mi chamba» ¿por qué? no creo que haya sido porque eras muy trabajador, no creo que haya sido porque usted es muy responsable, porque llegaba a tiempo a su trabajo ¿verdad? No, usted acostumbraba pasársela campechanamente, ahí, meciéndose en su hamaquita, tomando su coquito con agua bien fría.

Por eso estamos como estamos, por eso no podemos ver la bendición de Dios sobre nuestras vidas, y hermano Pastor, esto aplica también a la obra de Dios. Usted no le echa ganas al trabajo en la obra de Dios, no espere que salga para el chivo, no va a salir. «Ay, Pastor, es que la gente aquí en mi Iglesia es muy dura», a lo mejor están nada más reflejando lo que ven en el púlpito cada semana, nada más.

Mire, por la negligencia del pueblo de Israel lo que ocurrió, Jueces 1:21 «21 Mas al jebuseo que habitaba en Jerusalén no lo arrojaron los hijos de Benjamín, y el jebuseo habitó con los hijos de Benjamín en Jerusalén hasta hoy». Luego en el versículo 27: «27 Tampoco Manasés arrojó a los de Bet-seán, ni a los de sus aldeas, ni a los de Taanac y sus aldeas, ni a los de Dor y sus aldeas, ni a los habitantes de Ibleam y sus aldeas, ni a los que habitan en Meguido y en sus aldeas; y el cananeo persistía en habitar en aquella tierra». Versículo 29 y 30: «29 Tampoco Efraín arrojó al cananeo que habitaba en Gezer, sino que habitó el cananeo en medio de ellos en Gezer. Extensión de las conquistas de las demás tribus  30 Tampoco Zabulón arrojó a los que habitaban en Quitrón, ni a los que habitaban en Naalal, sino que el cananeo habitó en medio de él, y le fue tributario.»

Y ahí sigue diciéndonos todo lo que el pueblo de Israel no hizo ¿por qué no lo hizo? por causa de su negligencia. Y dice la Biblia que al ratito, esas naciones comenzaron a crecer y a hacerse más fuertes, y en vez de que el pueblo de Israel los sojuzgara, ahora ellos estaban siendo sojuzgados. ¿Saben por qué? por su mediocridad.

Es cierto que Dios nos está bendiciendo, sí es cierto que Dios está haciendo algo en nuestro país, yo. lo puedo ver. Dios me ha dado la bendición de viajar por todo el país y predicar en tantos lugares, y ver que Dios se está manifestando, pero yo no quisiera ver que esa bendición de Dios acabara por causa de nuestra mediocridad.

Y qué tremendo que si no aprobamos esta bendición de Dios, este impulso que Dios nos está dando, al ratito tengamos que ver que las puertas se cierran; o al ratito tengamos que ver que el pecado está creciendo tanto en nuestro país, que está apagando lo que Dios está haciendo, y hermano, eso no va a ocurrir si nosotros de verdad dejamos a un lado la mediocridad, la negligencia, la pereza, y empezamos a hacer la obra de Dios como Dios quiere que sea, y dejamos de justificar todos nuestros pecados y dejamos a un lado toda esa mediocridad y empezamos a hacer la obra de Dios como Él quiere que sea hecha.

Qué vergüenza que haya Pastores que son tan mediocres, que jamás leen la Biblia, Pastores. Pastores que no pasan un tiempo en oración, se creen Superman, ya no necesitan la ayuda de Dios, ya no necesitan la enseñanza de Dios, ya solitos pueden. Esa es la razón por la cuál algunos Pastores no quieren asistir a conferencias como esta: «Ay, para qué, siempre es lo mismo», no, no es lo mismo, yo estoy seguro de que no había escuchado un mensaje como este.

Otro resultado de la mediocridad, es la indolencia, la palabra indolencia quiere decir: «que no se afecta o conmueve, descuido»; otro resultado de la mediocridad es la apatía, apatía quiere decir: «impasibilidad del ánimo, indiferencia, falta de decisión, dejadez, indolencia»; como producto de la mediocridad viene la desobediencia, como producto de la mediocridad viene la carnalidad, como producto de la mediocridad viene la rebeldía, como producto de la mediocridad viene la mundanalidad, viene el robo, viene la mentira, viene el conformismo, vienen los vicios; la lista es larga. ¿Cuántas cosas trae la mediocridad? muchísimas.

¿Cómo acabar con la mediocridad?, ¿qué tenemos que hacer para acabar con este terrible pecado, con este terrible problema que tenemos? Primeramente veamos en Proverbios 28:13. Algunos por su mediocridad, ni Biblia llevan a la Iglesia. «No, Pastor, es que yo vengo del trabajo» ¿y por qué no se la lleva al trabajo? «es que no quiero que sepan que soy cristiano» ah, ese es el problema, esa es la razón. Proverbios 28:13 es un versículo muy conocido, algo que predicaba nuestro hermano Luís hace un momento: «13 El que encubre sus pecados no prosperará; Mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.» Esa es la razón por la cuál usted y yo tenemos que ser honestos en esta noche, y decirle al Señor: «sí es cierto, yo te prometí que iba a leer la Biblia, en enero, la iba a leer diariamente y me cansé muy pronto, la leí nada más dos o tres días y ya la abandoné, perdóname, Señor en esta noche. Señor, yo te prometí que iba a ganar almas, por lo menos una vez cada semana iba a ir a ganar almas y muy pronto me desanimé. Perdón, Señor porque yo te prometí que iba a dar tal cantidad para la hora misionera, para la construcción y nada más lo di dos domingos y luego se me olvidó. Perdóname, Señor.» Usted debería de hacer eso, el primer problema para acabar con la mediocridad es reconocer que tiene usted ese problema. Mientras usted no reconozca que tiene ese problema, todo le va a pasar por arriba, todo le va a importar poco, pero no, es necesario comenzar reconociendo, diciéndole «Señor, sí es cierto, yo tengo ese problema, por eso no soy la clase de padre que debo de ser; por eso soy la clase de esposo que no debo ser; me molesta cada vez que mi hijo me pide tiempo, me molesta cada vez que mi esposa quiere hablar conmigo, me enojo cada vez que algo sale mal en la casa… porque he sido mediocre».

Ese es el primer paso. Para resolver cualquier problema el primer paso es reconocer que tenemos el problema; si no lo reconocemos ¿cómo lo vamos a resolver?, ¿cómo vamos a buscar la ayuda que necesitamos para resolver el problema? Reconózcalo, «El que encubre sus pecados no prosperará».

¿Cuántos cristianos meten su cabeza en la arena?, en un hoyo como los avestruces y creen que ya está resuelto el problema, «No, no existe el problema, no, no existe». Cuando llega y le da el golpe, entonces está llorando, entonces sí ve las consecuencias y entonces quiere que el Pastor le resuelva sus problemas con una varita mágica. No, no encubra su pecado, hermano. En esta noche, honestamente, humildemente, venga delante de Dios y dígale: «Señor, sí es cierto, yo tengo ese problema, yo he sido un mediocre».

Hemos escuchado cantar aquí, ¿usted cree que nada más de repente se pusieron en la mente la idea de cantar y ya cantaron? Yo sé que algunos tienen talento, algunos traen la habilidad, la capacidad innata de la música, tienen buena voz, tienen buen oído, saben entonarse… pero muchos no, han tenido que estar trabajando y trabajando, practicando y practicando, hasta que al fin, logran superar ese problema.

Pero por causa de no reconocer nuestro problema, ahí lo seguimos apapachando. «No, yo no tengo ese problema, no es cierto que el Pastor me pidió que yo fuera maestro de Escuela Dominical, pero no, es que yo tengo miedo de hablar al público, es que a mí me da mucho miedo, es que yo soy muy nervioso y yo nada más me paro ahí frente a la gente y tiemblo como una gelatina». ¿Usted cree que todos los que estamos aquí al frente predicando, no tuvimos ese problema? Está comprobado que uno de los temores que tiene el ser humano es a pararse en público y hablar delante de toda la gente, no importa que el grupito sea de cinco personas, diez personas. Tenemos que superar ese problema, y si Dios ha puesto en nuestro corazón, en nuestra mente ese deseo, hágale caso a Dios. Él sabe que usted sí puede, sí puede, nada más tiene que dejar su mediocridad.

«Ay, no, es que yo no sé ganar almas, y me da mucha vergüenza hablar» y de cuántas cosas habla, y habla de muchas cosas que no debería hablar; no me diga que le da miedo hablar, ¡claro que sabe hablar! Pero ¿sabe por qué no se atreve a hablarle a otra gente de Cristo? Por su mediocridad.

Reconozca su problema, hermano ¡reconózcalo, admítalo! Porque si no lo reconoce, dice la Biblia: «tu pecado te alcanzará». Un día, ya escuchamos el mensaje anterior, van a venir las consecuencias de nuestro pecado; ¡créanlo! van a venir y nosotros como país estamos sufriendo las consecuencias de la mediocridad de todo mundo: nadie es responsable, nadie hace su trabajo, nadie cumple con responsabilidad; por eso vamos a una dependencia de gobierno y ahí nos entretienen quién sabe cuánto tiempo, por eso vamos a buscar tal o cual ayuda en un trabajo, y aunque estamos pagando el maestro es irresponsable, el mecánico es irresponsable, el carpintero es irresponsable… y muchos de esos son cristianos.

Reconozca, en segundo lugar, confiéselo, arrepiéntase de su pecado. Dice aquí: «El que encubre sus pecados no prosperará, mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia», hermano, reconozca que es un pecado, luego confiéselo diga al Señor: «Señor, perdóname, yo quiero salir de este letargo, yo quiero salir de este hoyo, yo quiero salir de este problema que tengo».

El tercer paso, necesita crucificar su carne. Porque la Biblia nos dice, ahí en el libro de Gálatas 5:19 nos dice: «19 Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia,» y en el versículo 21: «21 envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas;» fíjense bien: «cosas semejantes a estas». Añádale lo que quiera, pero veamos ahora el versículo 24: «24 Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.» ¡Crucifique su carne, hermano! porque la carne es perezosa, la carne es negligente, la carne es descuidada, la carne es apática, la carne es indolente; no le gusta trabajar, no le gusta sacrificarse, no le gusta sufrir, le gusta quedarse en la cama ahí acostado hasta las 10, 11 de la mañana, 12 del día ¿a poco no? ¿a poco cuando usted tiene que levantarse temprano, a las 5 de la mañana, 6 de la mañana a trabajar, usted se levanta pero si bien contento y gozoso: «¡qué bueno que me puedo levantar!» No, usted quiere quedarse ahí hasta las 10 de la mañana, 11 de la mañana, especialmente cuando está en conferencias y se queda toda la noche platicando de cosas que no debería platicar. Y esa es la razón por la que algunos hermanitos llegan aquí a la conferencia y están durmiéndose, perdiendo el tiempo en realidad, malgastando el dinero porque luego ¿para qué venimos? Venimos a una conferencia y luego no escuchamos nada, no oímos nada, no sacamos nada de provecho… o lo que es peor, venimos a la conferencia y nos enojamos con mensajes como este. Crucifique su carne, ¡crucifíquela! Tráigasela esta noche al Señor y dígale: «Señor, mata esta carne, esta carne tan perezosa, esta carne tan sentida, esta carne tan negligente… ¡mátala, Señor!». Dice aquí la Biblia claramente que «los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos».

Cuarto paso para acabar con la mediocridad: debemos vigilarnos para no caer nuevamente en ese pecado. Porque qué fácil, nada más cerramos los ojos y ya, otra vez estamos en el mismo hoyo.

Quinto paso, ataque un problema a la vez. No trate de resolver todos los problemas de un solo jalón porque no va a poder, y se va a desanimar, y se va a hacer más mediocre. Por ejemplo, ¿no ha leído la Biblia diariamente?, ¿no ha orado?, ¿no ha ganado almas?, ¿no ha asistido fielmente a la Iglesia?, ¿no ha diezmado?, ¿no ha tratado a sus hijos como debe tratarlos? Yo le recomendaría que se tratara la meta, por lo menos durante 15 días, de atacar un problema. Propóngase como meta, durante 15 días como mínimo, leer la Biblia diariamente; no ataque los demás problemas: uno por uno. Haga una lista de todos sus problemas y empiece a atacar uno, hasta que se convierta en un hábito positivo en usted. Ya logró durante un mes, leer la Biblia diariamente, siga con ese buen hábito… pero ahora ataque otro problema, el no orar; ¡uno por uno! Repito, no intente resolver todos los problemas de un jalón porque no va a poder, y se va a desanimar y va a decir «¡no se puede!, ¡no se puede!, ¡no se puede!». Trate de evitar que salgan de su boca malas palabras, ataque ese problema: uno por uno a la vez.

¿Qué es lo que sustituye a la mediocridad? La Biblia nos dice que Dios nos creó, y Dios nos creó con un espíritu de superación, es parte de nuestra naturaleza; Dios nos creó con el espíritu de salir adelante, de superarnos, de alcanzar nuevas metas. Cada cuatro años se celebran los Juegos Olímpicos, y eso nos prueba que efectivamente, el ser humano tiene la capacidad de superarse: siempre se están rompiendo nuevos récords, siempre se están alcanzando nuevas metas, siempre se está logrando algo más.

Que esas mismas habilidades, que esos mismos talentos que tiene toda la gente los utilizáramos para hacer la obra de Dios ¿dónde estaríamos ya?, ¿dónde estaría la obra de Dios? Pero desgraciadamente, dejamos que este mundo utilice todas esas habilidades, todo ese espíritu de superación para cosas perversas, diabólicas muchas de ellas, porque cada vez inventan más y más formas de pecar. Y tratan de rociar, regar su pecado en toda la raza humana. ¿Y nosotros los cristianos? De hecho, ¿cuántas veces ganando almas, personas me han dicho: «no, yo no voy a esas Iglesias, porque los cristianos son unos mediocres»? les lavan el coco ahí, y ya los tienen como robots. ¡Qué lástima que en muchos casos sí tienen razón!, ¿verdad?

Hermano, no estoy diciendo que debemos de buscar un materialismo, no. Hay una línea tan delgada entre lo que es mediocridad y lo que es materialismo, que a veces nosotros nos justificamos diciendo: «no, es que yo no soy materialista», y por eso caemos en la mediocridad.

Yo no estoy diciendo que debemos de trabajar para amontonar riquezas si es que Dios no nos las da; porque yo creo que Dios puede bendecir, dice la Biblia que la bendición de Jehová eso trae, precisamente, como consecuencia, pero dice que «no añade tristeza con ella», y Dios puede bendecir, y yo conozco algunos hermanos en nuestra Iglesia que han prosperado materialmente en una forma increíble, y es la bendición de Dios, de eso a mí no me cabe la más mínima duda. Yo no creo que nosotros debemos de correr detrás de las cosas materiales, pero que eso no sea pretexto para decir: «Bueno, aquí me conformo con mi chambita, la voy a hacer mediocremente, y ahí a ver qué sale». No, si usted es carpintero, debería ser el mejor carpintero del mundo; si usted es mecánico, debería ser el mejor mecánico del mundo; si usted es doctor, debería ser el mejor doctor del mundo.

Dios necesita ese tipo de personas también y Dios quiere que usted sea esa clase de cristiano.

Lo que sustituye la mediocridad, es la disciplina, las metas, la diligencia.

Mire nada más un ejemplo de esto, en 2 Crónicas 32:5, dice la palabra de Dios: «5 Después con ánimo resuelto edificó Ezequías todos los muros caídos, e hizo alzar las torres, y otro muro por fuera; fortificó además a Milo en la ciudad de David, y también hizo muchas espadas y escudos». Ezequías fue uno de los mejores reyes que tuvo la nación de Judá. Dice la Palabra de Dios aquí que «con ánimo resuelto», con determinación, con decisión dijo: «vamos a reconstruir estos muros, vamos a levantar esta ciudad, vamos a hacer lo que tenemos que hacer», no solamente eso, en el libro de Isaías, capítulo 38:1-5, tenemos que la Palabra de Dios nos habla de este mismo rey: «1 En aquellos días Ezequías enfermó de muerte. Y vino a él el profeta Isaías hijo de Amoz, y le dijo: Jehová dice así: Ordena tu casa, porque morirás, y no vivirás. 2 Entonces volvió Ezequías su rostro a la pared, e hizo oración a Jehová, 3 y dijo: Oh Jehová, te ruego que te acuerdes ahora que he andado delante de ti en verdad y con íntegro corazón, y que he hecho lo que ha sido agradable delante de tus ojos. Y lloró Ezequías con gran lloro. 4 Entonces vino palabra de Jehová a Isaías, diciendo: 5 Ve y di a Ezequías: Jehová Dios de David tu padre dice así: He oído tu oración, y visto tus lágrimas; he aquí que yo añado a tus días quince años.»

¿Qué hizo Ezequías en esos 15 años? Una de las grandes cosas que hizo Ezequías en esos quince años se nos narra que Ezequías se esforzó, fue con ánimo resuelto, decisión, determinación, en Proverbios 25:1, nos dice la Palabra de Dios: «1 También estos son proverbios de Salomón, los cuales copiaron los varones de Ezequías, rey de Judá:». ¿Sabe yo qué creo que hizo Ezequías en esos quince años más que Dios le regalo de vida? él no fue mediocre, él dijo «Señor, tú me has regalado este tiempo, quiero aprovecharlo bien». Él recopiló todo el Antiguo Testamento hasta donde existía. Él trajo varones sostenidos por él y dijo: «recopílenme todo el Antiguo Testamento». Y en mi opinión, tenemos gran parte del Antiguo Testamento, como lo tenemos hoy en día, gracias al rey Ezequías.

¿Sabe usted qué me dice eso? Que si usted se traza metas, que si usted se disciplina, que si usted deja a un lado la negligencia, la apatía, la indiferencia, la mediocridad, usted puede lograr algo para Dios; y a lo mejor nadie lo sabe, ¡pero qué importa! Usted no lo está haciendo para los hombres, usted lo está haciendo para Dios.

Mire, un estímulo para dejar la mediocridad. En Mateo 13:10-12 nos dice: «10 Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas? 11 El respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado. 12 Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.» Al que tiene, dice la Biblia, y es diligente, y es responsable, y es cumplido, se le va a dar más; pero al que no tiene, o que recibió pero ha sido descuidado, como ese siervo malo y negligente, que a pesar de que recibió un talento fue y lo enterró y no lo puso a trabajar, aún lo que tiene le será quitado.

Y veamos ahora el versículo 13: «13 Por eso les hablo por parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden.» Noten, oyen y ven, pero no quieren entender; no quieren entender, no quieren ver lo que es real delante de sus ojos: «14 De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dijo: De oído oiréis, y no entenderéis; Y viendo veréis, y no percibiréis. 15 Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, Y con los oídos oyen pesadamente, Y han cerrado sus ojos; Para que no vean con los ojos, Y oigan con los oídos, Y con el corazón entiendan, Y se conviertan, Y yo los sane» ¿Sabe por qué estos no quieren oír?, ¿sabe por qué no quieren ver?, ¿sabe por qué no quieren cambiar? Porque son mediocres. Ven, oyen, entienden… pero están contentos con sus pecados. Por eso es que Cristo dice que les hablaba con parábolas, «porque viendo, no ven, porque oyendo, no entienden».

Pero luego nos dice: «16 Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen. 17 Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.» Lo que aquí Cristo está diciendo es: «Ustedes son más bendecidos que los antiguos».

Nosotros somos más bendecidos, porque los antiguos, las personas del Antiguo Testamento, oían que iba a venir un Redentor, oían que iba a venir un Mesías, oían que iba a venir un Dios hecho hombre.

Nosotros oímos y conocemos lo que ya ocurrió, aquí tenemos el testimonio fehaciente de eso. Usted y yo somos más bendecidos que los del Antiguo Testamento. Son palabras de Cristo.

La Mediocridad

La Mediocridad

Pastor Alejandro Córdova

Leemos en la Biblia, Apocalipsis 3:14-17, dice así: «14 Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios, dice esto: 15 Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! 16 Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. 17 Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo.»

Quiero hablarles en esta noche, acerca del peor problema que tenemos los mexicanos, el más grave, el mayor.

Yo sé que hay infinidad de problemas en nuestro país; hay problemas como la prostitución, el otro día estaba escuchando en un noticiero, que nada más en el Distrito Federal, hay más de 86 mil prostitutas, nada más en el Distrito Federal, imagínense, y eso, yo me imagino, son las que han detectado, han descubierto, por supuesto que hay muchísimas más que no están detectadas, es un problema bastante grave.

Hay otros problemas, el alcoholismo: cuántos problemas, cuántas desgracias ha causado el alcoholismo en nuestro país, cuántas muertes, cuánto dolor, cuántas lágrimas, cuánta tristeza; pero yo considero que ese no es el problema más grave.

Ahora, un problema que nos amenaza y si no hacemos algo nos va a alcanzar: el homosexualismo, el lesbianismo, es un problema tremendo en nuestro país, tremendo, hacia cualquier lado que volteemos encontramos homosexuales, encontramos lesbianas, y lo peor es que se está promoviendo en una forma tan indiscriminada que está creciendo alarmantemente. Anteriormente se detectaba fácilmente a cualquier homosexual, a cualquier lesbiana… ya no, personas que parecen muy hombres, resulta que le van al América y tiran de uñita; bigotones, muy fornidos, muy varoniles, pero cuando nos damos cuenta, resulta que les hace agua la canoa.

Cuántos problemas hay en nuestro país: la tranza ¿a usted nunca lo han tranzado? ¿nunca le han dado gato por liebre? Es un problema que tenemos en nuestro país. La corrupción, la famosa mordida ¿a usted nunca le han pedido una mordida?, ¿usted nunca ha dado una mordida?

¡Cuántos problemas hay en nuestro país! en verdad creo que no terminaría nunca de mencionar todos los problemas que tenemos como mexicanos, como país; y a nivel local, en nuestras ciudades… cuántos problemas, la lista sería enorme.

Pero yo creo que todos esos problemas derivan de uno solo. Todos esos problemas derivan del peor, del más grave, del mayor.

Si usted me pidiera mi opinión en cuanto a cuál es el primer problema, el problema que deberíamos de atacar en cada uno de nosotros como individuos y como miembros de este país, yo pondría: la mediocridad.

Por naturaleza somos mediocres, por naturaleza todo lo hacemos a medias. En mi opinión ese es el problema más grande que tenemos como nación, como país. Parece que es parte de la idiosincrasia, alguien dijo por ahí «indiosincrasia» y me parece más correcto.

Parece que ese es el problema, y hasta nos justificamos, defendemos, apapachamos nuestra mediocridad. «Es que así soy, es que mi papá así era, es que mi abuelito así fue, es que mi tatarabuelito así era… ¿pues qué quiere? por eso somos así… somos mediocres». Y noten la palabra que estoy usando, no quiero convertirme en juez de nadie, ni decir que usted es peor que yo, o que yo soy superior a usted: estoy hablando en plural, estoy incluyéndome.

¡Qué problema tan serio es la mediocridad! Miren qué tan serio es la mediocridad que todos los problemas que he mencionado como alcoholismo, como drogadicción, como prostitución, como homosexualismo, como robo, como crimen, tranza, como abuso de autoridad, como corrupción, como mordida, todos eso que he mencionado y podría mencionar muchos más, en mi opinión se derivan de ese problema.

Y desgraciadamente como cristianos, no estamos ajenos a ese problema que gobierna, que reina en nuestro país de sabrá Dios desde hace cuántos años, pero es un problema bastante serio.

Es un problema bastante serio porque precisamente porque somos mediocres somos negligentes, somos apáticos, somos desinteresados, nos vale todo, por eso mantenemos descuidada la Iglesia, tiramos basura donde sea, entramos con niños pequeños al lugar al que se nos ha dicho que no debemos de entrar con niños pequeños, por eso nos importa poco quién esté predicando y salimos y entramos como se nos pega la gana, esté quien esté hablando: ¡qué importa! ¡eso no es importante! ¿verdad? ¡Qué importa que se haya gastado tanto dinero!, ¡qué importa que se haya invertido tanto tiempo!, ¡qué importa que se haya sacrificado tanto tiempo, tanto trabajo, tanto esfuerzo! yo quiero hacer mi voluntad, a mí me importa poco lo que está a mi alrededor, yo voy a hacer lo que se me pega la gana ¿verdad?

«¡Ay, Pastor, no me regañe!» No lo estoy regañando, hermano, créame, estoy predicando esto por su propio bien, por el bien de la obra de Dios. Si vamos a lograr esa visión celestial; si vamos a salir de ese letargo, de esa mediocridad en la cual vivimos; si algo va a suceder en nuestro país que influencie a otros países, tenemos que dejar de una vez por todas ese terrible pecado, porque si no, yo lo veo como una terrible tapadera que está impidiendo que Dios bendiga más su obra, que haga algo grande en nuestro país, que algo grande suceda…

Y déjeme decirle algo, yo estoy totalmente de acuerdo con todo lo que se ha predicado, estoy completamente de acuerdo con lo que predicó el hermano Ezequiel Salazar anoche, no estoy contradiciendo su mensaje, no me malentiendan, por favor. Pero yo creo que este problema es el otro lado de la moneda.

Sí, tenemos que esperar en el poder de Dios; sí, tenemos que hacer la obra de Dios con el poder de Él; sí, Él tiene que movernos, pero cuántas veces como leímos en el mensaje de hace un momento, nos ha hablado claramente, Dios ha puesto el dedo en la llaga y Dios nos ha señalado perfectamente nuestro pecado, pero por nuestra mediocridad nos quedamos ahí sentados y no pasamos más que de contentarnos un poquito «¡ay, qué bonito predicó el Pastor!, ¡ay, qué bonito habló!, ¡ay, Dios, háblame!, ¡ay, Señor, muéveme!», y usted quiere que Dios venga y haga lo que Dios claramente le ha dicho a usted y a mí que debemos hacer.

Y estamos cayendo en el mismo error de los pentecostales, ese es el problema de los pentecostales, todo le echan la culpa al Diablo: «¡ay, es que yo no quería pecar! pero el demonio del alcohol me indujo a tomar, y por eso soy borracho… ¡ay, no es mi culpa!». ¡Qué fácil resulta eso! Echarle la culpa al demonio del adulterio, echarle la culpa al demonio del alcohol, echarle la culpa al demonio de la droga y entonces usted no es responsable, ni yo tampoco. «Ah, entonces estamos así porque Dios quiere, entonces estamos bien». No, no es así. ¿Qué es? La mediocridad.

Antes, déjenme decirles, precisamente porque somos mediocres, no somos la clase de padres que deberíamos de ser; precisamente porque somos mediocres, no somos la clase de esposo o esposa que deberíamos de ser; precisamente porque somos mediocres, no somos la clase de hijo que deberíamos de ser; precisamente porque somos mediocres, no somos la clase de maestros de Escuela Dominical que deberíamos de ser; un maestro de Escuela Dominical mediocre no prepara su lección, llega con el manual frente al alumno, o con la lección y nada más se limita a leerla: eso es mediocridad, y usted debería estar sobre sus rodillas, hermano, pidiéndole perdón a Dios, porque usted hizo un compromiso con Dios, no con el Pastor, no con quien lo contrató para ser maestro de Escuela Dominical, usted hizo un compromiso con Dios y usted está siendo mediocre al nada más pararse frente a sus alumnos y leerle la lección de Escuela Dominical, la lección que se le ha dado; nada más limitarse a hacer lo esencialmente indispensable para que no lo corran como maestro de Escuela Dominical. Y lo mismo digo a los capitanes de ruta, y lo mismo digo a los ujieres, y lo mismo digo a los Diáconos, y lo mismo digo a cualquier persona que desempeña cualquier trabajo en la Iglesia. Pero de verdad, que nos hemos conformado y nos hemos metido en la cabeza que así somos, «pues es que así semos, Pastor, ni modo, ¿qué quiere que haga?».

¿Qué es la mediocridad?, ¿sabe qué es la mediocridad? Es un pecado. No es algo que no ofende a Dios.

Precisamente porque somos mediocres, hacemos una promesa a la obra misionera y luego nunca la cumplimos, precisamente porque somos mediocres como señalaba el hermano, no diezmamos: un domingo sí, tres no, otro domingo sí, cuatro no. Es un pecado.

Precisamente eso es lo que el Señor estaba atacando aquí en la Iglesia de Laodicea, miren otra vez lo que dice el Apocalipsis capítulo 3, versículo 14: Cristo mismo está hablando, Cristo mismo está señalando, denunciando el terrible pecado de esta Iglesia, la Iglesia de Laodicea, dice aquí: «14 Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios, dice esto: 15 Yo conozco tus obras,», y hermano, créamelo que Dios conoce sus obras, por eso lo señala, dice: «que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! 16 Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca». El gran pecado de la Iglesia de Laodicea es que ellos habían llegado a un nivel de conformidad, de mediocridad, se habían adaptado a los estándares de este mundo, a las normas de este mundo, ellos habían llegado a decir: «bueno, ya tenemos lo que queremos materialmente hablando, ya alcanzamos el nivel que queríamos, entonces ya no hay que seguir luchando». Y eso no es correcto.

Siempre en el cristiano debe existir un espíritu de superación, un deseo de hacer bien las cosas, un deseo de agradar a Dios, porque lo estamos haciendo para Él, jamás deberíamos conformarnos con lo que estamos haciendo para Dios. Pero ¡cuántos cristianos se han conformado! cuántos Pastores han llegado al límite de decir: «bueno, ya tengo mi Iglesita, ya saco para el chivo, bueno, pues ya qué…», ya me da más o menos un buen sueldo, ya qué me importa lo demás, ¿que las almas se van al infierno? pues que se vayan al infierno, ya no me preocupa. ¡Qué tragedia! Y eso por decir algo, porque la verdad es que la mayoría de las Iglesias ni siquiera han llegado a ese nivel. ¿y sabe por qué? Porque tenemos un montón de cristianos mediocres, un montón de cristianos tibios.

La mediocridad es el estado mental de una persona satisfecha con poco o con nada, esa es la mediocridad.

Y por eso es que vemos esto inclusive reflejado en los hogares de muchos hogares, cuántos hermanitos en las Iglesias se justifican de que tienen un mugrero en su casa porque son pobres… «Ay, Pastorcito, cierre los ojos», ¡no! hay que abrirlos más, si no me tropiezo con toda la basura que tiene usted ahí. El alterón de trastes ahí amontonados, el montón de ropa ahí guardada, alguna ya hasta pudriéndose, la basura por todos lados: eso es síntoma de mediocridad, eso es pecado delante de Dios. Vemos a personas todas mugrosas, apestosas, piojosas: «ay, es que soy pobre», no, eso no es sinónimo de pobreza, ese es sinónimo de mediocridad: pecado ¡es pecado, hermano! ¿Quién le ha enseñado que: «ay, porque soy pobre voy a andar todo despeinado, todo greñudo, todo pulgoso, roñoso»?, ¿quién le enseñó eso? eso no es correcto, pero ¿verdad que nos hemos conformado? «Ay, Pastor, es que yo soy muy pobre, no tengo para… comprar un poquito de agua y bañarme».

Dice la palabra de Dios aquí, que el Señor reprendió duramente a esta Iglesia: «17 Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo.» Exactamente esa es la condición de muchas personas en nuestro país, pero la tragedia más grande y lo que me preocupa a mí, es verlo reflejado en un montón de cristianos conformados a las normas de este mundo, conformados a lo que se hace en este mundo y tratando de justificarse diciendo: «yo estoy bien». Entiende, hermano, es un pecado terrible, y eso desagrada a Dios tanto como que usted robe, tanto como que usted mate, tanto como que usted sea un mentiroso o un adúltero: desagrada a Dios.

Dios es un dios de orden. El diccionario dice que la mediocridad quiere decir: «de calidad media o mala, regular y torpe», esa es la mediocridad.

Déjenme hablarles acerca de algunos de los resultados de la mediocridad. Precisamente porque somos mediocres, somos negligentes; la palabra negligencia quiere decir «descuido, omisión, falta de aplicación», la Biblia nos pone un montón de ejemplos de personas que fueron negligentes. Por ejemplo, en Josué 18:3, nos dice: «3 Y Josué dijo a los hijos de Israel: ¿Hasta cuándo seréis negligentes para venir a poseer la tierra que os ha dado Jehová el Dios de vuestros padres?». ¿Hasta cuándo seréis negligentes? dice la Palabra de Dios, ahí estaba el pueblo de Israel congregado, y dice Josué: «¿hasta cuándo seréis mediocres?, ¿por qué no hacen lo que Dios les ha encomendado hacer?»

Desgraciadamente, ustedes saben las consecuencias de la negligencia, de la mediocridad, dice en Jueces 1:21, lo que ocurrió precisamente porque el pueblo de Israel fue negligente en obedecer, en cumplir con la orden que Dios les había dejado, y yo sé, que la tarea que nosotros tenemos es tan grande, es tan portentosa, que cuando nosotros volteamos alrededor del mundo y vemos los millones y miles de millones que hay, decimos «es una tarea increíble, es una tarea que no podemos desarrollar», pero hermanos, mientras cada quién no esté haciendo su parte responsablemente, jamás vamos a lograr ni siquiera hacerle cosquillas a ese mundo; pero usted, no se debe de justificar, en eso, usted y yo deberíamos decir «yo tengo que hacer mi tarea, yo tengo que hacer mi trabajo» y a lo mejor, efectivamente no vamos a alcanzar a todo el mundo, pero por lo menos esa debería ser nuestra meta; pero qué vergüenza que estemos encerrados en nuestro circulito: «yo ya soy salvo, yo ya conozco de la Palabra de Dios, y por lo demás, que el mundo ruede, a mí no me importa, no es mi problema», mediocre, ese es un pensamiento mediocre.

«¡Ah! Pues es que nosotros no tenemos dólares». Qué bueno que cuando se escribió la Biblia no había dólares, qué bueno que cuando Cristo le dio la gran comisión a los discípulos no había dólares. La tarea es de nosotros.

«Ay, Pastor, soy muy pobre» y va a seguir siendo pobre, por su mediocridad. ¿No me lo cree? mire, ese es otro resultado, vayamos al libro de Proverbios 6, si no encuentra los libros con facilidad es también por su mediocridad… ya tiene seis meses de ser cristiano y aún no conoce los libros de la Biblia, ya tiene más de un año y jamás ha leído toda la Biblia completa; y me conformaría con que tuviera más de 10 años y hubiera leído la Biblia completa, pero no la ha leído, ¿sabe por qué? por su mediocridad.

En Proverbios 6:6-11 dice: «6 Ve a la hormiga, oh perezoso, Mira sus caminos, y sé sabio; 7 La cual no teniendo capitán, Ni gobernador, ni señor, 8 Prepara en el verano su comida, Y recoge en el tiempo de la siega su mantenimiento. 9 Perezoso», mediocre, «¿hasta cuándo has de dormir? ¿Cuándo te levantarás de tu sueño? 10 Un poco de sueño, un poco de dormitar, Y cruzar por un poco las manos para reposo; 11 Así vendrá tu necesidad como caminante, Y tu pobreza como hombre armado.» Otro resultado de la mediocridad es la pereza, y precisamente por eso es que hay un montón de cristianos que no tienen ni para comer.

«Ay, Pastor, es que me corrieron de mi chamba» ¿por qué? no creo que haya sido porque eras muy trabajador, no creo que haya sido porque usted es muy responsable, porque llegaba a tiempo a su trabajo ¿verdad? No, usted acostumbraba pasársela campechanamente, ahí, meciéndose en su hamaquita, tomando su coquito con agua bien fría.

Por eso estamos como estamos, por eso no podemos ver la bendición de Dios sobre nuestras vidas, y hermano Pastor, esto aplica también a la obra de Dios. Usted no le echa ganas al trabajo en la obra de Dios, no espere que salga para el chivo, no va a salir. «Ay, Pastor, es que la gente aquí en mi Iglesia es muy dura», a lo mejor están nada más reflejando lo que ven en el púlpito cada semana, nada más.

Mire, por la negligencia del pueblo de Israel lo que ocurrió, Jueces 1:21 «21 Mas al jebuseo que habitaba en Jerusalén no lo arrojaron los hijos de Benjamín, y el jebuseo habitó con los hijos de Benjamín en Jerusalén hasta hoy». Luego en el versículo 27: «27 Tampoco Manasés arrojó a los de Bet-seán, ni a los de sus aldeas, ni a los de Taanac y sus aldeas, ni a los de Dor y sus aldeas, ni a los habitantes de Ibleam y sus aldeas, ni a los que habitan en Meguido y en sus aldeas; y el cananeo persistía en habitar en aquella tierra». Versículo 29 y 30: «29 Tampoco Efraín arrojó al cananeo que habitaba en Gezer, sino que habitó el cananeo en medio de ellos en Gezer. Extensión de las conquistas de las demás tribus  30 Tampoco Zabulón arrojó a los que habitaban en Quitrón, ni a los que habitaban en Naalal, sino que el cananeo habitó en medio de él, y le fue tributario.»

Y ahí sigue diciéndonos todo lo que el pueblo de Israel no hizo ¿por qué no lo hizo? por causa de su negligencia. Y dice la Biblia que al ratito, esas naciones comenzaron a crecer y a hacerse más fuertes, y en vez de que el pueblo de Israel los sojuzgara, ahora ellos estaban siendo sojuzgados. ¿Saben por qué? por su mediocridad.

Es cierto que Dios nos está bendiciendo, sí es cierto que Dios está haciendo algo en nuestro país, yo. lo puedo ver. Dios me ha dado la bendición de viajar por todo el país y predicar en tantos lugares, y ver que Dios se está manifestando, pero yo no quisiera ver que esa bendición de Dios acabara por causa de nuestra mediocridad.

Y qué tremendo que si no aprobamos esta bendición de Dios, este impulso que Dios nos está dando, al ratito tengamos que ver que las puertas se cierran; o al ratito tengamos que ver que el pecado está creciendo tanto en nuestro país, que está apagando lo que Dios está haciendo, y hermano, eso no va a ocurrir si nosotros de verdad dejamos a un lado la mediocridad, la negligencia, la pereza, y empezamos a hacer la obra de Dios como Dios quiere que sea, y dejamos de justificar todos nuestros pecados y dejamos a un lado toda esa mediocridad y empezamos a hacer la obra de Dios como Él quiere que sea hecha.

Qué vergüenza que haya Pastores que son tan mediocres, que jamás leen la Biblia, Pastores. Pastores que no pasan un tiempo en oración, se creen Superman, ya no necesitan la ayuda de Dios, ya no necesitan la enseñanza de Dios, ya solitos pueden. Esa es la razón por la cuál algunos Pastores no quieren asistir a conferencias como esta: «Ay, para qué, siempre es lo mismo», no, no es lo mismo, yo estoy seguro de que no había escuchado un mensaje como este.

Otro resultado de la mediocridad, es la indolencia, la palabra indolencia quiere decir: «que no se afecta o conmueve, descuido»; otro resultado de la mediocridad es la apatía, apatía quiere decir: «impasibilidad del ánimo, indiferencia, falta de decisión, dejadez, indolencia»; como producto de la mediocridad viene la desobediencia, como producto de la mediocridad viene la carnalidad, como producto de la mediocridad viene la rebeldía, como producto de la mediocridad viene la mundanalidad, viene el robo, viene la mentira, viene el conformismo, vienen los vicios; la lista es larga. ¿Cuántas cosas trae la mediocridad? muchísimas.

¿Cómo acabar con la mediocridad?, ¿qué tenemos que hacer para acabar con este terrible pecado, con este terrible problema que tenemos? Primeramente veamos en Proverbios 28:13. Algunos por su mediocridad, ni Biblia llevan a la Iglesia. «No, Pastor, es que yo vengo del trabajo» ¿y por qué no se la lleva al trabajo? «es que no quiero que sepan que soy cristiano» ah, ese es el problema, esa es la razón. Proverbios 28:13 es un versículo muy conocido, algo que predicaba nuestro hermano Luís hace un momento: «13 El que encubre sus pecados no prosperará; Mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.» Esa es la razón por la cuál usted y yo tenemos que ser honestos en esta noche, y decirle al Señor: «sí es cierto, yo te prometí que iba a leer la Biblia, en enero, la iba a leer diariamente y me cansé muy pronto, la leí nada más dos o tres días y ya la abandoné, perdóname, Señor en esta noche. Señor, yo te prometí que iba a ganar almas, por lo menos una vez cada semana iba a ir a ganar almas y muy pronto me desanimé. Perdón, Señor porque yo te prometí que iba a dar tal cantidad para la hora misionera, para la construcción y nada más lo di dos domingos y luego se me olvidó. Perdóname, Señor.» Usted debería de hacer eso, el primer problema para acabar con la mediocridad es reconocer que tiene usted ese problema. Mientras usted no reconozca que tiene ese problema, todo le va a pasar por arriba, todo le va a importar poco, pero no, es necesario comenzar reconociendo, diciéndole «Señor, sí es cierto, yo tengo ese problema, por eso no soy la clase de padre que debo de ser; por eso soy la clase de esposo que no debo ser; me molesta cada vez que mi hijo me pide tiempo, me molesta cada vez que mi esposa quiere hablar conmigo, me enojo cada vez que algo sale mal en la casa… porque he sido mediocre».

Ese es el primer paso. Para resolver cualquier problema el primer paso es reconocer que tenemos el problema; si no lo reconocemos ¿cómo lo vamos a resolver?, ¿cómo vamos a buscar la ayuda que necesitamos para resolver el problema? Reconózcalo, «El que encubre sus pecados no prosperará».

¿Cuántos cristianos meten su cabeza en la arena?, en un hoyo como los avestruces y creen que ya está resuelto el problema, «No, no existe el problema, no, no existe». Cuando llega y le da el golpe, entonces está llorando, entonces sí ve las consecuencias y entonces quiere que el Pastor le resuelva sus problemas con una varita mágica. No, no encubra su pecado, hermano. En esta noche, honestamente, humildemente, venga delante de Dios y dígale: «Señor, sí es cierto, yo tengo ese problema, yo he sido un mediocre».

Hemos escuchado cantar aquí, ¿usted cree que nada más de repente se pusieron en la mente la idea de cantar y ya cantaron? Yo sé que algunos tienen talento, algunos traen la habilidad, la capacidad innata de la música, tienen buena voz, tienen buen oído, saben entonarse… pero muchos no, han tenido que estar trabajando y trabajando, practicando y practicando, hasta que al fin, logran superar ese problema.

Pero por causa de no reconocer nuestro problema, ahí lo seguimos apapachando. «No, yo no tengo ese problema, no es cierto que el Pastor me pidió que yo fuera maestro de Escuela Dominical, pero no, es que yo tengo miedo de hablar al público, es que a mí me da mucho miedo, es que yo soy muy nervioso y yo nada más me paro ahí frente a la gente y tiemblo como una gelatina». ¿Usted cree que todos los que estamos aquí al frente predicando, no tuvimos ese problema? Está comprobado que uno de los temores que tiene el ser humano es a pararse en público y hablar delante de toda la gente, no importa que el grupito sea de cinco personas, diez personas. Tenemos que superar ese problema, y si Dios ha puesto en nuestro corazón, en nuestra mente ese deseo, hágale caso a Dios. Él sabe que usted sí puede, sí puede, nada más tiene que dejar su mediocridad.

«Ay, no, es que yo no sé ganar almas, y me da mucha vergüenza hablar» y de cuántas cosas habla, y habla de muchas cosas que no debería hablar; no me diga que le da miedo hablar, ¡claro que sabe hablar! Pero ¿sabe por qué no se atreve a hablarle a otra gente de Cristo? Por su mediocridad.

Reconozca su problema, hermano ¡reconózcalo, admítalo! Porque si no lo reconoce, dice la Biblia: «tu pecado te alcanzará». Un día, ya escuchamos el mensaje anterior, van a venir las consecuencias de nuestro pecado; ¡créanlo! van a venir y nosotros como país estamos sufriendo las consecuencias de la mediocridad de todo mundo: nadie es responsable, nadie hace su trabajo, nadie cumple con responsabilidad; por eso vamos a una dependencia de gobierno y ahí nos entretienen quién sabe cuánto tiempo, por eso vamos a buscar tal o cual ayuda en un trabajo, y aunque estamos pagando el maestro es irresponsable, el mecánico es irresponsable, el carpintero es irresponsable… y muchos de esos son cristianos.

Reconozca, en segundo lugar, confiéselo, arrepiéntase de su pecado. Dice aquí: «El que encubre sus pecados no prosperará, mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia», hermano, reconozca que es un pecado, luego confiéselo diga al Señor: «Señor, perdóname, yo quiero salir de este letargo, yo quiero salir de este hoyo, yo quiero salir de este problema que tengo».

El tercer paso, necesita crucificar su carne. Porque la Biblia nos dice, ahí en el libro de Gálatas 5:19 nos dice: «19 Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia,» y en el versículo 21: «21 envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas;» fíjense bien: «cosas semejantes a estas». Añádale lo que quiera, pero veamos ahora el versículo 24: «24 Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.» ¡Crucifique su carne, hermano! porque la carne es perezosa, la carne es negligente, la carne es descuidada, la carne es apática, la carne es indolente; no le gusta trabajar, no le gusta sacrificarse, no le gusta sufrir, le gusta quedarse en la cama ahí acostado hasta las 10, 11 de la mañana, 12 del día ¿a poco no? ¿a poco cuando usted tiene que levantarse temprano, a las 5 de la mañana, 6 de la mañana a trabajar, usted se levanta pero si bien contento y gozoso: «¡qué bueno que me puedo levantar!» No, usted quiere quedarse ahí hasta las 10 de la mañana, 11 de la mañana, especialmente cuando está en conferencias y se queda toda la noche platicando de cosas que no debería platicar. Y esa es la razón por la que algunos hermanitos llegan aquí a la conferencia y están durmiéndose, perdiendo el tiempo en realidad, malgastando el dinero porque luego ¿para qué venimos? Venimos a una conferencia y luego no escuchamos nada, no oímos nada, no sacamos nada de provecho… o lo que es peor, venimos a la conferencia y nos enojamos con mensajes como este. Crucifique su carne, ¡crucifíquela! Tráigasela esta noche al Señor y dígale: «Señor, mata esta carne, esta carne tan perezosa, esta carne tan sentida, esta carne tan negligente… ¡mátala, Señor!». Dice aquí la Biblia claramente que «los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos».

Cuarto paso para acabar con la mediocridad: debemos vigilarnos para no caer nuevamente en ese pecado. Porque qué fácil, nada más cerramos los ojos y ya, otra vez estamos en el mismo hoyo.

Quinto paso, ataque un problema a la vez. No trate de resolver todos los problemas de un solo jalón porque no va a poder, y se va a desanimar, y se va a hacer más mediocre. Por ejemplo, ¿no ha leído la Biblia diariamente?, ¿no ha orado?, ¿no ha ganado almas?, ¿no ha asistido fielmente a la Iglesia?, ¿no ha diezmado?, ¿no ha tratado a sus hijos como debe tratarlos? Yo le recomendaría que se tratara la meta, por lo menos durante 15 días, de atacar un problema. Propóngase como meta, durante 15 días como mínimo, leer la Biblia diariamente; no ataque los demás problemas: uno por uno. Haga una lista de todos sus problemas y empiece a atacar uno, hasta que se convierta en un hábito positivo en usted. Ya logró durante un mes, leer la Biblia diariamente, siga con ese buen hábito… pero ahora ataque otro problema, el no orar; ¡uno por uno! Repito, no intente resolver todos los problemas de un jalón porque no va a poder, y se va a desanimar y va a decir «¡no se puede!, ¡no se puede!, ¡no se puede!». Trate de evitar que salgan de su boca malas palabras, ataque ese problema: uno por uno a la vez.

¿Qué es lo que sustituye a la mediocridad? La Biblia nos dice que Dios nos creó, y Dios nos creó con un espíritu de superación, es parte de nuestra naturaleza; Dios nos creó con el espíritu de salir adelante, de superarnos, de alcanzar nuevas metas. Cada cuatro años se celebran los Juegos Olímpicos, y eso nos prueba que efectivamente, el ser humano tiene la capacidad de superarse: siempre se están rompiendo nuevos récords, siempre se están alcanzando nuevas metas, siempre se está logrando algo más.

Que esas mismas habilidades, que esos mismos talentos que tiene toda la gente los utilizáramos para hacer la obra de Dios ¿dónde estaríamos ya?, ¿dónde estaría la obra de Dios? Pero desgraciadamente, dejamos que este mundo utilice todas esas habilidades, todo ese espíritu de superación para cosas perversas, diabólicas muchas de ellas, porque cada vez inventan más y más formas de pecar. Y tratan de rociar, regar su pecado en toda la raza humana. ¿Y nosotros los cristianos? De hecho, ¿cuántas veces ganando almas, personas me han dicho: «no, yo no voy a esas Iglesias, porque los cristianos son unos mediocres»? les lavan el coco ahí, y ya los tienen como robots. ¡Qué lástima que en muchos casos sí tienen razón!, ¿verdad?

Hermano, no estoy diciendo que debemos de buscar un materialismo, no. Hay una línea tan delgada entre lo que es mediocridad y lo que es materialismo, que a veces nosotros nos justificamos diciendo: «no, es que yo no soy materialista», y por eso caemos en la mediocridad.

Yo no estoy diciendo que debemos de trabajar para amontonar riquezas si es que Dios no nos las da; porque yo creo que Dios puede bendecir, dice la Biblia que la bendición de Jehová eso trae, precisamente, como consecuencia, pero dice que «no añade tristeza con ella», y Dios puede bendecir, y yo conozco algunos hermanos en nuestra Iglesia que han prosperado materialmente en una forma increíble, y es la bendición de Dios, de eso a mí no me cabe la más mínima duda. Yo no creo que nosotros debemos de correr detrás de las cosas materiales, pero que eso no sea pretexto para decir: «Bueno, aquí me conformo con mi chambita, la voy a hacer mediocremente, y ahí a ver qué sale». No, si usted es carpintero, debería ser el mejor carpintero del mundo; si usted es mecánico, debería ser el mejor mecánico del mundo; si usted es doctor, debería ser el mejor doctor del mundo.

Dios necesita ese tipo de personas también y Dios quiere que usted sea esa clase de cristiano.

Lo que sustituye la mediocridad, es la disciplina, las metas, la diligencia.

Mire nada más un ejemplo de esto, en 2 Crónicas 32:5, dice la palabra de Dios: «5 Después con ánimo resuelto edificó Ezequías todos los muros caídos, e hizo alzar las torres, y otro muro por fuera; fortificó además a Milo en la ciudad de David, y también hizo muchas espadas y escudos». Ezequías fue uno de los mejores reyes que tuvo la nación de Judá. Dice la Palabra de Dios aquí que «con ánimo resuelto», con determinación, con decisión dijo: «vamos a reconstruir estos muros, vamos a levantar esta ciudad, vamos a hacer lo que tenemos que hacer», no solamente eso, en el libro de Isaías, capítulo 38:1-5, tenemos que la Palabra de Dios nos habla de este mismo rey: «1 En aquellos días Ezequías enfermó de muerte. Y vino a él el profeta Isaías hijo de Amoz, y le dijo: Jehová dice así: Ordena tu casa, porque morirás, y no vivirás. 2 Entonces volvió Ezequías su rostro a la pared, e hizo oración a Jehová, 3 y dijo: Oh Jehová, te ruego que te acuerdes ahora que he andado delante de ti en verdad y con íntegro corazón, y que he hecho lo que ha sido agradable delante de tus ojos. Y lloró Ezequías con gran lloro. 4 Entonces vino palabra de Jehová a Isaías, diciendo: 5 Ve y di a Ezequías: Jehová Dios de David tu padre dice así: He oído tu oración, y visto tus lágrimas; he aquí que yo añado a tus días quince años.»

¿Qué hizo Ezequías en esos 15 años? Una de las grandes cosas que hizo Ezequías en esos quince años se nos narra que Ezequías se esforzó, fue con ánimo resuelto, decisión, determinación, en Proverbios 25:1, nos dice la Palabra de Dios: «1 También estos son proverbios de Salomón, los cuales copiaron los varones de Ezequías, rey de Judá:». ¿Sabe yo qué creo que hizo Ezequías en esos quince años más que Dios le regalo de vida? él no fue mediocre, él dijo «Señor, tú me has regalado este tiempo, quiero aprovecharlo bien». Él recopiló todo el Antiguo Testamento hasta donde existía. Él trajo varones sostenidos por él y dijo: «recopílenme todo el Antiguo Testamento». Y en mi opinión, tenemos gran parte del Antiguo Testamento, como lo tenemos hoy en día, gracias al rey Ezequías.

¿Sabe usted qué me dice eso? Que si usted se traza metas, que si usted se disciplina, que si usted deja a un lado la negligencia, la apatía, la indiferencia, la mediocridad, usted puede lograr algo para Dios; y a lo mejor nadie lo sabe, ¡pero qué importa! Usted no lo está haciendo para los hombres, usted lo está haciendo para Dios.

Mire, un estímulo para dejar la mediocridad. En Mateo 13:10-12 nos dice: «10 Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas? 11 El respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado. 12 Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.» Al que tiene, dice la Biblia, y es diligente, y es responsable, y es cumplido, se le va a dar más; pero al que no tiene, o que recibió pero ha sido descuidado, como ese siervo malo y negligente, que a pesar de que recibió un talento fue y lo enterró y no lo puso a trabajar, aún lo que tiene le será quitado.

Y veamos ahora el versículo 13: «13 Por eso les hablo por parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden.» Noten, oyen y ven, pero no quieren entender; no quieren entender, no quieren ver lo que es real delante de sus ojos: «14 De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dijo: De oído oiréis, y no entenderéis; Y viendo veréis, y no percibiréis. 15 Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, Y con los oídos oyen pesadamente, Y han cerrado sus ojos; Para que no vean con los ojos, Y oigan con los oídos, Y con el corazón entiendan, Y se conviertan, Y yo los sane» ¿Sabe por qué estos no quieren oír?, ¿sabe por qué no quieren ver?, ¿sabe por qué no quieren cambiar? Porque son mediocres. Ven, oyen, entienden… pero están contentos con sus pecados. Por eso es que Cristo dice que les hablaba con parábolas, «porque viendo, no ven, porque oyendo, no entienden».

Pero luego nos dice: «16 Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen. 17 Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.» Lo que aquí Cristo está diciendo es: «Ustedes son más bendecidos que los antiguos».

Nosotros somos más bendecidos, porque los antiguos, las personas del Antiguo Testamento, oían que iba a venir un Redentor, oían que iba a venir un Mesías, oían que iba a venir un Dios hecho hombre.

Nosotros oímos y conocemos lo que ya ocurrió, aquí tenemos el testimonio fehaciente de eso. Usted y yo somos más bendecidos que los del Antiguo Testamento. Son palabras de Cristo.