Invirtiendo En La Obra Misionera

Invirtiendo En La Obra Misionera

Por años, en México, y en muchos lugares de Centroamérica y aún ahora en Sudamérica, se dice: “Las Iglesias son pobres, los cristianos no tienen dinero.” Yo me acuerdo hace 20 años predicar en Mexicali y un pastor me dio una ofrenda. Yo le dije: “Bueno hermano, gracias,” pero se la devolví. El pastor me rogó y me dijo: “Hermano Parada, a lo mejor usted no necesita esto, pero nosotros como Iglesia necesitamos aprender a dar.”

Lamentablemente, quizás porque los pastores no hemos entendido esto, no les hemos enseñado a los miembros de la Iglesia a dar. Miramos la pobreza, pero no miramos que la salida para la pobreza es el dar. La Biblia dice “Es mejor dar, que recibir.” Pero también la Biblia enseña el principio de que es dando y dando, y dando, es como recibimos.

Fui a Honduras y le dije a un pastor:

-”Pastor, estamos promoviendo una Biblia, la Biblia Fundamentalista Bautista. Va a valer 40 dólares. Pero si ustedes la pagan antes vale 25 dólares. Deberían aprovechar esta oportunidad.”

-”Oh, hermano, quisiéramos, pero aquí la Iglesia es pobre.”

Esa fue su respuesta. Y eso es lo que dicen todos los pastores de Latinoamérica: “Nuestra Iglesia es pobre.” Le pedí permiso para anunciarle la propuesta a los hermanos, y me dijo: “Si usted quiere puede hacerlo, pero le aviso, lo preparo, que se va a llevar un chasco.”

Me dio 10 minutos. ¡Y en 10 minutos yo vendí 100 Biblias, pre-pagadas, y en dólares! El pastor no lo podía creer, y yo le dije: “Pastor, su gente si tiene dinero. Si son pobres, es porque usted no les ha enseñado a dar. Pero qué vergüenza que venga alguien de Estados Unidos y le pueda sacar dinero a su gente, y usted se la lleva toda la vida llorando que no tienen. Y a muchos de ustedes les gusta eso, porque así no tienen que dar. Pero usted sabe que sí tienen. Sí tienes para los zapatos, para ir al Mcdonalds, para ir a comer tacos.”

Tenemos para lo que queremos. En nuestra Iglesia en California no tenemos ni un rico. Ni uno solo. Sin embargo, hay gente que piensa que nuestra Iglesia es rica, que tenemos dinero. Incluso nos han dicho aristócratas, lo que hizo enojar a algunos hermanos, que pensaron que eso era un insulto.

La mayoría de nuestros hermanos son indocumentados, la mayoría no habla inglés, y son empleados. Tengo cuatro hermanos que están en proceso de ser ricos, que si son sabios y podrían tener un potencial de manejar dinero. Pero no tengo a nadie rico. Sin embargo, es una iglesia dadivosa. Este año vamos a recoger en diezmos y en misiones más de un millón de dólares. Y como si fuera poco, su servidor tiene un programa de televisión todos los días por media hora.

Gente piensa que debemos tener dinero, porque eso del programa de televisión no es barato. Y no es así: tenemos un montón de personas pobres, que han aprendido a dar. No les falta la ropa, la comida, su carrito. Viven bien, pobremente, pero bien.

Tengo en mi Iglesia unos 10 miembros que son dueños de su propia casa. Todos los demás rentan. Cuando tenemos una conferencia, tengo problemas en donde poner los hermanos a hospedar, porque no tengo hermanos que tengan casa, la mayoría rentan apartamentos de una recámara, dos recámaras a lo mucho. Nuestra Iglesia es una linda Iglesia, una tremenda y fuerte Iglesia. Pero no es gente rica. Da la apariencia de ser muy rica por los ministerios que tenemos, el dinero que damos. Hemos aprendido un principio: “Es dando como recibimos.” Yo sueño un día que de nuestra Iglesia se levante gente, que Dios los prospere y los bendiga, y se hagan ricos alguna vez. Pero no voy a estar buscando, esperando al rico que venga, para invertir en la obra del Señor.
Apoyamos a 291 misioneros. Nuestra Iglesia da 7.000 dólares a las misiones. Alguien me ha dicho: “Pero pastor, ¿esa es la Iglesia americana, verdad?” Somos una sola Iglesia. La Iglesia hispana da 3.000 dólares semanales a las misiones. No es promesa, es lo que entra, gracias a la gente pobre, empleados, indocumentados, que no hablan inglés. No me digas que tú no puedes dar a las misiones. No me digan que la gente no puede apartar el comer algunos tacos, o comprarse ropa cara, para ponerlo a las misiones.

La obra en México no ha avanzado más, porque los miembros no dan a las misiones. (Y eso que ha avanzado mucho, no estoy criticando.) Pero en el México de hoy pudiéramos hacer mucho más. El problema es que quizás no han sido motivados, no han sido desafiados. Unos dicen: “Pero eso no importa, la gente tiene el Espíritu Santo, tiene la palabra de Dios.” Deberían decir: “Yo quiero dar a las misiones.” Nunca perdemos dando a las misiones. Dar a las misiones es invertir en la obra de Dios. Invertir es usar nuestro dinero con el propósito de obtener una ganancia. Nosotros no lo hacemos con ese propósito, pero si vamos a invertir, queremos una ganancia espiritual. ¿Qué queremos ganar? Primeramente, almas para Cristo. Segundo, que se expanda la obra de Dios en el mundo, que se predique la verdad, que se entrene a otros a hacer lo mismo.

Dios promete que cuando damos, Él nos da mucho más. No solamente nos bendecirá en el Cielo, sino también aquí en la Tierra. Recuerdo cuando en algunas conferencias ponían a misioneros norteamericanos a enseñar sobre finanzas y presupuestos. Y yo pensaba lo mismo que piensan muchos: “Es gringo, por eso está hablando de dinero, y todo eso.” Hasta que un día me arrepentí y dije: “El Dios del gringo es el mismo Dios mío.” Así empecé a darme cuenta que en Estados Unidos las Iglesias pequeñas dan mucho, y no es porque sean millonarios. Todos dan. Todos, sin excepción, dan. Por eso tienen más, y dan más.

Dios no nos pide que demos lo que no tenemos. Dios te pide lo que Él ya nos dio. Por eso debemos dar dentro de nuestras posibilidades. Dios no pide cantidad, pide un porcentaje. Dios es justo. Si Él sólo te da $1, te pide 10 centavos. Él no te va a dar $1 y te va a pedir $10. Él no es tonto. Todo es relativo. Si a alguien le da $100.000, el diezmo es de $10.000. Y quizás piensa que esos $10.000 es mucho. Pero ¿por qué duele dar $10.000 si Dios nos dio $100.000? El problema no es el dinero, el problema es el corazón.
Cuando nuestra Iglesia era pequeña, yo le enseñé a mi gente a dar diezmo, a dar a las misiones. Por supuesto, como era pequeña, no dábamos mucho. Pero no importaba si era mucho o poco, yo quería que mi gente aprendiera a dar. Aunque no tengamos, tenemos que dar lo poco que tenemos. Lo dice la Biblia, pero no lo practicamos en el área de dar. El diezmo no es nuestro, el diezmo es del Señor. Por eso debemos pedir perdón si no diezmamos. Debemos arrepentirnos, y comenzar a diezmar. Hay que aprender a apartar algo de lo que Dios nos da para las misiones.

Algunos pastores me han dicho a mí: “Pero si nosotros estamos necesitados, ¿cómo vamos a dar a las misiones?” Ese es el problema. No hemos aprendido a dar para otros. Nosotros damos 3.000 dólares por semana a las misiones. Y los necesitamos. Pero queremos aprender a dar. Y el próximo año si Dios lo permite, y la gente es fiel, vamos a dar más a las misiones. ¿Cuándo vamos a parar? Cuando Cristo quiera. Cuando Dios le de trabajo, salud y bendiciones a la Iglesia. Pero mientras estamos con vida, tenemos que dar. Yo doy más que el diezmo cada semana, y cada año lo voy subiendo. “Pastor, pero yo no puedo hacer eso”, me dicen. Tampoco podía yo hace 18 años. En esa época yo no sabía dar a las misiones. Fue allí cuando los hermanos americanos me enseñaron a dar.

Dios me ha bendecido, ha bendecido a nuestra Iglesia y a nuestros hermanos. No hay ricos, pero nada les falta. Muchos hermanos fueron a Estados Unidos a trabajar, a ganar dólares. Pero allí conocieron al Señor y entendieron que Dios los llevó con el propósito de ganarlos para Cristo. Y ahora su vida está para ganar almas, para sostener la obra. Y gloria a Dios por ello, porque misioneros de todo el mundo están siendo sostenidos por gente que fue a Estados Unidos a ganar dinero para ellos, y ahora ganan el dinero para dar a otros. Nuestra gente ha ayudado a otros a comprar terrenos y edificios.

1. Invertir en la obra de Dios es poner nuestro tesoro en donde está nuestro corazón. Eso dice Lucas 12:33-34: “Vended lo que poseéis, y dad limosna; haceos bolsas que no se envejezcan, tesoro en los cielos que no se agote, donde ladrón no llega, ni polilla destruye. 34 Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.”

Cuando damos a la obra, es porque nuestro corazón está allí. Quien no da a las misiones, no ama las almas, no ama a Dios. “¿Por qué le voy a dar a otros, si yo mismo necesito?”, esa es la mentalidad de algunos.

2. Invertir en la obra de Dios es prepararse para recibir galardones en los cielos.

Eso dice la Biblia en Lucas 6:23-24: “Gozaos en aquel día, y alegraos, porque he aquí vuestro galardón es grande en los cielos; porque así hacían sus padres con los profetas. 24 Mas ¡ay de vosotros, ricos! porque ya tenéis vuestro consuelo.

No trabajamos por lo que está aquí, trabajamos por lo que está en el cielo. Donde está nuestro tesoro, estará nuestro corazón. Cuando los hermanos dan a los misioneros, se interesan por ellos, se preocupan por ellos. Porque han dado para mantener al misionero, y gozan de su obra. Por eso tenemos que aprender a dar. Si su Iglesia no tiene un programa misionero, usted debe decirle al pastor: “Pastor, quiero que me de permiso, yo quiero enviar esta ofrenda mensual a los misioneros.”

3. Invertir en la obra de Dios es poner tu dinero a trabajar para cambiar vidas. Cuando invertimos nuestro dinero en el seguro social, obtenemos un beneficio para cuando nos retiremos. Cuando invertimos en la obra de Dios, recibiremos un retiro en el cielo, y una bendición aquí en la tierra. ¿Cómo es posible que haya gente que se prepare para lo terrenal, y no para lo celestial?

Yo enseño a mi gente que si va a poner una cuenta de retiro, comience ya, aunque tenga 25 años. Si ahorra 10, 15 dólares mensuales, cuando llegue a 60, tendrá una fortuna. Entre más pronto comiences, mejor. Y en la vida cristiana es igual: si quieres un galardón en el cielo, debes comenzar a invertir ahora. Algunos dicen: “Cuando yo me gradúe, cuando mi negocio florezca, cuando tenga dinero, entonces voy a dar.” Y yo digo que debemos comenzar ya mismo, no podemos perder nuestro tiempo esperando. Quiero quitar esa noción de que somos pobres. Nadie es pobre en la obra del Señor para dar. No me importa si das 25 centavos. Pero hay gente que no da nada, se roban las bendiciones del Señor. El que siembra escasamente, generosamente segara. El que siembra generosamente, generosamente segara. Cuando cumplí 40 años, me dije: “Más vale que empiece a dar más, ya que el tiempo se me acortó.” Entre más pronto empecemos a dar, mejor.

Yo no soy misionero. Yo no pido ni un centavo, no quiero nada. Soy un pastor, de una Iglesia que ha aprendido a dar. Invertir en la obra es cambiar vidas de niños, de jóvenes, de familias, que no conocían a Cristo. Es cierto que ha habido sinvergüenzas que usaron el dinero de las misiones para gastarlo en sus propios deleites. Pero eso no debe detenernos. Si damos, Dios nos dará nuestra recompensa. Y Dios va a arreglar asuntos con personas que se han aprovechado de las misiones.

4. Invertir en la obra del Señor es llevar fruto. Dice Lucas 8:14-15: “La que cayó entre espinos, éstos son los que oyen, pero yéndose, son ahogados por los afanes y las riquezas y los placeres de la vida, y no llevan fruto. 15 Mas la que cayó en buena tierra, éstos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y dan fruto con perseverancia.

Está hablando de la semilla de la Palabra de Dios que se siembra en el corazón de los incrédulos. Y que debemos dar fruto con perseverancia. Y seguir dando frutos. Por eso su servidor cada año aumenta a las misiones. Todo es relativo, nadie puede dar lo que no tiene. Lo importante es aprender a dar. Dar es la salida a nuestras necesidades económicas.

Hace 6 años teníamos una deuda de un millón de dólares, y sólo apoyábamos a 50 misioneros. Y de 6 años para acá, hemos pagado 600.000 dólares de la deuda, y hemos aumentado en más de 240 misioneros. Y nuestra Iglesia tiene dinero. Logramos todo esto con gente indocumentada, que no habla inglés. Sin ningún rico. Simplemente con gente que ama al Señor. La bendición no viene del pastor Parada, o de la Primera Iglesia Bautista. La bendición viene del cielo, de lo alto.

5. Invertir en la obra del Señor es buscar primeramente el reino de Dios y su justicia. Dice Mateo 6-33: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.

6. Invertir demuestra nuestra fidelidad. Dice Lucas 16:9-10: “Y yo os digo: Ganad amigos por medio de las riquezas injustas, para que cuando éstas falten, os reciban en las

moradas eternas. 10 El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que

en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto. 11Pues si en las riquezas

injustas no fuisteis fieles, ¿quién os confiará lo verdadero?”

Si alguien es infiel con 5 dólares, ¿cómo le va a confiar Dios 20? ¿Y si es

infiel en 20, cómo le va a confiar 100?
Hace 7 años entró un nuevo pastor a nuestra Iglesia. Un pastor joven. Somos un ministerio donde hay coreanos, filipinos, ingleses, españoles, chinos, camboyanos. Más de 35 naciones diferentes. El pastor empezó a ver las finanzas y debíamos un millón de dólares. Estábamos atrasados 3 meses en la ofrenda misionera. Y empezamos a ser fieles. Había habido mucho derroche de dinero, y empezamos a poner la filosofía de no gastar lo que no tenemos. Al pastor algunos lo acusaron de ser muy agarrado con el dinero, y él decía: “Este dinero no es nuestro, es del Señor.” Fuimos fieles en lo poco que teníamos, y Dios nos confío más. Por eso nuestra Iglesia ha prosperado, y Dios nos dio lo verdadero. Dios bendijo tanto a la Iglesia como a los individuos.

7. Invertir es colaborar con la verdad. Eso dice en 3 de Juan 1:5-8: “Amado, fielmente te conduces cuando prestas algún servicio a los hermanos, especialmente a los desconocidos,6 los cuales han dado ante la iglesia testimonio de tu amor; y harás bien en encaminarlos como es digno de su servicio a Dios, para que continúen su viaje. 7porque ellos salieron por amor del nombre de El, sin aceptar nada de los gentiles. 8 Nosotros, pues, debemos acoger a tales personas, para que cooperemos con la verdad.”

A nuestra Iglesia llegan montones de misioneros. Y es caro mantenerlos. Hay que darles de comer, donde dormir, y mucho amor. Nosotros hemos decidido que a ningún misionero le vamos a negar que venga a nuestra Iglesia. No me importa si son 100 o 150. A ningún misionero se le va negar que venga a presentar su obra, porque son siervos del Señor. Obviamente, sería imposible agarrar a todos los que llegan para sostén misionero. Ya tenemos 291 misioneros, agregamos recientemente a 90. No podemos agarrar a todos los que vienen, pero a todos los ayudamos para que vayan al siguiente lugar. Podemos hacer eso porque hay corazón de dar.

8. Invertir es mostrar nuestro amor por el Señor. Dice la Segunda de Corintios 8:9 “Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.

Cristo nos amo, y nosotros lo amamos. Él siendo rico, se hizo pobre, para que nosotros que somos pobres seamos enriquecidos. Yo doy porque amo al Señor. Es irrelevante si yo amo al misionero, al pastor, o a los hermanos. Yo amo al Señor, y porque amo al Señor entonces doy.

Debemos dejar de hablar de cuánto amamos al Señor y separar el 10% de lo que Dios nos da, y apartar una ofrenda misionera. Eso demostrará cuánto amamos al Señor.

9. Invertir es el plan de Dios para que la obra se sostenga. Muchas Iglesias tienen un montón de ventas porque los miembros no diezman. Yo entiendo que hay lugar para eso. Pero creo que hay un problema cuando la Iglesia se mantiene de esas ventas. La Biblia no dice que la Iglesia se sostenga con la venta de sodas, sino con los diezmos y las ofrendas de los miembros. Quienes no diezman, deben comenzar a diezmar. Quienes ya diezman, comiencen a dar a las misiones.

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