Señor Dame Este Monte

Dame,  pues,  ahora este monte,  del cual habló Jehová aquel día;  porque tú oíste en aquel día que los anaceos están allí,  y que hay ciudades grandes y fortificadas.  Quizá Jehová estará conmigo,  y los echaré,  como Jehová ha dicho. -Josué 14:12

Lo que muchos de nosotros necesitamos es pedirle a Dios unos cuantos montes. Un monte es un desafió. Subir a un monte es un reto. Subir a un monte es tener un propósito en la vida. Y muchos son los que andan por ahí desanimados, deprimidos, desalentados, porque no han encontrado el propósito de sus vidas. Que llegan a casa de trabajar, se meten en la cama y no quieren saber de nada más. No tienen un propósito. El trabajo no llena ese propósito. Los vicios como el alcohol, el fumar y las drogas, no llenan ese propósito. Lo único que puede dar propósito a nuestras vidas es Dios. Él es quien tiene un plan perfecto para nuestras vidas. Y cuando yo leo la Biblia, cuando yo estudio Su Palabra, es entonces que puedo reconocer ese propósito. El diablo nos quiere hacer pensar que nuestro propósito es la fama. Que no hay nada mejor que ser famosos. El diablo quiere que pensemos que nuestro propósito es el tener dinero. Que no hay nada mejor que tener mucho dinero. El diablo quiere que pensemos que tener muchas mujeres es lo máximo en la vida. Pero la verdad es que la fama se acaba. El dinero se acaba. La hermosura se acaba. ¿Y con qué te quedas? Con nada. Con problemas. Con depresión y ganas de querer morir.

Caleb sabía que la voluntad y el propósito de Dios para su vida era ese monte. Pero no era un monte común y corriente. Era un monte… con un montón de gigantes. Era un monte con ciudades grandes y fortificadas. Podríamos pensar que Caleb estaba loco. Sus amigos quizá le dijeron que no iba a poder contra los gigantes. Su familia quizá le dijo que lo iban a matar en el primer intento. El diablo lo trató de desanimar por 45 años. Los primeros 40 años en el desierto el diablo quizá le dijo: «Caleb… todos tus amigos y familiares se están muriendo aquí en el desierto.» Quizá le dijo: «Dios no te va a dar esa tierra. Deja a Dios. Niega a Dios. Murmura contra Dios.»

Después que entraron a la tierra prometida y de que lucharon por cerca de 5 años, quizá el diablo le dijo: «Caleb, vas a morir en una de estas batallas.» «Ni creas que Dios te va a dar lo que te prometió.» Pero Caleb cumplió siguiendo a Dios. Caleb nunca se desanimó. Caleb siguió adelante.

Cada día de su vida, Caleb se levantaba con un propósito. Con un monte en su vida. Cada día él decía: «Señor, dame ese monte que Tú me prometiste.» Cada mañana él oraba: «Señor, no voy a dejar de luchar y vivir por Ti, hasta que me des ese monte.» Él creía y confiaba en las promesas de Dios.

Hay algunos montes que debemos de alcanzar. Uno de los montes más importantes para alcanzar son las almas que se están yendo al infierno. Necesitamos a unos cuantos pastores y misioneros e hijos del Gran Rey que digan: «¡Señor, dame este monte!» «¡Señor, dame esta ciudad!» No importa que sean bien católicas. No importa que haya gigantes. No importa que sea en otro país y que hablen otro idioma. «¡Señor, dame este monte!»