Señor, Creo, Pero Ayudame A Creer Mas En Ti

«Jesús preguntó al padre: ¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto?  Y él dijo: Desde niño. 22 Y muchas veces le echa en el fuego y en el agua,  para matarle;  pero si puedes hacer algo,  ten misericordia de nosotros,  y ayúdanos. 23 Jesús le dijo: Si puedes creer,  al que cree todo le es posible. 24 E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo;  ayuda mi incredulidad. 25 Y cuando Jesús vio que la multitud se agolpaba,  reprendió al espíritu inmundo,  diciéndole: Espíritu mudo y sordo,  yo te mando,  sal de él,  y no entres más en él. 26 Entonces el espíritu,  clamando y sacudiéndole con violencia,  salió;  y él quedó como muerto,  de modo que muchos decían: Está muerto. 27 Pero Jesús,  tomándole de la mano,  le enderezó;  y se levantó.» Marcos 9:21-27.

Aquí tenemos a un padre preocupado por la vida de su hijo, pues su hijo estaba endemoniado.  El Señor Jesús, le pregunta, que desde cuando estaba así; y el padre del muchacho, le contesta que desde niño. Esto quiere decir que por muchos años, este papá, había visto a su hijo padecer por causa de este espíritu. Y no sólo eso, sino que este espíritu malo, este demonio, era un espíritu mudo y sordo. Imagínese a este papá no poder conversar con su hijo. Imagínese a este papá no poder oír a su hijo decirle: «Papá, te amo. Papá, te quiero. Gracias papá por todo lo que haces por mí. Gracias papá por preocuparte por mí.»

Este era un papá, no solo preocupado, pero desconsolado al ver la situación en la que estaba su hijo. Y él, a pesar de todo esto, tenía un poquito de fe. Él quería creer que Jesús tenía el poder para sanar a su hijo. Él quería creer que Jesús salvaría a su hijo. Esta era su oportunidad. Este era el chance que él había esperado toda su vida. El ver a su hijo sano y salvo, como todos los demás jóvenes de su edad. Qué espera. Qué amor.

Este papá, no le exigió a Jesús que sanara a su hijo. Sino que le dijo: «Si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros. Y ayúdanos.» El Señor Jesús, no le dice de manera inmediata: «Ok, está bien. Ya está. Tu hijo está sano. Te puedes ir con él.» No le dice eso. Sino que pone a prueba su fe, y le dice: «Si puedes creer, al que cree, todo le es posible.»

Y aquí encontramos a un papá bien sincero al decir: «Señor, creo, ayuda mi incredulidad.» En otras palabras, este papá le estaba diciendo a Jesús: «Señor, creo, pero ayúdame a creer más en Ti.» «Señor creo, pero Tú no sabes cuánto he sufrido.» «Señor, creo, pero tú no estabas cuando mi hijo se estaba ahogando en el mar, y se me hace un poquito difícil creer que Tú lo puedes sanar.» «Señor, creo, pero tú no estabas cuando mi hijo se aventó hace unos días en el fuego para matarse, y la verdad Señor es que hay un poquito de incredulidad en mi.» «Señor, creo, pero han sido años tan difíciles, noches de desvelo, meses de angustia, años de soledad. Señor, creo, pero… me gustaría creer más.» «Señor ayuda mi incredulidad. Ayúdame Señor, porque hay veces que pienso que Dios no es real.» «Señor, creo, pero hay veces que ya no hay esperanza en mi.» «Señor creo, pero la verdad es que he estado molesto con Dios por lo que me ha pasado, y si, hay incredulidad en mi. Por eso te pido que ayudes mi incredulidad. Quiero creer que Dios me puede ayudar a salir de mis problemas. Señor creo, pero ayúdame a creer más.» Y Jesús le dijo, «está bien. Te voy a ayudar.»

Cuando parezca que ya no hay esperanza, crea en Dios, y pídale que le ayude en su incredulidad a creer más en Él. Dios le puede ayudar.