Celebramos 10 años Imprimiendo la Revista El Fundamentalista

«Debemos siempre dar gracias a Dios por vosotros, hermanos, como es digno, por cuanto vuestra fe va creciendo, y el amor de todos y cada uno de vosotros abunda para con los demás.» ~ 2 Tesalonicenses 1:3.

Pablo, es sus cartas, menciona la palabra gracias 44 veces. El Señor Jesucristo, varias veces nos enseñó a como dar gracias. Una y otra vez la Palabra dice: «Y habiendo dado gracias.» Juan 11:41 dice: «Padre, gracias te doy por haberme oído.» El Señor Jesús ciertamente estaba agradecido con Dios Padre. La Biblia menciona esta palabra 83 veces en 80 versículos. Dios quiere que cada creyente esté agradecido… «Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.» 1 Tesalonicenses 5:18.

Hemos llegado a nuestra edición número 61 de El Fundamentalista. Y lo primero que puedo decir es que GRACIAS sean dadas a Dios por permitirnos llegar hasta donde hemos llegado. No es, sino por la Gracia de Dios, que todavía seguimos adelante imprimiendo está revista.

Pablo le escribe a Timoteo en 2 Timoteo 2:6 y le dice: «…te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti…» Es nuestro deseo también, que con nuestra labor, el fuego de Dios se avive en usted. Vivimos en días difíciles, en donde el diablo está ganando terreno en cuestión de literatura y de muchas cosas más. Esperamos y oramos, que siga siendo edificado y que siga adelante por el Señor, sabiendo que nuestro trabajo en el Señor no es en vano.

El Fundamentalista empezó hace más de 10 años con una sencilla visión:

Juntos alcanzar a nuestro mundo para Cristo ganando almas.

Edificar familias fuertes para que sirvan al Señor.

Suplir de mensajes poderosos de grandes hombres de Dios.

Urgir a los cristianos a vivir una vida separada para el Señor.

Sembrar el evangelio por todo el mundo a través de este medio.

Muchas, muchas gracias por su apoyo a esta humilde revista. Espero que haya y siga sido una bendición para su vida. Le pedimos que ore por nosotros para que sigamos adelante.

Sinceramente,

Arturo Muñoz

El Gemir De Las Almas Perdidas

Quiero llamar su atención a Ezequiel 9:4. La Palabra de Dios nos habla de una visión, de una matanza que Dios ordenó allí en Jerusalén. Pero aquí en el versículo 4 Dios les está mandando algo: «y le dijo Jehová: Pasa por en medio de la ciudad, por en medio de Jerusalén, y ponles una señal en la frente a los hombres que gimen y que claman a causa de todas las abominaciones que se hacen en medio de ella.»

Quiero contarles un poco de mi testimonio de salvación. Somos 13 hermanos, y yo soy el número 13, el más pequeño de todos. Mi padre fue un hombre alcohólico. Y cuando yo tenía uso de razón, mi padre ya era grande de edad. Él nos disciplinaba, nos golpeaba, nos latigaba, a veces nos sangraba las piernas y nos ponía allí en medio de la casa con medio ladrillo en la mano o con una piedra en cada mano. (Él quería tener un régimen allí en el hogar). El típico hogar mexicano. En ese tiempo no se oía de derechos humanos. Un militar amigo de mi papá que sabía como él nos trataba me dijo: – Mira, entiende un poco a tu papá, mira a nosotros cuando nos castigan nos ponen hincados allí con la metralleta y pobres de nosotros si bajamos las manos…- (Porque no había derechos humanos en ese entonces, hace ya como 25 años). No había un día que mi padre no se emborrachara, y yo recuerdo a mi padre agarrar a mi madre del cabello, y jalándola como a un trapeador por toda la casa, arrastrándola y cacheteándola. Mi madre tenía hasta una herida de un machetazo de una vez que mi padre alcoholizado le dio con un machete a mi mamá. Pero mi madre cuando nació fue huérfana. A los meses de vida se le murió su mamá, y les inculcaban que el matrimonio es hasta que la muerte los separe.

Y yo recuerdo que por la falta de amor en mi hogar, y por todo lo que estaba allí sucediendo en mi entorno familiar, a la edad de 9 años comencé a usar drogas. Me empecé a ir por la puerta fácil, me empecé a ir por la puerta falsa. Y a la edad de 11 años, yo ya conocía todo tipo de fármaco. Yo ya inhalaba resistol 5000, tinher, gasolina, y todo tipo de pastillas, etc… Yo recuerdo que a la edad de 14 años, drogado, yo agarré a mi padre y le puse una navaja en su cuello, estuve a punto de matar a mi padre. Gracias a Dios que llegaron los judiciales, me llevaron a la correccional para menores y estuve allí por un año y medio. Y no me querían dejar salir, y me escapé de allí. Y para no hacer la historia muy larga, a la edad de 18 años de edad, yo estaba pisando una prisión de máxima seguridad en el país de los Estados Unidos. Desafortunadamente, comencé a tatuarme, y a mí me avergüenza esto, pero hay un propósito por lo que lo estoy contando. Yo quiero glorificar y honrar el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Desafortunadamente, traigo tatuado desde las muñecas de las manos hasta la cintura, casi todo lo que abarca la camisa. Porque ese fue el ambiente donde yo crecí, en las pandillas en el país de los Estados Unidos, en la ciudad de Los Ángeles, California. Por muchas maneras, he tratado de quitarme los tatuajes, pero no he podido, me avergüenzan. No hallo como cubrirme para que no me vean, y siempre hay la sensación de que por allí se ve algo y siempre estoy con esa carga.

Una vez me querían dar 25 años de cárcel por haber balaceado a otros 5 pandilleros. Y entiendo la Escritura cuando dice: «Con amor eterno te he amado, por tanto te prolongué mi misericordia.» Y por la Gracia de Dios lo tomaron como «gang related» (relacionado a las pandillas), porque no fueron los jóvenes estos a la corte. Y solamente estuve 5 años en la prisión. Yo salí bien rebelde. Me inyectaba la heroína, me inyectaba cocaína, metanfetaminas. Me inyectaba 10-15 veces al día, 10-15 veces en la noche. Duraba 3 días y 3 noches sin dormir.

Mi madre se la pasaba noches en vela, llorando, quebrantada, rogando a un Dios que nos salva. Porque como quiera que sea, los padres siempre nos van a amar, a veces aunque no lo manifiestan para no echarnos a perder más… pero por dentro se están desbaratando. Y yo recuerdo que por la gracia de Dios, el 18 de noviembre, me predicaron el Evangelio, y por su gracia, soy lo que soy.

La Biblia nos dice que nuestro Dios miró el gemir de las almas, Él mira el mundo, a su creación. Él es el Creador de los cielos y la tierra. Él es el Dios soberano, Él es el omnipotente, Él es sobre todas las cosas. Y este Dios Creador, este Dios poderoso, es el Dios que nos amó de una manera increíble, de una manera que no podemos nosotros tan siquiera contemplar. El grandioso amor de nuestro Dios que por amor de nosotros se hizo pobre para que nosotros fuésemos ricos. Él vino a este mundo a dar su vida por los pecadores.

Y quiero decirles en primer lugar que el pecado nos hace gemir.

Dios mira a la gente gimiendo, Él mira a la gente quebrantada, Él mira como la gente es destruida por causa del pecado. La Biblia nos dice en Romanos 6:23 «Porque la paga del pecado es muerte…» Dios lo ha establecido, es un decreto de nuestro Dios, que el pecado trae consecuencias, que el pecado destruye, que el pecado alcanza. La paga de nuestros pecados, dice la Biblia, es la muerte. Y es triste que a veces muchos de nosotros, como cristianos, no lo creemos. La Biblia dice en Gálatas 6:7 «No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.» Nadie puede engañar a nuestro Dios. Aun los predicadores pudiéramos ser hipócritas, pero de Dios nadie se burla. Hay un Dios en los cielos, hay un Dios soberano, y Dios dice que lo que tú y yo sembremos, ¡eso vamos a cosechar! Dice la Biblia que el pecado trae consecuencias, el pecado quebranta. El ser humano es soberbio por naturaleza. El ser humano menosprecia a nuestro Dios. El ser humano menosprecia la Palabra de Dios. Y allí está el alcohólico emborrachándose, mofándose de Dios y después los ves en los hospitales muriendo de cirrosis, quebrantados, derramando lágrimas… ¡porque su pecado los ha alcanzado!

Qué triste es la condición del hombre desde la caída por causa del pecado. La Palabra de Dios nos dice en Números 32:23 «Mas si así no lo hacéis, he aquí habréis pecado ante Jehová; y sabed que vuestro pecado os alcanzará.» Ciertamente el pecado tarde o temprano nos va a alcanzar, si no nos arrepentimos.

Recuerdo que cuando yo fui salvo, fue algo precioso para mi vida. El ver una vida diferente, no más drogadicción, no más cárcel, no más quebranto… Y aunque ciertamente sí hay pruebas, y la vida cristiana no es un lecho de rosas, pero no hay mejor vida que la vida cristiana.

Nuestro Dios es misericordioso en gran manera, nuestro Dios es bueno, un Dios consolador, un Dios de paz, un Dios de amor, un Dios que provee, un Dios que no nos da lo que merecemos. Antes bien, dice la Biblia que aun cuando nosotros somos infieles, Él permanece fiel.

Todo fue hermoso cuando yo fui salvo. Fui a la casa de mi pastor y le dije: -Pastor, yo sé que he sido salvo, pero ha sido una vida de drogadicción…12 años de mi vida drogándome todos los días… ¡No puedo dejarlo! Y el pastor me dijo: -Mira, si verdaderamente has sido salvo, dice la Biblia que: «Si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.»

¡Oh, gloria a Dios por lo que Cristo vino a hacer por la humanidad, no solamente nos da vida eterna, nos da libertad de tanto quebranto, nos da libertad del pecado!

Y el pastor me dijo: -Si estás dispuesto a cambiar, de este día en adelante vas a vivir en mi casa. Y estuve viviendo un año en la casa de mi pastor, con luchas, con pruebas, pero por la gracia de Dios de un día para otro deje las drogas, así nada más.

A los tres meses de ser salvo, ya no me drogaba, nada de drogas, pero un sábado en la mañana me levanté a desayunar y sentía que la camiseta me brincaba. Mi mamá como que se preocupó y me dijo: -Hijo, ¿te sientes bien? Le dije: -Sí mamá, no pasa nada, no se preocupe. Y yo recuerdo que me metí al baño de la casa y empecé a tocarme el corazón, y para no asustarla me salí, tomé un taxi y me fui rápido a hospital. Y recuerdo que allí en la Cruz Roja, me pusieron algo en los oídos para detectar mis signos vitales, y nada más se hacían señas entre ellos, y luego me dijeron: -Sabes que, te vamos a pasar aquí en frente, a la clínica allá, porque te van a hacer un electrocardiograma. Y empezó a invadirme la tristeza porque dije: «Dios mío, algo no anda bien.» Sentía que el corazón se me iba a salir. El cardiólogo me dijo: -Mira joven, el corazón te debe de latir de 60-70 veces por minuto, y cuando el corazón te empieza a latir más de 100 veces por minuto se considera una taquicardia, pero cuando el corazón late de 150- 180 veces por minuto es una taquicardia muy peligrosa y la persona puede caer muerta en cualquier momento. Mi corazón estaba latiendo a casi 200 veces por minuto. Y además de la taquicardia que yo traía, traía 5 arritmias sinusales, quiere decir que mi corazón estaba fuera de ritmo. Sentía el corazón desenfrenado, de repente latía muy rápido, y de repente se detenía, y latía más lento. Y yo recuerdo que empecé a pensar: «Pues gloria a Dios, yo sé que voy a ir al cielo.» Pero me empecé a entristecer y dije: «Dios mío, ¿por qué? ¿Por qué desperdicie mi vida en el pecado?»

Pero Dios fue bueno conmigo. Durante un año tomé medicina, conocí a mi esposa, nos casamos y queríamos tener hijos. Pero perdimos a nuestros dos primeros bebés. Fue algo bien triste cuando mi esposa se embarazó y a los tres meses perdió al bebé. Y después se vuelve a embarazar y vuelve a perder al bebé. Yo pensé que no íbamos a poder tener hijos. Dije: «A lo mejor hay un problema en mí por tanta droga que usé.» Y en el tercer embarazo de mi esposa, tuvo amenazas de aborto, mis suegros estaban en Guadalajara y mi pastor me dijo: -Mira si quieres vete para Guadalajara por un tiempo para que no dejes sola a tu esposa. Y nos fuimos a Guadalajara porque ella siguió con amenazas de aborto.

Recuerdo que un día yo venía del trabajo, le ayudaba al Hno. Roberto Murillo trabajando en albañilería y yo ya venía llegando a la casa cuando de repente sentí otra vez que el corazón se me empezaba a salir, después de casi cuatro años de haber dejado las drogas. Y recuerdo que le dije a mi suegro: -Sabes que suegro, por favor no le digas nada a Adriana, no le digas nada a mi esposa, no vaya a ser que se ponga triste y vayamos a perder el otro bebé. Y recuerdo que llegué a la clínica y el doctor me empezó a decir: «Joven, está usted joven ¿Por qué desperdicia su vida? ¡Vienes muy mal, vienes muy grave! ¡Estás muriendo joven! ¿Qué es lo que consumiste? ¿Qué droga te metiste? ¡Necesito que me digas! ¿Qué fue lo que hiciste? Dime para poder contrarrestar esa droga. ¡Vienes bien grave!» Y recuerdo que empecé a quebrantarme, y le dije: -No doctor, yo soy cristiano doctor, por la gracia de Dios soy nueva criatura, tengo años, años, doctor, que no me drogo. Lo que pasa doctor, es que ¡el pecado trae consecuencias! ¡El pecado nos alcanza, doctor, y va a donde más nos duele y cuando menos lo esperamos! ¡Porque de Dios, nadie se burla! Lo que el hombre sembraré, eso también segará. Y yo recuerdo qué triste la situación allí. El doctor no lo podía creer. Después me llevaron con otro cardiólogo. Y si es cierto que el pecado nos hace gemir, pero gloria a Dios que Él escucha el gemir del alma. ¡Gloria a Dios que Él escucha el gemir de los quebrantados! ¡Gloria a Dios que es un Dios de misericordia! Fui a ver a uno de los cardiólogos más famosos de allí de Guadalajara, en la colonia Arboledas y el cardiólogo me dijo: «Joven, vienes muy mal. Necesito revisar tu corazón, pero para empezar necesitamos unos $3500 pesos.» Y yo no tenía ni siquiera un peso en la bolsa. Y yo pensé: «Pues estoy ayudándole al Pastor Murillo, y apenas me dan $500 pesos porque hay más gastos, y a veces ni me los acompletan. Y mi suegro, pues ni de dónde darme dinero.»

Qué importante es cuidar nuestro testimonio. Cuánto tiempo nos lleva hacer un testimonio y con qué facilidad lo podemos perder. Yo recuerdo que después de cuatro años lejos de mi familia, mis hermanos le decían a mi mamá: «Mamá, no le creas. Mamá, él es un hipócrita. Esta agarrando fuerzas, pero al rato va recaer, al rato va a regresar a las drogas. No te confíes, nos va a hacer lo mismo mamá, no le creas.» Y eso fue después de cuatro años que yo ya había sido salvo, y no los culpo porque lejos de pedirles prestado y no pagar (como algunos «cristianos» solemos hacer) yo les robaba a ellos, me metía a sus casas y les robaba. Y mis hermanos no querían saber nada de mí. No había quien me ayudara, y yo andaba bien quebrantado, y la situación bien difícil. Necesitaba $3500 pesos. Pero gloria a Dios por nuestro Dios, gloria a Dios por un Dios misericordioso.

Nosotros vemos a alguien fallar, vemos a alguien caer y nos vamos encima, encima para destruirlo, encima para pisotearlo cuando se supone que tenemos un Dios de oportunidades, un Dios restaurador. Un Dios de misericordia, un Dios amoroso. ¡No hay nadie como Dios, bendito nuestro Dios, bendito nuestro Cristo, y Su Palabra que nos conforta!

Salmos 102:19-20 dice: «Porque miró desde lo alto de su santuario; Jehová miró desde los cielos a la tierra, para oír el gemido de los presos, para soltar a los sentenciados a muerte.» ¡Gloria a Dios que Él ve nuestro quebranto, Él ve nuestro gemir! ¡Dios ve el gemir y el sufrir de la gente! Hay niños siendo abusados, hay matrimonios separándose, hay familias sufriendo y todo por causa del pecado. ¡Pero Dios ve nuestro dolor, Dios ve nuestro gemir! ¡Gloria a Dios que Él nos extiende sus brazos para ayudarnos, para consolarnos y para sacarnos adelante!

Yo recuerdo que con todo mi corazón busqué a Dios; no había nada en el mundo que podía ayudarme. Recuerdo que empecé a rogarle a Dios, a quebrantar mi corazón, y Dios me es testigo de que yo le dije: «Señor, por favor dame una oportunidad, dame una oportunidad de seguir adelante, dame una oportunidad de servirte, una oportunidad de hacer algo por Tu causa. ¡Por favor Señor, ten misericordia de mí!»

Dice la Biblia que Ana derramó su corazón ante Dios y Dios contestó su oración. El varón de Dios no sabía que era orar de esa manera, él pensó: «Esta mujer viene borracha.» Porque él mismo no sabía orar con tal quebranto. Y cuánta falta nos hace de orar con ese quebranto. Yo creo que esa es la razón por la cual muchos de nosotros no tenemos oraciones contestadas. La Palabra de Dios nos dice de un corazón contrito, de un corazón humillado, y nuestro Dios no lo menosprecia, nuestro Dios nos levanta. El que se humilla bajo la mano de Dios ¡Él lo levanta, Él lo honra, Él lo bendice! El problema es que a veces no estamos dispuestos a humillarnos con tal corazón delante de nuestro Dios.

Yo recuerdo que el cardiólogo me dijo: «Joven ven mañana, aunque no tengas ni un solo centavo. Yo veo que estás en serio. Yo no sé, pero agárrate de tu fe en Dios.» Y le testifiqué al cardiólogo. Y mientras él me revisaba el corazón y anotaba y anotaba, al final de todo me dijo: «Joven, tengo casi 40 años de profesionista como cardiólogo, y nunca había visto un caso como el tuyo. Joven, dale gracias a tu Dios porque quiero decirte que orgánicamente hablando no tienes nada.» (Cuando unos días atrás me estaba muriendo). Yo le dije: «Doctor, ¿necesito dejar el café o algo? ¿Necesito tener una dieta?» Y el doctor me dijo: «No tienes nada. Tu corazón solamente estaba pidiendo esa droga y se salía del ritmo porque estaba acostumbrado a muchos años de drogadicción, pero te voy a dar una medicina que no va a dejar que tu corazón lata rápido ni tampoco lento, sino que va a guiarlo a un nuevo paso, y después de un tiempo vas a dejar la medicina. No tienes ningún problema, dale gracias a tu Dios.»

Y luego de estar un tiempo en Guadalajara nos fuimos a estudiar el Colegio Bíblico en San Luis Potosí. Allí pasaron los meses de embarazo de mi esposa y Dios empezó a bendecir…cuatro meses, cinco meses, y la pancita de mi esposa le empezó a crecer y le pegaba yo el oído para oír al bebé, le sobaba la pancita…yo anhelaba ser padre. Yo recuerdo que a los siete meses de embarazo de mi esposa, yo decía: «¡Por fin voy a ser papá!»Gracias a Dios ahora tenemos cuatro hijos, y ninguno nos salió enfermo después de haber usado yo tanta droga.

¡Gloria sea a Dios, que dice que tenemos acceso al trono de su gracia! Dice la Biblia que abogado tenemos para con el Padre. No hay mas influencias, la única influencia es nuestro Señor Jesucristo. No es nuestra elocuencia, no es nuestra capacidad, no es nuestra carisma, ¡es Dios, es Su misericordia! Nuestro Dios es más que bueno, no lo merecemos.

Dios escucha el gemir de sus hijos, Dios escucha el clamor de los quebrantados. Él ve la necesidad a nivel mundial. Es increíble ver a la gente hundida en la idolatría. En Venezuela, en una tribu que se llama «los yanomamis,» si llegas a ir con un perrito o un gatito, te cambian eso por una niña de cuatro años en adelante. Y estas niñas pasan a ser mujeres de hombres en todo el sentido de la palabra. ¡Niñas de cuatro años en adelante! Y todo esto por falta de conocer nuestro bendito libro: La Biblia. En la India, adoran las ratas, las serpientes, los changos… y puedes ver cómo los de la India cuidan a miles de ratas, las crían, las adoran, las veneran. Hay unos tremendos monasterios donde hay sacerdotes que las alimentan y las cuidan. Y el sacerdote tiene en el altar una bandeja de plata y le pone leche para que las ratas sean alimentadas. Y con una campana llama a las ratas y estas vienen para saciar sus apetitos. Un animal contagiador de virus, portador de infecciones… y la gente allí después de que las ratas sacian su apetito, de las sobras de la leche el sacerdote bebe de esa leche y les da de beber a sus feligreses porque piensan que sus pecados así serán lavados. Un mundo en tinieblas, un mundo en esclavitud, un mundo hundido en el pecado, pero gloria a Dios que Él escucha el gemir de las almas quebrantadas.

Gloria a Dios que nosotros un día estaremos en las bodas del Cordero. Gloria a Dios que nuestro nombre está inscrito en el Libro de la Vida, pero que triste es para montones de gentes que están gimiendo, clamando, sin alguien que los consuele, sin alguien que los conforte, sin alguien que los anime.

Mire lo que dice la Biblia en 1 Corintios 8:6-7 «para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él. Pero no en todos hay este conocimiento; porque algunos, habituados hasta aquí a los ídolos, comen como sacrificado a ídolos, y su conciencia, siendo débil, se contamina.»

Dice la Biblia que para nosotros sí hay un solo Dios, para nosotros sí hay un Mediador, nuestros nombres están inscritos en el Libro de la Vida, para nosotros no hay condenación, pero no así con la demás gente. Hay gente gimiendo, hay gente quebrantada, hay gente necesitada, hay gente al bordo del suicidio que está esperando que tú y yo les llevemos el bendito mensaje de salvación. Pero no en todos hay este conocimiento, es nuestra responsabilidad que le conozcan. Marcos 16:15 dice: «Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.» Dios quiere que todo mundo escuche. Él ve las almas en necesidad, Él ve las almas gimiendo. Él de tal manera nos amó que vino a este mundo y nos manda a su Iglesia, nos manda a nosotros: anunciar el Evangelio, hasta lo último de la tierra. Ganar almas es un mandato. No es si queremos o no queremos, es un mandato de nuestro Dios.

1 Corintios 15:34 dice: «Velad debidamente, y no pequéis; porque algunos no conocen a Dios; para vergüenza vuestra lo digo.» Dios nos está diciendo: «Mira cristiano, hay gente allá afuera que no me conoce, por lo tanto debería de darte vergüenza. Debería de darte vergüenza decir que eres cristiano y que haya gente allá afuera que nunca ha escuchado de mí.» Dios no nos manda salvar a nadie, Dios no nos manda convencer a nadie porque no tenemos la capacidad, no tenemos el poder. Lo que Él nos manda es que demos testimonio de lo que Él vino a hacer por el mundo. Él nos manda proclamarle, nos manda predicarle, nos manda honrarle, nos manda glorificarle, nos manda a pararnos por Cristo en la escuela, a pararnos por el Señor en el trabajo. Oh querido cristiano, no te avergüences de Cristo, ¡predica el Evangelio! ¡Párate por tu Cristo! Qué tremendo es que se levante el socialismo, se levante el humanismo, se levante el comunismo, se levante el materialismo, se levanten los homosexuales, ¡y los cristianos no se levanten! Los cristianos calladitos, oh muy brabucones cuando andábamos en el mundo, pero ahora nos da vergüenza levantarnos como cristianos. Hace un tiempo los homosexuales todos desnudos en la Ciudad de México, que basura eso, con sus pancartas desfilando: «Tenemos nuestros derechos, tenemos nuestros derechos.» Cuando el único derecho que tenemos como pecadores es morir e ir al infierno. Pero ellos no se avergüenzan de su maldad. Pero tú cristiano te avergüenzas de tu Señor Jesucristo. Cuando lo que Cristo ha hecho por nosotros es amarnos, cuando lo que Cristo ha hecho por nosotros es dar su vida por nosotros. Este mundo es pasajero, Él me está viendo predicar desde el cielo y yo predico con tal convicción y vivo con tal convicción que yo quiero agradarle. Un día estaremos en Su presencia y el que se avergüence de Él en esta tierra, Él se va a avergonzar también de él delante de Su Padre y delante de sus ángeles.

Nuestro Cristo es el Rey soberano, es digno de que lo alabemos, es digno que lo honremos. Él nos salvó, nos sacó del lodo cenagoso, nos dio vida eterna, nos dio razón de existir. El mundo no vale la pena, el materialismo no vale la pena. Cristo vale la pena. No hay mejor vida que vivir la vida cristiana. La gente está hundida en su idolatría, en su soledad, en su pecado porque nosotros no anunciamos el Evangelio. La gente gime y clama a dioses falsos porque no lo conocen a Él. Isaías 45:20 dice: «Reuníos, y venid; juntaos todos los sobrevivientes de entre las naciones. No tienen conocimiento aquellos que erigen el madero de su ídolo, y los que ruegan a un dios que no salva.» Hay gente rogando al «monito» que tiene ojos pero que no ve, que tiene oídos pero que no oye, y todo esto es porque no tienen conocimiento. El pecado nos hace gemir, pero gloria a Dios que Él escucha el gemir del alma, pero tristemente la gente gime y clama a dioses falsos porque no lo conocen a Él.

No hay cosa más cerca al corazón de Dios que nosotros constantemente estemos anunciando el Evangelio, que nosotros anunciemos el sentir de Cristo, que amemos las almas, que amemos los pecadores. Dios quiere que sus hijos oigamos el gemir de ellos. El pecado quebranta, pero Dios escucha el gemir de nuestra alma. Nosotros tenemos acceso directo al trono de Su gracia, pero tristemente hay mucha gente que está gimiendo. Hay gente en la drogadicción, hay alcohólicos gastándose el alimento de sus familias, hay gente viviendo en fornicación, viviendo en adulterio, viviendo en inmoralidad, quebrantando familias, quebrantando a sus hijos. El pecado es algo feo, el pecado paga mal, el pecado trae consecuencias. ¡Dios quiere que sus hijos oigamos el gemir de otros! Mire lo que dice la Biblia acerca de nuestro Cristo. En Hebreos 5:7 dice: «Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente.» Cristo escuchó nuestro gemir. El Señor Jesucristo sabía lo que le habría de venir, pero Él con lágrimas, con quebranto, dijo: «Yo pongo mi vida, nadie me la quita. Y así como la pongo, la vuelvo a tomar.» Él es la vida, Él no es la doctrina de la vida, Él mismo es la resurrección y la vida. Él dio su vida voluntariamente por amor a nosotros. Pero dice la Biblia que antes de que Él fuese llevado a la cruz del Calvario, Él estaba llorando con gran dolor, con gran quebranto, derramaba lágrimas como de sangre. Quebrantado en su corazón porque sabía lo que le habría de venir y manifestando su corazón a nosotros, en esa oración dijo: «Padre, si es posible, que pase de mí esta copa.» Y a propósito, Cristo no estaba quebrantado porque iba a morir en la cruz del Calvario, entendiendo el contexto y el corazón de nuestro Dios; lo que a Cristo le iba a doler era que su Padre y el Espíritu Santo le iban a tener que dar la espalda, porque Jehová cargaría el pecado de todos nosotros sobre Él. ¿Tú te puedes imaginar esta escena? ¿Tú te puedes imaginar a un Dios trino, a un Dios tres veces santo, a un Dios que siempre ha existido, a un Dios que no tiene necesidad de nada, a un Dios que por amor nos hizo y por amor nos vino a redimir, a un Dios que se ha manifestado en tres personas que han estado juntos por todo la eternidad? Tengo 8 años de casado, mi hijo más grande tiene 6 años de edad, y si supieras cuánto los amo. Batallamos mucho cuando viajamos, porque los niños son bien tremendos, pero no me gusta separarme, no me gusta dejarlos. No sé, pero yo creo que la gracia de Dios es lo único que me sostendría si nos tuviera que separar, pero ya es una vida con mi esposa, es una vida con mis hijos, ellos tienen mi corazón, yo los amo. ¿Te puedes imaginar a la persona que más amas dándote la espalda? ¿Te puedes imaginar? Nuestro Dios trino juntos por toda la eternidad. Nuestro Dios cargando el pecado de todos nosotros, y cuando Él estaba allí en la cruz del Calvario dijo: «Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has desamparado?» Como diciendo: «Dios Padre, Dios Espíritu Santo, ¿Por qué me dan la espalda?» Juntos por la eternidad, pero por amor a nosotros Cristo miró nuestro quebranto, Cristo miró nuestra condición. Él sabía que si no moría, iríamos al infierno.

Pero Cristo dijo: «Oh, Padre, yo sé que me vas a dar la espalda, yo sé que no me vas a escuchar, pero vale la pena Padre. Por amor a los pecadores, por amor a los perdidos, por escucharles y ayudar en su quebranto, por ayudar su gemir, por ayudar su situación…vale la pena Padre, morir por ellos.» Por amor a nosotros Cristo murió por nuestros pecados. Aunque estuvo allí derramando lágrimas como de sangre, aunque estuvo quebrantado, y aunque sabía lo que le habría de venir, Cristo dijo: «Vale la pena morir por ellos.» ¿Y tú no estás dispuesto a dar un solo folleto, cuando vale la pena lo que Cristo hace con la predicación del Evangelio?

Yo recuerdo a mi madre rogándome, esa viejita se me hincó delante de mis amigos, me agarró los pantalones y sacudiéndome las piernas, comenzó a llorar y me dijo: «Hijo mío cambia. Hijo mío, te estás destruyendo. Oh, hijo mío, ¿por qué naciste…?» Nadie podía cambiarme, pero el 18 de noviembre me anunciaron el Evangelio. La Biblia es verdad, este Libro es vivo. ¡El Evangelio trae esperanza! ¡El Evangelio cambia las vidas! No seas indiferente a la causa del Evangelio. De gracia recibiste, da de gracia. Yo no quiero hacer nada más en la vida que vivir para mi Dios predicando el Evangelio y ver vidas cambiadas que glorifiquen el nombre de Dios. La gente se burla de la santidad, se burla de la Iglesia, no les interesa. Yo decía: «Eso de los hermanos es para los homosexuales, para los afeminados, eso es para las viejitas que no tienen nada que hacer. Esta es la vida, la onda, las drogas…yo soy el mero bueno. La pistola y la escopeta para acá, y quien me ve feo para agarrarlo a balazos.» Pero el Evangelio tiene un poder tremendo y penetra hasta lo más profundo del corazón, aún cuando seamos incrédulos como lo éramos. Y cuando el vil pecador se arrepiente, Dios lo transforma, Dios le cambia la mentalidad y Dios le cambia el corazón duro y le da un corazón de carne. Dice la Biblia: «De modo que si alguno está en Cristo nueva criatura es, las cosas viejas pasaron, he aquí todas son hechas nuevas.» Y entonces la gente ve y dice: «Gloria a Dios por lo que Él hizo en la vida de este hombre.» Y tú puedes preguntarle a mi madre y a mis vecinos de mí, yo les he predicado, y todavía están asombrados por lo que Cristo hizo en mi vida. ¿Por qué? Porque la Palabra de Dios tiene poder. Y Dios quiere que sus hijos oigamos el gemir de otros. ¿Oyes tú el gemir de la gente? Porque parece que muchos de nosotros no. Fin.

En Enero Seré Fiel

«En Enero Seré Fiel»

«¿Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece.» Santiago 4:14b

Mi hermano, Lanny Ashcraft, empezó una obra en la ciudad de Chihuahua, México, hace más de veinte años. Él me contó la historia de un matrimonio, Vicente y Angelina, miembros de su iglesia allí. Vicente y Angelina eran grandes de edad. Se contaban entre los miembros más fieles de su iglesia. Cuando Lanny y mi cuñada, Pamela, llegaban a la iglesia, Vicente ya estaba estacionado en frente de la iglesia en su Pickup con Angelina, esperando que llegara alguien. Nunca faltaban a ningún servicio, y estaban presentes cada vez que se abrían las puertas.

Pero Vicente y Angelina no se llevaban bien. Cuando mi hermano trataba de darles consejos, ellos protestaban:

– Pero si Angelina tiene la culpa…

– No, pero Ud. no entiende, Pastor, cómo me trata Vicente…

Quedé con la boca abierta cuando me contó algo de sus vidas: Un día mi hermano llegó a su casa para visitarlos. Cuando se acercó, desde dos cuadras antes de llegar a su casa, se escuchaban los gritos. Llegó a la puerta y tocó. Pero tanto ruido estaban haciendo Vicente y Angelina, que no le escucharon tocar.

Después de un buen rato, mi hermano decidió abrir la puerta, y ¡cuál fue su sorpresa ver a Angelina con un picahielos en la mano, y Vicente con una silla, usándola como escudo, tratando de defenderse contra los ataques del enemigo! (¿ó enemiga?)

Al ver a su Pastor, Vicente le contestó a mi hermano, «¿Ya ve, Pastor, cómo me trata?»

Mi hermano empezó a ver un cambio en la vida de Vicente. Empezaba a llegar un poco más tarde de lo acostumbrado a la iglesia. Luego faltaba un servicio cada dos semanas, cada tres semanas, hasta que mi hermano vio la necesidad de hablarle.

Cuando mi hermano le habló acerca de su cambio, Vicente le contestó: «Pastor, hay unos asuntos de negocio que tengo que hacer, unos viajes de negocio que van a llevar unos meses. Pero le prometo, Pastor, que en enero seré fiel.»

Unos días después, mi hermano recibió una llamada telefónica, como a las seis de la mañana.

– «Bueno,» contestó. Era Angelina, y estaba llorando.

– «Pastor, ya se fue Vicente.»

– «No llore, Hermana. Ya verá que regresará. Ya sabe cómo es Vicente.»

– «No, Pastor. Ya se nos fue Vicente.»

– «Ya lo conoce, Hermana. En unos días reflexionará, se arrepentirá, y regresará.»

– «Pero, Pastor, Vicente acaba de morir.»

Las palabras que vinieron a la mente de mi hermano, son las que escogió para el título de su mensaje el día siguiente, en el servicio funerario de Vicente, y las que mi cuñada escribió en una cartela grande, y pusieron al frente de la iglesia, detrás del púlpito a la vista de todos mientras mi hermano predicaba: «En enero seré fiel. …Vicente.»

Al escuchar esta historia verdadera, me impresionó muchísimo, y me pregunté, «¿Cuántas cosas debo hacer, que no hago simplemente porque no soy fiel al Señor?»

Hay almas que tal vez van al infierno, porque pienso: «En enero seré fiel…en enero iré a ganar almas…en enero hablaré a mi vecina de Cristo… en enero escribiré ese devocional, seré más fiel en mi tiempo a solas con Dios… en enero dejaré de chismear… en enero arreglaré esa relación rota… en enero iré a visitar a esa viejita que se está muriendo sin Cristo…» «En enero seré fiel.»

Mientras decimos a los perdidos: «Hoy es el día de salvación,» debemos recordar otro texto que se encuentra en la misma Biblia: «… ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece.»

«Gracias, Hermano Vicente. Sé que estás en el cielo con el Señor, y tal vez lamentas no haberle sido fiel en tus últimos días. Pero tu historia me motivó a serle fiel a mi Señor en los días que a mí me quedan.» Fin.

Callate La Boca

«¡Cállate La Boca !»

«Pon, oh Jehová, guarda a mi boca:

Guarda la puerta de mis labios.»

Salmo 141:3

Hace poco, estaba escribiendo una tarjeta de cumpleaños a mi nieto, Hank. Estoy acostumbrada a escribir rápidamente en letra manuscrita, pero como Hank apenas está cumpliendo 7 años, yo estaba formando las letras de molde de mi mensaje cuidadosamente y lentamente, en el espacio limitado que me permitía su tarjeta.  Pero mientras escribía, pensaba, «¡Qué bueno sería si pudiera medir mis palabras habladas como estoy midiendo las de esta tarjeta:  despacio, y en un espacio limitado.»

La mayoría de nuestros problemas son resultado del pecado.  Y la mayoría de los pecados que causan nuestros problemas son resultado de nuestros pecados.  Pero ¿alguna vez te has preguntado el orígen de nuestros pecados?

Si leíste la cita bíblica arriba, ya sabes.

Mientras la Biblia dice que «el amor del dinero es la raíz de todos los males:…,» la boca es el instrumento usado para llevar a cabo nuestras malas acciones.

Permíteme explicar:

I.  El pecado de un estilo de vida sin disciplina:  lo que entra

A.     Bebidas alcohólicas, drogas, y comida.  Mientras se ha dicho que el alcoholismo es una enfermedad, creo con todo mi corazón que su causa es una vida sin disciplina.  Los alimentos a veces se consumen como un medio de escape, como es el uso de las drogas.  Es un substituto de poner nuestra confianza en el Señor, llevar nuestros problemas y penas a El.  La razón más obvia de un cuerpo de sobre-peso es consumir más calorías de lo que quemamos.  Comemos más de lo que nos movemos.  Mientras algunos trabajos requieren más tiempo sentadas que tiempo moviendo nuestros cuerpos, de todas maneras Dios espera que cuidemos nuestro «templo del Espíritu Santo.»  Debemos hacer tiempo cada día en nuestro horario para ejercer nuestros cuerpos.

Pero yo creo que la causa principal de cuerpos de sobre-peso son bocas «sobre-empacadas.»  La comida puede ser una forma de droga.  ¿Por qué comemos entre comidas, o seguimos comiendo después de ser saciadas?  Estoy convencida que la mayor parte de los alimentos que consumimos es una forma de droga, tomada en grandes dosis para calmar nuestros temores, tristeza causada por la falta de paz, y falta de confianza en el Señor.  Nos preocupamos y nos quejamos por situaciones fuera de nuestro control.  Y porque no las podemos controlar, comemos.  Hay personas aburridas, que no tienen de qué ocuparse, y entonces se sientan en frente de una pantalla con una botella o una bolsa de golosinas.  Comemos fuera en restaurantes para celebrar, comunicar, relajar, tener comunión, y planear.  Mientras eso en sí no es pecado, si no «guardamos la puerta de nuestros labios,» seremos culpables de cometer el pecado de sobre-comer.

Hace unas dos semanas estaba manejando desde la ciudad de Oklahoma City al estado de Texas.  Con un motivo especial, escogí la ruta más larga, que me llevó a la ciudad de Duncan, donde nació y fue enterrado mi esposo, el Dr. Tom Sloan.  De paso, llegué a comprar tres arreglos de flores:  uno para mi esposo, otro para mi suegra, y otro para nuestro hijo, John, quien murió a los 6 meses de mi embarazo.  Estaba sola, y no anticipaba el proyecto que me esperaba.  Pensaba en los recuerdos que ese viaje me iba a provocar.  Pero ¡Adelante!  Yo era una mujer con una misión.  Me tardé unos minutos para encontrar el lugar donde quedaban los restos de my Amado celestial.  Sólo al ver su nombre me provocó las lágrimas.  Me bajé de mi Van, cruzé el panteón, y coloqué los arreglos sobre la tierra donde estaban enterrados mis seres queridos.  Mientras observaba mi trabajo, me pregunté, «¿Será que hay personas que vienen aquí a ver donde enterramos al hombre más maravilloso que ha vivido?»  Recuerdo el día cuando él me dijo que no encontraba el latido del corazón de nuestro bebé, y las dos largas semanas que lo cargué dentro de mí antes de su nacimiento…aquí en esta ciudad.  Tomé fotografías de las bellas flores de color naranja y amarilla sobre el pequeño lugarcito donde reposaba nuestro hijo al pie de su abuelita.  Luego leí vez tras vez la inscripción de mi Amado, y los nombres de nuestros ocho hijos, y tomé más fotos para que ellos las vieran.  Y caminé rápidamente hacia mi Van.  La temperatura registraba arriba de 40 grados, aunque estabamos en el otoño.  Prendí el motor, y disfruté del aire fresco, y pensé mientras miraba a su nombre escrito allí, «¿Será que te voy a amar y te voy a extrañar por siempre?»

Cuando de repente me vino a la mente, «¡Tú no estás allí!»  ¿Y sabes qué hice?  Dirigí mi carro los cinco kilómetros al centro de la ciudad, y me compré un helado…una droga para calmar mi tristeza.  Saliendo a la carretera, me provocó una sonrisa, y viendo arriba pensé, «Esto es exactamente lo que hubieras hecho tú.»

B.      Sin miedo de presentarme aquí como una mujer inmodesta, creo que el principio de los pecados del adulterio y de la fornicación empiezan con la boca…con los besos sensuales.  No hay que entrar en detalles, pero creo que si «pusiéramos una guarda a nuestras bocas» evitaríamos muchos pecados de la carne.  ¿Cuántos hogares han sido destruídos porque alguien no puso guarda a su boca?  Mientras una relación ilícita empieza con la boca, el verdadero orígen está en el corazón.  Cuando el corazón no está bien, nada está bien.

II. Lo que sale afuera

A.         Las palabras:  ¿Cuántos problemas pudiéramos evitar en nuestras vidas si simplemente aprendiéramos a guardar nuestras palabras?  Me he preguntado cómo sería ser sordomuda.  Y me vino a la mente, «Los sordomudos han de tener menos problemas con las relaciones con otras personas, que las personas como yo que hablamos demasiado.»  Pero en realidad «de la abundancia del corazón habla la boca.» Mateo 12:34.  Sea con señas o con las palabras habladas, revelamos lo que está adentro de nuestro corazón a traves de nuestras palabras.  Mientras hay muchas enfermedades causadas por lo que entra al cuerpo por medio de la boca, creo que hay enfermedades emocionales provocadas por lo que sale de la boca.  «Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, Oh Jehová,…»Salmo 19:14

B.          La oración:  Mientras la oración es «hablar con Dios,» yo creo que nuestra verdadera vida de oración se pasa en silencio.  Pero la oración es en realidad el tiempo que expresamos la abundancia de nuestro corazón a Dios…nuestras necesidades, nuestros deseos, nuestro dolor, nuestra frustración.  También es un tiempo de comunión con El.  A traves de la oración sentimos Su presencia.  Muchas veces mientras estoy sola, manejando en la carretera, paso tiempo hablando con Dios, expresando a El mi amor y mi gratitud.  Pero también le expreso mis deseos, mis temores y mis cargas.  La oración es todo lo que tú necesitas que sea.  ¡Qué pérdida de tiempo compartir nuestros problemas con otros, personas que no pueden hacer nada para cambiar nuestra situación!  ¿Por qué no los llevamos a la Persona quien desea nuestra compañía?  El sólo puede llevar nuestras cargas, y resolver nuestros problemas.  Sólo El conoce nuestras tentaciones y nuestros temores.  El es el Unico Quien guardará nuestros secretos, y Quien proveerá nuestras necesidades.  ¿Por qué hablamos más con la gente que con el Señor?

Cuando estés cansada y abatida,

Dílo a Cristo, Dílo a Cristo,

Si te sientes débil, confundida,

Dílo a Cristo el Señor.

«…Atenderé a mis caminos, Para no pecar con mi lengua:  Guardaré mi boca con freno,…»

Salmo 39:1

«El que guarda su boca y su lengua, Su alma guarda de angustias.»

Proverbios 21:23

Ama A Tus Enemigos

Pastor Elmer Fernández

Lo que te voy a dar no te lo pueden dar los psiquiatras, ellos te van cobrar miles de dólares y te van a dar una pastillita para que te vayas a dormir. Está es la mejor psiquiatría que puedas recibir. Yo te quiero ayudar porque hay tantos amargados que han perdido el gozo. No tienes el gozo en tu vida, tienes amarguras. Piensas que la vida es miserable y te quiero ayudar. Pero debemos entender que a todos, alguien nos va a hacer una injusticia. Alguien te va a acusar falsamente en el trabajo, y vas a perder el trabajo. Alguien va a decir muchas cosas contra ti que no es cierto. Alguien te va a herir, alguien te va a estafar, alguien te va a robar. Hay un esposo que su esposa va a herir, a lo mejor le va a ser infiel. Hay una esposa que el marido la va a herir. A todos de una manera o de otra nos van a hacer una injusticia. Si mi gozo depende de que nadie me haga injusticia, estoy a la merced del mundo. Si mi gozo depende de que yo pueda perdonar esas injusticias, ahora yo puedo tener el gozo cuando yo quiera.

Mateo 5:38-48 dice: «Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. 39 Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; 40 y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; 41 y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos. 42 Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses. 43 Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. 44 Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; 45 para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. 46 Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? 47 Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles? 48 Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.»

Pecado es desobedecer un mandato de Dios. Cuando yo desobedezco un mandato del Señor eso es pecado. Aquí el Señor les da un mandato, que muchos están viviendo en pecado al no obedecerlo. El mandato se da en el versículo 43 y 44: «Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. 44 Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen;.» El Señor Jesús dijo: «Alguien les dijo eso, pero yo te voy a decir, Amad a vuestros enemigos

¿Qué es un enemigo? Aquél que quiere matarme. No aquél marido cabezón que me hizo algo, o aquella mujer lengua-larga que dijo algo. No, yo digo alguien que quiere mi mal. Dios dice: ¡Ámalo! Alguien que quiere destruirme, matarme. Dios dice: ¡Ámalo! Te lo mando. Dice: «Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen..» Está duro ¿verdad? Yo sé, yo he estado allí. Yo he estado ahí cuando grandes injusticias han sido hechas. Empecé con Fidel Castro en Cuba, las injusticias que nos hizo a nosotros fueron inmensas, no tengo tiempo en ir en detalle pero fueron inmensas. Yo desde niño he visto muchas injusticias. Cuando salí de Cuba no pude sacar todas las cosas que mi mamá había hecho para mí. Yo tuve que dejarlo todo, tuve que dejar todo tirado, y el gobierno me lo quitó todo. A mi tía y a mi tío con el que me crié le quitaron el negocio, y le quitaron hasta la casa. Yo sé de injusticias. Falsamente he sido acusado, y se han escrito cosas malas de mí. Han sido escritas mentiras inmensas por todo el mundo hispano, no para dañarme con unos cuantos, pero ante miles y miles de personas. Puras mentiras. Yo sé lo que es tener injusticias contra uno. Si yo no me cuido, yo pudiera ser uno de los hombres más amargados del mundo, pero Dios dice: Ámalos a ellos. No que los perdones solamente, pero ámalos.

¿Por qué es que Dios me está pidiendo a mí que los ame? ¿Por qué es que Dios me pide a mí que ame a aquel que me ha hecho mal? Dice: «Para que así seas maduro.» Hay muchos que andan en el cochinero del rencor, hay muchos que andan en la letrina de la amargura, y te estás afectando a ti mismo, y si tú no aprendes esta lección, la amargura, el rencor, el resentimiento es un ácido que ninguna vasija puede contenerlo, porque se come esa vasija. Es un cáncer que acaba contigo, por eso queremos sacar ese cáncer y sacar esa amargura. El problema es que hay muchos que me dicen: -«Pastor, créame yo quisiera sacarlo, pero no puedo.» A veces hasta oras y le pides: «Señor quítame esto, ya no quiero… pero cada vez que veo esa persona me desfalco por dentro…» Yo quiero ayudarte cómo sacar ese cáncer. Yo quiero ayudarte cómo sacar ese resentimiento, ese rencor.

Primero, yo quiero que tú veas que para cambiar tu sentir debes cambiar tu pensar. Por ejemplo, yo amo a una familia de la Iglesia, yo pienso que es una linda familia, y que es un privilegio el ser su pastor. Pero llega gente y me dice: «¿Sabe lo que él dijo de Usted? ¿Usted sabe que lo critica?» Y a lo mejor y ni es cierto, pero al ellos decirme eso, hace que mi pensar cambie y al cambiar mi pensar, cambia mi sentir. Ahora yo me empiezo a sentir diferente hacia ellos, por lo que pensé diferente, empecé a sentir diferente. Tú tienes que cambiar tu pensar para cambiar tu sentir. Si tú no cambias tu pensar, no vas a cambiar tu sentir.

Entonces, tú tienes que pensar diferente de tus enemigos para que tu sentir sea diferente. Yo no estoy diciendo de aquél que te hizo una bobería. Yo a veces estoy consultando problemas matrimoniales, de cositas pequeñitas: Una mujer estaba embarazada y el marido le pone la mano arribita de su panza y ella le quita la mano y ya comenzó un gran problema matrimonial. ¿Qué tanto lío? A lo mejor estaba cansada, a lo mejor estaba adolorida, no se sentía bien, y ya por eso se formó un pleito inmenso. Yo no estoy hablando de esas tonterías. Yo estoy hablando de problemas serios, de problemas que de verás son dañinos. Dios dice: «Ama a esa persona.» -¿Cómo lo voy a amar? -Cambia tu forma de pensar. -¿Cómo lo miro? Lo tengo que ver como un instrumento de Dios que es a lo mejor para castigarme. Porque lo que se siembra se cosecha. Dios dice: «Yo no soy burlado, lo que el hombre sembraré eso cosechará.» Quiere decir que a lo mejor una persona le roba a este, y le roba a este, y le roba a otro. Y luego alguien le roba a él y él dice: «¡Ay, me robó!» Dios está cobrándote lo que tú hiciste aquí atrás. Dios dejó que todo eso te pasara para arreglar cuentas con todo lo que tú has hecho.

A veces Dios manda gente a nuestras vidas para arreglar cuentas con nosotros. Y Dios quiere que arreglemos cuentas. Entonces, si lo miras de esa manera, puedes mirar a alguien y decir: «Señor, yo bien lo merezco.» Yo me he dado cuenta que la gente que tiene menos misericordia es la gente que vive en más pecado. Los que más pecado tienen son los menos misericordiosos con otros. A veces la gente que más pecado tienen son la gente que más duros son con otros. Tú ten cuidado. A veces los que son más duros en perdonar, son los que más han ofendido. Yo he consultado con un cónyuge que me dice: «Pastor, él o ella me ha sido infiel, yo no puedo perdonar.» Y después me entero que él o ella fue infiel 2 o 3 veces antes. Entonces yo dije: «¡Hipócrita! Tú has sido infiel 2 o 3 veces y te perdonó y ahora él o ella te ha sido infiel una vez y ¿no puedes perdonar?» Y no estoy diciendo que un hombre o una mujer debe de ser infiel porque él o ella fue infiel. ¿Dónde está la misericordia? ¿Dónde está el perdón?

En 2 Samuel 16, David ha cometido pecado con Betsabé. El gran rey David, el rey que tuvo el corazón de Dios, un gran rey, cometió un horrible error, cometió inmoralidad con Betsabé, mató al esposo de ella; y él aunque Saúl lo persiguió, nunca levantó su mano contra el rey Saúl. David era un hombre de guerra, desde niño peleó contra Goliat y después estuvo en muchas batallas. David era un hombre fuerte. David con su espada había matado a muchos. No le tenía miedo a nadie. Y David en esta situación va caminando con sus soldados elegidos, los mejores de los mejores. Hombres de guerra. Hombres que con la espada han matado quizá a cientos cada uno. David está rodeado con ellos. Su hijo Absalón se está rebelando contra él, y David está huyendo porque él no quiere pelear contra su propio hijo. ¡Cosa dura! Su propio hijo le quiere quitar el reino. Y David va caminando con estos hombres escogidos y hay un hombre que le empieza a gritar, este hombre era de la familia de Saúl, Simei. Y entonces aquí empieza la historia en 2 Samuel 16:5: «Y vino el rey David hasta Bahurim; y he aquí salía uno de la familia de la casa de Saúl, el cual se llamaba Simei hijo de Gera; y salía maldiciendo,.» No dice que le dio una mala mirada, no dice la Biblia que lo trató mal. Lo estaba maldiciendo y tirándole piedras. ¿A quién? Al rey David. Hombre de guerra con la espada a su lado, rodeado con los mejores hombres de guerra de él. Y Simei está arrojando piedras contra el rey David y contra todos los siervos de él. Y todo el pueblo y todos los hombres valientes estaban a su derecha y a su izquierda. Y decía Simei maldiciendo: «Fuera, fuera, hombre sanguinario y perverso, Jehová te ha dado el pago de toda la sangre de la casa de Saúl, en lugar del cual tú has reinado. Y Jehová ha entregado el reino en mano de tu hijo Absalón. Y hete aquí sorprendido en tu maldad, porque eres hombre sanguinario.» Ahora Simei está aquí maldiciéndole. Pero David nunca trató mal al rey Saúl. Acuérdense que cuando Saúl estuvo en la cueva durmiendo, David le cortó un pedacito de su vestuario, y después cuando salió le enseñó y le dijo: «Mi rey, ¿de quién es esto? Tuve la oportunidad de matarte pero no te maté mi rey.» David nunca levantó su mano contra Saúl. David nunca lo hizo. Ahora está aquí rodeado de sus hombres de guerra, de lo mejor de los mejores. Él mismo era hombre de guerra. Y este muchacho, este Simei está maldiciéndole y tirando piedras a sus soldados. ¿Qué pasa? Mira el versículo 9, «Entonces Abisai hijo de Sarvia dijo al rey: ¿Por qué maldice este perro muerto a mi señor el rey? Te ruego que me dejes pasar, y le quitaré la cabeza.» ¡Wow! Me encanta estar rodeados de hombres así, nada más decirles sí y le cortan la cabeza. De estos hombres estaba rodeado David. Todo lo que David tenía decir era que sí a uno de sus soldados que le estaba preguntando: «¿Me dejas? ¿Me dejas y le corto la cabeza?» David nada más tenía que decir sí y el hombre estaba muerto. Pero David no hizo eso. David era muy grande para eso.

Mi tío Sánchez me enseñó: «Hombre es aquél que le puede dar una paliza a otro pero se refrena y no le da la paliza y se echa para atrás.» Ése es hombre. El que sabe que puede darle una paliza y vencerle pero no lo hace. Hombre es aquél que sabe que puede darle un golpe a su esposa y tirarla en el piso, pero se controla y se echa para atrás. Ése es hombre. David tenía el poder más que suficiente para matar pero dijo que no. Hasta regaña a sus soldados que querían matar a este hombre. ¡No dijo nada contra Simei, pero regaña a este soldado! ¿Y que le dice? Mírenlo en el versículo 10, «Y el rey respondió: ¿Qué tengo yo con vosotros, hijos de Sarvia? Si él así maldice, es porque Jehová le ha dicho que maldiga a David. ¿Quién, pues, le dirá: ¿Por qué lo haces así?» ¿Saben que estaba diciendo David? Estaba diciendo: «Déjalo. Si maldice es porque yo lo necesito. Yo no soy tan santo.» Y a ti… nada más con que te miren mal y ya. En el trabajo te peleas con cualquiera.  En la casa, marido y mujer andan como perros y gatos. Por boberías, sí, por boberías. Aquí está el rey, la gente estaba supuesta a doblarse delante del rey, a tener reverencia delante del rey, y éste lo está maldiciendo y tirándole piedras. El rey tenía toda la autoridad para decir: «Mátenlo.» Pero él dijo: «Déjenlo, déjenlo.» ¿Por qué? Porque lo miró como un instrumento de Dios para hablarle a él. Para arreglar su vida. ¿Será que Dios está arreglando cuentas contigo, y envía a alguien para arreglar cuentas contigo? ¿Será eso? Por eso yo creo que aquellos que son misericordiosos son aquellos que caminan con Dios. Porque el que camina con Dios y ve cuánto Cristo le ha perdonado, entonces perdona. Si yo digo: «Éste me las va a pagar.» Entonces Dios dice: «Está bien, pero tú la vas a pagar conmigo.» Y tú dices: «Pero Pastor, me robó $500 dólares y me las va a pagar.» Y Dios dice: «Me robaste $50,000 en diezmos y me las vas a pagar.»

¿Tú quieres que Dios arregle asuntos contigo? Veamos en Deuteronomio 8:1-2 «Cuidaréis de poner por obra todo mandamiento que yo os ordeno hoy, para que viváis, y seáis multiplicados, y entréis y poseáis la tierra que Jehová prometió con juramento a vuestros padres. Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tú Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos.» La prueba es lo que demuestra lo que hay en el corazón. «¡Señor, aunque todos te nieguen, yo no te negaré!» y dijo Cristo: -«Sí me vas a negar»-. La prueba no es para que Dios sepa que hay en tu corazón, la prueba es para que tú sepas que hay en tu corazón. «¡No Señor, yo nunca negaré!» -«Deja que llegue la prueba.»- Y vino la prueba y Pedro negó al Señor. Porque Cristo vio lo que había en su corazón, y dijo: «Pedro, tú no ves lo que hay en tu corazón pero yo lo veo.» El hombre no es ladrón porque roba, el hombre roba porque es ladrón en su corazón. Una persona no es mentirosa porque dijo mentiras, una persona dice mentiras porque es mentirosa en su corazón. Una persona no pelea porque alguien le hizo algo y perdió el genio, no, esa persona perdió el genio porque tiene problemas en su corazón. Es porque está irritado en su corazón y eso nada más demuestra lo que hay allí adentro. -«¿Entonces, cuándo alguien me ofenda y me haga algo mal y yo tenga amarguras, y tenga rencor y odio…?»- Dios te está diciendo: «Quiero enseñarte lo que hay en tu corazón, estoy sacando lo que hay en tu corazón para que tú lo veas.» Y Dios está sacando lo que hay en tu corazón para que lo veas. Tú crees que tu corazón anda bien limpiecito y Dios dice: «Déjame enseñarte lo que tienes en tu corazón. Yo lo veo y yo quiero que tú lo veas.» Entonces la prueba demuestra lo que hay en mi corazón. El Señor quiere probarme para eso, Él quiere desarrollar mi vida interior más que mi vida exterior. Lo más lindo del mundo es una persona que puede perdonar, una persona que puede amar aún a aquél o a aquella que le ha hecho daño a él o a ella. Eso es cristianismo. ¿No fue lo que dijo Cristo en la cruz cuando dijo: «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.» ¿Cómo pudo Cristo perdonarlos? Porque él se dio cuenta que ellos no sabían lo que estaban haciendo. Él dijo: «Ellos no saben que soy el Hijo de Dios, ellos no saben, no se dan cuenta que soy el Creador del Universo. Si ellos se dieran cuenta, no lo hicieran. No se dan cuenta que esto está en el plan de Dios para la salvación de los hombres. Ellos no se dan cuenta de eso, por eso Padre, por favor perdónalos, porque no saben lo que están haciendo.»

Dios quiere desarrollar más la persona interior más que la exterior. Las mujeres se preocupan tanto del exterior, que si el maquillaje, que si esto, que si el pelo. Algunas se pasan hasta dos o tres horas en espejo. Yo le doy gracias a Dios que mi esposa no es así, ella se pasa su tiempo arreglándose, pero no tres horas. Un hombre vino a mí y me dijo: «Mi esposa se pasa tres horas en el espejo.» (Cuando la vi, dije: «Mejor que se pase las seis horas porque no le fueron suficientes las tres»). Yo no estoy en contra de que se arreglen, que luzcan bien, que se pongan el maquillaje con moderación, y se arreglen bonitas, eso está bien… Pero Dios está más interesado en el interior que en el exterior. Hombres, Dios está más interesado en el interior que en el exterior. Y algo que nos hace más como Cristo que ninguna otra cosa es perdonar.

¿Qué hace Cristo más que nada? -Perdonar-. ¿Qué hace Cristo más que nada? -Amar-. Estando nosotros en nuestros pecados y deleites, y siendo enemigos de él, peleando contra Él, Dios nos amó y dio su vida por nosotros. No porque tú digas que amas tanto a Dios, él va a decir: «¡Oh cuánto me ama!, déjalo venir al cielo.» ¡Mentira! Nosotros amamos cuando Dios murió por nosotros para rescatarnos del pecado y salvarnos y darnos vida eterna. Él nos amó aún siendo enemigos. Entonces, para ser como Cristo, necesito amar. Yo tengo que cambiar si tengo que ser como Cristo. A lo mejor hay un plan que Él tiene en mi vida. -«Pero, Pastor, él me acusó falsamente y ahora perdí el trabajo.»- Quién sabe si Dios tiene un mejor trabajo para ti, y sabía que no te ibas a cambiar de trabajo a menos que pasara esto y dejó que pasara porque tiene algo para ti mejor todavía. Decir: «Yo no sé porque él lo hizo pero a lo mejor Dios tendrá algo mejor para mi vida y que Dios se arregle con él.» Y tu corazón está bien, tu corazón está tranquilo porque has aprendido a perdonar. Si Dios me está pidiendo que perdone a alguien que me quiere matar, ¿Por qué esposo y esposa no se pueden perdonar? ¿Por qué hijo y padre no se pueden perdonar? ¿Por qué hermanos no se pueden perdonar por cositas? Mira a José, sus hermanos lo venden como esclavo, se lo llevan a tierra lejana, y lo meten en cárcel después de acusarlo falsamente. José podía estar amargado en la cárcel y si hubiera estado amargado, Dios nunca le hubiera revelado los sueños que le reveló. Pero José no se amargó. Y porque no se amargó llegó a ser el segundo en mando. Y al llegar a ser el segundo en mando, vienen sus hermanos y él les da de comer a ellos. Y perdona y ama a aquellos que lo entregaron cuando era un muchachito, y se fue a una tierra lejana sin conocer el idioma, sin conocer las costumbres, y dónde terminó hasta en cárcel, José pudo haber dicho: «Ustedes me hicieron esto a mí y me la van a pagar ahora.» Pero los perdonó y los amó. A lo mejor tú puedes hacer lo mismo, tú puedes decir: «¿Sabes qué? Dios quiere hacer algo en mí, Dios quiere que me de cuenta que las personas valen más que el dinero, y que cositas.» -«Pero Pastor, me pidieron prestado y no me pagaron.» ¿Vale más ese dinero que esa persona? Y déjame decirte algo, no es bueno estar pidiendo prestado. Si alguien viene a pedirte prestado dile, ¿me ves cara de banco? Para eso están los bancos. En serio, yo no creo que sea bueno entre hermanos estarse prestando. Muchos problemas en la Iglesia son porque se han estado prestando dinero y después no pagan. Para eso están los bancos. Tú ve al banco y pide un préstamo si quieres. -«Pero es que el banco no me lo da»- Por alguna razón el banco no te lo da. Si el banco no te lo da porque no confía en ti, porque voy a ser tan tonto en prestarte yo. Y si das prestado, dalo como regalado, ni cuentes que te lo van a pagar, porque después te amargas tú. Así me pasó, hace años y años atrás le presté a un hombre $500 dólares y me dijo: «Pastor, el viernes se los doy.» Pero no le pregunté que viernes, porque todavía estoy esperando que llegué. Y ya hace como 25 años de eso. Pero, ¿Vale más ese miembro que los $500 dólares? Perdono a ese miembro que se llevó $500 dólares. Yo estaba ganando $7,000 dólares al año, sin casa, sin carro, sin nada. Había dejado un trabajo de $18,000 dólares al año para tener un trabajo de $7,000 pastoreando y ahora me quitan $500 de $7,000 era una buena porción. Pero mi pregunta es: ¿Vale más ese miembro que los $500 dólares? En la madurez tú dices: Vale más esa persona.

Dios quiere que seamos como él. -«Pastor, usted está defendiendo a mi enemigo.»- No, yo no estoy defendiendo a tu enemigo, yo te estoy ayudando a ti. Dios está más interesado en ti que en tu enemigo. Mateo 6:12 dice: «Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores..» Y el versículo 14 dice: «Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial.» Si alguien me hace mal a mí y yo no perdono, ahora Dios no me perdona. Si Dios no me perdona, yo no estoy lleno del Espíritu. Si yo no estoy lleno del Espíritu yo no tengo gozo, yo no tengo paz, yo no tengo amor, porque eso es el fruto del Espíritu. Y entonces ando en amargura, miserable, irritado, el mundo apesta, y soy yo el que tiene problemas. Porque no he aprendido a perdonar y a veces hasta con Dios nos amargamos. ¿Por qué me has hecho esto? A mi papá le pasó, cuándo mi mamá murió, yo de seis años de edad, mi padre se amargo porque me llevó a Cuba y Castro rompió relaciones con Estados Unidos, y yo me quedé en Cuba, y él perdió a su esposa y a su hijo en menos de un año. Y él se amargó contra Dios y dijo: «¿Por qué me has hecho esto?» Es una oportunidad de crecer, es una oportunidad de madurar, de decir: «Mi Dios yo no entiendo, pero algún propósito tú tienes.» Pero mi padre se amargó; como algunos de aquí se han amargado contra Dios, nada más porque dicen que Dios no les ha dado algo, que Dios no ha sido bueno. Pero si Dios nos diera lo que merecemos, estuviéramos ardiendo en el infierno ahora mismo. Aún el infierno es mejor de lo que merecemos. Si Dios nos diera lo que merecemos estuviéramos todos ardiendo en el infierno. Y si no estoy en el infierno es por la gracia y misericordia de Dios. Pero nos amargamos contra Dios, al corazón le entra amargura. -«¿Por qué no puedo ser como aquel? ¿Por qué no tengo eso? ¿Por qué me tuvieron que hacer eso?»-. Hay que pelear contra eso. Y si tú no peleas con eso, te destruye a ti. En la Florida pasamos una batalla grande, falsas acusaciones, grandes cosas. Allí la batalla con la Biblia; yo no voy a cambiar mi Biblia, unos americanos que no saben ni hablar español no me van a decir que esto no es la Palabra de Dios, porque ni la pueden leer. A propósito la Biblia Reina Valera si es la Palabra de Dios, es la Biblia para el mundo hispano y es una tremenda traducción. Yo me tengo que parar firme por mis convicciones, y dije: «Lo siento, no puedo cambiar mi Biblia.» Tremenda batalla se formó, tremenda guerra, falsas acusaciones, falsas cosas. Mi esposa y yo pasamos cosas durísimas. Perdimos más de $20,000 dólares personales. Batalla hasta no decir más. Yo tuve que cuidar mi corazón. Pero mi corazón quería amargarse, quería coger odio. Pero una vocecita me decía: «Elmer, no te olvides: Amad a vuestros enemigos, bendecidlos, haced bien, orad por ellos.» Yo no me fui en contra, no puse un ataque nacional que pude haberles hecho, no hice ninguna pelea, yo se lo dejé al Señor. No hace mucho, hasta el Pastor de esa Iglesia se enfermó, y yo le pedí a la Iglesia que oraran por él. Yo no le deseo el mal ninguno, en mi corazón lo he perdonado, si lo viera mañana le pudiera dar la mano. No estoy de acuerdo con él si el está en contra de nuestra Biblia, pero eso es por doctrina no es personalmente; personalmente, si él necesita algo yo le doy, y si mañana está en un hospital y no lo admiten hasta que alguien pague mil dólares o si no va a morir, yo le pago los mil dólares. Y te lo digo de corazón, no estoy mintiendo, delante de Dios. Si yo no hubiera cuidado mi corazón a lo mejor está Iglesia no estaría aquí ahora, las conferencias no estuvieran, mi hogar estuviera destruido y yo amargado. ¿Me hicieron una injusticia? Oh, si, una verdadera injusticia. Pero yo no puedo parar que otros me hagan injusticias, yo nada más tengo que cuidar cómo yo reaccione, cómo yo me sienta. Yo tengo que decir: «Señor tú tienes algo en mente, tú tienes un plan, algo tú tienes para mí, algo tú me quieres enseñar a mí; a lo mejor es por algo que yo mismo he hecho que estoy cosechando lo que sembré. Como dijo David: «me lo merezco, yo he hecho demasiados pecados como para ser maldecido, hay un plan que Dios tiene para mí. Pero Señor, gracias por la prueba porque el oro se purifica en el horno de prueba.»

Te quiero ayudar, no quiero que pierdas el gozo, no quiero que pierdas la alegría, no quiero que pierdas el decir: «Señor está bien, son batallas que tengo que pasar, son acusaciones, pero Señor, ayuda a esas personas, yo no sé porqué hacen lo que hacen, pero ayúdalos, bendícelos…»Míralos como vasijas rotas que necesitan arreglo. Si algo aprendí del Dr. Hyles es que dijo: «La gente en sí no es mala, es gente rota que necesita ayuda.»

Matthew Henry dijo cuándo le robaron un día: «Señor, gracias porque me asaltaron y no fui yo quien asaltó.» Gracias que me hicieron el mal a mí y no fui yo quien hizo el mal. A John R. Rice lo vinieron a asaltar, y él dijo: «Mijo, tú no necesitas sacar una pistola para que yo te de mi billetera, pero ¿en qué condiciones estás que tienes que hacer esto?» Al ratito ya lo había ganado para Cristo. Y después de que ya lo había ganado para Cristo le dijo: «Ahora te voy a dar el dinero, toma todo lo que tengo, no me tienes que robar por el, solo pídemelo y yo te lo doy.»Quizá pienses que fue porque fue John R. Rice. Piensa en qué condición está esa persona que te está haciendo mal. Di: «Señor, ayúdale porque anda mal, anda mal.» En vez de coger odio, amargura y rencor. Y si no nos cuidamos, el que se daña somos nosotros. ¿Alguien te ha hecho una injusticia? – ¡A mí nadie Pastor!- Prepárate porque ya viene, guarda este mensaje porque lo vas a necesitar un día. Porque a todos nos vienen injusticias, lo único es que yo hago con ellas. -¡Pastor, yo no tengo ningún enemigo!- Ya tendrás, ya tendrás. Y cuándo alguien te haga un daño, acuérdate: déjame amarlo, déjame bendecirlo, déjame orar por ellos, déjame perdonarlos como Dios me ha perdonado a mí, déjame tener misericordia como Dios ha tenido misericordia de mí, déjame cambiar mi forma de pensar para poderme sentir bien… Y si haces eso, puedes sacar ese rencor y esa amargura de tu corazón.