No Cuelgues Tu Arpa

No Cuelgues tu Arpa

Pastor Gil Torres

Éxodo 15:1-3: «Entonces cantó Moisés y los hijos de Israel este cántico a Jehová y dijeron: «Cantaré yo a Jehová porque se ha magnificado grandemente. Ha echado en el mar al caballo y al jinete. 2Jehová es mi fortaleza y mi cántico. Y ha sido mi salvación. Este es mi Dios, y yo lo alabaré; Dios de mi padre, y lo enalteceré. 3 Jehová es varón de guerra; Jehová es su nombre.»

Aquí en el capítulo 15, estaban cantando, y en este canto estaban alabando a Dios. Parte del culto, del servicio de nosotros, de la Iglesia, es cantar; y qué bueno que podemos venir y cantar los himnos y los cánticos y toda la música especial, todo lo hacemos porque servimos a un Dios de victoria, servimos a un Dios y aquí en este capítulo en particular, ellos estaban cantando porque en el capítulo 14, vemos la historia en que Dios hizo el gran milagro de partir el Mar Rojo.

Ellos salieron de Egipto, tras los 400 años que estuvieron bajo la esclavitud, y Dios los rescató por medio de un varón que él usó, Moisés y salieron de ahí después de tantas pruebas y dificultades.

Estaban dispuestos para ir a alabar a su Dios y dice la Biblia que Dios los dirigió a un lugar, y este lugar era un lugar peligroso, difícil, porque del lugar donde estaban, no había salida. Tenían el Mar Rojo delante de ellos y los montes a los lados. Y cuando miran hacia atrás, de donde salieron de Egipto, ven que viene un ejército contra ellos.

Dice la Biblia que el Faraón de repente se arrepintió de dejarlos ir libres y él vino contra ellos y ellos podían ver ese gran ejército. Dice la Biblia que tenían temor y no sabían qué hacer, porque no podían huir porque no había para donde ganar y de repente en medio de todo esto, había desesperación, estaba la gente angustiada, había nervios y no sabían ni cómo le iban a hacer, y el hombre de Dios, Moisés, se dirigió Dios a él y le dijo: «Moisés, no te preocupes, vamos a hacer un milagro, la gente me va a reconocer el día de hoy, se encuentran en una situación muy difícil, muy peligrosa, pero acuérdate quién te dirigió a este lugar, tú no escogiste este lugar, yo te traje a este lugar con esa gran cantidad de gente.»

Y en el capítulo 14, dice la Biblia que ahí, Moisés, delante de toda la gente, baja su bastón y el Mar Rojo se aparta, se divide. Y dice la Biblia que cuando ellos vieron esto, Dios dijo: «Quiero que ustedes desciendan, van a entrar ahí y van a caminar por la tierra, va a estar seco todo en el medio, va a haber un muro de agua por un lado y otro muro de agua por otro lado. Y ustedes van a caminar hacia adelante, yo voy a estar con ustedes, y yo los voy a dirigir.»

Y ustedes saben la historia, así pasa. Ellos descienden, y pasan, así lo hacen. Descendieron, dice la palabra de Dios, y la historia cuenta que ellos van caminando en medio del Mar Rojo y salen por el otro lado, y de repente las aguas, antes de descender de nuevo, los que venían atrás de ellos entran también porque dicen: «nosotros también vamos a pasar por ahí» pero no sabían que ese camino no era para ellos, era para los hijos de Dios, que Dios iba a cuidar a su pueblo, y ellos pensaban que podían seguirlos. Y bajaron para perseguirles y dice la Biblia que de repente caen las aguas sobre ellos.

Y cuando los hijos de Dios salen al otro lado, ven lo que Dios hizo y comienzan a cantar, comienzan a alabar a Dios, comienzan a reconocer: «¡Qué maravilla! ¡Mira qué Dios tan grande tenemos!» Y nosotros como creyentes, cantamos también porque somos hijos de victoria.

Nosotros ya hemos leído la Biblia, de Génesis a Apocalipsis y al fin de todo, nosotros ganamos. Al fin de todo vamos a estar con Dios, el Rey de Reyes y el Señor de Señores. Todo esto se va a terminar, todos los problemas, todo lo que está pasando, un día cesará todo eso y estaremos con el Señor y por eso nosotros podemos cantar. Y por eso podemos estar gozosos. Y aquí ellos estaban cantando porque acaban de ver una gran victoria.

En Jueces 4:13-15, vemos: «Y reunió Sísara todos sus carros, novecientos carros herrados, con todo el pueblo que con él estaba, desde Haroset-goim hasta el arroyo de Cisón. 14Entonces Débora dijo a Barac: Levántate, porque este es el día en que Jehová ha entregado a Sísara en tus manos. ¿No ha salido Jehová delante de ti? Y Barac descendió del monte de Tabor, y diez mil hombres en pos de él. 15Y Jehová quebrantó a Sísara, a todos sus carros y a todo su ejército, a filo de espada delante de Barac; y Sísara descendió del carro, y huyó a pie.»

Tenemos que entender un poco de la historia. Se encuentran aquí en una situación muy difícil. Viene contra ellos este ejército y dice la palabra de Dios que Débora le dice a Barac: «No te vayas a desanimar, tú sigue adelante, Dios tiene un plan, Dios nos prometió que nos va a cuidar, Él se encargará, Él va a pelear para nosotros, Él puede ver todo lo que está pasando, Él sabe lo que viene, Él conoce muy bien el porvenir y Dios nos ha dado la victoria.»

Dios conoce lo que ustedes están sufriendo hoy. Hay unos aquí que están viviendo bajo sus circunstancias y hay otros que están viviendo sobre sus circunstancias.

La vida es una prueba. Ustedes están viviendo su vida en una de tres cosas: En una prueba; entrando a una prueba; o saliendo de una prueba. Pero, la vida en sí es una prueba.

Yo no entiendo los que predican: «Pare de sufrir.» Yo no sé cuál Biblia están leyendo.

La Biblia dice que al ser creyente uno va a sufrir. Al entregarse a Dios va a haber sufrimiento, va a haber dolor, va a haber fracaso, pero aún en todo, todavía tenemos la victoria. Y aquí ellos vieron la victoria. Veamos ahora Jueces 5:1-3, dice: «Aquel día cantó Débora con Barac hijo de Abinoam, diciendo: 2Por haberse puesto al frente los caudillos en Israel, Por haberse ofrecido voluntariamente el pueblo, Load a Jehová. 3Oíd, reyes; escuchad, oh príncipes; Yo cantaré a Jehová, Cantaré salmos a Jehová, el Dios de Israel.» ¿Qué están haciendo? Están cantando. ¿Por qué están cantando? Porque acaban de tener una victoria. Es fácil cantar cuando tenemos victoria. Es fácil cantar cuando uno sale de una prueba.

Cuando los hijos de Israel salieron del Mar Rojo, antes de entrar, no estaban cantando, pero al salir por el otro lado, estaban cantando. Estaban cantando porque acaban de ver una victoria, acababan de ver la mano de Dios, y aquí otra vez vemos que ven la mano de Dios y comienzan a cantar.

Yo no sé tú, pero cuando tengo gozo en mi corazón, eso me causa cantar. Yo cuando me baño me gusta cantar de vez en cuando, yo no soy bueno para cantar, no tengo voz para cantar, Gloria a Dios que mis hijos sí cantan bien, pero yo no. A veces yo me estoy bañando, y cantando y de repente uno de mis hijos escuchan por afuera que estoy cantando y gritan: «Papá, ese canto que tú estás cantando, reconozco la melodía de ese himno, pero las palabras que tú estás usando no son correctas, así no es ese canto» y yo les grito del baño «Pues ese canto es mío, es personal, este es mío, el que Dios ha puesto en mi corazón.» Pero yo cambio una palabra aquí y una palabra ahí, y la ajusto para lo que está pasando en mi vida, y yo lo canto al Señor ¿por qué? porque tengo un gozo en el corazón, porque tengo una alegría.

Y qué triste, cuando nosotros perdemos eso. Qué triste cuando la vida se pone tan difícil que ya no podemos cantar porque por dentro estamos sufriendo, estamos deprimidos, estamos desanimados, y Dios no quiere que sea así. Dios quiere que estemos siempre cantando. Como en Apocalipsis 7. Estoy hablando del gozo del Señor en referencia a lo que es el cantar cuando tenemos gozo. Apocalipsis 7:1-4 dice: «Después de esto vi a cuatro ángeles en pie sobre los cuatro ángulos de la tierra, que detenían los cuatro vientos de la tierra, para que no soplase viento alguno sobre la tierra, ni sobre el mar, ni sobre ningún árbol. 2Vi también a otro ángel que subía de donde sale el sol, y tenía el sello del Dios vivo; y clamó a gran voz a los cuatro ángeles, a quienes se les había dado el poder de hacer daño a la tierra y al mar, 3diciendo: No hagáis daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que hayamos sellado en sus frentes a los siervos de nuestro Dios. 4Y oí el número de los sellados: ciento cuarenta y cuatro mil sellados de todas las tribus de los hijos de Israel.»

Y ahora, en Apocalipsis 14:1-3, nos dice: «Después miré, y he aquí el Cordero estaba en pie sobre el monte de Sión, y con él ciento cuarenta y cuatro mil, que tenían el nombre de él y el de su Padre escrito en la frente. 2Y oí una voz del cielo como estruendo de muchas aguas, y como sonido de un gran trueno; y la voz que oí era como de arpistas que tocaban sus arpas. 3Y cantaban un cántico nuevo delante del trono, y delante de los cuatro seres vivientes, y de los ancianos; y nadie podía aprender el cántico sino aquellos ciento cuarenta y cuatro mil que fueron redimidos de entre los de la tierra.»

Fueron redimidos ¿y saben lo que estaban haciendo? estaban cantando, ¿por qué? porque tenían el gozo de Dios en su corazón. Y dice la Biblia que era un canto que nadie más podía cantar, sólo ellos estaban cantando. En Apocalipsis 15:1-3, vemos: «Vi en el cielo otra señal, grande y admirable: siete ángeles que tenían las siete plagas postreras; porque en ellas se consumaba la ira de Dios. 2Vi también como un mar de vidrio mezclado con fuego; y a los que habían alcanzado la victoria sobre la bestia y su imagen, y su marca y el número de su nombre, en pie sobre el mar de vidrio, con las arpas de Dios. 3Y cantan el cántico de Moisés siervo de Dios, y el cántico del Cordero, diciendo: Grandes y maravillosas son tus obras, Señor Dios Todopoderoso; justos y verdaderos son tus caminos, Rey de los santos.»

Aquí estaban otra vez. Dice la Biblia que tenían las arpas y estaban otra vez cantando el cántico de Moisés, ¿cuál era? el que leímos en Éxodo 15. Dice también que estaban cantando el cántico del Cordero. Y estaban alabando a Dios y reconociendo a Dios.

Ustedes entienden que aquí está hablando del Cielo y que nosotros un día, como creyentes, estaremos en el Cielo, cantando continuamente delante de Dios, ¿por qué? porque vamos a estar gozosos y contentos y en paz y no nos va a quedar de otra que cantar. Y vamos a cantar.

Dios quiera que nosotros tengamos mucha práctica aquí, antes de llegar allá. Dios quiere que nosotros estemos gozosos aquí, antes de estar allá.

Dios quiere que nosotros tengamos en nuestro corazón un gozo que nos cause cantar, y este gozo no tiene nada que ver con lo que está pasando en su vida, este gozo tiene que ver con lo que Dios ha hecho en el interior de tu corazón. Esto no tiene que ver con nada de lo que está pasando afuera, todo esto tiene que ver con lo que está pasando adentro.

Desgraciadamente la mayoría de nosotros cantamos dependiendo de lo que está pasando afuera. ¿Y tú por qué cantas?: «Porque estoy bien vestido. Es que Dios me ha cuidado. Es que Dios me ha dado salud. Es que Dios me ha dado esto. Es que me ha dado aquello…» Y tú dices y alabas a Dios y le das gracias y no hay nada malo en reconocer las bendiciones de Dios, pero qué triste que estamos cantando por las bendiciones de Dios y no solamente por el hecho de que Dios es real y que lo amamos y que él nos ama a nosotros.

Parece que nosotros estamos motivados más por lo que Dios puede hacer por nosotros, en vez de estar motivados por el hecho de que Dios es amor y nos amó a nosotros antes de que nosotros pudiéramos amarlo a Él.

Algunos estaremos contentos de recibir todas las bendiciones de Dios, y decimos: «Dios, en verdad no te necesito a ti, pero las bendiciones, eso sí… entrégamelas.»

Moisés estaba por entrar a la Tierra Prometida, y Dios se la enseñó y de repente le dice Moisés al Señor: «Yo puedo ver esas bendiciones, puedo ver la Tierra Prometida, pero si tú no vas conmigo, Señor, yo no voy.» ¿Qué estaba diciendo Moisés? Que para él, el gozo de su vida era Dios, no eran las bendiciones. Y muchos de nosotros, nos encontramos motivados por las bendiciones de Dios y no por Dios. Y es tan fácil hacerlo. Ahora, en 1 Samuel 18:6-7, nos dice: «Aconteció que cuando volvían ellos, cuando David volvió de matar al filisteo, salieron las mujeres de todas las ciudades de Israel cantando y danzando, para recibir al rey Saúl, con panderos, con cánticos de alegría y con instrumentos de música. 7Y cantaban las mujeres que danzaban, y decían: Saúl hirió a sus miles, Y David a sus diez miles.» Otra vez, otro ejemplo de cantar después de la victoria. ¿Por qué estaban cantando? porque en el capítulo 17, todo el pueblo sufría de gran temor porque estaba Goliat, el Gigante, y estaba el campeón de los filisteos, sobre un monte, y había un valle y los israelitas estaban al otro lado y los retaba y le decía: «Manden a alguien contra mí, a ver si en verdad pueden.» Y dice la Biblia que maldecía a Dios, y hablaba mal de Dios y todos se quedaban ahí paralíticos, nadie se movía, nadie decía nada y de repente llega el Rey David, llega para dar una comida a sus hermanos y de repente ve a Goliat y escucha y dice: «¿Qué está pasando aquí? ¿Por qué es que están todos así? ¿Por qué tanto temor? ¿No escuchan lo que él está diciendo? Está hablando contra nuestro Dios, el que nosotros servimos.» Lo miraron a él y le dijeron: «¿Qué tú no ves lo que estamos viendo nosotros? Mira el tamaño de ese hombre, y él quiere que uno de nosotros se pelee contra él ¿quién va a poder hacer eso? Mira a tu alrededor, David.»

Y David los escuchaba y los escuchaba, y de repente a David se le ocurrió hacer algo que ninguno de ellos quería hacer, a David se le ocurrió mirar más arriba y mirar a su Dios, y cuando él puso los ojos en Jesús, cuando él puso los ojos en Dios y comenzó a verlo, dijo: «Mira, la única cosa que yo puedo ver es a Dios y cuando yo veo a Dios y veo a Goliat, Dios es mucho más grande que él.»

Dijo: «Este problema, no es nada para mi Dios,» y ustedes saben la historia, él se anima y mata a Goliat. Y ahora todos están cantando.

Es fácil cantar cuando hay victoria. Es fácil cantar cuando la Iglesia va bien, cuando la Iglesia está creciendo, cuando gente está siendo salva y bautizada y uno está viviendo sin problemas, cuando tienes tú tienes buena salud, cuando te va bien en tu matrimonio y tienes buen trabajo, y tus bienes están pagados, y en tus finanzas todo está cubierto y tú vas bien, y todo bien delante de Dios y no tienes ningún problema, ni miedo grande y todo va bien, podemos cantar.

Es cuando las cosas no van bien que se pone difícil. Ahora, Salmos 137:1-4 dice: «Junto a los ríos de Babilonia, Allí nos sentábamos, y aun llorábamos, Acordándonos de Sión. 2Sobre los sauces en medio de ella, Colgamos nuestras arpas 3Y los que nos habían llevado cautivos nos pedían que cantásemos, Y los que nos habían desolado nos pedían alegría, diciendo: Cantadnos algunos de los cánticos de Sión. 4¿Cómo cantaremos cántico de Jehová en tierra de extraños?»

Aquí los tenían cautivos, y parece que ellos eran músicos, tenían sus arpas; y dice que los tenían ahí y la gente que los tenía encarcelados o los encargados de ahí, para guardarlos, los vio y les dijo: «Ustedes son músicos, tienen instrumentos, ¿por qué no nos cantan unos cánticos, unas canciones?» y de repente ellos miran a los que están ahí y les dicen: «¿Cómo vamos a cantar si estamos cautivos, si no estamos libres? ¿Tú quieres que cantemos? Eso es para cuando uno está libre, eso es para cuando a uno las cosas le van bien. Pero ahora a nosotros las cosas no nos van bien, ustedes nos tienen cautivos.» Y dice la Biblia que tomaron sus arpas y las colgaron.

Hay unos cristianos aquí que están cautivos, que en tu mente estás cautivo, estás cautivo por un problema que está pasando y no te deja dormir, y no te deja descansar y te turba, y tú has colgado tu arpa. Y Dios dice: «Tú debes estar alegre. Yo todavía estoy sobre el trono. Yo todavía existo, la salvación no la has perdido, todavía estoy hablando en tu vida, todavía estoy transformándote, no cuelgues tu arpa. Yo tengo algo para ti, Yo tengo algo que quiero hacer contigo, mantente alegre, mantente cantando, ¿por qué? porque más somos nosotros que ellos.»

Y nos encontramos cautivos con cosas que pasan, cautivos porque saliste de la oficina con el doctor y te acaba de decir que tienes cáncer; te acaba de decir que tu hijo está enfermo; de repente recibiste una carta y escuchaste que alguien falleció; o de repente no tienes para tus gastos; te dijeron que tu trabajo se va a acabar, y te tiene cautivo, y no puedes encontrar la salida y no sabes cómo le vas a hacer, y estás desesperado y buscando en tu mente y no puedes dormir y no puedes descansar y nadie te puede hablar porque estás angustiado y estás irritado y nervioso, y se nota, ¿por qué? porque has colgado tu arpa, y te has olvidado de a quién estás sirviendo. Estamos sirviendo al Rey de Reyes, al Señor de Señores, el Todopoderoso. No cuelgues tu arpa. No la cuelgues. No pierdas tu gozo.

«No, hermano, usted no conoce mi dolor,» tal vez yo no conozco tu dolor, pero Dios sí lo conoce. Y Dios sabe lo que estás pasando, y Dios nos está diciendo que no estemos cautivos, que no estemos turbados.

Tal vez tu matrimonio no es lo que debe de ser, tal vez tu salud no es lo que debe de ser, tal vez no tienes el dinero que necesitas, tal vez tu ministerio no es todo lo que debe de ser, tal vez tus hijos no son lo que deben de ser, tal vez alguien te ha ofendido, alguien ha hablado mal de ti…, yo no sé qué te haya pasado, pero no cuelgues tu arpa, servimos al Rey de Reyes, al Señor de Señores, y un día estaremos allá con él cantando por la eternidad. No la cuelgues.

Yo sé que somos seres humanos; yo no estoy diciendo que no te deben de afectar las cosas. Dios sabe que vamos a pasar por dolor, nada más te digo no cuelgues tu arpa, porque al colgarla es decir: «ya no la voy a usar, ya no voy a reconocer a Dios, ya no voy a cantar, ya no tengo para qué cantar, las cosas no van bien.» Dios puede cambiar las cosas como no te imaginas. Dios puede transformar tu vida, en vez de tratar de salir de la prueba, en vez de quejarte con Dios: «Dios, sácame de esta prueba, no me gusta,» ¿por qué no te pones a cantar? y a decirle: «Señor, muéstrame lo que me vas a mostrar en esto, ayúdame a crecer por esto, ayúdame a madurar. Desde cuándo te he dicho ‘heme aquí, yo te quiero servir’, y ahora tú me has puesto una prueba, me estás dejando pasar por esto y yo estoy fallando, Señor, he dejado de cantar.»

Segunda de Crónicas, capítulo 20. Qué bueno que es leer la Biblia, está lleno de ejemplos este bendito libro. Quiero que vean algo aquí. Estos ejemplos son para que nosotros vayamos aprendiendo. El versículo uno nos dice: «Pasadas estas cosas, aconteció que los hijos de Moab y de Amón, y con ellos otros de los amonitas, vinieron contra Josafat a la guerra.» Y luego el versículo 20, dice: «Y cuando se levantaron por la mañana, salieron al desierto de Tecoa. Y mientras ellos salían, Josafat, estando en pie, dijo: Oídme, Judá y moradores de Jerusalén. Creed en Jehová vuestro Dios, y estaréis seguros; creed a sus profetas, y seréis prosperados. 21Y habido consejo con el pueblo, puso a algunos que cantasen y alabasen a Jehová, vestidos de ornamentos sagrados, mientras salía la gente armada, y que dijesen: Glorificad a Jehová, porque su misericordia es para siempre. 22Y cuando comenzaron a entonar cantos de alabanza, Jehová puso contra los hijos de Amón, de Moab y del monte de Seir, las emboscadas de ellos mismos que venían contra Judá, y se mataron los unos a los otros.» Ahora, ellos comienzan a cantar antes de la victoria, antes de entrar a la batalla, antes de encontrarse se pusieron a cantar. Y dice la Biblia que Dios de repente les da la victoria.

Yo me hago la pregunta, yo no sé, sólo Dios sabe pero ¿habrá alguien aquí que está pasando por algo difícil y Dios está sólo esperando verte cantar para que él haga algo? Dios está esperando ver tu fe por medio de tu gozo, que no has perdido en medio de esta batalla. Y Dios está diciendo: «Hijo mío, cuando tú cantes como cantas cuando te saco de ahí, cuando cantes igual mientras estás en esa prueba, entonces me alabarás, entonces me mostrarás que me amas a mí y no  necesariamente las bendiciones que te puedo dar.»

Y vamos a pensar, ¿habrá alguien aquí que está pasando por algo y se te ha ido tu gozo y tu paz y Dios te está pidiendo que cantes. En Mateo 26:30 dice: «Y cuando hubieron cantado el himno, salieron al monte de los Olivos.» No vamos a leer toda la historia, pero en el Monte de los Olivos, ahí es donde iban a entregar a Jesús ¿Jesús sabía que lo iban a crucificar? Si. Sin embargo, aquí, se reúne con los discípulos y cantan.

Él sabía lo que iba a sufrir, Él sabía que todo el pecado de la humanidad iba a descender sobre él, Él sabía que su Papá, el Dios Padre, iba a tener que darle la espalda, Él nunca en su vida experimentó eso porque siempre estaba en comunión perfecta con su Padre, y Él sabía lo que le venía, Él sabía que todo iba a descender sobre Él y por un poco de tiempo, su Papá le iba a tener que dar la espalda, pero aún sabiendo todo esto, Él está cantando.

«No, es que tú no me entiendes, hermano,» No, yo no tengo que entenderte, sólo Dios es quien tú necesitas que te entienda, y estamos leyendo lo que él ha escrito.

En Colosenses 3:16 dice: «La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales.» Hoy, Dios espera que nosotros estemos cantando, no porque tienes una tremenda voz, Él ve tu corazón. Si usted está como yo, hasta vergüenza nos da alzar la voz porque todos nos ven. Pero Dios no escucha esa voz, Dios ve tu corazón, Dios ve lo que está en tu interior, y Dios quiere que nosotros tengamos un cántico en el corazón, quiere que estemos siempre gozosos.

En Romanos 8:35 la Biblia nos dice: «¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? 36Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; Somos contados como ovejas de matadero. 37Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. 38Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, 39ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús, Señor nuestro.»

Pablo nunca perdió su gozo, Pablo estaba en una cárcel cantando. Regresando a 2 Crónicas 20:23 dice: «Porque los hijos de Amón y Moab se levantaron contra los del monte de Seir para matarlos y destruirlos; y cuando hubieron acabado con los del monte de Seir, cada cual ayudó a la destrucción de su compañero. 24Y luego que vino Judá a la torre del desierto, miraron hacia la multitud, y he aquí yacían ellos en tierra muertos, pues ninguno había escapado. 25Viniendo entonces Josafat y su pueblo a despojarlos, hallaron entre los cadáveres muchas riquezas, así vestidos como alhajas preciosas, que tomaron para sí, tantos, que no los podían llevar; tres días estuvieron recogiendo el botín, porque era mucho. 27Y todo Judá y los de Jerusalén, y Josafat a la cabeza de ellos, volvieron para regresar a Jerusalén gozosos, porque Jehová les había dado gozo librándolos de sus enemigos. 28Y vinieron a Jerusalén con salterios, arpas y trompetas, a la casa de Jehová. 29Y el pavor de Dios cayó sobre todos los reinos de aquella tierra, cuando oyeron que Jehová había peleado contra los enemigos de Israel. 30Y el reino de Josafat tuvo paz, porque su Dios le dio paz por todas partes.»

¿Qué están haciendo? Entrando a la batalla, estaban cantando; en la batalla, estaban cantando; cuando Dios les dio la victoria, siguieron cantando. Yo no sé en qué estado o situación te encuentras, pero te voy a decir esto: Todo lo puedo en Cristo.

En Enero de 2005, yo comencé el año predicando sobre la importancia de depender más de Dios, yo le dije a mi esposa: «No sé por qué, pero yo siento que este año, 2005, vamos a pasar por algo difícil.» Mi esposa me miró y me dijo: «¿De qué estás hablando?» Dije: «No sé cómo explicarlo, nada más algo me dice que me tengo que preparar porque viene algo, y tú como mi esposa quiero que también te prepares, y le voy a decir a la Iglesia que también nos preparemos porque Dios está bendiciendo, la Iglesia está creciendo, gente siendo salva, vidas transformadas, y algo me dice que antes de llegar al siguiente nivel va a tener que pasar algo. Es bíblico, la Biblia enseña que cuando uno avanza va a haber pruebas y dificultades, y algo me dice que algo va a pasar.»

Y yo comencé el año predicando en la Iglesia, hice cuatro mensajes seguidos del mismo tema, y el tema era «depender más de Dios» y por cuatro semanas les enseñé de eso. Un mes después de que yo terminé esos cuatro mensajes, mi esposa tenía una cita con el doctor y fuimos y le hicieron sus exámenes y todo, y de repente el doctor nos sienta en un cuarto y nos dice: «No tengo buenas noticias, salieron positivas las pruebas y tu esposa tiene cáncer en su pecho. Y honestamente, me gustaría decirles que lo agarramos a tiempo, pero de uno a cinco, el de ella es como un cuatro, y nos gustaría ya mañana operar y hacer lo que se tiene que hacer.»

Y recuerdo que yo estaba ahí sentado con mi esposa, y pues los dos estábamos muy sorprendidos. Y aunque yo estaba, se supone, preparado para algo, no me estaba imaginando algo así.

Y el doctor dijo que querían operar mañana, y rápido. Y después querían empezar la quimioterapia y todo lo demás, ver qué se podía hacer, y entonces yo le dije al doctor: «Usted sabe que yo soy Pastor, y nosotros nunca hacemos algo nada más así, siempre oramos y buscamos la voluntad de Dios, y yo sé que usted dice que tiene que ser así, pero nosotros creemos en el Doctor de Doctores. Y vamos a buscar su rostro; yo respeto su opinión como doctor, yo sé que usted nos quiere ayudar y está haciendo lo que debe hacer, pero yo voy a orar un poco.» Y mi esposa me miró y me dijo: «Sí, vamos a orar y a ver cómo Dios nos dirige en todo esto.»

Yo me puse a orar y ayunar por once días, para que Dios me diera una respuesta. Pasaron once días y en esos días yo estudié un poco sobre el cáncer de mi esposa, leí tres, cuatro libros sobre lo que es y cómo se trata el cáncer, y qué es lo que ofrecen los médicos comparado a cosas naturales y pues todo esto. Es increíble cómo se puede uno educar rápidamente cuando lo necesita.

Y en esos días yo me eduqué sobre lo que era ese cáncer y al final de todo hablé con mi esposa, y mi esposa no tenía paz sobre la quimioterapia, tenía un gran temor de la quimioterapia porque en mi familia y en la familia de ella, a nuestros familiares, la quimioterapia en lugar de darles vida, los acabó.

Y temíamos eso y al fin mi esposa dijo: «¿Sabes qué? Yo no sé de ti, pero yo no tengo ningún problema de que me operen y me quiten el busto, pero yo no quiero entrar a la quimioterapia, me da mucho temor.» Y le dije: «¿Sabes? Yo también tengo esa misma idea, yo creo que vamos a dejar que hagan la cirugía,» porque ya el tumor estaba bien grande y le dolía mucho. Y dijo: «Pues vamos a hacerlo.» Llegamos con el doctor, y le dijimos: «Ya agarramos dirección de Dios y vamos a dejar que la operen.»

Operan a mi esposa y todo sale bien, y quieren los doctores entrar inmediatamente a la quimioterapia, pero les dijimos que no, que eso no íbamos a hacer, que íbamos a cambiar su dieta, que iba a comenzar a usar productos naturales y mi esposa de repente comenzó a usar puras cosas naturales, orgánicas, tremendo, el siguiente año comía bien, bien sano.

Íbamos bien, y entramos en este año y pensábamos que todo iba bien y en enero, de repente mi esposa comienza con una tos, y esta tos persiste y persiste, y pasan semanas y casi un mes, y yo le dije: «Me siento inquieto con esa tos» y mi esposa dice: «Pues vamos al doctor.» Y fuimos al doctor y le hicieron otros exámenes y desgraciadamente el cáncer se movió a los pulmones, y ella tiene ahora dos tumores enormes, uno en cada pulmón.

Y el doctor cuando vio eso nos dijo: «No veo mucha esperanza, la única cosa que les puedo decir, es que la quimioterapia podría reducirlos para que ella no sufra tanto con esa tos, pero no les podemos garantizar nada.»

Después de orar un tiempo, un día, mi esposa dijo: «Pues vamos a hacer la quimioterapia.» Y ahorita nosotros estamos en eso. La semana pasada acaba de tomar su cuarta sesión, de seis, cada tres semanas ella tiene que ir.

Y anteayer le hicieron otro examen, y Gloria a Dios, los tumores sí están sido reducidos, la quimioterapia sí está haciendo lo que debe de hacer. Ahora, eso no nos garantiza que se le va a quitar el cáncer, pero al menos ella puede respirar mejor y funcionar y si tú la ves, ni cuenta te das de que está enferma, porque ella nunca ha colgado su arpa. Nunca ha colgado su arpa. Yo de vez en cuando la he colgado, pero ella no. Y ella va bien, en el hecho de que sigue adelante y no sabemos, lo tomamos día tras día.

Pero yo les digo esto a todos ustedes porque en medio de todo esto, Dios me ha enseñado, que cuando uno necesita la gracia de Dios, la gracia de Dios va a estar ahí; pero si tú cuelgas tu arpa, no vas a experimentar la gracia de Dios. No la cuelgues.

¿Cómo es que uno se mantiene con su gozo? En Hebreos 12:2 nos dice la Biblia que pongamos nuestros ojos en Jesús. Les quiero mostrar una ilustración que creo que les va a ayudar mucho. Así es como mi esposa y yo nos hemos mantenido.

Supongamos que alguien se pone de pie sobre una silla, (y en esta ilustración,) él representa a Jesús, y alguien más se pone de pie sobre otra silla y lo mira de frente. Él representa a alguien que es salvo y tiene sus ojos en Jesús, y no quita sus ojos de Él. Ahora, alguien más está de pie sobre el piso, a sus espaldas, y representa un problema, una dificultad. Este representa al Diablo, y está detrás de él, pero no lo puede alcanzar.

Los problemas y el Diablo molestan a quien es salvo, y el que es salvo va a querer voltear, ver qué causa el problema, pero mientras él mantenga sus ojos en Jesús todo está bien. Dios le va a decir: «Yo sé cuáles son tus problemas, no voltees, Yo puedo ver lo que está pasando en tu vida, Yo me encargo.»  Alguien lo ofende, alguien habla mal de él, Dios le dice: «No voltees, mírame a mí»; alguien dice algo que no es cierto: «No voltees, mírame a mí.»

¿Por qué creen ustedes que el Señor, cuántas veces vemos en las Escrituras, dice la Biblia que no abrió su boca? Porque tenía la mirada en Su Padre, y el Padre le aseguraba que todo estaba bien: «Mírame a Mí, mírame a Mí y Yo voy a enseñarte a Ti quién eres y qué necesitas cambiar en Tu vida. No te preocupes por los demás, que ellos cambian. No te enfoques en esos problemas, en esas tragedias, Tú no puedes controlar eso: pon Tus ojos en Mí.»

Ahora, vamos a suponer, que en la ilustración ustedes pueden ver al problema molestando a quien es salvo, de dónde viene ese golpe, pero quien es salvo no lo ve, y quiere voltear; y ahora supongamos que él deja de leer su Biblia, deja de orar, deja de ir a la Iglesia, deja de escuchar predicación, todas las cosas que Dios usa para mantener nuestra relación con Él bien. Y cuando suceda eso, él no será influido por Dios porque quitó sus ojos de Él, y entonces voltea hacia atrás y podrá ver las dificultades, pero no podrá ver ni a Dios, ni la causa de los problemas, no verá que el problema es espiritual, verá que el problema es material, no verá al Enemigo que está detrás de él. Y cuando esto sucede, él se desespera porque dice: «Yo no puedo con esto, ¿qué voy a hacer?» y se voltea. Dios sigue diciendo: «No voltees, el Enemigo te quiere destruir, no cuelgues tu arpa, no dejes de cantar. Yo sé que es incómodo, también fue incómodo para Mí estar en la cruz por ti, pero Yo canté; fue difícil cuando me acusaron pero Yo seguí cantando; fue difícil cuando hablaron mal de Mí pero yo mantuve mis ojos en mi Padre, Yo no miré. Yo no pelee contra ellos porque Yo conocía que esto era más grande, que esto era espiritual, que el Enemigo tenía un plan pero no iba a lograrlo porque Yo mantuve mis ojos en el Señor.»

Por esto a veces la gente se va ofendida de la Iglesia, o se enoja cuando corrigen a sus hijos, porque el Pastor a veces pone el dedo sobre tu pecado y lo señala, y sales corriendo, porque quitas los ojos de Dios y Dios dice: «Esto es bueno para ti, tómalo.» A nadie le gusta la medicina, pero nos hace bien.

Yo tengo mis ojos en el Señor, si yo volteo ahorita y no pongo mis ojos en el Señor, esto va a ser lo que va a pasar conmigo. Yo de repente pienso: «¿Y si muere mi esposa qué voy a hacer? ¿Qué van a hacer mis hijos? ¿Qué van a hacer mis nietos que aún no han nacido? ¿Cómo voy yo a encargarme de criar a mis nietos sin mi esposa, o ser parte de sus vidas? ¿Qué voy a hacer en la Iglesia? ¿Puedo seguir siendo Pastor? ¿Puedo seguir trabajando con familias? ¿Qué me espera en mi futuro? ¿Cómo es que Dios me va a usar? ¿Qué voy a hacer con esto?» Yo tengo ya veintinueve años de casado, casi toda mi vida he conocido a mi esposa, ella es todo para mí, fuera de Dios, la Biblia dice que somos una sola carne. Yo y mi esposa nos hemos convertido en una sola carne, si se muere ella, se muere la mitad de mí.

¿Cuándo pienso así? Cuando quito los ojos de Él. Pero cuando yo tengo mis ojos en el Señor, yo no pienso en esas cosas. Yo pienso: «Dios está en control. Dios está obrando. Dios tiene un plan. Dios sabe lo que está haciendo. Dios me va a usar. Dios va a usar a mi esposa.» Mira el gozo de mi esposa. Mira cómo está alcanzando almas. Mira cómo está animando a otras hermanas. Mira cómo Dios está luchando para bien: «No voltees ahí, tú no puedes figurar lo que va a pasar sin ella, tú nada más mírame a Mí,» Dios me continúa diciendo.

No cuelgues tu arpa. Tenemos un Dios tremendo. Tenemos al Rey de Reyes, al Señor de Señores. No quites tus ojos de Él. Ponlos en el Señor.

«Péguenme por dónde quieran, yo no voy a voltear,» que por acá y por allá, y otra ofensa, y esta ofensa y «Ay, Señor, ya no aguanto,» y Dios dice: «Está bien, Yo estoy viendo todo, tú nada más mírame a Mí, mírame a Mí, todo está bien.» Contigo y con Dios, todo está bien.

Ay, Señor, ¿cuándo se acaba todo esto?: «En el otro lado, cuando estés conmigo en el Cielo, allá no hay ningún problema por toda la eternidad, sufre un poquito aquí en la Tierra.»

Esperemos que esto les haga entender la Guerra Espiritual un poquito mejor. No cuelgues tu arpa, sigue gozoso, sigue contento. Yo sigo siendo uno de los hombres más gozosos de toda la Tierra, aunque estoy en una prueba, que es la prueba de mi vida, pero yo sigo cantando.

¿Saben por qué estoy yo aquí, hoy? Porque tengo mis ojos en el Señor. Si no los tuviera en el Señor, me quedaría en mi casa preocupado; mi esposa me dice: «Deja de verme a mí, pon tus ojos en Dios, tú sal y predica, deja que Dios te use.» A veces Dios la usa a ella para levantarme a mí. No cuelgues tu arpa. Amén.

Tu Puedes Robar Mi Gozo

«Tú Puedes Robar mi Gozo»

«No tengo yo mayor gozo que este,  el oír que mis hijos andan en la verdad.»

3ra Juan 4

Se escucha mucho acerca del gozo hoy día.  Cantamos coritos acerca del gozo: «Oh, el gozo del Señor mi fuerza es,»  «brincamos de gozo», y «yo tengo gozo, gozo, gozo, gozo.»

A veces pienso que ponemos demasiada importancia en esa palabra.

Pero no podemos negar la Biblia.  Y estoy en total acuerdo con el versículo en III Juan que expresa la suma de mis sentimientos:  «No tengo yo mayor gozo que éste, el oír que mis hijos andan en la verdad.»

La primera vez que escribí este texto, me equivoqué al poner la palabra «saber» en lugar de «oír.»  La palabra «oír que mis hijos andan en la verdad,» implica el hecho que alguien nos contó algo acerca de nuestros hijos…algo positivo.

Mi lado humano me hace sentir mucho orgullo cuando «oigo» que alguien dice cosas bonitas acerca de mis hijos, especialmente cuando se refieren al hecho de que están andando en la verdad.  No hay absolutamente nada que me trae mayor gozo.

Me encantaría que todos mis hijos prosperaran financieramente.  No tengo nada en contra de la seguridad material.  Pero no me conmovería mucho si alguien me mandara un correo reportando la gran cantidad de dinero que uno de mis hijos está ganando.

Ni haría gran celebración si me dijeran que una de mis hijas consiguió un trabajo de modelo de modas, o que había recibido una promoción en una carrera.

¿Qué es lo que deleita el corazón de esta madre?  Escuchar a alguien decir que uno de sus hijos fue de bendición a su vida, o que una de sus hijas está sirviendo fielmente a Dios.

La Escritura no dice que trae gran gozo escuchar que el marido de una, o la esposa de uno anda en la verdad.  Hay algo tan bello, que da un sentido de satisfacción sin descripción saber que nuestros hijos están viviendo seguramente dentro de la voluntad de Dios.

Así que, hay algo que mis hijos pueden hacer para robar mi gozo.  Y esto es escuchar que uno de ellos no está andando en la verdad…no está sirviendo al Señor.  No hay agonía más grande para una madre, oír que su hijo ya no sirve al Señor…ya no anda en la verdad.

Pero mientras este pequeño devocional se dirige a los hijos, quisiera usarlo para ser de bendición a mis amigas madres que luchan y sufren con hijos quienes no sirven al Señor.  Estos hijos quedan en una de dos categorías:

1)      Los que son salvos, pero que se han alejado del Señor.

2)      Los que nunca han sido salvos.  Ni voy a agregar «que no sirven al Señor,» porque en realidad a menos que tus hijos son salvos, no pueden servir al Señor.

¿Quieres desafiar esa última frase, «…no pueden servir al Señor…»?  Bueno, contestaré tu desafío.  Creo que hay niños, miembros de la iglesia, y aún obreros «cristianos» de tiempo completo que están viviendo una mentira.  Hacen lo mismo que hace la gente salva, pero lo hacen «en la carne,» en su propia fuerza.  Un día alguien les «guió a Cristo,» y los convenció que eran salvos, en camino al Cielo.

Creo que aquí cabe decir algo acerca de un error muy grande que hacemos las madres, los maestros de la escuela dominical, y los ganadores de almas:  porque amamos mucho a nuestros hijos, a nuestros alumnos, y a las almas perdidas, nos damos cuenta de la urgencia de hacer una decisión para Cristo.  Tememos la muerte de los que no se han preparado para la eternidad.  Pero en nuestro fervor, a veces olvidamos un hecho muy importante:  «Sin el Espíritu Santo, nadie puede ser salvo.»

Es mi opinión personal que muchísimo daño se ha hecho entre los ganadores de almas en general.  Sin querer desanimar a alguien a testificar a otros, no solamente en el ministerio organizado en la iglesia de salir a ganar almas, sino también testificar a cada oportunidad, quisiera decir, sin miedo de ser juzgada como anti-ganador-de-almas:  las iglesias, los púlpitos y los hogares hoy día están llenos de personas inconversas…personas que han sido convencidas por una persona agresiva, que van a ir al Cielo; por personas que han excluido al ministerio del Espíritu Santo, mientras esforzaron a una persona a hacer una profesión falsa de fe.

Todos nuestros ocho hijos son salvos.  Todos aceptaron a Cristo cuando eran pequeños.  Mi esposo y yo ganamos a todos nuestros hijos al Señor.  Pero nunca, nunca, ni una vez invitamos a uno de ellos a aceptar a Cristo de una forma personal.

En dos ocasiones, sin embargo, a dos de nuestros hijos los enfrentaron dos ganadores de almas agresivos…un misionero, y una maestra de la escuela dominical…y los animaron a aceptar a Cristo.  Nuestros dos hijos estaban muy pequeños.  Era muy obvio que sus «conversiones» no eran auténticas cuando uno de ellos ni siquiera pudo recordar lo que acababa de hacer unos minutos antes, cuando el misionero le dijo que nuestro hijo nos contara lo que había hecho.

La otra niña no nos contó nada, sino uno de sus hermanos.

Nadie me puede acusar de no amar a las almas.  Pero hay un error muy grande, especialmente cuando se trata de niños, en esforzar a alguien a hacer una decisión en cualquier área de la vida, pero especialmente la del destino eterno de uno.

Recordando las falsas decisiones de nuestros dos hijos, mi esposo y yo vivimos según un principio:  si un niño levanta su mano durante la invitación, y sus padres son creyentes, debe ser el gozo y el privilegio de ese padre llevar sus propios hijos al Señor.  Pero esta es una preferencia y un principio personal.

Pero este devocional se trata de aquellos hijos, especialmente hijos adultos, que han aceptado a Cristo, generalmente a una edad temprana, criados en un hogar cristiano, pero que han quebrantado los corazones de sus padres, alejándose de una manera deliberada de las verdades que les han enseñado.  A veces lo más natural es dudar de la salvación de esos hijos.  Mientras debemos pedir al Señor, «Que lo salves si no es salvo,» en realidad hay una sola cosa que necesitamos recordar:  si ese hijo es salvo o si no es salvo, el Único que le puede salvar, o le puede convencer del pecado es el Precioso Espíritu Santo.  Así que suéltalo.  Ora por él o por ella, sí.  Pero quita las manos de ellos.  Deja que el Espíritu Santo haga Su perfecta obra.

Somos tan egoístas.  Creemos que podemos resolver todos los problemas de nuestros hijos si tan sólo nos escuchan.  Tenemos todas las respuestas de la vida.  Sabemos lo que Dios quiere hacer con nuestros hijos, con quiénes El quiere que se casen, y dónde El quiere que vivan:  al lado de nuestra casa, o, no lo quiera Dios, con nosotras.

Una vez escribí un devocional llamado, «Hijos Sobre-Cocidos.»  Se trata de madres con hijos que son salvos, y están sirviendo al Señor…aquellas madres que quieren controlar las vidas de sus hijos, sus ministerios, y sus matrimonios.

El título de este devocional debe ser, «Hijos Sobre-Cocidos II.»  Se trata de madres de hijos que, o no son salvos, o son salvos y no sirven al Señor.  Pero principalmente se trata de los que conocen al Señor, pero han salido de Sus caminos.

Tengo el mismo consejo para las madres de estos hijos que di en «Hijos Sobre-Cocidos»:  Apaga la lumbre.  Deja de predicar a tus hijos.  Ya saben tus bosquejos de memoria.  Los han escuchado todas sus vidas.  Y recuerda estas tres cosas que te ayudarán en cualquier situación de la vida.

1)      Dios está en control, y sabe exactamente lo que está haciendo.  Quita tus manos del control, y dálo al Señor.

2)      Baña a tus hijos en la oración.  Ora por ellos «sin cesar,» mientras haces tus quehaceres, mientras preparas tus comidas, mientras manejas, ora por ellos.  Tú puedes hacerlo.  De todas maneras tienes que estar pensando en algo.  Usa tu facultad de pensar para algo positivo.  Cuando empieces a preocuparte, o sentirte deprimida por ellos, simplemente dile al Señor, «Dios, no puedo hacer esto, pero Tú sí puedes.  Toma control de esta situación, y haz Tu perfecta voluntad.»

3)      Pide al Señor que tome esta situación desagradable y fea, y que la convierta en algo que le dará gloria.

Parece una cosa rara pedir esto.  ¿Dios puede recibir la gloria de un pecado?  Pues, no.  Pero creo que si confiamos en El, o aún si no confiamos en El, El puede usar cualquier cosa para Su gloria.  El pecado en sí, sea un estilo de vida pecaminoso, o un pecado, desagrada a Dios.  Le entristece.  Pero cuando uno siente convicción del pecado, y se arrepiente de ese pecado o de ese estilo de vida pecaminoso, Dios puede usarlo para Su gloria.  Aunque el pecado nunca glorifica a Dios, El puede obtener la gloria por el cambio de corazón, cuando uno abandona el pecado por medio de la convicción del Espíritu Santo.  Eso es lo que las madres pueden pedir a Dios.

¿Por qué los hijos salvos dan la espalda a Dios, y viven en pecado?  Viviré y moriré sin saber la respuesta.  Pero hay una respuesta.  Dios la sabe.  El vio a ese corazón de tu hijo cuando Le dio la espalda, aún antes de que nosotras viéramos las acciones pecaminosas de nuestro hijo.  Dios conoce el corazón, y ahí es donde empezó todo.

Tú no puedes cambiar el corazón de tu hijo.  Es terreno del Espíritu Santo.  Pero sí puedes orar por tu hijo.  Dios honra la fe.  El recompensa tu confianza en El.  Le encanta a Dios cuando tú Le das el control de la vida de tu hijo.  El ve a tu hijo todo el tiempo, aún cuando tú no lo ves.  El sabe lo que está haciendo.

Los hijos de David dieron la espalda a Dios.  ¿Será que tuvo referencia a eso cuando clamó, «Vuélveme el gozo de tu salvación,»?  David estaba pidiendo al Señor un corazón limpio, así que estaba hablando de sus propios pecados.  Pero ¿será que estaba pensando en la influencia que tuvo su pecado sobre sus hijos?  ¿Sus hijos le habían robado su gozo?  Mientras podemos fácilmente acusar a David, y pensar que podemos ver claramente la razón de las vidas pecaminosas de sus hijos, ninguna de nosotras es perfecta.  Así que, mi consejo final, aunque no el de menor importancia, y tal vez aún debe ir en primer lugar, es esto:  pídele a Dios que te quite cualquier pecado que tal vez provocó a tu precioso hijo a salir de los caminos del Señor.  Pídele a Dios que te convenza de tu pecado, que te perdone, y te cambie.  Y Él lo hará.

Luego, aunque tu gozo te ha sido robado, El te lo restaurará.

Y al mismo tiempo, puede ser que restaure también a tu hijo.