La Impuntualidad

La impuntualidad

Voy a hablar de un tema, que yo creo que todos necesitamos mejorar. Todos necesitamos corregir en nuestras vidas. Si hay un problema. Si hay un vicio. Si hay un mal hábito que tenemos los hispanos, aún pastores, aún predicadores, es este del cual les voy a hablar.

Yo sé que existen una y mil justificaciones. Y ahora déjenme aclarar algo. Yo no soy el perfecto ejemplo de hacer lo que voy a enseñar, pero tenemos que corregir este problema. Porque repito, es un vicio que yo veo que está cundiendo. Y que nos está corroyendo, así como la polilla al entrar a la madera la cava, o a la tela la consume. Así este pecado (porque es un pecado). ¿Cuál es el asunto del cual quiero hablar?: la impuntualidad.

¡Cuántas veces hemos sido impuntuales! Y nos justificamos. Y decimos: «No, pero es que no se puede«.

Si algo tiene que cuidar el pastor es esto. Desgraciadamente yo lo he visto entre tantos pastores. Son impuntuales, no solamente en el sentido de no cumplir a tiempo con las actividades de la iglesia, pero son impuntuales con sus compromisos. Son impuntuales con todo lo que tiene que ver con la palabra impuntualidad.

Vamos a hablar de eso. ¿Qué es la impuntualidad? O, ¿por qué somos impuntuales?

Moisés decía en el Salmos 90 – «Enséñanos de tal modo a contar nuestros días que traigamos al corazón sabiduría». Y yo creo que Moisés entendía y tenía las mismas luchas que nosotros tenemos,  las mismas fallas, las mismas debilidades. Y por eso que en esta oración que está haciendo, Moisés le dice al Señor: enséñame a contar mis días; enséñame a pensar bien en los compromisos que tengo; enséñame a aprovechar cada minuto, cada segundo que tengo de vida para que traiga a mi corazón sabiduría.

Creo que esta debería de ser nuestra oración diariamente. Si se requiere de un cristiano que tenga palabra, que sea honesto, que sea recto. ¿Cuánto más de un siervo de Dios? Y a veces los ciervos de Dios somos los más conocidos por ser los más mentirosos, los más falsos. «¡Ah, lo dijo el pastor! No te preocupes, no va a suceder».

¡Qué vergüenza! Qué vergüenza que nuestra palabra sea tomada como algo insignificante. Como algo sin importancia. Cuando debería de ser todo lo contrario.

¿Qué es lo que muestra la impuntualidad en una persona? En primer lugar muestra nuestra indisciplina. Es una falta de disciplina. La persona impuntual, la persona incumplida es una persona indisciplinada. Y tengan cuidado, porque normalmente cuando una persona es indisciplinada en una área de su vida, lo más seguro es que se empiece a transmitir a otras áreas de su vida. Y esa es la razón por la cual algunos siervos de Dios empiezan sin darse cuenta a resbalar en su vida espiritual, en su vida cristiana. Empiezan a permitir el pecado en un área de vida y después van a terminar contaminando todas las demás áreas de su vida.

El rey Salomón dijo en Eclesiastés 3:1 -» Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora».  Cada persona que vive en este planeta tiene las mismas 24 horas. Cada persona tiene exactamente 7 días a la semana, 365 días al año.

¿Por qué es que algunas personas hacen más que otras?: disciplina. Disciplina, nada más. Están disciplinados de tal manera que aprovechan cada minuto de su tiempo. El problema con nosotros es que somos indisciplinados. Nos consentimos, nos apapachamos. «Ya trabajaste mucho» » Ya tienes derecho a tomarte unos cuantos días de descanso»

Qué vergüenza que a veces el pastor sea tenido o conocido como el más perezoso, como el más flojo. «Ah, pues que vida tan campechana se llevan los pastores. ¡Pues yo me voy a meter de pastor!», algunos hermanitos dicen. «Que vida tan cachetona llevan. No pues, ¡yo me voy a meter de pastor!»

La verdad es que no es ese el problema. El problema es el carácter indisciplinado de esa persona. Y a propósito, cuando una persona es perezosa para trabajar en lo secular, es perezosa para trabajar en el ministerio. Pero esto es cuestión de disciplina. Cuestión de carácter.

La Biblia nos dice en Timoteo 1:7 (un versículo que todos conocemos, y sino lo conocemos deberíamos conocerlo) -«Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio». Y precisamente somos indisciplinados porque no tenemos domino propio. Esto está evidenciado en que nuestro corazón no le pertenece completamente a Dios. Por eso somos impuntuales.

Lo segundo que muestra la impuntualidad en una persona es la necedad. En Efesios 5:15 el apóstol Pablo le está hablando a la iglesia de los Efesios y dice: «Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios,…» Y luego dice: «…aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos». Qué interesante es el contraste que pone aquí el apóstol Pablo entre necios y sabios.

Y luego dice el versículo 16, haciendo el mismo contraste, «aprovechando bien el tiempo«. Quiere decir que la misma persona que no aprovecha bien el tiempo no es una persona sabia, es una persona necia.

Lo segundo que muestra la impuntualidad es necedad. Y la palabra necio en la Biblia es sinónimo de una persona retardada mental. Si, así es. Un retardado mental. ¿Y no actuamos así muchas veces?, como retardados mentales. Porque hacemos un compromiso y tan fácilmente que lo rompemos, como que fuera la cosa más sencilla del mundo. Qué bueno que nuestro Dios no es así.

Él es fiel. Él es puntual. Él es cumplido. Por eso nosotros podemos confiar en los ciclos de la naturaleza. La naturaleza respeta la fidelidad de Dios. Y precisamente la naturaleza nos muestra que Dios es fiel.

¿Por qué nosotros no podemos ser puntuales? Porque somos indisciplinados, porque somos necios. Dice la Biblia: «aprovechando bien el tiempo».

Por eso, qué importante es para cada uno de nosotros como siervos de Dios anotar nuestros compromisos. Anotar. Y estoy seguro que en más de una ocasión hemos escuchado esta recomendación, esta insistencia.

Porque se nos olvida. Llegamos a la edad donde todo se nos empieza a olvidar. Se nos olvida como nos llamamos, de dónde somos, de dónde venimos, dónde nacimos. Todo se nos olvida. Hasta si estamos casados, si tenemos hijos, no tenemos hijos. ¿O no?

La esposa nos tiene que estar recordando constantemente. Cuando extiende la mano, cayitos. «¡Ay caray! Pues yo no sabía que estaba casado» Pues sí, estás casado. Así que cumple con tu obligación.

Pero si necesitamos tomar nota. Para poder cumplir con nuestros compromisos. La puntualidad no es algo que va a ocurrir accidentalmente. No, no va a ocurrir nada más porque las circunstancias son favorables. Tenemos que planearlo. Tenemos que hacerlo a propósito. Tenemos que enseñarnos a ser cumplidos con nuestros compromisos.

Yo me acuerdo cuando empecé a predicar en la Conferencias de La Espada con el hermano Garlick, la cantidad de compromisos que hacían los pastores con el hermano. «Pastor mándeme tantas revistas, tantos libritos y yo se los pago» El hermano se cansó de mandar recibos de cobro. Por eso es que a lo último terminó regalando los periódicos.

¡Y qué vergüenza! Pastores hacían compromisos con él. «Tal fecha le mando». Pobre hermano. Yo creo que por eso se enfermó más el hermano Garlick. Y es una vergüenza, que nosotros como pastores hagamos un compromiso y luego no cumplamos con él.

Dice la Biblia que mejor que no prometamos y no que prometamos y no cumplamos. No tenemos que hacer ningún compromiso. Si no podemos, pues no podemos. Nada más decir «no puedo, no puedo». Pero si hacemos el compromiso decimos sí y luego no cumplimos. Estamos actuando como un necio. Como una persona que ha perdido sus facultades mentales. Y debo decirles que si una persona ha perdido sus facultades mentales no está capacitada para dirigir una iglesia. ¡Pobrecita iglesia! ¡Pobrecito de los hermanos!

Lo primero que muestra la impuntualidad es indisciplina. Lo segundo que muestra la impunidad es necedad. Lo tercero que muestra la impunidad es el orgullo, la soberbia. ¿Por qué? Porque estamos diciendo: yo estoy bien; yo no necesito cambiar en esa área de mi vida; yo no necesito que nadie me enseñe; yo no necesito que nadie me diga. Pues necesitamos que alguien nos diga.

El orgullo es tan nocivo que precisamente dice la Biblia en Abdias 1:3 – «La soberbia de tu corazón te ha engañado, tú que moras en las hendiduras de las peñas, en tu altísima morada; que dices en tu corazón: ¿Quién me derribará a tierra?». Dios le está hablando muy fuertemente a Edom a través del profeta Abdias, y le dice a Edom que la soberbia de su corazón lo había engañado. Le había nublado totalmente la vista. Le había cerrado totalmente el entendimiento. No podía ver bien. No podía pensar. Y por lo que leemos en ese pequeño libro nos damos cuenta de que así fue.

Edom se alío contra las naciones que venían a atacar a Israel. ¿Por qué? Porque la soberbia de su corazón lo había engañado. Creía que porque vivían en una ciudad hecha entre las rocas ya estaban seguros, nada ni nadie les podían hacer daño. Pero Dios le dijo a través del profeta Abdias «yo me voy a encargar de que tú seas destruido, de que aunque vivas en esa fortaleza te destruya» Y dios cumplió.

Edom era pariente de Israel. Esaú, hermano de Jacob. Quitó cualquier buen sentimiento, cualquier buen pensamiento, cualquier idea correcta, el orgullo.

¿Y verdad que no nos gusta que nos digan que somos impuntuales? ¿Verdad que buscamos justificarnos? «¡Y a poco usted no pastor!» «¡Y a poco usted no falla!» Yo dije desde el principio que no soy el mejor ejemplo de esto.

Pero si algo tenemos que corregir es este problema. Porque yo lo veo como el freno que Satanás quiere poner para que Dios no bendiga nuestro ministerio. Para que Dios no prospere en su obra. Ahí está, esa tapa, ese freno, impidiendo que hagamos más, que avancemos más, que sirvamos mejor, que seamos más amplios en nuestro ministerio. Precisamente por la impuntualidad. ¿Cuánta vitalidad? ¿Cuánta energía? ¿Cuánto avance nos está quitando la impuntualidad en nuestros ministerios?

Piense nada más, cuanto más pudiera usted hacer si solamente se organizara. Si solamente planeara. Si solamente se esforzara en cumplir cada uno de sus compromisos. A lo mejor se levantara más temprano. A lo mejor se acostara un poquito más tarde. A lo mejor dejara esos ratos de ocio que tiene a un lado. Y pudiéramos cumplir con nuestros compromisos.

Pero siempre el pretexto, la excusa es «no tengo tiempo». «No puedo». O lo que es peor (si así fuera menos mal), hacemos el  compromiso y luego no llegamos.

¿Qué es lo que muestra la impuntualidad? ¿Por qué somos impuntuales? ¿Por qué somos indisciplinados? ¿Por qué somos necios? ¿Por qué hemos dejado que el orgullo nos engañe, la soberbia de nuestro corazón nos engañe, nos embote los sentidos, nos haga pensar cosas que no son?

Piense en cada aspecto de su vida, de su ministerio que está siendo afectado por este terrible pecado. Yo lo veo como un terrible pecado. Como una gran amenaza. Que a lo mejor nos hemos justificado diciendo «pues es que así somos». «Es que así somos, así hemos crecido».

La Biblia dice que sí. Probablemente así éramos antes de convertirnos. En Efesios capitulo 4, el apóstol Pablo dice que debemos cambiar nuestra forma de pensar, nuestra forma de ser. Si antes así éramos, vamos a despojarnos de ese viejo hombre y vamos a vestirnos con el nuevo hombre para cumplir fielmente con nuestras responsabilidades.

Porque repito, si es terrible que una persona, un cristiano normal, común y corriente, sea impuntual, ¿cuánto más un siervo de Dios? ¿Cuánto más? Y desgraciadamente, así somos.

En Efesios 4:28 tenemos la cuarta evidencia de la impuntualidad, la cuarta razón de porque somos impuntuales: «El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad.» ¿Sabe qué es lo que muestra la impuntualidad? Deshonestidad. ¿Sabe qué es la impuntualidad? Robo.

Vamos a suponer que usted aceptó un compromiso de estar a las 4 de la tarde en X lugar con una persona. Y usted llega a las 4:10, 4:20. Aún 4:05, ya le roba cinco minutos a la otra persona. ¿Y qué son cinco minutos? Pues,  cinco minutos de su vida. ¡Está robándole!

Y ahora piense hermano pastor. Usted dice vamos a empezar el culto a las 7, y empieza a las 7:10. No le robó diez minutos a una persona, si había veinte, si había treinta, si había cincuenta. ¡Qué sinvergüenza es usted! Merece ir a la cárcel.

«Ay pastor, es que así somos». Pues no deberíamos ser. A parte de que es una mentira.

Yo no sé si a usted le molesta que alguien le diga a una hora y llegue diez, veinte, treinta minutos más tarde. A usted le molesta, me imagino. A mi sí me molesta. Y entonces, ¿por qué lo hacemos?

Pero repito, es un vicio. Porque es un vicio. Y hay algunos pastores que dicen: «Bueno citamos a las 7 pero ya sabemos que vamos a empezar a las 7:30». ¿Por qué? ¿Por qué tiene que ser así? «A pues que no hay nadie» Pues empiece con los que haya. Nosotros tenemos el mismo problema que usted. Puede que a la hora de la predicación haya unas  mil doscientas personas en el auditorio de nuestra iglesia, pero empezamos con las que haya. Si hay diez, con diez empezamos. No vamos a esperar que llegue todo el mundo porque sino nunca vamos a empezar.

Hay algunos de nosotros que terminamos a las 1:30 nuestras actividades del domingo a la mañana. Algunos vienen llegando a las 1:00, 1:10. Son unos sinvergüenzas. Y les predico. Y les insisto en que lleguen a tiempo. Pero eso no va a impedir que nosotros empecemos a la hora que debemos empezar.

Pero que terrible que en algunos lugares, algunos pastores se justifiquen. Eso es deshonestidad. Eso es robo. Eso es mentira. Eso es cinismo. Eso es ser sinvergüenza.

Si usted se justificara diciendo estamos bien, así soy yo. Pues entonces cualquier persona que vive en algún pecado esta bien. Si esa es la justificación, pues los homosexuales, los que le van al América y tiran piedritas, pues esos están bien. Los borrachos están bien. Todo mundo está bien. Pero no es así.

Nuestra regla, nuestra norma de fe, nuestra norma de conducta es este libro. Y repito, yo creo que cuando Moisés se veía con todas esas debilidades y todos esos problemas era que decía «Señor enséñanos a contar mis días. Enséñame a aprovechar bien el tiempo. Que traiga yo a mi corazón sabiduría. Señor quiero ser un siervo útil. »

¡Pero como nos está quitando una vitalidad tremenda este vicio! Es terrible este vicio.

No solamente muestra necedad. No solamente muestra orgullo. No solamente nuestra indisciplina.

¿Sabe que otra cosa muestra la impuntualidad? Desconsideración. La palabra desconsideración quiere decir sin consideración. No nos ponemos a pensar en las otras personas. Hacemos un compromiso, pensamos en nosotros nada más, nos concentramos en nosotros. Eso es egoísmo. Qué me importa que el otro tenga que sacrificar, tenga que batallar, tenga que luchar para estar a tiempo. A mi no me importa. Eso es desconsideración.

Dice la Biblia que usted debe ponerse en el lugar de las otras personas. La Biblia nos enseña que debemos ser considerados. Dice en  Filipense 2:1-«Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo»

Dice en Romanos 14:13 – «Así que, ya no nos juzguemos más los unos a los otros, sino más bien decidid no poner tropiezo u ocasión de caer al hermano» ¿Cuántas veces usted habrá servido de tropiezo a otra persona por su impuntualidad? ¿Cuántas veces? Hasta que llegamos a la presencia de Dios no nos vamos a dar cuenta. Pero en más de una ocasión va a venir una persona que nos diga: «hermano, usted me prometió». Y qué terrible va a ser eso.

Sí, insisto. Lo que usted tiene es su palabra. Y si un pastor pierde su palabra, ha perdido todo. Y si los miembros de su iglesia ya no le creen porque usted hace compromisos…, y compromisos…, y compromisos. Y siempre los está rompiendo, siempre está fallando. ¿Qué autoridad tiene su palabra? ¿Le van a creer?

No, no le van a creer. Yo he aprendido a conocer a algunos siervos de Dios. Y yo sé que cuando algunos siervo de Dios (siervos de Dios porque están sirviendo al Señor) me dice algo, yo ya sé como tomarlo. «Ah, pues fulano de tal dijo…. Ah, bueno» Entonces ya sé que nunca se va a hacer. Así es. Nunca se va a hacer. ¡Qué vergüenza!

Y cuando alguno dice voy a hacer esto. Ah, ya se que sí se va a hacer.

Y yo me imagino que usted también ha conocido a algunos siervos de Dios así. Le prometen…, y le prometen…, y le prometen…, y le prometen. Y nunca se hace. Pero usted ya sabe: «fulano de tal dijo». Ah, entonces sí es un hecho. ¡Que vergüenza!

Ahora si usted no ha percibido eso, pregunte a algunos pastores. ¿Yo le hecho una promesa y no se la ha he cumplido? Averigüe. Investigue. A lo mejor eso le ayudaría a corregir su conducta.

Es desconsiderado aquel que es impuntual, no se pone en el lugar de la otra persona. Piense en las otras personas. Así como usted quiere que alguien cuando le promete algo le cumpla, pues así haga usted.

Es interesante, dice en la Primera de Corintios 14:40 – «pero hágase todo decentemente y con orden». Dónde le apóstol Pablo está hablando acerca del orden del culto. Ustedes saben que ahí en la iglesia de Corintios era un caos. Un verdadero relajo, era una verdadera pachanga la que hacían en los días de culto. El apóstol Pablo está diciendo  aquí: «pero hágase todo decentemente y con orden». Pablo dice que una de las reglas que debe existir en el culto público es el orden. Cuando no empiezan a tiempo, ¿estarán sujetándose a esta regla?

Todo decentemente y con orden. No empezamos a tiempo, ya estamos metiendo el desorden. Y una regla de la pedagogía dice que el desorden engendra desorden. Ahí está el problema. Piense. Hay que corregir nuestra disciplina. Nuestra deshonestidad. Nuestro orgullo. La necedad en la cual estamos viviendo.

No solamente muestra esto la impuntualidad. Hay otras cosas que muestra aparte de indisciplina, necedad, orgullo, deshonestidad, desconsideración. La impuntualidad muestra precisamente infidelidad. La palabra fiel es una palabra sinónima de puntual.

Dios es fiel. Dios es puntual, cumplido. Cumple lo que promete. Cuando una persona es impuntual es infiel. Y si es infiel en este terreno del tiempo, ¿será infiel en otros terrenos? Lo más seguro es que sí.

Mire lo que dice en el libro de Mateos, capítulo 25. Aquí tenemos la parábola de las diez vírgenes. El Señor reprochó tres cosas en estas vírgenes, insensatas como son llamadas. Dice en el versículo número 3, las insensatas fueron llamadas insensatas porque no se prepararon. Tomando sus lámparas no tomaron consigo el aceite.

¿Sabe por qué somos impuntuales, incumplidos? Porque no nos preparamos. Yo dije que la puntualidad no es algo que ocurre accidentalmente. Es algo que tiene que planearse para poder cumplir fielmente con nuestras responsabilidades.

Estas mujeres no se prepararon. No planearon. Llegaron allí y creyeron que iban a conseguir el aceite de última hora. No lo consiguieron.

No solamente fueron infieles, precisamente porque no se prepararon. No solamente fueron infieles, porque fueron llamadas insensatas. No tenían sabiduría, eran necias.

Pero mire lo más importante. Dice en Mateos 25:10-12 «Pero mientras ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta. Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, Señor, ábrenos! Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco.» A lo que fueron, no pudieron llegar. Iban para estar en las bodas, y cuando llegó el  momento de las bodas le cerraron las puertas. Tocaron. «Ábrenos Señor. Ábrenos, queremos entrar» El Señor les dijo «ya están cerradas las puertas».

¿Sabe lo que significa esto? Que nosotros estamos perdiendo grandes bendiciones de Dios, precisamente por nuestra impuntualidad. Dios quiere bendecirnos. Dios quiere darnos más abundantemente de lo que entendemos o de lo que tenemos. Pero, ¿por qué lo hace? Porque actuamos como estas cinco vírgenes, insensatas, imprudentes. No nos preparamos, no estamos listos.

¿Está usted siendo impuntual? Yo creo que todos en algún momento hemos fallado. Yo no creo que haya uno solo aquí que pueda decir yo nunca he fallado. Pero una cosa es que usted falle accidentalmente, y otra es cosa es que usted viva en ese pecado. No hay justificación. Y si no hay justificación para un cristiano normal, menos para un cristiano anormal. Menos para un pastor.

No hay justificación. ¿Está usted cumpliendo con sus compromisos?

Y esto no nada más abarca llegar a tiempo. Esto barca pagar. Porque cuántos «si yo te prometo que te voy a ayudar». Y ahí está esperando la ayuda. Nunca llega. «¡Ay!, es que no tuve» ¿Para qué habla hermano? No hable.

Pudiera yo mencionar las veces que han hecho compromisos los hermanitos para ayudar a los Fuegos de Evangelismo. Ahí tengo yo el alterón de promesas.

Otro paquete me mando el hermano Aschcraft. Me lo tuvo que mandar como diez veces porque dice que ya se le olvidan las cosas también. Lo entiendo.

¿Pero cuántos de esos han cumplido? Ni siquiera un veinte por ciento. De cada cien, ni siquiera veinte. ¡Qué vergüenza! ¡Que vergüenza!

¿Está usted siendo impuntual? ¡Corríjase!

5 respuesta a “La Impuntualidad”

  1. He sido una cristiana que ha bregado por años con la impuntualidad, he mejorado mucho pero sigo mejorando. Todo es de querer y esforzarse todos los dias. Gracias por el mensaje. Estuvo muy provechoso. Bendiciones.

  2. Hermano este mensaje me sirvio mucho hace unos dias en la iglesia en eso mismo estabamos hablando y la verdad es cierto la impuntualidad es un vicio que dia a dia sehuimos y seguimos asiendo y la verdad es cierto hay que cambiarlo y corregirlo como lo dice en las escrituras hermano gracias por aclarar mis dudas .bendiciones para usted hermano muchas gracias.

  3. DIOS LE BENDIGA HERMANO, YO SUFRO DE IMPUNTUALIDAD Y NO HABIA ENCONTRADO NADA PARA «LA CURA», PARA LA CORRECCIÓN, MI VIDA ES UN CAOS TOTAL, EN TODAS SUS ÁREAS GRACIAS A LA IMPUNTUALIDAD, PERO QUE HOY, ESPERO EN EL SEÑOR QUE GERMINE SU PALABRA EN MI MENTE Y CORAZÓN ASI COMO EN LA DE LOS HERMANOS QUE ENCONTRARON Y LEYERON ESTE MENSAJE, PORQUE EN REALIDAD QUIERO Y ME URGE CAMBIAR. NADIE, ASI COMO LO ESCRIBO: NADIE ME RESPETA GRACIAS A LA IMPUNTUALIDAD, Y ESO QUE PAREZCO UNA PERSONA SERIA, AUNQUE SOY DE CONFIANZA, NO LO SOY EN LA PUNTUALIDAD, EN LOS COMPROMISOS NUNCA DIGO QUE NO, PERO LOS TRATO DE EVADIR YA TARDE, COMO UN NECIO Y NO SOY TONTO, PERO ESTA ACTITUD DICE DE MI LO CONTRARIO.
    DIOS LOS COLME DE BENDICIONES Y DE PALABRA PARA QUE EL QUE LA NECESITA LA ASIMILE POR SIEMPRE PARA SI Y SU FAMILIA, EN EL NOMBRE DE CRISTO JESUS. SALUDOS DESDE MEXICO, D.F.

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