Clama a Mi

Clama a Mí

Kevin Wynne

El justo cae siete veces pero se vuelve a levantar. Dios está dispuesto cuando hemos caído en pecado, a perdonarnos y levantarnos otra vez, a usarnos otra vez. Pero no solamente eso, Dios cuando nos ve en desánimo y nos ve en tiempo de problemas, vendrá hablando a nosotros, vez tras vez, tras vez, a través de Su Palabra.

Nosotros, como cristianos, tenemos que tener cuidado porque las preocupaciones de este mundo, los problemas que tenemos, el afán de este siglo, quiere a veces ahogar la Palabra de Dios, para que nosotros ya no tengamos fruto, para que perdamos el ánimo y el deseo de servir a Dios.

El fuego de Dios, viene de Dios. Es Dios que obra en nosotros, no solamente hacer Su voluntad, sino como dice San Pablo, Él obra en nosotros el querer hacer Su voluntad. Si usted desea servir a Dios, fue Él quien puso esas ganas en su corazón.

Él es el Padre, el que nos da cada don bueno. Cada regalo, desciende de Él y es de Él.

Nosotros vemos que llegó la palabra de Dios a Jeremías la segunda vez, Dios dice algo muy importante en Jeremías 33:3: «Clama a Mí, y Yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces». Dios dice a Jeremías: «Si tú clamas a Mí, te voy a enseñar la Biblia, te voy a enseñar la Palabra de Dios, te voy a enseñar cosas, Jeremías, que otros no conocen.»

Y a propósito, fue Daniel que fue tan inspirado y animado, al leer la profecía de Jeremías, cuando Jeremías dijo que la cautividad iba a durar 70 años. Y a Jeremías le fueron reveladas cosas increíbles, grandes misterios de la palabra de Dios. Dios le habló a él, porque él clamó a Dios.

Nosotros como cristianos, necesitamos la Biblia, pero la Biblia es un libro espiritual. Yo recuerdo a mi Pastor, en Perú, cuando me bautizó, me dijo: «La Biblia es un libro espiritual, y cada vez que lo abrimos, tenemos que orar al Espíritu Santo para que nos ayude a entenderlo.»

Nosotros sin Dios, y sin la ayuda de Dios, no vamos a recibir de la Biblia, lo que necesitamos. Jesús, respondiendo al ataque de Satanás, le dice: «No sólo de pan vivirá el hombre,  sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.«

Veamos por ejemplo en Salmos 119:17-18, «Haz bien a tu siervo; que viva, y guarde tu palabra. 18 Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley.»

Ahora, en el versículo 28, dice el salmista: «Se deshace mi alma de ansiedad; Susténtame según tu palabra.»

La Biblia es lo que nos sostiene en tiempos difíciles, en tiempo de ansiedad, en tiempo de preocupación… la Biblia nos sostiene.

Yo recuerdo cuando iniciamos la Iglesia en México, y recuerdo ir a las casas para traer a la gente a la Iglesia, y a veces la gente diciéndome: «No, Pastor, es que yo no puedo hoy, porque tenemos problemas en la familia. Hay problemas en mi matrimonio, tengo problemas con los hijos, o algún problema económico y por eso no voy a la Iglesia.» Recuerdo pensar como un joven predicador: «¡Pero qué sonso!»

Eso es como si alguien dice «Yo no voy al hospital porque estoy enfermo, pero tan pronto que me sienta mejor, luego voy a ver al médico», es como si alguien dijera: «Yo no voy al restaurant porque tengo mucha hambre, pero tan pronto como ya no tenga hambre, voy a ir al restaurant».

La verdad es que cuando tenemos problemas y ansiedad y cargas, es cuando más que nunca necesitamos venir a la casa de Dios, es cuando más que nunca, necesitamos la palabra de Dios, porque eso es lo que nos sostiene. Veamos Salmos 119:49, «Acuérdate de la palabra dada a tu siervo, En la cual me has hecho esperar. 50 Ella es mi consuelo en mi aflicción, Porque tu dicho me ha vivificado.»

La Biblia es lo que nos da vida y es lo que trae avivamiento en la vida de nosotros. Salmos 119:72 nos dice: «Mejor me es la ley de tu boca Que millares de oro y plata.»

Nosotros decimos Amén a esto, pero la verdad es que hay miles de personas que podrían asistir a la Iglesia, pero no asisten porque les salió un trabajo, hay veces que hasta faltan en domingo, el día del Señor, porque puede ganar un dinero extra. El salmista dice: «para mí la Biblia es más importante que millares de dinero,» él dice: «es más importante que la política o los deportes… es más importante para mí que cualquier cosa, porque la Palabra de Dios es lo que me sostiene.»

En Salmos 119:67 nos dice: «Antes que fuera yo humillado, descarriado andaba; Mas ahora guardo tu palabra.» La Biblia es lo que nos trae de nuevo al rebaño.

El Salmos 119:75 nos dice: «Conozco, oh Jehová, que tus juicios son justos, Y que conforme a tu fidelidad me afligiste.»

Cuando usted camina con Dios y lee la Biblia y llega a tensiones, usted no va a amargarse con su Dios, el cristiano que camina con Dios y llega a aflicciones, no se enoja con Dios, él dice: «Dios, en Tu fidelidad me has afligido, es justo lo que haces.»

Yo estoy cansado de cristianos enojándose con Dios. Es increíble. ¿Las cosas no van como usted esperaba? ¿No le salen como usted quería? ¡Y usted se enoja con Dios!

«¡Ah es que mi marido me dejó! Ya no voy a la Iglesia.» Disculpe, Dios no es su marido, Él no le dejó, Él dijo que nunca le va a dejar.

Estuve haciendo un rally, y unos familiares católicos me dijeron: «Pastor, si Dios es tan bueno y tan justo, ¿por qué Dios permitió que mi madre muriera?» La Biblia dice que «la paga del pecado, es la muerte». Dios hizo el mundo un paraíso, fuimos nosotros que lo echamos a perder. Si quieres enojarte con alguien, ¡enójate con el Diablo! Pero no te enojes con Dios.

El salmista dice en Salmos 119:92, «Si tu ley no hubiese sido mi delicia, Ya en mi aflicción hubiera perecido.» Él dice, «la Biblia me sostenía en tiempo de aflicción». Versículo 98, «Me has hecho más sabio que mis enemigos con tus mandamientos, Porque siempre están conmigo.»

Noten esto: siempre están conmigo. ¿Qué estaba con él? Yo creo que hay dos cosas que siempre están con nosotros: número uno, los mandamientos de Dios siempre van a estar con nosotros y número dos, sus enemigos siempre van a estar también.

Nosotros tenemos que entender que todos los que van a servir a Dios y a vivir una vida piadosa, van a sufrir persecución, va a haber enemigos y si usted no tiene enemigos es porque usted no está ganando almas, no está testificando de su fe, es que usted tiene una cara en la Iglesia y otra cara en el trabajo. Usted viene a la Iglesia a dar el diezmo, y luego en Navidad está cobrando en el trabajo «para la Virgen». Pero si alguien es un hijo de Dios y tiene a su Dios y está testificando por su Dios, va a tener enemigos, pero la Biblia nos da sabiduría para seguir adelante.

Salmos 119:107 dice: «Afligido estoy en gran manera; Vivifícame, oh Jehová, conforme a tu palabra.» La Biblia es el libro que nos sostiene, su amor a la Biblia muestra su amor para Jesucristo, porque Él es la Palabra de Dios hecho carne.

Hace años, estaba tocando puertas y ganando almas, toqué una puerta y un hombre me abrió y puso su mano sobre mi Nuevo Testamento y me dice: «Yo amo a Jesucristo, pero odio este libro que usted trae en la mano.» Yo quité mi Biblia de su mano y le dije: «señor, usted es un mentiroso: Jesús es la Palabra de Dios hecho carne, y si tú no amas a este libro que estoy predicando, usted no ama a Jesús.»

Las mismas personas que se están durmiendo cuando se predica la Biblia, estarían durmiendo si Jesús en persona estuviera hablando. Él es la Palabra de Dios, y su amor a la Biblia muestra su amor a Jesús.

Hace muchos años en Francia, había una señorita que estaba leyendo un libro de poemas, y ella leyendo este libro de poemas dijo: «Ay, qué libro tan aburrido, qué poemas tan malos» y ella tiró el libro de poemas en el bote de basura. Después, ella se arregló en el mismo día y fue a la fiesta de una amiga para una fiesta de cumpleaños, y ella llegó a la fiesta y ahí conoció un joven, alto y fuerte y rico, y ella empezó a hablar con él, media hora y una hora y casi hora y media, y la verdad dijo ella, empezaba a enamorarse de este joven, y ella dijo: «Ay, tenemos tanto tiempo hablando y yo ni siquiera conozco tu nombre.» Y él dijo: «¡Disculpa! Yo soy Fulano de Tal…» y ella dijo: «¡Qué coincidencia! Hoy en la mañana estaba yo leyendo un libro de poemas y el autor tenía el mismo nombre que tú: Fulano de Tal», él preguntó: «¿Cómo se llama el libro?» y cuando ella le dice el nombre. Él contesta: «¡Ese es mi libro! Yo lo escribí. ¿Le gustó mi libro?» Y ella dijo… «¡Ah… es que no he terminado de leerlo todavía!» Ella regresó ese mismo día, sacó de la basura el libro de poemas y empezó a leerlos con lágrimas y diciendo: «¡Ay, qué poemas tan románticos, ay qué precioso!» Porque ella ahora conocía al autor, y ella amaba al autor, y cuando usted ama y conoce a su Salvador, usted va a amar a este libro, va a ser un libro interesante para usted.

Cuando nosotros pedimos: «Señor, ayúdanos a entender la Biblia», Él lo hace. Hay cosas por las que oramos que no sabemos si es la voluntad de Dios, hay cosas que pedimos y no sabemos si Dios lo quiere hacer o no, algunos de ustedes andan orando: «Dios mío, dame un millón de pesos… ¡tú sabes lo que yo haría con un millón de pesos!» Dios dice en el Cielo: «Yo sé exactamente lo que harías con un millón de pesos, te olvidarías de Mí»

Pero, cuando pedimos a Dios: «Señor, ayúdame para entender la Biblia, y esta semana en la Iglesia, ayúdame, abre mis ojos para ver grandes cosas en Tu ley,  ayúdame a comprender y aprender de la Palabra de Dios», Él lo hace.

Algunos de ustedes tienen la actitud de un Pentecostal, usted piensa del culto: «El que persevera hasta el fin será salvo.» Dios no quiere que vengamos a la Iglesia a aguantar los cultos, Dios quiere que vengamos a disfrutar la Palabra de Dios, regocijarnos en ella, y la verdad es, vea usted en los libros de la Biblia, que había gozo cuando se predicaba en la Biblia, y había gozo y alegría cuando se predicaba la palabra de Dios.

Juan 8:47 dice: «El que es de Dios, las palabras de Dios oye; por esto no las oís vosotros, porque no sois de Dios.» La verdad es que si alguien es de Dios, no necesitas tener baterías, guitarras eléctricas, usted no tiene que tener un culto de alabanza, usted cuando tiene la Palabra de Dios, los que son de Dios, van a oír la Palabra de Dios.

Muchas veces dicen: «No entiendo cómo sigue creciendo su Iglesia» ¿Que porque tengo un programa de radio? La verdad es que cuando usted enseña la Biblia, y enseña la Palabra de Dios, hay gente que va a ser salva y los que son de Dios, oyen la Palabra de Dios. No es lo que hace un hombre, no es la personalidad de usted, si usted ora, Pastor, y pide: «Señor, enséñame grandes cosas para que yo pueda enseñarlo a mi gente». Dios va a enseñarle la Biblia y entonces usted le va a enseñar a su gente. Las ovejas van donde hay alimento.

Algunos Pastores se quejan: «Llegó otro Pastor y me quitó mis ovejas.» En primer lugar no son sus ovejas, son de Jesús; en segundo lugar, las ovejas van donde hay comida… y en lugar de estar chillando y regañando al otro Pastor, ¿por qué no te pones a estudiar, Pastor? A ganar almas, y a dedicarte a predicar la Palabra de Dios, porque los que son de Dios, la Palabra de Dios oyen.

De la vida cristiana dice Jesús, en Juan 5:24, «De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.» La vida cristiana, empieza con la Biblia, oyendo la Palabra de Dios. Tiene fe, y viene para oír la Palabra de Dios.

La vida cristiana necesita continuar dándose y creciendo en la gracia y conocimiento de nuestro Señor Jesucristo a través de la Palabra de Dios. La Biblia, es sumamente importante.

Muchas veces usted va a tener tiempo de comer, de platicar, pero no va a tener tiempo para la Biblia. Va a ir a una conferencia sobre la Biblia, pero no va a leer la Biblia. Y esa es la razón por la que su matrimonio anda como anda, esta es la razón, Pastor, por eso su ministerio está como está. Lo que usted hace con la Biblia determina lo que Dios hará con usted.

Yo no estoy en contra de que usted tenga tiempo de compañerismo, pero debo decirle que usted debe tener tiempo para Su libro, el Libro de Libros, la Biblia.

Estoy cansado de ver cómo los cristianos tratamos la Biblia, faltamos el respeto a la Palabra de Dios, lo tiramos al suelo, lo maltratamos. La verdad es que nosotros debemos apreciar la Biblia, es el libro que Dios nos ha dado.

Yo recuerdo cuando era joven leer libros e historias sobre los mártires, yo recuerdo leer un libro donde habían escondido las Biblias de los católicos, y durante la Inquisición, la Iglesia Católica asesinó a más de 80 millones de personas. Yo no soy Católico, yo soy Bautista. Los Bautistas no somos protestantes, fue Juan el Bautista que bautizó a Jesús, no Juan el Presbiteriano. Bautista no es una religión, es una creencia, es una fe, una doctrina… no es una denominación.

Pero en este pueblo, en la Iglesia sólo había una Biblia, y le habían dado esta Biblia a un hombre para guardarla. Llegaron los soldados romanos y se dieron cuenta de que este hombre había escondido la Biblia, tomaron a su hija, la amarraron, pusieron leña a sus pies y le dijeron: «¡Díganos dónde está la Biblia o quemamos a su hija!», y una niña pequeña de unos ocho o nueve años de edad, con lágrimas en los ojos le dijo: «Papá, no les digas nada, yo quiero morir, yo prefiero que me quemen a mí, a que quemen a nuestra Biblia.»

Algunos dicen: «No, Pastor, es que Dios ha cambiado, Dios ya no trabaja como en otros tiempos», Dios no cambia. Jesús es el mismo ayer, hoy y por los siglos. ¡Jehová no cambia! Nosotros hemos cambiado.

Yo recuerdo hace tiempo en México, cuando yo empezaba mi Iglesia, recuerdo tiempos predicando dos horas, dos horas y media y la gente diciendo «Más, queremos más». Ahora la idea de algunos de ustedes de un buen culto, es un culto que termina temprano. Hemos cambiado nosotros, por eso ya no hay avivamiento.

Segundo, que quiero que vean, Dios no sólo está diciendo a Jeremías: «Clama a Mí, te voy a enseñar la Biblia», sino que está diciendo: «Jeremías, clama a mí y yo te responderé,» acerca de la oración. La verdad es que Dios nos quiere guiar en la oración, Dios nos quiere instruir, enseñar, ayudarnos a orar. Nosotros tenemos un gran Dios y para él nada es imposible y él nos dice: «Si me piden, les voy a ayudar a orar, les voy a ayudar a pedirme cosas grandes y yo voy a contestar su oración una vez que lo hagan.»

Romanos 8:15 dice: «Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!»

La palabra Abba, era una forma de decir Papá, era una forma de decir el nombre de Dios, familiar.

Hay gente religiosa aquí en México, algunos de ustedes son iguales, que enseñan con formalismo y todo eso, y hasta ellos cambian a Dios. Hasta cambian cómo hablar con él… cantan lúgubremente «¡Oh Gran Dios del Cielo!» y entonces la gente responde lúgubre: «Amén». Dios no es así, usted está fingiendo cuando habla así, usted nunca va a comprar las tortillas y llega y dice: «¡Oh gran señor de las tortillas! ¡Véndame un kilo de tortillas!» y luego él dice: «Amén». ¡Nadie habla así!

Pablo dice que cuando usted es un hijo de Dios, adoptado en la familia de Dios, va a hablar con confianza, no con vanas repeticiones, vas a hablar a tu Dios como tu Padre. «El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu,  de que somos hijos de Dios

Póngame atención, si esta noche usted no sabe a dónde irá cuando muera, lo más seguro es que usted va al infierno, porque cuando usted es salvo, el Espíritu Santo entra en el corazón, y una de las cosas que Él hace es confirmar que usted es hijo de Dios.

Romanos 8:24 dice: «Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza;…» Pablo dice en Hebreos, «fe es la certeza de lo que se espera», si alguien tiene verdadera fe tiene la certeza de que es salvo, continúa el versículo 24 de Romanos: «…porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo? 25 Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos. 26 Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. 27 Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos. 28 Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.»

Dice Pablo, «cuando eres hijo de Dios, Dios te va a guiar». Dice el versículo 14: «Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.»

Si usted es padre, sabe que al ser padre, amamos a nuestros hijos, queremos guiarlos, queremos ayudarlos, no queremos que ellos cometan los mismos errores que nosotros cometimos, no queremos que caigan en las trampas del Diablo, como nosotros a veces caímos, queremos instruir y guiarlos. Y somos hechos a la imagen de Dios, si este deseo tenemos nosotros, mil veces más lo tiene Dios. Él dice: «Yo no te dejo huérfano, yo voy a venir en la persona del Espíritu Santo, y cuando tú me pidas, si tu quieres, yo te voy a guiar al orar, al pedir lo que te conviene y lo que no te conviene, te voy a enseñar lo que es mi voluntad, lo que no es mi voluntad. Te voy a instruir, pero tienes que pedirme.»

Dios no da consejo cuando no lo queremos, la verdad, es que he visto a cristianos tomar decisiones sin ayuda de Dios. Yo recuerdo cuando estaba en el Colegio Bíblico, estaba en el dormitorio, y un compañero estaba tratando a una señorita, y este joven un día llegó al dormitorio y puso una lata de Coca Cola en el ropero, y se puso junto a su cama a orar, y clamaba en voz alta: «Oh, gran Dios, si tú quieres que me case con Fulana, quiero que se caiga la lata de Coca Cola del vestidor». Y como era una señorita muy guapa, la puso en la mera orilla del ropero, y entró un compañero de su trabajo y estaba cansado y cerró de golpe la puerta, y se cayó la lata de Coca y él brincó: «¡Gloria a Dios! ¡Voy a casarme con ella!» Dios no actúa de esa manera. Dios quiere guiarnos, quiere instruirnos, pero nosotros tenemos que clamar a Él.

En Isaías 8:19 dice: «Y si os dijeren: Preguntad a los encantadores y a los adivinos, que susurran hablando, responded: ¿No consultará el pueblo a su Dios? ¿Consultará a los muertos por los vivos?» Dios es omnisciente, Él sabe todo, pero nosotros somos tan tontos que a veces nosotros dejamos a Dios confundido. Dios dice: «Yo no los comprendo… ustedes van con los encantadores, con los adivinos, pero no vienen conmigo.»

Y el adivino tiene su bola de cristal, y empieza a hablar: «¡Oh, abuela! ¡Ven con nosotros, abuela! Queremos hablar contigo…» Si la abuela aparece, yo voy a dormir espantado esa noche. Tengo un don que no esperaba, la verdad. Y Dios en el Cielo está diciendo: «Está consultando a los muertos, por los vivos… qué raro, esta misma gente cuando la abuela estaba viva, nadie le hablaba.»

Cuando están vivos su padre y madre no platican con ellos, pero tan pronto mueren, ahí estás tú con el adivino: «¡Ay, papá! ¡Háblame! ¡Háblame!»

Y en el Cielo Dios dice: «Yo soy Dios, Yo soy el Creador del universo, Yo te quiero guiar, Yo te quiero enseñar, te quiero instruir. ¡Pregúntame a Mí!» Él dice: «¿No consultará el pueblo a su Dios? ¡Habla Conmigo! Yo te voy a guiar, te voy a enseñar.»

En 1 Juan 5:13 dice: «Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna…» Dios dice: «He dado la Biblia para que tú sepas que tienes vida eterna.»

Continúa el versículo 13. Dios dice: «He escrito la Biblia, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios. Y esta es la confianza que tenemos en Él, que si pedimos alguna cosa de acuerdo a Su voluntad, Él nos oye.'» Dice Juan: «La seguridad de salvación es lo que nos da fe para orar, y si sabemos que Él nos oye en cualquier cosa que pidamos, sabemos que tenemos las cosas por las que oramos», dice entonces Juan, «si algo es conforme a Su voluntad, sabemos que Dios lo va a dar».

La Biblia y el Espíritu Santo nos guían y nos enseñan para que tengamos la fe para que cuando oremos y pidamos algo de Dios, Él escuche y Él conteste. Dios quiere contestar la oración.

Jeremías 17:5 dice: «…Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová.» Cuántos de ustedes al tener un problema busca ayuda donde no debe. Si usted no puede ahorrar, ¿cómo va a pagar a un prestamista cobrando 15% al mes? Y usted confía en la ayuda de la gente. Dice Jeremías 17:7, «Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová.» Quien te puede ayudar con tu pena, es Dios, es el Gran Dios quien te puede sostener.

En Efesios 3:20 dice: «Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros», eso es el Espíritu Santo, dice Pablo: «puede hacer cosas más grandes de lo que tú puedes imaginar», y dice Jehová: «Clama a Mí, y Yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces«.

Yo creo que Dios quiere hacer algo grande en México, en su familia, en su ministerio… tenemos que caminar con Él, tenemos que clamar. El problema no está con Dios, el problema está con nosotros: por su falta de fe, esta es la razón por la que no que caminamos con Dios.

Yo recuerdo cuando era un joven en el Colegio Bíblico, llegó a predicar Curtis Hudson un día, en capilla. Yo recuerdo al hermano Hudson contándonos a nosotros, jóvenes predicadores, (casi llorando cuando lo contaba,) que había ido a una conferencia a otra ciudad, y después del culto había llegado un hombre, y ese hombre estaba vestido normal, en pantalón de mezclilla y llegó ahí y dijo: «Me gustó su mensaje de esta noche, ¿Tiene alguna necesidad para su Iglesia? ¿Qué necesita usted?» Y el hermano Hudson vio a este hombre, y le dijo: «Pues, se descompuso un camión, y queremos repararlo y creo que nos va a costar 500 dólares repararlo.» Y este hombre sacó una chequera y escribió un cheque para su camión y se fue. Llegó el Pastor de esta Iglesia con Hudson y le dice: «Este hermano nos dio un cheque,» y se lo entregó y le preguntó el Pastor: «¿Usted sabe quién es ese?» -«No, yo no sé quién es.» Y el pastor le dijo: «Ese hombre es multimillonario, el otro día le dio un cheque por 5 mil dólares a otro Pastor, yo conozco a otro Pastor que pidió 50 mil dólares. Cuando él viene y le pide la cantidad se la da, no le importa la cantidad que sea. Pero, sólo lo hace una vez.» Y entonces nos contaba, casi llorando: «¡Le hubiera pedido un edificio nuevo!»

Yo creo que nosotros no nos damos cuenta de las cosas que Dios nos puede dar y podría hacer. En su hogar, en su matrimonio, en su familia, en su Iglesia… pero no le pedimos. Él nos quiere guiar e instruir, quiere darnos sabiduría.

Hace años un joven de los Estados Unidos, estaba teniendo problemas en la escuela, especialmente con las matemáticas. Y un día llegó a la casa con sus calificaciones y su madre vio el reporte y dijo: «¡Sacaste un 10! ¿Cómo lo hiciste?» Y el niño dijo: «Bueno, es que mis amigos me dijeron en la calle tal, en el número ciento y algo, vive un hombre que sabe muchas matemáticas y a lo mejor te puede ayudar, y él me ayudó.» Y la madre fue a la casa en esa calle y número y tocó la puerta para dar las gracias a este hombre que le ayudó a su hijo y abrió la puerta Albert Einstein, y la señora asombrada dice: «Ay, señor Einstein, no sabía que usted vivía aquí… mi hijo le está estorbando, le está molestando…» Y él le dijo: «No señora, yo amo a los niños, yo quiero que venga todos los días, le ayudo con mucho gusto.»

Y la verdad, es que nosotros tenemos al Creador del Universo, que nos quiere ayudar con nuestros problemas, quiere instruirnos, pero a veces nuestro orgullo dice: «Ay, yo mismo me arreglo mis problemas… yo conozco mi hogar, yo conozco mi esposa, yo conozco a este hombre.»

Una vez le dije a una hermana: «Se necesitas someter a su marido.» Y ella me dijo: «Ay, Pastor, pero yo conozco a mi marido, yo sé lo que él necesita.» Y su matrimonio terminó en divorcio.

Nosotros, a veces por orgullo, no pedimos la ayuda de Dios.

Hace algunos años, a un joven en los Estados Unidos, se le había descompuesto su auto en la carretera. Estaba tratando de arreglar la máquina, cuando de repente, llegó un Cadillac del año, se estaciona en la carretera, y un viejito se bajó del Cadillac con su caja de herramientas. Checó el motor, y le dijo al joven: «Veo que está teniendo problemas, ¿le puedo ayudar?» Y él dijo: «Ay, viejito, los coches han cambiado, los coches modernos han cambiado mucho, mire, yo conozco mi coche, este es un Ford y yo lo arreglo solito.» El viejito dijo: «Está bien.» Recogió su herramienta, regresó a su coche y le dijo: «Oiga, joven, yo también soy Ford, el hombre que inventó el coche.» Y nosotros a veces, Dios nos quiere ayudar con el ministerio, en las decisiones, con la familia… quiere ayudarnos, pero por el orgullo no clamamos a Él.

Lo último que voy a decir es: Hay que clamar a Dios. En Romanos 10:13 dice la Biblia: «porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.» La Biblia dice: Todo aquél. No importa a cuál Iglesia vayas, qué religión tienes, si usted tiene fe es salvo, pero tienes que creer… de nada sirve estar repitiendo una oración.

Alguien me dijo: «Ay, Pastor, ore por mi marido. Él vino a la Iglesia y es un borracho y un adúltero… pero ya hizo la oración.» La oración no te va a salvar, es el arrepentimiento y fe en Cristo lo que te hacen salvo.

Lo dice la Biblia: «todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo». Este día pide a Dios que te salve. Hay veces que le pedimos cosas a Dios que no sabemos si son su voluntad o no, Cristo mismo en el jardín oraba: «Señor, si es posible que pase de mí esta copa sin tomarla, pero Señor, no sea mi voluntad sino la Tuya.»

Usted ora por alguien que está enfermo, que está sufriendo… a veces no sabemos si es la voluntad de Dios o no, pero si pides que te salve, Él siempre quiere salvarte.

Dos ladrones en la cruz, uno de ellos dijo: «Si de verdad eres el Hijo de Dios, ¡sálvate a ti mismo y a nosotros!» Él estaba pensando en su vida física, estaba pensando en su bienestar físico. Y el que quiere salvar su vida, pierde su vida. Quería un milagro para creer, como muchos hoy en día; pero Dios no trabaja así. El otro ladrón dijo: «Señor, acuérdate de mí cuando llegues a Tu reino». Cristo le dijo: «hoy estarás conmigo en el Paraíso.»

Si usted no está seguro de que va al Cielo, haga una decisión y pida a Jesucristo: «Señor, sálvame». Te prometo que por medio de la Palabra de Dios, Él te salva.

Señor Dame Este Monte

Dame,  pues,  ahora este monte,  del cual habló Jehová aquel día;  porque tú oíste en aquel día que los anaceos están allí,  y que hay ciudades grandes y fortificadas.  Quizá Jehová estará conmigo,  y los echaré,  como Jehová ha dicho. -Josué 14:12

Lo que muchos de nosotros necesitamos es pedirle a Dios unos cuantos montes. Un monte es un desafió. Subir a un monte es un reto. Subir a un monte es tener un propósito en la vida. Y muchos son los que andan por ahí desanimados, deprimidos, desalentados, porque no han encontrado el propósito de sus vidas. Que llegan a casa de trabajar, se meten en la cama y no quieren saber de nada más. No tienen un propósito. El trabajo no llena ese propósito. Los vicios como el alcohol, el fumar y las drogas, no llenan ese propósito. Lo único que puede dar propósito a nuestras vidas es Dios. Él es quien tiene un plan perfecto para nuestras vidas. Y cuando yo leo la Biblia, cuando yo estudio Su Palabra, es entonces que puedo reconocer ese propósito. El diablo nos quiere hacer pensar que nuestro propósito es la fama. Que no hay nada mejor que ser famosos. El diablo quiere que pensemos que nuestro propósito es el tener dinero. Que no hay nada mejor que tener mucho dinero. El diablo quiere que pensemos que tener muchas mujeres es lo máximo en la vida. Pero la verdad es que la fama se acaba. El dinero se acaba. La hermosura se acaba. ¿Y con qué te quedas? Con nada. Con problemas. Con depresión y ganas de querer morir.

Caleb sabía que la voluntad y el propósito de Dios para su vida era ese monte. Pero no era un monte común y corriente. Era un monte… con un montón de gigantes. Era un monte con ciudades grandes y fortificadas. Podríamos pensar que Caleb estaba loco. Sus amigos quizá le dijeron que no iba a poder contra los gigantes. Su familia quizá le dijo que lo iban a matar en el primer intento. El diablo lo trató de desanimar por 45 años. Los primeros 40 años en el desierto el diablo quizá le dijo: «Caleb… todos tus amigos y familiares se están muriendo aquí en el desierto.» Quizá le dijo: «Dios no te va a dar esa tierra. Deja a Dios. Niega a Dios. Murmura contra Dios.»

Después que entraron a la tierra prometida y de que lucharon por cerca de 5 años, quizá el diablo le dijo: «Caleb, vas a morir en una de estas batallas.» «Ni creas que Dios te va a dar lo que te prometió.» Pero Caleb cumplió siguiendo a Dios. Caleb nunca se desanimó. Caleb siguió adelante.

Cada día de su vida, Caleb se levantaba con un propósito. Con un monte en su vida. Cada día él decía: «Señor, dame ese monte que Tú me prometiste.» Cada mañana él oraba: «Señor, no voy a dejar de luchar y vivir por Ti, hasta que me des ese monte.» Él creía y confiaba en las promesas de Dios.

Hay algunos montes que debemos de alcanzar. Uno de los montes más importantes para alcanzar son las almas que se están yendo al infierno. Necesitamos a unos cuantos pastores y misioneros e hijos del Gran Rey que digan: «¡Señor, dame este monte!» «¡Señor, dame esta ciudad!» No importa que sean bien católicas. No importa que haya gigantes. No importa que sea en otro país y que hablen otro idioma. «¡Señor, dame este monte!»

Señor, Creo, Pero Ayudame A Creer Mas En Ti

«Jesús preguntó al padre: ¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto?  Y él dijo: Desde niño. 22 Y muchas veces le echa en el fuego y en el agua,  para matarle;  pero si puedes hacer algo,  ten misericordia de nosotros,  y ayúdanos. 23 Jesús le dijo: Si puedes creer,  al que cree todo le es posible. 24 E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo;  ayuda mi incredulidad. 25 Y cuando Jesús vio que la multitud se agolpaba,  reprendió al espíritu inmundo,  diciéndole: Espíritu mudo y sordo,  yo te mando,  sal de él,  y no entres más en él. 26 Entonces el espíritu,  clamando y sacudiéndole con violencia,  salió;  y él quedó como muerto,  de modo que muchos decían: Está muerto. 27 Pero Jesús,  tomándole de la mano,  le enderezó;  y se levantó.» Marcos 9:21-27.

Aquí tenemos a un padre preocupado por la vida de su hijo, pues su hijo estaba endemoniado.  El Señor Jesús, le pregunta, que desde cuando estaba así; y el padre del muchacho, le contesta que desde niño. Esto quiere decir que por muchos años, este papá, había visto a su hijo padecer por causa de este espíritu. Y no sólo eso, sino que este espíritu malo, este demonio, era un espíritu mudo y sordo. Imagínese a este papá no poder conversar con su hijo. Imagínese a este papá no poder oír a su hijo decirle: «Papá, te amo. Papá, te quiero. Gracias papá por todo lo que haces por mí. Gracias papá por preocuparte por mí.»

Este era un papá, no solo preocupado, pero desconsolado al ver la situación en la que estaba su hijo. Y él, a pesar de todo esto, tenía un poquito de fe. Él quería creer que Jesús tenía el poder para sanar a su hijo. Él quería creer que Jesús salvaría a su hijo. Esta era su oportunidad. Este era el chance que él había esperado toda su vida. El ver a su hijo sano y salvo, como todos los demás jóvenes de su edad. Qué espera. Qué amor.

Este papá, no le exigió a Jesús que sanara a su hijo. Sino que le dijo: «Si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros. Y ayúdanos.» El Señor Jesús, no le dice de manera inmediata: «Ok, está bien. Ya está. Tu hijo está sano. Te puedes ir con él.» No le dice eso. Sino que pone a prueba su fe, y le dice: «Si puedes creer, al que cree, todo le es posible.»

Y aquí encontramos a un papá bien sincero al decir: «Señor, creo, ayuda mi incredulidad.» En otras palabras, este papá le estaba diciendo a Jesús: «Señor, creo, pero ayúdame a creer más en Ti.» «Señor creo, pero Tú no sabes cuánto he sufrido.» «Señor, creo, pero tú no estabas cuando mi hijo se estaba ahogando en el mar, y se me hace un poquito difícil creer que Tú lo puedes sanar.» «Señor, creo, pero tú no estabas cuando mi hijo se aventó hace unos días en el fuego para matarse, y la verdad Señor es que hay un poquito de incredulidad en mi.» «Señor, creo, pero han sido años tan difíciles, noches de desvelo, meses de angustia, años de soledad. Señor, creo, pero… me gustaría creer más.» «Señor ayuda mi incredulidad. Ayúdame Señor, porque hay veces que pienso que Dios no es real.» «Señor, creo, pero hay veces que ya no hay esperanza en mi.» «Señor creo, pero la verdad es que he estado molesto con Dios por lo que me ha pasado, y si, hay incredulidad en mi. Por eso te pido que ayudes mi incredulidad. Quiero creer que Dios me puede ayudar a salir de mis problemas. Señor creo, pero ayúdame a creer más.» Y Jesús le dijo, «está bien. Te voy a ayudar.»

Cuando parezca que ya no hay esperanza, crea en Dios, y pídale que le ayude en su incredulidad a creer más en Él. Dios le puede ayudar.