La Mediocridad

La Mediocridad

Pastor Alejandro Córdova

Leemos en la Biblia, Apocalipsis 3:14-17, dice así: «14 Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios, dice esto: 15 Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! 16 Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. 17 Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo.»

Quiero hablarles en esta noche, acerca del peor problema que tenemos los mexicanos, el más grave, el mayor.

Yo sé que hay infinidad de problemas en nuestro país; hay problemas como la prostitución, el otro día estaba escuchando en un noticiero, que nada más en el Distrito Federal, hay más de 86 mil prostitutas, nada más en el Distrito Federal, imagínense, y eso, yo me imagino, son las que han detectado, han descubierto, por supuesto que hay muchísimas más que no están detectadas, es un problema bastante grave.

Hay otros problemas, el alcoholismo: cuántos problemas, cuántas desgracias ha causado el alcoholismo en nuestro país, cuántas muertes, cuánto dolor, cuántas lágrimas, cuánta tristeza; pero yo considero que ese no es el problema más grave.

Ahora, un problema que nos amenaza y si no hacemos algo nos va a alcanzar: el homosexualismo, el lesbianismo, es un problema tremendo en nuestro país, tremendo, hacia cualquier lado que volteemos encontramos homosexuales, encontramos lesbianas, y lo peor es que se está promoviendo en una forma tan indiscriminada que está creciendo alarmantemente. Anteriormente se detectaba fácilmente a cualquier homosexual, a cualquier lesbiana… ya no, personas que parecen muy hombres, resulta que le van al América y tiran de uñita; bigotones, muy fornidos, muy varoniles, pero cuando nos damos cuenta, resulta que les hace agua la canoa.

Cuántos problemas hay en nuestro país: la tranza ¿a usted nunca lo han tranzado? ¿nunca le han dado gato por liebre? Es un problema que tenemos en nuestro país. La corrupción, la famosa mordida ¿a usted nunca le han pedido una mordida?, ¿usted nunca ha dado una mordida?

¡Cuántos problemas hay en nuestro país! en verdad creo que no terminaría nunca de mencionar todos los problemas que tenemos como mexicanos, como país; y a nivel local, en nuestras ciudades… cuántos problemas, la lista sería enorme.

Pero yo creo que todos esos problemas derivan de uno solo. Todos esos problemas derivan del peor, del más grave, del mayor.

Si usted me pidiera mi opinión en cuanto a cuál es el primer problema, el problema que deberíamos de atacar en cada uno de nosotros como individuos y como miembros de este país, yo pondría: la mediocridad.

Por naturaleza somos mediocres, por naturaleza todo lo hacemos a medias. En mi opinión ese es el problema más grande que tenemos como nación, como país. Parece que es parte de la idiosincrasia, alguien dijo por ahí «indiosincrasia» y me parece más correcto.

Parece que ese es el problema, y hasta nos justificamos, defendemos, apapachamos nuestra mediocridad. «Es que así soy, es que mi papá así era, es que mi abuelito así fue, es que mi tatarabuelito así era… ¿pues qué quiere? por eso somos así… somos mediocres». Y noten la palabra que estoy usando, no quiero convertirme en juez de nadie, ni decir que usted es peor que yo, o que yo soy superior a usted: estoy hablando en plural, estoy incluyéndome.

¡Qué problema tan serio es la mediocridad! Miren qué tan serio es la mediocridad que todos los problemas que he mencionado como alcoholismo, como drogadicción, como prostitución, como homosexualismo, como robo, como crimen, tranza, como abuso de autoridad, como corrupción, como mordida, todos eso que he mencionado y podría mencionar muchos más, en mi opinión se derivan de ese problema.

Y desgraciadamente como cristianos, no estamos ajenos a ese problema que gobierna, que reina en nuestro país de sabrá Dios desde hace cuántos años, pero es un problema bastante serio.

Es un problema bastante serio porque precisamente porque somos mediocres somos negligentes, somos apáticos, somos desinteresados, nos vale todo, por eso mantenemos descuidada la Iglesia, tiramos basura donde sea, entramos con niños pequeños al lugar al que se nos ha dicho que no debemos de entrar con niños pequeños, por eso nos importa poco quién esté predicando y salimos y entramos como se nos pega la gana, esté quien esté hablando: ¡qué importa! ¡eso no es importante! ¿verdad? ¡Qué importa que se haya gastado tanto dinero!, ¡qué importa que se haya invertido tanto tiempo!, ¡qué importa que se haya sacrificado tanto tiempo, tanto trabajo, tanto esfuerzo! yo quiero hacer mi voluntad, a mí me importa poco lo que está a mi alrededor, yo voy a hacer lo que se me pega la gana ¿verdad?

«¡Ay, Pastor, no me regañe!» No lo estoy regañando, hermano, créame, estoy predicando esto por su propio bien, por el bien de la obra de Dios. Si vamos a lograr esa visión celestial; si vamos a salir de ese letargo, de esa mediocridad en la cual vivimos; si algo va a suceder en nuestro país que influencie a otros países, tenemos que dejar de una vez por todas ese terrible pecado, porque si no, yo lo veo como una terrible tapadera que está impidiendo que Dios bendiga más su obra, que haga algo grande en nuestro país, que algo grande suceda…

Y déjeme decirle algo, yo estoy totalmente de acuerdo con todo lo que se ha predicado, estoy completamente de acuerdo con lo que predicó el hermano Ezequiel Salazar anoche, no estoy contradiciendo su mensaje, no me malentiendan, por favor. Pero yo creo que este problema es el otro lado de la moneda.

Sí, tenemos que esperar en el poder de Dios; sí, tenemos que hacer la obra de Dios con el poder de Él; sí, Él tiene que movernos, pero cuántas veces como leímos en el mensaje de hace un momento, nos ha hablado claramente, Dios ha puesto el dedo en la llaga y Dios nos ha señalado perfectamente nuestro pecado, pero por nuestra mediocridad nos quedamos ahí sentados y no pasamos más que de contentarnos un poquito «¡ay, qué bonito predicó el Pastor!, ¡ay, qué bonito habló!, ¡ay, Dios, háblame!, ¡ay, Señor, muéveme!», y usted quiere que Dios venga y haga lo que Dios claramente le ha dicho a usted y a mí que debemos hacer.

Y estamos cayendo en el mismo error de los pentecostales, ese es el problema de los pentecostales, todo le echan la culpa al Diablo: «¡ay, es que yo no quería pecar! pero el demonio del alcohol me indujo a tomar, y por eso soy borracho… ¡ay, no es mi culpa!». ¡Qué fácil resulta eso! Echarle la culpa al demonio del adulterio, echarle la culpa al demonio del alcohol, echarle la culpa al demonio de la droga y entonces usted no es responsable, ni yo tampoco. «Ah, entonces estamos así porque Dios quiere, entonces estamos bien». No, no es así. ¿Qué es? La mediocridad.

Antes, déjenme decirles, precisamente porque somos mediocres, no somos la clase de padres que deberíamos de ser; precisamente porque somos mediocres, no somos la clase de esposo o esposa que deberíamos de ser; precisamente porque somos mediocres, no somos la clase de hijo que deberíamos de ser; precisamente porque somos mediocres, no somos la clase de maestros de Escuela Dominical que deberíamos de ser; un maestro de Escuela Dominical mediocre no prepara su lección, llega con el manual frente al alumno, o con la lección y nada más se limita a leerla: eso es mediocridad, y usted debería estar sobre sus rodillas, hermano, pidiéndole perdón a Dios, porque usted hizo un compromiso con Dios, no con el Pastor, no con quien lo contrató para ser maestro de Escuela Dominical, usted hizo un compromiso con Dios y usted está siendo mediocre al nada más pararse frente a sus alumnos y leerle la lección de Escuela Dominical, la lección que se le ha dado; nada más limitarse a hacer lo esencialmente indispensable para que no lo corran como maestro de Escuela Dominical. Y lo mismo digo a los capitanes de ruta, y lo mismo digo a los ujieres, y lo mismo digo a los Diáconos, y lo mismo digo a cualquier persona que desempeña cualquier trabajo en la Iglesia. Pero de verdad, que nos hemos conformado y nos hemos metido en la cabeza que así somos, «pues es que así semos, Pastor, ni modo, ¿qué quiere que haga?».

¿Qué es la mediocridad?, ¿sabe qué es la mediocridad? Es un pecado. No es algo que no ofende a Dios.

Precisamente porque somos mediocres, hacemos una promesa a la obra misionera y luego nunca la cumplimos, precisamente porque somos mediocres como señalaba el hermano, no diezmamos: un domingo sí, tres no, otro domingo sí, cuatro no. Es un pecado.

Precisamente eso es lo que el Señor estaba atacando aquí en la Iglesia de Laodicea, miren otra vez lo que dice el Apocalipsis capítulo 3, versículo 14: Cristo mismo está hablando, Cristo mismo está señalando, denunciando el terrible pecado de esta Iglesia, la Iglesia de Laodicea, dice aquí: «14 Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios, dice esto: 15 Yo conozco tus obras,», y hermano, créamelo que Dios conoce sus obras, por eso lo señala, dice: «que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! 16 Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca». El gran pecado de la Iglesia de Laodicea es que ellos habían llegado a un nivel de conformidad, de mediocridad, se habían adaptado a los estándares de este mundo, a las normas de este mundo, ellos habían llegado a decir: «bueno, ya tenemos lo que queremos materialmente hablando, ya alcanzamos el nivel que queríamos, entonces ya no hay que seguir luchando». Y eso no es correcto.

Siempre en el cristiano debe existir un espíritu de superación, un deseo de hacer bien las cosas, un deseo de agradar a Dios, porque lo estamos haciendo para Él, jamás deberíamos conformarnos con lo que estamos haciendo para Dios. Pero ¡cuántos cristianos se han conformado! cuántos Pastores han llegado al límite de decir: «bueno, ya tengo mi Iglesita, ya saco para el chivo, bueno, pues ya qué…», ya me da más o menos un buen sueldo, ya qué me importa lo demás, ¿que las almas se van al infierno? pues que se vayan al infierno, ya no me preocupa. ¡Qué tragedia! Y eso por decir algo, porque la verdad es que la mayoría de las Iglesias ni siquiera han llegado a ese nivel. ¿y sabe por qué? Porque tenemos un montón de cristianos mediocres, un montón de cristianos tibios.

La mediocridad es el estado mental de una persona satisfecha con poco o con nada, esa es la mediocridad.

Y por eso es que vemos esto inclusive reflejado en los hogares de muchos hogares, cuántos hermanitos en las Iglesias se justifican de que tienen un mugrero en su casa porque son pobres… «Ay, Pastorcito, cierre los ojos», ¡no! hay que abrirlos más, si no me tropiezo con toda la basura que tiene usted ahí. El alterón de trastes ahí amontonados, el montón de ropa ahí guardada, alguna ya hasta pudriéndose, la basura por todos lados: eso es síntoma de mediocridad, eso es pecado delante de Dios. Vemos a personas todas mugrosas, apestosas, piojosas: «ay, es que soy pobre», no, eso no es sinónimo de pobreza, ese es sinónimo de mediocridad: pecado ¡es pecado, hermano! ¿Quién le ha enseñado que: «ay, porque soy pobre voy a andar todo despeinado, todo greñudo, todo pulgoso, roñoso»?, ¿quién le enseñó eso? eso no es correcto, pero ¿verdad que nos hemos conformado? «Ay, Pastor, es que yo soy muy pobre, no tengo para… comprar un poquito de agua y bañarme».

Dice la palabra de Dios aquí, que el Señor reprendió duramente a esta Iglesia: «17 Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo.» Exactamente esa es la condición de muchas personas en nuestro país, pero la tragedia más grande y lo que me preocupa a mí, es verlo reflejado en un montón de cristianos conformados a las normas de este mundo, conformados a lo que se hace en este mundo y tratando de justificarse diciendo: «yo estoy bien». Entiende, hermano, es un pecado terrible, y eso desagrada a Dios tanto como que usted robe, tanto como que usted mate, tanto como que usted sea un mentiroso o un adúltero: desagrada a Dios.

Dios es un dios de orden. El diccionario dice que la mediocridad quiere decir: «de calidad media o mala, regular y torpe», esa es la mediocridad.

Déjenme hablarles acerca de algunos de los resultados de la mediocridad. Precisamente porque somos mediocres, somos negligentes; la palabra negligencia quiere decir «descuido, omisión, falta de aplicación», la Biblia nos pone un montón de ejemplos de personas que fueron negligentes. Por ejemplo, en Josué 18:3, nos dice: «3 Y Josué dijo a los hijos de Israel: ¿Hasta cuándo seréis negligentes para venir a poseer la tierra que os ha dado Jehová el Dios de vuestros padres?». ¿Hasta cuándo seréis negligentes? dice la Palabra de Dios, ahí estaba el pueblo de Israel congregado, y dice Josué: «¿hasta cuándo seréis mediocres?, ¿por qué no hacen lo que Dios les ha encomendado hacer?»

Desgraciadamente, ustedes saben las consecuencias de la negligencia, de la mediocridad, dice en Jueces 1:21, lo que ocurrió precisamente porque el pueblo de Israel fue negligente en obedecer, en cumplir con la orden que Dios les había dejado, y yo sé, que la tarea que nosotros tenemos es tan grande, es tan portentosa, que cuando nosotros volteamos alrededor del mundo y vemos los millones y miles de millones que hay, decimos «es una tarea increíble, es una tarea que no podemos desarrollar», pero hermanos, mientras cada quién no esté haciendo su parte responsablemente, jamás vamos a lograr ni siquiera hacerle cosquillas a ese mundo; pero usted, no se debe de justificar, en eso, usted y yo deberíamos decir «yo tengo que hacer mi tarea, yo tengo que hacer mi trabajo» y a lo mejor, efectivamente no vamos a alcanzar a todo el mundo, pero por lo menos esa debería ser nuestra meta; pero qué vergüenza que estemos encerrados en nuestro circulito: «yo ya soy salvo, yo ya conozco de la Palabra de Dios, y por lo demás, que el mundo ruede, a mí no me importa, no es mi problema», mediocre, ese es un pensamiento mediocre.

«¡Ah! Pues es que nosotros no tenemos dólares». Qué bueno que cuando se escribió la Biblia no había dólares, qué bueno que cuando Cristo le dio la gran comisión a los discípulos no había dólares. La tarea es de nosotros.

«Ay, Pastor, soy muy pobre» y va a seguir siendo pobre, por su mediocridad. ¿No me lo cree? mire, ese es otro resultado, vayamos al libro de Proverbios 6, si no encuentra los libros con facilidad es también por su mediocridad… ya tiene seis meses de ser cristiano y aún no conoce los libros de la Biblia, ya tiene más de un año y jamás ha leído toda la Biblia completa; y me conformaría con que tuviera más de 10 años y hubiera leído la Biblia completa, pero no la ha leído, ¿sabe por qué? por su mediocridad.

En Proverbios 6:6-11 dice: «6 Ve a la hormiga, oh perezoso, Mira sus caminos, y sé sabio; 7 La cual no teniendo capitán, Ni gobernador, ni señor, 8 Prepara en el verano su comida, Y recoge en el tiempo de la siega su mantenimiento. 9 Perezoso», mediocre, «¿hasta cuándo has de dormir? ¿Cuándo te levantarás de tu sueño? 10 Un poco de sueño, un poco de dormitar, Y cruzar por un poco las manos para reposo; 11 Así vendrá tu necesidad como caminante, Y tu pobreza como hombre armado.» Otro resultado de la mediocridad es la pereza, y precisamente por eso es que hay un montón de cristianos que no tienen ni para comer.

«Ay, Pastor, es que me corrieron de mi chamba» ¿por qué? no creo que haya sido porque eras muy trabajador, no creo que haya sido porque usted es muy responsable, porque llegaba a tiempo a su trabajo ¿verdad? No, usted acostumbraba pasársela campechanamente, ahí, meciéndose en su hamaquita, tomando su coquito con agua bien fría.

Por eso estamos como estamos, por eso no podemos ver la bendición de Dios sobre nuestras vidas, y hermano Pastor, esto aplica también a la obra de Dios. Usted no le echa ganas al trabajo en la obra de Dios, no espere que salga para el chivo, no va a salir. «Ay, Pastor, es que la gente aquí en mi Iglesia es muy dura», a lo mejor están nada más reflejando lo que ven en el púlpito cada semana, nada más.

Mire, por la negligencia del pueblo de Israel lo que ocurrió, Jueces 1:21 «21 Mas al jebuseo que habitaba en Jerusalén no lo arrojaron los hijos de Benjamín, y el jebuseo habitó con los hijos de Benjamín en Jerusalén hasta hoy». Luego en el versículo 27: «27 Tampoco Manasés arrojó a los de Bet-seán, ni a los de sus aldeas, ni a los de Taanac y sus aldeas, ni a los de Dor y sus aldeas, ni a los habitantes de Ibleam y sus aldeas, ni a los que habitan en Meguido y en sus aldeas; y el cananeo persistía en habitar en aquella tierra». Versículo 29 y 30: «29 Tampoco Efraín arrojó al cananeo que habitaba en Gezer, sino que habitó el cananeo en medio de ellos en Gezer. Extensión de las conquistas de las demás tribus  30 Tampoco Zabulón arrojó a los que habitaban en Quitrón, ni a los que habitaban en Naalal, sino que el cananeo habitó en medio de él, y le fue tributario.»

Y ahí sigue diciéndonos todo lo que el pueblo de Israel no hizo ¿por qué no lo hizo? por causa de su negligencia. Y dice la Biblia que al ratito, esas naciones comenzaron a crecer y a hacerse más fuertes, y en vez de que el pueblo de Israel los sojuzgara, ahora ellos estaban siendo sojuzgados. ¿Saben por qué? por su mediocridad.

Es cierto que Dios nos está bendiciendo, sí es cierto que Dios está haciendo algo en nuestro país, yo. lo puedo ver. Dios me ha dado la bendición de viajar por todo el país y predicar en tantos lugares, y ver que Dios se está manifestando, pero yo no quisiera ver que esa bendición de Dios acabara por causa de nuestra mediocridad.

Y qué tremendo que si no aprobamos esta bendición de Dios, este impulso que Dios nos está dando, al ratito tengamos que ver que las puertas se cierran; o al ratito tengamos que ver que el pecado está creciendo tanto en nuestro país, que está apagando lo que Dios está haciendo, y hermano, eso no va a ocurrir si nosotros de verdad dejamos a un lado la mediocridad, la negligencia, la pereza, y empezamos a hacer la obra de Dios como Dios quiere que sea, y dejamos de justificar todos nuestros pecados y dejamos a un lado toda esa mediocridad y empezamos a hacer la obra de Dios como Él quiere que sea hecha.

Qué vergüenza que haya Pastores que son tan mediocres, que jamás leen la Biblia, Pastores. Pastores que no pasan un tiempo en oración, se creen Superman, ya no necesitan la ayuda de Dios, ya no necesitan la enseñanza de Dios, ya solitos pueden. Esa es la razón por la cuál algunos Pastores no quieren asistir a conferencias como esta: «Ay, para qué, siempre es lo mismo», no, no es lo mismo, yo estoy seguro de que no había escuchado un mensaje como este.

Otro resultado de la mediocridad, es la indolencia, la palabra indolencia quiere decir: «que no se afecta o conmueve, descuido»; otro resultado de la mediocridad es la apatía, apatía quiere decir: «impasibilidad del ánimo, indiferencia, falta de decisión, dejadez, indolencia»; como producto de la mediocridad viene la desobediencia, como producto de la mediocridad viene la carnalidad, como producto de la mediocridad viene la rebeldía, como producto de la mediocridad viene la mundanalidad, viene el robo, viene la mentira, viene el conformismo, vienen los vicios; la lista es larga. ¿Cuántas cosas trae la mediocridad? muchísimas.

¿Cómo acabar con la mediocridad?, ¿qué tenemos que hacer para acabar con este terrible pecado, con este terrible problema que tenemos? Primeramente veamos en Proverbios 28:13. Algunos por su mediocridad, ni Biblia llevan a la Iglesia. «No, Pastor, es que yo vengo del trabajo» ¿y por qué no se la lleva al trabajo? «es que no quiero que sepan que soy cristiano» ah, ese es el problema, esa es la razón. Proverbios 28:13 es un versículo muy conocido, algo que predicaba nuestro hermano Luís hace un momento: «13 El que encubre sus pecados no prosperará; Mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.» Esa es la razón por la cuál usted y yo tenemos que ser honestos en esta noche, y decirle al Señor: «sí es cierto, yo te prometí que iba a leer la Biblia, en enero, la iba a leer diariamente y me cansé muy pronto, la leí nada más dos o tres días y ya la abandoné, perdóname, Señor en esta noche. Señor, yo te prometí que iba a ganar almas, por lo menos una vez cada semana iba a ir a ganar almas y muy pronto me desanimé. Perdón, Señor porque yo te prometí que iba a dar tal cantidad para la hora misionera, para la construcción y nada más lo di dos domingos y luego se me olvidó. Perdóname, Señor.» Usted debería de hacer eso, el primer problema para acabar con la mediocridad es reconocer que tiene usted ese problema. Mientras usted no reconozca que tiene ese problema, todo le va a pasar por arriba, todo le va a importar poco, pero no, es necesario comenzar reconociendo, diciéndole «Señor, sí es cierto, yo tengo ese problema, por eso no soy la clase de padre que debo de ser; por eso soy la clase de esposo que no debo ser; me molesta cada vez que mi hijo me pide tiempo, me molesta cada vez que mi esposa quiere hablar conmigo, me enojo cada vez que algo sale mal en la casa… porque he sido mediocre».

Ese es el primer paso. Para resolver cualquier problema el primer paso es reconocer que tenemos el problema; si no lo reconocemos ¿cómo lo vamos a resolver?, ¿cómo vamos a buscar la ayuda que necesitamos para resolver el problema? Reconózcalo, «El que encubre sus pecados no prosperará».

¿Cuántos cristianos meten su cabeza en la arena?, en un hoyo como los avestruces y creen que ya está resuelto el problema, «No, no existe el problema, no, no existe». Cuando llega y le da el golpe, entonces está llorando, entonces sí ve las consecuencias y entonces quiere que el Pastor le resuelva sus problemas con una varita mágica. No, no encubra su pecado, hermano. En esta noche, honestamente, humildemente, venga delante de Dios y dígale: «Señor, sí es cierto, yo tengo ese problema, yo he sido un mediocre».

Hemos escuchado cantar aquí, ¿usted cree que nada más de repente se pusieron en la mente la idea de cantar y ya cantaron? Yo sé que algunos tienen talento, algunos traen la habilidad, la capacidad innata de la música, tienen buena voz, tienen buen oído, saben entonarse… pero muchos no, han tenido que estar trabajando y trabajando, practicando y practicando, hasta que al fin, logran superar ese problema.

Pero por causa de no reconocer nuestro problema, ahí lo seguimos apapachando. «No, yo no tengo ese problema, no es cierto que el Pastor me pidió que yo fuera maestro de Escuela Dominical, pero no, es que yo tengo miedo de hablar al público, es que a mí me da mucho miedo, es que yo soy muy nervioso y yo nada más me paro ahí frente a la gente y tiemblo como una gelatina». ¿Usted cree que todos los que estamos aquí al frente predicando, no tuvimos ese problema? Está comprobado que uno de los temores que tiene el ser humano es a pararse en público y hablar delante de toda la gente, no importa que el grupito sea de cinco personas, diez personas. Tenemos que superar ese problema, y si Dios ha puesto en nuestro corazón, en nuestra mente ese deseo, hágale caso a Dios. Él sabe que usted sí puede, sí puede, nada más tiene que dejar su mediocridad.

«Ay, no, es que yo no sé ganar almas, y me da mucha vergüenza hablar» y de cuántas cosas habla, y habla de muchas cosas que no debería hablar; no me diga que le da miedo hablar, ¡claro que sabe hablar! Pero ¿sabe por qué no se atreve a hablarle a otra gente de Cristo? Por su mediocridad.

Reconozca su problema, hermano ¡reconózcalo, admítalo! Porque si no lo reconoce, dice la Biblia: «tu pecado te alcanzará». Un día, ya escuchamos el mensaje anterior, van a venir las consecuencias de nuestro pecado; ¡créanlo! van a venir y nosotros como país estamos sufriendo las consecuencias de la mediocridad de todo mundo: nadie es responsable, nadie hace su trabajo, nadie cumple con responsabilidad; por eso vamos a una dependencia de gobierno y ahí nos entretienen quién sabe cuánto tiempo, por eso vamos a buscar tal o cual ayuda en un trabajo, y aunque estamos pagando el maestro es irresponsable, el mecánico es irresponsable, el carpintero es irresponsable… y muchos de esos son cristianos.

Reconozca, en segundo lugar, confiéselo, arrepiéntase de su pecado. Dice aquí: «El que encubre sus pecados no prosperará, mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia», hermano, reconozca que es un pecado, luego confiéselo diga al Señor: «Señor, perdóname, yo quiero salir de este letargo, yo quiero salir de este hoyo, yo quiero salir de este problema que tengo».

El tercer paso, necesita crucificar su carne. Porque la Biblia nos dice, ahí en el libro de Gálatas 5:19 nos dice: «19 Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia,» y en el versículo 21: «21 envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas;» fíjense bien: «cosas semejantes a estas». Añádale lo que quiera, pero veamos ahora el versículo 24: «24 Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.» ¡Crucifique su carne, hermano! porque la carne es perezosa, la carne es negligente, la carne es descuidada, la carne es apática, la carne es indolente; no le gusta trabajar, no le gusta sacrificarse, no le gusta sufrir, le gusta quedarse en la cama ahí acostado hasta las 10, 11 de la mañana, 12 del día ¿a poco no? ¿a poco cuando usted tiene que levantarse temprano, a las 5 de la mañana, 6 de la mañana a trabajar, usted se levanta pero si bien contento y gozoso: «¡qué bueno que me puedo levantar!» No, usted quiere quedarse ahí hasta las 10 de la mañana, 11 de la mañana, especialmente cuando está en conferencias y se queda toda la noche platicando de cosas que no debería platicar. Y esa es la razón por la que algunos hermanitos llegan aquí a la conferencia y están durmiéndose, perdiendo el tiempo en realidad, malgastando el dinero porque luego ¿para qué venimos? Venimos a una conferencia y luego no escuchamos nada, no oímos nada, no sacamos nada de provecho… o lo que es peor, venimos a la conferencia y nos enojamos con mensajes como este. Crucifique su carne, ¡crucifíquela! Tráigasela esta noche al Señor y dígale: «Señor, mata esta carne, esta carne tan perezosa, esta carne tan sentida, esta carne tan negligente… ¡mátala, Señor!». Dice aquí la Biblia claramente que «los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos».

Cuarto paso para acabar con la mediocridad: debemos vigilarnos para no caer nuevamente en ese pecado. Porque qué fácil, nada más cerramos los ojos y ya, otra vez estamos en el mismo hoyo.

Quinto paso, ataque un problema a la vez. No trate de resolver todos los problemas de un solo jalón porque no va a poder, y se va a desanimar, y se va a hacer más mediocre. Por ejemplo, ¿no ha leído la Biblia diariamente?, ¿no ha orado?, ¿no ha ganado almas?, ¿no ha asistido fielmente a la Iglesia?, ¿no ha diezmado?, ¿no ha tratado a sus hijos como debe tratarlos? Yo le recomendaría que se tratara la meta, por lo menos durante 15 días, de atacar un problema. Propóngase como meta, durante 15 días como mínimo, leer la Biblia diariamente; no ataque los demás problemas: uno por uno. Haga una lista de todos sus problemas y empiece a atacar uno, hasta que se convierta en un hábito positivo en usted. Ya logró durante un mes, leer la Biblia diariamente, siga con ese buen hábito… pero ahora ataque otro problema, el no orar; ¡uno por uno! Repito, no intente resolver todos los problemas de un jalón porque no va a poder, y se va a desanimar y va a decir «¡no se puede!, ¡no se puede!, ¡no se puede!». Trate de evitar que salgan de su boca malas palabras, ataque ese problema: uno por uno a la vez.

¿Qué es lo que sustituye a la mediocridad? La Biblia nos dice que Dios nos creó, y Dios nos creó con un espíritu de superación, es parte de nuestra naturaleza; Dios nos creó con el espíritu de salir adelante, de superarnos, de alcanzar nuevas metas. Cada cuatro años se celebran los Juegos Olímpicos, y eso nos prueba que efectivamente, el ser humano tiene la capacidad de superarse: siempre se están rompiendo nuevos récords, siempre se están alcanzando nuevas metas, siempre se está logrando algo más.

Que esas mismas habilidades, que esos mismos talentos que tiene toda la gente los utilizáramos para hacer la obra de Dios ¿dónde estaríamos ya?, ¿dónde estaría la obra de Dios? Pero desgraciadamente, dejamos que este mundo utilice todas esas habilidades, todo ese espíritu de superación para cosas perversas, diabólicas muchas de ellas, porque cada vez inventan más y más formas de pecar. Y tratan de rociar, regar su pecado en toda la raza humana. ¿Y nosotros los cristianos? De hecho, ¿cuántas veces ganando almas, personas me han dicho: «no, yo no voy a esas Iglesias, porque los cristianos son unos mediocres»? les lavan el coco ahí, y ya los tienen como robots. ¡Qué lástima que en muchos casos sí tienen razón!, ¿verdad?

Hermano, no estoy diciendo que debemos de buscar un materialismo, no. Hay una línea tan delgada entre lo que es mediocridad y lo que es materialismo, que a veces nosotros nos justificamos diciendo: «no, es que yo no soy materialista», y por eso caemos en la mediocridad.

Yo no estoy diciendo que debemos de trabajar para amontonar riquezas si es que Dios no nos las da; porque yo creo que Dios puede bendecir, dice la Biblia que la bendición de Jehová eso trae, precisamente, como consecuencia, pero dice que «no añade tristeza con ella», y Dios puede bendecir, y yo conozco algunos hermanos en nuestra Iglesia que han prosperado materialmente en una forma increíble, y es la bendición de Dios, de eso a mí no me cabe la más mínima duda. Yo no creo que nosotros debemos de correr detrás de las cosas materiales, pero que eso no sea pretexto para decir: «Bueno, aquí me conformo con mi chambita, la voy a hacer mediocremente, y ahí a ver qué sale». No, si usted es carpintero, debería ser el mejor carpintero del mundo; si usted es mecánico, debería ser el mejor mecánico del mundo; si usted es doctor, debería ser el mejor doctor del mundo.

Dios necesita ese tipo de personas también y Dios quiere que usted sea esa clase de cristiano.

Lo que sustituye la mediocridad, es la disciplina, las metas, la diligencia.

Mire nada más un ejemplo de esto, en 2 Crónicas 32:5, dice la palabra de Dios: «5 Después con ánimo resuelto edificó Ezequías todos los muros caídos, e hizo alzar las torres, y otro muro por fuera; fortificó además a Milo en la ciudad de David, y también hizo muchas espadas y escudos». Ezequías fue uno de los mejores reyes que tuvo la nación de Judá. Dice la Palabra de Dios aquí que «con ánimo resuelto», con determinación, con decisión dijo: «vamos a reconstruir estos muros, vamos a levantar esta ciudad, vamos a hacer lo que tenemos que hacer», no solamente eso, en el libro de Isaías, capítulo 38:1-5, tenemos que la Palabra de Dios nos habla de este mismo rey: «1 En aquellos días Ezequías enfermó de muerte. Y vino a él el profeta Isaías hijo de Amoz, y le dijo: Jehová dice así: Ordena tu casa, porque morirás, y no vivirás. 2 Entonces volvió Ezequías su rostro a la pared, e hizo oración a Jehová, 3 y dijo: Oh Jehová, te ruego que te acuerdes ahora que he andado delante de ti en verdad y con íntegro corazón, y que he hecho lo que ha sido agradable delante de tus ojos. Y lloró Ezequías con gran lloro. 4 Entonces vino palabra de Jehová a Isaías, diciendo: 5 Ve y di a Ezequías: Jehová Dios de David tu padre dice así: He oído tu oración, y visto tus lágrimas; he aquí que yo añado a tus días quince años.»

¿Qué hizo Ezequías en esos 15 años? Una de las grandes cosas que hizo Ezequías en esos quince años se nos narra que Ezequías se esforzó, fue con ánimo resuelto, decisión, determinación, en Proverbios 25:1, nos dice la Palabra de Dios: «1 También estos son proverbios de Salomón, los cuales copiaron los varones de Ezequías, rey de Judá:». ¿Sabe yo qué creo que hizo Ezequías en esos quince años más que Dios le regalo de vida? él no fue mediocre, él dijo «Señor, tú me has regalado este tiempo, quiero aprovecharlo bien». Él recopiló todo el Antiguo Testamento hasta donde existía. Él trajo varones sostenidos por él y dijo: «recopílenme todo el Antiguo Testamento». Y en mi opinión, tenemos gran parte del Antiguo Testamento, como lo tenemos hoy en día, gracias al rey Ezequías.

¿Sabe usted qué me dice eso? Que si usted se traza metas, que si usted se disciplina, que si usted deja a un lado la negligencia, la apatía, la indiferencia, la mediocridad, usted puede lograr algo para Dios; y a lo mejor nadie lo sabe, ¡pero qué importa! Usted no lo está haciendo para los hombres, usted lo está haciendo para Dios.

Mire, un estímulo para dejar la mediocridad. En Mateo 13:10-12 nos dice: «10 Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas? 11 El respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado. 12 Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.» Al que tiene, dice la Biblia, y es diligente, y es responsable, y es cumplido, se le va a dar más; pero al que no tiene, o que recibió pero ha sido descuidado, como ese siervo malo y negligente, que a pesar de que recibió un talento fue y lo enterró y no lo puso a trabajar, aún lo que tiene le será quitado.

Y veamos ahora el versículo 13: «13 Por eso les hablo por parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden.» Noten, oyen y ven, pero no quieren entender; no quieren entender, no quieren ver lo que es real delante de sus ojos: «14 De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dijo: De oído oiréis, y no entenderéis; Y viendo veréis, y no percibiréis. 15 Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, Y con los oídos oyen pesadamente, Y han cerrado sus ojos; Para que no vean con los ojos, Y oigan con los oídos, Y con el corazón entiendan, Y se conviertan, Y yo los sane» ¿Sabe por qué estos no quieren oír?, ¿sabe por qué no quieren ver?, ¿sabe por qué no quieren cambiar? Porque son mediocres. Ven, oyen, entienden… pero están contentos con sus pecados. Por eso es que Cristo dice que les hablaba con parábolas, «porque viendo, no ven, porque oyendo, no entienden».

Pero luego nos dice: «16 Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen. 17 Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.» Lo que aquí Cristo está diciendo es: «Ustedes son más bendecidos que los antiguos».

Nosotros somos más bendecidos, porque los antiguos, las personas del Antiguo Testamento, oían que iba a venir un Redentor, oían que iba a venir un Mesías, oían que iba a venir un Dios hecho hombre.

Nosotros oímos y conocemos lo que ya ocurrió, aquí tenemos el testimonio fehaciente de eso. Usted y yo somos más bendecidos que los del Antiguo Testamento. Son palabras de Cristo.