No Cuelgues Tu Arpa

No Cuelgues tu Arpa

Pastor Gil Torres

Éxodo 15:1-3: «Entonces cantó Moisés y los hijos de Israel este cántico a Jehová y dijeron: «Cantaré yo a Jehová porque se ha magnificado grandemente. Ha echado en el mar al caballo y al jinete. 2Jehová es mi fortaleza y mi cántico. Y ha sido mi salvación. Este es mi Dios, y yo lo alabaré; Dios de mi padre, y lo enalteceré. 3 Jehová es varón de guerra; Jehová es su nombre.»

Aquí en el capítulo 15, estaban cantando, y en este canto estaban alabando a Dios. Parte del culto, del servicio de nosotros, de la Iglesia, es cantar; y qué bueno que podemos venir y cantar los himnos y los cánticos y toda la música especial, todo lo hacemos porque servimos a un Dios de victoria, servimos a un Dios y aquí en este capítulo en particular, ellos estaban cantando porque en el capítulo 14, vemos la historia en que Dios hizo el gran milagro de partir el Mar Rojo.

Ellos salieron de Egipto, tras los 400 años que estuvieron bajo la esclavitud, y Dios los rescató por medio de un varón que él usó, Moisés y salieron de ahí después de tantas pruebas y dificultades.

Estaban dispuestos para ir a alabar a su Dios y dice la Biblia que Dios los dirigió a un lugar, y este lugar era un lugar peligroso, difícil, porque del lugar donde estaban, no había salida. Tenían el Mar Rojo delante de ellos y los montes a los lados. Y cuando miran hacia atrás, de donde salieron de Egipto, ven que viene un ejército contra ellos.

Dice la Biblia que el Faraón de repente se arrepintió de dejarlos ir libres y él vino contra ellos y ellos podían ver ese gran ejército. Dice la Biblia que tenían temor y no sabían qué hacer, porque no podían huir porque no había para donde ganar y de repente en medio de todo esto, había desesperación, estaba la gente angustiada, había nervios y no sabían ni cómo le iban a hacer, y el hombre de Dios, Moisés, se dirigió Dios a él y le dijo: «Moisés, no te preocupes, vamos a hacer un milagro, la gente me va a reconocer el día de hoy, se encuentran en una situación muy difícil, muy peligrosa, pero acuérdate quién te dirigió a este lugar, tú no escogiste este lugar, yo te traje a este lugar con esa gran cantidad de gente.»

Y en el capítulo 14, dice la Biblia que ahí, Moisés, delante de toda la gente, baja su bastón y el Mar Rojo se aparta, se divide. Y dice la Biblia que cuando ellos vieron esto, Dios dijo: «Quiero que ustedes desciendan, van a entrar ahí y van a caminar por la tierra, va a estar seco todo en el medio, va a haber un muro de agua por un lado y otro muro de agua por otro lado. Y ustedes van a caminar hacia adelante, yo voy a estar con ustedes, y yo los voy a dirigir.»

Y ustedes saben la historia, así pasa. Ellos descienden, y pasan, así lo hacen. Descendieron, dice la palabra de Dios, y la historia cuenta que ellos van caminando en medio del Mar Rojo y salen por el otro lado, y de repente las aguas, antes de descender de nuevo, los que venían atrás de ellos entran también porque dicen: «nosotros también vamos a pasar por ahí» pero no sabían que ese camino no era para ellos, era para los hijos de Dios, que Dios iba a cuidar a su pueblo, y ellos pensaban que podían seguirlos. Y bajaron para perseguirles y dice la Biblia que de repente caen las aguas sobre ellos.

Y cuando los hijos de Dios salen al otro lado, ven lo que Dios hizo y comienzan a cantar, comienzan a alabar a Dios, comienzan a reconocer: «¡Qué maravilla! ¡Mira qué Dios tan grande tenemos!» Y nosotros como creyentes, cantamos también porque somos hijos de victoria.

Nosotros ya hemos leído la Biblia, de Génesis a Apocalipsis y al fin de todo, nosotros ganamos. Al fin de todo vamos a estar con Dios, el Rey de Reyes y el Señor de Señores. Todo esto se va a terminar, todos los problemas, todo lo que está pasando, un día cesará todo eso y estaremos con el Señor y por eso nosotros podemos cantar. Y por eso podemos estar gozosos. Y aquí ellos estaban cantando porque acaban de ver una gran victoria.

En Jueces 4:13-15, vemos: «Y reunió Sísara todos sus carros, novecientos carros herrados, con todo el pueblo que con él estaba, desde Haroset-goim hasta el arroyo de Cisón. 14Entonces Débora dijo a Barac: Levántate, porque este es el día en que Jehová ha entregado a Sísara en tus manos. ¿No ha salido Jehová delante de ti? Y Barac descendió del monte de Tabor, y diez mil hombres en pos de él. 15Y Jehová quebrantó a Sísara, a todos sus carros y a todo su ejército, a filo de espada delante de Barac; y Sísara descendió del carro, y huyó a pie.»

Tenemos que entender un poco de la historia. Se encuentran aquí en una situación muy difícil. Viene contra ellos este ejército y dice la palabra de Dios que Débora le dice a Barac: «No te vayas a desanimar, tú sigue adelante, Dios tiene un plan, Dios nos prometió que nos va a cuidar, Él se encargará, Él va a pelear para nosotros, Él puede ver todo lo que está pasando, Él sabe lo que viene, Él conoce muy bien el porvenir y Dios nos ha dado la victoria.»

Dios conoce lo que ustedes están sufriendo hoy. Hay unos aquí que están viviendo bajo sus circunstancias y hay otros que están viviendo sobre sus circunstancias.

La vida es una prueba. Ustedes están viviendo su vida en una de tres cosas: En una prueba; entrando a una prueba; o saliendo de una prueba. Pero, la vida en sí es una prueba.

Yo no entiendo los que predican: «Pare de sufrir.» Yo no sé cuál Biblia están leyendo.

La Biblia dice que al ser creyente uno va a sufrir. Al entregarse a Dios va a haber sufrimiento, va a haber dolor, va a haber fracaso, pero aún en todo, todavía tenemos la victoria. Y aquí ellos vieron la victoria. Veamos ahora Jueces 5:1-3, dice: «Aquel día cantó Débora con Barac hijo de Abinoam, diciendo: 2Por haberse puesto al frente los caudillos en Israel, Por haberse ofrecido voluntariamente el pueblo, Load a Jehová. 3Oíd, reyes; escuchad, oh príncipes; Yo cantaré a Jehová, Cantaré salmos a Jehová, el Dios de Israel.» ¿Qué están haciendo? Están cantando. ¿Por qué están cantando? Porque acaban de tener una victoria. Es fácil cantar cuando tenemos victoria. Es fácil cantar cuando uno sale de una prueba.

Cuando los hijos de Israel salieron del Mar Rojo, antes de entrar, no estaban cantando, pero al salir por el otro lado, estaban cantando. Estaban cantando porque acaban de ver una victoria, acababan de ver la mano de Dios, y aquí otra vez vemos que ven la mano de Dios y comienzan a cantar.

Yo no sé tú, pero cuando tengo gozo en mi corazón, eso me causa cantar. Yo cuando me baño me gusta cantar de vez en cuando, yo no soy bueno para cantar, no tengo voz para cantar, Gloria a Dios que mis hijos sí cantan bien, pero yo no. A veces yo me estoy bañando, y cantando y de repente uno de mis hijos escuchan por afuera que estoy cantando y gritan: «Papá, ese canto que tú estás cantando, reconozco la melodía de ese himno, pero las palabras que tú estás usando no son correctas, así no es ese canto» y yo les grito del baño «Pues ese canto es mío, es personal, este es mío, el que Dios ha puesto en mi corazón.» Pero yo cambio una palabra aquí y una palabra ahí, y la ajusto para lo que está pasando en mi vida, y yo lo canto al Señor ¿por qué? porque tengo un gozo en el corazón, porque tengo una alegría.

Y qué triste, cuando nosotros perdemos eso. Qué triste cuando la vida se pone tan difícil que ya no podemos cantar porque por dentro estamos sufriendo, estamos deprimidos, estamos desanimados, y Dios no quiere que sea así. Dios quiere que estemos siempre cantando. Como en Apocalipsis 7. Estoy hablando del gozo del Señor en referencia a lo que es el cantar cuando tenemos gozo. Apocalipsis 7:1-4 dice: «Después de esto vi a cuatro ángeles en pie sobre los cuatro ángulos de la tierra, que detenían los cuatro vientos de la tierra, para que no soplase viento alguno sobre la tierra, ni sobre el mar, ni sobre ningún árbol. 2Vi también a otro ángel que subía de donde sale el sol, y tenía el sello del Dios vivo; y clamó a gran voz a los cuatro ángeles, a quienes se les había dado el poder de hacer daño a la tierra y al mar, 3diciendo: No hagáis daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que hayamos sellado en sus frentes a los siervos de nuestro Dios. 4Y oí el número de los sellados: ciento cuarenta y cuatro mil sellados de todas las tribus de los hijos de Israel.»

Y ahora, en Apocalipsis 14:1-3, nos dice: «Después miré, y he aquí el Cordero estaba en pie sobre el monte de Sión, y con él ciento cuarenta y cuatro mil, que tenían el nombre de él y el de su Padre escrito en la frente. 2Y oí una voz del cielo como estruendo de muchas aguas, y como sonido de un gran trueno; y la voz que oí era como de arpistas que tocaban sus arpas. 3Y cantaban un cántico nuevo delante del trono, y delante de los cuatro seres vivientes, y de los ancianos; y nadie podía aprender el cántico sino aquellos ciento cuarenta y cuatro mil que fueron redimidos de entre los de la tierra.»

Fueron redimidos ¿y saben lo que estaban haciendo? estaban cantando, ¿por qué? porque tenían el gozo de Dios en su corazón. Y dice la Biblia que era un canto que nadie más podía cantar, sólo ellos estaban cantando. En Apocalipsis 15:1-3, vemos: «Vi en el cielo otra señal, grande y admirable: siete ángeles que tenían las siete plagas postreras; porque en ellas se consumaba la ira de Dios. 2Vi también como un mar de vidrio mezclado con fuego; y a los que habían alcanzado la victoria sobre la bestia y su imagen, y su marca y el número de su nombre, en pie sobre el mar de vidrio, con las arpas de Dios. 3Y cantan el cántico de Moisés siervo de Dios, y el cántico del Cordero, diciendo: Grandes y maravillosas son tus obras, Señor Dios Todopoderoso; justos y verdaderos son tus caminos, Rey de los santos.»

Aquí estaban otra vez. Dice la Biblia que tenían las arpas y estaban otra vez cantando el cántico de Moisés, ¿cuál era? el que leímos en Éxodo 15. Dice también que estaban cantando el cántico del Cordero. Y estaban alabando a Dios y reconociendo a Dios.

Ustedes entienden que aquí está hablando del Cielo y que nosotros un día, como creyentes, estaremos en el Cielo, cantando continuamente delante de Dios, ¿por qué? porque vamos a estar gozosos y contentos y en paz y no nos va a quedar de otra que cantar. Y vamos a cantar.

Dios quiera que nosotros tengamos mucha práctica aquí, antes de llegar allá. Dios quiere que nosotros estemos gozosos aquí, antes de estar allá.

Dios quiere que nosotros tengamos en nuestro corazón un gozo que nos cause cantar, y este gozo no tiene nada que ver con lo que está pasando en su vida, este gozo tiene que ver con lo que Dios ha hecho en el interior de tu corazón. Esto no tiene que ver con nada de lo que está pasando afuera, todo esto tiene que ver con lo que está pasando adentro.

Desgraciadamente la mayoría de nosotros cantamos dependiendo de lo que está pasando afuera. ¿Y tú por qué cantas?: «Porque estoy bien vestido. Es que Dios me ha cuidado. Es que Dios me ha dado salud. Es que Dios me ha dado esto. Es que me ha dado aquello…» Y tú dices y alabas a Dios y le das gracias y no hay nada malo en reconocer las bendiciones de Dios, pero qué triste que estamos cantando por las bendiciones de Dios y no solamente por el hecho de que Dios es real y que lo amamos y que él nos ama a nosotros.

Parece que nosotros estamos motivados más por lo que Dios puede hacer por nosotros, en vez de estar motivados por el hecho de que Dios es amor y nos amó a nosotros antes de que nosotros pudiéramos amarlo a Él.

Algunos estaremos contentos de recibir todas las bendiciones de Dios, y decimos: «Dios, en verdad no te necesito a ti, pero las bendiciones, eso sí… entrégamelas.»

Moisés estaba por entrar a la Tierra Prometida, y Dios se la enseñó y de repente le dice Moisés al Señor: «Yo puedo ver esas bendiciones, puedo ver la Tierra Prometida, pero si tú no vas conmigo, Señor, yo no voy.» ¿Qué estaba diciendo Moisés? Que para él, el gozo de su vida era Dios, no eran las bendiciones. Y muchos de nosotros, nos encontramos motivados por las bendiciones de Dios y no por Dios. Y es tan fácil hacerlo. Ahora, en 1 Samuel 18:6-7, nos dice: «Aconteció que cuando volvían ellos, cuando David volvió de matar al filisteo, salieron las mujeres de todas las ciudades de Israel cantando y danzando, para recibir al rey Saúl, con panderos, con cánticos de alegría y con instrumentos de música. 7Y cantaban las mujeres que danzaban, y decían: Saúl hirió a sus miles, Y David a sus diez miles.» Otra vez, otro ejemplo de cantar después de la victoria. ¿Por qué estaban cantando? porque en el capítulo 17, todo el pueblo sufría de gran temor porque estaba Goliat, el Gigante, y estaba el campeón de los filisteos, sobre un monte, y había un valle y los israelitas estaban al otro lado y los retaba y le decía: «Manden a alguien contra mí, a ver si en verdad pueden.» Y dice la Biblia que maldecía a Dios, y hablaba mal de Dios y todos se quedaban ahí paralíticos, nadie se movía, nadie decía nada y de repente llega el Rey David, llega para dar una comida a sus hermanos y de repente ve a Goliat y escucha y dice: «¿Qué está pasando aquí? ¿Por qué es que están todos así? ¿Por qué tanto temor? ¿No escuchan lo que él está diciendo? Está hablando contra nuestro Dios, el que nosotros servimos.» Lo miraron a él y le dijeron: «¿Qué tú no ves lo que estamos viendo nosotros? Mira el tamaño de ese hombre, y él quiere que uno de nosotros se pelee contra él ¿quién va a poder hacer eso? Mira a tu alrededor, David.»

Y David los escuchaba y los escuchaba, y de repente a David se le ocurrió hacer algo que ninguno de ellos quería hacer, a David se le ocurrió mirar más arriba y mirar a su Dios, y cuando él puso los ojos en Jesús, cuando él puso los ojos en Dios y comenzó a verlo, dijo: «Mira, la única cosa que yo puedo ver es a Dios y cuando yo veo a Dios y veo a Goliat, Dios es mucho más grande que él.»

Dijo: «Este problema, no es nada para mi Dios,» y ustedes saben la historia, él se anima y mata a Goliat. Y ahora todos están cantando.

Es fácil cantar cuando hay victoria. Es fácil cantar cuando la Iglesia va bien, cuando la Iglesia está creciendo, cuando gente está siendo salva y bautizada y uno está viviendo sin problemas, cuando tienes tú tienes buena salud, cuando te va bien en tu matrimonio y tienes buen trabajo, y tus bienes están pagados, y en tus finanzas todo está cubierto y tú vas bien, y todo bien delante de Dios y no tienes ningún problema, ni miedo grande y todo va bien, podemos cantar.

Es cuando las cosas no van bien que se pone difícil. Ahora, Salmos 137:1-4 dice: «Junto a los ríos de Babilonia, Allí nos sentábamos, y aun llorábamos, Acordándonos de Sión. 2Sobre los sauces en medio de ella, Colgamos nuestras arpas 3Y los que nos habían llevado cautivos nos pedían que cantásemos, Y los que nos habían desolado nos pedían alegría, diciendo: Cantadnos algunos de los cánticos de Sión. 4¿Cómo cantaremos cántico de Jehová en tierra de extraños?»

Aquí los tenían cautivos, y parece que ellos eran músicos, tenían sus arpas; y dice que los tenían ahí y la gente que los tenía encarcelados o los encargados de ahí, para guardarlos, los vio y les dijo: «Ustedes son músicos, tienen instrumentos, ¿por qué no nos cantan unos cánticos, unas canciones?» y de repente ellos miran a los que están ahí y les dicen: «¿Cómo vamos a cantar si estamos cautivos, si no estamos libres? ¿Tú quieres que cantemos? Eso es para cuando uno está libre, eso es para cuando a uno las cosas le van bien. Pero ahora a nosotros las cosas no nos van bien, ustedes nos tienen cautivos.» Y dice la Biblia que tomaron sus arpas y las colgaron.

Hay unos cristianos aquí que están cautivos, que en tu mente estás cautivo, estás cautivo por un problema que está pasando y no te deja dormir, y no te deja descansar y te turba, y tú has colgado tu arpa. Y Dios dice: «Tú debes estar alegre. Yo todavía estoy sobre el trono. Yo todavía existo, la salvación no la has perdido, todavía estoy hablando en tu vida, todavía estoy transformándote, no cuelgues tu arpa. Yo tengo algo para ti, Yo tengo algo que quiero hacer contigo, mantente alegre, mantente cantando, ¿por qué? porque más somos nosotros que ellos.»

Y nos encontramos cautivos con cosas que pasan, cautivos porque saliste de la oficina con el doctor y te acaba de decir que tienes cáncer; te acaba de decir que tu hijo está enfermo; de repente recibiste una carta y escuchaste que alguien falleció; o de repente no tienes para tus gastos; te dijeron que tu trabajo se va a acabar, y te tiene cautivo, y no puedes encontrar la salida y no sabes cómo le vas a hacer, y estás desesperado y buscando en tu mente y no puedes dormir y no puedes descansar y nadie te puede hablar porque estás angustiado y estás irritado y nervioso, y se nota, ¿por qué? porque has colgado tu arpa, y te has olvidado de a quién estás sirviendo. Estamos sirviendo al Rey de Reyes, al Señor de Señores, el Todopoderoso. No cuelgues tu arpa. No la cuelgues. No pierdas tu gozo.

«No, hermano, usted no conoce mi dolor,» tal vez yo no conozco tu dolor, pero Dios sí lo conoce. Y Dios sabe lo que estás pasando, y Dios nos está diciendo que no estemos cautivos, que no estemos turbados.

Tal vez tu matrimonio no es lo que debe de ser, tal vez tu salud no es lo que debe de ser, tal vez no tienes el dinero que necesitas, tal vez tu ministerio no es todo lo que debe de ser, tal vez tus hijos no son lo que deben de ser, tal vez alguien te ha ofendido, alguien ha hablado mal de ti…, yo no sé qué te haya pasado, pero no cuelgues tu arpa, servimos al Rey de Reyes, al Señor de Señores, y un día estaremos allá con él cantando por la eternidad. No la cuelgues.

Yo sé que somos seres humanos; yo no estoy diciendo que no te deben de afectar las cosas. Dios sabe que vamos a pasar por dolor, nada más te digo no cuelgues tu arpa, porque al colgarla es decir: «ya no la voy a usar, ya no voy a reconocer a Dios, ya no voy a cantar, ya no tengo para qué cantar, las cosas no van bien.» Dios puede cambiar las cosas como no te imaginas. Dios puede transformar tu vida, en vez de tratar de salir de la prueba, en vez de quejarte con Dios: «Dios, sácame de esta prueba, no me gusta,» ¿por qué no te pones a cantar? y a decirle: «Señor, muéstrame lo que me vas a mostrar en esto, ayúdame a crecer por esto, ayúdame a madurar. Desde cuándo te he dicho ‘heme aquí, yo te quiero servir’, y ahora tú me has puesto una prueba, me estás dejando pasar por esto y yo estoy fallando, Señor, he dejado de cantar.»

Segunda de Crónicas, capítulo 20. Qué bueno que es leer la Biblia, está lleno de ejemplos este bendito libro. Quiero que vean algo aquí. Estos ejemplos son para que nosotros vayamos aprendiendo. El versículo uno nos dice: «Pasadas estas cosas, aconteció que los hijos de Moab y de Amón, y con ellos otros de los amonitas, vinieron contra Josafat a la guerra.» Y luego el versículo 20, dice: «Y cuando se levantaron por la mañana, salieron al desierto de Tecoa. Y mientras ellos salían, Josafat, estando en pie, dijo: Oídme, Judá y moradores de Jerusalén. Creed en Jehová vuestro Dios, y estaréis seguros; creed a sus profetas, y seréis prosperados. 21Y habido consejo con el pueblo, puso a algunos que cantasen y alabasen a Jehová, vestidos de ornamentos sagrados, mientras salía la gente armada, y que dijesen: Glorificad a Jehová, porque su misericordia es para siempre. 22Y cuando comenzaron a entonar cantos de alabanza, Jehová puso contra los hijos de Amón, de Moab y del monte de Seir, las emboscadas de ellos mismos que venían contra Judá, y se mataron los unos a los otros.» Ahora, ellos comienzan a cantar antes de la victoria, antes de entrar a la batalla, antes de encontrarse se pusieron a cantar. Y dice la Biblia que Dios de repente les da la victoria.

Yo me hago la pregunta, yo no sé, sólo Dios sabe pero ¿habrá alguien aquí que está pasando por algo difícil y Dios está sólo esperando verte cantar para que él haga algo? Dios está esperando ver tu fe por medio de tu gozo, que no has perdido en medio de esta batalla. Y Dios está diciendo: «Hijo mío, cuando tú cantes como cantas cuando te saco de ahí, cuando cantes igual mientras estás en esa prueba, entonces me alabarás, entonces me mostrarás que me amas a mí y no  necesariamente las bendiciones que te puedo dar.»

Y vamos a pensar, ¿habrá alguien aquí que está pasando por algo y se te ha ido tu gozo y tu paz y Dios te está pidiendo que cantes. En Mateo 26:30 dice: «Y cuando hubieron cantado el himno, salieron al monte de los Olivos.» No vamos a leer toda la historia, pero en el Monte de los Olivos, ahí es donde iban a entregar a Jesús ¿Jesús sabía que lo iban a crucificar? Si. Sin embargo, aquí, se reúne con los discípulos y cantan.

Él sabía lo que iba a sufrir, Él sabía que todo el pecado de la humanidad iba a descender sobre él, Él sabía que su Papá, el Dios Padre, iba a tener que darle la espalda, Él nunca en su vida experimentó eso porque siempre estaba en comunión perfecta con su Padre, y Él sabía lo que le venía, Él sabía que todo iba a descender sobre Él y por un poco de tiempo, su Papá le iba a tener que dar la espalda, pero aún sabiendo todo esto, Él está cantando.

«No, es que tú no me entiendes, hermano,» No, yo no tengo que entenderte, sólo Dios es quien tú necesitas que te entienda, y estamos leyendo lo que él ha escrito.

En Colosenses 3:16 dice: «La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales.» Hoy, Dios espera que nosotros estemos cantando, no porque tienes una tremenda voz, Él ve tu corazón. Si usted está como yo, hasta vergüenza nos da alzar la voz porque todos nos ven. Pero Dios no escucha esa voz, Dios ve tu corazón, Dios ve lo que está en tu interior, y Dios quiere que nosotros tengamos un cántico en el corazón, quiere que estemos siempre gozosos.

En Romanos 8:35 la Biblia nos dice: «¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? 36Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; Somos contados como ovejas de matadero. 37Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. 38Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, 39ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús, Señor nuestro.»

Pablo nunca perdió su gozo, Pablo estaba en una cárcel cantando. Regresando a 2 Crónicas 20:23 dice: «Porque los hijos de Amón y Moab se levantaron contra los del monte de Seir para matarlos y destruirlos; y cuando hubieron acabado con los del monte de Seir, cada cual ayudó a la destrucción de su compañero. 24Y luego que vino Judá a la torre del desierto, miraron hacia la multitud, y he aquí yacían ellos en tierra muertos, pues ninguno había escapado. 25Viniendo entonces Josafat y su pueblo a despojarlos, hallaron entre los cadáveres muchas riquezas, así vestidos como alhajas preciosas, que tomaron para sí, tantos, que no los podían llevar; tres días estuvieron recogiendo el botín, porque era mucho. 27Y todo Judá y los de Jerusalén, y Josafat a la cabeza de ellos, volvieron para regresar a Jerusalén gozosos, porque Jehová les había dado gozo librándolos de sus enemigos. 28Y vinieron a Jerusalén con salterios, arpas y trompetas, a la casa de Jehová. 29Y el pavor de Dios cayó sobre todos los reinos de aquella tierra, cuando oyeron que Jehová había peleado contra los enemigos de Israel. 30Y el reino de Josafat tuvo paz, porque su Dios le dio paz por todas partes.»

¿Qué están haciendo? Entrando a la batalla, estaban cantando; en la batalla, estaban cantando; cuando Dios les dio la victoria, siguieron cantando. Yo no sé en qué estado o situación te encuentras, pero te voy a decir esto: Todo lo puedo en Cristo.

En Enero de 2005, yo comencé el año predicando sobre la importancia de depender más de Dios, yo le dije a mi esposa: «No sé por qué, pero yo siento que este año, 2005, vamos a pasar por algo difícil.» Mi esposa me miró y me dijo: «¿De qué estás hablando?» Dije: «No sé cómo explicarlo, nada más algo me dice que me tengo que preparar porque viene algo, y tú como mi esposa quiero que también te prepares, y le voy a decir a la Iglesia que también nos preparemos porque Dios está bendiciendo, la Iglesia está creciendo, gente siendo salva, vidas transformadas, y algo me dice que antes de llegar al siguiente nivel va a tener que pasar algo. Es bíblico, la Biblia enseña que cuando uno avanza va a haber pruebas y dificultades, y algo me dice que algo va a pasar.»

Y yo comencé el año predicando en la Iglesia, hice cuatro mensajes seguidos del mismo tema, y el tema era «depender más de Dios» y por cuatro semanas les enseñé de eso. Un mes después de que yo terminé esos cuatro mensajes, mi esposa tenía una cita con el doctor y fuimos y le hicieron sus exámenes y todo, y de repente el doctor nos sienta en un cuarto y nos dice: «No tengo buenas noticias, salieron positivas las pruebas y tu esposa tiene cáncer en su pecho. Y honestamente, me gustaría decirles que lo agarramos a tiempo, pero de uno a cinco, el de ella es como un cuatro, y nos gustaría ya mañana operar y hacer lo que se tiene que hacer.»

Y recuerdo que yo estaba ahí sentado con mi esposa, y pues los dos estábamos muy sorprendidos. Y aunque yo estaba, se supone, preparado para algo, no me estaba imaginando algo así.

Y el doctor dijo que querían operar mañana, y rápido. Y después querían empezar la quimioterapia y todo lo demás, ver qué se podía hacer, y entonces yo le dije al doctor: «Usted sabe que yo soy Pastor, y nosotros nunca hacemos algo nada más así, siempre oramos y buscamos la voluntad de Dios, y yo sé que usted dice que tiene que ser así, pero nosotros creemos en el Doctor de Doctores. Y vamos a buscar su rostro; yo respeto su opinión como doctor, yo sé que usted nos quiere ayudar y está haciendo lo que debe hacer, pero yo voy a orar un poco.» Y mi esposa me miró y me dijo: «Sí, vamos a orar y a ver cómo Dios nos dirige en todo esto.»

Yo me puse a orar y ayunar por once días, para que Dios me diera una respuesta. Pasaron once días y en esos días yo estudié un poco sobre el cáncer de mi esposa, leí tres, cuatro libros sobre lo que es y cómo se trata el cáncer, y qué es lo que ofrecen los médicos comparado a cosas naturales y pues todo esto. Es increíble cómo se puede uno educar rápidamente cuando lo necesita.

Y en esos días yo me eduqué sobre lo que era ese cáncer y al final de todo hablé con mi esposa, y mi esposa no tenía paz sobre la quimioterapia, tenía un gran temor de la quimioterapia porque en mi familia y en la familia de ella, a nuestros familiares, la quimioterapia en lugar de darles vida, los acabó.

Y temíamos eso y al fin mi esposa dijo: «¿Sabes qué? Yo no sé de ti, pero yo no tengo ningún problema de que me operen y me quiten el busto, pero yo no quiero entrar a la quimioterapia, me da mucho temor.» Y le dije: «¿Sabes? Yo también tengo esa misma idea, yo creo que vamos a dejar que hagan la cirugía,» porque ya el tumor estaba bien grande y le dolía mucho. Y dijo: «Pues vamos a hacerlo.» Llegamos con el doctor, y le dijimos: «Ya agarramos dirección de Dios y vamos a dejar que la operen.»

Operan a mi esposa y todo sale bien, y quieren los doctores entrar inmediatamente a la quimioterapia, pero les dijimos que no, que eso no íbamos a hacer, que íbamos a cambiar su dieta, que iba a comenzar a usar productos naturales y mi esposa de repente comenzó a usar puras cosas naturales, orgánicas, tremendo, el siguiente año comía bien, bien sano.

Íbamos bien, y entramos en este año y pensábamos que todo iba bien y en enero, de repente mi esposa comienza con una tos, y esta tos persiste y persiste, y pasan semanas y casi un mes, y yo le dije: «Me siento inquieto con esa tos» y mi esposa dice: «Pues vamos al doctor.» Y fuimos al doctor y le hicieron otros exámenes y desgraciadamente el cáncer se movió a los pulmones, y ella tiene ahora dos tumores enormes, uno en cada pulmón.

Y el doctor cuando vio eso nos dijo: «No veo mucha esperanza, la única cosa que les puedo decir, es que la quimioterapia podría reducirlos para que ella no sufra tanto con esa tos, pero no les podemos garantizar nada.»

Después de orar un tiempo, un día, mi esposa dijo: «Pues vamos a hacer la quimioterapia.» Y ahorita nosotros estamos en eso. La semana pasada acaba de tomar su cuarta sesión, de seis, cada tres semanas ella tiene que ir.

Y anteayer le hicieron otro examen, y Gloria a Dios, los tumores sí están sido reducidos, la quimioterapia sí está haciendo lo que debe de hacer. Ahora, eso no nos garantiza que se le va a quitar el cáncer, pero al menos ella puede respirar mejor y funcionar y si tú la ves, ni cuenta te das de que está enferma, porque ella nunca ha colgado su arpa. Nunca ha colgado su arpa. Yo de vez en cuando la he colgado, pero ella no. Y ella va bien, en el hecho de que sigue adelante y no sabemos, lo tomamos día tras día.

Pero yo les digo esto a todos ustedes porque en medio de todo esto, Dios me ha enseñado, que cuando uno necesita la gracia de Dios, la gracia de Dios va a estar ahí; pero si tú cuelgas tu arpa, no vas a experimentar la gracia de Dios. No la cuelgues.

¿Cómo es que uno se mantiene con su gozo? En Hebreos 12:2 nos dice la Biblia que pongamos nuestros ojos en Jesús. Les quiero mostrar una ilustración que creo que les va a ayudar mucho. Así es como mi esposa y yo nos hemos mantenido.

Supongamos que alguien se pone de pie sobre una silla, (y en esta ilustración,) él representa a Jesús, y alguien más se pone de pie sobre otra silla y lo mira de frente. Él representa a alguien que es salvo y tiene sus ojos en Jesús, y no quita sus ojos de Él. Ahora, alguien más está de pie sobre el piso, a sus espaldas, y representa un problema, una dificultad. Este representa al Diablo, y está detrás de él, pero no lo puede alcanzar.

Los problemas y el Diablo molestan a quien es salvo, y el que es salvo va a querer voltear, ver qué causa el problema, pero mientras él mantenga sus ojos en Jesús todo está bien. Dios le va a decir: «Yo sé cuáles son tus problemas, no voltees, Yo puedo ver lo que está pasando en tu vida, Yo me encargo.»  Alguien lo ofende, alguien habla mal de él, Dios le dice: «No voltees, mírame a mí»; alguien dice algo que no es cierto: «No voltees, mírame a mí.»

¿Por qué creen ustedes que el Señor, cuántas veces vemos en las Escrituras, dice la Biblia que no abrió su boca? Porque tenía la mirada en Su Padre, y el Padre le aseguraba que todo estaba bien: «Mírame a Mí, mírame a Mí y Yo voy a enseñarte a Ti quién eres y qué necesitas cambiar en Tu vida. No te preocupes por los demás, que ellos cambian. No te enfoques en esos problemas, en esas tragedias, Tú no puedes controlar eso: pon Tus ojos en Mí.»

Ahora, vamos a suponer, que en la ilustración ustedes pueden ver al problema molestando a quien es salvo, de dónde viene ese golpe, pero quien es salvo no lo ve, y quiere voltear; y ahora supongamos que él deja de leer su Biblia, deja de orar, deja de ir a la Iglesia, deja de escuchar predicación, todas las cosas que Dios usa para mantener nuestra relación con Él bien. Y cuando suceda eso, él no será influido por Dios porque quitó sus ojos de Él, y entonces voltea hacia atrás y podrá ver las dificultades, pero no podrá ver ni a Dios, ni la causa de los problemas, no verá que el problema es espiritual, verá que el problema es material, no verá al Enemigo que está detrás de él. Y cuando esto sucede, él se desespera porque dice: «Yo no puedo con esto, ¿qué voy a hacer?» y se voltea. Dios sigue diciendo: «No voltees, el Enemigo te quiere destruir, no cuelgues tu arpa, no dejes de cantar. Yo sé que es incómodo, también fue incómodo para Mí estar en la cruz por ti, pero Yo canté; fue difícil cuando me acusaron pero Yo seguí cantando; fue difícil cuando hablaron mal de Mí pero yo mantuve mis ojos en mi Padre, Yo no miré. Yo no pelee contra ellos porque Yo conocía que esto era más grande, que esto era espiritual, que el Enemigo tenía un plan pero no iba a lograrlo porque Yo mantuve mis ojos en el Señor.»

Por esto a veces la gente se va ofendida de la Iglesia, o se enoja cuando corrigen a sus hijos, porque el Pastor a veces pone el dedo sobre tu pecado y lo señala, y sales corriendo, porque quitas los ojos de Dios y Dios dice: «Esto es bueno para ti, tómalo.» A nadie le gusta la medicina, pero nos hace bien.

Yo tengo mis ojos en el Señor, si yo volteo ahorita y no pongo mis ojos en el Señor, esto va a ser lo que va a pasar conmigo. Yo de repente pienso: «¿Y si muere mi esposa qué voy a hacer? ¿Qué van a hacer mis hijos? ¿Qué van a hacer mis nietos que aún no han nacido? ¿Cómo voy yo a encargarme de criar a mis nietos sin mi esposa, o ser parte de sus vidas? ¿Qué voy a hacer en la Iglesia? ¿Puedo seguir siendo Pastor? ¿Puedo seguir trabajando con familias? ¿Qué me espera en mi futuro? ¿Cómo es que Dios me va a usar? ¿Qué voy a hacer con esto?» Yo tengo ya veintinueve años de casado, casi toda mi vida he conocido a mi esposa, ella es todo para mí, fuera de Dios, la Biblia dice que somos una sola carne. Yo y mi esposa nos hemos convertido en una sola carne, si se muere ella, se muere la mitad de mí.

¿Cuándo pienso así? Cuando quito los ojos de Él. Pero cuando yo tengo mis ojos en el Señor, yo no pienso en esas cosas. Yo pienso: «Dios está en control. Dios está obrando. Dios tiene un plan. Dios sabe lo que está haciendo. Dios me va a usar. Dios va a usar a mi esposa.» Mira el gozo de mi esposa. Mira cómo está alcanzando almas. Mira cómo está animando a otras hermanas. Mira cómo Dios está luchando para bien: «No voltees ahí, tú no puedes figurar lo que va a pasar sin ella, tú nada más mírame a Mí,» Dios me continúa diciendo.

No cuelgues tu arpa. Tenemos un Dios tremendo. Tenemos al Rey de Reyes, al Señor de Señores. No quites tus ojos de Él. Ponlos en el Señor.

«Péguenme por dónde quieran, yo no voy a voltear,» que por acá y por allá, y otra ofensa, y esta ofensa y «Ay, Señor, ya no aguanto,» y Dios dice: «Está bien, Yo estoy viendo todo, tú nada más mírame a Mí, mírame a Mí, todo está bien.» Contigo y con Dios, todo está bien.

Ay, Señor, ¿cuándo se acaba todo esto?: «En el otro lado, cuando estés conmigo en el Cielo, allá no hay ningún problema por toda la eternidad, sufre un poquito aquí en la Tierra.»

Esperemos que esto les haga entender la Guerra Espiritual un poquito mejor. No cuelgues tu arpa, sigue gozoso, sigue contento. Yo sigo siendo uno de los hombres más gozosos de toda la Tierra, aunque estoy en una prueba, que es la prueba de mi vida, pero yo sigo cantando.

¿Saben por qué estoy yo aquí, hoy? Porque tengo mis ojos en el Señor. Si no los tuviera en el Señor, me quedaría en mi casa preocupado; mi esposa me dice: «Deja de verme a mí, pon tus ojos en Dios, tú sal y predica, deja que Dios te use.» A veces Dios la usa a ella para levantarme a mí. No cuelgues tu arpa. Amén.

No Te Contamines

¡NO TE CONTAMINES!

Hablaremos de la vida de un joven llamado Daniel, que existió en tiempos de Babilonia con el rey Nabucodonosor. Este joven fue llevado cautivo, preso, con todo su pueblo. Daniel era un joven sabio, entendido, de buen parecer y  príncipe entre su gente. Fue seleccionado junto con otros de sus amigos para ser parte de los hombres sabios y consejeros del rey. Pero para que les dieran este trabajo tenían que  aprender a escribir y hablar otro idioma, como si tú o yo tuviéramos que aprender ingles. También Daniel y sus amigos tenían que comer de la comida del rey y tomar del vino que el tomaba. Ahora bien, yo creo que la comida del rey era codiciable, de la mejor. Tal vez pavo, caviar, piernas de puerco, filete de res y mucho más. Todo lo que el rey deseara y comiera lo podía tener y hasta el  mejor vino de su tiempo. El vino sería lo que hoy son los mejores vinos alcohólicos o cervezas que existen. Daniel tenía que estarse preparando, aprendiendo y comiendo la comida del rey, durante tres años, para poder presentarse delante del rey y ser su consejero.

Daniel estuvo de acuerdo con prepararse, pero no estuvo de acuerdo con tener que comer de la comida del rey, ni tomar vino, porque Dios le prohibió a Daniel comer ciertos tipos de comida. No podía comer carne de cerdo, ciertos tipos de pescado, ciertos tipos de carne de aves, ni debía de tomar vinos y cervezas. Como Daniel no quería desobedecer a Dios, propuso en su corazón  no contaminarse con todo lo que el rey comía y bebía, por tanto le pidió al jefe que los cuidaba  que no se le obligase a contaminarse. Mejor él pidió que le dieran a comer legumbres, como frijoles, chicharos, habas, ejotes, frutas, verduras  y agua. Y el jefe de los eunucos se asombró mucho, y le dijo a Daniel que el rey se enojaría  porque se iban a poner bien flaco, pálido y desnutrido. Pero Daniel le pidió que hiciera la prueba por diez días. Dios le ayudó a Daniel a convencer al eunuco. Pasaron los diez días y el jefe comparó a todos  los jóvenes y encontró que Daniel y sus tres amigos, estaban más saludables y se veían mejor que todos los demás y los dejó seguir comiendo legumbres.

Cuando llegó el tiempo de que los jóvenes se presentaran ante el rey, en Daniel y en sus tres amigos se encontró mucho más sabiduría que en todos los demás jóvenes.

Entonces, ¿qué podemos nosotros aprender de Daniel y sus tres amigos? Bueno,  pues ahora en nuestros días, el diablo es semejante al rey de Babilonia de aquellos días. LA PALABRA DE DIOS dice que el diablo es el príncipe de este mundo, y él trata de contaminarnos con todo lo que el ofrece como: vinos alcohólicos, cervezas, drogas, revistas sucias que se encuentran en las calles de todo el mundo, programas malos en la televisión, video juegos agresivos que son de matar y matar, malas palabras, mentiras, robos y muchas otras cosas mas que el diablo ofrece. Por lo cual debemos aprender a distinguir cuales son las cosas que a Dios le agradan y cuáles no le agradan. Debemos ver cuáles son las cosas de Dios y cuáles las del diablo, para decidir en nuestro corazón no contaminarnos con todo lo malo que se ofrece cada día. Es mejor agradar a Dios y no a los hombres o amigos. Para poder hacer esto debemos leer la Biblia, orar a Dios y preguntarles a tus papás que es lo que a Dios le agrada. Claro, si son cristianos te podrán decir. Dios te premiará si le obedeces. No te contamines y ponte listito.

No Se Vaya A Caer Como Eutico

Hechos 20:7-9 dice: «El primer día de la semana,  reunidos los discípulos para partir el pan,  Pablo les enseñaba,  habiendo de salir al día siguiente;  y alargó el discurso hasta la medianoche. 8 Y había muchas lámparas en el aposento alto donde estaban reunidos; 9 y un joven llamado Eutico,  que estaba sentado en la ventana,  rendido de un sueño profundo,  por cuanto Pablo disertaba largamente,  vencido del sueño cayó del tercer piso abajo,  y fue levantado muerto.»

La Biblia nos habla de que Pablo estaba enseñando a un grupo de personas en un cuarto que estaba en el tercer piso. Dice la Palabra de Dios que tanto era el entusiasmo de la gente ahí reunida que Pablo había alargado la predicación hasta la media noche.

Entre los que ahí se encontraban reunidos, estaba un joven llamado Eutico. Este joven, me lo puedo imaginar, era un joven a quién le gustaba la aventura. Le gustaba el riesgo y el desafío. Por esa razón estaba sentado, quizá, sobre la ventana. Su mamá pudo haberle dicho varias veces que se sentara en una silla. Pero él no quiso entender. No quiso oír… y se cayó.

La razón de porque se cayó hacia afuera, en vez de haberse caído hacia adentro, fue porque la mayor parte de su peso estaba -ah, ya lo adivinaron- hacia afuera. Y esa es la razón de porque muchos de los cristianos y también de los jóvenes hoy en día se van hacia al mundo y destruyen sus vidas. El mayor peso de ellos está hacia el mundo, hacia el pecado, desafiando a Dios y disfrutando de la aventura. Están en una cuerda floja, jugando al cristianismo. Están caminando al filo del precipicio, y muy pronto van a caer. El diablo con un empujoncito los va a tirar y grande será su destrucción.

Cuando Eutico cayó, la aventura se había acabado. La diversión se acabó. Ahora había algo real que había llegado y eso era la muerte. Joven, deja de jugar con el pecado, porque te va a llevar más lejos de lo que quieres ir, y te va a costar más caro de lo que te puedes imaginar. Eutico estaba muerto. ¿Pueden oír los gritos de la familia? ¿De los tíos? ¿De su mamá, gritando?: ¡Eutico! ¡Eutiquito! ¡Mi Eutiquín!

Gloria a Dios por las segundas oportunidades. Pablo bajó, oró a Dios, y resucitó. Todos ahí se quedaron atónitos. Muchos de ellos, quizá le dijeron a Eutico: «Te dijimos que te ibas a caer, pero no nos hiciste caso. Qué bueno que aquí estaba Pablo.» Después de todo esto, yo creo que ahora Eutico, se sentó bien hasta adelante para oír la predicación de la Palabra de Dios. Yo creo que Dios usó a Eutico grandemente para la obra de Dios. Me pregunto, ¿Cuántos Euticos habrá en las iglesias, que sólo van, pero por dentro son bien carnales y mundanos? Deje ya el mundo y ríndase a Dios, no le vaya a pasar lo que le paso a Eutico.

Pues bien, pasando a otro asunto, Dios ha puesto en nuestro corazón el mejorar la revista aún más. Y para ello necesitamos recursos para imprimirla a todo color. Necesitamos de 10 iglesias o personas que nos puedan ayudar apoyando la revista con $500 pesos o $50 dólares al mes. Nuestro deseo es seguir manteniendo un precio accesible para todos aquellos que se suscriban, y es por ello que buscamos este apoyo. Por favor, ore a Dios, para ver si usted nos pudiera ayudar en este proyecto. Muchas gracias y que Dios les bendiga.

No Tuersas Tus Caminos

La Palabra de Dios dice en Proverbios 19:3 «La insensatez del hombre tuerce su camino y luego contra Jehová se irrita su corazón»

Hay que recordar que Salomón está escribiendo en base a su gran sabiduría. Salomón era el hombre más sabio en su tiempo; y él  sabiendo lo que está diciendo, no hablando nada más a la deriva, dice: «La insensatez del hombre tuerce su camino«, y una vez que lo hace, su corazón se irrita contra Dios. Pero también Salomón está escribiendo en base a su experiencia como rey. Él ha visto muchas cosas, él tiene en sus manos un gran pueblo con características muy particulares, y él habiendo conocido el desarrollo de la gente y los juicios que él había tenido ante sí, y tantas y cuantas cosas, él pudo decir: «La insensatez del hombre tuerce su camino y luego contra Jehová se irrita su corazón«. Pero no solamente él está hablando en base a su sabiduría y en base a su experiencia, sino también inspirado en el Espíritu Santo.

¿Cuántas veces hemos visto a hombres que caen en pecado, terribles pecados que acarrean grandes y graves consecuencias, y cuando son descubiertos no les gusta las consecuencias? Pastores pierden las Iglesias, son puestos en disciplina; por supuesto sufren la separación que la Biblia nos ordena, y entonces enojados, se van contra Dios, contra la Iglesia, contra los predicadores, contra el fundamentalismo. Y ahora resulta que las víctimas son ellos, y los culpables son el pastor, los hermanos, la Iglesia Bautista en general, y el Fundamentalismo. Y entonces se van a círculos donde son aceptados, donde no hay problemas con sus pecados de inmoralidad, donde no hay problema con su pasado; si es necesario los casan de nuevo con otra mujer, les dan otra Iglesia, les dan sostenimiento y entonces son mecidos en la hamaca de sus pecados, pero la Biblia sigue diciendo: «La insensatez del hombre tuerce su camino y luego contra Jehová se irrita su corazón»

El propósito de la predicación es para ayudarnos a darnos cuenta, nosotros como predicadores, siervos del Señor, que nosotros también estamos expuestos a la insensatez y debemos estar apercibidos de no caer en las garras de la insensatez. La Biblia dice en 1ª. Corintios 10:12: «El que piense estar firme, mire que no caiga«, porque nosotros no somos mejores en nada a aquellos que han caído, y Satanás es más astuto que todos nosotros juntos y anda buscando devorar nuestro testimonio, nuestra vida moral, nuestra vida familiar, nuestro testimonio como predicadores. Pero de pasada, quiero decir algo: Si por desgracia, alguno de nosotros cayese en la insensatez, por lo menos no nos irritemos contra Dios.

Siempre encontramos culpables, siempre encontramos excusas para justificar nuestro proceder y resultamos justos comparados con las críticas, los chismes y todo lo que viene después del pecado a nuestros ojos, nos vemos más justos que todos aquellos y lavamos nuestras manos en la inocencia. Desgraciadamente, de una conferencia a otra ya nos enteramos de un predicador menos en la lid y se repite la historia: «La insensatez del hombre tuerce su camino y luego contra Jehová se irrita su corazón«.  Quiera Dios que yo no esté hablando con alguien que vaya a caer en la insensatez pronto, al contrario, que estemos advertidos.

Hay predicadores que estuvieron sentados en nuestras Iglesias, en nuestras campañas y conferencias, en nuestros círculos y ahora mismo están irritados contra nosotros. Nosotros somos los exagerados, nosotros somos los culpables. Los hermanos empezamos a comentar lo que sucedió entre una cosa y otra, por cierto con dolor, y entonces ellos dicen: «Son un montón de chismosos». Empezamos a tener que poner barreras. La Biblia dice que al que ande desordenadamente señálalo y no te juntes con él para que se avergüence. A los hombres que causen divisiones, señálalo y no te juntes con él, así nos dice la palabra de Dios.

Pablo dijo en 1ª. Corintios 5:11: «Más bien os escribí que no os juntéis con ninguno que,  llamándose hermano,  fuere fornicario,  o avaro,  o idólatra,  o maldiciente,  o borracho,  o ladrón;  con el tal ni aun comáis». Y hubo quiénes lo predicaron y ahora han caído en garras de la insensatez y están enojados contra nosotros que no nos queremos sentar con ellos. Y si por desgracia alguno cayere, no te irrites contra Dios. Y cuando dice contra Dios, no solamente se refiere a Dios, sino se refiere a las cosas de Dios. Y por eso menciono el compañerismo entre nosotros,  por eso menciono a las Iglesias y a los hermanos, porque aquel que está enojado contra Dios está enojado contra las todas las cosas del Señor.

«La insensatez del hombre tuerce su camino«,  ¡mire qué sabiduría! Y luego, ya que cayó en la insensatez, ya que torció sus caminos, se irrita contra Dios. En la escritura dice en Proverbios 28:13: «El que encubre sus pecados no prosperará;  mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia«. Dios es grande en misericordia, es amplio en perdonar y la misericordia triunfa sobre el juicio; pero no te irrites contra Dios. En una  Iglesia conocí a un predicador que cayó en descrédito del diablo, entonces llega y me dice: «Pastor, ayúdeme, perdí mi ministerio, perdí mi testimonio, perdí mi reputación, gracias a Dios no perdí mi familia. Pero ahora no sé qué hacer, no sé a dónde ir, no sé de dónde sacar dinero, no sé dónde vivir,  no tengo dónde vivir, no tengo nada. Perdí casa, perdí carro, perdí Iglesia, perdí sueldo, perdí integridad, perdí testimonio, perdí todo». ¡Qué triste! Le digo: «Hermano, yo no quiero arreglarte la vida, pero yo quiero  darte dos o tres consejos». Y él me dice: «Si usted puede arreglarme la vida, arrégleme la vida».  Y qué triste es ver a una persona que uno ama  en las garras de la insensatez. Pero una de las primeras cosas que quiero decirte es: No te irrites contra Dios.  Lo que tú hiciste se va a saber, porque la Biblia dice en Lucas 12:3: «Por tanto,  todo lo que habéis dicho en tinieblas,  a la luz se oirá». La Biblia dice en Eclesiastés 10:20: «Porque las aves del cielo llevarán la voz,  y las que tienen alas harán saber la palabra«.

La Biblia dice en 1ª. Timoteo 5:24: «Los pecados de algunos hombres se hacen patentes antes que ellos vengan a juicio,  mas a otros se les descubren después».

Y eso que: «Estamos hablando aquí a puerta cerrada, y que nadie va a escuchar, y prometo a nadie decirlo», se va a saber y cuando se sepa la gente va a empezar a hablar. No me vengas luego diciendo que en la Iglesia son una bola de chismosos. No me vengas diciendo luego que los hermanos están tratándote injustamente, no te enojes contra la Iglesia que te corrió; regresa y humíllate delante de los hermanos y pide perdón por lo que has hecho, y ve con tu esposa y humíllate y pídele perdón y deja de estar ocultándole lo que hiciste, porque se va a saber y una vez que hayas confesado tus pecados y te hayas humillado, no te irrites contra Dios y entonces habrá esperanza para ti.

¡Qué duro! Las consecuencias del pecado siempre son terribles, dolorosas. Bueno, pero vayamos al versículo: «La insensatez del hombre tuerce su camino«. ¿Qué es lo que la Biblia nos dice acerca de la insensatez? ¿Qué es la insensatez?

En Proverbios 1:7 dice: «El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza«. Lo que la insensatez significa es despreciar la sabiduría y la enseñanza. Despreciar es tener desdén, tener en poca estima la sabiduría y enseñanza. En este caso entra aquel joven al cual uno le dice: «Mira, tal y cual amistad no te conviene porque está haciendo esto y esto, está influyendo contigo». Entonces el joven, creyéndose sabio dice:   «Es que tú no sabes y es que a ese amigo yo lo quiero mucho, lo tengo desde que estaba chiquito. Y tú eres demasiado estricto, eres demasiado severo y  como tú ya estás viejo, no quieres que yo me junte con él», y desprecian la sabiduría y la enseñanza.

Despreciar la sabiduría y la enseñanza, la Biblia lo describe como insensatez. Porque nosotros estamos expuestos a la predicación, a la enseñanza de la Palabra de Dios, y antes de recibir instrucción, debemos de aceptarla, de reconocer nuestra necesidad. Juzgamos,  predisponemos nuestra mente y despreciamos la sabiduría y la enseñanza. Hermanos predicadores consiervos en la obra del Señor, esposas de pastores, maestros de escuela dominical, siempre tendremos que aprender, siempre habrá algo que se nos tenga que enseñar, siempre aprenderemos algo del predicador, del maestro, por humilde o ignorante que parezca ser, aquél que traza la palabra de Dios tendrá algo que enseñarnos, nunca despreciemos la sabiduría y la enseñanza, porque eso es insensatez y la insensatez del hombre tuerce su camino.

Cuántas veces empezamos a ver a predicadores que se sientan en las conferencias, en las Iglesias, y aprenden, y absorben. De pronto empiezan a tener más conocimiento, y empiezan a comprar libros y empiezan a leer. Y empiezan a tomar un curso por allá,  y de un año para otro ya saben más que los demás predicadores. Ya saben más que aquél viejo que tiene 30 años en la misma Iglesia; ya saben más que los maestros de los institutos y seminarios bíblicos, ya saben más que los predicadores, y que su propio pastor y empiezan a despreciar la sabiduría y la enseñanza. Y es por ahí donde entredice la Biblia dice en Salmo 111:10: «El principio de la sabiduría es el temor de Jehová«. Pero la insensatez es despreciar la sabiduría y la enseñanza. En otras palabras, la humildad y la mansedumbre debe ser una característica de todo aquél que no quiera torcer sus caminos.

Es posible que usted llegue a tener un conocimiento y una sabiduría asombrosa, pero todavía tendrá que aprender. Es posible que usted llegue a tener más conocimientos que todos los predicadores juntos, es posible que Dios le haya dotado a usted de una sabiduría y de un discernimiento capaz de comprender las profundidades de las escrituras, pero manténgase humilde por amor de sí mismo. Porque la sabiduría es el temor de Jehová, pero la insensatez es despreciar el conocimiento, la enseñanza y la sabiduría. Siempre que pueda expóngase a la enseñanza y a la sabiduría, ¡siempre que pueda!

Los predicadores habremos de enseñarle a nuestra grey que también somos sensibles a la predicación de la palabra de Dios, y que también somos capaces de humillarnos y reconocer nuestros propios pecados y debilidades, aunque nos cueste vergüenza y humillación; habremos de doblar rodillas cuando Dios nos habla y aprenderemos a llorar por nuestros pecados aún enfrente de nuestra misma congregación. Aquellos hermanos que tanto nos aman y nos admiran, deberán gozar de nuestro respeto cuando nosotros sabremos humillarnos aún delante de ellos por nuestros pecados.

La insensatez es despreciar la enseñanza y la sabiduría.  La insensatez del hombre tuerce sus caminos. En Proverbios 10:23, encontramos otra que puede ser descripción de insensatez, dice así: «El hacer maldad es como una diversión al insensato; mas la sabiduría recrea al hombre de entendimiento«. Otra de las cosas que trae insensatez o que constituye la insensatez, es hacer maldad a manera de diversión, divertirse haciendo el mal. Y rápido nosotros nos trasportamos a los jóvenes, nuestra mente se va con los jóvenes que siempre están divirtiéndose y gozándose de hacer maldades. Pero las maldades que hacen los adolescentes, los estudiantes, son un juego comparado a la tendencia de nosotros los predicadores de divertirnos haciendo el mal.

En Proverbios 6: 27 dice: «¿Tomará el hombre fuego en su seno sin que sus vestidos ardan?» Te vas a quemar si estás ardiendo, si estás jugando con fuego. Y a veces nosotros, los mismos adultos y siervos del Señor nos divertimos haciendo el mal, pensamos que nadie nos va a ver. Este predicador me dijo:   «Yo pensé que todas las cosas las tenía en control, aún esto yo lo tenía en control; y cuando a mí me dijeron lo que yo había hecho, no me descubrieron, hace dos años atrás yo empecé a proceder en esos actos de inmoralidad y no me descubrieron en el momento.  Yo no sé cómo alguien me había visto y se lo guardó todo, y en el momento preciso lo sacó, y yo pensé que lo tenía en control. Yo pensé que tenía en control todas las cosas y que esa mujer nunca iba a hablar, ella me lo había prometido y yo pensé que todo estaba en control». Y él no se arrepentía del pecado, se arrepentía de no haber tenido suficiente cuidado para que no se descubriera su pecado.

Insensatez es divertirse haciendo el mal y la insensatez del hombre tuerce su camino.

Proverbios 14:16 dice: «El sabio teme y se aparta del mal; mas el insensato se muestra insolente y confiado«. Fíjese, el insensato se muestra insolente. ¿Qué quiere decir insolente? Grosero, desvergonzado, altanero, déspota. La insensatez es ser insolente. El insensato se muestra insolente y confiado; nunca se va a dar cuenta en los otros tontos que los descubrieron, «a ellos los descubrieron por tontos, pero yo soy más listo que eso». Es como aquél joven que usa motocicleta y dice: «Todos los tontos que usan motocicletas se van a matar, menos yo.  Todos son unos insensatos, pero yo no». Cuántas veces hemos predicado: «Hermano, nunca subas a una mujer extraña sola contigo en el carro», y muchos dicen:   «eso es exageración, eso es ser mal pensado, eso es porque la gente tiene la mente cochambrosa, eso es porque la gente todo el tiempo está pensando, todo el tiempo está pensando, se está imaginando cosas». La insensatez del hombre tuerce su camino.

Este hermano subió  a la secretaria en el carro, y algo se le cayó a la secretaria y él se acomidió a levantarlo y  le tocó el tobillo y ahí comenzó. No hizo más en esa ocasión. Cuando le cogió la rodilla, habían pasado como 3 meses. Y como un año después cogió algo más, y como un año después le dijeron: «Alguien te vio». Lo vieron la primera vez, lo vieron la segunda vez, y lo vieron la tercera vez y él pensaba que tenía todo en control. El insensato se muestra insolente y confiado.

Podemos ocultarnos de los hombres, pero jamás podremos ocultarnos de Dios. Dios tenga misericordia de nosotros y nos ayude, «La insensatez del hombre tuerce su camino y luego contra Jehová se irrita su corazón«.  Los jóvenes estudiantes de las universidades y escuelas cristianas, los jóvenes de nuestras Iglesias piensan que nuestra posición de separación es demasiada exagerada. Piensan que nuestras normas son cosas de mentes enfermas, de delirio o qué se yo. Pero así como Salomón, aunque no tenemos ni la pizca de la sabiduría de él, tenemos la experiencia de haber pasado los años y de ver derramar lágrimas a causa de la insensatez. Tengamos mucho cuidado, no de que se nos descubran nuestros pecados sino de caer en el pecado. A veces no cuidamos de que no nos vean haciendo el pecado, pero no es eso de lo que debemos cuidarnos, debemos cuidarnos del pecado. El insolente, el insensato se muestra insolente y confiado, y la insensatez del hombre tuerce su camino.

Hay otra porción bíblica  que  nos habla de la insensatez, Proverbios 20:3 dice:   «Honra es del hombre dejar la contienda; mas todo insensato se envolverá en ella«. Otra característica de la insensatez es ser contenciosos. Se acuerdan que la palabra de Dios  dice en 1ª. Corintios 11:16: «Si alguno quiere ser contencioso,  nosotros no tenemos tal costumbre,  ni las iglesias de Dios«. Y ser peleonero no tiene nada que ver con la moralidad necesariamente, pero es insensatez y la palabra de Dios por algo nos dice eso. El insensato está siempre envolviéndose en la contienda, le gusta pelear, le gusta contender, cuando uno se mete en contienda, se mete el orgullo. Nos gusta contender contra los apostólicos, testigos de Jehová, y luego terminamos contendiendo con los hermanos y cuando estamos contendiendo nos sentimos orgullosos porque les ganamos. «¡No, lo dejé bien callado, lo hubieras visto!».  «No, es que ellos no saben que yo sí conozco la palabra de Dios». Y mire, la Biblia dice en Salmo 138:6: «Porque Jehová es excelso,  y atiende al humilde, mas al altivo mira de lejos». Y cuando nos mostramos confiados, entonces la insensatez entra a habitar en el corazón y el buscapleitos dice sencillamente: «La palabra de Dios se envuelve en contiendas». ¿Usted sabe que el siervo de Dios es pacificador? «Bienaventurados los pacificadores». «En cuanto dependa de vosotros estad en paz con todos los hombres». «¡Ay, pero ese hermano dijo algo! Y ya me dijeron y ese hermano no sabe con quién se está metiendo». Cálmate, deja; la honra del hombre es pasar por alto la ofensa, Eclesiastés 7:21 dice: «Tampoco apliques tu corazón a las cosas que se hablan, para que no oigas a tu siervo cuando dice mal de ti». Tranquilo, ¿cuántas cosas dicen de ustedes? Hay gente que va a nuestras Iglesias y algo oyen o algo ven  y lo dan por hecho y van y dicen: «el pastor  dice esto, esto y esto otro y el pastor ya no cree y…» ¿quién sabe qué oyó y cómo lo entendió y qué cabezota tenía? Y entonces aquí estamos los predicadores, «Lástima grande que otro pastor ya ha claudicado, nada más porque una insensata vino y dijo…». ¡Tranquilo! Dan ganas de pelear, dan ganas de ir y decir: «Mire así, así y así». Ten calma, porque el insensato tuerce sus caminos, ¿para qué contender? La obra es de Dios, el siervo es de Dios, lo que predicamos es de Dios y Dios es el que juzga y Dios es el que vindica y Dios es el que trae la justicia, la luz, tarde o temprano. ¡Deja que hablen! ¡No te defiendas! Dios defiende a los suyos, defiende a la obra,  pero no te defiendas tú, porque Dios defiende a los suyos. El diablo te está queriendo atrapar y una de las puertas amplias de caer en el pecado es por la insensatez de querer pelear, de querer contender, el enemigo quiere encontrarnos divididos, fraccionados, porque fraccionados somos débiles.

Proverbios 21:20 dice: «Tesoro  precioso y aceite hay en la casa del sabio; mas el hombre insensato todo lo disipa«. Curiosamente otra característica de la insensatez es ser  desorganizado. ¿Cuántas veces el pecado entra? Y estoy hablando de pecados que descalifican por la desorganización, por el desperdicio. Dice literalmente la Escritura: «El hombre insensato todo lo disipa». Disipa tiempo, disipa ingresos, disipa recursos, disipa oportunidades, todo lo disipa. Si queremos hermanos estar protegidos, tenemos que tener orden, orden en nuestra vida personal, orden en nuestra vida familiar, orden en nuestras oficinas, orden en nuestro trabajo, orden en nuestro tiempo, porque a veces por falta de organización es que se presentan las emergencias, es que se presentan las ocasiones, las oportunidades. El diablo está listo y es un oportunista, necesitamos estar organizados. «Ni modo me voy a tener que subir con la secretaria en el carro pues no me queda otra», y ahí está: el insensato es desorganizado.

No espere a tener una Iglesia grande para estar organizado, porque si no organiza una Iglesia siendo pequeña, mucho menos la va a organizar cuando sea grande. Y si usted no tiene orden en una Iglesia pequeña, Dios no le va a dar una Iglesia grande, porque Dios es un Dios de orden. La insensatez tiene como característica la desorganización. La organización son barreras que protegen nuestra integridad.

Proverbios 26:10 dice: «Como arquero que a todos hiere, es el que toma a sueldo insensatos y vagabundos«, insensatos y vagabundos, se usan palabras recordando características de la poesía hebrea, insensatos y vagabundos como palabras sinónimas, que significan lo mismo. En otras palabras, insensatez y vagabundear es lo mismo. El insensato está de ocioso, anda vagabundeando, vagabundear es andar por allá: «no sé para dónde voy, a ver a quién visito ahora, a ver a dónde voy». No aguanta estar en la oficina encerrado, estudiando, preparando un buen sermón. «A ver a qué voy, voy a dar una vuelta por ahí, voy a ir a una conferencia a ver qué tal». ¿Cuántos predicadores van de conferencia  en conferencia?, nunca aplican nada, nunca regresan a sus Iglesias a poner por obra lo que han oído, pero se la llevan vagabundeando y llega el día en el que la insensatez cobra su factura. El vagabundo y el insensato son hermanos. Vagabundear, estar ocioso es ser insensato. Pero lo grave no es vagabundear, lo grave es que la insensatez del hombre tuerce su camino.

Recuerde que Salomón está hablando en base a su experiencia y en base a su sabiduría y por si fuera poco inspirado por el Espíritu Santo y cuando dice: «la insensatez del hombre tuerce su camino», vale la pena ver qué es insensatez. Insensatez es despreciar la sabiduría y la enseñanza, insensatez es divertirse haciendo maldad, insensatez es mostrarse insolente y confiado, insensatez es buscar pleitos, contender, insensatez es ser desperdiciado, desorganizado, licencioso, insensatez es vagabundear, estar de ocioso.

Proverbios 9:13 dice: «La mujer insensata es alborotadora; es simple e ignorante», aunque aquí se aplica directamente a la mujer, no es la única que peca en la insensatez de armar alboroto. Es más, dice que la mujer insensata es alborotadora, es decir, arma escándalo, arma alboroto. Aquí volvemos a caer en el punto: «si algo se dice contra ti, no armes un escándalo, ¡trágatelo!». ¿Se acuerdan cuando David estaba huyendo de la traición, del golpe de estado que Absalón le dio? Viene Simeí y le hecha tierra al rostro del rey David, aquél hombre que el corazón era semejante al corazón de Dios, y ese tipo se atreve a echarle tierra y le dice: «¡Fuera hombre sanguinario y perverso!» ¿A David? Y no faltó por ahí alguien que le dice: «Déjame que yo pase y de un sólo tajo le corte la cabeza a ese tipo por hablador», y dice David: «Déjalo, que Dios le ha mandado para humillarme. Déjalo, no armes escándalo. Yo estoy tratando de discernir la voluntad de Dios para mi vida en todo esto, y luego sucede todo aquello, no armes escándalo, el siervo de Dios tiene que ser sufrido». Armamos alboroto, armamos escándalo y ahí está la insensatez en la puerta, y lo peor es que la insensatez del hombre tuerce sus caminos.

Eclesiastés 5:4 dice: «Cuando a Dios haces promesa, no tardes en cumplirla; porque Él no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes«. Insensatez es prometer y no cumplir, y la insensatez del hombre tuerce sus caminos. ¿Cuántas promesas hemos hecho delante de Dios? Y permítame decirle, en este terreno creo que todos somos insensatos. Si hubiésemos cumplido todo lo que prometemos, seríamos mucho mejores como personas, como siervos, como ministros del Evangelio, en fin como creyentes, como cristianos. Si una promesa vamos a hacer, es mejor que no prometas a que prometas y no cumplas, porque la insensatez está en prometer y no cumplir. Nuestras Iglesias están llenas de insensatos, predicamos de las ofrendas misioneras, de los diezmos y todo el mundo hace promesas y aguanta como un mes o dos, pero de ahí caen en la insensatez otra vez. Y los predicadores no somos mejores que nuestras mismas ovejas, prometemos y hacemos pactos, hacemos decisiones, pasamos al altar, hacemos todo un proceso de «ahora sí, ahora sí» y seguimos en la insensatez y la insensatez del hombre tuerce su camino.

Aquel que cayó en el pecado, ¿no cree usted que Dios le habló, no cree  que Dios le advirtió a tiempo? Un siervo mío en el área, estaba cometiendo algunas cosas imprudentes con una mujer, y a esa mujer se le veía la astucia hasta en el pelo. Entonces yo observé eso, y dije: «Ese hombre va derechito al matadero, voy a ver si puedo hacer algo». Y hablé con él y le dije: «Mire hermano, yo quiero disculparme con usted primeramente por mi atrevimiento, pero yo soy mayor de edad que usted y mayor en experiencia. Y he sido muy malicioso, me he dedicado a verlo desde mi oficina, mi oficina está en el tercer piso. Y he visto que usted va cada día de esta semana a esa casa, y esa mujer está sola y nada más está cuidando a unos bebes, y yo no sé qué está  haciendo con esa mujer, pero por si acaso  no se ha dado cuenta, déjeme decirle que usted está en grave peligro. Yo no le he dicho que ha hecho nada malo, pero ha estado toda esta semana por 2 horas diarias con una mujer sola cuidando bebés». Ese hombre se puso rojo de vergüenza, dice: «Pastor tiene toda la razón, esa mujer esta en graves problemas con su esposo, y me ha pedido consejo y yo no he podido verla en ningún tiempo más que en este tiempo que ella trabaja cuidando a sus bebés, y a mí se me hizo fácil venir a aconsejarla allí».  Le digo: «Hermano, créame que yo le creo. Pero está en grave peligro, si usted no se retira,  va a caer en el pecado, más sabiendo que esa mujer tiene problemas en su matrimonio». Y él se fue muy avergonzado, bien apenado, se le vio la vergüenza y la pena. El día siguiente, me viene a tocar a mi oficina y me dice: «Pastor, quiero darle gracias por haberme advertido a tiempo. No me daba cuenta de lo que estaba haciendo, créame, no me daba cuenta de lo que estaba haciendo. ¿Cómo fui tan torpe de hacer lo que estaba haciendo? Y le doy gracias por ser tan sincero conmigo y decirme del pecado». Gloria a Dios. Y ahora cuando me ve, me da una palmada, «¡Gloria al Señor! ¿Cómo está hermano?», «Bien, gracias a Dios» y rápido él se acuerda: «Este hombre me salvó el pellejo», como decimos vulgarmente. Cuidado, cuidado, cuidado, siempre estamos haciéndole promesas a Dios: «Ahora sí me voy a componer, ahora sí, ya no voy a hacer tal cosa».  Este hermano me dice: «Fui con Dios y le di tantas gracias que le prometí que nunca más cometería una imprudencia así, gloria a Dios».

Insensatez es ser advertidos, es ser retados, es ser exhortados y luego no cumplir con la promesa. El Señor Jesucristo dijo en la parábola de aquel que edificó sobre la roca, la parábola de los dos cimientos, uno cimentó sobre la roca y el otro cimentó sobre la arena, en Mateo 7:27 dice: «Y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa;  y cayó, y fue grande su ruina«.   ¿Quién es éste? El hombre insensato. «Pero cualquiera que me oye estas palabras, y no las hace, le compraré a un hombre insensato». La insensatez es edificar sobre arena. Edificar nuestros sermones sobre arena, edificar nuestras vidas, nuestros ministerios sobre simples argumentos y procedimientos y métodos que no son bíblicos. Edificar sobre nuestros criterios. Mire, hay que saber  que nuestras reglas se fundamentan en convicciones, en conceptos bíblicos. Pero de pronto, surgen reglas y convicciones que no tienen concepto bíblico, muchos fundamentos son tradicionalistas, muchos fundamentos son de abolengo social, «así se hace en mi tierra», «así se hace en mi pueblo», «así se hacía en la convención«. Y no tienen fundamentos bíblicos. Las convicciones de muchos predicadores adúlteros, eran basadas en estrategias, en filosofías humanas, en «arriésgate y el que no se arriesga no cruza el río», ese no es ningún versículo bíblico, eso es filosofía humana. En la Biblia dice en 1ª. Corintios 10:12: «El que piense estar firme, mire que no caiga«,  la filosofía humana dice: «el audaz conquista el mundo, piensa lo que quieres hacer y eso vas a logar». La Biblia dice en Isaías 41:14: «No temas, gusano de Jacob«,  eso es lo que dice la Biblia. Pero a veces queremos desarrollar nuestros ministerios y hacer nuestros programas en base a arena y eso es insensatez. Y mire, están cayendo los predicadores, si en el mundo fundamentalista están cayendo, cómo estarán en el mundo liberal. Solamente allá no es grave, allá los cambian como a los curas, los pederastas, los cambian de capilla y se acabó y no hay problema. Un joven de mi Iglesia, una parejita joven,  linda pareja, ganadores de almas como pocos, cantaban en el coro, eran un ejemplo, él un tipo alto, guapo, ella una chaparrita preciosa en todos los aspectos. Un día viene él y me dice: «Pastor, estoy teniendo problemas íntimos con mi esposa». Y le di consejo y le digo: «Pues estás haciendo mal, esto, esto y esto otro,» le digo yo, «la Biblia es clara, y debes hacer esto y esto», le leí la escritura y se fue. Empecé a ver que ella me veía con cierto recelo, y su semblante cambió para conmigo y eso me decía: «él no está haciendo lo que la Biblia dice». Se empezaron a retirar, se retiraron del coro, dejaron de venir a ganar almas, y no los encontraba por ningún lado. Como al año apareció y me dice: «Pastor, decidí hacer las cosas como yo creía que se debía hacer y lo eché todo a perder, mi esposa se fue otra vez al mundo y anda en las drogas». «No me digas». «Y anda de hombre en hombre», me dice: «¿Qué debo hacer yo?». Le digo: «Pues, si no hiciste lo que debías hacer cuando estaba el problema latente ¿crees que vas a hacer ahora lo que Dios dice?» y me dice: «Estoy determinado a hacer lo que Dios dice. Yo deseché lo que Dios dice y decidí hacerlo a mi manera».  Le digo: «Me alegra que ahora estés cambiado y pienses en hacer las cosas bien. Mira esto es lo que tú debes hacer, deberás caer de rodillas y en ayuno rogar a Dios por tu esposa para que Él te la regrese. Y deberás perdonarla de todas las porquerías que anda haciendo y reconocer delante de Dios, que si bien ella va a reconocer sus pecados, tú eres el culpable de haber deshecho ese matrimonio». Y lo exhorté duramente, y él se ponía rojo y luego morado y luego blanco y luego de todos colores. «Tú eres el culpable, no hay otro. Tú echaste a perder tu matrimonio, ¡tu desechaste la palabra del Señor!, y ahora deberás pagar el precio; pero Dios es bueno y misericordioso y yo estoy para ayudarte a ti y aquí está la Iglesia todavía, ahí está tu lugar todavía, ven y reconcíliate con Dios y paga el precio, yo no sé cuánto tiempo si será un año ó dos ó diez, pero deberás esperar a esa mujer hasta que ella regrese». Y se fue nada más moviendo la cabeza, por supuesto ya no volvió a la Iglesia, no volvió más. Después supe que se fue a la Primera Iglesia Bautista y allá se consiguió a otra muchacha, lo casaron de blanco con ella, le dieron una misión y ahora está pastoreando una Iglesia.

Sí, muchos ministerios están edificados sobre arena, alguien llega y me dice: «Pastor, fíjese que en mi Iglesia hay adulterio tras otro, tras otro, mi mujer anda con un hermano de la Iglesia y el pastor está de acuerdo» y le digo yo: «¿Quién es ése pastor?». Me dice: «Pues uno que está en tal colonia». Y le digo: «Ya me imagino quién es. ¿No se llama fulano de tal?». «Sí, él es». El mismo que había estado en mi congregación. ¿Con qué cara vamos a aconsejar a los hermanos de la vida moral?, si nosotros edificamos sobre arena.  El hombre insensato edificó sobre la arena y dice la Biblia: «Y fue grande su ruina».

No se puede uno escapar de la Palabra de Dios, hay que temer ahora,  hay que temblar. El pecado es real y anda tras de nosotros y Satanás es real y anda detrás de nosotros. No caigamos en la insensatez que es tan sutil, ¿Es posible que por no aguantarnos un reclamo podamos caer en la insensatez? Sí, andar armando pleitos, andar defendiendo nuestra integridad, andar demasiado confiados, divirtiéndonos de las maldades es insensatez. La Biblia dice: «La insensatez del hombre tuerce su camino».

Gálatas 3:1 dice: «¡Oh, gálatas insensatos! ¿quién os fascinó para no obedecer a la verdad, a vosotros ante cuyos ojos Jesucristo fue ya presentado claramente entre vosotros como crucificado?».  Lo que quiere decir aquí es que ser insensato es volverse atrás de la sana doctrina. No hay peor insensatez que volverse atrás de lo que alguna vez creí, y esto es lo que estaban haciendo los gálatas. Ellos habían conocido la verdad, Pablo les había instruido en la sana doctrina y luego vinieron los judaizantes y dijeron: «No, lo que Pablo dijo está bien pero hay que circuncidarse, pobre Moisés, ¿cómo lo van a dejar a un lado?». Y hubo hermanitos allí, que se dejaron llevar por eso: «No, Pablo es demasiado estricto, ¿cómo es posible? Hay que volver». Y los metió otra vez atrás y Pablo les dice: «Insensatos, la insensatez es volverse atrás de la sana doctrina». Si usted oyó sana doctrina, va a tener que dar cuentas a Dios por ello, no la venda, no la venda. Va a ser tentado, va a ser provocado, va a ser seducido, vendrán judaizantes de nuestros tiempos, vendrán liberales, viene el neo evangelismo tocándote la puerta, viene el ecumenismo, vienen las filosofías de los tiempos característicos, viene la música contemporánea, viene el estilo contemporáneo, viene el relax para hacer las cosas del Señor confiado en métodos. ¡Hay que apretar filas.! No te vuelvas de la sana doctrina, no te vuelvas de lo que alguna vez oíste, antes crece en el temor del Señor todo el tiempo, agárrate de la palabra de Dios! Ahora hasta la Biblia nos quieren cambiar, nos quieren cambiar todo, antes era quitar el púlpito y poner una batería; ahora quieren quitar la Biblia y poner una imitación. Nos quieren quitar todo, nos han quitado montones de cosas y los Fundamentalistas estamos cayendo en eso. Estamos cayendo en pleitos, y están cayendo en inmoralidad montones de predicadores y sus esposas, y mire, ya no es sólo predicadores, ¡esposas de predicadores están cayendo! Y no hay cosa que al diablo le gustaría más que ver la Iglesia destruida y tu ministerio destruido. No te vuelvas atrás de la sana doctrina porque eso es insensatez y si por desgracia alguna vez tuerces tus caminos, no te irrites contra Dios.

Si alguna vez querido pastor te vas, vuelve, aquí estamos. Te va a doler. Aun muchos hay que no se han vendido, que no hemos vendido la verdad.

La insensatez del hombre, y cuando dice del hombre habla de nuestra naturaleza, somos así, es nuestra tendencia, es nuestra pecaminosidad, es nuestra característica de necedad. La insensatez del hombre, no está diciendo de ciertos hombres, dice del hombre, del ser humano en sentido general, los muy santos y los muy sucios, los muy muy  y los tan tan, ¡todos! La insensatez del hombre, a cualquier persona lo puede coger la insensatez, los hombres estamos expuestos a la insensatez. El joven y el viejo, el que comienza y el que va terminando. Mire, hay predicadores, que en la recta final de su ministerio cayeron en pecado, ¡qué triste eso! La insensatez del hombre. Yo conozco un predicador, fiel, yo lo admiraba mucho, fiel ese hombre, y luego se quedó viudo, pobrecito, se le murió su esposa y una hermana de la Iglesia vino a ayudarle para hacer los quehaceres de la casa. Tenía cuarenta y tantos años en el ministerio, y unos hermanos vinieron a tocarle la puerta: «Pastor, pastor mire que lo necesitamos» y lo encontraron con la hermana que le ayudaba a cuidar la casa; perdió su ministerio. El diablo está al acecho.  Ahora, la insensatez tuerce al hombre, torcer quiere decir voltear, sacarle la vuelta a lo recto.  Torcer quiere decir distorsionar. 2ª. Pedro 3:16 dice que algunos indoctos tuercen las enseñanzas para su propia perdición; son difíciles de entender, entonces las tuercen. Torcer, distorsionar, verlo así todo como cuando está nublado, el que tuerce sus caminos ve todo torcido, ve todo distorsionado. También torcer quiere decir curveado, tortuoso, sinuoso, «va por aquí, va por allá, va hacia allá, va hacia acá». Torcer quiere decir peligroso, es decir: «Cuidado con ese camino, está muy curveado, está muy resbaloso, está todo lleno de neblina, es muy peligroso, andar en insensatez es muy peligroso». Torcer quiere decir desviarse, es decir ese camino te lleva a donde nunca quisiste llegar. La insensatez del hombre tuerce su camino, quiere decir que la insensatez te va a llevar a un punto donde nunca querías llegar. ¡Dios nos ayude! Llegar a donde no queríamos llegar es lo que el diablo quiere de nosotros. La insensatez del hombre tuerce su camino, y por su camino se refiere al diario andar. Las decisiones que hacemos, la forma de ser, nuestra forma de pensar, va a estar toda torcida, la insensatez del hombre tuerce su camino. ¿Cómo puedo enderezar mis pasos? ¿Cómo puedo enderezarme? ¿Se encuentra usted en algún tipo de insensatez? ¿Será usted hallado  en insensatez algún día? Dice la Biblia en Salmos 5:7-8: «Mas yo por la abundancia de tu misericordia entraré en tu casa; adoraré hacia tu santo templo en tu temor. Guíame,  Jehová,  en tu justicia,  a causa de mis enemigos; endereza delante de mí tu camino». Dice: «Ve por la abundancia de la misericordia de Dios, ve a la presencia de Dios. Ve con Él y dile: Señor, estoy viendo nublado, no sé para dónde voy, a veces jalo para acá a veces jalo para allá, no sé qué es lo que me está pasando. Señor, guíame y endereza delante de mí tu camino».  Salmos 40:1-2 dice: «Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; puso mis pies sobre peña,  y enderezó mis pasos». ¿No habremos torcido nuestros caminos en alguna área de nuestras vidas? Hay que clamar a Dios, hay que reconocer nuestras propias debilidades, no hay uno solo aquí (empezando conmigo) que sea tan recto que no pueda mejorar sus caminos.

Proverbios 3:5-6 dice: «Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y Él enderezará tus veredas«. Reconoce a Dios en todos tus caminos, no te fíes en tu corazón, fíate en Él y Él enderezará tus caminos. ¿Cuántas veces hacemos nuestros ministerios confiados en nuestros pensamientos, en nuestra propia manera de pensar? «Es que yo creo que debe ser así». Y qué triste es llegar a decir «me  equivoqué».

Proverbios 23:19-20 dice: «Oye, hijo mío, y sé sabio, y endereza tu corazón al  camino. No estés con los bebedores de vino, ni con los comedores de carne; porque el bebedor y el comilón empobrecerán, y el sueño hará vestir vestidos rotos«.   Oye hijo mío, ve y sé sabio y endereza tu corazón al camino. Hay que reconocer a Dios en nuestros caminos, hay que orar, hay que humillarnos delante del Señor.

En Proverbios 3:13-18 dice: «Bienaventurado el hombre que halla la sabiduría,

Y que obtiene la inteligencia;

Porque su ganancia es mejor que la ganancia de la plata,

Y sus frutos más que el oro fino.

Más preciosa es que las piedras preciosas;

Y todo lo que puedes desear,  no se puede comparar a ella.

Largura de días está en su mano derecha;

En su izquierda,  riquezas y honra.

Sus caminos son caminos deleitosos,

Y todas sus veredas paz.

Ella es árbol de vida a los que de ella echan mano,

Y bienaventurados son los que la retienen».

Hermano, no te irrites contra Dios, si acaso los caminos son torcidos, no te irrites contra Dios. Pero ni siquiera tenemos que llegar a pensar eso, es mejor decir: «Yo estoy torcido en mis caminos, yo estoy mal». ¿Has desechado normas?, ¿has tenido en poco la enseñanza de la sabiduría?, ¡ten cuidado!, ¡párate!, es insensatez.  Cuidado, la insensatez se divierte haciendo el mal y la insensatez del hombre tuerce sus caminos.

La Mediocridad

La Mediocridad

Pastor Alejandro Córdova

Leemos en la Biblia, Apocalipsis 3:14-17, dice así: «14 Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios, dice esto: 15 Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! 16 Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. 17 Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo.»

Quiero hablarles en esta noche, acerca del peor problema que tenemos los mexicanos, el más grave, el mayor.

Yo sé que hay infinidad de problemas en nuestro país; hay problemas como la prostitución, el otro día estaba escuchando en un noticiero, que nada más en el Distrito Federal, hay más de 86 mil prostitutas, nada más en el Distrito Federal, imagínense, y eso, yo me imagino, son las que han detectado, han descubierto, por supuesto que hay muchísimas más que no están detectadas, es un problema bastante grave.

Hay otros problemas, el alcoholismo: cuántos problemas, cuántas desgracias ha causado el alcoholismo en nuestro país, cuántas muertes, cuánto dolor, cuántas lágrimas, cuánta tristeza; pero yo considero que ese no es el problema más grave.

Ahora, un problema que nos amenaza y si no hacemos algo nos va a alcanzar: el homosexualismo, el lesbianismo, es un problema tremendo en nuestro país, tremendo, hacia cualquier lado que volteemos encontramos homosexuales, encontramos lesbianas, y lo peor es que se está promoviendo en una forma tan indiscriminada que está creciendo alarmantemente. Anteriormente se detectaba fácilmente a cualquier homosexual, a cualquier lesbiana… ya no, personas que parecen muy hombres, resulta que le van al América y tiran de uñita; bigotones, muy fornidos, muy varoniles, pero cuando nos damos cuenta, resulta que les hace agua la canoa.

Cuántos problemas hay en nuestro país: la tranza ¿a usted nunca lo han tranzado? ¿nunca le han dado gato por liebre? Es un problema que tenemos en nuestro país. La corrupción, la famosa mordida ¿a usted nunca le han pedido una mordida?, ¿usted nunca ha dado una mordida?

¡Cuántos problemas hay en nuestro país! en verdad creo que no terminaría nunca de mencionar todos los problemas que tenemos como mexicanos, como país; y a nivel local, en nuestras ciudades… cuántos problemas, la lista sería enorme.

Pero yo creo que todos esos problemas derivan de uno solo. Todos esos problemas derivan del peor, del más grave, del mayor.

Si usted me pidiera mi opinión en cuanto a cuál es el primer problema, el problema que deberíamos de atacar en cada uno de nosotros como individuos y como miembros de este país, yo pondría: la mediocridad.

Por naturaleza somos mediocres, por naturaleza todo lo hacemos a medias. En mi opinión ese es el problema más grande que tenemos como nación, como país. Parece que es parte de la idiosincrasia, alguien dijo por ahí «indiosincrasia» y me parece más correcto.

Parece que ese es el problema, y hasta nos justificamos, defendemos, apapachamos nuestra mediocridad. «Es que así soy, es que mi papá así era, es que mi abuelito así fue, es que mi tatarabuelito así era… ¿pues qué quiere? por eso somos así… somos mediocres». Y noten la palabra que estoy usando, no quiero convertirme en juez de nadie, ni decir que usted es peor que yo, o que yo soy superior a usted: estoy hablando en plural, estoy incluyéndome.

¡Qué problema tan serio es la mediocridad! Miren qué tan serio es la mediocridad que todos los problemas que he mencionado como alcoholismo, como drogadicción, como prostitución, como homosexualismo, como robo, como crimen, tranza, como abuso de autoridad, como corrupción, como mordida, todos eso que he mencionado y podría mencionar muchos más, en mi opinión se derivan de ese problema.

Y desgraciadamente como cristianos, no estamos ajenos a ese problema que gobierna, que reina en nuestro país de sabrá Dios desde hace cuántos años, pero es un problema bastante serio.

Es un problema bastante serio porque precisamente porque somos mediocres somos negligentes, somos apáticos, somos desinteresados, nos vale todo, por eso mantenemos descuidada la Iglesia, tiramos basura donde sea, entramos con niños pequeños al lugar al que se nos ha dicho que no debemos de entrar con niños pequeños, por eso nos importa poco quién esté predicando y salimos y entramos como se nos pega la gana, esté quien esté hablando: ¡qué importa! ¡eso no es importante! ¿verdad? ¡Qué importa que se haya gastado tanto dinero!, ¡qué importa que se haya invertido tanto tiempo!, ¡qué importa que se haya sacrificado tanto tiempo, tanto trabajo, tanto esfuerzo! yo quiero hacer mi voluntad, a mí me importa poco lo que está a mi alrededor, yo voy a hacer lo que se me pega la gana ¿verdad?

«¡Ay, Pastor, no me regañe!» No lo estoy regañando, hermano, créame, estoy predicando esto por su propio bien, por el bien de la obra de Dios. Si vamos a lograr esa visión celestial; si vamos a salir de ese letargo, de esa mediocridad en la cual vivimos; si algo va a suceder en nuestro país que influencie a otros países, tenemos que dejar de una vez por todas ese terrible pecado, porque si no, yo lo veo como una terrible tapadera que está impidiendo que Dios bendiga más su obra, que haga algo grande en nuestro país, que algo grande suceda…

Y déjeme decirle algo, yo estoy totalmente de acuerdo con todo lo que se ha predicado, estoy completamente de acuerdo con lo que predicó el hermano Ezequiel Salazar anoche, no estoy contradiciendo su mensaje, no me malentiendan, por favor. Pero yo creo que este problema es el otro lado de la moneda.

Sí, tenemos que esperar en el poder de Dios; sí, tenemos que hacer la obra de Dios con el poder de Él; sí, Él tiene que movernos, pero cuántas veces como leímos en el mensaje de hace un momento, nos ha hablado claramente, Dios ha puesto el dedo en la llaga y Dios nos ha señalado perfectamente nuestro pecado, pero por nuestra mediocridad nos quedamos ahí sentados y no pasamos más que de contentarnos un poquito «¡ay, qué bonito predicó el Pastor!, ¡ay, qué bonito habló!, ¡ay, Dios, háblame!, ¡ay, Señor, muéveme!», y usted quiere que Dios venga y haga lo que Dios claramente le ha dicho a usted y a mí que debemos hacer.

Y estamos cayendo en el mismo error de los pentecostales, ese es el problema de los pentecostales, todo le echan la culpa al Diablo: «¡ay, es que yo no quería pecar! pero el demonio del alcohol me indujo a tomar, y por eso soy borracho… ¡ay, no es mi culpa!». ¡Qué fácil resulta eso! Echarle la culpa al demonio del adulterio, echarle la culpa al demonio del alcohol, echarle la culpa al demonio de la droga y entonces usted no es responsable, ni yo tampoco. «Ah, entonces estamos así porque Dios quiere, entonces estamos bien». No, no es así. ¿Qué es? La mediocridad.

Antes, déjenme decirles, precisamente porque somos mediocres, no somos la clase de padres que deberíamos de ser; precisamente porque somos mediocres, no somos la clase de esposo o esposa que deberíamos de ser; precisamente porque somos mediocres, no somos la clase de hijo que deberíamos de ser; precisamente porque somos mediocres, no somos la clase de maestros de Escuela Dominical que deberíamos de ser; un maestro de Escuela Dominical mediocre no prepara su lección, llega con el manual frente al alumno, o con la lección y nada más se limita a leerla: eso es mediocridad, y usted debería estar sobre sus rodillas, hermano, pidiéndole perdón a Dios, porque usted hizo un compromiso con Dios, no con el Pastor, no con quien lo contrató para ser maestro de Escuela Dominical, usted hizo un compromiso con Dios y usted está siendo mediocre al nada más pararse frente a sus alumnos y leerle la lección de Escuela Dominical, la lección que se le ha dado; nada más limitarse a hacer lo esencialmente indispensable para que no lo corran como maestro de Escuela Dominical. Y lo mismo digo a los capitanes de ruta, y lo mismo digo a los ujieres, y lo mismo digo a los Diáconos, y lo mismo digo a cualquier persona que desempeña cualquier trabajo en la Iglesia. Pero de verdad, que nos hemos conformado y nos hemos metido en la cabeza que así somos, «pues es que así semos, Pastor, ni modo, ¿qué quiere que haga?».

¿Qué es la mediocridad?, ¿sabe qué es la mediocridad? Es un pecado. No es algo que no ofende a Dios.

Precisamente porque somos mediocres, hacemos una promesa a la obra misionera y luego nunca la cumplimos, precisamente porque somos mediocres como señalaba el hermano, no diezmamos: un domingo sí, tres no, otro domingo sí, cuatro no. Es un pecado.

Precisamente eso es lo que el Señor estaba atacando aquí en la Iglesia de Laodicea, miren otra vez lo que dice el Apocalipsis capítulo 3, versículo 14: Cristo mismo está hablando, Cristo mismo está señalando, denunciando el terrible pecado de esta Iglesia, la Iglesia de Laodicea, dice aquí: «14 Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios, dice esto: 15 Yo conozco tus obras,», y hermano, créamelo que Dios conoce sus obras, por eso lo señala, dice: «que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! 16 Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca». El gran pecado de la Iglesia de Laodicea es que ellos habían llegado a un nivel de conformidad, de mediocridad, se habían adaptado a los estándares de este mundo, a las normas de este mundo, ellos habían llegado a decir: «bueno, ya tenemos lo que queremos materialmente hablando, ya alcanzamos el nivel que queríamos, entonces ya no hay que seguir luchando». Y eso no es correcto.

Siempre en el cristiano debe existir un espíritu de superación, un deseo de hacer bien las cosas, un deseo de agradar a Dios, porque lo estamos haciendo para Él, jamás deberíamos conformarnos con lo que estamos haciendo para Dios. Pero ¡cuántos cristianos se han conformado! cuántos Pastores han llegado al límite de decir: «bueno, ya tengo mi Iglesita, ya saco para el chivo, bueno, pues ya qué…», ya me da más o menos un buen sueldo, ya qué me importa lo demás, ¿que las almas se van al infierno? pues que se vayan al infierno, ya no me preocupa. ¡Qué tragedia! Y eso por decir algo, porque la verdad es que la mayoría de las Iglesias ni siquiera han llegado a ese nivel. ¿y sabe por qué? Porque tenemos un montón de cristianos mediocres, un montón de cristianos tibios.

La mediocridad es el estado mental de una persona satisfecha con poco o con nada, esa es la mediocridad.

Y por eso es que vemos esto inclusive reflejado en los hogares de muchos hogares, cuántos hermanitos en las Iglesias se justifican de que tienen un mugrero en su casa porque son pobres… «Ay, Pastorcito, cierre los ojos», ¡no! hay que abrirlos más, si no me tropiezo con toda la basura que tiene usted ahí. El alterón de trastes ahí amontonados, el montón de ropa ahí guardada, alguna ya hasta pudriéndose, la basura por todos lados: eso es síntoma de mediocridad, eso es pecado delante de Dios. Vemos a personas todas mugrosas, apestosas, piojosas: «ay, es que soy pobre», no, eso no es sinónimo de pobreza, ese es sinónimo de mediocridad: pecado ¡es pecado, hermano! ¿Quién le ha enseñado que: «ay, porque soy pobre voy a andar todo despeinado, todo greñudo, todo pulgoso, roñoso»?, ¿quién le enseñó eso? eso no es correcto, pero ¿verdad que nos hemos conformado? «Ay, Pastor, es que yo soy muy pobre, no tengo para… comprar un poquito de agua y bañarme».

Dice la palabra de Dios aquí, que el Señor reprendió duramente a esta Iglesia: «17 Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo.» Exactamente esa es la condición de muchas personas en nuestro país, pero la tragedia más grande y lo que me preocupa a mí, es verlo reflejado en un montón de cristianos conformados a las normas de este mundo, conformados a lo que se hace en este mundo y tratando de justificarse diciendo: «yo estoy bien». Entiende, hermano, es un pecado terrible, y eso desagrada a Dios tanto como que usted robe, tanto como que usted mate, tanto como que usted sea un mentiroso o un adúltero: desagrada a Dios.

Dios es un dios de orden. El diccionario dice que la mediocridad quiere decir: «de calidad media o mala, regular y torpe», esa es la mediocridad.

Déjenme hablarles acerca de algunos de los resultados de la mediocridad. Precisamente porque somos mediocres, somos negligentes; la palabra negligencia quiere decir «descuido, omisión, falta de aplicación», la Biblia nos pone un montón de ejemplos de personas que fueron negligentes. Por ejemplo, en Josué 18:3, nos dice: «3 Y Josué dijo a los hijos de Israel: ¿Hasta cuándo seréis negligentes para venir a poseer la tierra que os ha dado Jehová el Dios de vuestros padres?». ¿Hasta cuándo seréis negligentes? dice la Palabra de Dios, ahí estaba el pueblo de Israel congregado, y dice Josué: «¿hasta cuándo seréis mediocres?, ¿por qué no hacen lo que Dios les ha encomendado hacer?»

Desgraciadamente, ustedes saben las consecuencias de la negligencia, de la mediocridad, dice en Jueces 1:21, lo que ocurrió precisamente porque el pueblo de Israel fue negligente en obedecer, en cumplir con la orden que Dios les había dejado, y yo sé, que la tarea que nosotros tenemos es tan grande, es tan portentosa, que cuando nosotros volteamos alrededor del mundo y vemos los millones y miles de millones que hay, decimos «es una tarea increíble, es una tarea que no podemos desarrollar», pero hermanos, mientras cada quién no esté haciendo su parte responsablemente, jamás vamos a lograr ni siquiera hacerle cosquillas a ese mundo; pero usted, no se debe de justificar, en eso, usted y yo deberíamos decir «yo tengo que hacer mi tarea, yo tengo que hacer mi trabajo» y a lo mejor, efectivamente no vamos a alcanzar a todo el mundo, pero por lo menos esa debería ser nuestra meta; pero qué vergüenza que estemos encerrados en nuestro circulito: «yo ya soy salvo, yo ya conozco de la Palabra de Dios, y por lo demás, que el mundo ruede, a mí no me importa, no es mi problema», mediocre, ese es un pensamiento mediocre.

«¡Ah! Pues es que nosotros no tenemos dólares». Qué bueno que cuando se escribió la Biblia no había dólares, qué bueno que cuando Cristo le dio la gran comisión a los discípulos no había dólares. La tarea es de nosotros.

«Ay, Pastor, soy muy pobre» y va a seguir siendo pobre, por su mediocridad. ¿No me lo cree? mire, ese es otro resultado, vayamos al libro de Proverbios 6, si no encuentra los libros con facilidad es también por su mediocridad… ya tiene seis meses de ser cristiano y aún no conoce los libros de la Biblia, ya tiene más de un año y jamás ha leído toda la Biblia completa; y me conformaría con que tuviera más de 10 años y hubiera leído la Biblia completa, pero no la ha leído, ¿sabe por qué? por su mediocridad.

En Proverbios 6:6-11 dice: «6 Ve a la hormiga, oh perezoso, Mira sus caminos, y sé sabio; 7 La cual no teniendo capitán, Ni gobernador, ni señor, 8 Prepara en el verano su comida, Y recoge en el tiempo de la siega su mantenimiento. 9 Perezoso», mediocre, «¿hasta cuándo has de dormir? ¿Cuándo te levantarás de tu sueño? 10 Un poco de sueño, un poco de dormitar, Y cruzar por un poco las manos para reposo; 11 Así vendrá tu necesidad como caminante, Y tu pobreza como hombre armado.» Otro resultado de la mediocridad es la pereza, y precisamente por eso es que hay un montón de cristianos que no tienen ni para comer.

«Ay, Pastor, es que me corrieron de mi chamba» ¿por qué? no creo que haya sido porque eras muy trabajador, no creo que haya sido porque usted es muy responsable, porque llegaba a tiempo a su trabajo ¿verdad? No, usted acostumbraba pasársela campechanamente, ahí, meciéndose en su hamaquita, tomando su coquito con agua bien fría.

Por eso estamos como estamos, por eso no podemos ver la bendición de Dios sobre nuestras vidas, y hermano Pastor, esto aplica también a la obra de Dios. Usted no le echa ganas al trabajo en la obra de Dios, no espere que salga para el chivo, no va a salir. «Ay, Pastor, es que la gente aquí en mi Iglesia es muy dura», a lo mejor están nada más reflejando lo que ven en el púlpito cada semana, nada más.

Mire, por la negligencia del pueblo de Israel lo que ocurrió, Jueces 1:21 «21 Mas al jebuseo que habitaba en Jerusalén no lo arrojaron los hijos de Benjamín, y el jebuseo habitó con los hijos de Benjamín en Jerusalén hasta hoy». Luego en el versículo 27: «27 Tampoco Manasés arrojó a los de Bet-seán, ni a los de sus aldeas, ni a los de Taanac y sus aldeas, ni a los de Dor y sus aldeas, ni a los habitantes de Ibleam y sus aldeas, ni a los que habitan en Meguido y en sus aldeas; y el cananeo persistía en habitar en aquella tierra». Versículo 29 y 30: «29 Tampoco Efraín arrojó al cananeo que habitaba en Gezer, sino que habitó el cananeo en medio de ellos en Gezer. Extensión de las conquistas de las demás tribus  30 Tampoco Zabulón arrojó a los que habitaban en Quitrón, ni a los que habitaban en Naalal, sino que el cananeo habitó en medio de él, y le fue tributario.»

Y ahí sigue diciéndonos todo lo que el pueblo de Israel no hizo ¿por qué no lo hizo? por causa de su negligencia. Y dice la Biblia que al ratito, esas naciones comenzaron a crecer y a hacerse más fuertes, y en vez de que el pueblo de Israel los sojuzgara, ahora ellos estaban siendo sojuzgados. ¿Saben por qué? por su mediocridad.

Es cierto que Dios nos está bendiciendo, sí es cierto que Dios está haciendo algo en nuestro país, yo. lo puedo ver. Dios me ha dado la bendición de viajar por todo el país y predicar en tantos lugares, y ver que Dios se está manifestando, pero yo no quisiera ver que esa bendición de Dios acabara por causa de nuestra mediocridad.

Y qué tremendo que si no aprobamos esta bendición de Dios, este impulso que Dios nos está dando, al ratito tengamos que ver que las puertas se cierran; o al ratito tengamos que ver que el pecado está creciendo tanto en nuestro país, que está apagando lo que Dios está haciendo, y hermano, eso no va a ocurrir si nosotros de verdad dejamos a un lado la mediocridad, la negligencia, la pereza, y empezamos a hacer la obra de Dios como Dios quiere que sea, y dejamos de justificar todos nuestros pecados y dejamos a un lado toda esa mediocridad y empezamos a hacer la obra de Dios como Él quiere que sea hecha.

Qué vergüenza que haya Pastores que son tan mediocres, que jamás leen la Biblia, Pastores. Pastores que no pasan un tiempo en oración, se creen Superman, ya no necesitan la ayuda de Dios, ya no necesitan la enseñanza de Dios, ya solitos pueden. Esa es la razón por la cuál algunos Pastores no quieren asistir a conferencias como esta: «Ay, para qué, siempre es lo mismo», no, no es lo mismo, yo estoy seguro de que no había escuchado un mensaje como este.

Otro resultado de la mediocridad, es la indolencia, la palabra indolencia quiere decir: «que no se afecta o conmueve, descuido»; otro resultado de la mediocridad es la apatía, apatía quiere decir: «impasibilidad del ánimo, indiferencia, falta de decisión, dejadez, indolencia»; como producto de la mediocridad viene la desobediencia, como producto de la mediocridad viene la carnalidad, como producto de la mediocridad viene la rebeldía, como producto de la mediocridad viene la mundanalidad, viene el robo, viene la mentira, viene el conformismo, vienen los vicios; la lista es larga. ¿Cuántas cosas trae la mediocridad? muchísimas.

¿Cómo acabar con la mediocridad?, ¿qué tenemos que hacer para acabar con este terrible pecado, con este terrible problema que tenemos? Primeramente veamos en Proverbios 28:13. Algunos por su mediocridad, ni Biblia llevan a la Iglesia. «No, Pastor, es que yo vengo del trabajo» ¿y por qué no se la lleva al trabajo? «es que no quiero que sepan que soy cristiano» ah, ese es el problema, esa es la razón. Proverbios 28:13 es un versículo muy conocido, algo que predicaba nuestro hermano Luís hace un momento: «13 El que encubre sus pecados no prosperará; Mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.» Esa es la razón por la cuál usted y yo tenemos que ser honestos en esta noche, y decirle al Señor: «sí es cierto, yo te prometí que iba a leer la Biblia, en enero, la iba a leer diariamente y me cansé muy pronto, la leí nada más dos o tres días y ya la abandoné, perdóname, Señor en esta noche. Señor, yo te prometí que iba a ganar almas, por lo menos una vez cada semana iba a ir a ganar almas y muy pronto me desanimé. Perdón, Señor porque yo te prometí que iba a dar tal cantidad para la hora misionera, para la construcción y nada más lo di dos domingos y luego se me olvidó. Perdóname, Señor.» Usted debería de hacer eso, el primer problema para acabar con la mediocridad es reconocer que tiene usted ese problema. Mientras usted no reconozca que tiene ese problema, todo le va a pasar por arriba, todo le va a importar poco, pero no, es necesario comenzar reconociendo, diciéndole «Señor, sí es cierto, yo tengo ese problema, por eso no soy la clase de padre que debo de ser; por eso soy la clase de esposo que no debo ser; me molesta cada vez que mi hijo me pide tiempo, me molesta cada vez que mi esposa quiere hablar conmigo, me enojo cada vez que algo sale mal en la casa… porque he sido mediocre».

Ese es el primer paso. Para resolver cualquier problema el primer paso es reconocer que tenemos el problema; si no lo reconocemos ¿cómo lo vamos a resolver?, ¿cómo vamos a buscar la ayuda que necesitamos para resolver el problema? Reconózcalo, «El que encubre sus pecados no prosperará».

¿Cuántos cristianos meten su cabeza en la arena?, en un hoyo como los avestruces y creen que ya está resuelto el problema, «No, no existe el problema, no, no existe». Cuando llega y le da el golpe, entonces está llorando, entonces sí ve las consecuencias y entonces quiere que el Pastor le resuelva sus problemas con una varita mágica. No, no encubra su pecado, hermano. En esta noche, honestamente, humildemente, venga delante de Dios y dígale: «Señor, sí es cierto, yo tengo ese problema, yo he sido un mediocre».

Hemos escuchado cantar aquí, ¿usted cree que nada más de repente se pusieron en la mente la idea de cantar y ya cantaron? Yo sé que algunos tienen talento, algunos traen la habilidad, la capacidad innata de la música, tienen buena voz, tienen buen oído, saben entonarse… pero muchos no, han tenido que estar trabajando y trabajando, practicando y practicando, hasta que al fin, logran superar ese problema.

Pero por causa de no reconocer nuestro problema, ahí lo seguimos apapachando. «No, yo no tengo ese problema, no es cierto que el Pastor me pidió que yo fuera maestro de Escuela Dominical, pero no, es que yo tengo miedo de hablar al público, es que a mí me da mucho miedo, es que yo soy muy nervioso y yo nada más me paro ahí frente a la gente y tiemblo como una gelatina». ¿Usted cree que todos los que estamos aquí al frente predicando, no tuvimos ese problema? Está comprobado que uno de los temores que tiene el ser humano es a pararse en público y hablar delante de toda la gente, no importa que el grupito sea de cinco personas, diez personas. Tenemos que superar ese problema, y si Dios ha puesto en nuestro corazón, en nuestra mente ese deseo, hágale caso a Dios. Él sabe que usted sí puede, sí puede, nada más tiene que dejar su mediocridad.

«Ay, no, es que yo no sé ganar almas, y me da mucha vergüenza hablar» y de cuántas cosas habla, y habla de muchas cosas que no debería hablar; no me diga que le da miedo hablar, ¡claro que sabe hablar! Pero ¿sabe por qué no se atreve a hablarle a otra gente de Cristo? Por su mediocridad.

Reconozca su problema, hermano ¡reconózcalo, admítalo! Porque si no lo reconoce, dice la Biblia: «tu pecado te alcanzará». Un día, ya escuchamos el mensaje anterior, van a venir las consecuencias de nuestro pecado; ¡créanlo! van a venir y nosotros como país estamos sufriendo las consecuencias de la mediocridad de todo mundo: nadie es responsable, nadie hace su trabajo, nadie cumple con responsabilidad; por eso vamos a una dependencia de gobierno y ahí nos entretienen quién sabe cuánto tiempo, por eso vamos a buscar tal o cual ayuda en un trabajo, y aunque estamos pagando el maestro es irresponsable, el mecánico es irresponsable, el carpintero es irresponsable… y muchos de esos son cristianos.

Reconozca, en segundo lugar, confiéselo, arrepiéntase de su pecado. Dice aquí: «El que encubre sus pecados no prosperará, mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia», hermano, reconozca que es un pecado, luego confiéselo diga al Señor: «Señor, perdóname, yo quiero salir de este letargo, yo quiero salir de este hoyo, yo quiero salir de este problema que tengo».

El tercer paso, necesita crucificar su carne. Porque la Biblia nos dice, ahí en el libro de Gálatas 5:19 nos dice: «19 Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia,» y en el versículo 21: «21 envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas;» fíjense bien: «cosas semejantes a estas». Añádale lo que quiera, pero veamos ahora el versículo 24: «24 Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.» ¡Crucifique su carne, hermano! porque la carne es perezosa, la carne es negligente, la carne es descuidada, la carne es apática, la carne es indolente; no le gusta trabajar, no le gusta sacrificarse, no le gusta sufrir, le gusta quedarse en la cama ahí acostado hasta las 10, 11 de la mañana, 12 del día ¿a poco no? ¿a poco cuando usted tiene que levantarse temprano, a las 5 de la mañana, 6 de la mañana a trabajar, usted se levanta pero si bien contento y gozoso: «¡qué bueno que me puedo levantar!» No, usted quiere quedarse ahí hasta las 10 de la mañana, 11 de la mañana, especialmente cuando está en conferencias y se queda toda la noche platicando de cosas que no debería platicar. Y esa es la razón por la que algunos hermanitos llegan aquí a la conferencia y están durmiéndose, perdiendo el tiempo en realidad, malgastando el dinero porque luego ¿para qué venimos? Venimos a una conferencia y luego no escuchamos nada, no oímos nada, no sacamos nada de provecho… o lo que es peor, venimos a la conferencia y nos enojamos con mensajes como este. Crucifique su carne, ¡crucifíquela! Tráigasela esta noche al Señor y dígale: «Señor, mata esta carne, esta carne tan perezosa, esta carne tan sentida, esta carne tan negligente… ¡mátala, Señor!». Dice aquí la Biblia claramente que «los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos».

Cuarto paso para acabar con la mediocridad: debemos vigilarnos para no caer nuevamente en ese pecado. Porque qué fácil, nada más cerramos los ojos y ya, otra vez estamos en el mismo hoyo.

Quinto paso, ataque un problema a la vez. No trate de resolver todos los problemas de un solo jalón porque no va a poder, y se va a desanimar, y se va a hacer más mediocre. Por ejemplo, ¿no ha leído la Biblia diariamente?, ¿no ha orado?, ¿no ha ganado almas?, ¿no ha asistido fielmente a la Iglesia?, ¿no ha diezmado?, ¿no ha tratado a sus hijos como debe tratarlos? Yo le recomendaría que se tratara la meta, por lo menos durante 15 días, de atacar un problema. Propóngase como meta, durante 15 días como mínimo, leer la Biblia diariamente; no ataque los demás problemas: uno por uno. Haga una lista de todos sus problemas y empiece a atacar uno, hasta que se convierta en un hábito positivo en usted. Ya logró durante un mes, leer la Biblia diariamente, siga con ese buen hábito… pero ahora ataque otro problema, el no orar; ¡uno por uno! Repito, no intente resolver todos los problemas de un jalón porque no va a poder, y se va a desanimar y va a decir «¡no se puede!, ¡no se puede!, ¡no se puede!». Trate de evitar que salgan de su boca malas palabras, ataque ese problema: uno por uno a la vez.

¿Qué es lo que sustituye a la mediocridad? La Biblia nos dice que Dios nos creó, y Dios nos creó con un espíritu de superación, es parte de nuestra naturaleza; Dios nos creó con el espíritu de salir adelante, de superarnos, de alcanzar nuevas metas. Cada cuatro años se celebran los Juegos Olímpicos, y eso nos prueba que efectivamente, el ser humano tiene la capacidad de superarse: siempre se están rompiendo nuevos récords, siempre se están alcanzando nuevas metas, siempre se está logrando algo más.

Que esas mismas habilidades, que esos mismos talentos que tiene toda la gente los utilizáramos para hacer la obra de Dios ¿dónde estaríamos ya?, ¿dónde estaría la obra de Dios? Pero desgraciadamente, dejamos que este mundo utilice todas esas habilidades, todo ese espíritu de superación para cosas perversas, diabólicas muchas de ellas, porque cada vez inventan más y más formas de pecar. Y tratan de rociar, regar su pecado en toda la raza humana. ¿Y nosotros los cristianos? De hecho, ¿cuántas veces ganando almas, personas me han dicho: «no, yo no voy a esas Iglesias, porque los cristianos son unos mediocres»? les lavan el coco ahí, y ya los tienen como robots. ¡Qué lástima que en muchos casos sí tienen razón!, ¿verdad?

Hermano, no estoy diciendo que debemos de buscar un materialismo, no. Hay una línea tan delgada entre lo que es mediocridad y lo que es materialismo, que a veces nosotros nos justificamos diciendo: «no, es que yo no soy materialista», y por eso caemos en la mediocridad.

Yo no estoy diciendo que debemos de trabajar para amontonar riquezas si es que Dios no nos las da; porque yo creo que Dios puede bendecir, dice la Biblia que la bendición de Jehová eso trae, precisamente, como consecuencia, pero dice que «no añade tristeza con ella», y Dios puede bendecir, y yo conozco algunos hermanos en nuestra Iglesia que han prosperado materialmente en una forma increíble, y es la bendición de Dios, de eso a mí no me cabe la más mínima duda. Yo no creo que nosotros debemos de correr detrás de las cosas materiales, pero que eso no sea pretexto para decir: «Bueno, aquí me conformo con mi chambita, la voy a hacer mediocremente, y ahí a ver qué sale». No, si usted es carpintero, debería ser el mejor carpintero del mundo; si usted es mecánico, debería ser el mejor mecánico del mundo; si usted es doctor, debería ser el mejor doctor del mundo.

Dios necesita ese tipo de personas también y Dios quiere que usted sea esa clase de cristiano.

Lo que sustituye la mediocridad, es la disciplina, las metas, la diligencia.

Mire nada más un ejemplo de esto, en 2 Crónicas 32:5, dice la palabra de Dios: «5 Después con ánimo resuelto edificó Ezequías todos los muros caídos, e hizo alzar las torres, y otro muro por fuera; fortificó además a Milo en la ciudad de David, y también hizo muchas espadas y escudos». Ezequías fue uno de los mejores reyes que tuvo la nación de Judá. Dice la Palabra de Dios aquí que «con ánimo resuelto», con determinación, con decisión dijo: «vamos a reconstruir estos muros, vamos a levantar esta ciudad, vamos a hacer lo que tenemos que hacer», no solamente eso, en el libro de Isaías, capítulo 38:1-5, tenemos que la Palabra de Dios nos habla de este mismo rey: «1 En aquellos días Ezequías enfermó de muerte. Y vino a él el profeta Isaías hijo de Amoz, y le dijo: Jehová dice así: Ordena tu casa, porque morirás, y no vivirás. 2 Entonces volvió Ezequías su rostro a la pared, e hizo oración a Jehová, 3 y dijo: Oh Jehová, te ruego que te acuerdes ahora que he andado delante de ti en verdad y con íntegro corazón, y que he hecho lo que ha sido agradable delante de tus ojos. Y lloró Ezequías con gran lloro. 4 Entonces vino palabra de Jehová a Isaías, diciendo: 5 Ve y di a Ezequías: Jehová Dios de David tu padre dice así: He oído tu oración, y visto tus lágrimas; he aquí que yo añado a tus días quince años.»

¿Qué hizo Ezequías en esos 15 años? Una de las grandes cosas que hizo Ezequías en esos quince años se nos narra que Ezequías se esforzó, fue con ánimo resuelto, decisión, determinación, en Proverbios 25:1, nos dice la Palabra de Dios: «1 También estos son proverbios de Salomón, los cuales copiaron los varones de Ezequías, rey de Judá:». ¿Sabe yo qué creo que hizo Ezequías en esos quince años más que Dios le regalo de vida? él no fue mediocre, él dijo «Señor, tú me has regalado este tiempo, quiero aprovecharlo bien». Él recopiló todo el Antiguo Testamento hasta donde existía. Él trajo varones sostenidos por él y dijo: «recopílenme todo el Antiguo Testamento». Y en mi opinión, tenemos gran parte del Antiguo Testamento, como lo tenemos hoy en día, gracias al rey Ezequías.

¿Sabe usted qué me dice eso? Que si usted se traza metas, que si usted se disciplina, que si usted deja a un lado la negligencia, la apatía, la indiferencia, la mediocridad, usted puede lograr algo para Dios; y a lo mejor nadie lo sabe, ¡pero qué importa! Usted no lo está haciendo para los hombres, usted lo está haciendo para Dios.

Mire, un estímulo para dejar la mediocridad. En Mateo 13:10-12 nos dice: «10 Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas? 11 El respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado. 12 Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.» Al que tiene, dice la Biblia, y es diligente, y es responsable, y es cumplido, se le va a dar más; pero al que no tiene, o que recibió pero ha sido descuidado, como ese siervo malo y negligente, que a pesar de que recibió un talento fue y lo enterró y no lo puso a trabajar, aún lo que tiene le será quitado.

Y veamos ahora el versículo 13: «13 Por eso les hablo por parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden.» Noten, oyen y ven, pero no quieren entender; no quieren entender, no quieren ver lo que es real delante de sus ojos: «14 De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dijo: De oído oiréis, y no entenderéis; Y viendo veréis, y no percibiréis. 15 Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, Y con los oídos oyen pesadamente, Y han cerrado sus ojos; Para que no vean con los ojos, Y oigan con los oídos, Y con el corazón entiendan, Y se conviertan, Y yo los sane» ¿Sabe por qué estos no quieren oír?, ¿sabe por qué no quieren ver?, ¿sabe por qué no quieren cambiar? Porque son mediocres. Ven, oyen, entienden… pero están contentos con sus pecados. Por eso es que Cristo dice que les hablaba con parábolas, «porque viendo, no ven, porque oyendo, no entienden».

Pero luego nos dice: «16 Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen. 17 Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.» Lo que aquí Cristo está diciendo es: «Ustedes son más bendecidos que los antiguos».

Nosotros somos más bendecidos, porque los antiguos, las personas del Antiguo Testamento, oían que iba a venir un Redentor, oían que iba a venir un Mesías, oían que iba a venir un Dios hecho hombre.

Nosotros oímos y conocemos lo que ya ocurrió, aquí tenemos el testimonio fehaciente de eso. Usted y yo somos más bendecidos que los del Antiguo Testamento. Son palabras de Cristo.

La Mediocridad

La Mediocridad

Pastor Alejandro Córdova

Leemos en la Biblia, Apocalipsis 3:14-17, dice así: «14 Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios, dice esto: 15 Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! 16 Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. 17 Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo.»

Quiero hablarles en esta noche, acerca del peor problema que tenemos los mexicanos, el más grave, el mayor.

Yo sé que hay infinidad de problemas en nuestro país; hay problemas como la prostitución, el otro día estaba escuchando en un noticiero, que nada más en el Distrito Federal, hay más de 86 mil prostitutas, nada más en el Distrito Federal, imagínense, y eso, yo me imagino, son las que han detectado, han descubierto, por supuesto que hay muchísimas más que no están detectadas, es un problema bastante grave.

Hay otros problemas, el alcoholismo: cuántos problemas, cuántas desgracias ha causado el alcoholismo en nuestro país, cuántas muertes, cuánto dolor, cuántas lágrimas, cuánta tristeza; pero yo considero que ese no es el problema más grave.

Ahora, un problema que nos amenaza y si no hacemos algo nos va a alcanzar: el homosexualismo, el lesbianismo, es un problema tremendo en nuestro país, tremendo, hacia cualquier lado que volteemos encontramos homosexuales, encontramos lesbianas, y lo peor es que se está promoviendo en una forma tan indiscriminada que está creciendo alarmantemente. Anteriormente se detectaba fácilmente a cualquier homosexual, a cualquier lesbiana… ya no, personas que parecen muy hombres, resulta que le van al América y tiran de uñita; bigotones, muy fornidos, muy varoniles, pero cuando nos damos cuenta, resulta que les hace agua la canoa.

Cuántos problemas hay en nuestro país: la tranza ¿a usted nunca lo han tranzado? ¿nunca le han dado gato por liebre? Es un problema que tenemos en nuestro país. La corrupción, la famosa mordida ¿a usted nunca le han pedido una mordida?, ¿usted nunca ha dado una mordida?

¡Cuántos problemas hay en nuestro país! en verdad creo que no terminaría nunca de mencionar todos los problemas que tenemos como mexicanos, como país; y a nivel local, en nuestras ciudades… cuántos problemas, la lista sería enorme.

Pero yo creo que todos esos problemas derivan de uno solo. Todos esos problemas derivan del peor, del más grave, del mayor.

Si usted me pidiera mi opinión en cuanto a cuál es el primer problema, el problema que deberíamos de atacar en cada uno de nosotros como individuos y como miembros de este país, yo pondría: la mediocridad.

Por naturaleza somos mediocres, por naturaleza todo lo hacemos a medias. En mi opinión ese es el problema más grande que tenemos como nación, como país. Parece que es parte de la idiosincrasia, alguien dijo por ahí «indiosincrasia» y me parece más correcto.

Parece que ese es el problema, y hasta nos justificamos, defendemos, apapachamos nuestra mediocridad. «Es que así soy, es que mi papá así era, es que mi abuelito así fue, es que mi tatarabuelito así era… ¿pues qué quiere? por eso somos así… somos mediocres». Y noten la palabra que estoy usando, no quiero convertirme en juez de nadie, ni decir que usted es peor que yo, o que yo soy superior a usted: estoy hablando en plural, estoy incluyéndome.

¡Qué problema tan serio es la mediocridad! Miren qué tan serio es la mediocridad que todos los problemas que he mencionado como alcoholismo, como drogadicción, como prostitución, como homosexualismo, como robo, como crimen, tranza, como abuso de autoridad, como corrupción, como mordida, todos eso que he mencionado y podría mencionar muchos más, en mi opinión se derivan de ese problema.

Y desgraciadamente como cristianos, no estamos ajenos a ese problema que gobierna, que reina en nuestro país de sabrá Dios desde hace cuántos años, pero es un problema bastante serio.

Es un problema bastante serio porque precisamente porque somos mediocres somos negligentes, somos apáticos, somos desinteresados, nos vale todo, por eso mantenemos descuidada la Iglesia, tiramos basura donde sea, entramos con niños pequeños al lugar al que se nos ha dicho que no debemos de entrar con niños pequeños, por eso nos importa poco quién esté predicando y salimos y entramos como se nos pega la gana, esté quien esté hablando: ¡qué importa! ¡eso no es importante! ¿verdad? ¡Qué importa que se haya gastado tanto dinero!, ¡qué importa que se haya invertido tanto tiempo!, ¡qué importa que se haya sacrificado tanto tiempo, tanto trabajo, tanto esfuerzo! yo quiero hacer mi voluntad, a mí me importa poco lo que está a mi alrededor, yo voy a hacer lo que se me pega la gana ¿verdad?

«¡Ay, Pastor, no me regañe!» No lo estoy regañando, hermano, créame, estoy predicando esto por su propio bien, por el bien de la obra de Dios. Si vamos a lograr esa visión celestial; si vamos a salir de ese letargo, de esa mediocridad en la cual vivimos; si algo va a suceder en nuestro país que influencie a otros países, tenemos que dejar de una vez por todas ese terrible pecado, porque si no, yo lo veo como una terrible tapadera que está impidiendo que Dios bendiga más su obra, que haga algo grande en nuestro país, que algo grande suceda…

Y déjeme decirle algo, yo estoy totalmente de acuerdo con todo lo que se ha predicado, estoy completamente de acuerdo con lo que predicó el hermano Ezequiel Salazar anoche, no estoy contradiciendo su mensaje, no me malentiendan, por favor. Pero yo creo que este problema es el otro lado de la moneda.

Sí, tenemos que esperar en el poder de Dios; sí, tenemos que hacer la obra de Dios con el poder de Él; sí, Él tiene que movernos, pero cuántas veces como leímos en el mensaje de hace un momento, nos ha hablado claramente, Dios ha puesto el dedo en la llaga y Dios nos ha señalado perfectamente nuestro pecado, pero por nuestra mediocridad nos quedamos ahí sentados y no pasamos más que de contentarnos un poquito «¡ay, qué bonito predicó el Pastor!, ¡ay, qué bonito habló!, ¡ay, Dios, háblame!, ¡ay, Señor, muéveme!», y usted quiere que Dios venga y haga lo que Dios claramente le ha dicho a usted y a mí que debemos hacer.

Y estamos cayendo en el mismo error de los pentecostales, ese es el problema de los pentecostales, todo le echan la culpa al Diablo: «¡ay, es que yo no quería pecar! pero el demonio del alcohol me indujo a tomar, y por eso soy borracho… ¡ay, no es mi culpa!». ¡Qué fácil resulta eso! Echarle la culpa al demonio del adulterio, echarle la culpa al demonio del alcohol, echarle la culpa al demonio de la droga y entonces usted no es responsable, ni yo tampoco. «Ah, entonces estamos así porque Dios quiere, entonces estamos bien». No, no es así. ¿Qué es? La mediocridad.

Antes, déjenme decirles, precisamente porque somos mediocres, no somos la clase de padres que deberíamos de ser; precisamente porque somos mediocres, no somos la clase de esposo o esposa que deberíamos de ser; precisamente porque somos mediocres, no somos la clase de hijo que deberíamos de ser; precisamente porque somos mediocres, no somos la clase de maestros de Escuela Dominical que deberíamos de ser; un maestro de Escuela Dominical mediocre no prepara su lección, llega con el manual frente al alumno, o con la lección y nada más se limita a leerla: eso es mediocridad, y usted debería estar sobre sus rodillas, hermano, pidiéndole perdón a Dios, porque usted hizo un compromiso con Dios, no con el Pastor, no con quien lo contrató para ser maestro de Escuela Dominical, usted hizo un compromiso con Dios y usted está siendo mediocre al nada más pararse frente a sus alumnos y leerle la lección de Escuela Dominical, la lección que se le ha dado; nada más limitarse a hacer lo esencialmente indispensable para que no lo corran como maestro de Escuela Dominical. Y lo mismo digo a los capitanes de ruta, y lo mismo digo a los ujieres, y lo mismo digo a los Diáconos, y lo mismo digo a cualquier persona que desempeña cualquier trabajo en la Iglesia. Pero de verdad, que nos hemos conformado y nos hemos metido en la cabeza que así somos, «pues es que así semos, Pastor, ni modo, ¿qué quiere que haga?».

¿Qué es la mediocridad?, ¿sabe qué es la mediocridad? Es un pecado. No es algo que no ofende a Dios.

Precisamente porque somos mediocres, hacemos una promesa a la obra misionera y luego nunca la cumplimos, precisamente porque somos mediocres como señalaba el hermano, no diezmamos: un domingo sí, tres no, otro domingo sí, cuatro no. Es un pecado.

Precisamente eso es lo que el Señor estaba atacando aquí en la Iglesia de Laodicea, miren otra vez lo que dice el Apocalipsis capítulo 3, versículo 14: Cristo mismo está hablando, Cristo mismo está señalando, denunciando el terrible pecado de esta Iglesia, la Iglesia de Laodicea, dice aquí: «14 Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios, dice esto: 15 Yo conozco tus obras,», y hermano, créamelo que Dios conoce sus obras, por eso lo señala, dice: «que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! 16 Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca». El gran pecado de la Iglesia de Laodicea es que ellos habían llegado a un nivel de conformidad, de mediocridad, se habían adaptado a los estándares de este mundo, a las normas de este mundo, ellos habían llegado a decir: «bueno, ya tenemos lo que queremos materialmente hablando, ya alcanzamos el nivel que queríamos, entonces ya no hay que seguir luchando». Y eso no es correcto.

Siempre en el cristiano debe existir un espíritu de superación, un deseo de hacer bien las cosas, un deseo de agradar a Dios, porque lo estamos haciendo para Él, jamás deberíamos conformarnos con lo que estamos haciendo para Dios. Pero ¡cuántos cristianos se han conformado! cuántos Pastores han llegado al límite de decir: «bueno, ya tengo mi Iglesita, ya saco para el chivo, bueno, pues ya qué…», ya me da más o menos un buen sueldo, ya qué me importa lo demás, ¿que las almas se van al infierno? pues que se vayan al infierno, ya no me preocupa. ¡Qué tragedia! Y eso por decir algo, porque la verdad es que la mayoría de las Iglesias ni siquiera han llegado a ese nivel. ¿y sabe por qué? Porque tenemos un montón de cristianos mediocres, un montón de cristianos tibios.

La mediocridad es el estado mental de una persona satisfecha con poco o con nada, esa es la mediocridad.

Y por eso es que vemos esto inclusive reflejado en los hogares de muchos hogares, cuántos hermanitos en las Iglesias se justifican de que tienen un mugrero en su casa porque son pobres… «Ay, Pastorcito, cierre los ojos», ¡no! hay que abrirlos más, si no me tropiezo con toda la basura que tiene usted ahí. El alterón de trastes ahí amontonados, el montón de ropa ahí guardada, alguna ya hasta pudriéndose, la basura por todos lados: eso es síntoma de mediocridad, eso es pecado delante de Dios. Vemos a personas todas mugrosas, apestosas, piojosas: «ay, es que soy pobre», no, eso no es sinónimo de pobreza, ese es sinónimo de mediocridad: pecado ¡es pecado, hermano! ¿Quién le ha enseñado que: «ay, porque soy pobre voy a andar todo despeinado, todo greñudo, todo pulgoso, roñoso»?, ¿quién le enseñó eso? eso no es correcto, pero ¿verdad que nos hemos conformado? «Ay, Pastor, es que yo soy muy pobre, no tengo para… comprar un poquito de agua y bañarme».

Dice la palabra de Dios aquí, que el Señor reprendió duramente a esta Iglesia: «17 Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo.» Exactamente esa es la condición de muchas personas en nuestro país, pero la tragedia más grande y lo que me preocupa a mí, es verlo reflejado en un montón de cristianos conformados a las normas de este mundo, conformados a lo que se hace en este mundo y tratando de justificarse diciendo: «yo estoy bien». Entiende, hermano, es un pecado terrible, y eso desagrada a Dios tanto como que usted robe, tanto como que usted mate, tanto como que usted sea un mentiroso o un adúltero: desagrada a Dios.

Dios es un dios de orden. El diccionario dice que la mediocridad quiere decir: «de calidad media o mala, regular y torpe», esa es la mediocridad.

Déjenme hablarles acerca de algunos de los resultados de la mediocridad. Precisamente porque somos mediocres, somos negligentes; la palabra negligencia quiere decir «descuido, omisión, falta de aplicación», la Biblia nos pone un montón de ejemplos de personas que fueron negligentes. Por ejemplo, en Josué 18:3, nos dice: «3 Y Josué dijo a los hijos de Israel: ¿Hasta cuándo seréis negligentes para venir a poseer la tierra que os ha dado Jehová el Dios de vuestros padres?». ¿Hasta cuándo seréis negligentes? dice la Palabra de Dios, ahí estaba el pueblo de Israel congregado, y dice Josué: «¿hasta cuándo seréis mediocres?, ¿por qué no hacen lo que Dios les ha encomendado hacer?»

Desgraciadamente, ustedes saben las consecuencias de la negligencia, de la mediocridad, dice en Jueces 1:21, lo que ocurrió precisamente porque el pueblo de Israel fue negligente en obedecer, en cumplir con la orden que Dios les había dejado, y yo sé, que la tarea que nosotros tenemos es tan grande, es tan portentosa, que cuando nosotros volteamos alrededor del mundo y vemos los millones y miles de millones que hay, decimos «es una tarea increíble, es una tarea que no podemos desarrollar», pero hermanos, mientras cada quién no esté haciendo su parte responsablemente, jamás vamos a lograr ni siquiera hacerle cosquillas a ese mundo; pero usted, no se debe de justificar, en eso, usted y yo deberíamos decir «yo tengo que hacer mi tarea, yo tengo que hacer mi trabajo» y a lo mejor, efectivamente no vamos a alcanzar a todo el mundo, pero por lo menos esa debería ser nuestra meta; pero qué vergüenza que estemos encerrados en nuestro circulito: «yo ya soy salvo, yo ya conozco de la Palabra de Dios, y por lo demás, que el mundo ruede, a mí no me importa, no es mi problema», mediocre, ese es un pensamiento mediocre.

«¡Ah! Pues es que nosotros no tenemos dólares». Qué bueno que cuando se escribió la Biblia no había dólares, qué bueno que cuando Cristo le dio la gran comisión a los discípulos no había dólares. La tarea es de nosotros.

«Ay, Pastor, soy muy pobre» y va a seguir siendo pobre, por su mediocridad. ¿No me lo cree? mire, ese es otro resultado, vayamos al libro de Proverbios 6, si no encuentra los libros con facilidad es también por su mediocridad… ya tiene seis meses de ser cristiano y aún no conoce los libros de la Biblia, ya tiene más de un año y jamás ha leído toda la Biblia completa; y me conformaría con que tuviera más de 10 años y hubiera leído la Biblia completa, pero no la ha leído, ¿sabe por qué? por su mediocridad.

En Proverbios 6:6-11 dice: «6 Ve a la hormiga, oh perezoso, Mira sus caminos, y sé sabio; 7 La cual no teniendo capitán, Ni gobernador, ni señor, 8 Prepara en el verano su comida, Y recoge en el tiempo de la siega su mantenimiento. 9 Perezoso», mediocre, «¿hasta cuándo has de dormir? ¿Cuándo te levantarás de tu sueño? 10 Un poco de sueño, un poco de dormitar, Y cruzar por un poco las manos para reposo; 11 Así vendrá tu necesidad como caminante, Y tu pobreza como hombre armado.» Otro resultado de la mediocridad es la pereza, y precisamente por eso es que hay un montón de cristianos que no tienen ni para comer.

«Ay, Pastor, es que me corrieron de mi chamba» ¿por qué? no creo que haya sido porque eras muy trabajador, no creo que haya sido porque usted es muy responsable, porque llegaba a tiempo a su trabajo ¿verdad? No, usted acostumbraba pasársela campechanamente, ahí, meciéndose en su hamaquita, tomando su coquito con agua bien fría.

Por eso estamos como estamos, por eso no podemos ver la bendición de Dios sobre nuestras vidas, y hermano Pastor, esto aplica también a la obra de Dios. Usted no le echa ganas al trabajo en la obra de Dios, no espere que salga para el chivo, no va a salir. «Ay, Pastor, es que la gente aquí en mi Iglesia es muy dura», a lo mejor están nada más reflejando lo que ven en el púlpito cada semana, nada más.

Mire, por la negligencia del pueblo de Israel lo que ocurrió, Jueces 1:21 «21 Mas al jebuseo que habitaba en Jerusalén no lo arrojaron los hijos de Benjamín, y el jebuseo habitó con los hijos de Benjamín en Jerusalén hasta hoy». Luego en el versículo 27: «27 Tampoco Manasés arrojó a los de Bet-seán, ni a los de sus aldeas, ni a los de Taanac y sus aldeas, ni a los de Dor y sus aldeas, ni a los habitantes de Ibleam y sus aldeas, ni a los que habitan en Meguido y en sus aldeas; y el cananeo persistía en habitar en aquella tierra». Versículo 29 y 30: «29 Tampoco Efraín arrojó al cananeo que habitaba en Gezer, sino que habitó el cananeo en medio de ellos en Gezer. Extensión de las conquistas de las demás tribus  30 Tampoco Zabulón arrojó a los que habitaban en Quitrón, ni a los que habitaban en Naalal, sino que el cananeo habitó en medio de él, y le fue tributario.»

Y ahí sigue diciéndonos todo lo que el pueblo de Israel no hizo ¿por qué no lo hizo? por causa de su negligencia. Y dice la Biblia que al ratito, esas naciones comenzaron a crecer y a hacerse más fuertes, y en vez de que el pueblo de Israel los sojuzgara, ahora ellos estaban siendo sojuzgados. ¿Saben por qué? por su mediocridad.

Es cierto que Dios nos está bendiciendo, sí es cierto que Dios está haciendo algo en nuestro país, yo. lo puedo ver. Dios me ha dado la bendición de viajar por todo el país y predicar en tantos lugares, y ver que Dios se está manifestando, pero yo no quisiera ver que esa bendición de Dios acabara por causa de nuestra mediocridad.

Y qué tremendo que si no aprobamos esta bendición de Dios, este impulso que Dios nos está dando, al ratito tengamos que ver que las puertas se cierran; o al ratito tengamos que ver que el pecado está creciendo tanto en nuestro país, que está apagando lo que Dios está haciendo, y hermano, eso no va a ocurrir si nosotros de verdad dejamos a un lado la mediocridad, la negligencia, la pereza, y empezamos a hacer la obra de Dios como Dios quiere que sea, y dejamos de justificar todos nuestros pecados y dejamos a un lado toda esa mediocridad y empezamos a hacer la obra de Dios como Él quiere que sea hecha.

Qué vergüenza que haya Pastores que son tan mediocres, que jamás leen la Biblia, Pastores. Pastores que no pasan un tiempo en oración, se creen Superman, ya no necesitan la ayuda de Dios, ya no necesitan la enseñanza de Dios, ya solitos pueden. Esa es la razón por la cuál algunos Pastores no quieren asistir a conferencias como esta: «Ay, para qué, siempre es lo mismo», no, no es lo mismo, yo estoy seguro de que no había escuchado un mensaje como este.

Otro resultado de la mediocridad, es la indolencia, la palabra indolencia quiere decir: «que no se afecta o conmueve, descuido»; otro resultado de la mediocridad es la apatía, apatía quiere decir: «impasibilidad del ánimo, indiferencia, falta de decisión, dejadez, indolencia»; como producto de la mediocridad viene la desobediencia, como producto de la mediocridad viene la carnalidad, como producto de la mediocridad viene la rebeldía, como producto de la mediocridad viene la mundanalidad, viene el robo, viene la mentira, viene el conformismo, vienen los vicios; la lista es larga. ¿Cuántas cosas trae la mediocridad? muchísimas.

¿Cómo acabar con la mediocridad?, ¿qué tenemos que hacer para acabar con este terrible pecado, con este terrible problema que tenemos? Primeramente veamos en Proverbios 28:13. Algunos por su mediocridad, ni Biblia llevan a la Iglesia. «No, Pastor, es que yo vengo del trabajo» ¿y por qué no se la lleva al trabajo? «es que no quiero que sepan que soy cristiano» ah, ese es el problema, esa es la razón. Proverbios 28:13 es un versículo muy conocido, algo que predicaba nuestro hermano Luís hace un momento: «13 El que encubre sus pecados no prosperará; Mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.» Esa es la razón por la cuál usted y yo tenemos que ser honestos en esta noche, y decirle al Señor: «sí es cierto, yo te prometí que iba a leer la Biblia, en enero, la iba a leer diariamente y me cansé muy pronto, la leí nada más dos o tres días y ya la abandoné, perdóname, Señor en esta noche. Señor, yo te prometí que iba a ganar almas, por lo menos una vez cada semana iba a ir a ganar almas y muy pronto me desanimé. Perdón, Señor porque yo te prometí que iba a dar tal cantidad para la hora misionera, para la construcción y nada más lo di dos domingos y luego se me olvidó. Perdóname, Señor.» Usted debería de hacer eso, el primer problema para acabar con la mediocridad es reconocer que tiene usted ese problema. Mientras usted no reconozca que tiene ese problema, todo le va a pasar por arriba, todo le va a importar poco, pero no, es necesario comenzar reconociendo, diciéndole «Señor, sí es cierto, yo tengo ese problema, por eso no soy la clase de padre que debo de ser; por eso soy la clase de esposo que no debo ser; me molesta cada vez que mi hijo me pide tiempo, me molesta cada vez que mi esposa quiere hablar conmigo, me enojo cada vez que algo sale mal en la casa… porque he sido mediocre».

Ese es el primer paso. Para resolver cualquier problema el primer paso es reconocer que tenemos el problema; si no lo reconocemos ¿cómo lo vamos a resolver?, ¿cómo vamos a buscar la ayuda que necesitamos para resolver el problema? Reconózcalo, «El que encubre sus pecados no prosperará».

¿Cuántos cristianos meten su cabeza en la arena?, en un hoyo como los avestruces y creen que ya está resuelto el problema, «No, no existe el problema, no, no existe». Cuando llega y le da el golpe, entonces está llorando, entonces sí ve las consecuencias y entonces quiere que el Pastor le resuelva sus problemas con una varita mágica. No, no encubra su pecado, hermano. En esta noche, honestamente, humildemente, venga delante de Dios y dígale: «Señor, sí es cierto, yo tengo ese problema, yo he sido un mediocre».

Hemos escuchado cantar aquí, ¿usted cree que nada más de repente se pusieron en la mente la idea de cantar y ya cantaron? Yo sé que algunos tienen talento, algunos traen la habilidad, la capacidad innata de la música, tienen buena voz, tienen buen oído, saben entonarse… pero muchos no, han tenido que estar trabajando y trabajando, practicando y practicando, hasta que al fin, logran superar ese problema.

Pero por causa de no reconocer nuestro problema, ahí lo seguimos apapachando. «No, yo no tengo ese problema, no es cierto que el Pastor me pidió que yo fuera maestro de Escuela Dominical, pero no, es que yo tengo miedo de hablar al público, es que a mí me da mucho miedo, es que yo soy muy nervioso y yo nada más me paro ahí frente a la gente y tiemblo como una gelatina». ¿Usted cree que todos los que estamos aquí al frente predicando, no tuvimos ese problema? Está comprobado que uno de los temores que tiene el ser humano es a pararse en público y hablar delante de toda la gente, no importa que el grupito sea de cinco personas, diez personas. Tenemos que superar ese problema, y si Dios ha puesto en nuestro corazón, en nuestra mente ese deseo, hágale caso a Dios. Él sabe que usted sí puede, sí puede, nada más tiene que dejar su mediocridad.

«Ay, no, es que yo no sé ganar almas, y me da mucha vergüenza hablar» y de cuántas cosas habla, y habla de muchas cosas que no debería hablar; no me diga que le da miedo hablar, ¡claro que sabe hablar! Pero ¿sabe por qué no se atreve a hablarle a otra gente de Cristo? Por su mediocridad.

Reconozca su problema, hermano ¡reconózcalo, admítalo! Porque si no lo reconoce, dice la Biblia: «tu pecado te alcanzará». Un día, ya escuchamos el mensaje anterior, van a venir las consecuencias de nuestro pecado; ¡créanlo! van a venir y nosotros como país estamos sufriendo las consecuencias de la mediocridad de todo mundo: nadie es responsable, nadie hace su trabajo, nadie cumple con responsabilidad; por eso vamos a una dependencia de gobierno y ahí nos entretienen quién sabe cuánto tiempo, por eso vamos a buscar tal o cual ayuda en un trabajo, y aunque estamos pagando el maestro es irresponsable, el mecánico es irresponsable, el carpintero es irresponsable… y muchos de esos son cristianos.

Reconozca, en segundo lugar, confiéselo, arrepiéntase de su pecado. Dice aquí: «El que encubre sus pecados no prosperará, mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia», hermano, reconozca que es un pecado, luego confiéselo diga al Señor: «Señor, perdóname, yo quiero salir de este letargo, yo quiero salir de este hoyo, yo quiero salir de este problema que tengo».

El tercer paso, necesita crucificar su carne. Porque la Biblia nos dice, ahí en el libro de Gálatas 5:19 nos dice: «19 Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia,» y en el versículo 21: «21 envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas;» fíjense bien: «cosas semejantes a estas». Añádale lo que quiera, pero veamos ahora el versículo 24: «24 Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.» ¡Crucifique su carne, hermano! porque la carne es perezosa, la carne es negligente, la carne es descuidada, la carne es apática, la carne es indolente; no le gusta trabajar, no le gusta sacrificarse, no le gusta sufrir, le gusta quedarse en la cama ahí acostado hasta las 10, 11 de la mañana, 12 del día ¿a poco no? ¿a poco cuando usted tiene que levantarse temprano, a las 5 de la mañana, 6 de la mañana a trabajar, usted se levanta pero si bien contento y gozoso: «¡qué bueno que me puedo levantar!» No, usted quiere quedarse ahí hasta las 10 de la mañana, 11 de la mañana, especialmente cuando está en conferencias y se queda toda la noche platicando de cosas que no debería platicar. Y esa es la razón por la que algunos hermanitos llegan aquí a la conferencia y están durmiéndose, perdiendo el tiempo en realidad, malgastando el dinero porque luego ¿para qué venimos? Venimos a una conferencia y luego no escuchamos nada, no oímos nada, no sacamos nada de provecho… o lo que es peor, venimos a la conferencia y nos enojamos con mensajes como este. Crucifique su carne, ¡crucifíquela! Tráigasela esta noche al Señor y dígale: «Señor, mata esta carne, esta carne tan perezosa, esta carne tan sentida, esta carne tan negligente… ¡mátala, Señor!». Dice aquí la Biblia claramente que «los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos».

Cuarto paso para acabar con la mediocridad: debemos vigilarnos para no caer nuevamente en ese pecado. Porque qué fácil, nada más cerramos los ojos y ya, otra vez estamos en el mismo hoyo.

Quinto paso, ataque un problema a la vez. No trate de resolver todos los problemas de un solo jalón porque no va a poder, y se va a desanimar, y se va a hacer más mediocre. Por ejemplo, ¿no ha leído la Biblia diariamente?, ¿no ha orado?, ¿no ha ganado almas?, ¿no ha asistido fielmente a la Iglesia?, ¿no ha diezmado?, ¿no ha tratado a sus hijos como debe tratarlos? Yo le recomendaría que se tratara la meta, por lo menos durante 15 días, de atacar un problema. Propóngase como meta, durante 15 días como mínimo, leer la Biblia diariamente; no ataque los demás problemas: uno por uno. Haga una lista de todos sus problemas y empiece a atacar uno, hasta que se convierta en un hábito positivo en usted. Ya logró durante un mes, leer la Biblia diariamente, siga con ese buen hábito… pero ahora ataque otro problema, el no orar; ¡uno por uno! Repito, no intente resolver todos los problemas de un jalón porque no va a poder, y se va a desanimar y va a decir «¡no se puede!, ¡no se puede!, ¡no se puede!». Trate de evitar que salgan de su boca malas palabras, ataque ese problema: uno por uno a la vez.

¿Qué es lo que sustituye a la mediocridad? La Biblia nos dice que Dios nos creó, y Dios nos creó con un espíritu de superación, es parte de nuestra naturaleza; Dios nos creó con el espíritu de salir adelante, de superarnos, de alcanzar nuevas metas. Cada cuatro años se celebran los Juegos Olímpicos, y eso nos prueba que efectivamente, el ser humano tiene la capacidad de superarse: siempre se están rompiendo nuevos récords, siempre se están alcanzando nuevas metas, siempre se está logrando algo más.

Que esas mismas habilidades, que esos mismos talentos que tiene toda la gente los utilizáramos para hacer la obra de Dios ¿dónde estaríamos ya?, ¿dónde estaría la obra de Dios? Pero desgraciadamente, dejamos que este mundo utilice todas esas habilidades, todo ese espíritu de superación para cosas perversas, diabólicas muchas de ellas, porque cada vez inventan más y más formas de pecar. Y tratan de rociar, regar su pecado en toda la raza humana. ¿Y nosotros los cristianos? De hecho, ¿cuántas veces ganando almas, personas me han dicho: «no, yo no voy a esas Iglesias, porque los cristianos son unos mediocres»? les lavan el coco ahí, y ya los tienen como robots. ¡Qué lástima que en muchos casos sí tienen razón!, ¿verdad?

Hermano, no estoy diciendo que debemos de buscar un materialismo, no. Hay una línea tan delgada entre lo que es mediocridad y lo que es materialismo, que a veces nosotros nos justificamos diciendo: «no, es que yo no soy materialista», y por eso caemos en la mediocridad.

Yo no estoy diciendo que debemos de trabajar para amontonar riquezas si es que Dios no nos las da; porque yo creo que Dios puede bendecir, dice la Biblia que la bendición de Jehová eso trae, precisamente, como consecuencia, pero dice que «no añade tristeza con ella», y Dios puede bendecir, y yo conozco algunos hermanos en nuestra Iglesia que han prosperado materialmente en una forma increíble, y es la bendición de Dios, de eso a mí no me cabe la más mínima duda. Yo no creo que nosotros debemos de correr detrás de las cosas materiales, pero que eso no sea pretexto para decir: «Bueno, aquí me conformo con mi chambita, la voy a hacer mediocremente, y ahí a ver qué sale». No, si usted es carpintero, debería ser el mejor carpintero del mundo; si usted es mecánico, debería ser el mejor mecánico del mundo; si usted es doctor, debería ser el mejor doctor del mundo.

Dios necesita ese tipo de personas también y Dios quiere que usted sea esa clase de cristiano.

Lo que sustituye la mediocridad, es la disciplina, las metas, la diligencia.

Mire nada más un ejemplo de esto, en 2 Crónicas 32:5, dice la palabra de Dios: «5 Después con ánimo resuelto edificó Ezequías todos los muros caídos, e hizo alzar las torres, y otro muro por fuera; fortificó además a Milo en la ciudad de David, y también hizo muchas espadas y escudos». Ezequías fue uno de los mejores reyes que tuvo la nación de Judá. Dice la Palabra de Dios aquí que «con ánimo resuelto», con determinación, con decisión dijo: «vamos a reconstruir estos muros, vamos a levantar esta ciudad, vamos a hacer lo que tenemos que hacer», no solamente eso, en el libro de Isaías, capítulo 38:1-5, tenemos que la Palabra de Dios nos habla de este mismo rey: «1 En aquellos días Ezequías enfermó de muerte. Y vino a él el profeta Isaías hijo de Amoz, y le dijo: Jehová dice así: Ordena tu casa, porque morirás, y no vivirás. 2 Entonces volvió Ezequías su rostro a la pared, e hizo oración a Jehová, 3 y dijo: Oh Jehová, te ruego que te acuerdes ahora que he andado delante de ti en verdad y con íntegro corazón, y que he hecho lo que ha sido agradable delante de tus ojos. Y lloró Ezequías con gran lloro. 4 Entonces vino palabra de Jehová a Isaías, diciendo: 5 Ve y di a Ezequías: Jehová Dios de David tu padre dice así: He oído tu oración, y visto tus lágrimas; he aquí que yo añado a tus días quince años.»

¿Qué hizo Ezequías en esos 15 años? Una de las grandes cosas que hizo Ezequías en esos quince años se nos narra que Ezequías se esforzó, fue con ánimo resuelto, decisión, determinación, en Proverbios 25:1, nos dice la Palabra de Dios: «1 También estos son proverbios de Salomón, los cuales copiaron los varones de Ezequías, rey de Judá:». ¿Sabe yo qué creo que hizo Ezequías en esos quince años más que Dios le regalo de vida? él no fue mediocre, él dijo «Señor, tú me has regalado este tiempo, quiero aprovecharlo bien». Él recopiló todo el Antiguo Testamento hasta donde existía. Él trajo varones sostenidos por él y dijo: «recopílenme todo el Antiguo Testamento». Y en mi opinión, tenemos gran parte del Antiguo Testamento, como lo tenemos hoy en día, gracias al rey Ezequías.

¿Sabe usted qué me dice eso? Que si usted se traza metas, que si usted se disciplina, que si usted deja a un lado la negligencia, la apatía, la indiferencia, la mediocridad, usted puede lograr algo para Dios; y a lo mejor nadie lo sabe, ¡pero qué importa! Usted no lo está haciendo para los hombres, usted lo está haciendo para Dios.

Mire, un estímulo para dejar la mediocridad. En Mateo 13:10-12 nos dice: «10 Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas? 11 El respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado. 12 Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.» Al que tiene, dice la Biblia, y es diligente, y es responsable, y es cumplido, se le va a dar más; pero al que no tiene, o que recibió pero ha sido descuidado, como ese siervo malo y negligente, que a pesar de que recibió un talento fue y lo enterró y no lo puso a trabajar, aún lo que tiene le será quitado.

Y veamos ahora el versículo 13: «13 Por eso les hablo por parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden.» Noten, oyen y ven, pero no quieren entender; no quieren entender, no quieren ver lo que es real delante de sus ojos: «14 De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dijo: De oído oiréis, y no entenderéis; Y viendo veréis, y no percibiréis. 15 Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, Y con los oídos oyen pesadamente, Y han cerrado sus ojos; Para que no vean con los ojos, Y oigan con los oídos, Y con el corazón entiendan, Y se conviertan, Y yo los sane» ¿Sabe por qué estos no quieren oír?, ¿sabe por qué no quieren ver?, ¿sabe por qué no quieren cambiar? Porque son mediocres. Ven, oyen, entienden… pero están contentos con sus pecados. Por eso es que Cristo dice que les hablaba con parábolas, «porque viendo, no ven, porque oyendo, no entienden».

Pero luego nos dice: «16 Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen. 17 Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.» Lo que aquí Cristo está diciendo es: «Ustedes son más bendecidos que los antiguos».

Nosotros somos más bendecidos, porque los antiguos, las personas del Antiguo Testamento, oían que iba a venir un Redentor, oían que iba a venir un Mesías, oían que iba a venir un Dios hecho hombre.

Nosotros oímos y conocemos lo que ya ocurrió, aquí tenemos el testimonio fehaciente de eso. Usted y yo somos más bendecidos que los del Antiguo Testamento. Son palabras de Cristo.